viernes, 6 de enero de 2017

Sigue el diálogo

¿Por qué ordena la fiscalía a los mossos que hagan lo que tienen que hacer? Vigilar los delitos, impedirlos, denunciarlos, perseguirlos. Se trata de la función de los mossos. ¿Es que no la hacían? No debía de ser el caso puesto que la policía autonómica ya había mandado a la Audiencia Nacional un informe documentando 24 casos de delitos de este tipo. Prueba de estaba trabajando a pleno rendimiento. Más parece que el recordatorio de la fiscalía tiene una funcionalidad intimidatoria o amenazadora. Al hacer pública la advertencia de que los guardias estén atentos a la comisión del menor delito, a fin de reprimirlo, lo que se pretende es que sea de conocimiento general la plena disposición de las autoridades a reprimir cualquier conato de sedición o rebeldía. En el fondo, una amenaza del nacionalismo español al catalán.

Otra cosa es que se tipifiquen como delito los "ultrajes" a la corona. Eso sedicentes "ultrajes"no se refieren solo a la corona sino a prácticamente todo el orden político, desde la Constitución al ejército. En realidad, fue a causa de este último cuando se crearon estos delitos tan subjetivos como arbitrarios de los ultrajes e injurias a símbolos, objetos, entes, en la Ley de Jurisdicciones de 1906, aquella vergüenza por el que el Estado alfonsino se sometía a la arbitrariedad cuartelera. La República, con gran tino, la derogó; pero Franco, siempre dispuesto mostrar su faz de dictador, la incorporó a su legislación de seguridad, de delitos contra el ejército y al Código Penal.

Y ahí sigue. Dentro de poco veremos más acciones de desobediencia civil en Cataluña, muchas de las cuales podrán interpretarse como intolerables ultrajes a la corona o a la Constitución y así lo harán los segmentos más profranquistas de la judicatura, como ya está sucediendo. Admitir que un "ultraje" a la corona, a la Constitución, a la casa real sea un delito, cuando es materialmente imposible delimitar objetivamente el alcance del ultraje es abrir las puertas de par en par a la censura, a la represión a la negación de libertad de expresión. Se trata de algo a lo que este gobierno neofranquista es muy proclive, como se muestra por el hecho de haber aprobado una norma tan represiva, dictatorial y odiosa como la ley mordaza, por la que se pretende yugular todo atisbo de debate público.

Estos franceses...

Pertenezco a la rancia estirpe de los españoles afrancesados. Tan afrancesado que, de mozo, uno de mis escritores favoritos era Larra. Lo que sucede es que en la nube de cultura anglosajona que nos envuelve, se me olvida. Pero basta con ir a ver una película francesa, aunque sea una sin grandes pretensiones como esta de Vuelta a casa de mi madre para recuperar la minerva. Las películas francesas sobre la actualidad no muestran habitualmente gente a puñetazos, ni persecuciones de coches por un aparcamiento subterráneo, pero tratan de cuestiones de la vida cotidiana que entiende todo el mundo y con las que todo el mundo se identifica. Suelen tratarlas con elegancia y sentido del humor. No son espectáculos de circo con bofetadas de payasos o tremebundos gags de explosiones. Pero tienen dimensión humana y cuentan historias que a todos nos dicen algo. Por eso, esta película de Eric Lavaine alcanzó cierto éxito en Francia.

La historia es hasta vulgar, ya tiene nombre. Es un drama liviano, amable, sobre eso que se llama la "generación boomerang", esto es, aquellos jóvenes y no tan jóvenes a los que les va mal y han de volver a vivir a casa de sus padres. Una arquitecta de 40 años se queda en el paro y en la ruina tras quebrar su propia empresa y, divorciada, vuelve a vivir a casa de su madre, una viuda sexagenaria con mucha personalidad. Aprovechando la situación, la madre, que quiere comunicar una curiosa novedad a sus hijos, convoca a una cena a Stéphanie, la hija que ha vuelto con ella, su hermana Carole, casada con Alain y el tercer hermano, Nicolás. En esa cena y al día siguiente saldrán todas las cuentas de la familia.

La historia se basa en un guión del propio director y Héctor Cabello Reyes. Lavaine es dramaturgo y hombre de teatro y eso se nota en el guión y mucho. Es una película de puro escenario, prácticamente sin tomas exteriores. Pierde en vistosidad, pero gana en cercanía y profundidad de los personjes. El eje del relato descansa casi exclusivamente sobre el duo madre (Josiane Balasko) e hija (Alexandra Lamy), ambas extraordinarias. Hace un magnífico papel de apoyo Mathilde Seigner (Carole), hermana de Emmanuelle Seigner, la intérprete de La Venus de las pieles, de Roman Polanski, las dos nietas del también actor Louis Seigner.

Los dos núcleos de la película son la convivencia incómoda de madre e hija, con simpáticos toques de humor (la escena en la que Stéphanie crea una cuenta de correo gmail a su madre, que no sabe abrir una computadora) y unos puntos de equívocos de vodevil. Prácticamente toda la película es teatro filmado.

Una última observación relativa al papel de la madre, Josiane Balasko, que acaba imponiéndose como el centro de la historia, robándole en cierto modo protagonismo al problema de la hija. Es cierto que se trata de una gran actriz, pero también es magnífico el papel que interpreta: una sexagenaria, probablemente septuagenaria, tiene vida autónoma, proyectos. En definitiva, testimonio de una generación que ha llegado a la vejez en plenitud de sus fuerzas, ahora que la esperanza de vida (y de vida con calidad) ha crecido tanto. Algo con lo que los demás habrán de convivir cambiando sus pautas de comportamiento respecto a la generación anterior.

jueves, 5 de enero de 2017

Fulminado, por fin, pero en diferido

Para los tiempos que marca La Moncloa, la destitución de Trillo ha sido fulminante. Y eso que el Consejo se demoró unos diez años en llegar a su conclusión. La lentitud de antaño es la celeridad de hogaño. Dictaminar el Consejo de Estado su responsabilidad en la tragedia del Yak 42 y declarar el gobierno zafarrancho de limpieza en 72 embajadas (entre ellas, claro, Londres) fue todo uno. Es estilo de la casa: disfrazan una destitución multiplicándola por 72. Trillo debe de sentirse como Sansón en Gaza: le han sacado los ojos, pero él muere derribando el templo sobre los filisteos o el conjunto del servicio exterior sobre el gobierno.

La exigencia de responsabilidad política ya la había excluido Rajoy, al decir que se trataba de un asunto sustanciado en sede judicial y que, además, había sucedido hacía muchísimo tiempo. Exonerado judicialmente en su día por los tribunales y ahora políticamente por quien podía exigirle la responsabilidad aparte de su conciencia, de la que parece andar escaso, Trillo se suma a una operación burocrática general sin aceptar ningún tipo de responsabilidad y en la esperanza de incorporarse a otro puesto público de relumbrón. La asociación de víctimas del Yak 42 reclaman el ostracismo para el exministro, su indignidad para ningún puesto representativo. Pero está por ver que el gobierno no lo nombre en algún destino que el interesado quizá ambicione. Con Rajoy llegó a La Moncloa un espíritu político caciquil, clientelar, corrupto, impuesto a caballo de una mayoría absoluta que lo libraba del control parlamentario. En esa especie de asociación con ánimo de delinquir (según algunos jueces) nadie dimitía, hiciera lo que hiciera. No había dimitido su jefe cuando se descubrió la Gürtel y se supo de los sobresueldos en B, ¿por qué habrían de dimitir sus subordinados? La dimisión estaba excluida por definición y, si no quedaba más remedio que aceptarla, se compensaba de inmediato a la "víctima" con un cargo en Bruselas (Mato), París (Wert), Londres (Trillo), el partido (Sepúlveda). Nadie quedará desamparado si mantiene silencio. Esa es la clave de las ambiguas relaciones entre el PP y Bárcenas al albur de algún tipo de negociación.

Está claro que a Trillo lo ha echado una opinión pública realmente harta de la arbitrariedad y la connivencia del gobierno con la corrupción. Buscar el pretexto del relevo planificado y en diferido no excusa el hecho de que el gobierno ha cedido a las reclamaciones de la opinión. La posición de Trillo era insostenible incluso para alguien tan coriáceo como él. Por cierto, es de averiguar si en el relevo general está también comprendido el embajador en la OCDE, el señor Wert, quien vive a todo lujo con cargo al contribuyente en Paris, nombrado para un puesto para el que está tan capacitado como lo estaba para el de ministro de Educación.

miércoles, 4 de enero de 2017

Trillo

Dicen que Trillo es un especialista en Shakespeare. Ignoro si lo es o no pero sí parece uno de sus héroes o contrahéroes, el protagonista de una tragedia en la que perdieron la vida 75 personas, 62 de ellas compatriotas, doce ucranianas y una bielorrusa. Desde el principio estuvo claro que Trillo, políticamente responsable de la tragedia, no estaba dispuesto a que 62 cadáveres acabaran con su carrera política y su ambición de ser ministro, embajador, archipámpano. Desde el primer momento luchó por desviar la atención de su persona, por disfrazar la realidad, que llegó a ser siniestra cuando, por las prisas aducidas por el ministerio para realizar las ceremonias de rigor y quitarse el asunto de encima, se identificaron erróneamente bastantes cadáveres y se entregaron a los allegados asegurándoles, siendo ello falso, que eran sus familiares. Realmente una historia siniestra por la que más tarde fueron condenados tres militares del generalato mientras el ministro resultó exonerado de culpa. Postreiormente, Rajoy indultó a los generales sobrevivientes. Uno había fallecido.

Es una historia trágica en aras de la ambición de un hombre sin escrúpulos, un Ricardo III, capaz de los más odiosos crímenes por detentar la corona, pero no tan inteligente. Una actitud muy generalizada en el partido del todavía embajador en Londres. Es una organización en la que no dimite nadie salvo que lo pillen literalmente con las manos en la masa. ¿Pues no dijo en su momento el hoy jefe de Trillo y entonces ministro que el desastre del Prestige, que trajo la ruina y la muerte a las costas gallegas se reducía a unos "hilillos de plastilina"? Esa es la base por la que Rajoy es conocido en Twitter y aledaños como el señor de los hilillos. La gente se somete al gobernante tiránico o incompetente o ambas cosas, pero se burla de él. Alguien debería recoger los chistes sobre Franco, que los había a manta.

