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lunes, 10 de enero de 2011

ETA al final de la escapada.

Quiere la rumorología que estemos esperando de un momento a otro un comunicado de ETA en el que diga que deja las armas para siempre, que lo hace de modo verificable y que no reclama contrapartidas políticas de ningún tipo. La cuestión es: ahora ¿qué?

Ahora, nada. El Estado de derecho ha vencido y comienza el proceso de normalización del País Vasco. Un proceso de duración indefinida; meses, años. No lo sabe nadie.

Ignoro si alguna vez hubo una posibilidad de un fin distinto y plantearlo ahora es ocioso; porque, si la hubo, los mismos etarras se encargaron de volarla con aquella bomba de la T4 en 2006. Con ella ETA cerró toda vía para un final pactado e inició una huida hacia delante, una escapada que ahora termina en lo que, al parecer, es inminente: el anuncio de su derrota.

La noticia, de producirse, es excelente para todo el mundo y habrá que celebrarlo. Se termina uno de los más graves problemas (si no el más grave) para la democracia española que ahora será plena en todo el Estado. Tarde o temprano acabará el estado de excepción material que vive el País Vasco. La izquierda abertzale volverá a las instituciones y todo juicio acerca de cómo se dibujará allí la política es ahora temerario. Y no sólo en el País Vasco. Se abre un periodo en que cabe esperar una revitalización de un espíritu similar al de Galeuzca, debidamente actualizado, supongo. Veo a los catalanistas animando a los galleguistas a pedir de consuno sendos conciertos. España sigue tan indefinida como siempre.

Hay dos invitados a esta fiesta de triunfo de la democracia que están en ella a regañadientes: la derecha del PP y cierta izquierda española radical que simpatiza con el independentismo vasco. La primera, cuya tendencia es interpretarlo todo en un cálculo de costes/beneficios electorales cree que es un fastidio que los etarras se entreguen a un gobierno socialista que, en su opinión (puesto que es lo que ella haría) capitalizará la entrega electoralmente. Por ello es probable que ponga todos los obstáculos que pueda a la normalización política vasca, por ejemplo, tratando de impedir que la izquierda abertzale participe en la vida democrática imponiendo condiciones imposibles o absurdas.

Los otros invitados a la fiesta, diversas izquierdas españolas (y supongo que vascas, pero no estoy seguro) ven el fin del terrorismo como una derrota: el fin de la violencia y de la lucha armada como vía revolucionaria. En realidad éstas ya fueron un disparate cuando prendieron en Europa en los años sesenta, con la radicalización política del continente y el prestigio de las luchas armadas del Tercer Mundo, tanto en forma movimientos de liberación nacional (estilo FLN argelino) como de procesos revolucionarios marxistas (estilo Tupamaros en el Uruguay), que inspiraron muchos intentos en Europa en aquellos años: ETA (en la senda de los Frentes de Liberación), la Fracción del Ejército Rojo en Alemania, o el Ejército Rojo Japonés. El disparate consistía en trasladar a sociedades industriales desarrolladas modelos de lucha armada del Tercer Mundo.

ETA es el último bastión de los años sesenta.


Espero que todo lo anterior no sea un mero wishful thinking. Que la situación se normalice y que pueda volver a hablarse de todo. Aunque, como está la la derecha furiosa, eso de hablar puede convertirse en ocupación de alto riesgo. Los que hablen mucho corren el peligro de que venga uno de esos "jovenes inestables", alimentado con un pienso compuesto de odio, agresividad, demagogia, xenofobia, clericalismo, autoritarismo y otros ismos también temibles y haga una barbaridad. No se olvide que la política es la continuación de la guerra por otros medios.


