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jueves, 18 de agosto de 2016

El gore filosófico

Hay diversas maneras de tratar los más densos problemas de la ética y la filosofía moral. Una de ellas es mediante sesudos ensayos académicos, llenos de sutilezas y distingos hasta marear. Otra, mediante la literatura, la novela, el teatro. Otra mediante comics o historietas de aventuras. Esta tercera es la de la película en comentario y el grave tema, la eutanasia. Ya sabemos que se trata de algo muy serio, que toca lo más profundo de las personas y plantea todo tipo de conflictos. Por ello, el director parece haber decidido sacudírselos de encima con una referencia colateral. En uno de los escasísimos diálogos morales se plantea la cuestión de si se trata de sustituir a Dios, que es una de las facetas del problema y no la más interesante. Ese problema ya lo había resuelto el propio Dios en su libro, cuando el arcángel San Miguel lanza el célebre "¿quién como Dios"? La última y más célebre versión hasta hoy es el Frankenstein de Mary Shelley. Todo lo demás es un thriller de lo más visto, persecución de coches por las calles de Nueva York incluida (taquilla segura) y relámpagos de gore con destellos de El resplandor y en la más rancia tradición de los estudios Hammer, actualizados, claro.

Lo habitual es atribuir el intento de suplantar a Dios a la ciencia. El film introduce una variante: el intento corre ahora a cargo de lo paranormal. Tanto los criminales -se trata, ya se sabe, de un asesino en serie, también fórmula segura- como los que los combaten tienen facultades milagrosas, ven el futuro y el pasado. Obviamente, la ciencia no puede padecer así que, al comienzo de la historia, la agente del FBI (son pareja, tipo mayor y joven ambiciosa) dice que no cree en lo paranormal. El doctor que la policía contrata por sus dotes paranormales coincide: es médico, científico, no cree en lo paranormal. Pero él tiene dotes paranormales. O sea, haberlas haylas. Tanto Hollywood para esto.

Con tan absurdo planteamiento, el desarrollo ya es barra libre. Sentimentalismo a raudales, turbulencias, mucha tecnología, disparos, garages, apartamentos, el metro, asaltos, movimiento incesante. La clave del problema moral entre tanto ruido, se nos da al final en un flash back del principio de todo. Claro, si nos lo exponen antes, no hay película.

Y que hay película lo atestigua el almibarado final feliz en la más cursi tradición de Hollywood.

martes, 19 de julio de 2016

El franquismo sociológico

Con motivo del 18 de julio, exaltación del golpismo militar delictivo español, los de TeleSUR me hicieron una entrevista que van a ir poniendo por fases. Según me vayan llegando, las iré subiendo. En este caso se trataba de ver si podíamos identificar eso que llamamos el franquismo sociológico, es decir ese veinticinco o treinta por ciento de la población directa indirectamente beneficiados por la dictadura, su arbitrariedad, su corrupción, su favoritismo. Más o menos, el pocentaje de votantes fieles del PP, partido franquista, fundado por un ministro de Franco y poblado hasta las tejas de nostálgicos del franquismo, herederos ideológicos y biológicos de la dictadura. Cuando se dice dictadura se dice un régimen ignominioso, tiránico, brutal, que infantilizó a la población, sometida al terror y el sistemático lavado de cerebro de los falangistas, los medios de comunicación, la Iglesia, el sistema educativo, etc. Se dice una población despojada de sus derechos fundamentales, acobardada, imposibilitada de protestar y, en buena medida -en la medida de este "franquismo sociológico"- feliz de intercambiar libertad y dignidad humana por la aparente seguridad del paternalismo más despreciable.

Volveremos sobre todo ello llegado el momento.

domingo, 18 de octubre de 2015

Cuentos góticos.


Lo mejor de esta película recién estrenada de Guillermo del Toro es el título. Y no por lo que dice sino por lo que insinúa engañosamente. Como la película. El original es Crimson Peaks. La versión  La cumbre escarlata se aparta de la literalidad del texto, ya que crimson en español es "carmesí", mientras que "escarlata" da scarlet. El responsable habrá pensado que "escarlata" es más común e identificable y quizá menos extraña y rebuscada que "carmesí". Y más literaria. Hay varios escarlatas en la literatura de diferente tronío: la Pimpinela escarlata, de la baronesa d'Orczy, La letra escarlata, de Hawthorne y el Estudio en escarlata, de Conan Doyle, que yo recuerde. Si le añadimos el "cumbre", que remite a las borrascosas de la Brontë (aunque estas eran heights) ya tenemos un título apañado y sugestivo. A los españoles, sin embargo, también nos hubiera parecido bien La cumbre carmesí, porque sabemos lo que es desde El manuscrito carmesí, de Gala. Además, sospecho que hace más justicia al tono del color. La arcilla mojada oscurece y, fundida con la nieve, da un rojo grana, como se ve en las imágenes, más que el rojo vivo del escarlata.

En cuanto a la película en sí, poco que decir. Es de género de terror, una historia gótica con todos los topicazos de rigor, algo de gore que haga juego con el color del título y unos fantasmas sacados del dominio de los efectos especiales de Guillermo del Toro, el director y especialista en ellos. Tiene mucho oficio el mexicano Del Toro. Dirigió también dos films de tema español y más concretamente de la guerra y la inmediata postguerra civil, El espinazo del diablo y El laberinto del fauno. El mucho oficio, puesto al servicio de productos comerciales, mata la creatividad y la originalidad. La cumbre escarlata es una historia traída por los pelos, con un  argumento un poco de risa, un aroma de cuento de Barba Azul y un guión confuso, cuya función es meternos una Mansión Usher a lomos de un relato trivial.

