Mostrando entradas con la etiqueta Catolicismo.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Catolicismo.. Mostrar todas las entradas

sábado, 15 de abril de 2017

El macizo de la raza

Continuación del post de ayer, Nacionalcatolicismo. La semana santa podría llamarse la semana española porque es en ella cuando la esencia de la raza se manifiesta en todo su esplendor. Ahí está el poder político, del ganchete con el militar, participando en una ceremonia religiosa de mucha fama, la procesión del Cristo de la buena muerte. Lo de menos es que este paso sea portado por legionarios, aunque es lo que más se comenta. Por si no lo fuera suficientemente, alguien tuvo la peregrina idea de que esos mismos legionarios fueran a cantar su himno (el que glorifica a la muerte) a los niños del pabellón de oncología en un hospital de Málaga. Venían, además a acercarles el Cristo de la buena muerte.

Lo de más es el nombrecito del paso, el Cristo de la buena muerte, obviamente un deseo salido de lo más profundo de los terrores de la muerte. Los terrores del catolicismo, inventor de eso de la condenacion eterna. Un paso que condensa el espíritu de la raza: el Cristo de la buena muerte portado por los novios de la muerte. Las postrimerías en andas de una milicia especial que se llamó en su origen "tercio de extranjeros", a imitación de la legión extranjera francesa.

Estas fechas de congoja y aflicción que las autoridades civiles, militares y religiosas católicas imponen a la población general conviven hace años con la frívola tendencia de la gente a largarse a las playas a torrarse al sol. Una dualidad que permitía luego admoniciones eclesiásticas sobre la liviandad de las costumbres y el abandono de los deberes. Pero ahora les ha salido un temible competidor con internet, las redes y la multiplicación de imágenes, mensajes, memes. Un ejemplo de contestación avasallador que reproduce las noticias con comentario libre.

Muy buena idea la de El Plural de hacer un seguimiento de los tuits de un tuitero famoso, @diostuitero con un Cristo con gafas de sol en el perfil y que suele despedirse con un "Mi paz o dejo, mi paz os doy. Seguid rezando que yo me voy". Merece la pena ver los tuits que recopila El Plural porque, además, contienen imágenes francamente divertidas.

Las redes son temibles. Twitter es un equivalente a los confidenciales, pero abierto a todos. Determina lo que es noticia y lo impone en los medios, mucho más lentos, espesos y doctrinarios. Twitter es la vida que sale al paso de los pasos y los ridiculiza y los expone en su ridiculez. Porque el punto central de la esencia nacionalcatólica española es la España negra.

Las irreverencias de Twitter e internet en general (ámbitos llenos de descreídos y de elegetebés) forman también parte del macizo de la raza, la que recurre al sarcasmo, la burla, la mofa porque no puede hacer otra cosa.

La parte del humor negro.

viernes, 14 de abril de 2017

Nacionalcatolicismo

Ahí está, por insólito que parezca para un Estado no confesional a tenor del artículo 16,3 de la CE, que reza por una parte: Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Pero si el Estado renuncia a su confesión, su brazo armado, el ejército, que tiene, entre otras funciones, la de defender su "integridad territorial", según el art. 8, hace gala de ella y decreta luto por la muerte de su dios.

Es asombroso pero si se recuerda la continuación del citado 16,3, se entienden algunas cosas:Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones. Se entienden a tavés de la habitual marrullería para colar el privilegio de la Iglesia Católica. Parece asombroso, desde luego, que el Estado se involucre a través de sus fuerzas armadas en la celebración de una leyenda religiosa de hace 2000 años que se da como un hecho fehaciente y, por razón de la fe religiosa, actual, como si se tratara de una muerte producida ayer. Pero está dentro de lo interpretable del citado artículo. ¿Qué mejor cooperación con la Iglesia Católica que participar en sus lutos?

Además, esto de andar de pasión forma parte de las creencias populares, las de la raíz tradicional en la cultura de nuestro pueblo. Como la tauromaquia, que también arranca por estas fechas y tanto nos distingue entre las naciones civilizadas del planeta.

España es católica igual que la gallina es ovípara, por naturaleza. Tengo oído al devoto ex-ministro del Interior, que quería imponer una regla trapense a la sociedad, que si España dejare de ser católica, dejaría de ser España. No es nuevo. Es una concepción muy arraigada en la derecha de siempre. El catolicismo es consubstancial a España. Está presente en la vida pública, los fastos de Estado, los medios públicos de comunicación, las políticas públicas de la administración, sobre todo en educación. La Iglesia Católica es un Estado dentro del Estado y por eso este rinde a su jefe honras fúnebres de Estado.

La ministra de Defensa de este país del siglo XXI, Cospedal, traslada al ámbito público sus convicciones religiosas. La naturaleza de estas es bien visible porque ella hace público lucimiento siempre que puede. La idea de que la confesión religiosa es un asunto privado de cada cual y no parece razonable exhibirla con todos los títulos del mando y el poder públicos ni se le pasa por la cabeza. Con lo retrechera y elegante que va ella con su peineta y su mantilla portando el cirio en la procesión de su tierra. Ella y todas las autoridades civiles, religiosas y militares, y las cofradías y hermandades, los ciudadanos pudientes, la buena sociedad y los pasos, con la rica imaginería popular, los penitentes, los nazarenos, los encapuchados, todo ello animado con música de banda militar de redobles fúnebres. 

Es frecuente escuchar el lamento (muy discutido entre historiadores) de que en España no hubo revolución burguesa. Es verdad, no la hubo, pero porque antes no había habido tampoco reforma. Al contrario, hubo contrarreforma. Y ahí seguimos.

En Trento.

sábado, 7 de enero de 2017

El cardenal desdoblado

Día señalado el de ayer para la "gran nación". Hablaron el trono y el altar, la sagrada alianza tradicional del país. El rey, con motivo de la Pascua Militar, y ya tenemos aquí al ejército, sin el cual la anterior alianza sería ilusión. El cardenal con el mismo motivo o con cualquier otro, pues la iglesia española habla cuando quiere, con motivo o sin él. Estaría bueno. De los dos discursos, el "lego", que no "civil" por ser "militar", fue el más soso y previsible: hay que luchar sin descanso contra el terrorismo. Por tal se entiende la actividad armada de organizaciones o individuos criminales con la composición, nacionalidad, religión o ideología que quieran. La incompetencia de la autoridad política con resultado de muerte de 75 personas inocentes, 62 de las cuales, además, obedecían órdenes de sus mandos, no es terrorismo. Por eso no se mencionó en la alocución real. O quizá sí lo sea y esté comprendida en esa categoría más amplia contra la que el monarca insta a la milicia a redoblar la guardia.

El discurso del purpurado, en cambio, no tiene desperdicio. Es toda una argumentación. Pero ocurre algo curioso: los medios en general traen la noticia del titular en la imagen hablando de "ideología de género" que, al parecer, también es responsable de la violencia machista y la prostitución. Todos se remiten como fuente a una "carta pastoral" de este príncipe de la iglesia, titulada La gran urgencia: salvar a la familia. He ido a buscarla, creo haberla encontrado aunque con un nombre algo diferente (la búsqueda en Google con el título que citan los medios no da resultado), La familia, urgencia inexcusble (Carta semanal del cardenal arzobispo de Valencia, 2 de enero de 2016). La he leído dos veces y la expresión "ideología de género" no aparece ni una. Es más, la carta es un mazacote indigesto con una sola idea repetida ad nauseam : que la familia, célula fundamental de la humanidad, está en peligro y los poderes públicos deben hacer lo que puedan por protegerla, consolidarla, hacerla prosperar. Repitan eso seis o siete veces y tienen lo esencial de la carta de marras. Pedir es siempre lo que mejor se le da a la iglesia. Se añade la orden de que los poderes públicos se abstengan de legislar en menoscabo de la familia; esto es, de lo que él cree que es y debe ser la familia.

Una reiterada petición de apoyo a los poderes públicos que, de no prestarlo, serían responsables del hundimiento moral de la familia, o sea de la sociedad. Pero nada de "ideología de género". Cabía la posibilidad de que la tal carta hubiera sido expurgada, pues la página en que se aloja es un sitio web católico que se llama Religión en libertad. Pero no es el caso; son gente seria, a juzgar por lo que publican: Kim Jong Un prohíbe la Navidad en Corea del Norte y ordena que se celebre el nacimiento de su abuela.

O alguien ha interpretado y hasta inventado la arenga religiosa del ilustre prelado y luego la ha difundido a todos los medios (de hecho, todos dicen más o menos lo mismo) o realmente el propio príncipe eclesial dio una conferencia o presentó al público su pastoral y ahí precisó su doctrina en esos términos más agresivos que recogen los medios. E decir, glosó, profundizó en su carta y confió al aire lo que no quiso dejar escrito sobre el papel. Se desdobló.

Vaya por la expresión ideología de género. Tiene su mala uva. Llamar "ideología" de género a lo que los feministas llamamos "perspectiva de género" pone nervioso al sociólogo del conocimiento que todos llevamos dentro. El género, dice Cañizares, no es una idea, sino una ideología, esto es, un conocimiento falso y, además, dañino. Siendo el orador un siervo de Dios, encuentra enseguida la punta herética. Además de una abominación, la "ideología de género" es un absurdo pues la iglesia no acepta el concepto de género como construcción cultural/social del sexo porque ella sigue llamando al sexo, sexo y, según Cañizares, sabe lo que es el amor y el matrimonio, (...) la verdad y la grandeza de la sexualidad. De sexualidad, los curas no saben nada y, si algo saben, es por malas artes.

El problema de la doctrina cañizaresca viene justo del propio enunciado de "ideología de género" porque esta es uno de los pilares de la iglesia, aunque más de la católica que de las protestantes. Toda la concepción cristiana de las mujeres y su relación con los hombres (no hablemos ya de los dioses) está recorrida por esa ideología patriarcal de género como una cadena. Una cadena interna y externa. Lo que irrita a Cañizares no es la ideología de género, sino la de un género que no sea patriarcal. Pero él no se da cuenta; es la cadena interna. Lo que le importa es que funcione la externa, esto es, que las mujeres no se escapen, que acepten la función que les corresponde en la familia asentada sobre el matrimonio único e indestructible, entre un hombre y una mujer, abierto a la vida; lo de "abierto a la vida" se completa y precisa más tarde con un los derechos de los hijos a nacer, con lo que queda claro que la iglesia sigue sin aceptar el divorcio ni el aborto. Por supuesto, ni hablamos de la posibilidad de mujeres sacerdotisas. A eso es a lo que quiere Cañizares que se adapten las mujeres y no caigan víctimas de la "ideología de género".