Actualización a las 15:00. ETA ha publicado el comunicado de que se habla aquí, pero vuelve a ser una declaración decepcionante por la insufiencia de las intenciones, lo alambicado y retorcido de las palabras y la indefinición del compromiso. De todo el comunicado el único párrafo interesante es éste: ETA ha decidido declarar un alto el fuego permanente y de carácter general, que puede ser verificado por la comunidad internacional. Este es el compromiso firme de ETA con un proceso de solución definitivo y con el final de la lucha armada. Como siempre, ambigüedad, zorrería y creencia en que los demás son tontos y no ven las trampas. Porque ¿qué quiere decir que un alto el fuego sea verificable? Estaría bueno. Para verificar un alto el fuego basta con tener oídos y no escuchar disparos. Para eso no hace falta la comunidad internacional. Puede haber alto el fuego y callar las armas, pero estas siguen empuñadas y apuntando. Lo que tiene que ser verificable es la entrega de las armas. Lo demás son monsergas jesuíticas muy propias de la banda. Sobre esto más mañana en Palinuro.



FUERA HUMOS Y FUERA RUIDOS

Esa ley contra el consumo de tabaco en público está muy bien. A ver si conseguimos acabar con esta hispánica costumbre de echar el humo al vecino en el café. Los fumadores tendrán que acostumbrarse a que, por encima de su placer, están los derechos de los demás a no respirar sus miasmas. Que fumen en donde les está permitido. Y que se den con un canto en los dientes que se les permite. Los fumadores de marihuana o hachís no tienen sitios. Y tan droga es uno como los otros.

Ahora hay que ir por la otra plaga de la convivencia nacional: el ruido. Palinuro está harto de sostener que la contaminación acústica es tan odiosa y delictiva como todas las demás, con el inconveniente añadido de que sus efectos perniciosos se padecen al instante, no sólo en el futuro: aquí y ahora, además del futuro. Los lectores pueden hacerse a la idea (si es que lo necesitan) de lo que es convivir con el ruido insoportable causado por gente sin escrúpulos visitando el vídeo del enlace, que se titula Cinco años de tortura.

(La primera imagen es una foto de Indymedia Barcelona en el dominio público. La es una foto de Rarebeasts, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 21 de abril de 2009

Abajo el ruido.

Por fin la señora Beatriz Corredor hace algo en pro del bien común y no de los tiburones de las inmobiliarias. Le ha constado un año entender que, si es ministra de una Gobierno socialista, no es para engañar a la gente ordinaria a fin de que se entrampe con hipotecas leoninas ni para sacar las castañas del fuego a la mafia del ladrillo.

Como Palinuro tiene muy claro su orden de preferencias, en esta ocasión aplaude a la señora ministra por la nueva y hasta ahora aplazada normativa que obligará a los constructores a levantar casas más aisladas acústicamente. Eso de que, cuando estornuda el vecino del tercero, todo el inmueble lo jesusee es una de las muchas vergüenzas que demuestran hasta qué punto la población española ha estado en manos de una manga de sinvergüenzas cuyo único objetivo ha sido lucrarse a costa del bolsillo y la salud física y psíquica de la gente.

(La imagen es una foto de 20 Minutos, bajo licencia de Creative Commons).

viernes, 16 de enero de 2009

Ruido: entre la civilización y la barbarie.

Mientras que el Ayuntamiento de Madrid que ya en su día creó la brigada contra el ruido va a instalar ahora medidores acústicos a la puerta de los bares con amenaza de expropiación a los ruidosos (bravo por el Alcalde), el de Baiona, en Galicia, ha decidido suprimir las sanciones por ruido a bares y discotecas y derogar la ordenanza municipal contra el ruido, vigente desde 2004 con el anterior consistorio sociata. O sea, el Ayuntamiento de Madrid vela por el descanso y la tranquilidad de los ciudadanos en contra de quienes hacen caja martirizándolos a decibelios; el de Baiona, en cambio, se pasa por el forro la tranquilidad de los vecinos y antepone los intereses de los dueños de chiriguitos ruidosos uno de los cuales es, según denuncia la oposición, un conocido militante del PP propietario de un local reiteradamente denunciado por ruidos y padre de la concejala de urbanismo, vaya por Dios.

