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martes, 24 de abril de 2018

Hay que hacer trampas

Ya es extraño el titular del periódico de La Moncloa: "Rajoy se resiste a profundizar el 155 aunque haya elecciones". Está repleto de sobreentendidos y subentendidos. Si "Rajoy se resiste" es porque alguien le presiona en un sentido que a él no le gusta; indudablemente, el de "profundizar el 155". ¿Quién puede ser? Indudablemente, el propio El País, fiero guerrero de la unidad de España; pero seguramente no en nombre propio sino de los "halcones" del gobierno, sobre todo las "halconas".

Porque ¿qué diantres quiere decir "profundizar el 155". Aparte de la detestable sintaxis, ¿qué significa "profudizar" un artículo de una ley? Está claro, endurecerlo, hacerlo más exigente, más restrictivo. ¿Cómo? Varias formas son evidentes: intervenir y censurar TV3, ilegalizar organizaciones sociales y/o políticas independentistas. Y, por esa vía, hasta el destino de tropas en Catalunya. ¿No está ya la guardia civil, que es un cuerpo de naturaleza militar? 

De esa forma se hará realidad la mentira propalada por Pedro Sánchez en el extranjero de que, siendo España un Estado de derecho, cabe defender todas las opiniones políticas. Mentira. Las independentistas no se pueden mantener. Son tratadas como delitos. Aquí ya son delito hasta los colores.

El titular aun es más perverso y amenazador. La conjunción adversativa, "aunque" delata la intencionalidad. Rajoy se resiste a aumentar su dictadura, aunque haya elecciones. Esto es, la cercanía de elecciones parece a El País motivo suficiente para intensificar la dictadura. No le da vergüenza alguna porque pertenece a esa  corriente "democrática" que solo convoca elecciones si las gana al precio que sea, incluso al de hacer trampas. Está en juego la unidad de la patria y, ya se sabe: con razón o sin ella. De ahí que estos paladines del tongo patriótico se escandalicen de que M. Rajoy "se resista" a "profundizar" (o sea a reprimir más y más injustamente) el 155, el artículo de plenos poderes.

Eso pasa hoy día por periodismo serio.

Gràcies!

Viure una diada de Sant Jordi és un privilegi. No descubro nada, ya lo sé, pero dejo constancia de mi agradecimiento. A los/as lectoras de Palinuro en primer lugar, que hicieron cola para la firma. Breves instantes: sonrisa, libro, nombre, firma, fugaz comentario (hay que dejar paso a los demás), una noticia, una identificación, quizá una historia del pasado, familiar, una emoción, una sonrisa, una foto. Queda un sentimiento grato, que va creciendo y creciendo, a lo largo del día, brillante, soleado. De parada en parada, más lectores/as con sus sonrisas, sus rosas, sus manos que se quedan en las tuyas. Y tú no puedes olvidar que firmas libros para ausentes porque la fiesta es también regalo y muchos compran los libros para regalar. Un desfile de padres, madres, hermanos, maridos, esposas, hijos, amigos, evocados con dos trazos apresurados: no puede venir, está trabajando (este Sant Jordi es laborable), vive en otro lugar, es una sorpresa. Al final hay una red de cercanía múltiple a la que cumple decir: gràcies!

Y también a todos/as las paseantes que abarrotan las ramblas, con las rosas encelofanadas y sus bolsas con un libro, mirando las paradas, hojeando aquí y allá las publicaciones. En este día, según parece, editoriales y librerías facturan entre un 35 y un 40% del total del año. Negocio y solidaridad. Muchos, muchísimos lazos amarillos, camisetas, pañuelos, gorras, todo de amarillo pacífico.

Y satisfacción personal. España quedó atrás quedó muy delante; tercero en ventas en castellano y no ficción. El editor (Ara Llibres) estaba encantado. Tenía dos autores en primera fila: Jordi Borràs, con Dies que duraran anys y servidor. Y el dire de mi periódico, Salvador Cot (elMón.cat), tuiteaba enardecido que tenía a cinco de sus periodistas entre los triunfadores de la jornada: Jordi Borràs, Quico Sallés, Martí Gironell, Palinuro y Liz Castro.

Doncs això, gràcies a tots. Seguim.

lunes, 23 de abril de 2018

Contra Catalunya vale todo

La tercera pata del triunvirato del 155, Pedro Sánchez, anda de gira por Alemania para difundir el discurso represivo, falaz, de la derecha española (PP y C's) sobre Cataluña, probablemente por encargo directo de M. Rajoy (a) Sobresueldos, aprovechando que habla a sus congéneres socialistas alemanes. El mismo M. Rajoy cuya dimisión sería lo primero que pensaba Sánchez pedir si ganaba las primarias. No solo no pide su dimisión sino que es su más firme apoyo para seguir desgobernando el país y que su partido, el PP, continúe expoliándolo. Como el PSOE en Andalucía, por lo demás. La fraternidad es evidente.

La misión de Sánchez en Europa es mentir a los europeos sobre el conflicto España-Catalunya y descaradamente. Sostiene el secretario general que en el PSOE ofrecimos el diálogo repetidamente al independentismo catalán, pero no recibimos respuesta. Hace falta tener morro. Lo siento; no hay otra expresión: morro, caradura, desfachatez. Este payo debe pensar que los alemanes son imbéciles, como los que le aplauden sus embustes. ¿Diálogo con los catalanes? Jamás, como todo el mundo sabe. A él lo echaron precisamente por haber amagado algo parecido. Recuperado su puesto, demostró haber aprendido la lección, se sometió a los arribaespañistas de su partido, los Rubalcabas, González, Bono, etc y se opuso y se opone siempre con uñas y dientes a todo diálogo con los independentistas. No quiere ni sus votos, aunque sean sin condiciones. No está dispuesto a hablar con ellos en absoluto. Lo ha dicho, redicho y requetedicho porque piensa que eso le dará votos en España.

¿Por qué, pues, miente como un bellaco en Alemania, aparte de porque es un oportunista y un embustero? Porque comparte el orden de prioridades de los otros políticos del cuadrilátero hispánico de la desvergüenza política, M. Rajoy, Rivera e Iglesias. Primero es España, la nación española de la derecha nacional-católica que todos comparten; luego sus opciones políticas particulares.

Y hay más en el programa de propaganda y mentiras que lleva este hombre por Europa. También afirma con idéntico descaro que "España, es una "democracia sólida", donde impera el Estado de derecho y se respeta "la pluralidad". La doctrina oficial de los intelectualess españoles y su panfleto de cabecera, El País: España, la democracia homologable en Europa y blablabla. Un país en estado de excepción con el 155, en donde hay presos, exiliados y embargados políticos, un país en el que se apalea a la gente por querer votar, se la encarcela por rapear y se la despoja de sus prendas de vestir arbitrariamente; un país gobernado por ladrones, con un partido de facinerosos, unos tribunales al servicio del gobierno y unos medios que son puros aparatos de propaganda, es un "Estado de derecho a nivel europeo", según la manga de ideólogos al servicio de este régimen neofranquista al que apoya la oposición en pleno, por activa o por pasiva, cuando se trata de Cataluña.

Añade Sánchez de colofón que la situación sería muy distinta si gobernara el PSOE, como queriendo marcar unas distancias inexistentes con el PP. Porque es otra mentira. En primer lugar, estamos así precisamente porque el PSOE de Zapatero comenzó una reforma del Estatuto en 2006 que luego no tuvo la inteligencia ni el valor ni la honestidad de mantener. En segundo porque el PSOE carece de todo proyecto catalán (ya ni menciona las bobadas federales o de reforma de la Constitución con que amenizaba las fiestas del partido) y prefiere apoyar el del PP y, sobre todo, su modo de resolverlo a palos. En tercero porque un partido que tiene en su historia los GAL es posible que hubiera hecho algo distinto que el PP y probablemente peor y más sucio.

Quizá no han encontrado a otro más vacuo y vanidoso que Sánchez para encargarle estas mentiras en el extranjero. Si España fuera un Estado de derecho no sería necesario asegurarlo en todos los foros. Es inimaginable que un político alemán o francés o inglés o del resto de los homologables vaya por ahí tratando de convencer a otros de que su país es un Estado de derecho. ¿No?

Frente al nuevo propagandista de la fe, Chomsky y cien académicos internacionales más, reclaman la libertad de los presos políticos y, por ello mismo, denuncian la falta de garantías de Estado democrático de derecho en España. Por supuesto, la prensa de este país "libre" difunde profusamente las mentiras de Sánchez, mientras que oculta la exigencia de Chomsky y sus colegas.

¿A quién piensan los lectores que hará más caso la opinión pública internacional, a Sánchez o a Chomsky?

Hay que poner en marcha cuanto antes una Comisión Chomsky que bien puede llamarse "Comisión de la verdad sobre Catalunya" o "Comisión de apoyo a la democracia catalana".

La necesitamos para contrarrestar las falacias y los engaños de estos siervos de la derecha muy y mucho española.