Este ideólogo de género macho alfa, subgénero eclesial, viene ya como un san Jorge a liberar a la princesa de Trebizonda de las fauces del dragón ideológico de género, que es el mal. Cómo el bueno de san Jorge, que murió decapitado, acabó alanceando dragones es un misterio que seguramente viene de la inventiva de Jacobo de Vorágine, que echó mano del mito de Perseo y Andrómeda. Pero este ejemplo no valdría para el prelado porque, a diferencia del casto san Jorge, Perseo iba animado de una concupiscencia ardiente.

El nuevo san Jorge acomete al dragón afirmando que la "violencia de género" (¿acaso no lo dice ya la fórmula?) y la prostitución son productos de la diabólica "ideología de género". Ambos fenómenos son tan antiguos como las sociedades patriarcales, el de la prostitución con ese mismo nombre ("el oficio más viejo, etc") y el de la violencia machista con ninguno hasta que se inventó lo del "crimen pasional". ¿Qué más quiere la víctima que el héroe la mande a la inmortalidad de un balazo? Uno podría sospechar que hay algo desajustado en el hecho de poner el efecto mucho antes, una eternidad, de la supuesta causa. Pero ya se sabe que desde los tiempos de Hume, eso de la causalidad no está nada claro, así que ¿por qué no va a ser la "ideología de género" de hoy causa de la prostitución en Babilonia, por ejemplo, llamada "causa retroactiva"?

El problema no es que el purpurado tenga una concepción dogmática y sectaria de la familia. Cada cual tiene libertad de concepciones. El problema empieza cuando el mismo purpurado, ya rojo de santa ira, sostiene que quienes profesan una idea y práctica distintas de las suyas, por el mero hecho de existir, ya suponen un peligro para la familia católica. Exactamente ¿por qué?

Por la misma razón por la que considera que es una maldad adoctrinar a niños en ideología de género que no sea la suya: porque lo dice Dios, que habla por su boca.

sábado, 4 de junio de 2016

El cinismo del Arzobispo

Utilizo el término "cinismo" no con mucha seguridad. No estoy enteramente cierto de que quepa calificar la actitud del Cardenal Cañizares de "cínica". Quizá, casi seguro, es algo mucho peor. Pero no sé cómo calificarlo. Me viene a la cabeza el "sepulcro blanqueado" del Evangelio; pero no me parece suficiente. La "falsedad" es demasiado unilateral. Se amontonan las posibles expresiones: ignorancia, provocación, estulticie, arrogancia...

Vayamos al relato de los hechos. El clérigo se despacha en dos ocasiones en dos púlpitos distintos llamando a los católicos a desobedecer las leyes vigentes porque son fiel reflejo de lo que considera "ideología insidiosa de género, la peor de la humanidad" y el "imperio gay", que suenan como la trompeta del Apocalipsis y la llegada del imperio del Mal, Gog y Magog. Lo comenta Palinuro en un post titulado Delirios patriarcales.

Llamar a la desobediencia a la ley vigente por razones de conciencia, o sea, incitar a la desobediencia, puede ser algo moralmente muy puesto en razón (y según la moral de cada quién), pero jurídicamente es inadmisible. El Arzobispo no entiende (o, si lo entiende, no lo admite) que, en un Estado de derecho, la supremacía de la ley no admite supeditación a nada que no sea ella misma. No entiende (o no admite) que la Iglesia, como asociación civil que es, está sometida a las leyes del territorio y que sus feligreses, uno a uno, sin importar su rango interno y todos juntos están en igual situación de sujeción al ordenamiento jurídico.

Y las leyes vigentes se acatan, obedecen y cumplen, por muy insidiosas que le parezcan al clero o a la parte más cavernícola de este, por muy inaceptables que a este iluminado y el resto de sectarios le parezcan los derechos de los gays y el principio de igualdad activa de las mujeres y los hombres. Otra cosa, insisto, es si ese clero está dispuesto a llevar su desobediencia hasta el sacrificio, como hicieron los antiguos mártires, de los que tanto se enorgullecen. Pero no veo al Cardenal Cañizares, con lo que le gusta el boato, vistiendo uniforme de recluso y mucho menos siendo pasto de los leones.

Doña Mónica Oltra, muy en su función de gobernante democrática, le recuerda al prelado que las leyes se cumplen y pide que intervenga la Conferencia Episcopal. Buena idea, aunque delata cierto poso de respeto humano cristiano. Quien debe intervenir es la Fiscalía, si ha lugar a actuación judicial. Si no lo hay, debe responderse en clave política desde el gobierno valenciano. La Conferencia Episcopal, que haga lo que quiera.

No ha dado tiempo: monseñor Cañizares ha acusado a Oltra y al gobierno valenciano de ser como los franquistas y querer censurar las homilias.

Bueno, aquí es donde salta mi perplejidad. ¿Es cinismo? ¿Es estupidez? ¿Es provocación? ¿Qué es esto? ¿Ignora Cañizares que la Iglesia católica fue el más firme puntal de la dictadura franquista, junto al ejército y la policía política? ¿No se acuerda de que el dictador entraba en las iglesias bajo palio? ¿Que nadie jamás censuró una homilía de cura alguno? ¿Que, al contrario, la censura de todos los demás estaba a cargo de los curas? ¿Que los curas prohibían libros, revistas, películas, piezas teatrales, todo lo que no les cuadraba? ¿Que fueron delatores, espías del régimen y que, en bastantes casos colaboraron directa y físicamente en la represión, en los asesinatos de la postguerra? Ya solo falta que nos acuse a los de la "ideología" de género, o sea, a l@s feministas de nazis, como hacen sus trolls en las redes.

Se entiende el torcido propósito del clérigo: salvar a la Iglesia del baldón del colaboracionismo con el régimen de Franco hasta el final a base, supongo, de generalizar a todo el clero español y a la iglesia en su conjunto, el comportamiento de algunos contados curas que en el franquismo tardío de los setenta colaboraron con la oposición.

Es un intento cínico de falsificar la historia. Y estos predican que, según mandamiento de su dios, no se puede mentir.

martes, 31 de mayo de 2016

Delirios patriarcales

Todo lo que sobra al cardenal Cañizares en la cola de su capa cardenalicia le falta en raciocinio. Desde lo alto del púlpito, su eminencia ha arremetido contra el "imperio gay" en defensa de la familia y en contra de las leyes basadas en la "insidiosa ideología de género". En defensa del Patriarcado (aunque él no lo llamará así sino que recurrirá a fórmulas como "esencia del ser humano", su "condición natural" o su "vocación divina") llama a la desobediencia a las leyes basadas en esas monstruosas ideas de considerar a los gays como personas con dignidad y derechos o a las mujeres iguales a los hombres.

Por favor, ¡las mujeres iguales al cardenal Cañizares! No sé quién debiera enfadarse más.

Desobedecer la ley. Si lo anuncian los independentistas catalanes se les dice que se les caerá el pelo. Lo propugna Cañizares y nadie se da por aludido. Porque la Iglesia en España es un Estado dentro del Estado. Un prelado pidiendo al personal que quebrante la ley. Desobediencia civil. Es muy fuerte, en principio, pero no tanto cuando se recuerda que hablamos del casuismo católico. Los católicos se oponen a la desobediencia civil, según y cómo. Aún está reciente una sentencia avalada por el Supremo que reconoce la objeción de conciencia a un farmacéutico que se negó a despachar a una cliente la píldora " del día después. O sea, la desobediencia en sí es inadmisible por ser mala, pero la Iglesia la admite cuando puede ocasionar un mal peor.  

Se dirá, siempre se dice, que la Iglesia tiene derecho a hablar a los suyos. Con nosotros no va y, si escuchamos, es porque somos unos cotillas. Piano, piano. Esa Iglesia desobediente se financia con el dinero de todos, creyentes y no creyentes, por tanto, está obligada a respetar a los no creyentes... o prescindir de su financiación. Ánimo, que pruebas más difíciles se han dado. Si los curas encuentran imposible dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César porque también quieren quedarse con esta parte, la del Cesar, tendrán que aguantar que los ciudadanos normales digamos lo que pensamos sobre la Iglesia cuando esta se expresa en lo que nos afecta, hágalo en un templo o en un partido de fútbol.

Esto sin contar con que los curas se afanan en difundir sus prédicas y doctrinas a los cuatro vientos, por encima de sus rebaños, a través de sus propios medios de comunicación. Esos medios hablan a todo el mundo, no solo a los miembros de la secta católica. Y lo hacen con el dinero de todos, tanto si no rellenan la casilla de la Iglesia en la declarción del IRPF como si lo hacen, cual es el caso, parece ser, de Pablo Iglesias, quien rellena la casilla de la Iglesia.

Por tanto, todos tenemos derecho a opinar sobre Cañizares ya que Cañizares se lo arroga para hablar de los deberes ciudadanos. Imáginese: lo que dice sería lo que dijera un conciliar de Trento de habérsele pasado por la cabeza que pudiera haber gays y en igualdad de derechos y no quemados vivos o que las mujeres reclamaran igualdad con los varones sin acabar de inmediato también quemadas vivas por brujas. 

Cañizares va contra el avance de las costumbres, las libres relaciones entre las personas, la emancipación social. Va contra la evolución de la sociedad a los efectos de que todo el mundo pueda realizar sus proyectos vitales y vivir una vida plena. Esta vida plena exige autonomía del individuo, libertad de elección y responsabilidad por sus actos. Nada que ver con las imposiciones fanáticas e intolerantes de un clérigo que, en realidad, no sabe de lo que habla.

jueves, 26 de mayo de 2016

Por qué es repugnante la Ley Wert

Entre 1866 y 1868, los catedráticos Nicolás Salmerón y Emilio Castelar fueron despojados de sus cátedras en virtud del llamado Decreto Orovio que exigía que todas las enseñanzas en España se ajustaran al dogma católico. Posteriormente, por iniciativa del mismo indigno personaje, en 1875, fue también desposeído de su cátedra y confinado en el castillo de Santa Catalina Francisco Giner, quien más tarde fundaría la Institución Libre de Enseñanza. La Institución fue origen de lo más sano y fructífero del sistema educativo español a lo largo de los años: el Museo Pedagógico Nacional, la Junta para la Ampliación de Estudios, la Residencia de Estudiantes, las Misiones Pedagógicas y, posteriormente, en los años más negros del franquismo, el Colegio Estudio, como centro privado laico, único refugio para una enseñanza libre de las imposiciones de la secta católica.