En cuanto a Trillo, la carrera del personaje está repleta de momentos tan turbios y faltos de dignidad como el del Yakovlev 420. Según parece el hombre es miembro de la secta del Opus Dei. Es curioso que alguien hecho a tratos tan edificantes y celestiales pueda haber llegado a subvertir las normas éticas más elementales. Entre ellas, no mentir. En el año 2011 Trillo declaraba que la Gürtel era un montaje del que responsabilizaba al entonces ministro, Rubalcaba y defendía a Bárcenas. Con todo el papo. También en esto, aplicaba la doctrina de su partido, fijada en aquella histórica comparecencia de la plana mayor del PP en 2009, presidida por Rajoy para explicar que la Gürtel no era una conspiración del PP, sino una conspiración contra el PP para acusarlo infundadamente de corrupción. Con gesto de circunstancias escuchaban la arenga Camps, Mato, Monago, Cospedal, Arenas, Aguirre, Sáenz de Santamaría y la recientemente difunta Rita Barberá.

Trillo fue también, al parecer, quien apañó la complicada operación de ingeniería procesal por la que el PP consiguió librarse del juez Garzón, con un procedimiento harto cuestionable, repleto de triquiñuelas y un resultado que ningún ciudadano ecuánime puede celebrar. Así que la tendencia es vocación. El Yak 42 era un hito más en esa carrera de desenfrenada ambición que ya había mostrado precedentes, como un caso de comportamiento de gorrón en un episodio de amenaza de epidemia de meningitis en Madrid, que tenía nerviosas a las autoridades. Un hito más pero el de mayor relevancia, el más trascendental porque costó la vida de 75 personas. Ahora dice el Consejo de Estado, alto órgano consultivo, que el ministerio fue responsable de la catástrofe. No culpable, pero sí responsable. Eso quiere decir en román paladino que la tragedia se pudo evitar porque el ministerio estaba informado de las circunstancias y el peligro que entrañaban y no hizo nada. Sabía que en un año se habían estrellado otros dos aviones de la línea charter que gestionaba el Yakovlev 420 y no hizo nada. La máxima autoridad de ese ministerio, el ministro de entonces, es responsable de lo que pasó. Y lo dice el Consejo de Estado, presidido por Romay Beccaria, un hombre que fue subsecretario en el régimen de Franco.

Trillo es moralmente responsable de la muerte de 75 personas.

Es incomprensible que el Reino de España mantenga como embajador en la Corte de St. James a un hombre en esta circunstancia. La respuesta de Rajoy, en su habitual bajura, no merece comentario. Pero cabe formular una hipótesis en la que el gobierno no habrá pensado, según su inveterada costumbre de no hacerlo: ¿y si algún MP británico pide en los Comunes al gobierno que la Corona retire el placet al embajador español?

Puigdemont, el arruinador

Mi artículo de hoy en elMón.com, titulado "¿Quién arruina a quién?". Una revista de supuesto análisis y verdadero delirio político asegura que Puigdemont puede ser uno de los personajes que nos "arruinen" el nuevo año 2017. No hace falta entretenerse mucho con ese vaticinio, aparte de pedir humildemente que estos sabiondos dejen de rendirse a los anglicismos más torpes. "Arruinar un año" puede ser algo cargado de sentido en inglés, pero carece de él por entero en castellano. Los años no son ricos ni juegan a la bolsa y, por tanto, no pueden "arruinarse"; como tampoco pueden arruinarse las esperanzas, los deseos, la felicidad, etc.

De todas formas, al margen de este pequeña pelea perdida de antemano frente al cada vez más acentuado spanglish con que nos castigan semiletrados de todo pelaje, lo interesante de esta acusación es que se dirija a Puigdemont, quien no hace otra cosa que  cumplir el mandato que el electorado emitió en las últimas ediciones.

Si alguien está arruinando a España en todos los sentidos, incluido el castizo y literal, es Rajoy, el presidente de los sobresueldos, al frente de una presunta asociación de malhechores.

Aquí la versión castellana del artículo:

¿Quién arruina a quién?
                                                                                                                             
“Politicon” vaticina que Puigdemont es uno de los personajes europeos que pueden “arruinar el año 2017”. Ese concepto de ruina es demasiado abstracto. Hay que averiguar no qué se puede arruinar sino a quién. En principio la ruina tiene tres posibles pacientes, España, Cataluña y la UE. Con respecto a las dos primeras las posibilidades de Puigdemont son muy buenas. Si se produce la independencia, es posible la ruina de España, pero no la de Cataluña. Si no se produce, la ruina de Cataluña no es ni probable. Ambas posiciones ganadoras, así que “Politicon” sabrá lo que dice. En cuanto a la UE, será preciso ver qué situación movería su intervención, cosa que, como siempre, dependerá de quién se perfile como ganador.

De todas formas lo profundamente erróneo de ese vaticinio reside en su personalización. Da a entender que haya o no confrontación grave entre España y Cataluña depende exclusivamente del capricho del presidente de la Generalitat. La movilización social, institucional, política en pro del referéndum de autodeterminación y en parte, asimismo, de la independencia, al parecer, no cuenta.

La presión en pro del referéndum y, dentro de él, de la independencia no obedece al designio personal de nadie. Es cierto que Puigdemont no es un presidente electo como lo hubiera sido Mas a quien en definitiva se votó primero y se vetó después. Pero ha sido designado por la mayoría de votos que había ganado las elecciones. Elecciones en las que han votado millones en favor del referéndum, de la independencia y de la República Catalana, un objetivo tan legítimo (los independentistas piensan que más) como el de dejar las cosas según están, con Cataluña sometida a una España retrógrada coronada por una monarquía cuya fuente de legitimidad es el franquismo. Esto, para “Político” tampoco cuenta.

Es irónico que atribución de la potencialidad arruinadora se dirija en exclusiva a Puigdemont, que es uno de los polos personalesde la confrontación, mientras que queda exonerado de responsabilidad alguna el otro polo, Rajoy. Visto desde fuera es difícil entender por qué en el actual conflicto entre España y Cataluña, el responsable de la ruina ha de ser el catalán y no el español, cuya negativa al diálogo se aprecia en el hecho de que le haya costado cinco años pronunciar la palabra. Lo mismo le paso a Zapatero con la palabra “crisis” y al contumaz Rajoy con la de “Bárcenas”. Nada de extraño pues el diálogo es una actividad  profundamente repugnante a un gobierno neofranquista.

Y esa es la verdadera ruina de España y no solo en 2017, sino también en los años posteriores, esto es,  la que acarrean Rajoy y su gobierno en su actitud de inmovilismo absoluto: el referéndum no se puede hacer;  la reforma de la Constitución no es necesaria; la legislatura durará cuatro años; aquí no pasa nada y la respuesta al independentismo catalán la darán los jueces, la policía, las cárceles y, si es preciso, las fuerzas armadas. Se apuesta porque el país siga como está en la creencia de que eso es posible. Lo cual es problemático porque no resulta factible gobernar un territorio cuya parte más adelantada plantea un problema permanente de desobediencia institucional. Dicho en otros términos, no es posible gobernar un país con un estado de excepción oculto no menos permanente que la desobediencia a la que se enfrenta. Porque estado de excepción oculto es la sistemática persecución judicial de los representantes democráticamente elegidos en las distintas instituciones catalanas. La deriva hacia un tratamiento puramente represivo, autoritario y fascistizante del conflicto catalán se ve en la metáfora de que un antiguo policía franquista, convertido en juez, encause a un representante democrático catalán, el concejal Coma, con presunta arbitrariedad.

Si alguien puede arruinarnos el año 2017 es justamente el presidente Rajoy porque su obstinada negativa a todo tipo de negociación con la Generalitat no apunta a una solución del conflicto, sino a su agudización. A la larga las relaciones entre el Estado y Cataluña pueden “ulsterizarse”, no en el sentido de que haya recurso a la violencia, pues está descartado en Cataluña por el carácter pacífico y democrático del movimiento, sino en el sentido del enquistamiento de una situación de enfrentamiento permanente entre comunidades y sus instituciones.


La ruina de España convertida en un Estado fallido si, tras demostrar el 9N de 2014 que no puede garantizar el cumplimiento de la ley en la totalidad del territorio bajo su jurisdicción, reincide permitiendo la celebración del referéndum en 2017. Y, si no lo permite y ha de reprimirlo por la fuerza, la ruina será mayor.

martes, 3 de enero de 2017

La bicefalea del PSOE

Más que bicefalia, valga el neologismo bicefalea. No es que el PSOE quiera dos cabezas; es que tiene dos dolores de cabeza. O más. Todo él es un dolor de cabeza. Apenas ha terminado Madina su última declaración sobre la conveniencia de que al congreso se presente un solo candidato cuando salta la especulación (porque no es una noticia propiamente hablando, sino una especie de globo sonda) de una bicefalia Díaz/Madina. Suena un poco raro, a tenor del pasado, pero las circunstancias del PSOE son líquidas, que diría Bauman o resbaladizas, como probablemente piensan muchos a la vista de lo confuso de la situación que no deja claro quién se acabará calzando la secretaría general.

En la penumbra comienza a dibujarse la silueta de Patxi López como más adecuado para frenar a Díaz que Sánchez y que cuenta ya con apoyos de peso en el partido. El problema de su candidatura es proyectar la imagen de la confrontación Norte-Sur que todos quieren evitar y que, además, sería un apoyo indirecto considerable a Sánchez, al permitirle presentarse como el candidato del centro en el sentido territorial.

A su vez, leo en OK diario que los "pedristas" montan una sede paralela en Ferraz con varios objetivos: apoyar su campaña a favor de Sánchez y marcar de cerca a la gestora que, según ellos, trata de manipular el congreso por medios burocráticos. El hecho es insólito y suscitará todo tipo de recriminaciones, pero da una idea de la profunda quiebra del PSOE en horas de mucha turbulencia. 

Es difícil vaticinar el resultado de esta pugna tan evidente como inconfesa. Las apuestas son altas y las voluntades parecen firmes. No se olvide que los cuatro posibles candidatos mencionados tienen un elemento en común: todos son políticos profesionales. No han hecho otra cosa en su vida que militar en el PSOE, ocupando unos u otros cargos. Su visión del país está mediada por su experiencia orgánica interna. Los cuatro tienen lo que, cuando existía el servicio militar, se llamaba "años de mili", están hechos a las pugnas partidistas, están resabiados. Esta es, además, su última oportunidad, ganar o perder, ser presidente/a o regresar derrotado/a a ejercer una oscura vida de mando intermedio. 

