miércoles, 13 de septiembre de 2017

"Apología del referéndum"


¿Ven como no hay un problema catalán sino un problema español? El gobierno -en realidad, el Estado- está dispuesto a emplear todos los medios en contra del referéndum catalán, especialmente ahora que es innegable que tiene un apoyo masivo. Todos los medios quiere decir exactamente eso: todos. En Cataluña ya se ha impuesto la censura sobre TV3 prohibiendo que informe acerca del referéndum del 1/10. Tampoco muy extraño, no vaya a creerse la TV que es una excepción. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha advertido por igual a más de mil altos cargos públicos catalanes. Todos a callar por orden de la superioridad.

Ayer, el ataque fue contra la libertad de expresión en Madrid. Un juez ha prohibido un acto público de apoyo al referéndum catalán permitido por el Ayuntamiento. Lo ha hecho dando vía a una denuncia del PP en la que se invoca un ilícito imaginario llamado "apología del referéndum". ¡Apología del referéndum! Como el que habla de la "apología del terrorismo". Solo los franquistas pueden tener el descaro de equiparar un referéndum con el terrorismo. El juez que ha prohibido cautelarmente el acto, Justy Bastarreche, a su vez, figura como firmante de una declaración política del grupo político de derechas Libres e Iguales contrario al referéndum cuyo manifiesto comienza: "El secesionismo catalán pretende romper la convivencia entre los españoles y destruir su más valioso patrimonio: la condición de ciudadanos libres e iguales", opinión muy respetable, pero no para firmada por un juez. y menos si este ha de actuar después como juez frente a unos simpatizantes con el "secesionismo" porque, obviamente, actuará como juez y parte. O sea, mucha "parte" y poco "juez". Calcúlese la imparcialidad del señor magistrado y dígase si esto no es un ataque directo a la libertad de expresión de la ciudadanía con visos de prevaricación por razones estrictamente políticas. Este uso partidista de las instituciones, de todas, pero especialmente del poder judicial, es lo que está llevando España aceleradamente de regreso a la dictadura y encanallando la vida política.

No es un problema catalán. Es un problema español. Y lo es porque, además, en esa tarea de instrumentalizar el Estado de derecho con fines partidistas (y del partido de la corrupción y el saqueo de España) la llamada oposición del PSOE esta colaborando directamente, siendo cómplice de este asalto a las libertades públicas y los derechos políticos. No merece la pena recordar a quienes secundan tan innobles designios que los siguientes en la línea de represión serán ellos. Cuando Sánchez legitima todas las barbaridades del gobierno y su partido contra la libertad de expresión, cuando Garzón se opone al referéndum de Cataluña, cuando los de Podemos también boicotean la Diada y juegan, como siempre, a dividir a la izquierda en pro de la derecha, están colaborando con quienes, cuando hayan conseguido sus objetivos, irán por ellos. Parece mentira pero es así.

Bueno está que la izquierda española -la socialdemócrata y la "verdadera"- no apoyen a la izquierda independentista; bueno que tampoco se solidaricen con ella ante el alud de guerra sucia, prácticas mafiosas, intimidatorias y agresivas de la derecha en el poder. Pero que lo secunden y sean parte activa en esa represión entra ya en el terreno de la infamia.

Palinuro reitera su convicción de que Cataluña, el independentismo catalán, es la única oposición real a esta vergüenza de un gobierno liberticida.Para ocultar sus innumerables latrocinios, su corrupción estructural y sus prácticas mafiosas esta presunta asociación de malhechores busca una confrontación directa con el independentismo y un conflicto con las instituciones catalanas.

Que en esta situación de atropello del Estado de derecho desde un Estado sin derecho, la izquierda acepte lacayunamente las falacias gubernamentales sobre una "legalidad" cortada a medida de los intereses del partido en el poder es deplorable. Que la apoyen unos intelectuales literalmente vendidos al franquismo restaurado es prueba de que el país no tiene arreglo.

Lo único valiente, democrático y honrado que puede hacerse es defender el derecho de los catalanes a votar en ese referéndum. Y estar a su lado porque son un ejemplo de dignidad e integridad.