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lunes, 6 de junio de 2016

Carmen, mito de España

En el Matadero de Madrid hay una fabulosa exposición sobre Carmen, la heroína de la novela de Mérimée y la ópera de Bizet; la Carmen de España, el genio de la raza: gitanos, toreros, bandoleros, contrabandistas, flamenco, amor loco, celos, navajas, crimen pasional: todos los rasgos (o sea, los topicazos) de la imagen de España desde el siglo XIX. Y la famosa habanera que Bizet le medio robó a Sebastián Iradier, El amor es un pájaro rebelde...

La expo está comisariada por Luis F. Martínez Montiel y José Luis Rodríguez Gordillo y tiene un contenido amplísimo. Hay objetos: facas, abanicos, capotes, cigarros, máquinas de liarlos (no se olvide que Carmen es una trabajadora de la fábrica de tabaco de Sevilla). vestidos de faralaes, peinetas, crucifijos, etc. Hay abundancia de obra gráfica: muchísimas fotos, fotogramas de infinidad de películas, figurines para las representaciones operísticas, dibujos, bocetos, acuarelas, grabados, pinturas. Hay cuadros de Lucas Velázquez, Jenaro Villaamil, Raimundo de Madrazo, por supuesto, Julio Romero de Torres, etc y contemporáneos como Juan Gris, Francis Picabia, Eduardo Arroyo, dibujos de Antonio Saura, ilustraciones dee Picasso (y otras del propio Mérimée y de Sáez de Tejada) y obra exprofesso para la exposición de Luis Gordillo.

El impacto de la historia en el cine es enorme. ¿Quién no ha visto alguna versión cinematográfica de Carmen? Las actrices más famosas probaron su mano: las "fatales" Theda Bara y Pola Negri, Dolores del Río, Rita Hayworth (con Glenn Ford de don José), Imperio Argentina, Carmen Amaya, Sara Montiel y hasta una Carmen negra en la versión que hizo Otto Preminger de Carmen Jones (Dorothy Dandrige) con el relamido Harry Belafonte de don José y hasta una burla de Charles Chaplin. Por supuesto, en ópera y artes escénicas en general, aluvión de versiones de Carlos Saura, Martín Patino, Vicente Aranda, Antonio Gades, por no hablar de los históricos Florián Rey, Quintero-León y Quiroga y Federico García Lorca.

Todo en loor de Carmen, mito de España. Mujer bravía, amor desgarrado, pasión y muerte.

Vale. Pero obsérvese un hecho curioso: es un mito español fabricado por dos extranjeros, dos franceses; de un lado Prosper Mérimée, publicó la novela corta Carmen en 1845, que no encontró buena acogida hasta que Georges Bizet compuso la ópera de igual nombre en 1875 con libreto de Ludovic Halévy y Henri Meilhac sobre la novelita de Mérimée. Tampoco aquí sonrió la fortuna; Carmen aguantó poco en el escenario y Bizet murió ese año a los 30 de edad. Fue el posterior estreno en Viena el que marcó el comienzo de la fama mundial: Carmen, revolucionaba el género operístico, abría paso a la ópera italiana, recordaba al mundo que al sur de Europa había un exótico y fascinante país que tiempo ha había sido un imperio y ahora era un lugar de aventura y misterio y su símbolo era ese, Carmen.

El mito de España se forjaba fuera de ella y como uno de los primeros ejemplos de lo que Edward Saïd ha calificado después como Orientalismo. España era en sí misma un poco oriental, tierra extraña y atormentada de gente pasional, fanática, clima extremo y costumbres semi bárbaras. Victor Hugo, Borrow, Manet, Washington Irving y otros viajeros por estas agrestes latitudes, puerta al aun más misterioso Oriente a través del África, dejaban este testimonio que aparecía condensado en la obra de Mérimée y se convertía en tema mundial, con la ópera de Bizet. Esta sigue el relato del novelista, pero introduce cambios substanciales que han facilitado el simbolismo de Carmen-amor-toreros-pasión como genuinamente español en detrimento de otro que está en la novela de Mérimée pero en la ópera se esfuma. Un tema interesantísimo sobre el que volveré al final del post. Paciencia.

Dícese que Mérimée se inspiró para tan rotundo tema en un poema de Puchkin, Los gitanos que él mismo tradujo del ruso. Cierto, algo ayudaría: Carmen de Triana es gitana, rumí, bohemia. Pero el antecedente real del personaje está en otra novela anterior de Mérimée, publicada en 1840, Colomba, una historia de pasión, venganza y muerte situada en Córcega con una protagonista, Colomba della Robbia, mujer temperamental que busca a toda costa vengar el asesinato de su padre. Carmen tiene mucho de Colomba.