Destino: el exilio

La Palma de Cervelló es ya casi una segunda casa. Después de pasar aquí la mítica noche del 1º de octubre y la conferencia de ayer en el Teatre de l'Aliança Palmarenca, hoy hemos vuelto al local, pero como espectadores de la obra que presentaba el grupo Terra Teatre, Els darrers dies de la Catalunya Republicana. Es adaptación del diario de Antoni Rovira i Virgili, periodista, escritor, político y diputado catalán de ERC, en los días finales de enero de 1939, cuando el gobierno de la Generalitat, el parlamento y mucha otra gente emprendieron el camino del exilio a Francia.

Un episodio conectado con los acontecimientos de los últimos meses aquí, que repiten el patrón: exilio, cárceles, represión de catalanes. En la obra hay una dimensión aun más trágica, pues ese exilio de unas personalidades no era sino una parte mínima del éxodo masivo que provocó el desmoronamiento del frente del Ebro, en donde realmente la República perdió la guerra. Cosa que se evidencia en el discurso escenificado, cuando el peregrino Rovira i Virgili dice que la guerra se hizo contra Catalunya y Catalunya la ha perdido.

Quienes conocen el trayecto final de esa escapada, atravesando Figueres y La Jonquera hasta la salida de Le Perthus quedan impresionados recordando que por la vía central de ese pequeño pueblo, el Carrer Mayor que es, en realidad, muy angosto, pasaron en breves días 450.000 refugiados, hombres, soldados, mujeres, ancianos, niños, carros, maletas, colchones. Un río humano de angustia y desolación. Camino del exilio. 

Ese sentimiento en eco colectivo y angustia personal es el que se refleja en la adaptación de Jordi Hervás en un magnífico monólogo de una hora de duración, con música de Edmond Bosch y bajo la dirección de Marc Hervás, hermano del actor. La caída de Cataluña, el sentido de la guerra, la peripecia personal y familiar de los exiliados, muchos, muchísimos de los cuales no volverían a ver su tierra. El drama de una generación que ha marcado a las posteriores. 

Esta obra es una gran experiencia.

domingo, 22 de abril de 2018

Cosmópolis

Dos observaciones inmediatas sugiere la carta de 100 académicos con Chomsky a la cabeza exigiendo la libertad de los presos políticos catalanes: a) No hay una sola firma ni universidad españolas ni catalana; b) Los medios la han ocultado salvo alguna desmayada noticia como la de diario.es. Cada cual saque sus conclusiones.

El silencio de los intelectuales españoles y catalanes y de la izquierda española en general sobre el proceso de fascistización de España es impresionante. Que nadie proteste por la injusticia de los presos políticos y el atropello de los derechos de todo tipo en Catalunya hace augurar lo peor: no hay dique a la oleada de represión que se avecina. El dique está fuera. Es el impacto en la opinión pública mundial de hechos como esta carta. 

El bloque del 155 reaccionará del modo habitual. Pondrá en duda la autoridad intelectual de Chomsky y se burlará de los cien académicos. Modelo: si ellos tienen ONU, nosotros tenemos DOS, ya ensayado con éxito en tiempos anteriores y más obscuros. Los menos nacionalcatólicos y más de espíritu falangista tronarán contra la intolerable injerencia  en los asuntos internos patrios. Y los demócratas moderados del no-nacionalismo español ilustrado se quejarán de que Chomsky y otros científicos despistados se dejen manipular por los de siempre contra un Estado democrático de derecho como España, plenamente homologable con las democracias circunvecinas.

Todos ven, hasta quienes lo ocultan, el impacto de este pronunciamiento de un centenar de académicos de múltiples universidades encabezados por Chomsky. Cometerían un grave error los independentistas si no aprovecharan la circunstancia y la proclividad del maestro para invitarle a presidir un Comité de Apoyo a Cataluña, versión europea del Tribunal Russell. La disposición, como se ve, existe; solo sería cuestión de articularla para dar a la causa independentista un apoyo más permanente que una esporádica carta.

El aparato del régimen responderá esgrimiendo el fantasma de la leyenda negra. Y los adversarios le recordarán que aquella leyenda se nutrió fundamentalmente de relatos y testimonios españoles. Como hoy. Los intelectuales, ahora sí, se sentirán heridos en su esencia patria por entender que la arrogancia de los occidentales los lleva a tratar a España como una país de tercera o de cuarta, cosa intolerable. Intromisión dictada por la soberbia en un Estado de derecho homologable, etc. 

Un Estado de derecho con presos políticos, por razones de conciencia encarcelados por unos jueces que tratan de inventarse unos delitos y ni eso pueden.

Estaría bien que arrancara una "Comisión Chomsky".

sábado, 21 de abril de 2018

El silbo terrorista

Se disponía Palinuro a subir un post sobre los silbidos, pitidos y estruendos que se escucharán hoy cuando se encontró con un artículo de Albert Pla en Público, Copa ¿del Rey? que en verdad le ahorraba la faena. Pla es músico y escribe como los ángeles, cristalino y elegante. Y recomienda aquello que es el secreto de la música: silencio. Calle el himno y callarán los silbos. Y se oirá el juego de los niños. Entre el punto de silencio y el contrapunto del juego de los niños brillan como gemas consideraciones sobre el título de la copa del rey, sobre el rey de la copa y el generalísimo de la copísima. Un tratado de hartazgo de esa estúpida y arrogante bambolla empeñada en provocar con un himno que solo puede oírse a golpe de máximos decibelios para sofocar el silbo terrorista.

La subida del volumen del son patrio se da ya por descontada pues, según parece, TVE ha comprado la exclusiva de trasmisión. Aquí el personal escuchará el himno aunque le revienten los tímpanos. Quizá quepa considerar esta medida como terrorismo auditivo. Y aun podía ser peor si suena con la letra que le ha colgado recientemente Marta Sánchez. Sería sadoterrorismo.

En todo caso, el independentista catalán va camino de convertirse en el silbo terrorista. El inenarrable ministro Zoido que lo es de Interior pero, por deformación profesional, se considera de Justicia, ya ha interpretado el silbo como violencia. Es un ministro ágil al husmear lo que el poder necesita: violencia. Hay que echar una mano a Llarena y Lamela, que no la encuentran; hay que orientar a los fiscales afiladores. El defecto es calificar los actos después de cometidos. ¿A quién se le ocurre? Luego aparecen vídeos que lo desmienten todo, documentos contrarios. Un desastre. Lo que hay que hacer, según el ministro-juez, es calificar los hechos antes de que se produzcan. Así, quienes silben hoy aunque sea a su perro, serán violentos. El silbo violento, ya se sabe; si puede ser gomero, si también vulnerado, ¿por qué no violento? A veces los silbidos y las chirigotas son más destructivas que la dinamita. 

Aun su calificación parece poco a este genio de la hermenéutica jurídica. Quizá sea la razón por la que el ministerio del Interior, el suyo, reproducía ayer en su cuenta de Tuiter el desgraciado artículo 573 del Código Penal (CP) sobre delitos de terrorismo con un comentario que es un insulto y una amenaza al mismo tiempo. Asegura que el CP "concreta" el delito de terrorismo cuando lo que hace es expandirlo en todas direcciones y dejarlo a difusas apreciaciones subjetivas de los que mandan. Esto es el insulto. La amenaza que lanza el ministerio de Zoido, el que multa a la gente por "comer pipas en actitud chulesca", es "por si alguien necesitara reflexionar este fin de semana". Más chulesco y amenazador, imposible. 

Pero ya tenemos el silbo delictivo intensificado de grado de "violencia" a "terrorismo"

Y esta gente pretende que los europeos la tomen en serio. Supongamos que Zoido en persona pilla a un silbador in fraganti y ordena a los jueces que lo procesen por terrorismo; que los jueces aceptan; que el silbador se va al extranjero. ¿Cursarán los tribunales una euroorden con acusación de terrorismo por silbar el himno en un partido de fútbol? 

Hagan caso a Pla: supriman el himno y suprímanse a sí mismos. Eso no quitará que los catalanes realicen alguna otra afrenta sonora o visual. Pero ya no será al sacrosanto himno. Al fin y al cabo la gente lo que quiere es jugar con la pelotita. No den más la brasa y vayan a presidir a Tabarnia o, mejor, a Sant Esteve de les Roures

Hoy, Palinuro en La Palma de Cervelló

Guardo un recuerdo imborrable de La Palma de Cervelló. Estuve allí con mi familia el 1º de octubre. Pasamos la noche en un polideportivo para mantenerlo abierto y, por la mañana, nos quedamos a defender las urnas. Estaba casi todo el pueblo, pacífica, alegremente, esperando a la policía y la hora de abrir los colegios electorales. Llegaron unos mossos que levantaron acta de que el colegio estaba abierto y no podían entrar porque los vecinos y allegados como nosotros, ocupábamos la puerta. Se retiraron unos veinte o treinta metros y allí se quedaron civilizadamente por si era necesaria su intervención; que no lo fue porque la ciudadanía votó tranquilamente.

En otros lugares no tuvieron tanta suerte y sufrieron unas cargas abominables de una fuerza bruta disparatada, mandada por auténticos psicópatas llenos de odio. Puertas destrozadas; gentes apaleadas sin miramientos; abuelas ensangrentadas; jóvenes arrastradas por los suelos. Los ingredientes con los que un gobierno de delincuentes franquistas escribió el relato de su propia ignominia y se descubrió como lo que era, puro fascismo, a ojos del mundo entero.