Intervienen demasiados factores, políticos y personales, complicados siempre, por lo que no es fácil siquiera barruntar por dónde saldrán por fin los votos en las primarias. Pero sí está claro que la voluntad de la junta gestora es condicionar el congreso previo, de forma que este configure una táctica y una estrategia para el PSOE que haga imposible por razones de principio la presentación de una candidatura como podría ser la de Sánchez.

lunes, 2 de enero de 2017

La gran nación

Conocida es la afición de los políticos españoles a la grandilocuencia. De todos los colores pero, sobre todo, de la derecha. En cuanto se descuidan les sale el imperio por la boca, junto los gritos de rigor. Así va Rajoy por ahí repitiendo a quien quiere escucharle que España es una gran nación. Le hace eco Felipe VI, fiel repetidor del santo y seña del día. España es una gran nación.

No existe una forma universalmente admitida de medir la grandeza de las naciones. En esto nos movemos a ojo de buen cubero. Si hay que decidir entre las respectivas "grandezas" de los Estados Unidos y Trinidad y Tobago, seguramente la decisión se aproximará a la unanimidad; pero si hay que hacerlo entre el Reino Unido o Alemania o Francia y los Estados Unidos, la cosa no estará tan clara. Intervienen muchos factores de muy diversa naturaleza (aparte de la convicción de muchos naturales de tales lugares de que su respectiva nación en una gran nación porque sí) y habría que saber cuáles son los decisivos a los ojos de Rajoy para averiguar qué entiende por gran nación. A veces ha señalado su antigüedad, pero ese criterio es irrelevante: se puede ser antiguo y grande o muy pequeño, casi insignificante. Los otros criterios que emplean Rajoy y su pupilo, Felipe VI, son un enigma. Prácticamente en todos los índices, escalas y clasificaciones internacionales en las más diversas materias, el país ocupa un lugar modesto cuando no bochornoso, como en el índice del paro general, del paro juvenil, de la emigración de mano de obra, de pobreza, etc.

Llamar a esto una gran nación indica una falta escrúpulos y de compromiso con el requisito habermasiano de la sinceridad o un acto de fe mística en la función performativa del lenguaje. El presidente de los sobresueldos, capaz de dar cuenta de su gestión en un año sin mencionar la palabra corrupción, se convierte en el taumaturgo Rajoy que no está definiendo la gran nación española, sino sacándola de la chistera mediante un conjuro mágico.

Con ánimo de ayudarlo, le propongo argumente su enunciado de la gran nación basándolo en un criterio sólido, esto es la multiplicidad de procesos judiciales en que está involucrado su partido, su gobierno y, según vayan las cosas, él mismo. Realmente es lo que cabe llamar el gobierno desde el juzgado o desde el banquillo. La lista de investigados, imputados, procesados, es impresionante. Probablemente no se ha dado jamás otro caso en que un partido en el gobierno tenga tantos miembros y cargos inmersos en procesos judiciales. No pierda Rajoy el tiempo y no se conforme con predicar la consigna de la gran nación; presente ya la instancia para incluir a su gobierno en el Guinness World Records como el gobierno con mayor concentración de presuntos delincuentes por metro de despacho.

domingo, 1 de enero de 2017

Año nuevo, vida nueva

Es tradicional empezar el año haciendo (y haciéndose) promesas. Tan tradicional como incumplirlas. Hasta hay quien se promete no volver a incumplir una promesa. Pero las promesas se hacen. Un año nuevo tiene algo de vida nueva. Verdad es que cualquier día podría verse como el comienzo de un año nuevo, pero que haya una fiesta oficial y universalmente dedicada a ello ayuda. Sobre todo porque es ver el año nuevo como comienzo de una nueva vida. Y a los efectos es irrelevante que la fecha, 1º de enero, sea en verdad universal o no. Hay un montón de países del mundo, entre ellos la China, que no es un pequeño enclave, en los que las cosas van de otro modo. Tienen su propio año nuevo, según sus tradiciones y creencias.

Esta afición por considerarse universales es muy propia de los occidentales y, en muchos aspectos, es una afición basada en hechos, aunque no en todos. Esto de las festividades de año nuevo es costumbre occidental (que tampoco ha coincidido siempre en las fechas), poco seguida en otras partes.

Puestos a buscar un fenómeno universal, propio de todas las culturas, algo así como el tabú del incesto, según Lévy-Strauss, propongo la opresión de las mujeres. Habrá, sin duda, excepciones pero, por lo que sabemos de cierto, la sujeción, la opresión, la cosificación, el maltrato, la violación y el asesinato ha sido el destino universal de las mujeres en todo tiempo y lugar. El patriarcado ha sido y es la forma ordinaria de organización social desde siempre. El patriarcado y la misoginia. Hasta cierto punto, la civilización se ha erigido sobre la misoginia. Las lenguas están impregnadas de ella, las tradiciones, los usos inmemoriales, los folklores. La poesía la canta, el teatro la dramatiza, la novela la narra, la filosofía la explica, la religión la glorifica.

Habiendo encontrado el factor universal solo queda señalarlo, calibrarlo, medirlo y enjuiciarlo. Para ello, lo más fácil es mirar las estadísticas de violencia machista, ahora que eso se ve ya como un delito y no como un timbre de gloria, los asesinatos de mujeres en todos los países, todas las clases sociales, todas las religiones. El feminicidio es global. Cada país ocupa luego un puesto en los infames listas de cantidad de asesinatos machistas, pero todos están en el ranking. El feminicidio es el factor más transversal que hay. Los principales sospechosos somos todos los hombres con independencia de edad, condición, estudios, ingresos o credo. He aquí algo que ayuda poco a estudiar el fenómeno empíricamente, pero abre la consideración de que, por tratarse de algo tan oscuro, profundo y maligno, es un buen punto para hacer una promesa: el año nuevo no asesinaremos más mujeres. Un año nuevo que equivaldría a una vida nueva.

Y vida nueva en el sentido de la Vita Nuova de Dante que es la que se abre al poeta la primera vez que ve a Beatriz, aquella "maravilla seguida de otra maravilla".

Actualización a las 15:00 del 1º de enero de 2017: un hombre asesina a una mujer a puñaladas en Rivas Vaciamadrid.

15 horas de tregua han tenido las mujeres este "nuevo" año.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Buen fin de año que viene

Traigo lo que se llama una "comparativa" de dos lenguajes que señalan dos mundos distintos; dos lenguajes excluyentes. Si Rajoy cumple su voluntad de gobernar él los cuatro años, Puigdemont no podrá hacer el referéndum. Si Puigdemont consigue hacer el referéndum es poco probable que Rajoy gobierne más allá de septiembre. Poco probable, no imposible, porque Rajoy está probando que para él no hay imposibles. Que su vida es un firme acto de voluntad, ya que no de razón.

¿Con qué medios cuenta Rajoy para frustrar el referéndum catalán? Aparte, naturalmente de su reiterada negativa a darle vía libre con el escueto argumento de que no puede hacerse porque la Constitución no lo permite. Tiene muchos, desde luego, algunos ya está usándolos como la supuesta "guerra sucia" desde el ministerio del interior o la persecución judicial de los independentistas y su hostigamiento. El juez Ismael Moreno, un expolicía del franquismo tardío, magistrado de la Audiencia Nacional, el que instruyó la causa contra los titiriteros, ha mandado traer a Madrid esposado al independentista Joan Coma a declarar acerca de una metáfora sobre que para hacer una trucha, hay que partir los huevos. A lo mejor lo que se le reprocha a fuer de contumaz independentista catalán es que diga "trucha" en vez de "tortilla", que es para lo que se parten los huevos en el imperio. (Me advierten amables lectores que en catalán "truita" es tanto "trucha" como "tortilla". Pues más divertido aun si cabe. Ya decía yo que no encajaba bien lo de los huevos con la trucha). 

No se crea que los medios a disposición de Rajoy tengan todos este nivel. Los hay serios. El procesamiento de las autoridades de la Generalitat, empezando por Carme Forcadell, por presuntos delitos de desobediencia o prevaricación, apunta a empeños de más graves consecuenciass. Detrás de estas medidas judiciales puede llegar la aplicación del art. 155 según el cual el gobierno puede ordenar a las autoridades autonómicas el cumplimiento de la ley. Y, por descontado, también cuenta con la posible declaración de algún estado excepcional, en el caso de encontrarse con una actitud de desobediencia civil de las autoridades quizá apoyada por una mayoría de la población. Llegados a este punto se certificaría el absoluto fracaso del gobierno español que, por su absoluta cerrazón a toda forma de negociación, habrá llevado el conflicto a una situación sin salida. Una intervención excepcional de la autonomía catalana, manu militari o no, sería más de lo que la UE estaría dispuesta a tolerar. Asustadas las instituciones europeas por el bloqueo político de España, acabarán imponiendo una mediación que se basará en un referéndum, digan Rajoy y el nacionalismo español (PP, PSOE, C's) lo que digan. 

Muy pocos en Europa admitirán que se niegue a una minoría nacional de más de siete millones de personas el derecho a decidir por su cuenta. 

La Generalitat está articulando un buen argumentario político y jurídico para posibilitar una transición, como dice Puigdemont, de la postautonomía a la preindependencia. La independencia se dará después del referéndum.

En el supuesto de que gane el sí. En la actualidad, el sí y el no están muy igualados. Por ello, ese referéndum es el momento político más importante en el Estado. Prohibirlo y tener sojuzgada una comunidad en la que el 85 por ciento de la población lo reclama, no es de recibo. Admitirlo y atenerse a las consecuencias, sean estas las que sean, abriría el camino a la democracia en España.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Mariano, sé fuerte

La oposición tiene preparado un via crucis al presidente del gobierno. Acaba de arrancar la legislatura y ya está obligado a comparecer en el Parlamento, cosa que, en su anterior omnímodo mandato, solo hizo una vez, un primero de agosto y para mentir descaradamente. Los tiempos han cambiado y la mayoría parlamentaria también. Eso es decisivo. Tanto que el gobierno puede verse obligado a hacer lo que lleva más de cinco años sin hacer: rendir cuentas.

Esa comparecencia que se pedirá en la inevitable comisión de investigación sobre la financiación del PP  promete ser muy movida y provocar todo tipo de turbulencias. Siempre se ha dicho que un problema de las comisiones parlamentarias de investigación es que interfieran en procedimientos judiciales en marcha. Y aquí, justamente, se pedirá la comparecencia del presidente del gobierno para responder en una investigación sobre la financiación de su partido que los tribunales están juzgando por otro lado dentro del macroproceso de la corrupción Gürtel. En breves días se espera la declaración del mismísimo Bárcenas, de la que también podría salir una petición de que Rajoy declare en sede judicial. De hecho, quienes piden la comparecencia solicitan también a la presidenta de la cámara que recabe información de los juzgados y tribunales en los que se esté viendo este asunto.