Entre otros abusos y estupideces, la llamada "Ley Wert" vuelve a introducir el catolicismo en la enseñanza española pública y hasta en la privada. 

Los católicos tienen sus centros de curas y monjas (apoyados, además en esa estafa que llaman "enseñanza concertada" por la que hacen competencia desleal a los otros centros privados que no tienen concierto) y nadie se lo impide. Lo que no es de recibo es que quienes aspiran a una enseñanza libre tengan que sufrir directa o indirectamente de nuevo las imposiciones de estos fanáticos. La ley vuelve a instigarlas pero el espíritu institucionista debe rechazarlas. 

sábado, 19 de marzo de 2016

Rita Maestre y la hierocracia

El caso de Rita Maestre, condenada a una multa por ofender los sentimientos religiosos de terceros, trasciende la anécdota personal y entra en el campo del interés general sobre asuntos espinosos como los derechos, sus límites, los delitos, sus tipificaciones, etc. 

Dice la alcaldesa de Madrid, jueza de profesión, que la condena a Maestre "limita su libertad de expresión". Es una formulación ambigua porque, en principio, para que limitar la libertad de expresión de alguien fuera, a su vez, condenable, habría que especificar por qué el limite establecido no es aceptable. Como jueza, Carmena sabe que no existen derechos absolutos y la libertad de expresión también tiene limites. De hecho, la misma Carmena trata de dar cuerpo a su posición hablando de que vivimos una involución democrática (con lo que habría que entender que la condena a Maestre es injusta por encontrarse en esa  reprobable tendencia) y aduciendo además criterios jurídico-formales en el sentido de que la sentencia va a recurrirse y que podría quedar sin efecto por una decisión de un órgano superior. Son cosas distintas pero, en el fondo, apuntan al mismo problema: el de justificar el límite impuesto al ejercicio de un derecho. Ese límite está claro: ofender los sentimientos religiosos de terceros, hacer público escarnio de sus dogmas, según dice el Código Penal. 

La cuestión, por tanto, no es si la libertad de expresión tiene o no límites, que los tiene. Tampoco si la sentencia es ajustada a los límites que el código penal señala que probablemente lo es, incluso cabe decir que es benevolente. La cuestión es si el tal delito está bien tipificado y qué quiere decir "ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa", una cuestión bastante vagarosa que aparece relacionada con otra mucho más problemática como es la de la blasfemia. La cuestión, en definitiva, es la de una protesta pública (perfectamente amparada en la libertad de expresión) en contra de la existencia de un lugar de culto pagado con el dinero de todos en un espacio público de una Estado no confesional. La cuestión es si esa protesta puede reprimirse invocando los sentimientos religiosos de quienes se arrogan el privilegio de atender a sus creencias religiosas en lugares en que estas no debieran estar y financiándolas, además, con el dinero de todos, incluso el de aquellos que no están de acuerdo con la existencia de esos lugares de culto en espacios públicos.

Este asunto, evidentemente, trasciende el caso concreto de la persona condenada y de la jueza que condena para ponerlo en el ámbito en que debiera estar, el del legislador y su obligación de impedir que unos ciudadanos abusen de otros en el ejercicio de sus derechos. Esto es, es el legislador el que debiera impedir que unos ciudadanos obliguen a otros a financiar sus supersticiones y respetarlas allí en donde su ejercicio no debiera ser lícito. Y, claro, acabamos topando con la Iglesia, como siempre en España y con el hecho de que este país, en realidad, es una hierocracia en la que siguen mandando los curas que imponen sus criterios a través de la confesión religiosa de la mayoría de los legisladores.

Por supuesto que Rita Maestre debiera ser condenada si hubiere ofendido los sentimientos religiosos de unas gentes que estuvieran cultivándolos en el ámbito privado, que es el propio de toda religión. Pero no es el caso. Ha sido condenada por protestar por el hecho de que unas gentes privaticen indebidamente un espacio público para el cultivo de sus ceremonias privadas.  Por eso es injusta esa condena, porque es injusta la norma legal que la ampara ya que esta, por la sinuosa influencia de los curas, no distingue entre el ejercicio público y el privado de un culto. 

Si alguien, por muy sensible que sea, se vale de la vía pública para organizar sus ceremonias y supersticiones estará expuesto a que otro -yo mismo que en esto apoyo a Rita Maestre- haga cuchufletas y se ría de su culto a mandíbula batiente. Los espacios públicos son tan míos como de los seguidores de cualquier secta y el mismo código penal que castiga a quien ofende los sentimientos religiosos de alguien sin importarle en dónde se exhiban castiga en el siguiente apartado del propio artículo a los que ofendan a quienes no tienen sentimientos religiosos y están en su derecho de no querer prácticas supersticiosas privadas en ámbitos públicos. Sí, exactamente ese delito que estaban cometiendo quienes rezaban en la capilla cuando Rita Maestre y sus gentes fueron a manifestar en público su desagrado con el mismo derecho que los otros hacían pública ostentación de sus creencias.

¿Lo ven? Un problema de interpretación. ¿Por qué he de considerar menos delito arrodillarse en público en la universidad que protestar con el torso desnudo?

Pero en ese asunto nadie quiere entrar por miedo a los curas.

sábado, 27 de febrero de 2016

La hierocracia hispana

Los clérigos piden que el Estado castigue el hecho de “meterse con las convicciones religiosas”. Ignoro el alcance jurídico de la fórmula meterse con, pero intuyo que será sumamente vago. Por ejemplo, decir en público que uno no cree que si te matan bien muerto puedas resucitar a los tres días, te llames Jesucristo o Perico el de lo Palotes, ¿es meterse con las convicciones religiosas de alguien? Supongo que sí y, según lo que los obispos pretenden, por tanto, negar la resurrección de Cristo puede llevarte a la cárcel. En cierto modo, y vistas las cosas con desapasionamiento, tampoco está tan mal: hace 300 años te llevaba seguro al patíbulo, con todos los huesos rotos y medio despellejado. Pero los tiempos son blandengues, bien se ve. Ahora puedes ir por ahí escuchando blasfemias (¡blasfemias!) sin que la justicia de los hombres cumpla con su deber para con Dios. Por eso quieren los curas volver a los viejos buenos tiempos. 

Magnánimos, pluralistas, postmodernos, los obispos prtenden castigar las ofensas a todas las convicciones religiosas y no solo a las católicas. En una muestra de inclusividad democrática se refieren también a aquellas a cuyos fieles estos mismos obispos torturaban, descoyuntaban y cocían vivos no hace tanto. Lentamente, pero van progresando.

Hay quien dice que salir por la televisión diciendo que ese mismo Cristo nació de una doncella virgen por partenogénesis implica meterse con las convicciones racionales de la gente o que sostener que un mortal es infalible cuando habla excathedra es ofensivo para el sentido común. Pero es obvio que la racionalidad y el sentido común no tienen el empaque de las convicciones religiosas. La racionalidad es una quimera y el sentido común una futesa que nada tienen que ver con la dignidad del hombre. Esta enraiza en las convicciones religiosas. 

Jurisprudenciales, precisan los obispos que meterse con las convicciones religiosas es meterse con un derecho fundamental. Querrán decir con la libertad de conciencia y la libertad de culto. Ciertamente no se ve en qué puede ofender a estas libertades el hecho de considerar aquellas creencias patrañas y estupideces. Por supuesto, parca libertad de creencia sería la que no admitiera la libertad de creer en majaderías. Considerar las convicciones religiosas como alucinaciones y creencias en bobadas y supersticiones no solo no quebranta ningún derecho fundamental sino que vigoriza el de la libertad de expresión.

Ese sí es un derecho fundamental que aparece amenazado si alguien con autoridad aceptara que se debe castigar el "meterse con" las convicciones religiosas del prójimo. Yo, por ejemplo, no creo en el Dios que los obispos dicen adorar y manifiesto públicamente que es una invención del clero para esclavizar a la especie humana. Si esto parece a los obispos que es meterme con sus convicciones religiosas tendrán que aguantarse, me temo, porque forma parte de mi libertad de expresión, que no estoy dispuesto a someter a ningún límite basado en las supersticiones ajenas.

Por último, cuando los obispos piden castigar a quienes "se meten" con las convicciones religiosas, claro está, se refieren a castigar a través de los tribunales y las leyes positivas de este mundo, algo imposible, salvo si se admite que el Estado es en el fondo una hierocracia, esto es un un gobierno de curas. ¿Y por qué no confían los obispos en que ya su Dios se ocupará de castigar como merecen en la otra vida a los osados que "se metan" con las convicciones de sus creyentes? Muy sencillo porque los primeros que no creen en la otra vida son esos mismos obispos.

jueves, 14 de enero de 2016

¿De qué sirve quemar libros?

Louis Sébastien Mercier (2016) El año 2440. Un sueño como no ha habido otro. Madrid: Akal (326 págs). Traducción y notas de Ramón Cotarelo.
------------------------------------

Palinuro empieza bien el año. Akal acaba de sacar este extraño e interesante libro de Louis S. Mercier, traducido y anotado por él. El año 2440, se publicó por primera vez en 1770 y llegó a tener numerosísimas ediciones que, por cierto, el autor -un prolífico Tostao francés, verdadero adicto a la pluma- fue alargando de edición en edicion, de forma que lo que empezó siendo un volumen, acabó en tres. Es uno más de los numerosos rasgos peculiares de esta obra. Otro es que no solamente es una utopía sino una ucronía. De hecho, la primera ucronía de la historia pues, aunque se conocen otras dos oscuras anteriores (una de ellas del siglo XVII), son de muy inferior calidad. Mercier puede llevar con orgullo este título de ser el príncipe de un género nuevo o subgénero de la utopía que luego ha tenido muy ilustres cultivadores (como Washington Irving, Mark Twain, Herbert G. Wells, Edward Bellamy, George Orwell, Ray Bradbury, Edmund Abot, etc) hasta la pléyade de escritores de ciencia-ficcion, pues este género es básicamente ucrónico.

