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viernes, 16 de junio de 2017

Gestación subrogada o vientres de alquiler

El nuevo debate trae su carácter conflictivo en los nombres. Es un asunto complicado, desde luego, y uno tiene la impresión de meterse en camisas de once varas, sobre todo siendo varón, no vaya a ser que tenga uno cambiada la vara de medir.

Me ha interesado mucho el artículo de Bea Talegón, no somos vasijas, que, además de razonado es valeroso, y tiendo a coincidir con su punto de vista. Lo articularía, no obstante, de otro modo, más pedestre y con espíritu dubitativo y en absoluto asertivo, siempre presto a reconocer mejores razones. 

A lo que entiendo, contra esta práctica se esgrimen dos tipos de argumentos, uno instrumental y otro esencial. Por el instrumental la práctica no es legítima porque a su amparo pueden cometerse delitos. Por la esencial, la práctica no es legítima porque es ilegítima, inmoral, en sí misma.

Ninguno de los dos es convincente. El instrumental puede predicarse de todo y de nada. Toda práctica humana es susceptible de abuso y para evitarlo se han inventado las leyes que serán más o menos eficaces, pero no en función de una mayor o menor perversidad del acto.

El esencial tampoco lo es porque no consigue probar en qué reside esa esencia. Todo lo más se apunta al carácter único, íntimo, inmediato, sublime de la experiencia vital de una persona en relación con un proceso fisiológico. Parece suposición bastante razonable, pero en nada distinta a la que pueda aplicarse a otras prácticas legales, como el trasplante de órganos vitales de todo tipo. El contraargumento de que, en estos casos, se trata de situaciones de vida o muerte y  la gestación por encargo no suele estar entre ellas, tampoco es poderoso porque presupone que nos arrogamos el derecho a decidir por otros lo que consideran vital para ellos. El último contraargumento de que la esencia reside en que se trata de alumbrar una nueva vida, misterio de los misterios, despide cierto aroma a misticismo, solo al alcance de la fe.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Habla el ausente.

Avergonzado quizá El País por haber censurado al candidato de IU en su último debate, Alberto Garzón, y por haber intentado silenciar y escamotear una fuerza política que tiene representación parlamentaria con un apoyo de 1.600.000 personas, envió una periodista, Elsa García de Blas, a hacerle una entrevista que se publica hoy en el diario. Ignoro cuál sea el estilo de García de Blas entrevistando y no puedo, por tanto, afirmar si lo que me parece una actitud como de fastidio o enojo por verse obligada a hacer algo es justo o no. A lo mejor resulta que se trató de una iniciativa de la propia periodista que enmendó así la plana al diario.

Porque, insisto, la ausencia de Garzón del debate del lunes no tenía justificación alguna desde un punto de vista democrático. Y, lo cual es peor, el hecho de que Sánchez e Iglesias, beneficiarios directos de la censura a Garzón, no la cuestionaran y no obligaran a El País a enmendar el yerro todavía es peor. Que esto lo haga la derecha, bien Rajoy, bien el joven flecha que encabeza C's está en la naturaleza de las cosas. Que lo haga la izquierda no tiene pase. Que es repugnante, vaya. Si a estos supuestos izquierdistas no les importa censurar a quien, por su punto de vista y discurso, puede hacerles sombra cuando no son nadie, ¿qué no estarán dispuestos a hacer si llegan al poder? ¿Encarcelar a los discrepantes?

En fin. Garzón aprovechó bien el cuarto de hora aproximado que dura la entrevista, muy digna de ver y escuchar. Se entiende por qué el periódico no quiso darle audiencia y por qué los dos sedicentes izquierdistas Sánchez e Iglesias, tampoco lo quieren cerca y con la gente pudiendo comparar los respectivos discursos.

Muchas de las cosas que dice Garzón en la entrevista son puro sentido común de la izquierda. Dos  llaman especialmente la atención de Palinuro y despiertan su simpatía: una República federal (por fin, alguien que se atreve a hablar de república durante la segunda rastauración) y el derecho de autodeterminación de los catalanes. De República, Podemos y el PSOE no hablan por puro miedo a perder votos. En cuanto al derecho de autodeterminación de los catalanes, rechazado por Sánchez con un talante de "una, grande, libre", Iglesias lo reconoce a regañadientes, pero no ofrece garantías completas de realización. 

Garzón sostiene en la entrevista que él y su organización se han quedado solos en el ámbito de la izquierda porque los otros dos, el PSOE y Podemos, prefieren situarse en el centro, que es en donde están los votos. Pues sí, es verdad. Pero, si esto es así, si los votos están en el centro, no se entiende  por qué el se obstina en un discurso izquierdista. ¿Para perder las elecciones, quizá?