Al mismo tiempo, es de notar que la petición de comparecencia se hace para declarar algo que no solamente está sub-iudice, sino que está siendo objeto de renovada práctica ahora mismo, como se prueba por el nuevo pufo del AVE a Murcia, 18 millones del ala que tendrán o no que ver con la financiación del partido cuyo presidente es llamado a comparecer.

Esta comparecencia amenaza con intensificar los conflictos. El PP o su presidente pueden intentar boicotearla amenazando con disolución y elecciones anticipadas y eso es lo último que quiere la oposición, en especial la de izquierda. Sus dos formaciones principales están inmersas en sendas luchas intestinas que sin duda tienen fondo político e ideológico más o menos fácil de entender pero que, en la sociedad mediática, aparecen como peleas personales: susanistas, sanchistas, pablistas y errejonistas son los trasuntos actuales de los fulanistas y menganistas de que hablaba Unamuno. Ir a unas elecciones en esas circunstancias sería suicida. Y en el PP lo saben, de modo que la comisión de investigación acabará pactándose.

No se olvide que en el horizonte de la política española está la nube permanente del independentismo catalán. Unas elecciones convocadas a lo largo de este año dejarían al país con el gobierno del PP de nuevo en funciones, esto es, según su propia doctrina, sin control parlamentario. Quizá lo que esté planeando ese mismo gobierno para enfrentarse a la llamada "cuestión catalana" con las manos libres

Vae victis

Paloma Aguilar y Leigh A. Payne (2016) Revealing New Truths Abour Spain's Violent Past. Perpetrator's Confessions and Victim Exhumations. Oxford: Palgrave Macmillan. 110 págs.
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Las profesoras Paloma Aguilar y Leigh A. Payne son dos reconocidas especialistas en materia de transiciones y, sobre todo, de justicia transicional o, como es el caso de España, falta de justicia transicional y post-transicional. Tienen ya una copiosa obra que las avala en la que se mezclan la minuciosidad de la historia con la versatilidad de la Ciencia Política.

Ambas publican ahora en inglés este pequeño pero denso libro ("Nuevas verdades sobre el pasado violento de España. Confesiones de los perpetradores y exhumaciones de las víctimas") sobre la sempiterna cuestión de la peculiaridad de la transición española que ha pasado de ser considerada en sus orígenes como "modélica" a serlo como una especie de pacto vergonzante, cuando no de traición y, en último término, un fracaso. Las autoras tienen una visión muy crítica de la transición, pero debido a su condición de rigurosas académicas y personas de sensibilidad, lejos de hacer una interpretación ideológica y sesgada, como es frecuente en los sectores izquierdistas (generalmente inconsistentes), entienden las circunstancias coadyuvantes a esta insatisfactoria evolución colectiva y tratan de comprender la complejidad de los factores que en ellas jugaron.

La transición se basó en un "pacto del olvido". En España no se habló de la violencia, no se revisó el pasado, no se atendieron las demandas de justicia, como en otras partes. El "Pacto del olvido" está en las memorias de muchos dirigentes de la transición. Estos creían que construir la democracia no era compatible con una revisión del pasado. Toda la justicia transicional que se ha hecho son algunas medidas de reparación económica hasta 2007 y algunas declaraciones simbólicas después. 

Frente a la propaganda agobiante durante la dictadura y el peso de la reivindicación de la "reconciliación nacional" en la transición, el relato dominante ha sido que dicha reconciliación se consiguió ya siempre que no se reabran heridas y que las cuentas están echadas pues ambos bandos en la guerra civil cometieron barbaridades. Las autoras refutan esta exoneración con dos muy sólidos y conocidos argumentos: las "barbaridades" de ambos bandos en la guerra civil no son comparables ni de lejos y, además, la cuenta pendiente es la de las barbaridades que continuó haciendo la dictadura en sus cuarenta años. 

La pregunta obvia es: y ¿cómo es posible que, a la muerte del dictador no hubiera una transición democrática limpia, con comisión de la verdad, justicia para las víctimas, exposición de los victimarios, etc? Las autoras que, muy realistamente, postulan una "coexistencia contenciosa" como la forma quizá más afortunada de ajustar cuentas democráticas con un pasado colectivo de crímenes, injusticias y terror, concluyen que tal cosa no se ha dado hasta la fecha cuando, por diversos lados, especialmente la intervención extranjera (la argentina) e internacional (la ONU), está empezando a forzarse una respuesta adecuada. 

Pero la pregunta sigue en pie: ¿por qué no se hizo y sigue sin hacerse? Aguilar y Payne aducen algunas también conocidas razones: el desequilibrio de las fuerzas políticas que pactaron la transición; el miedo; el subsiguiente silencio;  la intervención exterior; el conformismo de una población que a partir del decenio de 1960 accedía a cierto bienestar que no quería perder; la complicidad de los criminales; el "pacto de sangre" entre ellos; la política de reconciliación nacional, suscrita por la izquierda. Son los más notorios. 

Añado uno, poco explorado hasta la fecha por su difícil captación y su carácter algo escurridizo que no permite identificarlo bien. En el llamado "franquismo tardío" y primeros tiempos de la transición, se hicieron encuestas preguntando por la cultura política de los españoles. Sorprendentemente casi todas concluían con una alta valoración popular de la democracia. Un pueblo que llevaba cuarenta años de tiranía, sin libertades de ningún tipo y sin elecciones libres decía tener convicciones demócratas. Como  el resultado casaba con los intereses de los encuestadores y otros "modernizadores" se daba por bueno y se atribuía tan misteriosa mutación a causas verosímiles, aunque triviales: el turismo, le cine, la televisión, etc. En lugar de pararse a pensar en que esa conclusión era mentira, que los españoles decían ser demócratas porque, al estar Franco a las puertas de la muerte, pensaban que la democracia era tan inevitable como el calor en verano y el frío en el invierno. Pero mentían. Su cultura política era autoritaria, franquista. Y sigue siéndolo. Todos los españoles, incluidos los dirigentes de la izquierda conceden un plus de legitimidad a los vencedores de la guerra y sus herederos de la derecha hoy que actúan como tales, como se comprueba por los últimos acontecimientos: entrega del gobierno al derecha sin necesidad y perfecta coincidencia del programa de esa derecha neofranquista con la Corona.

Ese dato explica por qué España pudo considerarse a sí misma como una democracia sin ajustar cuentas con la dictadura y los criminales que la hicieron posible y todavía gozan del producto de sus delitos; sin hacer justicia a las víctimas; al contrario, honrando a los victimarios hasta hoy con Fundaciones, valles de los Caídos, misas en honor al genocida, calles y honores. Esa es la respuesta a la pregunta que las autoras se hacen sobre si sería posible algo así con Hitler en Alemania, con Mussolini en Italia. El nazismo y el fascismo fueron derrotados; el nacionalcatolicismo, no. Alemania e Italia se convirtieron en democracias; España, no. A la vista está.

El libro de Aguilar y Payne da audiencia a los relatos enfrentados de aquella longa noita da pedra del poeta Celso Emilio Ferreiro. Hubo, sin duda, relatos de los perpetradores que hubieran debido tener más eco, pero no lo tuvieron por las razones apuntadas y por otras que las autoras sintetizan con elegancia, asegurando que todos los relatos de la violencia requieren cinco factores: guión, actor, momento, escenificación y audiencia. En el fracaso de las escasas confesiones de perpetradores, el asunto no tuvo que ver con los dos primeros, sino con los tres últimos.

Algunas confesiones (llamadas aquí "históricas heroicas") todas publicadas y famosas, sirven para situarnos a la perfección en el espíritu que animaba a los asesinos rebeldes y que llevaron luego a cabo sistemáticamente, a conciencia, ascendiendo así de la condición de asesinos a la de genocidas. Las más famosas, las barbaridades que dijeron (y cometieron) Franco, Mola, Queipo, Yagüe y demás criminales.

Otra de las confesiones que las autoras tratan en extenso son las del aristócrata catalán José Luis de Vilallonga quien, enviado por su padre a "hacerse un hombre" a Bilbao, pasó quince días en un pelotón de fusilamiento, asesinando vascos. Añadiré que, en alguna parte de sus memorias, este Vilallonga cuenta cómo su padre, poseedor de una colección de más de 300 pares de zapatos que los rojos le habían robado en un asalto a su palacio, hacía fusilar a cuantos brigadistas internacionales se le ponían al alcance porque, decía que eran los únicos capaces de entender la grandeza de morir por un par de zapatos. Esta era la gente.

Se añaden algunas confesiones de algún cura muy posteriores y las de miembros anónimos de los pelotones de fusilamiento o los verdugos del garrote vil para demostrar que, en efecto, de ese lado del conflicto es poco lo que cabe esperar. Si acaso lo que las autoras llaman "negaciones ridículas", esto es, el caso de los perpetradores que niegan su participación, aunque haya pruebas fehacientes de lo contrario. Dedican con toda razón un espacio a un caso que es una verdadera vergüenza para el país, la Universidad, la Academia y la disciplina de la historia, el inenarrable Diccionario Biográfico Español, redactado por la Real Academia de la Historia, con fondos públicos (p.71), hace tres o cuatro años y cuya voz Francisco Franco ha sido elaborada por Luis Suárez, medievalista, franquista incondicional, mando de la Hermandad de la Santa Cruz del Valle de los Caídos y miembro de la Fundación Francisco Franco. Algo así como si el equivalente alemán hubiera encargado la voz Adolf Hitler a Carl Schmitt. Y la Academia de la Historia sigue sin repudiar este atentado a la honradez y la decencia intelectual que niega que Franco Bahamonde fuera un dictador. 

Lo que ha impedido un relato contencioso y la democracia por tanto, es el "pacto de sangre" que se encuentra debajo del "pacto del olvido" (p. 78) No ha habido en España "justicia post-transicional. Algunos relatos del lado de los vencidos han venido a perturbar la narración aceptada y oficial que, en realidad sigue humillando a las víctimas como hace cuarenta años. Las autoras mencionan un par de magníficas novelas, convertidas en películas, como El lápiz del carpintero, de Manuel Rivas o Soldados de Salamina, de Javier Cercas.  Yo añadiría Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, cuya capacidad para retratar el ambiente de la sórdida, miserable, cruel e inhumana posguerra española es superior a la de los otros dos porque la vivió.