La base argumental es sencilla: un escritor francés ilustrado, amigo de ilustrados, seguidor acérrimo de J. J. Rousseau, se duerme en el París de 1770 y se despierta en la misma ciudad 670 años más tarde. Las cosas han cambiado un poco y él va tomando conocimiento de ellas al modo canónico que el género utópico estableció ya desde la primera obra que dio nombre al género, la Utopía, de Tomás Moro y que, en realidad, es una adaptación del verdadero origen poético y filosófico de esta forma narrativa: la Divina comedia, de Dante: un hombre visita un espacio extraño, desconocido, imaginario, nuevo, de la mano de un nativo o un guía que conoce el lugar (o no-lugar), como Virgilio lleva a Dante. Así observa los cambios de lugares, de personas, ideas, costumbres y va desplegando ante nuestros ojos ese mundo nuevo que él lleva en la cabeza y pretende proyectar en la realidad para que, como sucede siempre con las utopías, porque tal es su espíritu, podamos comprender qué insatisfactorio es el nuestro, cuán criticable, cuán absurdo e injusto. 

Para hacer justicia a otra característica de la cultura francesa, se trata de una obra perfectamente parisina, de forma que quienes, además de amar la literatura utópica y la específicamente ucrónica, sean aficionados a París, gozarán con el detallado conocimiento que de esta ciudad tenía Mercier, un verdadero cronista de la villa de la que sabe todo y así lo refleja en su libro: los puentes sobre el Sena, la Conciergérie, el Louvre, la Académie, el Colegio de las cuatro naciones, etc. Las calles, las costumbres, los lugares, como eran en el siglo XVIII y como las recreaba él 670 años más tarde.

Y, junto a las calles, las gentes, los oficios, las clases sociales, la nobleza, el clero, los literatos, poetas, dramaturgos, filósofos. Y Rousseau, mucho Rousseau, así como Cesare Beccaria, cuyo libro sobre los delitos y las penas está muy presente en esta obra a la hora de reflexionar sobre la justicia, los procesos, las condenas y la pena de muerte. Todo muy relacionado con el tiempo en que vivio, la época pre y postrevolucionaria. Mercier entró en La Bastilla al asalto el 14 de julio y, siendo luego girondino y no favorable a la ejecución de Luis XVI, estuvo preso por el Terror y a punto de ser guillotinado por su amigo Robespierre, destino aciago del que se salvó porque la cuchilla segó antes la vida de aquel. Un hombre rebelde, revolucionario, se decía, en tiempos conservadores y conservador en tiempos revolucionarios.  

Y, de París, al amplio mundo. Mediante un ardid literario, Mercier informa a sus contemporáneos de cómo serían las otras naciones y continentes 670 años más tarde: Inglaterra, Alemania, Rusia, España, la China, el Japón, la India, el África y América entera, en donde un esclavo negro, en valiente insurrección, emanciparía el continente entero, en una especie de premonición de la obra de Toussaint L'Overture.

Por supuesto, un libro explosivo, de crítica mordaz que hubo de editarse en el extranjero, especialmente en Inglaterra porque en Francia estaba prohibido. Y, si en Francia estaba prohibido, en España cabe imaginar: prohibido, encarcelado (sí, sí, encarcelado el libro bajo orden de la Inquisición) y quemado en la plaza Mayor por mano de verdugo, según lo dispuesto en tres reales cédulas. Por si alguien cree que exagero, copio textual del prólogo que le ha puesto María-Luisa Sánchez Mejía que sigue en esto el estudio de J. A. Alejandre "El año 2440: el poder regio y la Inquisición contra la utopía", publicado en 2006 en Dykinson, Madrid, porque se vea qué país hemos heredado: "Y aún hubo una Real Cédula, el 17 de marzo (de 1778), para fijar los castigos a quienes desafiaran la prohibición de comerciar con esa obra y para ordenar la entrega al verdugo del único ejemplar conocido hasta la fecha. Con gran observancia de las normas, el 30 de marzo el libro fue trasladado desde la cárcel real a la Sala de Alcaldes de Corte y, al día siguiente, custodiado por el alcalde hasta la plaza Mayor, entregado al escribano mayor de la Sala que, a su vez, lo puso en manos del verdugo. El pregonero leyó dos veces el texto de la Real Cédula para que todos conocieran las razones del acto que iba a tener lugar a continuación. En presencia del alcalde, de un oficial de la Sala y de dos alguaciles, el libro fue quemado hasta ser reducido a cenizas, según consta en el acta correspondiente."

Una digresión a propósito, esto de quemar libros es vieja costumbre de todas las épocas y condiciones. Todo el mundo se horroriza de las piras que organizaron los alemanes en la Kurfürstendamm en su época de barbarie, pero casi nadie, que yo sepa, ha dicho que la purga de la biblioteca de don Quijote, al comienzo de la novela, es otra penosa muestra de esta peregrina forma de ajustar cuentas con lo que no nos gusta. Es verdad que el episodio cervantino es imaginario y el de las bestias pardas muy real, pero comparten un elemento: el fuego, elevado después a metáfora en Fahrenheit 451. 

Era solo una digresión. Recupero mi narrativa. El libro fue quemado en España porque, entre otras cosas, condena a nuestro país por las barbaridades cometidas en Amèrica y, además, le niega el perdón que, sin embargo, si concede a los otros Estados europeos culpables también de crímenes en el Nuevo Mundo. 

Y no solo fue quemado. Jamás se tradujo ni se editó. Solo se cuenta una traducción publicada en México en los años ochenta del siglo pasado. En España, jamás.

Esta es la primera vez que se publica en España un libro quemado hace 238 años.

Estoy muy contento de haberlo traducido en la colección de utopías que dirijo en Akal.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Es la religión.

Disparaban fusiles Kalashnikov, hablaban en francés perfecto, llegaron en coches, se coordinaron con móviles. Son gentes civilizadas. No hirsutos pashtunes analfabetos de las montañas del Afganistán.

El mismo día del atentado, ese lumbreras que habita en La Moncloa, creyéndose llamado en tan grave situación a hacer alguna reflexión que diera su talla, soltó la habitual melonada:  No estamos ante una guerra de religiones, sino ante una lucha entre civilización y barbarie. El hombre se supera: en 15 palabras, dos mentiras y un insulto. Por supuesto que se trata de una guerra de religiones. Por supuesto que no tiene nada que ver con la civilización, concepto que más vale emplear en singular porque, en el fondo, solo hay una civilización: la humana. Esto de la guerra de las civilizaciones fue popularizado por Huntington a fines del siglo para definir la época de la postguerra fría, recogido con su habitual ligereza por Zapatero con fines propagandísticos y empleado hoy por este zote que confunde civilización con cultura. Y, de paso, insulta a los islamistas, pues la parte de "barbarie" de su diagnóstico les corresponde a ellos, mientras que nosotros somos los "civilizados". Dos mentiras y un insulto.

No me parece desmesurado insultar a unos asesinos. Pero con eso no adelantamos nada si los insultos y las tonterías sobre las civilizaciones no se sitúan en su debida perspectiva.

Desde luego que estamos ante una guerra de religiones. En concreto, las tres llamadas del Libro, las tres religiones monoteístas, la hebrea, la cristiana y la musulmana, que han sembrado la historia de odio, destrucción y crímenes de todo tipo. No tengo noticias de que las demás confesiones luzcan un palmarés tan prolongado de barbarie como estas, aunque alguna habrá, probablemente. Pero nada comparado con la escabechina que estas tres llevan siglos ocasionando. La cristiana (en sus tres ramas de protestante, católica y ortodoxa) y la musulmana de un modo concentrado hasta el día de hoy; la hebrea, que empezó muy lucidamente en el Antiguo Testamento, masacrando los pueblos en torno suyo, se vio luego obligada a hacer un alto de veinte siglos a causa de la diáspora pero, desde el restablecimiento del Estado de Israel, se ha propuesto recuperar el tiempo perdido, cosa que hace a conciencia con los palestinos.

Las tres religiones monoteístas, basadas en la convicción de que sus respectivos creyentes son el pueblo elegido por Dios, sienten un impulso incontenible de matar paganos, infieles o no creyentes a mayor gloria de aquel. La intención puede ser convertirlos a la fuerza y/o exterminarlos, pero es la misma en los tres casos. Solo que con diferencias en cuanto a los tiempos históricos en que viven sus conflictos. Teóricamente, en la actualidad, los cristianos -tras haber masacrado medio  mundo y haberse entrematado entre ellos durante siglos- no van ya por ahí evangelizando a sangre y fuego. Del mismo modo, los hebreos se especializan en machacar a los palestinos y solo ocasionalmente agreden a otros pueblos fronteriozos. Mientras que son los musulmanes quienes están lanzados a la guerra santa contra los infieles con todo tipo de barbaridades.

Es un conflicto religioso, el de siempre. Ciertamente se desarrolla en muy distintos escenarios, en frentes variados, incluso en ausencia de frentes, lo cual lleva a la legión de estrategas de salón a perorar sobre la IIIª guerra mundial atípica ya que ahora los combatientes a muerte pueden compartir el rellano de la escalera o encontrarse en la frutería. 

Los países occidentales (todos ellos cristianos) llevan años, decenios, prosiguiendo su tradición de potencias coloniales en los del Islam, interfiriendo en sus destinos, en perpetua injerencia en su política, su economía, sus fronteras y sus relaciones. En un escenario geopolítico que ni ellos mismos entienden,  se arrogan el derecho a  bombardearlos, ocuparlos, partirlos o volverlos a unir a su antojo. Su política de alianzas a corto plazo (armando a unos, atacando a otros) se vuelve contra ellos en un medio extraordinariamente volátil. Su acción provoca verdaderas masacres, guerras civiles, destrucción de cientos de miles de vidas, destrozos de riqueza sin cuento, interminables columnas de refugiados que desbordan las fronteras occidentales y traen la inestabilidad y, como puede verse, el terror más ciego e inhumano. 

Tanta destrucción, tanta humillación, tanta masacre  de una confesión, la musulmana, que antaño fue un glorioso imperio, provoca reacciones desesperadas, un verdadero frenesí de locura, destrucción y venganza en sus sectores más combativos. Pero eso no preocupa a los gobernantes porque las víctimas somos siempre las poblaciones pacíficas, no ellos. Obviamente, cuando se produce algún monstruoso atentado como el de París, se oyen voces de musulmanes "razonables" que recuerdan que el Islam no es terrorismo, masacre y crueldad y que, por lo tanto, las sociedades cristianas deben refrenar sus impulsos más inmediatos de acudir a la ley del talión y empezar a masacrar  musulmanes o a expulsarlos. Ocurre con estos como con esos católicos que dicen no estar de acuerdo con las crueldades de su iglesia en el pasado o sus demasías y abusos en el presente y no hay que juzgar a todos los fieles por el mismo patrón.