Como quiera que ambos ayuntamientos están gobernados hoy por el PP hay que colegir que su diferente actitud frente a la contaminación acústica no depende de orientación alguna del partido sino del nivel de civilización o barbarie de los ediles y, según parece, el diferente grado de amiguismo, enchufismo y caciquismo que reina en los dos consistorios.

¿Nadie puede parar la indignante alcaldada del regidor de Baiona? Habiendo como hay jurisprudencia al respecto, ¿no es posible acudir a los tribunales? La contaminación acústica es un delito, por el cual ya hay gente cumpliento condena de prisión en el país y si el baranda de Baiona renuncia a perseguirlo como es su deber y hasta lo ampara y fomenta, los vecinos deben querellarse contra él y conseguir que lo condenen.

Ni un paso atrás en la lucha contra el ruido, odioso delito al que recurren los sinvergüenzas y granujas para enriquecerse a costa del sosiego y la tranquilidad de cientos, a veces miles de personas.

(La imagen es una foto de TheCX, con licencia de Creative Commons).

sábado, 22 de noviembre de 2008

Perfecto: a la cárcel por ruidoso.

Según puede leerse en El País, "La Audiencia de Barcelona ha condenado a cuatro años y un día de prisión a Gabriel Alejandro Fernández, el propietario del bar 242 de la calle Entença de Barcelona, por los ruidos procedentes de su local, que estuvo funcionando ilegalmente como after hour, por lo que acumuló 32 denuncias de los vecinos".

Perfecto, me parece perfecto y quien lea el artículo completo verá que la Audiencia ha sido muy benigna con un menda que estuvo meses torturando a docena y media familias que no podían dormir y necesitaron asistencia psiquiátrica. No obstante es una buena medida y hay que seguir por ese camino. Nuestro país, un país de energúmenos inciviles e incultos que creen que cuanto más ruido metan más graciosos son, o más hombres, o más guapos o qué se yo, tiene que ir aprendiendo modales y lo que no se aprenda en las escuelas, que se aprenda en la cárcel, que es en donde deben estar todos los imbéciles que arman ruido con desprecio hacia la tranquilidad pública.

Los lectores de Palinuro saben que ésta es cruzada especialísima en este blog como pueden comprobar si van a las etiquetas de la derecha y ven que, con la de hoy, hay once entradas sobre este vicio nacional. Nada: el sujeto ese cuatro años y un día al talego y que se dé con un canto en los dientes. Yo le hubiera mandado al trullo los quince años que pedía el fiscal. Y a ver si cunde el ejemplo y se afina un poco más. Por ejemplo: ¿por qué hay que soportar que todos los bares en Madrid tengan la TV puesta a toda pastilla cuando no la mira nadie? ¿No es de cretinos?

(La imagen es una foto de furiousgeorge81, bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 7 de septiembre de 2008

Latinoamérica y el ruido.

México es una ciudad inmensa, tumultuosa, abigarrada, llena de contrastes y por muchas razones fascinante. Pero es tremendamente ruidosa. Ayer anduvimos dando un paseo por el centro en torno a la Avenida Madero en el cruce con Lázaro Cárdenas, en torno al Palacio de Bellas Artes y la famosa Torre "Latino". En la foto el bloguero en el mirador de la torre; abajo puede verse el Zócalo con la banderaza que inspiró al señor Aznar para hacer algo parecido en la madrileña plaza de Colón; la señorita de la derecha es circunstancial. Después merodeamos por la incomparable plaza Garibaldi a la observación del mariachi. Y, en efecto, el estrépito y más que estrépito, el fragor es insoportable. Los autos, los pitidos de los guardias, los claxons y esa maldita costumbre de toda Latinoamérica de tener música altísima en todas partes a todas horas del día que no escucha nadie pero que todos tienen que oír quieran que no convierten un simple paseo en un suplicio inimaginable.