Al silencio y perpetuación de la injusticia contribuye la actitud cómplice de los tribunales, como se ve an Callar al mensajero, de Francisco Espinosa. Y no solo los tribunales: todas las instituciones del Estado, la Corona, la Iglesia católica, la enseñanza, las universidades y una buena mitad de la población española son franquistas. Poca coexistencia contenciosa saldrá de ahí como no venga de fuera. Y de fuera está viniendo, como señalan Aguilar y Payne, de la Argentina y de la ONU.

En España no podrá haber democracia en serio mientras el país no sea capaz de mirar su pasado, entenderlo, hacer justicia a las víctimas y señalar a los victimarios. Mientras no sea capaz de afrontar la verdad.

A ello coadyuvará mucho este libro. Urge su versión castellana.

jueves, 29 de diciembre de 2016

La obstinada realidad

Podemos surgió como una especie de grito de rebeldía contra la realidad. El eco inmenso que encontró convenció a sus promotores de que, en efecto, se podía negar la realidad, arrumbarla, sustituirla por otra. Al fin y al cabo estaba hecha de "régimen", "casta", bipartidismo, los "de arriba" (the happy few), vieja política, viejos partidos, meros obstáculos achacosos que se hundirían ante el avance incontenible de la unidad popular, simbolizada en Podemos.

El resto de la historia y la evolución de la organización, con sus quisicosas internas, es de general conocimiento.

Hasta que llega el momento en que empiezan a saltar chispas. La primera reacción del partido al comienzo de todo, hace ya algunas fechas,  fue la habitual: negar discrepancias y reafirmar la íntima compenetración entre los dos supuestos líderes de unas hipotéticas facciones, Iglesias y Errejón. Como pasa en todos los partidos siendo así que, cuantos más aspavientos sentimentales se hacen, más se recrudece el conflicto oficialmente no admitido. En esa vía de recurso a las más provectas triquiñuelas partidistas hay quien repite eso de que los trapos sucios se lavan en casa, cosa verdaderamente absurda para un partido que ha nacido y tiene fortísima presencia en los medios. Es imposible pasar el día en la televisión sin hablar de lo que pasa en tu casa.

Igualmente enternecedoras son las iniciativas de las bases y los sectores intelectuales buscando el entendimiento, el acuerdo en una controversia que los medios, siempre dados a lo dramático y plástico, presentan como una pelea de gallos. Y también un vídeo de Iglesias, pidiendo perdón a las bases por estar avergonzándolas. Y no pasaba nada. Por supuesto, se sigue pidiendo que no se aireen las diferencias, que haya silencio, vamos, pues la unidad prima sobre todas las cosas. Y aquí no es cosa de personas, sino del proyecto que suscriben.

Pero las personas cuentan. Los proyectos se interpretan de muchas maneras y es de suponer que, cuando se recuerda la unidad del proyecto no se está exigiendo aceptación incondicional de la forma de interpretarlo que tenga el líder o la dirección o quien sea. Y ahi está el problema. Y seguirá estando. Los partidos los componen personas y estas tienen formas distintas de interpretar el común ideal. Sostener que uno quiere un partido cuyos seguidores coincidan al cien por cien con el líder pero lo hagan libremente, por decisión propia, parece una forma peculiar de venir a negar la realidad y cambiarla por mucho que uno crea estar hecho de otra pasta. Se parece más a la enésima formulación del enigma de la filosofía política, también llamado discurso de la servidumbre voluntaria de La Boétie.

La izquierda es negación, crítica. Le es muy difícil llegar a un acuerdo y más respetando el derecho del otro a discrepar. Y más aun invocando argumentos manidos como ese de someter el debate a la primacía de lo que nos une sobre lo que nos separa, donde se admite que algo "nos separa", pero ni por asomo que lo que "nos separa"  sea más importante que lo que "nos une".

La realidad está ahí fuera y es compleja, contradictoria, incierta, plural y... obstinada.

Emergencia

Tenía que pasar. La falta de previsión y de intervención adelantada para evitar colapsos ha llevado a la adopción precipitada de medidas drásticas que van a causar un montón de quebraderos de cabeza. Sabiendo que esto iba a pasar han transcurrido plácidos los años sin que se adoptaran medidas de infraestructura en materia de cercanías, conexiones, redes de transportes, estacionamientos en el extrarradio, etc. Si alguna vez alguien se acordaba de los índices de contaminación era para que la alcaldesa Botella, de infausta memoria, hiciera cambiar de lugar los aparatos de medición. En cambio, el Gobierno y la Comunidad permitían construir autopistas radiales que no han llevado a parte alguna salvo a la ruina.

Por supuesto, el Ayuntamiento hace bien en tomar medidas contundentes. Pero eso no le exime de estar atento a sus efectos, de paliar las consecuencias injustas que van a darse, de remediar los abusos que también van a producirse. Y mucho menos le exime de elaborar un plan de sostenibilidad viaria de la capital que no consista en cargar todo el peso de la culpa y el remedio al último eslabón de la cadena, el conductor privado para el que el coche es un instrumento vital para llegar a su lugar de trabajo. La inmensa mayoría de la gente no va en coche para fastidiar, sino para trabajar. Pero, al mismo tiempo, no tiene la ventaja de pertenecer a alguna de esas colectividades que, por una u otra razón, gozan de privilegios como los taxistas, los repartidores de comercios, los propios comercios, etc.

El modesto conductor privado que paga sus impuestos pero está excluido de algunos servicios por muy poderosas razones; al que todo del mundo demoniza como culpable por placer maligno de hacer el ambiente irrespirable; y al que se arrincona y priva de plazas de estacionamiento; al que se fuerza a dejar el coche, ofreciéndole luego unos servicios paupérrimos. El mismo al que se bombardea después con publicidad de todos los colores sobre la delicia de conducir un nuevo modelo que traga millas por paisajes de ensueño. Algo necesario para mantener una industria, la automovilística, cuya aportación al PIB es muy alta y sin la cual el país no sobreviviría.

Son tres extremos: sostenbilidad viaria urbana, derechos de todos los usuarios y estabilidad de una industria esencial. Conjugarlos sabiamente es el deber del gobierno municipal en estrecha colaboración con el autonómico y con el del país, ya que el plan toca asuntos que exceden las competencias del primero.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Cómo se hace un líder

En el PSOE andan a falta de líder. En el desconcierto actual parecen perfilarse dos candidaturas, Díaz y Sánchez, sin que ninguna se haya postulado expresamente. La presidenta andaluza y el ex-secretario general parecen mirarse de refilón, a ver qué hace la otra o el otro, recabando apoyos, contando los que tiene. Pero ninguno de ellos ha presentado oficialmente su candidatura. Claro que tampoco se puede pues las primarias aún no se han convocado. Ese manifiesto en favor de la presentación de Pedro Sánchez que ayer se aprobó en una reunión informal de militantes en Madrid a la que faltaron los más significados críticos con la gestora tiene un valor simbólico. La militancia o una parte de la militancia quiere un líder. Otra parte quizá quiera otro, pero todavía no lo ha manifestado. El PSOE busca un líder, porque sin esta figura, sin una personificación, la actividad del partido será cada vez más errática e incomprensible.

Un líder. Siempre hace falta un líder. En otras circunstancias se ha llamado caudillo, duce, Führer, jefe, conducator, timonel, todas y más denominaciones con malos recuerdos. De ahí la aceptación de la actual "líder". Se habla de liderazgo democrático algo que incluso se enseña en escuelas y másteres y se estudia con detalle, viendo los estilos de liderazgo, los recursos, los tipos de líderes, sus relatos, sus tácticas y estrategias. Del liderazgo podemos llegar a saberlo todo excepto cómo surge, cómo se produce. 

Porque el liderazgo tiene una base absolutamente personal en una situación que, por definición, siempre será contingente. Probablemente no haya manera de convertir en líder a quien no tenga madera de tal. Lo contrario, impedir que alguien con madera de líder llegue a serlo también es difícil, aunque no imposible. Basta con matarlo. Asi fue en el caso de Lumumba, por ejemplo. No es raro que el liderazgo sea cosa de vida o muerte. De ahí la importancia que se le da. 

Por mucho que la izquierda subraye su idea de que la historia la mueven fuerzas objetivas, acciones colectivas, tendencias y que la función del individuo es secundaria, la realidad es que esta se impone y la izquierda necesita liderazgo, igual que la derecha. Es decir, necesita alguien que interprete la contingencia, el caos del presente, le dé sentido, señale el camino para hacer lo que corresponda (superarlo o perpetuarlo) y cuente por ello con abundantes seguidores.

En el caso de Sánchez, el procedimiento parece invertirse, como si se tratara de los Seis personajes en busca de un autor, de Pirandello. Aquí no son personajes, sino la militancia y no es un autor lo que buscan sino un líder. Pero de buscarlo se trata. 

Ahora, la pelota está en el tejado de Sánchez quien no puede hacerse de nuevas porque aquella su primera metáfora apenas defenestrado de coger el coche y hacerse las agrupaciones, pretendía conseguir justamente esta reacción. Quería ser candidato por aclamación, hacer como unas primarias de las primarias. Ya ve el resultado. No es exuberante, pero tiene consistencia. La suficiente para postularse y hacerlo con un adelanto de programa de lo que quiere para el PSOE. Ya le han interpretado la realidad, ahora le corresponde a él señalar el camino que ha de seguir su partido y con él, el país.  Eso es lo que hace in líder.

A ver si mañana hablamos un poco de los otros liderazgos, sobre todo en la izquierda.  

No saben qué hacer

Mi artículo de hoy en elMón.cat. Para el título ("el problema lo tienen ellos") me he servido de una declaración realizada por el concejal de la CUP, Joan Com, detenido ayer en Vic y trasladado en un furgón policial a Madrid, a declarar ante la Audiencia Nacional en un oscuro proceso que se le sigue por algunas manifestaciones de carácter independentista.

Con ello se ponen ya todos los medios para escenificar una historia de persecuciones y ridículos judiciales. Una historia que recuerda aquellas escenas de independentistas vascos trasladados en furgones también a la Audiencia Ncional, con la muy substancial diferencia de que los independentistas catalanes son pacíficos y articulan su reivindicación democráticamente, a través del ejemplo y la desobediencia no violenta. 

Efectivamente, como dice Joan Coma, el problema lo tienen ellos, lo tiene el Estado a causa de un gobierno tan autoritario como incompetente.

A continuación, la versión castellana del artículo.