Todos estos creyentes "moderados" y "razonables" de las tres religiones monoteístas están en su derecho de exigirnos respeto a quienes, no siendo confesionales, queremos vivir en órdenes sociales en los que los fanáticos de sus credos no se piensen con derecho a asesinarnos. Pero también estamos nosotros en el nuestro de exigirles una intervención más activa para apaciguar a los criminales que asesinan en nombre de sus dioses. Se dirá que solo asesinan los fanáticos musulmanes, mientras que nosotros, los cristianos, nos defendemos. Mentira. No es necesario recordar la siniestra pantomima por la que tres criminales en Las Azores planearon con detalle una guerra de rapiña y destrucción basada en engaños y falsedades y de la que, entre otras cosas, se deriva buena parte del desastre actual. La diferencia entre los crímenes de los terroristas yihadistas y los de los Estados cristianos es que nosotros los hemos institucionalizado. Ayer, el Papa de Roma, típica voz del establishment católico decía con una conciencia feliz ante una muchedumbre de fieles entregados que cometer actos de barbarie como los de París en nombre de Dios es blasfemia. Ese bárbaro concepto con el que se torturó y asesinó a tanta gente por estos pagos, sigue vivo en el imaginario de los creyentes. Da miedo.

No, no es un choque de civilizaciones. Es una guerra de religiones con elementos geopolíticos, de dominación estratégica, política y económica y de expolio de riquezas y recursos naturales. Como siempre en las guerras de estas tres religiones que llevan dos mil años (algo menos la musulmana) ensangrentando el planeta.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Breve noticia sobre el nacionalcatolicismo.


Hace un par de días, un comentario de una lectora sobre un post de Palinuro subido a FB, desató una polémica sobre el uso del término nacionalcatolicismo en la prosa palinuresca. El comentario venía a decir que el término en cuestión oscurecía otro lado del catolicismo, el que, para entendernos, llamaremos "catolicismo de base", de creyentes entregados a vivir su fe, ajenos al comportamiento de su Iglesia y que tanto hacen por el prójimo. Como siempre, había argumentos en favor y en contra. Me pilló de viaje y, si bien el tema me interesa moderadamente, pensé que debería cuando menos explicarme algo, por respeto a l@s lector@s, para lo cual necesitaba un poco de sosiego que he pillado ahora de chiripa. Esta es mi posición que, por supuesto, estoy dispuesto a matizar frente a argumentos más convincentes racionalmente y solo racionalmente.

El nacionalcatolicismo es término que designa la coyunda entre la Iglesia Católica (IC) y la dictadura franquista durante la guerra y la postguerra civil. Coyunda total. Fueron los obispos (catalanes, por cierto), los que legitimaron el golpe de Estado fascista como una cruzada. Eso es un hecho. Y la IC fue el principal apoyo del régimen en todos los órdenes, incluido el de la legitimación internacional a través del Concordato de 1953. El franquismo fue una dictadura militar corrupta y criminal con una faceta hierocrática. Dos estamentos fueron sus bases hasta el final: los militares y los curas, que lo controlaban todo, desde el nacimiento y la educación hasta la muerte. Luego nos percatamos de que esa ideología nacionalcatólica no solo explicaba el franquismo (y explica hoy el neofranquismo), sino que, en realidad, retrataba la ideología de la oligarquía dominante española desde el siglo XVI, aunque el nombre solo se pusiera en circulación en el XX. Suscribo esta idea, que es una brillante aportación del historiador italiano Alfonso Boti y que en España gusta poco, incluso entre los círculos teóricamente librepensadores.

Es decir, se usa el término para dibujar el efecto político de la permanente injerencia de la IC en los asuntos del Estado español desde siempre y precisamente para no utilizar el de catolicismo a secas. Esto quiere decir, por tanto, que la crítica que afea en el término nacionalcatolicismo su hipotético olvido del lado humano del catolicismo, no opera. Todo nacionalcatolicismo es catolicismo. ¿Se nos recuerda que no todo catolicismo es nacionalcatolicismo? Sea. No hacía falta porque por eso mismo hablamos de "nacionalcatolicismo" y no de catolicismo a secas. En resumen, la observación es innecesaria.

¿O tiene alguna otra intención? Perdónenme los católicos de buena fe, pero la experiencia de lo que su confesión ha hecho en la historia, especialmente en España, autoriza a maliciarse algo. Lo siguiente: nadie niega la realidad, el valor, el interés, lo que se quiera del "catolicismo de base", aunque cabe preguntar por las dimensiones exactas de esa acción: su necesidad social, su fundamento económico, su utilidad real y otros asuntos no menos espinosos. Las gentes de mi orientación queremos justicia social, no beneficencia. Apreciamos los valores de quienes, llegado el caso, se desviven por los demás, pero señalamos que eso lo hacen muchos otros, gentes del voluntariado, de ongs, del mutualismo y la solidaridad tradicionales en muchos movimientos y, por cierto, muchas veces sin más financiación que la que aportamos voluntariamente quienes los apoyamos y no piden a cambio que su acción sirva para embellecer o compensar por actos de barbarie y tiranía que puedan hacer otros bajo su misma denominación. Supongo que entre los católicos de base los habrá sacrificados y autónomos en lo financiero, valiéndose de sus propios recursos y no de los de la colectividad canalizados por la IC porque, en tal caso, se plantea el también complejo asunto de por qué los recursos públicos han de ser empleados según las convicciones de una confesión concreta.

Pero hay más. Nadie carga sobre los hombros de los católicos de base la barbarie inhumana del comportamiento de la IC a lo largo de los siglos, que se ha arrogado el derecho, entre otros no menos monstruosos, de quemar vivos a los discrepantes en conciencia. Nadie los obliga a creer, como creemos los librepensadores, que si la IC no sigue quemando vivos a "herejes", "brujas", etc, no es porque no quiera sino porque no puede. Pero estaremos de acuerdo en que los católicos de base -esos que no quieren ser invisibilizados- y los quemadores de seres humanos vivos pertenecen al mismo cuerpo místico, como ellos lo llaman. Esa común pertenencia es voluntaria. Cómo los "católicos de base", gente tolerante, abierta, respetuosa y demócrata, supongo, conviven con los criminales que en nombre de su Dios han cometido y siguen cometiendo todo tipo de demasías, es asunto que ell@s ventilarán en su conciencia. También supongo que habrán salido en defensa de los humillados y ofendidos (antes torturados y quemados) en nombre de su fe, como salen en defensa del catolicismo cuando se habla de nacionalcatolicismo.

Solo que no hace falta que lo hagan. Hablamos de nacionalcatolicismo, precisamente para respetar a los católicos de buena fe. Y estos harán el favor de dejarnos poner nombre a nuestras ideas sin querer torcerlas y sin acusarnos ladinamente de hacer con ellos lo que su Iglesia lleva siglos haciendo con nosotros, los no creyentes.

El nacionalcatolicismo es el nacionalcatolicismo. Palinuro sabe lo que dice y sostiene que es uno de los principales (si no el principal) responsable del desastre español.

domingo, 27 de septiembre de 2015

El día más largo.


Claro, claro, eran unas elecciones autonómicas ordinarias. Nada para ponerse nervioso. Si acaso, este Artur Mas que, al no saber cumplir las funciones que la Constitución le asigna, tiene a los catalanes en elecciones anticipadas, en simulacros, en consultas que llama "plebiscitarias". Y todo para ocultar lo nefasto de su gestión y su corrupción. Pero nosotros no vamos a dejarnos influir ni impresionar. Impasible al ademán, como quería el Caudillo, seguiremos repitiendo que se trata de unas elecciones normales, autonómicas, intrascendentes. ¿Acaso no ha encontrado El País la fórmula perfecta para seguir agradando al poder sin faltar groseramente a la verdad? "Elecciones autonómicas históricas".

Hay 450 corresponsales acreditados.El gobierno ha hecho la ronda de las cancillerías mendigando declaraciones de mandatarios extranjeros, verdaderas injerencias en los asuntos internos de otro país. Preparao pedía un pronunciamiennto de Obama. Sarkozy ha venido a pronunciarse sobre lo que ni le va ni le viene. La diplomacia española intrigó con su proverbial habilidad en pro de un pronunciamiento desfavorable del Papa en la esperanza de que lo hiciera ex cathedra. Han venido miles de catalanes de la diáspora a votar a su tierra porque no se fían -con razón- de que los consulados tramiten el voto por correo. Han amenazado los banqueros, los empresarios, los militares, los jueces y hasta los jarrones chinos. Y han insultado. Todas la direcciones de los partidos españoles han pretendido que los issues, como dicen los estudios electorales fueran solo asuntos de la gobernanza ordinaria: la corrupción, los servicios, la crisis, los recortes, la vivienda y la cesta de la compra. Pero únicamente se ha hablado de una cosa: de independencia.

Para el gobierno y sus jenízaros mediáticos, la elecciones eran de rutina cuando la realidad dice a gritos lo contrario. Justamente este es el rasgo más distintivo del espíritu, el alma de la derecha: de lo que molesta no se habla y si, de algo no se habla, no existe. Y si, a pesar de todo, se obstina en existir, se lo fusila y ya está. El problema es que, en estos tiempos de dejación de la sacrosanta misión española de sojuzgar a los demás a palos, la cosa ya no está para sublevaciones "nacionales" y represiones militares. Ahora hay que razonar, actividad esta en la que el personaje de La Moncloa no está ducho.

Con la razón y el corazón en la mano estas son las elecciones más importantes para Cataluña quizá en toda su historia. Y, de paso, para España. Son un plebiscito, son el referéndum que el nacionalismo español, sea nacionalcatólico o socialista, no dejan celebrar a los catalanes, si bien están siempre retándolos a averiguar cuántos son los independentistas. Es el estilo inconfundible de la marca hispánica: no me haca falta contar para saber cuántos son de una opinión y cuántos de otra. Eso lo decido yo que lo sé por ciencia infusa.

