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sábado, 10 de septiembre de 2016

Gloria y ocaso del profeta

Setenta años, más o menos, duró el esplendor de Medina Al-Zahara (la ciudad resplandeciente) mandada edificar por Abderramán III, primer Califa omeya andalusí hacia el año 930 a una decena de kilómetros de Córdoba. Según leyendas, se levantó en honor de su favorita Zahara, algo así como el palacio de Púbol, pero en grande. Según opiniones con mayor crédito histórico, lo que el Califa buscaba era la representación de la pompa y circunstancia que se debía a un califato tan potente como el suyo, centro de saber y poder (que, según los baconianos, van juntos), de industria, comercio, riqueza. Era obligado que las frecuentes comitivas procedentes de los poderosos reinos extranjeros, los cristianos, los francos, los bizantinos, el Imperio germánico, vieran cómo, al final de su peregrinar por las parameras cordobesas, al sur de Sierra Morena, los esperaba un lugar de lujo y refinamiento como no habían visto jamás en sus países, regido por un poderoso representante de Alá en la tierra, descendiente del profeta y comendador de los creyentes. 

Y así se hizo. Ciudadela, fortaleza, alcázar, centro administrativo, palacio califal, sede del gobierno, mezquita, viviendas, mercados, plazas, baños, de todo había en aquel lugar de lujo y ensueño. A él llegaban y de él salían vías que comunicaban la Medina con todos los puntos del mundo, empezando por la vecina Córdoba y por las que transitaban séquitos, guarniciones, caravanas de mercaderes. Y así se mantuvo en su gloria y poder durante los reinados de Abderramán III, su hijo al-Hakam II y su nieto Hisham o Hixem II quien realmente no pintó nada en su reinado porque el poder lo ejerció, incluso en forma de dictadura militar, el general Almanzor, temido en todo el orbe cristiano al norte de Córdoba. A la muerte de Almanzor y sus descendientes y tras una guerra civil con la que terminó el califato cordobés, la ciudad fue saqueada por primera vez en 1010 y luego abandonada. Sometida a posteriores saqueos por los almorávides, fue arrasada luego por los almohades, algo así como lo que hicieron los del ISIS con Palmira aunque más a lo bestia. En los siglos posteriores, la ciudad cayó en el olvido y sus fantasmales ruinas sirvieron de cantera para sucesivos expolios que regaron la península y el norte del África de piezas arquitectónicas robadas en este lugar: las hay en la Giralda y la catedral de Sevilla, en Marruecos y Túnez, incluso en las catedrales de Tarragona y Girona. Finalmente, hasta el nombre de la ciudad resplandeciente desapareció de la memoria de las gentes mientras, como hemos visto, sus piezas se encuentran diseminadas all over the place, llegando incluso en Inglaterra. La prueba es un torito visigótico procedente de Medina Azahara y comprado por la Junta de Andalucía hace unos años en una subasta en Londres. 

A propósito de los saqueos, a tiro de piedra de Medina Azahara, se encuentra el precioso monasterio de San Jerónimo de Valparaíso, del siglo XV. Ejemplar único del gótico en Córdoba, en buena medida  se construyó con materiales saqueados de Medina Azahara. Abandonado en 1836, a consecuencia de la desamortización de Mendizabal, fue adquirido en 1912 por los marqueses del Mérito, quienes lo restauraron. Declarado bien de Interés Cultural en los años ochenta, los propietarios actuales sin duda se atienen a lo que determina la ley sobre visitas a estos lugares. Pero lo que la ley determina parece hacer esas visitas imposibles: un cupo anual máximo de 400 personas en visitas guiadas de 25, concertadas solo por correo electrónico y que asignan día (uno de 16 sábados entre septiembre y diciembre) y hora sin posibilidad de cambiar. Y, encima, avisan en la página de que las solicitudes de este año se agotaron en un minuto. Esto de la propiedad privada de los bienes de interés público, cultural, etc es asignatura que hemos de aprobar con mejor nota. Pero la llevamos al revés, a peor: ahora es la mezquita de Córdoba la que, junto a miles de otras propiedades, ha pasado a manos privadas, de la Iglesia católica. Porque, aunque la iglesia es un Estado dentro del Estado por los privilegios con que cuenta, sigue siendo una asociación privada y una que hace pingües negocios con propiedades que, en realidad no son suyas. Propiedades que el beaterío y la estupidez de la gente se ha dejado arrebatar con la bendición de las autoridades empezando por las de la Junta de Andalucía, presidida por la socialista Susana Díaz, católica, sentimental y amante de las corridas de toros.