El problema lo tienen ellos
                                                                                                                             
El núcleo del discurso de Felipe VI en Nochebuena, el menos visto de la historia de estos mensajes, fue que la democracia descansa sobre el cumplimiento de la ley. En su cortedad mental, el monarca no alcanza a ver que está repitiendo como un loro las palabras de Rajoy, el representante de la derecha neofranquista más cerril. O quizá sí y le parezca muy bien poner la corona al servicio de la perpetuación de una teoría y una práctica autoritarias y antidemocráticas.

Porque, como sabe todo el mundo, excepto el puñado franquistas gobernantes, la democracia no surge de la ley sino de la voluntad del pueblo de la que, a su vez surge la ley. Si lo contrario fuera verdad, en España seguiría gobernando Franco, aunque fuese desde el más allá. En cierto modo, es lo que está pasando.

El discurso real apenas velaba su contenido amenazador para quienes no acaten esos postulados autoritarios. Muy especialmente, los independentistas catalanes a cuyas pretensiones contesta siempre el nacionalismo español con la obligación de acatar la ley. Una ley inicua e injusta en el caso de Cataluña, sometida a la tiranía de una mayoría española fundada en una Constitución, utilizada como arma de parte y que, en el fondo, nadie respeta.

Cuarenta y ocho horas después de las amenazas televisadas del Borbón, comienza la actividad represiva del Estado. La policía detiene al concejal independentista Joan Coma y lo traslada en un furgón a la Audiencia Nacional. Este hecho tiene un enorme valor simbólico. Cuando ETA mataba, el Estado aseguraba que, de haber paz, podría hablarse de todo. Entre tanto, la imagen de los telediarios era el traslado de independentistas vascos en furgón a la Audiencia Nacional de Madrid. En Cataluña nadie ha disparado un tiro, pero tampoco se puede hablar de nada. Ya se ha puesto en marcha la lanzadera de furgones de independentistas camino de la Audiencia Nacional de Madrid sin que haya habido más atisbo de diálogo que la campaña de propaganda del gobierno de estar dispuesto a él siempre que los demás claudiquen.

Detrás de Joan Coma vendrán otros, a no dudarlo y, dado el arraigo del independentismo en Cataluña los represores van a tener que sustituir los furgones por trenes. Esperemos que no de mercancías.

Coma afirma en un vídeo que son ellos, los represores, el Estado, el nacionalismo español, quienes tienen un problema. Es cierto, y con el agravante de que lo ignoran y, además, no pueden hacer nada distinto porque por su talante franquista y su falta de legitimidad (tanto del gobierno como de la oposición) carecen de margen de maniobra. Es verdad que el contencioso catalán podría resolverse mediante una simple negociación y un referéndum pactado, pero el nacionalismo español no negocia porque no sabe, no quiere y no puede. No sabe porque no lo ha hecho nunca; no quiere porque está movido por una catalanofobia profunda; y no puede porque la oligarquía teme quedarse sin Estado al que seguir expoliando.

Por eso son ellos quienes tienen un problema ya que están condenados a poner en marcha las medidas que acaban con la escasa autoridad de régimen de la tercera restauración que quieren defender. La Corona –bien claro lo ha dejado la intervención real- descansa en un bloque de poder dinástico formado por dos partidos de turnismo, uno de derechas y otro más de derechas, como siempre en España. La Constitución –que nunca ha sido un texto en vigor salvo para prohibir, reprimir y oprimir- carece de autoridad, reducida a la función de una hoja de parra para disimular las actividades antidemocráticas del poder central. El Tribunal Constitucional, intérprete de aquella, no es otra cosa que la correa de trasmisión de las arbitrariedades del gobierno a cuyo servicio se encuentra. El Parlamento, con una abrumadora mayoría del nacionalismo español es otro bloque al servicio de la perpetuación de la España de Franco, cuya ley quiere el monarca que acate todo el mundo.


El problema lo tienen ellos, sin duda, por encerrarse en un círculo vicioso de acción/represión. No va a haber furgones policiales ni trenes bastantes para trasladar a miles de independentistas a la Audiencia Nacional de Madrid, remedo del Tribunal de Orden Público de Franco. 

martes, 27 de diciembre de 2016

La pequeña gran coalición

No es una gran coalición porque no hay un acuerdo expreso de gobierno ni, por supuesto, gobierno de coalición (aunque no falten ganas en ambos partidos dinásticos), ni siquiera un compromiso de apoyo parlamentario salvo en casos específicos. La junta gestora dice estar en la oposición y marcar de cerca al gobierno del PP, lo que podría llamarse una "oposición constructiva". Lo necesita para legitimarse en el desbarajuste que tiene en el partido, con las bases soliviantadas. Pero, por mucho que diga, al llegar los asuntos de importancia, hace piña con el gobierno.

La renovación del Tribunal Constitucional es uno de esos y muy señalado. La decisión que ahora se tome (los cuatro magistrados a propuesta del Senado) condicionará la orientación de este Tribunal los próximos años, hasta la siguiente renovación. ¿La importancia? Obvia: este Tribunal es el arma que el gobierno viene utilizando en su contencioso con el independentismo catalán. La primera y, de momento, única arma a que ha recurrido si se exceptúa alguna presunta operación de guerra sucia. Parece que los dos partidos dinásticos se repartirán los cuatro magistrados por mitades porque ambos comparten el criterio de utilizar el Tribunal Constitucional para afrontar un problema político que son incapaces de resolver.

Este es el sentido de la "oposición constructiva" del PSOE. Oposición en "lo social" y pequeña coalición en los asuntos "graves". La misma junta lo había dicho hace unas fechas: que estaba más cerca del PP en asuntos "cruciales" y más de Podemos en "lo social". Dicho queda y por ellos mismos.

La agitación interna del PSOE, lejos de amainar, se encrespa. Adquieren relieve figuras nuevas, como Zaida Cantera que está demostrando nervio, firmeza, compromiso personal en una tarea colectiva de recuperación; Odón Elorza viene a la Villa a pedir a Sánchez que dé el paso al frente y proclame su candidatura. Eso, probablemente, de darse, encenderá aun más a la militancia. Y someterá a los de la junta gestora a una presión insoportable para convocar las primarias. La junta, en realidad, tiene agotado su mandato con este brillante resultado: está en pequeña coalición con el PP del que, por eso mismo, es rehén y, en su partido, no le queda otra que convocar unas primarias que equivalen a su certificado de defunción con pena, pero sin gloria.

Lo mejor de Podemos

Varios autores (2016) Anticapitalistas en Podemos. Construyendo poder popular. Barcelona: Sylone, 153 págs.
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Podemos, el fenómeno partidista más notorio de los últimos años, es una organización laxa, compleja, incierta, en la que confluyen proyectos distintos y distintas mentalidades y temperamentos. En cierto modo, una organización in fieri. Surge al rebufo de la crisis actual, la que empezó en 2008, y trae en buena medida su razón de ser del movimiento 15M. La experiencia que este dejó, sobre todo, fue la idea de que sería necesario articular un movimiento político que canalizase las energías de contestación manifestadas de un modo espontáneo. El intento sería el de Podemos. Pero este no partiría solamente del 15M, sino que acogería en su seno otros impulsos, otras tendencias y sensibilidades, gentes de las mareas, de los movimientos nacionalistas, exmilitantes de IU, del PSOE, verdes, ecologistas de Equo y, sobre todo, lo que más importancia ha tenido, los militantes de Anticapitalistas.

Así se configuró, casi a uña de caballo, en las premuras de sucesivas consultas electorales, esta organización atípica que comenzó conquistando los medios de comunicación antes de cristalizar en un conjunto de diputados, cargos electos, gestores de distintos niveles de gobierno que, si bien no han cambiado el sistema político español tanto como creen, sí han contribuido a darle un aspecto relativamente nuevo. Su mera presencia suscitó una verdadera oleada de ensayos y libros, al calor de la oportunidad. La "ventana de oportunidad" de que hablaban sus organizadores trasladada a la aventura editorial. En menos de un año apenas quedaba periodista que no hubiera probado su suerte con un ensayo sobre el fenómeno. La visión más o menos canónica presentaba un experimento de organización y articulación novedosa y radical que se atribuía casi por entero a la labor directiva del puñado de profesores de la Facultad de Políticas de la Complutense, muy en especial, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. Prácticamente nadie mencionaba la importancia decisiva de los militantes de Anticapitalistas que, sin embargo, hicieron aportaciones fundamentales, sin las cuales Podemos no existiría: entre otras, la estructura material de una organización de partido coordinada y un fondo de experiencia política y densidad teórica que los de Podemos ni vislumbraban. Entre la miriada de libros oportunistas sobre el fenómeno justamente hacia falta uno que explicara este dato tan importante. 

Tal es el mérito del trabajo en comentario: un libro coral, un conjunto de entrevistas a una serie de diputados, cargos electos, alcaldes, concejales, activistas de Anticapitalistas, todas ellas trabajando dentro de Podemos, pero con una obvia intencionalidad y conciencia de comunidad, una unidad de acción que refleja ideas muy claras y plantea una curiosa situación dentro de la organización morada, especialmente ahora que esta parece escindirse ya en la tradicional divisoria de todas las organizaciones entre un sector más reformista y posibilista y otro más revolucionario y dogmático. 

Insisto: libro coral. Se entrevista a una serie de personas: Miguel Urbán, Jaime Pastor, Teresa Rodríguez, Jesús Rodriguez, Román Sierra, José María González "Kichi", Paula Quinteiro, Rommy Arce, Carmen San José, Laia Facet, Laura Mingorance, Daniel Albarracín y Raúl Camargo. Pero el discurso que elaboran todas ellas, desde muy diferentes perspectivas, tiene un leitmotiv, que habla de un trabajo colectivo, de una fuerza organizada, con años de experiencia a la espalda y una visión absolutamente moderna y al día de la dinámica de las sociedad contemporánea, el capitalismo en general y la situación española en concreto. 

A diferencia de Podemos, que es una organización de aluvión en donde, como puede verse hoy día, hay de todo, el proyecto anticapitalista viene de lejos. Se origina en la LCR de tradición trotskista. Tras su fusión fallida con el Movimiento Comunista, se transforma en Espacio Alternativo dentro de IU hasta que en 2008 lanza Izquierda Anticapitalista, hoy "Anticapitalistas" con gente de la Universidad, el movimiento antiglobalización y veteranos de LCR (p. 11). Todos ellos se integran en Podemos con su propósito específico, consistente en crear un Podemos "desde abajo", en el espíritu abierto, asambleario, casi libertario (p. 61) que los trotskistas han ido elaborando a lo largo de muchos años de experiencias y derrotas. 