Es pintoresco, sin embargo, que dentro del Partido Comunista, que es el núcleo de IU y de la opción de Garzón, un grupo de viejos guardianes de la fe marxista-leninista haya publicado un manifiesto que, bajo el título escasamente original de Los comunistas en la encrucijada ataca la campaña de Garzón y la orientación que está dándole porque, sostienen los firmantes, está entregado en alma al espíritu de Podemos y no respeta las tradiciones y viejas glorias del comunismo de toda la vida, ese que no ha ganado elecciones democráticas nunca en ninguna parte. No parecen darse cuenta de que son precisamente esta admoniciones dogmáticas y sectarias las principales responsables de que Garzón no consiga el apoyo electoral que merece si fuera capaz de librarse de la tutela intelectual de estos burócratas, especialistas en hablar de la revolución proletaria, sin ser capaces no ya de traerla sino de atisbarla.

martes, 1 de diciembre de 2015

Un debate interesante.

"EL País" se apuntó ayer un tantazo transmitiendo el primer debate a tres por TV en internet. Estilo gringo. Minimalismo en el escenario, turnos rápidos y moderación bastante eficaz, aunque sin perder de vista que los espectadores quieren escuchar a los debatientes y no al moderador.

El señor de los sobresueldos, presidente del gobierno se escabulló como siempre pretextando una reunión en París sobre el cambio climático. Como todo cuanto tiene que ver con él, era mentira porque a la misma hora del debate de El País estaba en Telecinco, en una entrevista con Pedro Piqueras, soltando sus habituales trolas y melonadas. Es decir, no se atrevió a ir al debate general porque sabe que lo laminan, pero contraprogramó para fastidiar un poco. Con escaso resultado pues hubo más seguimiento del debate a tres en internet que de su entrevista. Había propuesto enviar en su lugar a la ratita hacendosa de la vicepresidenta (con lo que, de paso, infería un desprecio a los otros debatientes) pero, con buen tino, El País se negó. Y no solo eso, además dejó vació el estrado que había de ocupar el presidente para que se notara su ausencia. Le faltó algo de ingenio, a juicio de Palinuro. Hubiera estado mejor una pantalla de plasma sobre el dicho estrado.

Faltaron IU y UPyD en el debate. La ausencia de la primera es verdaderamente escandalosa y Palinuro lo hizo notar en el post de ayer El debate viciado. Es injusto silenciar una voz que está presente en el Parlamento con 1.600.000 votos (UPyD, 1.150.000) y tiene solera en España. No hay ninguna razón válida en democracia para esta censura. Entiendo, no obstante, que está muy en el espíritu conservador y de derechas de El País, que no traga nada comunista. Pero no lo está y es muy vituperable en el de Sánchez e Iglesias, los dos candidatos de la izquierda. Una izquierda que transige con la censura y la negación de la libertad de expresión ajena. Que Alberto Garzón traiga los efluvios del viejo comunismo no es razón para silenciarlo. Quizá creen que, con ello, aumentan sus posibilidades. Una izquierda que ve sus posibilidades en acallar a otras izquierdas, en realidad, ni las tiene ni es izquierda. Dicho en plata: es una vergüenza que Sánchez e Iglesias se avinieran a censurar a Garzón.

En cuanto al debate en sí, pretendía ser útil para que el personal pudiera informarse y hacerse un juicio sobre las propuestas de cada uno, pero, al hacerlas a toda velocidad y ser muy dispares incluso dentro de los mismos bloques, era imposible detenerse en ellas, rumiarlas un poco, sopesarlas. Será preciso verlas sobre el papel para hacerse una idea del alcance de lo que defiende cada uno. Venían también entreveradas de alusiones personales cruzadas, pullas y algún calificativo mayor, con lo cual, la reflexión serena sobre los contenidos fue imposible.

Importancia también tuvo el lenguaje no oral, la actitud y hasta el atuendo de los tres. Sánchez, en el centro, con Iglesias a su izquierda y Rivera a su derecha, recibía los ataques de ambos pero esto solo quiere decir que los dos lo necesitan. Rivera, trajeado con corbata, Sánchez trajeado sin corbata e Iglesias sin traje ni corbata. Los tres tienen dominio del plató pero les faltan ideas, originalidad, innovación. Repitieron siempre que pudieron los topicazos que manejan sus respectivos partidos, pero no se les ocurrió nada original o de creación propia. Les faltó confianza en sí mismos.

Apenas terminado el debate varios periódicos incluían ya valoraciones sobre quién lo había ganado. Los que vi en Publico y El País, daban ganador indubitable a Pablo Iglesias, con Rivera y Sánchez por detrás y a una distancia considerable. Ignoro qué criterios utilizan los calificadores al puntuar fuera de su fidelidad a su respectivo líder. A mi juicio Sánchez fue quien estuvo mejor seguido, de no tan cerca por Iglesias y a distancia considerable Rivera a quien ni se le entiende lo que dice.

