jueves, 11 de enero de 2018

Todo está en las ondas

El B155 dispara una primera salva de aviso: el gobiernro bloqueará una investidura que no sea presencial, animada con un titular de El País que suena a prensa de guerra: Puigdemont exige violar otra vez la ley para ser investido. Este periódico está desatado.

Lo del gobierno es preocupante. Eso de "bloquear" suena un poco a Eliott Ness y los intocables. Tendrá que ir al Constitucional a recoger la correspondiente prohibición y autorización para actuar al modo usual: deteniendo a la gente.

La cuestión de la viabilidad o no de la investidura telemática es ociosa desde el momento en que el gobierno anuncia que la bloqueará. Roma locuta causa finita. 

Pero la política es un maremágnum. La cuestión en sí misma de la validez de la investidura por medios telemáticos es muy digna de tenerse en cuenta y, a lo mejor, el Tribunal Constitucional considera que los tiempos han cambiado y lo telemático y digital es tan real como lo material y tangible (también digital, pero en otro sentido) ¿quién sabe? Sería un buen modo de demostrar que no es un correveidile del gobierno.

Según parece, los letrados del Parlament están preparando un furibundo informe en contra de la telematicidad de la investidura, que diría un escolástico. Hacen bien. Están en su papel. En parte como abogados del diablo y en parte porque son gente de orden. Ejercen su función en el marco de la Constitución y el Estatuto y, francamente, hay cosas en los últimos tiempos de la Generalitat que exceden el marco estatutario. Quizá, pero no tanto como la actuación del gobierno ha excedido el marco constitucional. El Parlament, por lo demás, hará el caso que estime oportuno del dictamen, cuenta habida de que no es vinculante.

Los Comunes se decantan por donde se esperaba. No hay equidistancia posible entre dos extremos tan disímiles. El río arrastra.

La estrategia de la derecha es forzar nuevas elecciones. Incluso, según se ve, a un coste de imagen altísimo, dentro y fuera de España. Tanto que quizá no puedan convocarse y sea preciso transigir con alguna forma de govern independentista en la Generalitat. 

El bloque independentista habrá de calibrar si le interesan o no nuevas elecciones, pero no actuar en función de ello pues no dependen de él. Hará bien en encontrar tantas formas de govern independentista como pueda imaginar en función de las distintas trabas que se le pondrán. La forma de gobierno más independentista que pueda conseguirse en las circunstancias.

Luego se decidirá si se acepta tal cosa o se opta por una política de resistencia institucional, por ejemplo con una retirada al Aventino  de los 70 diputados indepes. Capaces son de procesarlos por rebelión.

El gobierno dice oponerse a una posible investidura telemática que votara el Parlament. Hemos de suponer que da por constituido este órgano y, por lo tanto, habrá aceptado la toma de posesión de Puigdemont de su acta de diputado por vía telemátca. Si puede ser diputado, ¿por que no presidente?