Reiteremos: el mito de España no es autóctono. Autóctono sería, y es, el Cid Campeador, el Gran Capitán, Roger de Llúria o, si de mujeres vamos, Agustina de Aragón. Carmen refleja una mirada extranjera: la del civilizado europeo que viaja por la Andalucia de los bandoleros y queda prendado del exotismo y, claro, primitivismo, de este pueblo noble, feroz, sanguinario. Es un mito foráneo impuesto a una sociedad como la española del XIX desestructurada, acosada por guerras civiles, incapaz entonces (y ahora) de elaborar un relato propio de su "ser" colectivo, si tal cosa existe. Es decir, en el siglo XIX, cuando las naciones europeas se vuelven sobre sí mismas y buscan en ellas su esencias, su Volksgeist y ensalzan sus héroes/heroínas patrios en muchos y muy diversos órdenes (Nelson, Wellington, Wellesley, Napoleón, Garibaldi), en España nos fabrican una heroína de folklore que no solo no es símbolo de nación alguna sino que, por ser gitana, carece de ella, es, en realidad, apátrida.

Aquí quedaría mi interpretación de Carmen, mito de de España, pero no nacional, si acaso reiterando las variantes entre el libreto de la ópera y la novela de Mérimée. En aquella, la protagonista absoluta es, desde luego, Carmen, pero su contraparte es el torero Escamillo, mucho más importante que don José. En la novela, sin embargo, es al revés: la heroína es, sí, Carmen (aunque a veces entren dudas porque la narración es un relato en primera persona que hace don José antes de que lo ejecuten, al viajero/arqueólogo, francés que ha venido buscando unas excavaciones de Munda, de las que nadie parece saber nada), pero su antagonista es, definitivamente, don José y el drama es pasión, celos, muerte. O sea un caso de violencia de género como los vemos hoy.

Pero hay más. Hay otro elemento decisivo en la novela que apenas se menciona en la ópera y ha desaparecido de la leyenda posterior: Carmen, siendo gitana, no es española... y don José, a pesar de su nombre, tampoco. Es vasco, navarro, de Elizondo, en el valle del Baztán. Y habla euskera. 

Colomba era de ambiente corso y el relato enfrenta la minoría corsa, con brava conciencia nacional, con Francia. Mérimée había encontrado un filón en esos pueblos fieros y orgullosos de su personalidad que se resisten a ser integrados en el mainstream del nacionalismo dominante decimonónico. Y eso es Carmen. Don José lo tiene muy claro: es soldado del ejército español, pero no es español. Es vasco y, precisamente, lo que le hace faltar a su deber y liberar a Carmen a la que lleva prisionera, lo cual desencadena toda la tragedia, es que ella dice ser gitana, pero haber nacido cerca de Elizondo y llamarse Carmen de Etxalar. Sea ello cierto o no pues Carmen no es personaje que pare mientes en verdades o mentiras cuando se trata de asuntos graves, sí lo es que habla algo de euskera y, al hacerlo, acaba de abrir el corazón de don José y el cierre de sus grilletes. Los dos son miembros de minorías que luchan por su existencia.

O sea, Carmen,  es el mito de España, pero no por ser español sino, precisamente, por no serlo.

sábado, 5 de diciembre de 2015

El arte del arte.

El año pasado, el Centro Nacional de Calcografía otorgó el premio nacional de artes gráficas 2014 a Miquel Barceló. El premio eran una exposición en el Centro, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y dos grabados de Goya. La exposición es esta; los grabados ya se los llevó.

Barceló expone unos coloridos gráficos de carteles de otras exposiciones suyas en los años ochenta y dos series de grabados más recientes, la serie Lanzarote, de 1999 y una tauromaquia de ahora mismo. Trae además una pieza singular, un libro "pornográfico" de 1993 hecho por un amigo suyo, Eugen Bavcar, un fotógrafo ciego, e ilustrado por él en hojas de papel braille, es decir, papel con protuberancias.

Pero lo importante de la exposición son las series mencionadas. La de Lanzarote, que empieza con un autorretrato desfigurado y sigue con otros temas favoritos del autor, como peleas de perros, son imágenes tremendas, algunas también "pornográficas". Si en los carteles hay aún alguna huella de Miró, en los grabados la hay de Bacon, Tapiès y el África. La larga estancia de Barceló entre los dogón en Malí, en donde posee un estudio, tiene una influencia enorme en su obra.

La serie de la tauromaquia se ha hecho para ilustrar un libro de Bergamín, la música callada del toreo, editado en Francia con el nombre de Soledad sonora. La serie es magnífica, con los alberos al sol desde perspectivas aéreas, casi como si fueran agujeros y vistos desde la parte trasera superior de un astado.  Ahí está Picasso pero hay mucho más que Picasso. Igual que en los demás trabajos hay mucho más que Bacon o Tapiès y en el conjunto de su vastísima obra, mucho más que Pollock, con quien se siente identificado, como con otros del Renacimiento o del barroco español. Más porque está él mismo, que es inconfundible. Este artista que se define como nómada, pues tiene estudio en París, Mallorca y Malí y ha viajado por doquier. Un nomadismo de lugares y de estilos.