Ahora llevan seis meses tratando de sepultar su barbarie por todos los medios: negándola, echando la culpa a los manifestantes, premiando a los aporreadores, subiéndoles el sueldo, haciendo todo tipo de trampas judiciales con jueces que en cualquier país del mundo serían tratados como delincuentes por sus prácticas procesales. Empujando a sus esbirros en la prensa para que mientan y mientan y mientan y llamen "violencia" a la no violencia y malversación al uso escrupuloso de los fondos públicos. Gobernantes ladrones, jueces prevaricadores, periodistas embusteros, políticos fulleros. Y es inútil. Las imágenes están ahí; los relatos, también y, aunque en esto de ocultar el 1º de octubre y la cuestión catalana en su conjunto, el gobierno cuenta con toda la oposición, Podemos incluido, el mundo ha visto la verdad y esto ya no lo para nadie.

Fue una noche muy larga y guardamos todos muchos recuerdos. Así que estoy agradadecidísimo y me siento muy honrado de que la assemblea.cat de La Palma me invite a presentar mi último libro, España quedó atrás que, en buena medida, empezó a escribirse allí, sentado en mitad de la calle, mientras se abría el colegio electoral. No me lo invento. La foto de la derecha es la de la calle que da acceso al polideportivo. 

Y, como la realidad se mueve sin parar, la presentación de mañana irá seguida de una cena solidaria con los/as presos/as politicas. Sí, esos/as que están injustamente en donde debieran estar quienes los han enviado allí.

Porque la lucha continúa.

viernes, 20 de abril de 2018

La Hacienda de Sant Esteve de les Roures

Primero fue rebelión; luego, sedición; ahora, malversación. En un par de semanas, una multa de tráfico. Es poco el lío organizado en el exterior y completan con uno interior tan típico que dan ganas de reír. 

El juez Llarena es hombre de recursos. La parte sorprendentemente declarada secreta de la instrucción versaba sobre dineros. Cosa imprescindible cuando se quiere acusar a alguien de malversación. Hay que aportar las cuentas, cifrar los caudales malversados, aunque sean unas perrillas. El juez sabe de buena y secreta tinta que los indepes se gastaron dineros públicos en organizar el referéndum. La base documental es un informe de la Guardia Civil detallando los gastos por partidas al céntimo (en total 1.947.697,84 euros, ni uno más ni uno menos), aunque ninguna es fehaciente ni está comprobada y son meras estimaciones y suposiciones. 

Aun así, el informe de la benemérita resulta bastante prudencial. En uno anterior comunicaba todos los datos pertinentes de un acto de violencia en un pueblo inexistente, Sant Esteve de les Roures. La aparición de este nuevo topónimo ha sacado lo mejor de las redes y, a estas alturas, el pueblo tiene todos los servicios, vecinos ilustres, un claustro románico y hasta un ayuntamiento, con cuya cuenta en tuiter se ha relacionado la propia Guardia Civil. Figura literaria conocida: la del autor que dialoga con sus personajes.

Así que las cifras secretas de Llarena son las de la malversación en Sant Esteve de les Roures. Suficientes, según parece, para que el juez se cargue de razón. Sorprendido de que el ministro de Hacienda afirme que la Generalitat no pagó un solo euro para el referéndum le pide pruebas documentales de sus palabras. El informe de la Guardia Civil de Sant Esteve de les Roures contra los expedientes de control del gasto de Hacienda. Algo insólito. 

Otro contencioso con ribetes de ridículo. El juez pone en cuestión la eficacia del ministerio de Hacienda en su labor y eso si no le da por sospechar que no se trata de ineficacia bienintencionada sino de colaboración con el independentismo. El ministro ya queda como incompetente o como cómplice. Y, mientras ambos personajes, juez y ministro, dirimen sus diferencias, merece la pena recordar que la petición de extradición se basa en tres presuntos delitos de los que dos no califican y el tercero, la malversación, no se puede probar, ni siquiera indiciariamente. 

Los informes de Hacienda siempre tendrán más fuerza que los de la Guardia Civil de Sant Esteve de les Roures. Si no en España, sí en el extranjero. 

jueves, 19 de abril de 2018

El camino recto es el más corto

Aquí mi artículo de ayer en elMón.cat, titulado Contraatac. Tiempo nuevo. Nuevas esperanzas.

Un orgullo escuchar y leer a los presos y presas políticas catalanas afirmar alto y claro ante el juez Llarena sus convicciones independentistas, su compromiso con la República Catalana, su propósito de seguir luchando por ella en el ejercicio de sus derechos. Un orgullo y un alivio.

Han sido meses tragando, disimulando, haciendo de tripas corazón a causa de una táctica procesal de defensa errónea. Meses diciendo que unas gentes injustamente encarceladas por sus convicciones políticas tienen sus derechos intactos, esos que los jueces injustos no les respetan, aunque no haya sentencia firme. Todos. Intactos. Incluso el derecho a desdecirse, a retraerse, a negarse. ¿Y qué? decíamos con cierta amargura de fondo. ¿No negó Pedro tres veces al Señor? Y aun así, fue cabeza de su iglesia.

Pero había un fondo de amargura que no se exteriorizaba por no intensificar los sufrimientos de las víctimas. Esta revolución es tan nueva y original que no quiere víctimas. Ni siquiera entre los revolucionarios. Pero había amargura porque se seguía una táctica de defensa procesal sin duda muy honesta y bienintencionada, pero errónea. Partía de la idea falsa de que todas las partes en el conflicto van de buena fe. Grave error. Con Catalunya, el Estado no ha jugado limpio nunca. Y con el independentismo, menos. A golpe de mala fe, juego sucio, chantaje, amenaza y represión. Quienes llegan a gloriarse de haber destrozado el sistema sanitario a otros (¡y un ministro!) no han ido de buena fe jamás en su vida en lo político, en lo judicial, en lo económico, en lo educativo y hasta en lo religioso. Pero esto último con su pan se lo coma la banda de fariseos y mangantes.

Cero buena fe cabía esperar en los tribunales de justicia, la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo. Y desde el principio. Este proceso es una evidente causa general política contra el independentismo movida desde el gobierno e implementada por la judicatura. Se añade el ataque por vía lateral del Tribunal Constitucional que mejor se llamara "gabinete de alguaciles del gobierno" pieza esencial en este vergonzoso espectáculo de una persecución política disfrada de proceso judicial. Algo que tiene a los europeos -alemanes, suizos, escoceses, finlandeses, belgas- estupefactos. Sobre todo cuando estos jueces se envalentonan y leen la cartilla a los tribunales extranjeros.

La táctica de apaciguar al fascismo no dio resultado en los años treinta del siglo pasado. Y siguió sin darlo en todas las ocasiones en que algo así ha vuelto a plantearse. No dio resultado con el franquismo. No lo da nunca con la tiranía y la dictadura como la que ahora se perfila al amparo del 155, legitimada por una actuación judicial de manifiesta mala fe. Cuanto más se acepta el marco de referencia del tirano (esa ley que el gobierno de la Gürtel invoca de continuo) y más concesiones se le hacen, más concesiones exige y cuantas más renuncias, más renuncias pide. Y mayor es la arbitrariedad que se aplica al caso. 

Solo la denuncia de ser víctimas de un abuso de poder y de un atropello político disfrazado de procedimiento judicial y la reafirmación de las convicciones, los principios y los propósitos, claros, diáfanos, da la base para una deslegitimación política y jurídica de esta causa general.  El acertado cambio de táctica, sin duda también un alivio para los propios interesados, insufla nueva energía al movimiento indepe y le remoza la estructura trinitaria: los/as presas, las instituciones aquí o en el exilio y la gente. 

Y además, caramba, es la forma más rápida, por ser la más recta, de sacar a los presos/as de la cárcel. 

El caso de Mireia Boya lo había dejado muy claro.

Aquí, la versión castellana:

Contraataque

Hay un evidente cambio de táctica procesal de defensa en el caso del proceso político que el régimen neofranquista está siguiendo contra el independentismo catalán. Los presos y rehenes políticos han abandonado las habituales técnicas defensivas de perfil bajo, de no provocar las iras de los inquisidores, de ceder en unos puntos u otros, de guardar las formas para suavizar las consecuencias.

Ya era hora. Nada de lo anterior sirve ante el ánimo vindicativo de unos jueces movidos no por el deseo de justicia, sino por el odio y la venganza en un contexto represivo que aplica a Catalunya el castigo penitenciario añadido del injusto alejamiento de los presos. Es decir, la criminalización del independentismo catalán, el intento de presentarlo como terrorismo por analogía con el País Vasco es política de gobierno desde el comienzo y a él se han plegado gustosos los jueces que no son verdaderamente tales sino agentes del poder político y de su partido, el PP.

Y no solo se han plegado, sino que han endurecido las condiciones penitenciarias de los rehenes hasta un punto sádico (casos de los presos con hijos pequeños, como Junqueras o Forn) o las han llevado más allá, impulsados por sus convicciones franquistas. Así en la desgraciada ejecutoria de la instrucción de Llarena que algún día le pesará sobre la conciencia, si la tiene, resaltan en especial las inquisitoriales exigencias de arrepentimiento y abandono de las convicciones personales de los acusados a cambio de promesas de libertad que luego se cumplían o no, según le daba al juez.

