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martes, 20 de septiembre de 2016

No estaría mal

La entrevista a Luis Villares, cabeza de lista de En Marea en las elecciones gallegas del próximo día 25 que aparece hoy en Público tiene mucho interés. Su punto central es el agudamente sintetizado en el titular: "Si En Marea gana en Galicia, no habrá terceras elecciones en España". A primera vista, este vaticinio parecería contradecir el post de Palinuro de ayer, Sin novedad en el frente por cuanto dice que el resultado de las elecciones gallegas tendrá una incidencia directa en la política española, al punto de evitar las temidas terceras elecciones. Palinuro sostenía que tanto las elecciones gallegas como las vascas del mismo día no alterarán la situación política general, de acuerdo con los vaticinios demoscópicos. Esto es, que los resultados autonómicos no posibilitarían (ni dejarían de posibilitar) unas u otras coaliciones electorales en el Estado. O sea, que estas elecciones están ya descontadas, son escaramuzas colaterales y no tendrán mayor relevancia.

Pero esa opinión quizá sea errónea. Hasta el domingo no lo sabremos. Palinuro podría estar equivocado. En realidad confieso que si la equivocación fuera en el sentido que señala Villares, esto es, que el PP perdiera la mayoría absoluta en Galicia, nada le agradaría más y lo celebraría con pitos y flautas. ¡El PP a la oposición en Galicia y los gallegos con un gobierno de coalición de izquierda En Marea-PSOE! Un sueño. Ojalá.

Villares hace otras consideraciones en la entrevista verdaderamente enjundiosas. Insiste en distinguir En Marea de Podemos y da a entender que el mando corresponde a En Marea frente a un Podemos más subalterno. Cualquiera que conozca la política en España y las naciones que alberga sabe el alcance de esta afirmación: en concreto que, si en Galicia pierde el PP la mayoría absoluta y cabe formar un gobierno de izquierdas, ese gobierno se formará porque la decisión será del sector por así decirlo "cívico" de En Marea y no de los seudobolcheviques de Podemos que tienen aquí una posición subordinada. Recuérdese que la formación del partido instrumental estuvo a punto de fracasar por la habitual intransigencia y arrogancia de Podemos y que, si se salvó, fue por la intervención del líder Iglesias en el último momento forzando una unidad de acción en contra de la voluntad diz que democrática de las bases y de los entes negociadores de su partido. De no pasar por el aro, Podemos se hubiera quedado fuera de En Marea y, aunque eso refleja mejor su voluntad permanente de dividir la izquierda que no puede controlar, hubiera descubierto demasiado su juego y lo hubiera llevado a la irrelevancia.

Así que, en efecto, es una muy buena noticia que en En Marea haya una voluntad mayoritaria de ir a una alianza de izquierdas y no la vieja obesesión comunista de acabar con el PSOE al precio que sea, incluso de gobierno de la derecha.

Una muy buena noticia que puede luego extrapolarse a la política del Estado en alas de un cálculo inteligente como hace el juez Villares: si hay alianza de izquierdas en Galicia, como de hecho ya la hay en Valencia, habrá gobierno de izquierdas en España. Es casi como un guiño dirigido a los analistas: si en Marea gana en Galicia, en las negociaciones para formar gobierno en Madrid Podemos pintará menos, será marginal la presión anguitiana del sorpasso y hasta es posible que manden a los que lo propugnan (con el sempiterno fin de impedir un gobierno de izquierdas) a escardar cebollinos, que ya va siendo hora.

Así que, en efecto, la entrevista tiene fondo y es muy interesante. Y ojalá se realicen los deseos del juez Villares. Tanto si la fuerza mayoritaria de la izquierda es En Marea como si es el PSGa. Los dos parecen tener claro que el objetivo esencial, fundamental, primordial de la izquierda en España ha de ser poner fin a este atropello, esta vergüenza de un gobierno de ineptos, presuntos corruptos y ladrones y franquistas.

De ser esto así, también Palinuro aplaudiría formar ese gobierno en España (pendiente de resolver el contencioso catalán según el ideario de la izquierda, con un referéndum de autodeterminación) y evitar así las terceras elecciones.