En una entrevista que le hicieron con motivo de esta exposición y a preguntas de los periodistas sobre la tauromaquia, Barceló dictaminó que "el movimiento antitaurino es una estupidez". Añadió que nunca había conseguido que un antitaurino entendiera los toros. Es una actitud combativa pero poco relevante. Empezando por el modo de plantearla. La cuestión no son los toros, sino las corridas en donde los matan.

Pero es un planteamiento sin gran interés. En el fondo, la cuestión es si alguien contrario a las corridas de toros es capaz de admirar la fuerza, la creatividad, la originalidad, la crudeza de la tauromaquia de Barceló. Por descontado que lo es. El arte es una mirada, una interpretación estética de la realidad. No tiene función normativa para bien ni para mal. Lo que tampoco quiere decir que no pueda tenerla. Una gran cantidad de obras de arte de todos los tiempos predica opciones morales, pero se separa y vive por su cuenta a través de la forma. El arte idealiza las pasiones humanas, pero está por encima de ellas. 

Es perfectamente compatible apreciar la tauromaquia y estar en contra de la lidia. Si está es finalmente abolida, podrán seguir pintándose tauromaquias de memoria o simplemente será un tema que desaparecerá del programa de los artistas como lo han hecho tantas cosas, desde los autos de fe a las procesiones de gremios y corporaciones. 

La exposición desemboca en el gabinete en donde la Calcografía nacional guarda las planchas originales de las series de Goya Los caprichos, los desastres de la guerra y la tauromaquia. Esta exposición es permanente ya que la Academia de Bellas Artes es propietaria o depositaria de las planchas. Y es muy oportuno que esté abierta porque así el visitante puede ver los elementos goyescos en Barceló. 

Me llamó la atención que, en uno de los textos escritos para ilustrar los orígenes de los grabados de Goya, al tratar de la Tauromaquia, el autor se crea obligado a argumentar que quizá Goya estuviera denunciando la crueldad de las corridas de toros. No lo sé y me parece irrelevante. Goya puede haber sido un gran aficionado a la lidia, como quizá lo sea Barceló, pero eso no hace las corridas de toros más admisibles desde el punto de vista de la conciencia moral de la época. Cierto es, los aficionados a la "fiesta" no suelen convencer a los adversarios. Pero eso sucede también a la inversa, imagino y, en sí mismo, no quiere decir nada. Lo que hace inadmisible la lidia es el hecho de convertir en espectáculo el sufrimiento de un ser vivo. 

Pero las tauromaquias de Barceló y Goya son magníficas y tienen un impacto tremendo.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Una victoria en toda regla.



Vídeo de Bg Vázquez,colgado enYou Tube).


Notable jornada la de ayer en el Congreso. En una sola sesión ejerció de héroe y villano, según cada observador. Fue majestuoso templo donde los patricios reciben magnánimos la humilde solicitud de los plebeyos de que reconozca interés cultural a un espectáculo más bien sangriento. Y fue bastión de las libertades asediado por las enfurecidas masas (unmillóncuatrocientasmil firmas) que llegaron a colarse por las gradas profiriendo gritos e insultos. Un visionado del breve vídeo de Bg Vázquez da una idea de cómo está la política española. L@s de las PAH, con Ana Colau entre ell@s, armando alboroto y vociferando a voz en cuello, sabedores de que la voz de 1.400.000 personas tiene que hacerse oír. Y oír con la mala conciencia que muestran sus señorías, tod@s acurrucad@s en sus asientos sin atreverse a rechistar. Solo los diputados de IU se levantaron para aplaudir el comportamiento de los revoltosos, frente a los cuales, al parecer, el presidente Posadas exigió a los ujieres ¡échenlos, coño!, no muy lejano de aquel otro célebre de "¡se sienten, coño!". Estos autoritarios tienen siempre el coño en la boca cuando están de malas. Cuando están de buenas te dicen mireusté. Los diputados del PP, habitualmente amigos de la chocarrería, estaban mohínos por haber tenido que retractarse antes de haber hablado. Ya se sabe que la pelea simplemente se ha postpuesto y empezarán las bofetadas cuando haya que convertir en Ley las peticiones de las PAH, en resumen, la dación en pago, que la banca presenta como el Apocalipsis. En cuanto a l@s diputad@s socialistas, de comparsas silentes, el espectáctáculo pareciera no ir con ell@s. Sin embargo son ell@s quienes no van con el espectáculo, acerca de cuyo contenido ya no tienen mucha idea.