En fin, en Medina Azahara, un espacio impresionante, se ven ruinas y más ruinas y, aun así, sólo se ha excavado un 10% del total de la construcción. Y lo que hay está reconstruido y, por cierto, bastante bien reconstruido teniendo en cuenta que ha sido necesario levantar fachadas con arcos de herradura, prácticamente de la nada, como la de la magnífica casa del primer ministro de Abderramán, un eunuco que vivía a su vera en unas dependencias verdaderamente lujosas, rodeado de viviendas de servidumbre y guardias. A este no le hacía falta una construcción especial para el harén, como la que, al parecer, tenía Abderramán, cabe su palacio (al que corresponden los arcos de la foto, que tanto recuerdan la mezquita de Córdoba) que no se puede visitar pues se encuentra en restauración.

Estas bellas ruinas por las que hemos paseado con un sol abrasador no inspiran la melancolía de los espacios que tuvieron su esplendor y fueron luego decayendo con el paso de los siglos. En absoluto. Las gran Medina Azahara, cuya fama llegó a todos los puntos del planeta en el siglo X, no aguantó ni cien años. No decayó. Fue destruida, arrasada, pillada, saqueada, olvidada. No es melancolía lo que suscitan sino asombro, fatalismo, resignación ante la ceguera y la brutalidad de los seres humanos.

jueves, 28 de julio de 2016

El enclave platónico medieval

Cuando nos disponemos a visitar el conjunto arquitectónico de Sant Pere de Rodes, en el Port de la Selva, en la comarca del Alt Empordà, Girona, podremos leer en todas las guías y folletos que se trata de un lugar en el que se muestran juntos, pero no revueltos, los tres órdenes o estamentos que componían la sociedad medieval. La clasificación en oratores, bellatores y laboratores se debía al obispo y poeta francés, Adalberon de Reims. En realidad con algún cambio, esta triada reproduce la que postulaba Platón en La República como filosofos-reyes, guerreros y artesanos. El fundamento mismo de la polis ideal sobrevive durante casi 1.500 años con la reconversión de los filósofos en monjes, propia de una época en que la filosofía se consideraba "doncella" de la teología. Perdura más, incluso, en realidad unos 2.000 años, si se recuerda que la abolición oficial del ancien régime (nobleza, clero y estado llano) tiene lugar al comienzo de la Revolución francesa, en 1789. Esa abolición proclamada se materializa unos años después, cuando en 1798, los monjes benedictinos de Sant Pere de Rodes abandonan su magnífico monasterio que inicia entonces su decadencia, sometido a diversos saqueos y destrozos hasta que comenzaron los trabajos de reconstrucción en los años treinta del siglo pasado. Como para tomarse en serio las teorías sobre las leyes y épocas de la historia.

Los tres órdenes tienen su lugar en el conjunto en el monasterio de Sant Pere (clero), el castillo de la Verdera (nobleza/guerreros) y el hoy desaparecido pueblo de la Santa Creu (trabajadores), del que solo queda la iglesia de Santa Helena. El paraje es bellísimo, a un lado de la Sierra de Rodes, encarando la bahía del Port de la Selva y dominando un buen trozo del Mediterráneo, lo que daba tiempo suficiente para avistar la llegada de piratas y tomar las medidas pertinentes. Porque este lugar fue siempre punto de las más diversas contiendas desde la Marca Hispanica hasta la guerra de Sucesión y, por supuesto, tiempos posteriores. De hecho, en algún momento de sus más de 700 años de historia, el monasterio fue fortificado y preparado para resistir asedios, como lo estaba el castillo que, en teoría lo protegía, más de 600 metros monte arriba que es preciso trepar como si fuera uno una cabra. 

Última nota sobre los tres estados: en la foto se aprecia la belleza y elegancia del monasterio, su aspecto de fortaleza y se comprueba que el castillo de la Verdera en la cúspide, viene a ser como su cuerpo de guardia. El que no está en la foto -y tampoco en la realidad- es el pueblo de la Santa Creu. Ilustración gráfica de quién protegía a quién y quién quedaba a merced del atacante y acababa por desaparecer.