Una vez más se ha demostrado que en situaciones de injusticia, iniquidad y arbitrariedad, la táctica de apaciguamiento de la víctima es un grave error. El victimario se crece y, cuanto más cede y concede aquella, más tiene que ceder y conceder, hasta negarse a sí misma. Afortunadamente, esta errónea estrategia de defensa procesal que, además, tiene un efecto demoledor sobre la moral de quienes apoyan y secundan el movimiento, parece haberse terminado y ha sido sustituida por lo que se debe: la firme defensa de los presos de sus convicciones independentistas y la negación de que el movimiento independentista pacífico sea un delito. El delito, a nuestro entender, están cometiéndolo quienes se enfrentan a él con la fuerza arbitraria del Estado y un torcido código penal en la mano.

Al fascismo no se le derrota nunca haciéndole concesiones. Ni una. Cediendo se han perdido seis meses.

Las últimas declaraciones de los presos políticos ante el citado juez son lo que debieron ser en un principio: reivindicación del derecho de autodeterminación del pueblo catalán, defensa de las convicciones independentistas de los presos, compromiso firme, pacífico y democrático con la república y la emancipación del pueblo catalán. Afirmación del derecho de los injustamente presos a las convicciones independentistas, guste o no guste a estos jueces franquistas y monárquicos.

Es obvio que unos jueces, cuya inclinación por la justicia está sometida a un ideario nacional-católico, jamás admitirán que el derecho de los catalanes a la independencia nacional es igual al de los españoles. No mayor. Pero tampoco menor. Jamás tampoco que no son nadie para juzgar en un pleito político en el que lo que está en juego no es la legalidad, sino la legitimidad. Confiar en que rebajando las aspiraciones de los rehenes y ocultando sus convicciones se ablandará el propósito de unos jueces era iluso y contraproducente. Los presos son rehenes de la arbitrariedad represiva; su destino es ejemplificador e intimidatorio; no tiene nada que ver con la justicia; trata de desmovilizar a la población castigando con crueldad a sus representantes democráticamente elegidos.

La única vía de acabar con la vergüenza de esta causa general contra el independentismo es la que, por fin, se ha tomado en los últimos días: una unidad firme del movimiento en todos sus aspectos: firme defensa del derecho de Catalunya a la independencia ante los jueces inquisitoriales del Estado español; firme y masivo apoyo de la sociedad catalana a sus representantes encarcelados y en el exilio; y firme voluntad de los dirigentes legítimos en el exilio de proseguir la construcción de una República Catalana en los foros internacionales.

La única forma de acabar con la represión de un Estado fallido es obligarla a mostrarse como es a los ojos del mundo entero.


miércoles, 18 de abril de 2018

"Masacre"

Dislate tras dislate. Esto empieza a ser alarmante. El desprestigio de las instancias judiciales supremas españolas es galopante. Si anteayer parecían autoritarias y ayer incoherentes, hoy resultan ser pueriles. 

El último auto de la sala de lo penal del Supremo, con un motivo colateral, se permite enjuiciar la decisión del tribunal alemán de dejar en libertad a Puigdemont. Lo hace ex abundantia cordis, no porque deba o a ello tenga derecho. Su juicio, por supuesto, negativo, hosco y hasta paternalista: el tribunal alemán se ha precipitado, no ha reflexionado bien ni ha calibrado las pruebas. Así mismo. Cabe imaginar la respuesta: ¿qué pruebas? Si han tenido que ir los fiscales españoles hace unos días a llevárselas a los alemanes, fuera de tiempo, claro, y sin más garantía que los "informes" de la guardia civil. 

Pero no es esta arrogante mpertinencia lo peor. Lo peor está en el meollo del argumento de por qué los teutones yerran al negar que hubiera una violencia de la intensidad suficiente para doblegar la voluntad del Estado a la hora de aceptar el delito de rebelión. En este terreno, las razones jurídicas que aduce el alto tribunal no pueden ser tales porque padecen uno de los peores vicios de la lógica, esto es, el anacronismo. Y algo que no es lógico, no puede ser jurídico. Razonan los jueces la obviedad de aquella violencia de intensidad suficiente ante el aplastante dato de dos millones de votantes. Si no se llegó a ese extremo, si se evitó una masacre  (sic), fue precisamente porque no se dispusieron todos los medios necesarios para enfrentarse a dos millones de personas. 

Patente, ¿verdad? ¿Cuándo se toma la decisión de asignar efectivos a una jornada que se sabe problemática? ¿Antes o después de los hechos? Da algo de vergüenza seguir. El Estado no se esperaba los dos millones porque creyó que, desplegando 10.000 efectivos sin límites en las cargas, la población se amilanaría y no sería necesario llegar a masacre alguna; o, en todo caso se evitaría una masacre provocando otra por la misma razón por la que cabe apagar un fuego con una explosión. 

Pero la gente no se amilanó y fue necesario suspender el asalto por el efecto demoledor para el prestigio de España que las imágenes estaban teniendo en el extranjero. La primera orden a los efectivos de emplearse violentamente a fondo provocó una reacción de defensa pacífica masiva que mostraba cómo la única violencia que había en Catalunya era la del Estado. 

El razonamiento del Supremo es pueril por anacrónico. No se tomó la decisión de evitar la masacre a la vista de los dos millones de votantes (que lo fueron a lo largo de la jornada), sino que los dos millones de votantes surgieron para parar la masacre que se pretendía provocar con la desaforada violencia de aquella mañana de un 1º de octubre que dejó unos mil heridos en el curso de cuatro horas de intervención policial. 

El terreno para esta desgraciada decisión se preparó cuatro días antes, cuando pueblos enteros del sur despidieron a dotaciones de la guardia civil destinadas a Catalunya al grito de "¡Apor ellos!".

Repito. No hay rebelión, no hay sedición, no hay terrorismo. No hay causa judicial.

martes, 17 de abril de 2018

Error 404

La guardia civil no se caracteriza por su sentido del humor. Los jueces tampoco mucho y, al parecer, menos El País. A ninguno se le ha ocurrido que ese informe del benemérito cuerpo, de probable deliciosa lectura, cuando menos podía haber inventado o documentado una cantidad distinta de actos violentos menos chistosa. Porque ese 404 es el símbolo www para lo no encontrado, lo inexistente. 

Tan inexistente como la violencia que tratan todas las instancias de encasquetarle al procés con ánimo de extirparlo a sangre y fuego. Todas son las fuerzas de seguridad, el gobierno, los tribunales, los partidos políticos españoles, los medios. A veces se les dispara la escopeta, como cuando tratan de colgar terrorismo a actos de desobediencia civil pacífica. De momento reculan, pero acabarán haciéndolo porque no tienen otra salida. 

El peso de este informe de la guardia civil obviamente, será el que cada cual quiera darle y él mismo pruebe. Va por delante que, con declaraciones como las del jefe político del cuerpo, Zoido, según las cuales el 1 O la violencia fue obra de los votantes y no de los que los aporreaban, el informe será inenarrable. Y, al tiempo, inútil en la era del vídeo universal. En uno de esos 404 episodios de violencia, según la guardia civil, un señor mayor tropezó y cayó al suelo. Según un par de vídeos desde ángulos distintos, el señor mayor, un alcalde, cae porque es golpeado por el escudo de un agente. 

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Necesitan que haya violencia para aplicar la plantilla represiva del País Vasco porque no se les ocurre nada más. La manifestación del domingo es la prueba de que el encarcelamiento, el exilio, el embargo de los dirigentes independentistas mantiene movilizada a una sociedad hace meses en una actitud masiva, democrática, pacífica, que se ha desplegado a los ojos de todos el mundo. Intentar "batasunizar" el independentismo catalán es algo tan repugnante como estúpido. 

Porque todo el mundo ve que no hay más violencia que la que aplica el Estado en sus innumerables variantes: aporreamiento con uniforme o sin uniforme, medidas arbitrarias, procesamientos, encarcelamientos, intervención económica, prohibiciones caprichosas, restricciones de todo tipo. El movimiento es unitario y pacífico y, por mucho que fabulen los medios unionistas, seguirá siéndolo. 

No hay rebelión, no hay sedición, no hay terrorismo. No hay causa judicial. Falta y faltará la violencia que los medios no podrán inventarse ni los jueces fabular.

Los CDR no son violentos. Son una respuesta de la autoorganización popular al incremento de la represión del Estado. Se orientan hacia la desobediencia civil pacífica. Sin duda toda desobediencia civil implica incumplimiento de alguna ley y llevará el correspondiente castigo. El desobediente civil no lo rehúye porque su acción tiene un valor ejemplificador, para conseguir un cambio del legislador. Se desobedece la ley por razones de conciencia como se ha hecho tantas veces antes, cuando los insumisos en el ejército español o la oposición a la guerra del Vietnam en los EEUU.

Llamar terrorismo a eso es lo verdaderamente terrorista,

lunes, 16 de abril de 2018

La calle, los presos y el eco berlinés

Bueno, pues jornada de alfa y omega. Empezamos el día en la calle, en la mani por la libertad de los presos políticos y lo terminamos tragándonos íntegra la entrevista que le hacía después Vicent Sanchis, el director de TV3,  a Puigdemont en Berlín pasmados ante el arrojo del entrevistador sobre quien pesa un 155 mediático que ahora se recrudecerá vía tribunales.