Para Urbán, Pastor, etc, el 15M fue una revolución que dio al traste con la "cultura de la transición", entendida como una "correlación de debilidades" (p. 51). Podemos es una muestra de la crisis del régimen manifiesta en la muy profunda del sistema de partidos de la transición, dentro de la que se incluye a IU. Debe observarse que, aunque Podemos surgió con la idea de dinamizar IU, pronto vio que no había modo de conseguirlo desde dentro. De aquí que la idea defendida por los Anticapitalistas sea la de convertirlo en un "partido-movimiento" y parece obvio que, a pesar de ser minoritarios en el seno de la formación morada, lo están consiguiendo, incluso en contra de la voluntad de muchos de los dirigentes de aquella, que tienen una visión jerárquica, monolítica, incluso autoritaria de partido.   

Los anticapitalistas cultivan una especie de autoconciencia de motor teórico y moral de Podemos. Son y no son parte de él. En su día se les exigió disolverse en la organización pero no lo han hecho y se mantienen como un grupo cohesionado, dinamizador y con una capacidad especulativa y riqueza conceptual muy superior a las de Podemos.  Este presenta un peligro de hiperliderazgo, que no rinde cuentas y que se añade al que supone la falta de costumbre de gente que pasa de ingresos muy bajos a tener nóminas de 3.000 euros en sus cargos públicos. Se da un riesgo cierto de un cambio de elites y no de régimen, cosa que se echa de ver en la recurrente tendencia de los sectores más autoritarios de convertir Podemos en una "máquina de guerra electoral" (p. 37), a lo que todos los anticapitalistas se oponen denodadamente. 

Hay puntos en los que los trostkistas insisten a base de aportar experiencias y hacer elaboraciones de considerable calado:  José María González, "Kichi", alcalde Cádiz, aporta interesantes reflexiones sobre el municipalismo en la vertiente práctica y la teórica. Paula Quinteiro hace lo propio con lo que considera la nueva ola de feminismos y abunda en el  criterio por el que la acción emancipadora solo puede avanzar a base de feminizarse.  Los economistas Daniel Albarracín y Raúl Camargo, ambos en la tradición de la Economía Política marxista que se remonta a Ernest Mandel y cuenta hoy con exponentes como Anwar Shaik. Los dos son consistentes y precisos, sin rehuir las cuestiones más problemáticas de la disciplina, como hace en general Podemos, cuyos postulados en asuntos económicos son difusos o absurdos por su afán de no perder votos. Albarracín no rehúye la cuestión de la nacionalización de los medios de producción. A su vez, Camargo crítica cómo, a causa de sus obsesión electoral, Podemos ha ido moderando su programa económico en materia de impago de la deuda (y la auditoría ciudadana) y la nacionalización de los sectores estratégicos (p. 148). 

Por supuesto, los Anticapitalistas tienen elementos en común con Podemos, como el objetivo de democratizar la política y la economía. Pero también hay sus diferencias. Una de las más llamativas es el derecho a decidir de Cataluña y otras naciones del Estado que Anticapitalistas defiende en las convicción de que los discursos populistas sobre la "patria" no han funcionado (p. 39). En realidad, para ellos Podemos no entiende la cuestión nacional catalana, lo que los obligará  a hacer mucha pedagogía (p. 52).

En Anticapitalistas quieren repensarlo todo. Su propuesta es un partido-movimiento, articular fuerzas sociales y populares vivas, construir comunidades desde abajo, no una alianza de partidos o un "aparatillo mediático-electoral". Se conciben como una organización de vanguardia, que dinamiza procesos más amplios, en concreto Podemos, en donde compite con otras corrientes, entre ellas la dominante jerárquica, autoritaria, de raigambre comunista/estalinista procedente de IU, bajo la advocación de Iglesias, inspirado por referentes intelectuales como Anguita y Monereo. Frente a ella, otra más flexible y democrática a medio camino entre el neopopulismo y la socialdemocracia, representada por Errejón y que cuenta más o menos con los mismos apoyos. No deja de ser gracioso que el fiel de la balanza lo tenga este más o menos 10 por ciento de Anticapitalistas, imbuidos de espíritu crítico, sin prejuicios, convencionalismos ni servidumbres. Lo cual no implica que este crítico esté de acuerdo sin más con los postulados de Anticapitalistas. A su parecer son los más elaborados, inteligibles y concretos en el conjunto de un discurso general de la organización morada bastante vacuo e incoherente, centrado en imponer su visión de sí misma como intérprete privilegiada de la realidad. Una pretensión de exclusividad que la izquierda teóricamente más consistente había abandonado hace algún tiempo. Ese afán de comprender la realidad en lugar de hablar de sí mismos como depositarios de la razón es lo que convierte a  los anticapitalistas en los más respetables e interesantes pero también en los más conscientes de la dificultad de un empeño para el que todavía falta muchísimo. 

Si personalizamos las tres opciones en sus cabezas más representativas, Urbán (y Jaime Pastor en un discreto segundo plano), Errejón e Iglesias, veremos la paradoja de que haya una relación inversamente proporcional entre el valor intelectual del personaje y su visibilidad mediática. El más sólido, con mayor amplitud teórica, más audacia intelectual, ingenio y sentido de la innovación es Urbán (y, por supuesto, Pastor, hombre de rara coherencia) a quien no es frecuente ver en los medios. También intelectualmente valioso, aunque no tan original ni profundo, aparece Errejón, a su vez, rostro muy frecuente en los televisores. Por último, el dueño absoluto del ámbito mediático, el rostro que casi monopoliza el símbolo de Podemos, Iglesias, es el que carece de todo discurso original, ingenio o audacia conceptual y solo es capaz de articular ideas en apariencia rompedoras pero manidas y sistemáticamente copiadas. El poder de la imagen tiene sus límites.

lunes, 26 de diciembre de 2016

El rey en su corte

Es preciso volver a hablar del discurso de Nochebuena de Felipe VI por el inefable eco que ha tenido en la Corte, en donde casi todos están extasiados ante el real verbo. Los dos partidos dinásticos se felicitan del hondo calado social del monarca. El País se hace lenguas con un editorial almibarado, Felipe VI y la sociedad que le lleva al arrebato místico de ver en un futuro al orador de Nochebuena teniendo que luchar por la Monarquía contra la República. En C's, ya se sabe, la palabra real es doctrina de obligado cumplimiento. La corte entera cenó aliviada escuchando en qué firmes manos se encuentra el timón de esta gran nacion. Solo los de Podemos se rebotaron y afearon al monarca que ignorara el estado de necesidad en que malviven sus súbditos. No está mal, pero es poco y liviano. Porque ese no es el problema, con lo cual su crítica no se diferencia gran cosa de los ditirambos de sus compadres parlamentarios.

No se trata de lo que Felipe VI dijera o dejara de decir, sino de con qué autoridad habla, en nombre de quién y para quién.

El discurso del Nochebuena fue el discurso de Rajoy de la cruz a la fecha. Tanto da que hubieran sustituido al Felipe VI en carne mortal por un autómata para que repitiera las ideas, las expresiones mismas de Rajoy. El rey pone la sedicente autoridad de la corona al servicio de un partido e identifica su suerte con la de este. Reproduce el discurso de un tercio del electorado y se dirige a tranquilizar a ese tercio y a amenazar apenas veladamente al resto. 

Es insólito (y más aun que nadie lo señale) escuchar el jefe del Estado reproducir la doctrina autoritaria y neofranquista de Rajoy, según quien la democracia es la consecuencia del respeto a la ley. No al revés, como creemos los demócratas, esto es, que la ley es consecuencia del respeto a la democracia.

Y también es insólito y hasta indignante que se obligue a decir a esa testa coronada pero poco razonante que no hay que atender a la memoria histórica. 

TV3 no retransmitió el discurso de marras. A la vista de lo que dijo Rajoy disfrazado de Felipe VI, hizo muy bien.

Por lo demás, en la imagen se aprecia que el cuadro del fondo es Carlos III, como decía Palinuro en un post anterior. Lo que no está claro es la autoría. Mi amigo Eusebio Lucía dice que es de Anton Rafael Mengs. Pudiera ser. Goya copió el cuadro de Mengs. Pero a lo mejor tampoco es así. Los retratos que conozco de Carlos III tanto por Mengs como por Goya no coinciden con este de La Zarzuela en un par de detalles esenciales.

Entrevista a Palinuro en "La Mañana", de Lleida

Fue hace unos días, con motivo de la presentación de La República Catalana, en Barcelona. Por eso no se habla del discurso de Felipe VI. La entrevista es un género periodístico especialísimo, pues abarca todos los demás: es crónica y opinión y reportaje; es instantánea y también memoria. En fin, muchas cosas. Y cuenta bastante el/la entrevistador(a). El grado de implicación e interés personal en el tema. Muchas cosas. De esta sé decir, al releerla, que debe de ser de las más completas a las que he respondido. Se iba a hablar de libro y se hizo tan cumplidamente que quien la lea, habrá leído un resumen en el que no falta nada esencial. Y, además, se desbordó y acometió dos o tres asuntos más que sirven de contexto para dar perspectiva a lo que en ella se trata.

Incluyo aquí la versión castellana:

PP.¿ Cómo fue la presentación?
RR. Muy bien. Fue un acontecimiento. El teatro estaba lleno, capté mucho interés. Puigdemont estuvo muy bien ... había preparado el terreno antes haciendo unas declaraciones diciendo que no haría declaraciones. Con lo cual, toda la prensa y todas las televisiones estaban allí. Además -y conste que no habíamos preparado nada juntos por la presentación- fue muy curio- so, porque tanto lo que dijo él como lo que yo dije se complementó, como una especie de discurso unitario espontáneo.

PP. El libro está a punto de ver la tercera edición.
RR. Sí, señora.

PP. ¿Se esperaba este éxito? Porque mayoritariamente se debe vender en Cataluña...
RR. Por supuesto. Pero por el Estado ya empieza a difundirse. Para mal, claro. El otro día García-Trevijano me llamó de todo a raíz del libro, porque como él sostiene el "monopolio de la teoría republicana mundial", ni el título ni el contenido del libro le gustaron. Lo cual me complace: que del libro hablen bien en Cataluña y mal en España es justo lo que esperaba.

