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viernes, 1 de enero de 2016

La huella de Vermeer

Vari@s lector@s han comentado con agrado el cambio de imagen de portada a la Vista de Delft, de Vermeer. Mudo la reproducción una vez al mes y esta vez lo decidí hace unos días, después de leer un libro interesante sobre el pintor llamado "de la luz", y aprovecho para hacer un comentario adicional, trayendo en mi apoyo esa insólita maravilla universalmente famosa de la joven con un pendiente de perla que según parece, era una de sus diez hijos, pues viviendo casi en la miseria, no le daba para pagar modelos. Y, viendo a la chica, a la que se ha llamado la otra perla del cuadro, tampoco le hacían falta.

En el libro que menciono (del que Palinuro publicó una reseña hace unos días, Sinestesia) se da gran importancia a la Vista de Delft, que la tiene, desde luego, aunque no sea más que porque se trate de una de los escasísimas pinturas de paisaje del artista, de las poquísimas al aire libre (no sé si llegarán a más de cuatro) y quizá la más famosa. El autor da vueltas a una conocida controversia desatada hace ya unos años acerca de si Vermeer empleó una cámara oscura para pintar sus obras. Así lo sostenía un académico, Philip Steadman, y a la tesis se apuntó el pintor David Hockney con entusiasmo, pues extendió la explicación a otros artistas, sosteniendo que los "antiguos maestros" se valieron de artilugios e inventos, de instrumentos ópticos para conseguir sus efectos. Hubo bastante indignación y hasta quien acusó a Hockney de envidia porque él no era capaz de igualar a sus modelos. Fue tanto el barullo que, hace poco, un inventor de éxito de los Estados Unidos, Tim Jenison, decidió hacer la comprobación empírica. Construyó una cámara oscura con los materiales propios del siglo XVII, construyó igualmente una habitacion exacta a la que aparece en La lección de música, del pintor de Delft y consiguió el resultado que buscaba y, sin tener ni idea de dibujo ni pintura, la reprodujo de forma bastante aceptable, según cuenta un reportaje de Vanity Fair. El experimento ha pasado a documental y, en principio, parece que la controversia esté zanjada: Vermeer se sirvió de una cámara oscura y lo hizo también al pintar la Vista de Delft, como, según parece, también lo hacía Canaletto para sus vedute de Venecia. El autor del libro que he leído mantiene su escepticismo y no acaba de darse por convencido, a pesar de que no parece que al propio Vermeer le importara tanto. Su frecuente recurso a los trampantojos, como solían hacer los pintores flamencos, lo demuestra.

¿Está o no zanjada la controversia? Naturalmente que lo está porque ni controversia debía haber habido. Parte esta de una idea sublimada y primigenia de la creación, como si lo artistas fueran ángeles, seres inmateriales que solo pudieran servirse de su visión y su llama interior, sin ningún apoyo técnico o material que contaminaría su obra. Pero esto no es cierto. Todos los artistas se sirven de medios técnicos; la paleta, los pinceles, los colores, las pastas, son medios técnicos. Los propios creadores, artistas, eran considerados artesanos, estaban agrupados en gremios, cumplían encargos y, para ello, echaban mano de todo lo que podían, entre otras cosas, todos los artilugios y mecanismos que pudieran poner al servicio de su arte. Lo hacía Leonardo da Vinci, lo hace Barceló y lo hacen todos. Y hacen bien. Por cierto, el propio Hockney se vale de todas las tecnologías que puede. La idea de que el uso de medios técnicos desmerece la obra de arte es una tontería. El arte es arte precisamente porque es lo que queda después del uso de la tecnología. El experimento de Jenison es la mejor prueba: ha reconstruido la habitación de la Lección de música y ha pintado la Lección de Música de una forma, él mismo lo reconoce, "bastante aceptable". La distancia que va desde este "bastante aceptable" a la obra auténtica de Vermeer, ese diferencial, es el arte. Está en Vermeer y no está en Jenison. 

En cambio, el autor al que me refiero, no menciona el hecho también muy famoso de que la Vista de Delft aparezca casi al final de En busca del tiempo perdido, de Proust. En La prisionera, el quinto volumen de la novela, uno de sus personajes, el escritor Bergotte (probable trasunto de Anatole France) acude a una exposición a ver la Vista de Delft y, mientras la contempla y reflexiona sobre ella, fallece. Lo fascinante de esta historia es que narra la experiencia del propio Proust, de quien, en cierto modo, puede decirse que describió y proyectó su muerte. Fue él quien acudió a la exposición de Vermeer en 1921, a ver la Vista de Delft y él quien, después volvió a su casa, de donde ya no salió vivo. Su último tiempo estuvo dedicado a retocar lo que serían los tres últimos volúmenes, publicados póstumamente, La prisionera, La cautiva y El tiempo recuperado. Y ¿qué iban buscando tanto Bergotte como el propio Proust en el cuadro de Vermeer? Lo dice Bergotte agonizante: un petit pan de mur jaune. Desde entonces, han sido docenas los críticos y autores que han buscado el panel en el cuadro. Hay quien encuentra uno, bastante llamativo; quien, dos; y quien, hasta tres.