La avenida del Paralelo presentaba este aspecto, más o menos hacia su mitad, quizá en Poble Sec. Hacia delante, el puerto. Hacia atrás, desde aquí, en dirección a la Plaça d'Espanya, otro tanto. En realidad, la foto está tomada a la altura de la cabecera, de la que acompaño también una imagen más abajo. La multitud era impresionante. Por la cantidad y la civilidad. Las papeleras a rebosar al final, pero ni un papel en el suelo.

La guerra de cifras acostumbrada se mueve en una gama de 315.000 según la guardia urbana y 910.000 según el CEEC, Centro de Estdudios Estratégicos de Catalunya. Tómese la cantidad que más plazca. En todo caso, cientos de miles. Cientos de miles de ciudadanos se echan a la calle un domingo por la mañana y la tiñen de amarillo para reclamar la libertad de sus presos políticos. Ya tiene mérito y es una prueba de fuerza pacífica y democrática. El amarillo ese que, en forma de lazo, parece ofensivo a no sé qué ministro. Pues ahí iba una ofensa casi como un dragón chino con un lazo a modo de veneranda imagen.

La cabecera es un programa: Por los derechos, las libertades, la democracia y la cohesión. Os queremos en casa. Vertiente política y vertiente humana de una formidable acción colectiva que ha tenido amplia cobertura internacional. Una movilización en masa coordinada por las asociaciones, ANC, Ómnium, los CDR, que el Estado pretende criminalizar convirtiendo la desobediencia civil en terrorismo y por la voluntad de auto-organización de la gente, patente a nada que se miren las redes virtuales en conexión con las materiales. 

Si el Estado cree contener y menos reprimir o extirpar este movimiento considerándolo como un problema de orden público reservado a la policía, los jueces y las cárceles, vive en otra realidad paralela. 

Por la noche, la entrevista de Sanchis a Puigdemont, absolutamente recomendable. Una hora y cuarto de un recorrido exhaustivo de la cuestión España-Cataluña en serio. Entre la multiplicidad de asuntos tratados que iban de lo general a lo concreto, de lo teórico a lo práctico, cabe trazar una distinción: los ideológicos, estratégicos y los tácticos, de cálculo. Estos últimos, muy variados (si elecciones sí o no, govern y 155, relaciones internas al bloque indepe, etc) son, por naturaleza, opinables, unos más convincentes que otros y no hacen aquí al caso.

Lo esencial de la entrevista afecta al terreno más declarativo, ideológico, estratégico, que se formula entreverado a lo largo del discurso presidencial. En concreto en manifestaciones consecutivas: el principio de legitimidad y el toque gaullista. Puigdemont deja claro repetidas veces que es el presidente legítimo de la Generalitat, ratificado por el Parlament. Esa legitimidad le viene dada, a su juicio, por el mandato popular formulado el 1-O y el 21 de diciembre e interpreta varias veces la manifestación por la libertad de los presos políticos como una reafirmación de dicha voluntad. La legitimidad tiene una base popular que sus adversarios tachan de populista con escasa razón.

Esa legitimidad adquiere un tono gaullista cuando se especifica el sistema dual de la Vª República francesa organizada según quería el general De Gaulle: una jefatura de Estado, aquí llamada Consejo para la República, obviamente presidido por Puigdemont, y un govern  para los asuntos internos en el arco estatutario... hasta donde se pueda. En realidad, el toque gaullista brotó ya en el momento en que, siendo Catalunya invadida por el 155, Puigdemont y su gobierno se exiliaron. Luego no ha hecho sino consolidarse. Hasta el punto de que sus enemigos lo acusan de bonapartismo, algo en la tradición gaullista. Por la vía metafórica, esa riada pacífica, democrática, cívica, viene a ser como los poderes de esa legitimidad. Puigdemont la personifica, pero no la agota porque emana de un entramado común y unitario de acción de organizaciones sociales, partidos políticos, instituciones, sectores profesionales, todo tipo de asociaciones.  

Por eso insiste el entrevistado en que siendo el movimiento unitario pero plural en su interior, así lo será el Consejo para la República. 

Porque esto va de República. 

domingo, 15 de abril de 2018

Libertad de los/as presas/os políticas/os


Mi tocayo, Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882), madrileño como yo, además de muy estimable escritor, era un tipo inquieto y por eso firmaba a veces como el curioso parlante. Anduvo curioseando por muchas partes para escribir sus interesantísimas Escenas y tipos matritenses, fuente de documentación sobre cómo eran Madrid y los madrileños a mediados del XIX y como son ahora en buena medida. Algo parecido me pasa con Barcelona. Pero confieso que, si hubiera de escribir unas Escenas barcelonesas, lo tendría más fácil que Mesonero porque hace años que Barcelona ha sustituido a Madrid como manifestódromo. Si no en cantidad, sí en calidad. No porque las barcelonesas sean mejores que las otras en ningún sentido sino porque son las más reiteradas y frecuentes en el ámbito político decisivo hoy en España: independencia de Catalunya sí o no. Manifestaciones, movilizaciones, concentraciones en favor y en contra de la independencia con evidente frecuencia. 

Un juego interesante luego es comparar las manifestaciones pro y contra la independencia respecto a varios asuntos: cantidad de asistentes, organizaciones convocantes, violencia sí o no, agresiones a viandantes sí o no, limpieza y cuidado del mobiliario urbano sí o no, agresividad y amenazas en los discursos sí o no, tratamiento equilibrado en los medios sí o no. Y, con eso, cada cual saca luego sus conclusiones.

Hoy hay una enésima manifestación independentista en Barcelona específicamente dedicada a reclamar la libertad de los presos, los exiliados y los embargados por razones políticas. Promete ser un acto de enorme asistencia y seguro que es de muy civilizado recorrido y sin incidentes, salvo los que puedan seguirse de provocaciones externas. Es una manifestación con un doble mensaje: al interior y al exterior. Al interior va directamente a Bassa, Forcadell, Junqueras, Forn, Turull, Rull, Romeva, Sánchez y Cuixart, sobrevolando los cientos de kms que los separan de su casa y haciéndoles sentir al cariño y el aliento de un pueblo. Al exterior se dirige a Gabriel, Rovira, Puigdemont, Ponsatí, Borrás, Comín, Serret y Puig con el mismo significado y también a la comunidad internacional. Es una manifestación para hacer ver al mundo la falta de libertades en una España que dice ser Estado de derecho pero funciona como una dictadura de hecho.

Una manifestación gigantesca, probablemente como no la haya habido hasta ahora, con dos consecuencias una dependiente de la otra. La primera la unidad del movimiento independentista es tan fuerte como siempre y eso se observa en que no hay diferencias entre detenidos y represaliados: son gentes de PDeCat, JxC, ERC y CUP. Todos. Unidad que hace gala de un apoyo social inmenso, un grado de implicación de la sociedad civil (la de verdad) nunca antes visto y un compromiso que garantiza la solidez del movimiento (incluso económica porque funcionan a todo meter las cajas de resistencia) y su reproducción en la medida en que cada lugar que quede vacante por procesamiento será cubierto por otra persona hasta que el Estado acabe negociando una solución a la desobediencia civil que no sea acusarla de terrorismo. Cosa que ya ha visto que no puede hacer.

La segunda consecuencia: el fracaso rotundo del plan gubernativo de represión. El bloque del 155 aplicó este artículo ilegalmente y convocó elecciones creyendo que las ganaría los llamados "constitucionalistas", o sea, unionistas. Las perdieron. No quieren reconocerlo ninguno, ni PP ni C's ni PSOE; pero las perdieron y, mientras no lo reconozcan, la situación no tendrá arreglo. 

Además de este fracaso se da el mucho más sonoro del plan de sofocar el independentismo a sangre y fuego, aplicando aquí la plantilla del País Vasco. Dijeron (lo dijo Sáez de Santamaría) que, encarcelando a las "cabezas" del independentismo, no pasaría nada: un par de semanas de algaradas y luego tranquilidad, como en el País Vasco. Llevamos cinco meses y la presión y movilización sociales no solo no disminuye sino que aumenta. Fracaso absoluto.

Tan absoluto que ahora lo han intensificado, aplicando a Catalunya la plantilla País Vasco/ETA y por eso el fiscal empezó la tirada pidiendo imputación de terrorismo para Tamara Carrasco, miembro de un CDR. El intento de criminalizar a los CDR e imputar al conjunto del movimiento una violencia inexistente pero que necesitan todos como agua de mayo, sobre todo los jueces, para poder construir unos imaginarios delitos de rebelión y disfrazar de judicial una decisión puramente política: encarcelar a los adversarios del gobierno.