En la votación de hoy casi lo de menos es a qué partido se vota. Además hay dos coaliciones, Junts pel Sí y Catalunya Sí Que Es Pot en las que hay partidos invisibles. Tampoco se piense que se vota por un "sí" o un "no" nítidos a la independencia. No. Se vota entre a) una opción continuista; y b) una de ruptura.

a) la opción continuista es seguir como hasta ahora, tragando quina con la política impositiva, hostil, catalanófoba, expoliadora, incompetente y administrada por meapilas y corruptos que siguen pensando que el país les pertenece y, aunque no sirvan para nada, pueden hacer con él lo que quieren porque para eso sus referentes ideológicos y antecesores biológicos ganaron una guerra y establecieron una dictadura de cuarenta años;

b) la opción de ruptura es poner fin a esta ignominia en que cualquier majadero puede querer "españolizar a los niños catalanes" con nuestro dinero. Es acabar con la gestión de una colla de lladres que no conciben la política si no es como una sarta de embustes y propaganda para enriquecerse, una manga de ladrones que solo tienen en cuenta su beneficio personal, legal o ilegalmente.  No el del país, ni siquiera su clase, sino ellos, sus familias, clientes y enchufados. Es abrir un tiempo nuevo en el que las fuerzas caducas seguirán su camino hacia la nada mientras que la realidad se presenta repleta de oportunidades para quienes tengan la valentía y la honradez de trabajar por la emancipación de un pueblo. Que esto coincida con la independencia o no, no resta nada al triunfo que ya han obtenido los independentistas.

Pero es que, además, va a coincidir. Cataluña siempre va por delante en España. Lo nuevo ahora es que puede desenganchar y dejar el resto del convoy en la vía muerta, en manos de ese ser que habita en La Moncloa que ha destrozado el país, se ha cargado la democracia y el Estado de derecho, esa vergüenza balbuceante que ha corrompido las instituciones al frente de una especie de asociación de malhechores.

Eran unas elecciones autonómicas normales para el cobrador de sobresueldos de La Moncloa y sus amigos de la asociación de presuntos malhechores. Para todos los demás, incluida Europa y el mundo, son la puerta que se abre a la libertad gracias a la voluntad de un pueblo. Y que ya no podrán volver a cerrar.

miércoles, 19 de agosto de 2015

La avaricia de los curas.

¿Por qué hay que pagar entrada en las catedrales?

No hay razones económicas. Esos templos los edificó la fe de los pueblos, según aducen los clérigos cuando se ponen líricos y, en todo caso, los construyó la gente, con el trabajo y el dinero de todos, a veces a lo largo de siglos. Su mantenimiento lo paga la colectividad como gastos excepcionales pero permanentes. Cuando no es un tejado, es una gárgola, la restauración de un altar o un capilla. No incurren en gastos, pues están exentos de IBI y otros impuestos. Mejor dicho, el IBI y otros impuestos también los pagamos nosotros en forma de lucro cesante del erario. Por último, la iglesia católica que los regenta y administra, recibe 11.000 millones de euros del Estado al año (el año que viene serán más) que podrían dedicarse a estos menesteres, pero se dedican a otros, como a financiar la COPE y demás centros de agitación y propaganda aclesiásticos.

Entonces, ¿por qué hay que pagar entrada en las catedrales, en todas las catedrales? Y no un precio simbólico, sino una entrada propia de museo y sin descuentos porque, al fin y al cabo, la iglesia no es el Estado y, aunque viva de él, no tiene por qué seguir su ley y no la sigue, ya que tiene la suya privada, el privilegio eclesiástico. Entradas, además, que suelen tener hijuelas, para el caso de que haya un museo catedralicio aparte (más euros) o un cripta (otra pasta) o combinaciones de entradas como las qe hacen las agencias turísticas. De hecho las catedrales están ya en circuitos de negocios turísticos.

Las catedrales son negocios. Tómese un ejemplo reciente: la iglesia ha inmatriculado la mezquita de Córdoba o, para entendernos, se ha apropiado de la tal mezquita por sesenta euros. Con entradas de diez o doce euros, el negocio es redondo, dada la cantidad de turistas y visitantes de ese monumento árabe, secuestrado por los cristianos. Un negocio redondo, millones de euros al año limpios de polvo y paja, pues tampoco pagan impuestos de ningún tipo, ni IRPF, ni sociedades; nada. Capital neto para la faltriquera de los curas. Añádase a ello que todas las catedrales son verdaderos sacacuartos, con huchas cada dos metros pidiendo para santos, santas, mártires, órdenes, misiones en el África, estampitas, cromos, velas, la luz del altar, milagros y cualesquiera otras patrañas. De nuevo un dineral por el que no dan cuenta nadie. Todo para el buche.

¿Por qué, pues, hay que pagar por entrar en lo que es de todos y está financiado por todos? Porque los templos, las casas de Dios, regentadas por los curas, son negocios, parte de una gigantesca empresa mercantil que tiene garantizado el éxito pues comercia con un bien gratuito, de provisión infinita y entrega en el otro mundo, esto es, la salvación de las almas, alimentado por una demanda eterna, que jamás se agotará, compuesta por la esperanza en el más allá y el miedo a la muerte. Este sí que es un esquema Ponzi de estafa piramidal y éxito garantizado.

La iglesia pone precio a todo, vende todo, hace negocio con todo. Es una gigantesca sociedad anonima con sede social en el Vaticano, a donde van a parar los dineros, para subvenir a la que quizá sea la mayor acumulación privada de riqueza de la humanidad. Es el reino de Mamón. Los curas no tienen otro Dios que el dinero, su celibato -otras consideraciones aparte- tiene la finalidad de no distraerlos con necesidades económicas familiares, herencias o legados: todo para el cuerpo místico recubierto de oro y dinero contante y sonante. Recuérdese que, en buena medida, la Reforma se hizo precisamente por esto, por la codicia desmedida, la pura avaricia de los clérigos, que vendían las indulgencias, las bulas, el purgatorio, la abstinencia, los cargos eclesiásticos, las oraciones, como siguen vendiendo los bautismos, las bodas, los entierros. Si quieres nacer, casarte o morir siendo católico, tienes que pagar. Lo extraño es que aún no hayan puesto precio a cada estación de los via crucis que hay en todos los templos: el paño de la Verónica, un euro; el Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz, dos euros; primera caída camino del Calvario, tres euros.

Por eso los curas cobran la entrada a los templos y, si les dejaran, cobrarían por pasar delante de ellos. Todo por la pasta, que es lo único que les importa. Llegados a este punto, las buenas gentes suelen acordarse de que Jesús expulsó a zurriagazos a los mercaderes del templo, los expulsó de la casa de su Padre. Y fuera siguen. Solo que han puesto una taquilla y cobran por entrar en el templo de Dios, a contemplar su interior o rezar. Tanto da. El dinero no distingue y a los curas la dimensión trascendental del catolicismo les trae al fresco. 

Uno de los problemas principales de España para considerarse un país moderno es el parasitismo de la iglesia. Y una de sus manifestaciones más insultantes, este latrocinio descarado de cobrar por lo que, el fondo, no es suyo ni lo financia. Algo tan desvergonzado como el expolio de los centros educativos concertados, casi todos ellos regidos por curas y monjas, que se nutren de fondos públicos y, además, cobran un sobreprecio, como los políticos de su partido, el PP, cobran un sobresueldo.

lunes, 23 de febrero de 2015

Las corrupciones, II.

Antes de nada un matiz a los amigos de eldiario.es a cuenta del titular. El coste de la reforma del medio millón de euros del ático de Rouco no recae sobre la Iglesia sino sobre los contribuyentes, que somos quienes pagamos esta vida de lujo asiático porque nos sobra el dinero. La Iglesia se financia casi en su totalidad directamente con transferencias netas de dineros públicos e indirectamente por sus privilegios fiscales.

Al asunto en sí y tratado en modo civil. Luego vamos al espiritual. Monseñor okupa Rouco Varela se muda a un ático de 370 metros cuadrados, seis dormitorios, cuatro WCs, en la calle Bailén, pegando al arzobispado, con una vista de ensueño, con un cuerpo de casa compuesto por dos monjas y un cura. Se hace uno una idea. Pero se puede completar yendo a idealista.com y buscando algo parecido. Aquí está. Ático de 470 metros cuadrados en el mismo sitio por 2.100.000 euros. Son 100 metros cuadrados más. Bajen el precio a 1.800.000 porque el de Rouco tiene mejores vistas y, además, no vamos a reñir por calderilla. Merece la pena verlo. Tiene gimnasio y una biblioteca que parece de Oxford. No está mal para un jubilado forzoso que quiere seguir vigilando la recristianización de España y necesita un lugar acorde a su importancia.

Además, córcholis, lo mismo hizo SS. Benedicto XVI, retirado como está a un palacio de dos plantas al que llaman monasterio Mater Ecclesiae, construido en los años 90 dentro de los jardines del Vaticano, cabe la Fontana dell'Aquilone y regido por clarisas. Y ¿qué decir del arzobispo de Granada, cuestionado por su gestión de los abusos sexuales en su diócesis, que vive como un Boabdil, en un palacio de más de 1.200 metros cuadrados, con Visa oro a cargo del arzobispado y gastos estratosféricos? Si lo hacen Ratzinger y Javier Martinez, ¿por qué no Rouco?
 
El modo espiritual tiene otras facetas. La obvia: hay que ver qué vida se dan los encargados de difundir el mensaje de uno que dicen que nació en un pesebre y siempre estaba de visita porque no tenía domicilio propio. Con estas cosas se enciende el ánimo de las llamadas comunidades de base, compuestas por "auténticos cristianos", indignados por conductas que no creen compatibles con el Evangelio. Estos protestones se sienten hoy respaldados por el Papa Francisco quien, para dar ejemplo, reside en un apartamento de cincuenta metros cuadrados. Sí, es un ejemplo. Cincuenta metros cuadrados. Pero en San Pedro.
 
Y es que hay una contradicción insalvable en el catolicismo. Uno no gestiona una gran empresa ecuménica, con intereses materiales y espirituales en todas partes del planeta desde un pesebre; no confía las relaciones diplomáticas con los poderes de la tierra a los frailes mendicantes; no envía a los de la teología de la liberación a negociar unas u otras medidas legislativas de los gobiernos. Hay que ser alguien en el mundo. Tener un Estado. Con Guardia suiza. Y un banco. O más. Y pisos, casas, tierras, palacios, monumentos, catedrales, iglesias. Y un PIB altísimo, aunque no creo haberlo visto nunca. 
 