El monasterio es un ejemplo único del románico catalán. Iniciado hacia el siglo IX, se termina en el XIII y conserva trazas de los estilos anteriores, el carolingio y el prerrománico y, desde luego, de las muchas reformas posteriores. Pero, en lo esencial, aunque expoliado y en parte dañado, se mantiene cual era en el dicho siglo XIII.

Ignoro si tiene razón Alexandre Deulofeu cuando afirma con una punta de orgullo catalán que el monasterio de Sant Pere es el origen del románico. No del románico catalán, sino de todo el románico europeo. La tesis no parece gozar de general aceptación, pero de lo que no cabe duda es de que el monasterio es una pieza original y única, sobre todo por su imponente iglesia cuya nave central se remata en una bóveda de cañón. Su elevación, sin embargo, en dos alturas superpuestas con pilares sobre los que se levantan columnas de capitel corintio que, a su vez, soportan otras columnas sosteniendo los arcos de la bóveda, ya apuntan al espíritu gótico y cuya torre de campanario tiene un aire tardomedieval italianizante.

El monasterio fue poderoso en su tiempo, propietario de grandes extensiones de tierra feraz y con derechos de pesca en la bahía, otorgados por los condes de Empuries que eran quienes habían venido dotando el cenobio desde el principio pero con los cuales las relaciones no siempre fueron buenas a lo largo de los años. De ahí esa sensación que tiene el visitante de encontrarse en un lugar en el que tan pronto se oiría el canto gregoriano como el fragor de la batalla. Un ejemplo: el pozo que hay en el claustro superior, de estilo barroco, se construyó para posibilitar que el monasterio pudiera aguantar asedios ya que, hasta entonces, la fuente de abastecimiento de agua se encontraba fuera de los muros. En donde, por cierto, todavía se encuentra, como fons dels monjos, aunque hoy el agua no es potable. La oración y la guerra, sin duda, aseguraron durante siglos la riqueza del monasterio. Basta ver las dimensiones de la bodega, donde los vinos se conservaban a temperaturas que unos paladares delicados considerarían idóneas.

En el castillo de la Verdera, igualmente una cisterna y una iglesia. Todo de uso militar. Había que pertrechar a la guarnicion de sustento material y espiritual cuando se le pusiera cerco. Ahora está en ruinas, pero sigue dominando la comarca en torno y goza de unas vistas extraordinarias sobre el Mediterráneo y la recortada costa  desde el Cabo de Creus hasta la bahía de Roses. Desde la fortaleza se divisa la casa de Dalí, en Port Lligat.

Del pueblo de Santa Creu no cabe decir nada porque no existe. Quedan algunos cercamientos semienterrados, algún muro y la iglesia también románica de Santa Helena en un estado casi calamitoso. Los trabajadores que sin duda hicieron posibles los prodigios del monasterio y el castillo no han dejado rastro de sí mismos.

sábado, 9 de abril de 2016

El aliento de las ruinas

A nuestra vuelta de Sevilla, de escuchar las sesudas razones de mis colegas para seguir ignorando el problema más acuciante que tiene eso que llaman su patria, paramos a visitar las ruinas de Itálica. Fundada en el 209 a. d. C., al final de la segunda guerra púnica, fue la primera ciudad romana en lo que luego sería España y, se dice, la primera fuera de Italia. Sobrevivió a Roma, a los visigodos y solo fue abandonada en tiempos de los musulmanes, hacia el siglo XII.