El evento de ayer, una victoria rotunda de un movimiento social horizontal, apartidista, extraparlamentario, tiene un enorme significado. La gente, la multitud, ha ascendido en protagonismo político, ha tomado la acción en sus propias manos, se ha valido de los cauces institucionales y ha llevado el problema a la sede parlamentaria misma en un tiempo brevísimo pero con un inmenso apoyo social. Lo ha llevado a la sede de la soberanía y ha puesto a sus señorías en el dilema de votar dación en pago, como manda la justicia más elemental o el mantenimiento de una situación que causa la ruina y el sufrimiento de muchos y hasta la muerte por suicidio. Así lo plantea Ada Colau; así es. Los recursos dilatorios de los acuerdos, las negociaciones, los pactos quedan arrumbados en la política de la marrullería.Y los diputados no saben qué hacer. Se verán presionados por ese denso movimiento social cuya fuerza radica en su número y su organización en red. Es una prueba evidente de que esta tiene capacidad para catalizar y coordinar un movimiento virtual con un impacto real.

Muchos se remitirán a la historia parlamentaria europea, a la necesidad de resguardar el legislativo del chantaje de las masas callejeras, por más que ahora no se dejen etiquetar de tales y se consideren a sí mismas "multitudes inteligentes" (smart mobs). Nada de admitir presiones del populacho. Son los mismos que admiten de buena gana las presiones de los bancos y hasta llegan a actuar como delegados de ellos. Como ese diputado del PP que ha votado en contra de admitir la ILP de dación en pago y que tiene un plan de pensiones o algo así con el BBVA. No seré yo quien dude de que ese diputado ha votado en conciencia. Pero no hay ninguna razón para preferir las presiones de los bancos a las de la ciudadanía. Por supuesto, los repertorios son distintos, unos mas refinados y solemnes y otros más tumultuosos pero no menos solemnes.

Los socialistas están obligados por las cirscunstancias a replantearse su actitud. Van a remolque de los hechos, no atinan con un discurso votan a regañadientes y tras pedir disculpas por su indiferencia de siete años en un asunto tan explosivo como la dación en pago. Y no solo en la dacíón en pago. En la lamentable decisión sobre los toros se abstuvieron. La abstención es la opción más estéril en política. El PSOE está out. Los toros tienen menos defensores que los desahuciados, aunque hubo algunos animalistas protestando fuera de la cámara. Y la ILP reunía 500.000 firmas, aproximadamente un tercio de la dación en pago. Pero con los cornúpetas la cantidad no importa porque es un asunto de principios. Uno de UPyD, que ha votado a favor de considerar de interés cultural las corridas, niega los derechos de los animales porque, dice, estos no tienen deberes. Como los niños. Luego los niños no tienen derechos. A torearlos. No merece la pena seguir para explicar a este representante popular que somos nosotros quienes tenemos deberes hacia los animales. La abstención del PSOE pasa de ser irrelevante a directamente vergonzosa. No reconocer interés cultural a la españolísima fiesta no es prohibirla. Es, simplemente, ser fiel a una idea distinta de cultura y, además, estar en contra de que esas actividades se beneficien de un denso y opaco sistema de subvenciones públicas negociadas entre copas de Magnum y Cohíbas de Vuelta Abajo.

El PSOE tiene un problema de indefinición, lo cual es problemático en momentos de polarización social. Esa indefinición, esa ambigüedad es particularmente evidente en el modo de enfocar el recrudecimiento del nacionalismo catalán que ahora se soliviantará más por entender, con razón, que la mamarrachada de los toros es un enésimo trágala que se les hace luego de que ellos los desterraran de Catauña. El cerrado centralismo del PSOE, con la negativa a toda propuesta autodeterminista empuja al PSC a un callejón sin salida y, al mismo tiempo, es suicida para el propio PSOE porque, si no gana las elecciones en Cataluña, difícilmente las ganará en España. También aquí puede decirse que se trata de una cuestión de principios. Puede. Pero, así como en el caso de los derechos de los animales el asunto es bastante claro a favor de estos, no lo es en el de los principios nacionales y por qué haya de ser mejor para España no reconocer el derecho de autodeterminación que reconocerlo.

domingo, 12 de agosto de 2012

Vargas Llosa y los toros.