Los lectores que conocen la inquina que Palinuro profesa al ruido, valorarán el sacrificio que le supone deambular por estos lugares tan absurdamente estruendosos. Parece ser que Madrid es la segunda ciudad del mundo en ruido después de Tokio. Ignoro cómo se hacen estas mediciones pero afirmo que, al lado de México, Madrid es un convento trapense. Es más, creo que el ruido es la maldición de toda América Latina. Imagino que este factor no cuenta a la hora de medir el subdesarrollo pero debiera; estoy seguro de que tiene notable incidencia en él. Es imposible concentrarse en nada o ser medianamente productivo con ese estrépito permanente en todas partes, esas musicangas que los dioses confundan en los coches, los bares, los chiringuitos, las casas de vecinos.

El segundo rasgo que suele mencionarse de México, y más recientemente, es su inseguridad. Este es asunto muy subjetivo y no me atrevo a pronunciarme porque supongo que habrá datos incontrovertibles pero tengo la impresión de que también hay mucha exageración. No me parece que México sea especialmente insegura. Supongo que habrá zonas y barrios peligrosos; pero ¿en dónde no? Téngase asimismo en cuenta que parte del negocio de la industria turística consiste en asustar a la clientela para que no se desplace por la ciudad haciendo uso del metro, los taxis, etc y tenga que contratar sus carísimos servicios especiales.

A cambio debo insistir en el atractivo de una ciudad tan gigantesca, en su extrordinaria variedad por barrios, su abundantísima vegetación tropical, su disparatado y sorprendente diseño urbano. Luego del Zócalo anduvimos por la colonia Roma, sobre la calle Durango, a la búsqueda de una librería de lance a la que soy muy aficionado en la calle Mazatlán, una zona de calles amplias con bulevares, rebosantes de palmeras, ceibas, buganvillas, jacarandas y plagada de estatuística clásica, con Apolos, Dianas cazadoras, Venus... Lo que se ve en la segunda foto, además de Celia y Ramoncete, es una réplica exacta de la madrileña Cibeles, en la plaza de su mismo nombre, que produce un efecto bien curioso.

sábado, 23 de agosto de 2008

Las alcaldadas en España.

Es indignante. Fíjense qué noticia: Los ayuntamientos hacen oídos sordos ante el problema del ruido. Los barandas no presentan en el Ministerio de Medio Ambiente los informes que se supone tienen que presentar por mandato de la normativa europea. Seis de dieciocho ayuntamientos de grandes aglomeraciones ha presentado la mitad de los papeles, a falta de la otra mitad.

Es una prueba más de la carencia de conciencia edilicia acerca del ruido. El país sigue siendo territorio de mesnaderos y labrantines, ahora reciclados en moteros y discotequines que se "realizan" armando ruido. Y ello con la connivencia cuando no activa colaboración de las autoridades municipales a quienes la tranquilidad y el descanso de la mayoría de residentes en su municipio importa una higa. Hasta parecen sus enemigos jurados. El viejo concepto de "alcaldada" no se refiere sólo a un comportamiento proactivo sino que también es aplicable a la clamorosa falta de cumplimiento de los deberes inherentes al cargo. No afecta solamente a aquella situación en que un alcalde rebuzna sino a aquella en que no hace nada para impedir los molestos rebuznos de algún vecino.

La segunda quincena de agosto en España es de cine, de cine de los Picapiedra con las masas haciendo ruido hasta el amanecer en unas aglomeraciones estrepitosas que llaman "fiestas". Y como no hay modo de generalizar esa conciencia por medio de la ley porque las leyes en España, ya se sabe, "se acatan pero no se cumplen", a lo mejor hay que ir pensando en querellarse contra algún que otro alcalde por incumplimiento de la ley; incluso, dada la naturaleza dañina de la contaminación acústica, también por denegación de auxilio y hasta por torturas. Porque si un ciudadano ha de esperar trece años a que se tomen medidas con un bar de copas en los bajos de su casa, son trece años sin poder dormir, trece años de incuria municipal y judicial razón por la cual a lo mejor debe condenarse al propietario o al mismo alcalde a otros trece años en una celda de aislamiento y escuchando sin parar El bolero de Ravel; que se sepa que hay cosas peores que la muerte.