PP. La primera parte del libro es un repaso histórico donde usted pone en entredicho el concepto de nación española.
RR. Es que hablamos impropiamente de este concepto. La nación no es un concepto: es un sentimiento. Los conceptos son racionales, sobre los sentimientos, sin embargo, no se puede legislar. Se es nación o no. Y como se es? Sólo por el hecho de que haya un colectivo de gente que se siente nación: datos objetivos no hay. Ni la lengua es determinante. Los suizos hablan cuatro y se sienten nación. Y a la inversa: América Latina está llena de naciones todas con la misma lengua. La nación es una construcción post facto de un sentimiento. Si no hay sentimiento, no hay nación. Si hay sentimiento, hay nación. Y lo más divertido del caso: no se puede extirpar. ¿Cuántos siglos lleva Castilla tratando de asimilar Cataluña a un marco castellanohablante? ¿Cuántos siglos hace que intenta impedir que los catalanes hablen catalán? Desde siempre. ¿Lo han conseguido? Pues mire, no.

PP. Habla del proceso catalán como un logro de "la multitud inteligente".
RR. No es un concepto mío, sino de un teórico de las redes, Howard Rheingold, que con las smart mobs pone el dedo en la llaga. Explica que la comunicación universal ha hecho que la acción colectiva, que siempre ha existido, se haya desbordado. El acceso a la información es prácticamente gratuito y en tiempo real. Esto permite grandes movilizaciones colectivas, con una diferencia con las que había antes de internet. Entonces había un gran desprecio a la acción colectiva, porque se entendía que las multitudes eran irracionales y que la historia la movían egregias personalidades: la teoría de las élites. Mientras que las masas eran estúpidas, manipulables, se podían engañar con facilidad. Rheingold muestra que las acciones colectivas de ahora están informadas y son inteligentes, con objetivos concretos y bien articuladas. En Cataluña, si miras el desarrollo de la acción colectiva, a partir sobre todo de la sentencia del TC de 2010, la nación reacciona, sea en el número que sea. De momento, son millones. Con el cepillado en el Estatuto, los catalanes ven que doce individuos, a los que nadie ha elegido, deciden que no sois una nación. Y la consecuencia ha sido una rebelión de carácter cívico, colectivo e ... inteligente. No se trata de masas irracionales movidas por el fanatismo, en absoluto; se mezclan acciones políticas con civiles. Me atrevería a decir que en buena medida se nota el peso de la sociedad civil en que se refrenan las habituales tonterías de las fuerzas políticas. Si no hubiera existido Òmnium Cultural, ANC y la AMI, entre muchos otros colectivos, las habituales riñas hubieran derrochado el proceso. La cordura de la sociedad lo ha ido dirigiendo.

PP. ¿Se refiere al "paso al lado" de Mas?
RR. Es un ejemplo. En este asunto hay que hacerle un reconocimiento al ex. No es muy frecuente que un político tome una decisión que implique una renuncia a una ambición política absolutamente legítima, en función de un interés colectivo. No hay que olvidarlo. La decisión de Mas fue de extraordinaria altura política y moral y revela una personalidad fuera de lo común.

PP. Usted recuerda que Mas no viene de una tradición independentista.
RR. Exacto. Hay que subrayarlo, por meritorio. Como ha salido de la primera plana política, corremos el riesgo de olvidarlo. Si Mas se hubiera empeñado -como hace Rajoy- en continuar siendo presidente, no habría habido acuerdo en la formación de gobierno.

PP. En el libro explica que Europa exigirá un referéndum.
RR. Hay tres posibilidades, de las que una es la más verosímil, avalada por la experiencia. La primera es que Europa nos diga lo que tenemos que hacer, porque no nos ponemos de acuerdo. Esto no lo hará, porque no hay autoridad en Europa que pueda atribuirse esta función. Otra es dejar que lo arreglemos solos. Tampoco, porque no es operativo. La tercera, la más razonable: tomar cartas en el asunto para que las dos partes interesadas lleguen a un acuerdo, ya que por sí solas no podrán; habrá un árbitro. En la práctica de la mediación internacional, normalmente, se piden datos objetivos: ¿cuántos sois los que deseáis independizaros? Y eso sólo se puede hacer mediante un referéndum. En lugar de utilizar términos que no significan nada como "la mayoría silenciosa", es necesario que nos dejen contarnos.

PP. El TC ha vetado de nuevo el referéndum, sin embargo.
RR. Sí. Y horas antes -y después- se llenan la boca con los términos "negociación" o "diálogo". El TC está absolutamente desprestigiado, es una correa de transmisión del gobierno.

PP. Dice que la expresión "derecho a decidir" es un eufemismo.
RR. Es que es el derecho a la autodeterminación. Pero se utiliza más suavizado, visto lo que se tiene delante y, sobre todo, para evitar la pedantería de mis colegas, que enseguida se ponen estupendos hablando de "la no legitimidad de la autodeterminación". Es un eufemismo para tranquilizar a la fiera.

PP. Habla de la cultura política catalana, muy diferente de la española.
RR. Porque está mucho más presente el sentido de la negociación, el pacto, el acuerdo. Y una tradición multipartidista que en el Estado no existe. ¿Cuáles son los partidos políticos más antiguos que actúan en el Estado actualmente? El PSOE, PNV, PC y ERC. Todos anteriores a la Guerra Civil: dos de las nacionalidades históricas y dos de izquierda. Los de derechs son nacidos después de Franco. En Andalucía, Castilla, Extremadura, bipartidismo. En Cataluña y en el País Vasco, multipartidismo, a veces extremo.

PP. De los más recientes, Podemos, nació del 15M y algunos de sus dirigentes fueron alumnos suyos.
RR. Han sido alumnos míos y, además, amigos. Ahora están un poco enfadados, pero ya se les pasará. El partido ha sido engullido por su mala cabeza. Querían -y mí me ha parecido muy bien y los he apoyado en ello- articular una tercera vía de izquierda entre los comunistas y los socialdemócratas. Aquí existe un espacio político que, bien articulado, puede dar sorpresas. El PSOE es un partido muy aburguesado, como el PSC. Por no hablar de González y de Guerra que ya están prácticamente a sueldo del PP. El PCE, por otro lado, está anquilosado en unas fórmulas tan antiguas y tan poco atractivas que incluso él mismo se ha cambiado el nombre por Izquierda Unida. Se presenta como disfrazado. ¿Cuánto hace que no se presenta como PCE? Más de 30 años, porque ellos mismos se dan cuenta de que decirse comunista les quita votos, por las reminiscencias de la URSS, Cuba, China. Podemos era un intento de trazar una línea de izquierda radical no absolutamente revolucionaria pero tampoco reformista ni aburguesada. ¿Qué les ha pasado? Que en el primer tropiezo que sufrieron, en las elecciones de diciembre, buscaron el apoyo de los comunistas, de donde parten. Y esto ha sido un grave error, porque el votante ve que son una IU camuflada.

PP. ¿Los egos le están jugando una mala pasada?
RR. No sé si es buena o mala. Que no salga un proyecto viciado apenas empieza es una ventaja para todos. Pero sí hay un egocentrismo en todos ellos, lo que, por otra parte, es lógico. Chicos jóvenes que hacen un grupo y de pronto se encuentran cinco millones de votos no pasa todos los días. Esto los ha emborrachado.

PP. En Comú Podem, en Cataluña, mantiene una posición ambigua frente al independentismo.
RR. Creo que es una postura táctica, inteligente desde su punto de vista. El Podemos español eso de Cataluña no lo entiende: recordemos las declaraciones de Iglesias en Cataluña diciendo a la gente que recordasen de dónde venían sus abuelos. Demostró mucha ignorancia sobre el lugar que pisaba. Tienen la actitud tradicional de los comunistas de ganar por la izquierda a los socialistas diciendo que son partidarios del derecho a decidir. Pero cuando los pones en la tesitura de qué pasaría si ganara el sí, te dicen que esto no sucederá: apoyan el derecho a la autodeterminación siempre que no se haga y si se hace, que salga lo que les conviene. Pero esta posición es muy difícil de vender en Cataluña -proponer el derecho a la autodeterminación para no ejercerlo y, si lo ejercemos, para perderlo- se traduce en este discurso ambiguo de Colau o Domènech. ¿Cómo puede decir este último que es soberanista pero no independentista? Esto no lo entiende nadie. Es demagogia, pero puede hacer mucho daño. Hay una bolsa de votos de izquierda que no está totalmente de acuerdo con la independencia y que se sentiría atraída a una opción soberanista (entendiéndose por soberanista lo que se quiera). El voto independentista muy justito. Si se le arañan cuatro o cinco puntos porcentuales, lo destroza. La importancia del enemigo se mide en función del daño que pueda hacer.

PP. Colau ha ido a la cumbre.
RR. Se ha apuntado con la excusa de que la voluntad de los españoles es cero porque el TC lo ha tumbado. Los independentistas no pueden decir que no. Pero, en mi opinión, proponen un referéndum negociado, pactado ... inviable.

PP. En el libro habla de los intelectuales -de partido y orgánico- y los medios de comunicación. ¿Por qué hay tan pocos intelectuales españoles que ven con buenos ojos el referéndum? Suso de Toro, Javier Pérez-Royo, usted ...
RR. No, no. Sólo yo. Saca a Suso, que dijo que ya no quiere hacer más declaraciones al respecto y es muy respetable. Javi entiende el problema, pero no quiere hacer predicciones. Los intelectuales somos un grupo muy sensible a las relaciones con el poder de todo tipo: político, mediático, económico. Dependemos muy a menudo de las subvenciones y los premios. Vivir en España y ser partidario de los derechos de los catalanes a decidir lo que quieran ser está muy mal visto.

PP. Ha recibido presiones o se siente aislado?
RR. No, estoy encantado de la vida. Ten en cuenta que a mí me ha pasado siempre y no sólo en el tema de Cataluña, con todo. Siempre he sido la oveja negra, hasta el punto de que hay gente que dice: si todo el mundo comparte una opinión ¡vendrá Cotarelo y dirá justo lo contrario! Pues es posible. En los años noventa me preguntaron porque siempre estaba nadando contra corriente. Caramba ¡Porque se hace músculo! A favor de la corriente va incluso un trozo de madera.

PP. ¿Qué opina de lo que dijo Rajoy a su militancia durante la cena de Navidad: "nos vemos pronto en las elecciones"?
RR. Sí. Catalá hace poco dijo: "seguir trabajando para perfeccionar nuestro sistema de corrupción". O Cospedal hace unos meses: "nosotros somos los que mejor robamos". No son lapsus. ¿No ves que son franquistas? Están acostumbrados a gobernar por "ordeno y mando", por decreto ley. Esto de que todos los proyectos deban pactarlos con la oposición, aunque sea la socialista, los saca de quicio. Cuando puedan, convocarán elecciones, mucho me temo...