Hace unos días, Sánchez Ferlosio publicaba un magnífico artículo en El País en contra de las corridas de toros, titulado Patrimonio de la Humanidad, tanto más grato para Palinuro cuanto que este creía, equivocadamente por lo que se ve, que el autor de El Jarama era partidario de este espectáculo absurdo y cruel.
Hoy es el gran Vargas Llosa quien responde con otro en el mismo medio, titulado La "barbarie" taurina en el, además de sobrar las comillas del término barbarie, se critica el de Ferlosio del que se dice que es una de las diatribas más destempladas y feroces que he leído contra este espectáculo. Está en su derecho de errar en esto como en lo que quiera. No me parece que haya destemplanza ni ferocidad en el muy certero artículo de Ferlosio. En cambio sostengo que la pieza del propio Vargas Llosa es uno de los escritos más sofistas, falsos, convencionales y vulgares que he leido sobre la materia.
Sobre los argumentos de fondo está todo dicho y el artículo del Nóbel peruano no aporta nada aunque se empeñe en repetir por enésima vez la manoseada falacia de que, si las corridas desaparecieran, se extinguirían los toros bravos que él dice amar profundamente confundiendo, como muchos aficionados a las corridas, el animal con su muerte, pues no ama el animal sino el placer que encuentra en la tortura y agonía de un ser vivo lo cual solo muestra un espíritu sádico o con la sensibilidad de un guijarro.
Lo interesante del artículo de Vargas Llosa, por lo natural y espontáneo, ya que es respuesta improvisada al de Ferlosio, es el empleo de la retórica embaucadora con que los partidarios de este espectáculo tratan de dignificarlo. Buena parte de la pieza está redactada con ese estilo propio de los aficionados a cualquier tipo de actividad, relatando menudencias técnicas que insinúan esquivamente una especie de estadio superior del conocimiento que excluiría a los no entendidos, pasando de matute de lo técnico a lo moral, y daría una mayor autoridad a quienes carecen de ella en el lenguaje ordinario, como si quisiera aplicar la teoría del cierre categorial de Bueno a la actividad de asesinar reses en público.
No pareciéndole suficiente al escritor este recurso porque, al fin y al cabo, él es eso, un escritor de verdad y no un charlatán del toreo, añade un recurso a la poética de la muerte, vulgarizando al nivel del blablabla la cuestión metafísica esencial del hombre, su ser heideggeriano para la muerte, confundida con la sed de sangre que tiene siempre la parte más baja del ser humano y que llega a la más alta cuando se expresa en muchedumbres.
No falta el sofisma de pedigrí liberal, empleado de forma tan torticera que más parece desprecio a la capacidad analítica de los lectores. Entiende Vargas que no sea admisible obligar a nadie a contemplar un espectáculo que abomina, con lo que pretende señalar que los aficionados a las corridas no obligan a nadie a verlas. Con ese mismo derecho, falsea Vargas el argumento, no se puede prohibir a los aficionados el espectáculo. Aparte de que sí se podría si la sociedad decidiera reconocer -como han hecho muchas- determinados derechos a los animales, está el dato que un liberal de verdad no puede ignorar de que las corridas solo son posibles porque están artificialmente sostenidas y subvencionadas con dineros públicos, incluidos los procedentes de los impuestos que pago yo que considero las corridas de toros un ejemplo acabado de crueldad y barbarie pero estoy obligado a sufragar porque, si no, claro, los Vargas y sus compañeros de tendido, tendrían que pagar el precio íntegro del espectáculo del que gozan que dejaría de producirse en dos o o tres temporadas. A no ser que, por el hecho de que Vargas sostenga la continuidad entre los cultos cretenses y la corridas de hoy queda justificado un intervecionismo estatal que el novelista repudia en todo lo demás.
Los aficionados a las corridas, estilo Vargas, jamás hablan de "corridas" sino que, hábiles prestidigitadores de las palabras, las llaman "fiesta" y ya, embarcados en esa pendiente de la manipulación y, la pura mentira sostienen que los aficionados amamos profundamente a los toros bravos. Es curioso, ninguno de esos líricos amantes de la bravura taurina ha pisado jamás una dehesa para contemplar esos hermosos animales en libertad. Solo se mueven para ir en manada a ver cómo los torturan y asesinan en un medio artificial preparado para la muerte y completamente ajeno al natural y vital del toro. Es decir, a sumergirse en una catarsis colectiva previo pago de unos euros por el espectáculo en el que se los tortura y asesina para regodeo de la chusma, de la que estos escritores son los lamentables adelantados.
(La imagen es una foto de Christian González Verón, bajolicencia Creative Commons).

jueves, 2 de febrero de 2012

La casta y la pasta

Tiene gracia la nueva versión del toro nacional adaptado a los tiempos que corren de predominio de la corrupción y el más puro bandidaje financiero. Tiempos que se redoblan ahora con el gobierno de la derecha cuyo ministro de Educación y Cultura ya ha demostrado la mucha que posee anunciando que vuelven los tiempos de las vacas gordas (y nunca más a cuento) para los toros o, mejor dicho, para los que hacen negocios toreándolos y matándolos para solaz de públicos de gustos refinados y exquisitos, como él mismo.

¿Por qué será que uno tiene la sospecha de que la llamada "fiesta nacional" forma parte de la tradición de una España que quiere ser eterna de insensibilidad, incultura, señoritismo, servidumbre, caciquismo, corrupción y miseria generalizada? Miseria material y miseria moral, que es tan mala como la primera o peor. La idea de que las corridas de toros tienen que ver con la cultura, que predican entre otros los señoritos de derechas, igual que los señoritos de derechas del nacionalismo catalán ensalzan los "correbous" (cuya única ventaja parece ser que no son españoles) parte de un concepto de "cultura" tan pedestre y rudimentario que también permite sostener que el soborno es asimismo una forma de cultura. Los pueblos mediterráneos..., ya se sabe... ¡ah, la picaresca, esencia misma de la cultura hispana! El cacique, el siervo y el toro, trinidad eterna de los páramos de España.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Los toros no votan.