La ruinas son impresionantes y se conservan, mejor o peor, las de muchas edificaciones públicas y semipúblicas, como el anfiteatro, el teatro, los acueductos, las termas, el foro, un cardo impresionante que cruza lo que es el actual conjunto arqueológico de la "ciudad nueva" que  se encuentran fuera de la villa de Santiponce, actual población bajo la cual se supone yace el resto de la antigua ciudad, la "vieja" o vetus urbs. En el conjunto exterior hay numerosas villas privadas, muchas de ellas con bellos mosaicos en buen estado de conservación pero que dejarán de estarlo porque se exhiben sin protección alguna contra las inclemencias del tiempo. Aunque claro, eso les da un aire mucho más próximo, cercano, rodeado de ese hálito de melancolía que tienen siempre las ruinas de civilizaciones idas pero en las que nos reconocemos. Esa melancolía que destilan las estrofas del poema de Rodrigo Caro, de imborrable memoria bachillera, que saluda al visitante en la misma entrada: "Estos, Fabio ¡ay dolor! que ves ahora/Campos de soledad, mustio collado,/Fueron un tiempo Itálica famosa;/Aquí de Cipión la vencedora/Colonia fue; por tierra derribado/Yace el temido honor de la espantosa/Muralla, y lastimosa/Reliquia es solamente/De su invencible gente."

Famosa, desde luego, debió de ser Itálica que, según parece, comenzó como "colonia latina", al decir del poeta y fue luego ascendida por César a "municipium civium romanorum", esto es, a la dignidad de ciudadanos romanos. Luce su gloria haber sido la cuna de Adriano, Trajano y Teodosio, como recita Caro en su poema llamándolos honor de España, por esa tendencia, perfectamente comprensible por lo demás, de los habitantes de las provincias a equipararse con las grandes urbes, las metrópolis y a ufanarse de su aportación a la magnificencia del conjunto. Se conservan estatuas y vestigios adrianeos y trajaneos, incluso, hay un "traianum", restos de un templo posiblemente dedicado a Trajano. Pero si resulta extraño pensar en Trajano como "español" (por lo mismo que rechina pensar en Séneca o Marcial también como españoles, salvo para quienes creen que los españoles estamos aquí desde el paleolítico), fácil es calibrar cómo suena considerarlo rumano. Y el hecho es que, al haber conquistado -y romanizado- Trajano la Dacia, actual Rumania, los rumanos lo veneran como un verdadero padre de la patria. Padre de la patria lo llama también Caro, pero penando en España. Y los dos hablamos lenguas romances gracias, entre otros, a Trajano. Así pues, no extraña ver en Itálica pruebas de ese amor de los rumanos por Trajano, entre ellas, un trozo de la columna Trajana, regalo de aquel país eslavo, un tramo perfectamnte reproducido de  esa pieza de 30 metros de alta que está en Roma y en la que el emperador mandó perpetuar sus hazañas en bajorrelieve.

Itálica la fundó Publio Cornelio Escipión, llamado "el africano" por haber vencido a Aníbal en la batalla de Zama. Y la fundó para albergar a los soldados heridos en su campaña de la segunda guerra púnica, que le tuvo muy entretenido en la peninsula hasta llegar al momento de su más señalada victoria, producto de su ingenio, audacia y sentido de la oportunidad, cuando conquistó Carthago Nova, hoy Cartagena. y quebró el espinazo del poderío cartaginés. Siempre me han caído simpáticos los Escipiones, militares, políticos y gente ilustrada. Este Africano "mayor", fue  abuelo de Publio Cornelio Escipión Emiliano, también llamado Africano "menor" por haber terminado la tercera guerra púnica y también muy relacionado con Hispania porque fue el que conquistó Numancia, otro símbolo del orgullo español. Los escipiones formaban un círculo de literatos, filósofos, poetas que en nada tenían que envidiar a los de la rive gauche parisina. Por entonces Roma era una república que se disponía a conquistar el orbe conocido. Al círculo de los Escipiones pertenecieron, entre otros, Panecio de Rodas y el gran Polibio, que había llegado como esclavo griego y se convirtió en el gran historiador de Roma y todo a base de una enorme tolerancia y sincretismo, que les permitía acoger dioses extranjeros, divinizar a los emperadores y hasta integrar ideologías opuestas. Los Escipiones, gente de armas y orden, eran amigos de los Gracos. Escipión "numantino" estaba casado con su prima Sempronia, hija de Tiberio Sempronio Graco.

De todo ello, dice Caro, Solo quedan memorias funerales/Donde erraron ya sombras de alto ejemplo.

viernes, 18 de septiembre de 2015

El final de los imperios.