(La imagen es una foto de Plasencia calle de los vinos, bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 14 de agosto de 2008

Fuera ruidosos.

Los lectores y lectoras saben que este blog es militante en contra del feo vicio nacional del ruido evitable al que considera una forma delictiva de contaminación, un atentado a la integridad física y moral de las personas. Hace muchos años que Palinuro comenzó esta batalla, mucho antes de que existiera internet. Por entonces, años ochenta del siglo pasado, la actitud antirruidosa era considerada como algo de neuróticos, un síntoma de poca hombría y menos españolidad. Cuanto más ruidoso era cualquier imbécil (con su moto, su radio, su TV, sus berridos, sus discotecas, sus fiestas, sus conversaciones a gritos), más español y olé. Los dioses saben lo que hemos tenido que aguantar los partidarios del silencio en este país de energúmenos y alborotadores hasta que ha empezado a abrirse paso la convicción de que hay que castigar el ruido innecesario y evitable con la misma contundencia con que se castigan otras actividades dañinas.

Por eso Palinuro aplaude (silenciosamente, pero con entusiasmo) cada paso que se da para meter en cintura a la insufrible especie de los ruidosos. En esta ocasión el aplauso va dirigido al Tribunal Superior de Justicia de Cantabria que ha condenado al Ayuntamiento de Laredo a pagar 64.000 euros a un vecino por por las molestias y trastornos que le ha causado un bar debajo de su vivienda. Lean la noticia porque pone los pelos de punta: ocho años aguantando 47,2 decibelios (frente a los 30 autorizados, que ya son una pasada), él y sus ancianos padres, ya difuntos, con secuelas físicas y psíquicas de todo tipo, hasta el punto de que, a veces, tenían que pernoctar en un barco. ¿No es terrible?

Los que no entiendo es por qué se condena sólo al ayuntamiento. Desde luego, está muy bien condenado (y me parece poco dinero que, por cierto, los munícipes debieran sacar de su propio bolsillo y no del de todos los ciudadanos que no son culpables de nada), sobre todo porque los responsables municipales recurrieron una primera decisión contraria en lo contencioso administrativo, prolongando la tortura de los afectados. Lo cual demuestra una vez más mi teoría de que, en muchos casos, las autoridades municipales son gentes desaprensivas, verdaderas enemigas de los vecinos que les pagan el sueldo y en no pocas ocasiones conchabadas con los granujas que agreden a las personas pacíficas en la intimidad de sus hogares. Pero, insisto, ¿por qué sólo al Ayuntamiento y no al pollo propietario del bar que estuvo ocho años torturando a una familia y robándole el sueño y al que habría que mandar a la cárcel? ¿O es que era el mismo alcalde o un concejal? No me extrañaría.

(La imagen es una foto de Plasencia calle de los vinos, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 30 de julio de 2008

Ruido : gracias sean dadas a los jueces.