La barbarie del toro de la Vega en Tordesillas es apabullante porque, en el fondo, nos retrata como especie. Somos una especie cruel. Que nadie se ofenda como individuo. No se habla aquí de individuos. Seguramente, entre los criminales que torturaron y asesinaron a Afligido y los que se divertían con el espectáculo habrá algunos que tendrán mascotas en casa a las que considerarán "casi de la familia", como suelen decir. No se habla de individuos; se habla de la especie. Como individuos somos todos intachables. Como especie somos crueles. Una crueldad que nace de nuestra condición racional. Porque las demás especies de animales no son crueles y dado que lo único que nos distingue de éstas es la razón, la razón es el origen de la crueldad que anida en ella desde su origen. Algunos grabados de William Hogarth, del siglo XVIII, que muestran lo crueles que pueden ser los niños con los gatos y los perros, marcan un camino que nos lleva a reconocer que causar sufrimiento a los animales por diversión es algo frecuente en todos los tiempos, todos los lugares y (casi) todas las culturas. Recuérdese cómo los más tontos a la hora de defender la crueldad con los animales, invocan la tradición. Para qué seguir.

Está bien que se haya armado esa tremolina a cuenta de la ignominia de Tordesillas. Apunta en la buena dirección, en la de que, poco a poco, estas muestras de barbarie irán desapareciendo. Ojalá. Pero no hay que olvidar que la crueldad de la especie no se agota en los animales irracionales sino que tambien se ejerce sobre los racionales, lo que es imposible de entender. Cada vez que se comete un crimen contra la humanidad la especie se detiene aterrada ante la insondable profundidad del Mal que en ella habita. "Después de Auschwitz no es posible escribir poesía", reza el famoso dicho de Adorno, objeto de mil y una interpretaciones. Añadamos "después de Auschwitz y después del Gulag", porque el Gulag vino después de Auschwitz, al menos en la conciencia de los occidentales.

¿De dónde sale la resurrección del sadismo que traduce la obra de Peter Weiss sobre el divino marqués en el asilo de locos de Charenton que llevó al cine el gran Peter Brook? Y eso se hizo después de Auschwitz y el Gulag. En realidad, hay que reconocer que después de Auschwitz y después del Gulag todo es posible. No sólo la poesía sino literalmente todo. No, no, de ningún modo, argumentan gentes sin duda bien intencionadas. Hemos aprendido la lección: nunca más. ¿Nunca más? Y ¿qué es Guantánamo? No quiero poner a nadie en apuros así que mejor planteo otras preguntas: ¿qué pasó en los killing fields de Camboya? ¿Qué en la enésima guerra de los Balcanes hace veinte años? ¿Qué pasa en Somalia, en Libia, en el Irak, el Afganistán, en México, Guatemala? ¿Cuándo han acabado los genocidios? ¿Qué es el feminicido?

Bueno, como no se trata de ocultar un digno debate ético a base de echarle problemas trascendentales encima, volvamos a Tordesillas. Sobre el toro podemos haberlo dicho todo y, si no, tampoco importa gran cosa porque los toros no votan y eso es algo que los políticos miran mucho. Porque de los políticos, a los que se supone una función de liderazgo moral, es ahora la fábula aquí. El Intermedio preguntó por la barbarie tordesillesca a varios políticos del PSOE. Lo cuenta muy bien Félix Población en Políticos del PSOE ante el toro de la Vega. El alcalde de Tordesillas es del PSOE y defiende la crueldad con argumentos típicos de gobernador civil franquista: que los que protestan contra esa monstruosidad "no son de aquí". Serán extraterrestres bolcheviques. Los políticos preguntados condenaron el hecho pero se abstuvieron de enjuiciar el comportamiento del alcalde, lo cual refleja su talla moral y su liderazgo. Excepto la ministra de Cultura que ni siquiera condenó, que no dijo nada. Por lo demás, lo que suele hacer, demostrando una vez más que no dice nada porque no tiene nada que decir, lo que plantea el espinoso asunto de por qué la hicieron ministra.

En el PSOE hay enemigos y partidarios de la lidia. Es razonable pensar que un partido no tiene que ser necesariamente una cofradía de una sola opinión en todo y que es bueno que tenga pluralismo en su interior y lo respete. Vamos a suponer asimismo que, por diversas razones, la lidia aún no permite una decisión colectiva que, de forzarse, podría escindir el partido. Pero ¿tampoco lo permite un espectáculo tan vergonzoso como el de Tordesillas? Todavía la lidia lleva consigo mucha música, pintura, literatura, poesía, folklore, un abigarrado mundo simbólico que se resiste a cambiar y que incluso ha taraceado la lengua con multitud de expresiones hechas. Pero ¿qué tiene el crimen de Tordesillas? ¿En qué ha entrado en la lengua si no es por algún rebuzno? ¿No habrá un porcentaje abrumadoramente mayoritario de militantes socialistas que condene la tortura animal, deje en minoría al alcalde tordesillesco y le haga ver que, si quiere seguir ganando elecciones en su pueblo, lo haga bajo la bandera de otro partido?