Cuando, hace ya algunos años, vi la película de Ridley Scott, Gladiator, los planos de Russell Crowe (Máximo) entrando o saliendo de su mansión campestre en España, me trajeron a la memoria la villa romana de la Olmeda en Pedrosa de la Vega, provincia de Palencia.  Son las escenas en flash back en que el general  recuerda sus campos cultivados y su vida familiar en compañía de su mujer y su hijo asesinados luego por orden del emperador Cómodo, quien también ordena destruir e incendiar la mansión para castigarlo por negarse a acatarlo como emperador. Imposible no ver en la memoria, o quizá imaginar, los campos cercanos al río Carrión en los que algún noble romano hizo construir su mansión hacia el siglo IV, muy cerca de otra villa anterior, del siglo I, más en la época de Cómodo, pero destruida en el siglo III. No se conocen los nombres de los propietarios del latifundio, aunque hay señales de que uno de ellos pudiera haber sido Asturius, general quizá de Constantino o Teodosio, como Máximo lo era de Marco Aurelio.  La villa de la Olmeda, obra tardoimperial, fue destruida a lo largo del sigloVI. Visión y recuerdo, en la película y en la realidad. Así que este verano hicimos una escapada a Pedrosa de la Vega y, luego, a Saldaña, en cuya iglesia de San Pedro se conservan muchas piezas arqueológicas procedentes del latifundio y dependencias adyacentes así como necrópolis, a ver cómo seguían las excavaciones.
 
Porque la primera vez que la visité fue a mediados de los ochenta  después de que el ingeniero agrónomo Javier Cortés, propietario del terreno, donara el conjunto a la diputación de Palencia para que prosiguiera las excavaciones. Él hizo el primer descubrimiento por casualidad en 1968 y, durante doce años, fue desenterrando construcciones, reparando mosaicos, ampliando lo excavado, hasta que vio que era una tarea superior a sus posibilidades e hizo la donación de lo que está considerado como uno de los mayores yacimientos arqueológicos europeos y una de las mayores villas de todo el imperio romano. El hallazgo de una vida.
 
 La diputación reabrió el sitio en 1984 al tiempo que seguía ampliando las excavaciones. Desde entonces se han hecho muchas ampliaciones y, aunque la parte rústica queda por descubrir, la urbana está ya toda a la vista, en magnífico estado de conservación y muy cómoda visita mediante unas pasarelas fijas que permiten contemplar los mosaicos del oecus, la parte noble. Son muchas las habitaciones que conservan mosaicos y para observarlos es muy útil una detallada guía de José Antonio Abásolo y Rafael Martínez, catedráticos de Arqueología de la Universidad de Valladolid. Hay multitud de dibujos, pautas, formas y colores, motivos vegetales y sobre todo geométricos. Llaman la atención las cruces gamadas tranto dextrógiras como levógiras, por razones comprensibles porque parece que son signos iranios pero que obviamente habían hecho un largo recorrido. También la primera vez que visité el lugar me llamó la atención una cantidad regular de conchas de ostras que testifican de cierto lujo en el vivir, hoy reducidas a una pequeña muestra pero igualmente significativa.
 
Los dos conjuntos de mosaicos más interesantes tienen motivos figurativos y muy curiosos. Uno de ellos representa el episodio en que Ulises, "el de los mil trucos", según Homero, descubre a Aquiles, disfrazado de  doncella entre las hijas del Rey Licomedes, a donde le había llevado su madre para evitar que fuera a la muerte en la guerra de Troya. Es un tema que se repite mucho en la pintura del clasicismo y el neoclasicismo porque es muy sugestivo, el del reto para el artista de representar el momento en que surge el hombre en ímpetu viril y belicoso del cuerpo de una dulce joven y el pasmo e intriga de su compañeras.
 
El otro mosaico también muy bien conservado son figuras de animales, leones, ciervos, etc en escenas de caza, muy vivas, muy fidedignas pero, eso, escenas de caza que nunca me han parecido especialmente interesantes, aunque sin duda tienen mucho mérito.
 
El palacio es una maravilla de proporción y variedad. Con la guía de Abásolo se pueden ir siguiendo los conductos del sistema de calefacción del hipocausto porque es fácil imaginar el frío que debe pasarse en invierno en Palencia, clima continental. Igualmente es magnífico el complicado sistema de baños con todos sus apartados y diferentes funcionalidades.
 