Aunque tiene un punto fuerte que, de haber girado la historia en torno suyo, el interés hubiera sido distinto, mucho mayor. Pero quizá no hubiera podido producirse ni distribuirse por razones morales. El fundamento de la trama versa sobre un tabú cuya naturaleza no puedo revelar sin destripar la película. Y no debiera ser así, pero lo es precisamente porque el tabú, en efecto, se toca, pero no se investiga, ya que queda sumergido en las truculencias góticas de los negros pasillos, los sótanos oscuros, las puertas que se cierran solas y resto de artimañas del género. Justamente esta es la base de la crítica a estos productos falsos a fuer de comerciales, y una buena ocasión para mostrar cuán oportuna es: La letra escarlata es un estudio en profundidad del tabú del adulterio en la sociedad puritana y una de las más hermosas novelas de todos los tiempos. En su película, Del Toro se limita a señalar su tabú, pero no profundiza en él, a pesar de que tiene una carga de interés mucho mayor que el conjunto de aventuras y pintorescas ambientaciones que devoran el relato. Al contrario, lo que viene a decirse en la película es que el tabú protege del horror y del mal que se desencadenan cuando se rompe. Un punto de vista perfectamente vulgar.

 Destripar este tema a base de topicazos y efectos especiales quizá sea muy taquillero, pero es imperdonable. 

jueves, 8 de octubre de 2015

Rosemary's grandson.

He visto todas las películas de Alejandro Amenábar excepto Mar adentro, sobre mi tocayo Ramón Sampedro. No tuve estómago. En general, las he encontrado aceptables, aunque sin llegar al grado de alabanza que muchas veces se le tributa. Tesis tenía la frescura de obras primeras. Los otros, cierto encanto por ambientación. Abre los ojos es curiosa y alambicada intriga. Ágora, una buena y justa historia, la que más me gustó. En juicio resumido, aprecio por un director con personalidad, oficio y audacia, bien situado sobre la media de los cineastas hispanos. En guardia por una tendencia a los recursos baratos, alguna pretenciosidad, muy rebuscada, imitativo y escasa originalidad expresiva y narrativa. Aunque con habilidad para pasar por rompedor.

Según  noticias, Regresión, recién estrenada, estaba rompiendo marcas de taquillas y atrayendo espectadores a cientos de miles, haciendo incluso que algunas salas subieran los precios para aprovechar el tirón. Nos compramos las palomitas en envase familiar y nos plantamos a verla con gran expectación. El cine estaba vacío y nosotros mismos soportamos la proyección hasta el final solo por no parecer descorteses. Se ve que esto del impacto del film va por barrios.

Contar historias de terror gótico y elementos satánicos en los Estados Unidos tiene sus dificultades obvias de ambientación. No hay viejos castillos, ni húmedas mazmorras, no existen subterráneos misteriosos, cementerios abandonados ni conventos con lúgubres pasadizos. Y aunque uno sitúe la acción en los años noventa del siglo XX para ir de antiguo, los personajes se desplazan en Buicks kilométricos y se paran en los semáforos, aunque no siempre. Relatar la historia en un pueblo perdido de Minnesota no añade un gramo de misterio, por más que uno la ruede solo por las noches de forma que los personajes parecen todos noctámbulos y llene el escenario de viejos galpones con puertas desvencijadas que baten con el viento, naves imponentes de iglesias a media luz, gentes con capuchas y figuras entrevistas con ráfagas de luz. Todo eso y el resto de trucos de terror, planos, close ups, travellings inquietantes, ya viejos en tiempos de los estudios Hammer, no evitan que la película resulte plúmbea y sin el menor interés a la media hora.

La historia tiene un parecido de familia con Rosemary's baby (1968), de Polanski, otra fábula de íncubo satánico en el Nueva York del siglo XX, pero cien veces mejor. Demasiado parecido. Como, además, el argumento versa sobre un confuso combate por la prevalencia entre la superstición y la mentalidad científica sin atreverse a dar paso a lo imposible, como en la película del director polaco, además de aburrido, es decepcionante.

Se da a entender que el film pretende denunciar un par de fraudes: las creencias sobre ritos satánicos propagadas por televisiones de ínfima calidad en los Estados Unidos y las pretensiones seudocientíficas de la llamada "terapia de regresión" en Psicología, una forma de hipnotismo seguramente tan falso como el mesmerismo. Pero lo hace en el contexto de un relato de terror extremadamente convencional que le quita toda la validez a la idea. Salvo que..., sí, efectivamente, salvo que la peli sea de risa, en cuyo caso no habría nada que decir. Pero entonces sobran las advertencias del principio y del final ("una historia basada en un hecho real") con sus pretensiones de denuncia. A no ser que, en efecto, la finura de la ironía llegue al extremo de tomarse a chanza estas advertencias también. Como película de humor está muy lograda.  Las misas negras y los sangrientos crímenes satánicos son de carcajada.  Claro que el resto de los efectos y recursos están más vistos que las películas de Drácula.

Si la película va en serio, tiene mucha gracia y, si va de graciosa, es insoportable.