No es bueno ni realista que un partido sea una piña en torno a una sola opinión; pero tampoco que no tenga ninguna y que, por prudencia electoral (ya que los toros no votan, pero sus torturadores sí) no pueda pronunciarse sobre asuntos morales tan claros y evidentes. Porque, si no es capaz de conseguir ni esto, ¿qué es lo que lo une como partido? ¿El mero hecho de ganar las eleciones y calzarse un puesto al sol? ¿En nombre de qué? En la tradición de la izquierda, eso es más propio de la derecha.

(La imagen es una foto de Wikimedia Commons,que está en el dominio público).

jueves, 14 de octubre de 2010

A la cultura le ponen los cuernos.

El mundo entero ha contemplado en suspenso esa proeza de Chile de arrancar a una muerte segura a treinta y tres hombres (cosa que muchos seguimos al minuto) en una operación que ha sido un verdadero canto a la vida. En ese mismo momento el ministerio español del Interior anuncia que transfiere las competencias en materia de corridas de toros, ese canto a la muerte (muerte segura del toro y posible del torero), al ministerio de Cultura. De este modo, se dice, se devuelve a las corridas (ellos las llaman "Fiesta Nacional", igual que el doce de octubre, ahí es nada), el trato noble que merecen: son cultura. Nada de cuestión de Interior o de Gobernación al recio estilo de Franco, sino de creatividad, que no es lo mismo.

No sé si la ministra de Cultura está al tanto de lo que se le viene encima y lo defiende por estar convencida de que, en efecto, las corridas son cultura o va de florero y nadie la consulta sobre decisiones que la conciernen, que la empitonan, por ponernos taurinos. Lo que está claro es que el ministro Rubalcaba se ha quitado de encima lo que se llama una "patata caliente", un ascua en realidad, evitándose lidiar (ya que estamos en ello) a un movimiento animalista cada vez más extendido y con mayor resonancia mediática, y que tiene mucho apoyo en su propio partido.

La decisión puede entenderse también como una especie de puñalada trapera al tripartito catalán y hasta a Cataluña en su conjunto al facilitar el camino para que el PP interponga recurso de inconstitucionalidad por la prohibición de las corridas en Cataluña decidida por el Parlament. El Parlament se ha extralimitado, se escandaliza la derecha; ha ido más allá de sus competencias. No sé cómo pueda decirse que se haya extralimitado cuando la cultura es competencia autonómica; pero por decir que no quede. Por lo demás, los catalanes, que tienen sus debilidades, podrían argumentar que, puestos a defender la cultura, ellos más que nadie: expulsan las corridas por oscurantistas pero blindan a los correbous que, como puede verse, consisten en hacer al toro portador del símbolo mismo de la cultura, la civilización y hasta la libertad: la luz. Que no sea luz sino fuego es cuestion de escasa relevancia. Lo importante es que aquí está el feliz astado catalán convertido en soporte de la luz del espíritu frente a las escabechinas de los españoles.

Cultura es la palabra. Si las corridas lo son o no. Si por "cultura" se entiende, como quieren los arqueólogos y los antropólogos, todo aquello que hace el ser humano, no hay duda de que los toros son cultura con el mismo derecho que las palanganas, los chupa-chups y las Matrioschkas. Pero nadie subvenciona las palanganas, los chupa chups o las Matrioschkas. Claro, no es ésta la cultura de que hablan los corridófilos. Es de la otra, de la cultura en sentido filosófico, del arte. La tauromaquia es un arte.

Pero esto no es verdad. Las corridas pueden ser objeto de obras de arte, pero no son arte en sí mismas, si es que esto quiere decir algo. Todas las epopeyas cantan la batalla, la guerra, pero la guerra en sí misma no es arte (el concepto de "arte de la guerra" se refiere más a la "técnica") ni cultura, sino barbarie. Aunque el arte, soberana como es, puede hacer algo sublime de lo más odioso y detestable, ese es el camino que empezó a andar el Marqués de Sade, en el que tampoco llegó muy lejos en comparación con el siglo XX. El arte contemporánea ha sacado mucho partido al Holocausto; el arte, la poesía, el pensamiento filosófico. Considérese tan sólo la kilométrica Shoah, de Claude Lanzman:



Bellísimo, sin duda. Pero el Holocausto no es cultura y, digo yo, estaremos todos de acuerdo en que hubiera sido mejor que no se hubiera producido, aunque nos perdiéramos quintales de obras de arte. Así que dejen en paz a Goya, Picasso y tutti quanti. Por lo demás, si arte ha de ser, necesita una musa y, como no la hay, no se me ocurre nada mejor que adjudicarle a Pasifae, cuya leyenda es la que origina el Minotauro. Bingo.