A la entrada se erige una arcada minuciosamente recostruida con las piezas auténticas que se encontraron dispersas y enterradas. Da paso al peristilo, el patio interior cuadrado que reproduce a escala menor del cuadrilátero del palacio, flanqueado por cuatro torres y que, en su tiempo, constaba de dos plantas.
 
Esta villa era el centro, casi una pequeña ciudad, de una intensa actividad agropecuaria en la que interactuaban personas de muy diversa condición, criados, esclavos, libertos, ciudadanos romanos, la familia, los comerciantes y extranjeros, muchos de ellos con nombres griegos o de otras procedencias. Una actividad que fue decayendo poco a poco, para dar paso a las medievales en los alrededores (como se prueba por las necrópolis) hasta desembocar luego en la nobiliaria Saldaña. Un imperio sustituía a otro.
 
 

sábado, 9 de junio de 2012

Lo humillante no es el rescate; lo humillante es la cobardía de Rajoy.

Palinuro se reafirma en sus entradas de los últimos días, especialmente en la de hoy por la mañana.
Cuando, en la noche del 10 de mayo de 2010, los europeos obligaron a Zapatero a desdecirse de sus ilusiones socialdemócratas y reformistas y a aceptar el recetario neoliberal, el de León compareció al día siguiente ante la opinión y dio cuentas de lo que había hecho. Por cierto para cosechar, entre otras impertinencias, algunos desprecios e insultos de Rajoy. Ahora que la situación es infinitamente más grave, el mismo prepotente que aseguraba que siempre daría la cara, diría la verdad a los españoles y llamaría al pan pan y al vino, vino, está escondido, oculto, fuera de cobertura, como lo que es: un conejo en su madriguera.
El que pasó la campaña electoral diciendo que el gobierno socialista no sabía salir de la crisis, que Zapatero no inspiraba confianza y que el problema era él mismo; el que decía tener la solución y aseguraba que no subiría los impuestos, no tocaría la sanidad, ni la educación y que no permitíría que nos intervinieran, ha subido lo impuestos, recortado salvajemente la sanidad y la educación y ha ido como un perro apaleado con el rabo entre piernas, a pedir un rescate a la Unión Europea pues, si España estaba mal hace seis meses, después de medio año de desgobierno de este puñado de ineptos, la situación es catastrófica.
¡Ah Pero que el pueblo no se entere de que es un rescate. En lugar de comparecer él mismo a farfullar las vaguedades y tonterías que habitualmente suelta, el cobarde de La Moncloa ha mandado a De Guindos mientras él prepara su viaje a Polonia a ver la Roja. Dicho sea de paso: si este miserable es capaz de no comparecer en estos momentos pero mañana va a ver el partido de fútbol, el oprobio y desprecio que suscitará no tendrán parangón. Aunque, para que esto opere, sería necesario que el menda tuviera algo de dignidad. Y no es el caso.
De Guindos, el genio de Lehman Brothers, ha comparecido a ver cómo podía dar la noticia del rescate mintiendo, convirtiéndola en otra cosa. Mientras toda la prensa extranjera habla de bail out, o sea, rescate, Guindo tiene la orden de hablar de "préstamo financiero". Es igual que lo que intentaron hacer cuando el 11-M: tratar de convencer a la gente de que no habían sido los islamistas, sino ETA, es decir, mentir a mansalva en contra de lo que la realidad mostraba a la vista y todos los medios internacionales decían. Mentir para salvarse, para seguir aferrados a los cargos, cobrando por hacer las cosas mal Ahora están en lo mismo: mintiendo con un morro kilométrico en mitad de la chirigota de la plaza.
Los españoles ¿nos merecemos un gobierno tan indigno? No es ya solamente que sus ministros considerados aisladamente, sean una vergüenza en cualquier país civilizado, que Báñez sea un beata; Mato una analfabeta; Wert un engreído petulante; Guindos un inepto; Montoro un charlatán; Cañete un necio;  Rajoy un farfollas ignorante, con el añadido de la provocadora Aguirre, el corrupto Camps, la embustera Cospedal, no. Se trata de que, en su conjunto, el PP y sus gobiernos han expoliado España, la han arruinado y ahora la han entregado a la arbitrariedad de los extranjeros y su único preocupación es cómo mentir a la gente para ocultar el desastre que han provocado, salvarse de la quema y, si es posible echar las culpas a los demás..
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).