Tampoco van a conseguirlo, como se verá por la manifestación de hoy en Barcelona, masiva y pacífica y su eco en el extranjero.

viernes, 13 de abril de 2018

Fin de trayecto

Ayer se lo maliciaba Palinuro, perro viejo conocedor de las gentes: el juez Llarena no dejaría salir a Sánchez a su investidura diciendo que la decisión del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas no le vincula. Sin duda. Ni ese comité ni ningún otro comité terrenal. Solo le vincula la voluntad divina, y en cosas celestiales. En todo lo demás, él decide omnímodamente. El Comité dirá lo que quiera pero a él le consta que, si Sánchez sale, hay gran riesgo de reiteración de la actividad delictiva que se le supone, porque aún está por probar. Pero eso no importa. A fuer de agudo, el juez es zahorí. Aunque quizá poco pragmático. Si tanto le consta que el pérfido Sánchez proseguirá su hasta ahora inexistente actividad delictiva, su interés, sin duda, es dejarlo salir por si, en efecto, cumple su premonición y delinque y así quizá pueda él acusarlo por el segundo delito si no lo consigue por el primero. 

No todo han de ser noticias ridículas de los tribunales. También las hay serenas. El juez que ha tomado declaración a la temible terrorista detenida el día anterior y llevada a su presencia como si fuera una comando suicida, la ha puesto en libertad bajo fianza y ha descartado imputarle delito de terrorismo como pedía el ministerio público, dejándolo en desórdenes públicos. No es tan imaginativo como el del bombástico fiscal. Parece ser tradición en el oficio emplear prosas flamígeras para aliviar la sequedad judicial. Terrorismo llamaba el fiscal a un corte de autopista o cosa similar. Estoy esperando a ver cómo califica un atentado con muertos. 

La fiscalía no se anda por las ramas. El gobierno necesita probar que en Catalunya hay violencia, terrorismo, atracos a la luz del día, atentados y bombazos para aplicarle la plantilla País Vasco que tan buen resultado dio a los de su cuerda a finales de los años 90. El por entonces superjuez Garzón, hoy dirigente de la izquierda desperdigada, instruyó una macrocausa contra el independentismo vasco al grito judicial de todo es ETA. Se detuvo y procesó a decenas de personas, se ilegalizaron asociaciones y partidos, se encarceló a sus dirigentes, se cerraron dos periódicos, Egin y Egunkaria y se mandó al trullo a quienes los hacían. Todo para que los tribunales reconocieran muchos años después que aquello había sido ilícito, que los periódicos no debieron cerrarse ni la gente ir a la cárcel. Años después también se acababa ETA  que, sin embargo, no se ha acabado. Éxito, pensaron los estrategas políticos y judiciales de la hazaña. Lo mismo pasará en Catalunya. El independentismo es terrorismo y, por tanto, todos a la cárcel. Y, cuando estén todos en la cárcel, ya verás cómo se callan.

Todos, en Catalunya, son más de dos millones. 

Falla un poco lo de rebajar a desórdenes públicos. Pero es más congruente con una idea menos disparatada de cómo habérselas con la muy previsible desobediencia civil masiva que se dará en Catalunya. El juego está exactamente aquí: si el independentismo pone en pie un movimiento de desobediencia civil (que solo puede tener una represión judicial de "baja intensidad") al Estado le será muy difícil combatirlo e imposible hacerlo con la absurda acusación de terrorismo. Si esta se mantuviera, en realidad, el terrorista sería el Estado.  

Así las cosas, Torrent ha reaccionado a la previsible negativa de Llarena como suele: aplazando y amenazando con querellas contra el Tribunal Supremo, por decir algo y pasar el rato. Sabían que la propuesta no prosperaría. Igual que la querella y cualquier otro procedimiento en el marco de la legalidad del 155. Pero así van pasando los días, camino del agotamiento del plazo y la convocatoria de nuevas elecciones. 

Al final, aquí solo parece haber dos posibles soluciones: o el Parlament propone a Puigdemont y el Estado le permite tomar posesión o hay nuevas elecciones en las que obviamente, habría una lista de país encabezada por Puigdemont e incorporando a todos los consejeros presos y exiliados. 

Es curioso cómo este gobierno de franquistas impenitentes no comprende que no tiene medio alguno de resolver el contencioso con Cataluña como no sea al estilo "bombardeo cincuentenario". 

Y eso no van a permitírselo en Europa. 

jueves, 12 de abril de 2018

Investir y resistir

Aquí, mi artículo de elMon.cat de ayer, titulado La investidura com a pedra de toc y en el que se consideran las posibilidades de la jornada de investidura de Sánchez mañana en el Parlament. No estoy nada seguro de que el juez Llarena permita que Jordi Sánchez salga de prisión a tomar posesión. No hay que olvidar que la política de la banda de ladrones franquistas en el gobierno es provocar cuanto pueda en Cataluña en espera de que haya una reacción violenta para justificar la dictadura del 155 y demás barbaridades. Y a esa política se ciñen todos: gobierno, ministros, jueces, curas, periodistas, sobre todo si, como suele pasar, están a sueldo de aquella.

Por si hubiera alguna duda, ahí viene el Tribunal de Orden Público de Franco (hoy llamado Audiencia Nacional) escuchando a los fiscales que califican de terrorismo y rebeldía actos de resistencia y desobediencia civil de los CDR. La intención es transparente: inventarse los delitos, como ya hicieron con la política garzoniana en el País Vasco de "lucha contra el entorno de ETA" o, más simplemente, todo es ETA. La intención es patente: hablar de terrorismo en Catalunya para criminalizar los CDR y el movimiento independentista catalán. Por supuesto rompiendo no solo los principios del Estado de derecho (que molesta a estos franquistas) sino cualquier concepcion medianamente demorática y humanista de la acción política.

La banda de ladrones peperos, constituida en gobierno franquista pretende retornar a la dictadura y abolir la escasa pátina de democracia que todavía queda en España. Si lo consiguen en Catalunya, lo conseguirán en todo el Estado.

Por fortuna, no será así. Catalunya no es el País Vasco. La República Catalana es ya un hecho con apoyo mayoritario en Catalunya y crecientes simpatías en el ámbito internacional.

Tendrán que acusar de terroristas a dos millones de personas. Son capaces, desde luego, dado su acendrado fascismo y profunda estupidez. Pero Europa no lo permitirá.

Aquí la versión castellana:


La investidura como piedra de toque

El bloque independentista ha alcanzado un acuerdo para investir a Sánchez en segunda vuelta. Se entiende que mediante la abstención de la CUP. Una forma en que esta plantea su objeción, pero no bloquea. Bloquear es cosa que queda para el Estado. Suponiendo que la otra cuestión del voto delegado quede resuelta en sentido positivo, está por ver si el juez Llarena autoriza la salida de prisión del candidato. A la vista del pronunciamiento del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas parecería lógica la autorización. Pero en este procedimiento la lógica no es condición asegurada. El juez puede decidir que la recomendación del Comité no lo vincula y mantener a prisión a Sánchez.

Esta hipótesis, ya formulada en el campo independentista, no actúa como criterio disuasorio de la propuesta de investidura. Al contrario, es especial interés de aquel agotar todas las existencias de propuestas conciliadoras antes de retornar a la que exige un puro criterio de legitimidad: proponer al MHP Carles Puigdemont.
La propuesta de Puigdemont –que ya ha sido expresamente rechazado como interlocutor por el presidente M. Rajoy- será inevitable, incluso aunque Llarena autorice el desplazamiento de Sánchez. La autorización es provisional y no paraliza el proceso, de forma que el mismo juez puede proponer la inhabilitación posterior de quien ha autorizado ahora a desplazarse. Sería de nuevo un presidente de la Generalitat encarcelado e inhabilitado.

Así las cosas, la inevitable propuesta de Puigdemont situará el proceso exactamente en el momento en que ahora está (y siempre ha estado, aunque no se haya reconocido), esto es, en el momento político. La disparatada judicialización del conflicto está siendo desmontada pieza por pieza en distintas instancias judiciales europeas. La acusación de rebelión en el caso de Puigdemont no se acepta y la de malversación lleva el mismo camino. Lo más probable es que Puigdemont quede en libertad en Alemania y sea ya patente para todo el mundo que aquí no hay causa judicial y sí, en cambio, un profundo problema político, una crisis constitucional española.

A este almiar del rechazo a la extradición de Puigdemont se unen otras decisiones menores pero muy significativas: la libertad sin fianza de las personas exiliadas en Bruselas y la muy probable de Ponsatí en Escocia. Realmente, no hay causa judicial.

Hay persecución política que Europa parece cada vez menos dispuesta a tolerar. Toda la peripecia de la detención y trámite de extradición del presidente Puigdemont en Alemania denota una creciente presión exterior sobre el gobierno español que este no está en condiciones de resistir sin deponer su actitud intransigente basada en la represión y la negativa a todo tipo de negociación.

El éxito de la internacionalización del conflicto ha sido rotundo. En política interior y en mitad del guirigay que M. Rajoy tiene montado en su partido y en el país en general, le venía muy bien el recurso al art. 155 con el aval del PSOE, hasta constituir el frente nacional español de PP-PSOE-C’s. Sin embargo, el asunto no está hoy tan claro. El 155 es una norma de plenos poderes sin límite material ni temporal y solo implícitamente territorial. El único control que conoce a un posible abuso de poder del gobierno es la fiscalización del Senado que aquí no existe porque el partido de M. Rajoy tiene en él mayoría absoluta. En realidad, a efectos internos, el gobierno puede hacer en Catalunya lo que quiera invocando el 155.

