lunes, 8 de enero de 2018

Miedo a los líderes

Decían enfrentarse a una conjura de iluminados que saldrían corriendo en cuanto el Estado se pusiera serio. Hablaban de unas masas tumultuarias que fue preciso aplacar con contundencia mediante la fuerza pública y el uso legítimo de la violencia. Reaccionaron frente a un esperpento parlamentario con declaración ilegal y disparatada de independencia. Encarcelados o exiliados los líderes, los tildaron de cobardes, fugados, arrepentidos. Vieron el desplazamiento de 45.000 a Bruselas el siete de diciembre como una peregrinación de lazos amarillos, similar a las de Lourdes. Descontaron un resultado electoral el 21D con un triunfo de las fuerzas independentistas.

Ni una. Nada de conjura de iluminados, ni de tumultos (salvo los que organizan los constitucionalistas), ni de cobardía o arrepentimiento de los líderes, ni de peregrinación, ni de derrota en las urnas.

Un movimiento social muy fuerte, muy extendido, concienciado y con fuerte voluntad, y unos líderes sólidos, coordinados y con el apoyo del movimiento en su conjunto. Estos genios del bloque del 155 (B155 de ahora en adelante) han dibujado el escenario de una ciudadela sitiada por una mezcla de bárbaros, mercenarios y asaltacaminos, más o menos encuadrados en algún orden regular. Han dibujado la Resistencia frente al imperio. Nunca han tenido la iniciativa política; han perdido la batalla del relato; y ahora solo les queda la fuerza bruta disfrazada con toga judicial.

El País, abanderado de la batalla contra el independentismo, acude a la táctica de minar la moral de los adversarios, pues no puede levantar la propia. El punto más antiguo de esa táctica es dividirlos, difundir rumores y bulos para enfrentarlos entre sí. ¡El secesionismo desestabilizado! Ahí es nada. Ante esta buena nueva, hasta Arrimadas se anima a pujar por la presidencia. Ya solo con esta posibilidad se garantiza la unidad monolítica del bloque independentista y hasta la CUP, horrorizada, corre a integrarse en el govern. En el propio vídeo que El País acompaña a su noticia (véanlo, es breve), se dice lo contrario de lo que esta afirma. De desestabilizar, nada. La noticia se engancha al final en la frase de Rufian: si Puigdemont no puede ser presidente, ellos proponen a Junqueras. Lógico: ¿quién va a sustituir a un Presidente que causa baja por el motivo que sea? ¿El ganador de la vuelta ciclista? 

Estas y otras majaderías (como la habitual cospedaliana de manosear otra vez al ejército) no consiguen ocultar el miedo del B155 a los líderes independentistas. Son honrados, íntegros, tienen carisma, luchan con sacrificio personal por una causa, la gente los apoya y los sigue y todos están movidos por un mismo objetivo. Nada de eso hay en España. Nada. Un gobierno de mafiosos, una oposición claudicante, unos medios comprados, una justicia desprestigiada, unas masas que solo se movilizan contra Cataluña, un país saqueado y extraordinariamente débil en el concierto internacional.

Miedo cerval. El B155 está dispuesto a hacer lo que sea para que esos líderes no tomen posesión de los cargos. Se entiende, aunque no sea justificable. Les va la carrera en ello. A los de triunvirato nacional Rajoy/Sánchez/Rivera y quizá también al afuereño Iglesias. Que se salgan con la suya de impedirlo o no dependerá de las respuestas que puedan dar a estas dos preguntas: 1ª) ¿a qué coste; 2ª) después, ¿qué?

De momento, el resultado de las elecciones del 21D exige que todos los diputados electos puedan tomar posesión de sus actas, constituir el Parlament y, a continuación, constituir el govern, cuya primera declaración, su duda, será considerarse restituido antes que constituido.