Pero, si no lo fuera, no se olvide. Las elecciones son el mejor modo de encauzar los problemas en las sociedades democráticas.

jueves, 25 de junio de 2015

El carné de baile.


El de Podemos es el más codiciado. Todo el mundo quiere bailar con la nueva formación. Valses, rigodones, lo que sea, pero agarrado a la nueva promesa. Esta, velay, se hace querer. El encuentro de Garzón e Iglesias tiene lectura en clave de la más vieja política. Varian los atuendos, el mobiliario, el atrezzo, pero los mensajes y los significados son de protocolo de toda la vida. Entrevista en campo Podemos, no neutral. Signo inequívoco de debilidad negociadora del pretendiente. Comparecencia conjunta, pero comunicados de prensa por separado. Las explicaciones de ambos, una verborrea perfectamente prescindible: somos amigos, pero no amantes; coincidimos, pero discrepamos; nos vemos con gran simpatía, pero a distancia. La prueba de nuestra gran unión de espíritu es que no vamos a apuntarnos ni un baile en el carné.
 
El más claro y rotundo ha sido Iglesias. Sigue considerando a IU un proyecto acabado y carece de sentido empezar algo cargando con un cadáver, por muy exquisito que sea. IU puede ser la madre o la abuela de Podemos, pero no está ya en este mundo. Su vinculación con el comunismo, que acaba apareciendo siempre, es suficiente para mojar toda la pólvora que Iglesias pueda acumular en la santabárbara electoral de Podemos. Y no es una actitud errónea. Los proyectos sobreviven si quienes los impulsan no ceden a sentimentalismos. Presentarse a las elecciones en unidad popular pero bajo la sola marca Podemos juega con la conexión mediática entre el título y la figura de Iglesias, que se difuminaría en un frente de siglas. Además, en un plano de proyectos políticos personales, es legítimo que el de Podemos quiera medirse singularmente con los adalides de otras opciones, todos ellos hombres. Hay quien murmura sobre los riesgos del culto a la personalidad, una crítica que ha quedado triturada en la era de la imagen en la que los medios dan preferencia a los rostros y su capacidad de trasmutarse en núcleos de irradiación de mensajes subliminales.
 
Iglesias ha añadido una carga de profundidad. Con IU ni a la vuelta de la esquina. A Alberto Garzón se le abren los brazos in tuitu personae, como dicen los juristas. La faramalla de IU quédese fuera y entre Garzón, con quien hay una relación personal e intransferible. En definitiva, súmese la persona Garzón al proyecto Podemos y tendrá el carné abierto.
 
La oferta pone a Garzón ante una dura alternativa personal. Se mantiene en IU y sigue acumulando quejumbrosas razones a favor de la confluencia de siglas, pretensión que comparten los que ocupan el sidecar de IU, o bien rompe con IU y se integra en el proyecto de asaltar los cielos que, en la actualidad, ya incluye asimismo un atareado departamento de consensos a la más clásica usanza con el carné de baile casi a rebosar.
 
Garzón lo tiene fácil. Le basta con invocar esa conclusión tan frecuente en la vida cuando alguien se apresta a cambiar de bando de es más lo que nos une que lo que nos separa. Pero quizá no sea hombre dado a las soluciones fáciles. En todo caso, podrá comprender que los problemas de Podemos a la hora de conformar una opción verosímil de gobierno en España son de otra índole. En primer lugar tiene que resolver la tensión interna entre su sector leninista y el asambleario, no a base de yugularlo sino de impedir que genere conflicto interno y faltas de coherencia en lo externo. En segundo lugar, tiene que aclarar su posición respecto al soberanismo catalán que amenaza con provocar otra fractura interna en la organización, sobre todo ahora que está fraguándose una unión sagrada del nacionalismo español, como ha demostrado el PSOE sacando la rojigualda para sumarse al baluarte español de los otros dos partidos, el PP y C's.
 
Como para enzarzarse en el habitual guirigay de IU.