Sería ideal que un renacimiento evangélico purificara a la Iglesia de la corrupción. Los cristianos de base hacen bien en esperarlo. Tienen experiencia. También esperan la vuelta del Mesías y, según parece, la resurrección de los muertos. La esperanza es lo último que quedó en la caja de Pandora.
 
Y, mientras esto llega ¿por qué la Iglesia católica, que es una asociación privada, no se financia por sus propios medios? O sea, ¿por qué no cumple lo previsto los Acuerdos vigentes con la Santa Sede?

lunes, 1 de diciembre de 2014

Arte y propaganda.

Hace unos días se inauguraba en el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, en Madrid, la exposición A su imagen. Arte, cultura y religión, organizada por la Fundación Madrid Vivo, una asociación conservadora de empresarios y curas, la Conferencia Episcopal Española y la Archidiócesis de Madrid. Los medios ilustraban la noticia con una foto del acto en la que figuraban diez personas, entre ellas la consejera de Educación de Madrid, Lucía Figar, el obispo Osoro, el cardenal Rouco, Ana Botella, la ex-reina Sofía, el presidente del Congreso, Jesús Posada, y la vicepresidenta del gobierno, Sáenz de Santamaria, además del empresario y ex-ministro Villar Mir. Puro antiguo régimen. Puro nacionalcatolicismo que, según, Luis Goytisolo sigue vigente.

Los figurones del trono, el altar, la política y la empresa se hicieron retratar delante de un cuadro de Rubens que representa a Sansón dando muerte al león. Pensé entonces que a lo mejor y, a pesar de los antecedentes citados, la exposición era de verdad de arte y cumplía lo que anunciaba a través de los medios de comunicación de ser una muestra "de lo mejor de la pintura y la escultura españolas" de tema religioso, con piezas de grandes maestros, como Goya, Velázquez, el Greco, Murillo, Rubens, Ribera, Zurbarán, Berruguete, Gregorio Fernández, etc.

Nada más lejos de la realidad. La exposición abarca, sí, unos diez siglos, del X al XX. Pero todas las piezas son de autores (o anónimas) de segunda fila u obra menor de contados maestros. De escultura, nada, salvo cuatro o cinco tallas de Gregorio Fernández y algún otro, ideales para adornar iglesias. Y eso sin mencionar varias muestras de un mal gusto estomagante, como unos candelabros gigantescos de plata repujada, algún relicario, cáliz, arqueta, etc todos de oro, plata, pedrería, pruebas de ese espantoso boato a que tan aficionado es el culto católico desde siempre.

La finalidad de la exposición, su hilo temático, es mostrar el interés y el apoyo de la iglesia al arte en todos los tiempos y actualmente. Es decir, una finalidad de propaganda. Durante siglos, el arte ha sido vehículo de propaganda de la religión, especialmente la católica. Se trata, pues, de que siga siéndolo hoy, si no como antaño, sí para lo hoy necesario. Para redondear el carácter eclesiástico/católico del evento, se cobra una entrada de 7 euros completamente abusiva, primero porque es una institución pública (el Ayuntamiento) y después porque la muestra no los merece. Los organizadores tratan de justificarlo obligando a los visitantes a acarrear esos ridículos audiotrastos con informaciones grabadas sobre algunas obras también teñidas de propaganda católica, como lo están las explicaciones que figuran en las paredes, redactadas con espiritu militante.

La misma clasificación temática de la exposición muestra esa estrecha visión catequística peculiar al catolicismo español: de algunos episodios del Antiguo Testamento a las representaciones del Dies Irae, pasando por la narrativa canónica de la Virgen, vida de Cristo, apóstoles y evangelistas, padres y doctores de la Iglesia, la Iglesia en sí y su peculiar negocio, el memento mori. Cierto que la exposición habla de "arte, cultura y religión", pero por esta última se entiende tan solo la católica. Si no yerro, hay una sola pieza de religión no católica, un fragmento de pergamino de una Torá de Calahorra o Tudela del siglo XV y algunas menciones obligadas por el contexto a las otras dos religiones del Libro. El resto, catolicismo a machamartillo que, por lo demás, es el contenido casi exclusivo de la producción artística española prácticamente hasta el siglo XIX.

Las aportaciones extranjeras, en su mayoría, que tampoco es mucha, flamencos, a veces anónimos, algún Teniers y un Lucas Cranach. El resto, italianos, entre los que destaca un genial Tintoretto con una Judith a punto de degollar a Holofernes. Todo lo demás, pintura española que si, al principio, parecía ser algo más suelta, más abierta, con la implantación del canon tridentino, empieza a agarrotarse cada vez más, hasta desembocar en ese arte acartonado, manoseado, mercenario,  apagado propio de las sacristías, los refectorios de los conventos y los altares de las iglesias. Producción iconográfica, sí y programática, pero de calidad artística deplorable.

Alguna ventaja habría de aparecer: es una pintura (también hay algunas tallas, códices y tapices, siempre del canon de Nicea) poco vista, por encontrarse en su mayoría desperdigada por museos diocesanos, parroquias, cofradías, catedrales, algún banco y colecciones privadas. De varias de ellas hay reproducciones accesibles, pero se agradece ver el original, como el célebre In ictu oculi, de Juan de Valdés Leal, del siglo XVII, que se conserva en la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla replicado siglos después con expresa referencia a él en el cuadro de Gutiérrez Solana, la procesión de la muerte, que el Museo Reina Sofía ha prestado para esta ocasión. Igualmente impresiona un pequeño lienzo de Goya, de 1819, que representa la oración de Cristo en el huerto de los olivos, a quien un ángel aporta el amargo cáliz, que se guarda en las Escuelas Pías en Madrid. Ese Cristo, que debiera proclamarse como adelantado del impresionismo, es una especie de revenant de la principal figura de los fusilamientos de La Moncloa en la memoria de un Goya ya anciano.
 
Si el desocupado lector dispone de tiempo y se divierte viendo cómo se representaba en un momento u otro a San Jerónimo, o los más conocidos episodios de los Evangelios, o el éxtasis de Santa Teresa, aquí podrá pasar el rato. Por mi parte, si tuviera que mencionar una última obra meritoria que, como algunas otras, sobresale de este pantano de mediocridad y beaterío, me quedo con la Virgen del pajarito, de Luis de Morales.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Los Romanones.


Cinco días después de que el Ayuntamiento de Granada concediera una medalla a la Virgen de las Angustias, las angustias las padece ahora el clero de esa ciudad embrujada. Una secta de curas, o sea, una secta dentro de una secta, abusando de chavales. Esa tendencia de los clérigos católicos a beneficiarse de los críos tiene que estar relacionada con la monstruosa regla del celibato. Eso no es excusa, desde luego porque los célibes pueden dejar se serlo cuando quieran, pero es una explicación. Echas sobre ti una prohibición contraria a la naturaleza y la naturaleza sale por otra parte. Y pecado y delito.

Y bochorno para la Iglesia de Cristo, el que decía que dejaran a los niños acercarse a él. La Iglesia, como tal, no es responsable de las conductas desviadas de algunos de sus ministros, pero es evidente que una secta tiene que estar amparada por la complicidad de una red mayor, más extensa. Y que estos comportamientos no pueden ser infrecuentes en un país en el que una inmensa cantidad de niños está bajo cuidado de los curas en gran medida a cargo del Estado, es decir, de la colectividad, de todos. Vamos que eso de abusar de los niños no es cosa de pervertidas comunidades del frío norte, de reformatorios e instituciones perdidas entre brumosos bosques. Que también lo hay aquí bajo el sol del Albaicín.
 
En este caso concreto, el de la secta de los Romanones, hay un contraste entre el lujo de detalles que la prensa revela sobre la vida de dispendio, lujo y ocio de esos curas y el hecho de que el sumario sea secreto. Las fuentes de los medios que dan la información parecen fidedignas, pero, si no nos aseguraran que lo son las historias parecen sacadas del Gran Gatsby.

viernes, 10 de enero de 2014

La carroña fascista.

Pedro Zerolo ha comunicado que padece cáncer. No le ha dado miedo, ni reparo declararlo y ha cumplido como un señor con su función de hombre público de izquierda.

Palinuro le envía un abrazo y un mensaje de ánimo en este momento especialmente difícil de su vida, con el ferviente deseo de que lo supere.

Al saberse la noticia, un medio fascista, de esos poblados por mala gente, difundió un fotomontaje en las redes en el que se pretendía insultar al concejal del Ayuntamiento madrileño comparándolo con un chimpancé. Es inútil explicar a estos descerebrados que comparar a un ser humano con un animal, con cualquier animal, jamás será un insulto. Un insulto sería compararlo con uno de ellos, de los que hacen esas comparaciones, porque son pura mierda.

Luego, no sé qué cura, al parecer conocido porque, además de parásito como buen clérigo, es falangista, integrista y peor gente que la otra, salió diciendo que el cáncer de Pedro es un castigo de la divina providencia. Palinuro no cree en la existencia de ese ser, pero no duda de que, de existir, utilizaría la boca de este granuja para hacer sus necesidades, porque eso es insultar al dios que dicen adorar, como si no tuviera a qué dedicarse salvo a hacer sufrir inútilmente a los seres humanos. Solo por el cabreo que debe de producir a cualquier dios que lo peor, lo más brutal, criminal, canalla, bajo y rastrero de la humanidad ande siempre invocando su nombre para sus miserias, de existir, debiera enviarle otro cáncer y peor aun. Se lo merece.

(La imagen es una foto de Juanjo Zanabria Masaveu, con licencia Creative Commons).

domingo, 29 de diciembre de 2013

Mi última pastoral.

Sí, hermanos, os esperamos hoy a todos en la eucaristía de la Plaza de Colón, en la misa de las familias. Me dicen hay medio millón de almas en camino, procedentes de todos los puntos de España. Y yo os bendigo y os digo: ¡sois la legión cristiana! ¡Los reevangelizadores del país! ¡Los apóstoles del retorno de España a su prístino ser nacional, la Iglesia católica, apostólica y romana! Mi corazón se conmueve. Ya puedo retirarme a una vida contemplativa, más acorde con mi ser.

Efectivamente, el sucesor de San Pedro, nuestro amantísimo padre Francisco, ha tenido a bien jubilarme, dando satisfacción a mis repetidas rogativas de nunc dimittis, Domine. Otro cualquiera quizá hubiese pedido más tiempo para llevar a cabo su labor. La mía está hecha, viéndoos hoy venir a cientos de miles, a recibir el espaldarazo de la misión divina.