La Audiencia de Barcelona ha condenado a cuatro años a un individuo por hacer ruido. Regentaba uno de esos locales de música latina, que sólo de pensar en ellos producen escalofríos por la bulla que tienen siempre y se pasaba en decibelios cosa mala. Un cuadro muy frecuente: una buena gente que vive a expensas de que a unos desaprensivos que jamás tienen en cuenta a los demás cambien su comportamiento. Eso es improbable. La inmensa mayoría de la gente no transgrede la ley por un cálculo egoista de cálculo/beneficio. A quienes sí lo hacen hay que mostrarles en qué consiste el no beneficio o perjuicio. Cuatro años a la sombra la han caído al menda del bar llamado Macumba en Barcelona. Un "bar musical latino", Dios mío. Gracias sen dadas a los jueces que van entendiendo la naturaleza de una de las pestes contemporáneas: los ruidosos. Hagan una prueba: queden una hora, si pueden, en su despacho en el máximo silencio (no radio o tele, no teléfono ni ordenata ni hilo musical) y bajen luego al bar de la esquina a las 12:00 del mediodía. Y eso en los bares es muestra de jumentería colectiva, pero el ruido de los vecinos ruidosos, los que ponen la tele muy alta o gritan a todas horas o ponen música a todo trapo con las ventanas abiertas, eso ya no es muestra de esto o lo otro; eso es un delito, un delito perfectamente tipificado contra la integridad física de las personas. Meter tus ruidos en casa del vecino es meterte en casa del vecino.

El tribunal no ha adjudicado indemnización a favor de los denunciantes, un puñado de vecinos, porque, dice el fallo, no se han practicado las pericias necesarias que prueben que los denunciantes hayan sufrido daños. Querrá decir que midan qué daños hayan sufrido porque poner en duda que soportar durante dos años y medio ruidos que exceden en casi un 300% el límite máximo de decibelios permitido produce no daños sino estragos es ignorar todo sobre este problema de los ruidos y los ruidosos. Que si malos son los ruidos, no digo nada los ruidosos.

(La imagen es una foto de Anniebee, bajo licencia de Creative Commons).

martes, 10 de junio de 2008

Vicios nacionales. El ruido.

Fiel a su promesa de fustigar los vicios comunes en la convivencia de los españoles, Palinuro combate contra el ruido como lo hace contra la fiesta de toros y una miriada de atentados contra el medio ambiente, etc, etc. El ruido es uno de los temas preferidos para fustigar porque es muy típico de España, casi privativo de ella. El ruido es ubícuo porque está en todas partes: la calle, las cafeterías, las casas de vecinos, las aulas etc. Es como una maldición bíblica. Cuanto se haga por mitigarlo o -no caerá esa breva- erradicarlo será poco. Por eso traigo hoy aquí el chiste de Forges ayer en El País que tiene mucha gracia y es muy cierto.

jueves, 24 de abril de 2008

Vicios nacionales. El ruido.

Según una noticia de hace unos días en 20 Minutos, el Tribunal Supremo no ha admitido el recurso presentado por el Ayuntamiento de Arganda del Rey contra una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) que lo condenaba a pagar más de doce mil euros de compensación a once vecinos por los ruidos que han tenido que soportar procedentes de sendas casas regionales de Andalucía y Extremadura de titularidad municipal. Bien, aplausos al Supremo. Aplausos también al TSJM, aunque menos porque los doce mil eurillos que otorga a los afectados son, sin duda, una cifra ridícula. Cualquiera puede imaginar lo que habrán pasado unas gentes que han vivido en el piso de arriba de sendos locales donde se organicen juergas flamencas los fines de semana. Y si la imaginación no alcanza, que pidan los resultados de las mediciones de decibelios hechas por la policía local y la Guardia Civil.

Y pitos, muchos pitos y abucheos al Ayuntamiento de Arganda del Rey primero por permitir que unos individuos ruidosos perturben sistemáticamente la paz del vecindario; luego, por no hacer nada ante las reiteradas reclamaciones de los afectados; y por último, por recurrir la sentencia que lo condena. Una vez más se prueba que, en muchos casos, los principales enemigos de los vecinos en los pueblos o ciudades son sus consistorios, que debieran velar por su bienestar y derechos y sin embargo hacen causa común, por interés o simple negligencia, con quienes los conculcan.

