martes, 18 de abril de 2017

La picota moderna

Estos de Podemos dominan el juego estudiado por el celebérrimo Guy Debord de la política como espectáculo. En realidad lo ha sido siempre pero, normalmente, espectáculo suntuoso, ceremonial, ostentoso, lleno de boato; espectáculo más del género operístico. Los de Podemos están introduciendo otros géneros, tanto en su actividad parlamentaria como en la callejera; géneros chicos, populares, zarzueleros, con algo de commedia dell'arte. Forman parte de esa función subversiva de la vida cotidiana que se adjudican como parte de su acción. Dada su obvia vocación mediática, sus espectáculos consiguen grandes audiencias.

El caso del autobús trae a la memoria otro tipo de espectáculo, el de la picota o su pariente rico, el rollo, lugares en que se exponía a los delincuentes al ludibrio público, a la entrada de las poblaciones, a veces de cuerpo entero, a veces solo la cabeza, convenientemente cortada y empalada, aunque estos eran casos extremos. La pena menor, la más habitual, era la exposición pública del malhechor. Ahora este es sustituido por su imagen, pero el efecto es el mismo. Los han puesto en la picota. Por lo demás, un espectáculo ambiguo pues si, por un lado, tiene una función ejemplarizante, por otro viene a ser como un anticlímax o sucedáneo. Creo que es en 1984 en donde hay un "minuto del odio", durante el cual la gente pasa a ver la imagen del enemigo oficial del pueblo para llamarle de todo. Y así se desahoga. Dudo de que eso suceda con el Tramabús.

Las reacciones han sido instantáneas, fulminantes, reveladoras de una irritación mal contenida y profundamente hostiles. Algo muy parecido a la recepción que tuvo el autobús de Hazte Oír del otro lado de la barrera ideológica hace unos días. Alguno ha apuntado al hecho de que el tramabús esté copiado del otro y ha aprovechado para soltar eso tan gracioso de que los extremos se tocan. Está claro que los de Podemos son unos imitadores que prácticamente lo han copiado todo, desde el nombre de la organización a su estructura y sus planteamientos. Pero en esto del autobús, en realidad, no copian, sino que siguen una tradición ya venerable en casi todos los países occidentales no solo con fines políticos y electorales, sino también publicitarios, propagandísticos. Y no solo autobuses, también trenes y hasta globos. Esto de los globos es una idea. Preveo intensas batallas judiciales a cuenta del derecho a la propia imagen.

Los socialistas, que han mantenido una exquisita neutralidad con los dos autobuses, rechazando los dos, se duelen de que aparezca el rostro de Felipe González mezclado con una tropa patibularia. Es un problema de interpretación. Como no quieren tirar al niño con el agua sucia, piden diferenciar entre las puertas giratorias que quizá sean inmorales, pero no ilegales y la Gürtel, que son delitos. Cierto es y quizá lo justo fuera que Podemos fletara un segundo tramabús con casos de puertas giratorias. No sería tan vistoso porque los de las puertas giratorias son menos conocidos que los Bárcenas, Aznar, González, Aguirre, etc. Y ese es justo el precio suplementario que paga González porque no es de recibo que se protagonice el primer gobierno de la izquierda en España después del franquismo con mayoría absoluta y se acabe en Gas Natural, cobrando un pastizal por "aburrirse", según su propia confesión.

Una de las reflexiones más interesantes de Piketty en su obra sobre el Capital hoy es la importancia que tienen las exageradas, estratosféricas rentas que por varias vías se adjudican cientos, miles de directivos en esta locura de la financiarización: salarios de cientos de miles €, pensiones de decenas de millones, retribuciones que no guardan relación racional alguna con la productividad. Cálculese la productividad de cobrar 200.000 € por "aburrirse". En el momento en que González acepta las reglas del juego, forma parte de él. Y eso vale también para Cebrián, solo que con puestas mucho más elevadas, más en el orden de los míticos brokers neoyorquinos

Se forma parte del juego y del espectáculo. En este caso, la picota. Ese autobús es un torpedo en la línea de flotación del consenso implícito en la tercera Restauración. Por cierto, lo que se echa en falta en el historiado vehículo es algún rostro de la Familia Real. Debe de haberse impuesto la sana y prudente cautela porque Urdangarin, por ejemplo, no se distancia gran cosa del resto del retablo.