El momento no puede ser más propicio. Como si quisiera hacerme un regalo de despedida, mi amado hijo, José María Ruiz-Gallardón, ha presentado ya el proyecto de ley de protección de los derechos del concebido. Nada podía serme más grato. Por fin se han escuchado nuestras plegarias y el poderoso brazo de la justicia secular ampara las inocentes vidas de los concebidos en cualesquiera circunstancias. Solo empaña el gozo que se tolere el aborto en los casos de violación, como si el hecho de que la madre sufriera un agravio fuera responsabilidad de esa alma inocente que lleva en su pecador seno.

No obstante, es un comienzo glorioso para la recuperación de esta sociedad materialista y consumista, solo dedicada al disfrute y el relativismo de los valores. Hoy acudís, amadísima grey, a participar en la comunión de los cristianos en pro de la familia y mañana saldréis a cumplir vuestra misión de llevar este mensaje a todos los rincones de España.

Familia solo hay una y solo puede haber una, la instituida por Dios como la unión de un hombre y una mujer con fines no concupiscentes sino reproductivos. Ella, sumisa; él, dispuesto a dar la vida por ella. Así camina la familia a los ojos del Señor. No os dejeís engañar por falsas tolerancias que son artimañas del maligno. Las demás uniones son contra natura, pecado, y deben volver a ser delito. Porque, por su mera existencia, atentan contra la familia de verdad.

El matrimonio homosexual no es matrimonio a los ojos de la Iglesia. Además, la homosexualidad quizá no sea una prueba de posesión demoniaca o una muestra de degeneración, pero sí de un comportamiento desviado que puede tener cura si se apela a la fe con la fuerza suficiente. Y, por supuesto, a menor homosexualidad, menor riesgo de pederastia, ese nefando crimen consistente en abusar de la inocencia de unos pequeñuelos que Cristo siempre quiso que se le acercaran.

Y, por supuesto, queridos hermanos, portad la espada flamígera de San Miguel en contra de todo atisbo de aborto. España vuelve a ser tierra de refugio para las hipotéticas víctimas de esa forma moderna de genocidio de la interrupción del embarazo. El ministro de Justicia, el hermano Ruiz-Gallardón, a quien esperamos ver hoy en la Santa Misa, dice que su ley es la más progresista del gobierno, que nos pone en vanguardia del siglo XXI. Desde luego, es una ley tan a favor de la persona que protege sus derechos incluso antes de serlo.

No os dejéis engañar por los sofismas del adversario, cuyo solo interés es la condenación de las almas. Vendrán a hablaros de los derechos de las mujeres, en especial del de la libre disposición del propio cuerpo. ¡El derecho a eliminar otra vida, concebida por decisión libre de la madre! ¡El derecho de borrar a capricho las consecuencias de nuestros actos! No existe ese derecho y, de existir, cedería ante el superior del inocente por nacer . Una vez concebida la nueva vida, el cuerpo de la mujer ya no le pertenece sino que pertenece por entero al concebido y, subsidiariamente a quienes lo representan, la Iglesia y los poderes públicos cuando están regidos por principios católicos como sucede con el Estado español que dice no profesar religión alguna, pero es fiel hijo de la Iglesia. La maternidad es un acto trascendental. Los derechos de las mujeres no lo alcanzan. Y sobre eso de los derechos de las mujeres habría mucho que hablar, pero no es el momento.

También os atacarán en vuestra fe por el lado práctico, el material, el de los hechos y no los principios. Os dirán que la ley no frenará los abortos. Unas -quienes puedan permitírselo- irán a abortar a Inglaterra o Francia y otras habrán de hacerlo en condiciones de ilegalidad y clandestinidad y, dicen, riesgo de muerte. Es posible, aunque las cifras están por ver. En todo caso, posible y muy lamentable; pero menos que aceptar que el mal se generalice y corrompa la sociedad. Recuérdese que, cuando la colectividad está corrupta por entero, Dios no se molesta en hacer leyes, sino que la destruye por el fuego, como hizo con Sodoma y Gomorra. Allí tambén había promiscuidad, homosexualidad, sodomía, prostitución y muchos abortos. Y su destino fue terrible.

La imagen es una ilustración de Frantisek Kupka titulada El dinero, para la revista satírica anarquista francesa L'assiette au beurre, de dos de noviembre de 1901.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Por un Estado laico.


Después de lo dicho en días pasados sobre el derecho de autodeterminación y sobre la República, una palabra sobre la iglesia española y sus relaciones con el Estado.

En su reciente Conferencia Política el PSOE parece haberse comprometido a denunciar los Acuerdos de 1979 con la Santa Sede. Pero no a denunciar sin más, renunciando a todo tipo de relación y compromiso del Estado con la iglesia católica, como correspondería en un país europeo, moderno y laico, sino a denunciar con el fin de emprender nuevas negociaciones con el Vaticano para llegar a otro tipo de acuerdo. En esto, como en lo demás, el PSOE muestra de nuevo su ánimo apocado, timorato, asustado.

Y no es nuevo. Le viene de la Transición. Los gobiernos de Felipe González, algunos con mayorías absolutas, no se atrevieron a cumplir el por otro lado pacato propósito de aconfesionalidad del Estado. Redujeron la presencia de la religión en la enseñanza pero conservaron los privilegios de la iglesia en este campo a través de la burla que son los colegios concertados mediante los cuales los curas adoctrinan a los niños con cargo a los presupuestos públicos. No osaron imponer la autofinanciación de la iglesia (como prevén los Acuerdos de 1979) sino que, al contrario, le garantizaron una mordida en los presupuestos a través de la famosa (e injusta) casilla de la declaración de IRPF y complementaron el monto con substanciosas contribuciones estatales.

Los posteriores gobiernos de Rodríguez Zapatero incrementaron esta subordinación del poder civil a los curas, aumentando el monto del IRPF recaudado por el Estado a favor de la iglesia a cambio de promulgar una Ley de Libertad Religiosa que, luego, esos mismos gobiernos retiraron. O sea, una burla.

De todas las instituciones españolas, la que menos ha cambiado en la restauración borbónica ha sido la iglesia. Hasta el ejército se ha modernizado. No así la jerarquía. Su relación con el Estado sigue siendo de dominación y privilegio. Porque es el alma y la beneficiaria directa de la concepción nacional-católica de España, heredada del franquismo, algo mitigada en las etapas socialistas y hoy en absoluta evidencia con un gobierno de la derecha tan sometido a los dictados eclesiásticos que pretende convertir en leyes los dogmas, alucinaciones y dislates de los obispos.

La reforma educativa en marcha en la LOMCE elimina todo atisbo de laicidad suprimiendo la educación para la ciudadanía y, de acuerdo con la militante consigna de Rouco de re-evangelizar España, vuelve a imponer la religión en la enseñanza como materia curricular e impulsa la educación segregada por sexos. De ese modo queda claro qué pretende el ministro del ramo cuando reclama españolizar a los niños catalanes. Los propósitos del ministerio de Justicia respecto al derecho al aborto consisten en impedirlo de hecho, para alegría de los curas y, en la medida en que se pueda, hacer la vida imposible a las mujeres y restringir los derechos de las minorías sexuales, especialmente los gays, a los que la jerarquía profesa una especial inquina.

Por supuesto, el gobierno en pleno está al servicio de la iglesia. Esta no ha sufrido ni la sombra de un recorte durante la crisis; al contrario, ha conservado y en gran medida aumentado sus privilegios a costa del erario público. Una reforma de la Ley Hipotecaria de la época Aznar ha permitido a los curas -y solo a ellos- proceder a una verdadera reamortización, registrando como propios a precios ridículos, bienes inmuebles y predios no registrados. Por la módica cantidad de 30 euros, la iglesia ha inscrito a su nombre la mezquita de Córdoba. O sea, la ha privatizado.

Eso en el ámbito material o económico (que es el que verdaderamente importa a los oficiantes del credo), pero tampoco se descuida el aspecto simbólico pues, además de legitimar el dinerario, en sí mismo también es fructífero. Las ceremonias públicas, civiles y militares, están siempre animadas por algún acto religioso; los gobernantes acuden a todos los oficios, se pasan el día en misa y hasta se disfrazan para las ocasiones, como cuando Cospedal se calza esa peineta con mantilla de tan obvias reminiscencias freudianas; toman posesión de sus cargos jurando como oblatos, agarrados a la Biblia, hipnotizados por un crucifijo; en sus ratos libres, algunos de ellos tienen visiones celestiales, mayormente marianas, que les aconsejan cómo gobernar la grey del Señor. Falta la monja de las llagas. A cambio, varios ministros y numerosos altos cargos son fanáticos sectarios del Opus Dei, que acuden a ejercicios espirituales en donde se preparan para luchar contra los vicios del mundo por la fe, la predicación y, sobre todo, la violencia. Esa Ley de Seguridad Ciudadana es un prodigio de represión inquisitorial, ataque directo a los derechos de los ciudadanos, antesala del fascismo. Habiendo llegado la derecha al ecuador de la legislatura con esa monstruosidad represiva en la cartuchera, es legítimo preguntarse si, cuando sea tiempo de elecciones, estas se celebrarán.

El poder de la iglesia es atosigante. Hasta los católicos, o muchos de ellos, cuestionan esta situación como palmariamente contraria al espíritu evangélico. No es que no haya separación entre la iglesia  y el Estado, entre la espada y el crucifijo, sino que este tiene a aquella a su servicio incondicional y, efectivamente, en plena resurrección del nacional-catolicismo que nunca estuvo en peligro en España. Porque, incluso cuando, en algún momento de extravío, el PSOE pareció tocado de laicismo, nunca faltó un Francisco Vázquez o un José Bono que mediaran por los intereses de los curas. Ahora que el gobierno es fiel monaguillo del clero, la iglesia vuelve triunfante por sus fueros. Esa reciente ceremonia de beatificación de quinientos mártires del lado franquista (y a la que asistió medio gobierno) no solamente es una glorificación del crimen de la guerra civil, sublimada como cruzada por los obispos, sino la enésima humillación a las víctimas de la dictadura, muchas de ellas católicas que siguen enterradas en fosas comunes anónimas a lo largo y ancho de este país que Rouco dice querer tanto.

(La imagen es una foto de Marco, bajo licencia Creative Commons).