Así como este blog es antitaurino, es enemigo declarado de los ruidos y de los ruidosos, plaga nacional que los dioses confundan, detestable costumbre ancestral que los más brutos de la raza, que son los que más tiempo han mandado en el país, ensalzan como muestra de virilidad y genial sentido españolista: cuanto más berrees, cuanto más grosero seas, más español. El año pasado dediqué tres posts a esta espantosa costumbre nacional de armar ruido: La batalla contra el ruido, Venceremos y Cárcel por armar ruido comentando los avances que van haciéndose en la lucha contra esta plaga y que aún son muy pocos. Cualquiera sabe de casos, si es que no los sufre en carne propia, de vecinos insoportables por bullangueros por los más diversos motivos: fiestas, radios, televisones, equipos de música a todo trapo, pendencias, electrodomésticos ruidosos, actividades de bricolaje. Cada vez que me acuerdo del imbécil del piso superior al mío al que tuve que soportar una larga temporada dedicado a actividades de bricolage me entran sudores fríos.

Éramos pocos y parió la abuela. Por si no hubiera bastante con los mil ruidos que los españoles desconsiderados (expresión ampliamente redundante) emiten, con el aumento de la inmigración, han comenzado a llegar los latinoamericanos que en esto de los ruidos son dignos hijos de la madre patria, de forma que cada vez son más los inmuebles en los que los vecinos tienen que tragar que en algún piso se instalen lationoamericanos a los que encanta, al parecer (no a todos, desde luego) tener puesta todo el día alguna musicanga tipo salsa con las ventanas abiertas. Innecesario decir que considero la inmigración un don del cielo y soy partidario de abrir la frontera cuanto se pueda a todos los que quieran venir a labrarse un futuro. Pero es absurdo no ver que eso plantea problemas de convivencia y que uno de los más agudos es el de las diferentes costumbres. La de tener la música a todo trapo con las ventanas abiertas día y noche no es de recibo. No es de recibo cuando la practican los españoles ni cuando la practican los inmigrantes.

Una de las virtudes del Gobierno socialista es haber entrado a civilizar este país do todos presumen de garañones en algunas de sus más irritantes cuanto acendradas prácticas como andar matándose por las carreteras y apalear y asesinar mujeres y niños, a ver quién es más macho. Y hacerlo por ley. Gran acierto. Quizá convenga endurecer esas leyes, dado que las consideraciones de respeto al prójimo o prójima no parecen entrarnos en la cabezota sino es a golpes de código.

Bien está todo ello. Pero ha llegado el momento de dar un paso adelante y enfrentarse al morlaco del ruido y los ruidosos, los de las motos a escape libre, los de las discotecas, los tablaos, los transistores, todos los energúmenos que arman bulla en detrimento de la tranquilidad ajena. Hora es de que se legisle que contaminar el medio ambiente acústico es igual a contaminar el resto de la biosfera: un delito por el que hay que pagar, incluso con la cárcel.

(La primera imagen es un óleo de Casimiro Sáiz y Sáiz titulado Interior de una botillería, de 1878; la segunda, uno de Pablo Salinas, titulado Tiempo de fiesta y la tercera un grabado de Ramón Torres Méndez, titulado Baile de campesinos de la sabana de Bogotá 1878).

lunes, 8 de octubre de 2007

Cárcel por armar ruido.

Dada la guerra que este blog tiene declarada al ruido y a los ruidosos que los dioses confundan, se entenderá que se aplauda una sentencia de un juzgado de lo penal de Ávila, que condena a un hostelero a nueve meses de cárcel y una indemnización de 5.000 € por hacer la vida imposible a una familia vecina a base de ruidos. Pillé la noticia en el 20 Minutos. Aplausos enfervorizados. Y nueve meses me parecen pocos. Los ruidosos son delincuentes. A través de su ataque al bien jurídico del silencio atentan contra la integridad de las personas, física y psíquica. Hay que entender que el que mete ruido innecesario en la casa del vecino es como si estuviera arrojándole basuras y excrementos en el living. La insensibilidad hacia el ruido, es más, la afición al ruido, al estrépito es una de las características más detestables de la forma de ser española. Gloriarse de andar metiendo ruido, conduciendo motocicletas a escape libre, dando la murga a los vecinos con la radio, poniendo la tele al máximo en locales donde no la ve nadie, hablando a gritos por costumbre, en fin, lo que todos conocemos y no sé si estaremos libres de haber incurrido en ello alguna vez.