De ahí que la mayor insistencia del bloque independentista sea la retirada del 155, cosa de la que no hay garantía alguna tratándose de M. Rajoy. Y muy improbable porque el mismo Rajoy avisa de que el presidente deberá “cumplir la ley”, la suya. Y, si no lo hace, 155 otra vez.

En realidad el límite más eficaz hoy al abuso del 155 es la internacionalización del proceso y la atención que ahora le prestan los gobiernos, exteriores, las cancillerías, los partidos políticos y los medios de comunicación. No es un buen criterio proveerse de unas armas tan mortíferas que no se puedan usar. Está claro que, con el 155 como se ha aplicado hasta hoy, puede cerrarse el Parlament y suspender la autonomía catalana. Son posibles estas y otras medidas represivas al amparo, por ejemplo, de la injustificable Ley de Seguridad Nacional de 2015, pensada básicamente contra Catalunya y perpetrada al alimón por Rajoy y Rubalcaba. O llegado el caso, al abrigo de un estado de excepción declarado; no como el 155, que lo es vergonzante. Son medidas posibles, desde luego. Pero no probables por no ser verosímiles en el contexto de la UE.

Y todavía no se ha hablado de la situación que se crearía si los sectores más decididamente independentistas se salen con la suya de responder al aumento de la represión con una convocatoria de huelga general.

La intransigencia represiva del Estado es un camino sin salida. La opción independentista de negociarla de igual a igual y con mediación internacional apunta hacia ella.

miércoles, 11 de abril de 2018

La desmesura

En 1854, un joven Antonio Cánovas del Castillo publicaba un libro titulado Historia de la decadencia de España. Con el tiempo, aquel joven llegó a primer ministro del país que consideraba en decadencia. Y en decadencia lo dejó al morir un año antes del mítico 98. Y en decadencia siguió. Y siguió incluso cuando, tras una cruel guerra civil, una dictadura pretendió devolverlo a la senda imperial, hundiéndolo aun más. Y en decadencia continuó; hasta hoy. La decadencia es sinónimo de España hace siglos. Explicaciones y propuestas de soluciones hay para dar y tomar. Pero una parece incuestionable por ser de carácter mercantil: una clase dominante tradicional, una oligarquía de elementos nobiliarios, militares, eclesiásticos consiguió destruir uno de los imperios mayores y más ricos del mundo por pura incompetencia. Hasta el punto de dejar a la metrópoli arruinada. Fantástica ineptitud consistente en que los gobernantes (de los austrias y los borbones) jamás tomaban las medidas necesarias para resolver los problemas de la forma más provechosa para el país. Ni siquiera los entendían porque el país (eso que luego fue "nación") no le importaba nada y su pueblo, menos.


Una vez más la fabulosa incompetencia de la oligarquía española se hace patente. Desde el comienzo de la actual etapa del procés estuvo claro que el independentismo llevaba la iniciativa política. También lo estuvo que el nacionalismo español no comprendía la naturaleza y el alcance del movimiento catalán. Básicamente a causa de su habitual arrogancia que lo lleva a pensar que lo que no se dice y no se hace en castellano, no existe y menos si no es en Madrid. 

En resumen, desde el principio ha estado claro que, al adoptar una actitud de intransigencia y represión el bloque del 155 no sabía en dónde se estaba metiendo. Traía en la memoria el plan de acción antiterrorista del País Vasco. Y es el que pretende imponer a la fuerza en Catalunya en donde, si no hay violencia, se inventa; y, si tampoco hay terrorismo, también se inventa.

La "batasunización" del independentismo catalán es una maniobra propagandística del B155 (PP, PSOE, C's), una forma de criminalización de aquel. Una prueba más de que la causa por rebelión del juez Llarena es un juicio político por ideas, una persecución de los adversarios políticos instrumentalizando el poder judicial. La ampliación del concepto de rebelión hasta los cortes de tráfico o la supresión de los peajes convierte en punible por vía penal el ejercicio de derechos fundamentales. 

El objetivo de estas desmesuras del Estado es buscar la violencia que los jueces necesitan para construir sus imputaciones de rebelión allí en donde no la hay. Si no la encuentran está dispuesto a sembrarla en provocaciones. 

El Estado necesita violentos y terroristas, aunque sean inventados, para justificar su cerrada actitud represiva.

Y con todo tanta desmesura es inútil. Las recetas del País Vasco no funcionan en Catalunya. El grado de compromiso de la población con un objetivo independentista es muy alto, como también lo es la relación entre el movimiento y sus diversos centros de dirección. Uno de ellos es precisamente la cárcel y el exilio. Algo nada infrecuente en el Estado español. Pero no hay cárceles suficientes para más de dos millones de personas.

El B155 es la nave capitana de la decadencia de España.

domingo, 8 de abril de 2018

Vuelve el momento gaullista

La peripecia de Puigdemont desde que, al marchar al exilio, internacionalizara el conflicto España-Catalunya, no solamente ha conseguido un éxito muy notable hacia fuera, pues ha puesto la cuestión en el orden del día de la política Europea, sino también hacia dentro. A pesar de las campañas descrédito de los publicistas a sueldo de la derecha insultando al MHP, tildándolo de "prófugo", "cobarde" o "traidor", su figura se ha ido agrandando poco a poco, se ha ganado una amplia audiencia en Europa y, lo que también tiene su importancia, ha funcionado como un referente, como un ejemplo que ha galvanizado a otros sectores del independentismo y ha animado a personas tan valiosas como Anna Gabriel y Marta Rovira a escoger el camino del exilio. Esta función de Puigdemont como un símbolo para la resistencia y el combate, vuelve a aureolarlo con el prestigio del líder gaullista que ya mencionamos en otros posts anteriores. Al igual que De Gaulle, Puigdemont fija su residencia en el extranjero (el general francés lo hizo en Londres), desde donde seguirá animando la lucha por la independencia de la República Catalana y el cese de la intervención española, como De Gaulle había luchado por la liberación de Francia.

El acuerdo de la mesa del Parlement con la aquiescencia de la CUP era proponer la investidura de Puigdemont una vez que el Estado había frustrado las dos alternativas de Sánchez y Turull a base de mantener al primero en la cárcel y encarcelar sin más al segundo. En el caso de Turull, la CUP se desvinculó del acuerdo y se abstuvo en la votación de investidura con lo que esta no se produjo en primera vuelta y el Supremo lo encarceló y tampoco hubo segunda votación. Turull no sería presidente, como no lo sería Sánchez porque al juez Llarena no le da la gana, porque razones de peso no hay. 

Se planteaba así un retorno a la posición original. El B155 no estaba dispuesto a permitir investidura alguna que no le gustara. En consecuencia, volvía a estar activa la primera opción, esto es, investir a Puigdemont, sobre quien recaía la legitimidad de la presidencia de la República Catalana. Renacía el momento De Gaulle. 

En el ínterin, el Comité de Derechos Humanos (CDH) de la ONU exigió que se respetaran los derechos políticos de Sánchez, entre ellos, los de sufragio activo y pasivo. Sánchez se declaró dispuesto a renunciar a su acta para facilitar las cosas, pero la decisión del CDH venía a cambiarlas sustancialmente. 

Quizá sea esa la razón por la que algunos no han desistido del acuerdo de investir a Puigdemont y  decidido volver a proponer a Sánchez. Entre ellos, el mismo Puigdemont. El nuevo giro produce algún desconcierto y tengo idea de que, si no es propuesto Puigdemont, la CUP retornará a su actitud de abstención. Esta vez, el asunto podría ser distinto dado que, en principio, Sánchez podría ser investido en segunda vuelta.

Pero eso solo será si, haciendo caso a la exigencia del CDH, el juez Llarena permite que el presidente de la ANC salga de la cárcel, que no está nada claro pues ya parece que los jueces españoles, siempre partidarios del sostenella y no enmendalla, están dispuestos a continuar con sus arbitrariedades en el seno de la causa general contra el independentismo que han puesto en marcha.

En ese caso, habría que proponer sin más rodeos a Puigdemont. 

Palinuro, como la CUP, cree que el presidente legítimo es Puigdemont y él quien debe ser investido. A su vez, a diferencia de la CUP, escucha al MHP recomendar que se vote por Sánchez es de suponer que, sobre todo, para demostrar una vez más la voluntad de entendimiento. A lo mejor el gobierno se digna dialogar con Sánchez ya que reitera (no enmendalla) no tener intención alguna de hacerlo con Puigdemont. Probablemente tampoco lo hará y eso si el propuesto consigue salir de la cárcel. Se cumplirá así una vez más la experiencia de que cuantas más concesiones se hacen, más hay que hacer.

Aun así, la propuesta de investir a Sánchez es admisible con dos reservas: 1ª) si Llarena no suelta a Sánchez, se producirá de inmediato la propuesta de investidura de Puigdemont; 2ª) esta se hará en cualquier caso cuando la situación judicial del MHP así lo permita.

sábado, 7 de abril de 2018

Palinuro en Segovia

Antes de la conferencia de ayer en Segovia, el digital acueducto.com entrevistó a Palinuro. Quien lea el texto observará la insistencia del entrevistador en subrayar el carácter poco frecuente, hasta extravagante, de las convicciones e ideas de Palinuro en lo referente al proceso catalán. Y también cómo, de sus palabras se sigue que los organizadores del acto (Republicanos de Segovia, Círculo republicano Antonio Machado y Segovianos por el derecho a decidir) hubieron de vencer todo tipo de obstáculos e inconvenientes para organizarlo. Bien es cierto que esto no llegó a forzar un cambio de local en la celebración, como yo había creído entender. Sin duda un malentendido por el que pido disculpas a quien se pueda haber sentido ofendido.