Todas las manifestaciones artísticas son valiosas en principio, pero ese valor es un activo que se adquiere en función de lo que se aporta a la mejora de la especie, no sólo a la material, que es la más evidente, sino a la espiritual y/o moral. Y bajo ningún punto de vista civilizado es una mejora complacerse en la contemplación del sufrimiento y la muerte de ningún ser vivo, la contemplación de ese misterio que es la esencia de la naturaleza humana. La muerte. Según nos desbastamos vamos siendo más y más pudorosos con la muerte. Ya no exhibimos los cadáveres de nuestros enemigos ni hacemos ejecuciones públicas, salvo las excepciones de todos conocidas y por todos condenadas en países considerados "atrasados" y algunas también en los países considerados "avanzados". Pero la tendencia es clara: hurtamos la presencia de la muerte de la vida cotidiana: ya casi no hay sepelios y los coches fúnebres parecen limousines para clases medias-bajas. Lo primero que se hace con un cadáver es cubrirle el rostro. La humanidad busca la negación de la muerte y todas sus religiones y filosofías llevan a ese punto, incluso aquellas que, como el cristianismo, nacen del culto a la muerte pues solo la muerte de Dios en la cruz es el vínculo que lo liga con los creyentes. No siendo eso, la tendencia general es a ocultar la muerte. El arte, sobre todo el cine, la representa con harta frecuencia; pero eso es lo que hace, representarla, simularla, fingirla. En el ruedo no está representada; está presente. No siempre la relación entre poesía/ficción y verdad es tan alegre y optimista como en la autobiografía de Goethe.

¿Qué tiene de cultura una ceremonia pública cuya esencia es contradecir el sentido de la evolución moral de la humanidad, convertir la muerte en espectáculo invocando para ello la fuerza de la tradición, cómo no, y la creatividad del arte de Cúchares?

(La primera imagen es una foto de C Manuel; la segunda, de mikedangeR; la tercera, de alexisbellido, todas bajo licencia de Creative Commons).

jueves, 7 de octubre de 2010

Apostillas a lo que se oye y ve por ahí.

En su ardorosa y documentada defensa de las corridas de toros el senador Pío García Escudero dice que si él fuera toro preferiría morir en el ruedo a acabar en la oscuridad de un matadero tras una vida aperreada de pueblo en pueblo. Vamos que el toro es como el negro de Nicolás Guillén que pedía su pan "de puerta en puerta". Si don Pío fuera toro no podría preferir nada porque habría otro don Pío prefiriendo por él y en su nombre.


Diz el mismo senador que al final Picasso quería ser toro; es posible. Cierto que se veía como el Minotauro. Pero el Minotauro no es un toro sino la imagen de alguien que piensa como un toro y embiste como un hombre.


La próxima visita de SS. Benedicto XVI a esta tierra liberada de sarracenos será un negocio espiritual y económico, promete monseñor Martínez Camino, ese clérigo tan atildado. ¡Quién iba a decir a Cristo que lo refutarían sus propios seguidores y que sí, que se puede servir a Dios y a Mamón al mismo tiempo!


Para que haya postzapaterismo es preciso que haya habido zapaterismo, cosa que no consta, al menos con la densa machaconería que se dio al felipismo.


Seis meses de cárcel por atar a su perro al coche y arrastrarlo durante 700 metros. Bien, muy bien. Y ¿qué condena recaerá sobre los que alancean toros, los matan a golpes, los abrasan o los rematan tras una lucida faena, probablemente porque han nacido para el luto y el dolor? ¿Sobre los que precipitan cabras al vacío?


España ha vivido por encima de sus necesidades, según el gobernador del Banco de España. Ahora le toca vivir por debajo, en justa penitencia. Y ¿quién determina las necesidades justas? Eso es algo tan quimérico como el precio justo o la guerra justa.


Además, el Banco de España, ¿es de España?


La SGAE hackeada a lo grande. Aquí se juega algo muy importante: el derecho de propiedad privada. Uno puede poner un aviso de Prohibida la entrada en un terreno, un bosque, un prado, un local, pero no puede ponerlo al comienzo de una sinfonía o una novela. Algo está mal. ¿No?


El Gobierno teme que Venezuela se convierta en una base de etarras, como lo fue Francia en su día. Pero ¿no era Venezuela el lugar al que otro gobierno español de Felipe González mandaba los etarras a puñados a raíz, creo, de las conversaciones de Argel? Los venezolanos deben de alucinar ante la volubilidad hispana.


Michelle Obama no es la mujer más poderosa del mundo sino la esposa del hombre más poderoso del mundo, que no es lo mismo.


El Fondo Monetario internacional quiere un "plan B" del Gobierno español, por si falla la reducción del déficit, lo que es la vía más segura para que la reducción del déficit falle.


El Danubio bajaba azul para los enamorados...

...ahora, si Dios, que es todo amor, no lo impide, bajará rojo.


(La primera imagen es un grabado de la Tauromaquia de Goya, "Juanito Apiñani en la plaza de Madrid", que está en el dominio público.)

(La segunda imagen es una foto de LuChOedu, bajo licencia de Creative Commons).