Dentro de la categoría de ruidosos la palma se la llevan los establecimientos, hoteles, bares, salas de fiesta, discotecas, bares de copas, parte de cuyo negocio es el ruido; cuanto más, mejor.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Venceremos.

Otra magnífica carta de lector en El País sobre el ruido, de don Enrique Chicote Serna y titulada A voces por el mundo y que dice así:

Agosto. Estamos en Francia. En una calle peatonal, entre el murmullo a medio tono de los viandantes sobresale el chillido estridente de un niño que va de la mano de su madre. Ese crío, o es español o acaba de pasarle alguna calamidad, nos decimos. Era español. Poco más tarde, por la esquina de la catedral aparece un nutrido grupo de turistas dando voces. ¿Son españoles o es que están regañando?, nos preguntamos. Eran españoles. Es la hora de la comida, de modo que pasamos a un restaurante; la gente charla sin molestar a los que comen en la mesa de al lado menos al fondo, a la derecha, donde dos parejas hablan en voz alta y ríen a carcajadas. Si no son españoles, es que celebran algo y han bebido más de la cuenta, conjeturamos. Eran españoles. Y así, sucesivamente. Por todos los santos, ¿es que no podemos hablar más bajo? Poco me gusta que dos de nuestras señas de identidad en el exterior continúen siendo el capote y la castañuela, pero no añadamos el griterío.

Tal cual. Me reafirmo en mi creencia de que las cartas de los lectores son lo mejor del periódico, pero me temo que el señor Chicote llega tarde. En Europa somos ya famosos por hablar a gritos. Y tengo una explicación para este fenómeno. Es costumbre nacional interrumpir a quien esté hablando, hablando más fuerte que él; como el interrumpido no quiere dejarse interrumpir, eleva el tono; como el interruptor quiere prevalecer aun lo eleva más; como el interrumpido...

(La imagen es un cuadro futurista/vorticista de Umberto Boccioni, titulado "Los ruidos de la calle invaden la casa", que se encuentra en el Museo Sprengel, de Hanover).

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sábado, 25 de agosto de 2007

La batalla contra el ruido.

Tengo pendiente un post sobre las cartas de los lectores en los periódicos, una de mis lecturas preferidas. Mientras lo hago dejo aquí una de ayer en El País, que es el periódico que leo a fuer de socialdemócrata progre, titulada La lotería de los vecinos y firmada por don Carlos Fernández Sanz. Dice don Carlos:

He tenido mala suerte. Me ha tocado un vecino fiestero. La ley sólo me garantiza silencio a partir de la medianoche. Hasta entonces, mi vecino tiene derecho a disfrutar de su casa poniendo la música tan alta como quiera, y sus vecinos no tienen derecho a tener paz en la suya, ¿les parece razonable? Ya que evidentemente la educación y el respeto a los demás no forma parte de la forma de ser española, ¿no podríamos intentar conseguirlo mediante leyes que lo fomenten? Se hace con los que conducen con peligro, ¿por qué no con los que tampoco saben respetar fuera de la carretera?

Es difícil decir más en menos o con mayor sobriedad, elegancia e instinto asesino sabiamente reprimido. Esa carta debería leerse en el telediario de mayor audiencia, hacerse lectura obligatoria en los colegios y servir de base para una proposición de ley en la que el Parlamento protegiera a la inmensa mayoría de este país de los energúmenos.

(El cuadro, por supuesto, el famosísimo El grito, de Munch, del que el artista hizo cuatro versiones. Esta, de 1893, es el óleo, temple y pastel sobre cartón que se guarda en el Museo Nacional de Oslo)

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