En España la censura de la discrepancia, el boicot a quienes propugnan algo distinto a las doctrinas imperantes, se sigue al pie de la letra en la derecha y en la izquierda. Son iguales hasta en eso, en intentar acallar la crítica. Es importante que se sepa para que esa "izquierda" que empezó quejándose de no acceder a los medios deje de mentir y engañar al personal: ahora es ella la que boicotea y trata de silenciar a quienes piensan de otro modo por los habituales sucios medios.

La Gran Guerra Sioux

Entre los misterios de Udolpho de la URJC a cuenta de doña Cristina Cifuentes y el gran robo del siglo según el calendario gurteliano, se nos había olvidado que otra idea de esta banda de presuntos malhechores había sido la de disfrazarse de partido político. Olvido imperdonable dado que es la clave de su negocio: una banda dispuesta a esquilmar España bajo la forma de un partido político, de un gobierno, una mayoría parlamentaria (relativa pero, de hecho, absoluta), unos jueces y otras mesnadas. Imposible hacerle frente porque esa banda dicta las leyes, tan omnímodamente que las cumple cuando quiere y, cuando no, las cambia; como cambia de juez cuando el juicio no le agrada, según observa agudamente Ignacio Escolar.

Un partido político tiene ritos. De vez en cuando, un congreso, una conferencia, una convención, o sea una reunión para verse, contarse y hablar... ¿de qué? El PP no tiene programa, sino argumentarios que reparte entre sus voceros mediáticos; no tiene ideario, salvas las sinsorgadas que balbucea su presidente; no tiene proyecto, salvo el de salir bien parados en sus procesos judiciales. ¿De qué van a hablar? De nada que no sea cómo salvar el pellejo en este escándalo, aquel pufo, tal estafa o esta otra querella.

Y la fórmula empleada con gallarda donosura por la dama manchega Dolores (a) Cipollino es la del cierre defensivo de filas en torno a "los nuestros", haya hecho lo que hayan hecho. San Agustín dice con tino que hasta las bandas de ladrones están interesadas en que haya legalidad, al menos en su interior, para no estar robándose también entre sí. Se adelantaba en muchos siglos a la omertá mafiosa. En el caso del PP, este principio de paz interna se postula con la habitual energía de Cospedal.

Energía de espíritu legionario, que Cospedal ha bebido en las procesiones de la SS. El punto cuarto del credo legionario, redactado por Millán Astray, el de ¡Viva la muerte!": el Espíritu de unión y socorroa la voz de ¡A mí La Legión!, sea donde sea, acudirán todos y, con razón o sin ella, defenderán al legionario que pida auxilio. Con razón o sin ella. ¿Queda claro? Todos los estamentos del país pueden esperar la dimisión de Cifuentes, pero no se producirá porque desde el gobierno con M. Rajoy, el de los sobresueldos, hasta el último concejal de la Púnica o la Médica o la Bética o la Délfica, protegen a la presidenta con razón o sin ella.

Espíritu más que legionario. Cospedal levanta "amarga" constancia de que los del 7º de caballería están solos y aislados. Rodeado por las tribus indias de los Lakota, Cheyenne y Arapaho, el general Custer/Cospedal avisa de que no se dejarán avasallarLast stand en la batalla de Little Bighorn donde los yanquies perecieron a manos de los guerreros de Caballo Loco y Toro Sentado, entre otros. 

Los jueces siguen haciendo de las suyas, metiéndose en camisas de una vara (con eso ya se pierden) a trompicones con las normas, los usos, las convenciones de la justicia europea y dejando cada vez más en ridículo a la justicia española que Cristina Cifuentes a su alma mater. La prensa alemana está pidiendo a gritos una mediación o intervención internacional en España. Y es lo más sensato que cabe hacer.

Esta banda de corruptos e incompetentes va a morir con las botas puestas, título que llevaba la peli de Raoul Walsh sobre la batalla de Little Bighorn, con Errol Flynn como Custer/Cospedal. Los jueces españoles calibran si inhabilitan o no a un puñado de políticos catalanes. Más les valiera inhabilitar cuanto antes a toda la clase política española, especialmente al B155 antes de que del país quede lo que quedó del templo de Salomón. Claro que entonces tendrían que inhabilitarse a sí mismos.

Hagan lo que quieran. En Europa han perdido ustedes todo crédito. 

En la República Catalana corresponde investir presidente a Carles Puigdemont, legítimo representante de Catalunya en las negociaciones que habrán de celebrarse bajo patrocinio y vigilancia europeas.


viernes, 6 de abril de 2018

Ara, res; Puigdemont president

Menuda jornada la de ayer. Dos frentes mediáticos en pleno zafarrancho de combate. El inenarrable episodio del master de Cifuentes y el mazazo que la justicia alemana dio sobre la calva del juez Llarena.

 El B155 recibió una tras otra. Los políticos enmudecieron o susurraron algo sobre lo mucho que respetan las decisiones judiciales. Los creadores de opinión, habitualmente parlanchines, callados como ostras. Lo más radical del gentío pidiendo en las redes la salida de la UE. La afrenta a la arrogancia española era gavísima.

Los jueces alemanes niegan que haya rebelión y dejan en libertad bajo fianza al MHP en espera de resolución definitiva. Más, si no hay rebelión, menos hay "malversación", el otro delito imputado, cuenta habida de que existen testimonios fehacientes (incluida una declaración de M. Rajoy en sede parlamentaria) de que la Generalitat no empleó un solo euro público en financiar el referéndum del 1-O. No hay causa.

Esto obliga a reconocer que la justicia alemana marca las lindes de la española, como es obvio de hecho en este caso y por exclusiva responsabilidad de los tribunales españoles que han iniciado un proceso anulado por los alemanes. Eso ya subleva a los fervorosos patriotas habituales. Pero hay más. La demarcación alemana afecta también al resto del proceso. ¿O es de recibo que Junqueras, los Jordis, etc sean condenados por rebelión cuando su jefe ni siquiera es procesado por ello? Se dirá que es debido a la no extradición, pero lo cierto es que los alemanes no reconocen la doble incriminación en este caso. Es arduo sostener que lo que no es rebelión en Alemania lo sea en España. Y fácilmente recurrible en órganos internacionales.

Como, por otro lado, tampoco pueden haber cometido delito de malversación pues el mismo gobierno la niega, solo queda el de sedición. El Tribunal Supremo parece inclinado a considerarla como una rebelión en tono menor o rebelioncilla, pero adolece del mismo vicio que la acusación de rebelión, la que objeta la justicia alemana: la violencia. No hubo violencia el 1-O ni ningún otro día. Es imposible demostrarla; ni mayor, ni menor. Lo que se pueda construir a partir de ahora a base de guerra sucia, inmfiltrados, provocaciones y provocadores, ya es otro cantar. Pero en lo actuado hasta la fecha, violencia, cero.

No hay causa. No hay causa jurídica, sino política, la posible vulneración de derechos fundamentales a porrillo por la actuación de las instituciones, incluidas las judiciales. Estas pueden decidir seguir actuando por la vía penal, dictando inhabilitaciones del personal. Pero tendrán que justificarlas invocando alguna causa que no sean las convicciones independentistas de los inhabilitados. Entre tanto, el presidente legítimo de la generalitat es Carles Puigdemont. 

A estas alturas, es patente a ojos de todo el mundo que se trta de una causa general contra el independentismo catalán. Algo en lo que ya están interviniendo factores exteriores de distinta factura.

En Bélgica se ha abierto una investigación sobre la posible actuación de agentes secretos españoles que podrían haber puesto un geolocalizador en el coche de Puigdemont. Otro asunto que explica por qué la justicia belga ha puesto en libertad a los otros exiliados en Bruselas y, según parece, hará la justicia escocesa con Clara Ponsatí. Ya se sabe que, rascas un poco en Bélgica, y sale la leyenda negra.

Lo de Suiza tiene una pinta similar. Las autoridades suizas han desmentido que hayan solicitado la detención de Falciani, condenado en su país. Es decir, el gobierno español (porque es el gobierno del 155 el que toma aquí las decisiones, todas) detiene a Falciani por propia iniciativa. No importa que haya colaborado con la policía, que España haya negado su extradición. Ahora, al parecer se le detiene para dar a entender un intercambio de rehenes: Falciani contra Rovira. Como en los tiempos bárbaros. Es difícil calificar el nivel moral de esta actitud. Como la de filtrar a la prensa hace un par de días que España pensaba comprar 50 aviones a Alemania. Puigdemont contra 50 aviones. Además de inmunda, la insinuación es falsa, porque no se trata de una compraventa directa sino de ua compra en común. Pero la bajeza de la filtración es chocante. 

Sobre el máster de Cifuentes Palinuro no escribe porque apenas da crédito a lo que lee.