Por mi parte sigo en mis trece de votar a Podemos porque es la formación que más se aproxima al reconocimiento del derecho de autodeterminación de las naciones que hay en el Estado, aunque eso mismo muy probablemente le va a costar lo suyo en votos. Los otros candidatos desbarrando en este asunto. El discurso de Rivera no se distingue del de Aznar. El de Sánchez tampoco y es aun más absurdo e infantil si cabe. Dijo haber hablado con constitucionalistas que le informaron de que ese derecho no se recoge en ninguna Constitución del mundo. Iglesias le apuntó el caso de Escocia, pero le faltó capacidad de articulación teórica de la cuestión: es verdad que ninguna Constitución recoge el derecho de autodeterminación de una parte de su población y territorio. Pero aun así, se ejerce porque es un derecho originario que no precisa reconocimiento. La Constitución del Canadá tampoco lo recoge y, sin embargo, los quebequenses votaron dos veces en referéndum de autodeterminación sin que se hundiera el mundo. El Tribunal Supremo Federal lo admitió en su día con el argumento impecable de que el tal derecho no existe en la Constitución del Canadá, pero si una porción apreciable de los quebequeses lo reclama, no hay más remedio que permitir su ejercicio. Tome nota Sánchez porque en Cataluña, más del setenta por ciento de la población quiere ejercerlo.

Por lo demás, no tengo una imagen ideal de la situación el 21 de diciembre, de forma que la previsión de resultado que menos me molesta es un triunfo de PSOE y Podemos y la formación de un gobierno de izquierdas.

lunes, 30 de noviembre de 2015

El debate viciado.

Hoy se dará el debate organizado por El País y retrasmitido por la televisión.

Es una idea excelente por la que debemos felicitar al periódico que no solamente favorece la democracia y el debate, sino que también deja en evidencia la vergonzosa política de manipulación de este desgobierno que padece el país y la cobardía de su presidente, el de los sobresueldos. Cobardía muy razonable, desde luego. A ver quién se atrevería a ir a que, en presencia de todos los españoles, le pidan explicaciones por la corrupción que ha amparado y de la que presuntamente se ha beneficiado a base de sobresueldos, o por el hecho de que esté costeando con dineros públicos los cuidados a su padre dependiente, él que ha suprimido la subvención a las dependencias ajenas.

Efectivamente, un debate imprescindible que debiera ser obligatorio y en el que los votantes podrán comparar los talantes y los programas de los candidatos.

Pero ese mismo debate presenta una tacha innoble, un defecto de origen que lo invalida. Falta el cabeza de lista de la quinta opción de ámbito estatal, Alberto Garzón, líder de Ahora en común, esto es, en realidad de IU. No se le ha invitado. Es verdad que el debate se produce en el ámbito privado de un periódico, que no está obligado a aplicar un criterio de proporcionalidad que le obligaría a incluir a Garzón, pues IU tiene representación parlamentaria. Y lo mismo pasa con UPyD.

Exactamente, ¿qué razones hay para impedir el acceso de Garzón al plató? Ninguna. Si acaso que IU es una organización pantalla del Partido Comunista de España y las fuerzas políticas conservadoras o vagamente liberales, como El País, nunca han visto con simpatía a los comunistas. Palinuro tampoco y no tiene la menor intención de votarlos. Pero, al mismo tiempo, considera que censurar, acallar, silenciar una fuerza política legal y parlamentaria por el hecho de que no se simpatiza con ella no tiene nada de democrático. Es una decisión arbitraria, injusta y censora que resta todo mérito al debate.

Al comienzo de la transición, el gobierno de Suárez acarició la idea de celebrar las primeras elecciones democráticas de 1977 con el Partido Comunista en la ilegalidad. Los socialistas de entonces amenazaron con no presentarse si no se permitía que los comunistas lo hicieran y eso garantizó la presencia del PCE en esas elecciones. Esta actitud no alcanzó también a otras fuerzas políticas a la izquierda del comunismo, lo cual fue un baldón para el carácter democrático de aquellas elecciones. Pero los comunistas pudieron concurrir.

Entiendo que el PSOE y Podemos están moralmente obligados a exigir la presencia de Garzón en ese debate y a renunciar a su participación si no se produce. Por mi parte, jamás votaré a una opción política que no muestre respeto por el juego limpio ni defienda los derechos democráticos de los adversarios como si fueran los suyos.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Los debates y la degeneración democrática.

(Quien quiera firmar la petición de Change.org puede hacerlo aquí).

La democracia es un régimen de opinión y la opinión nace del intercambio, la discusión, el debate. La democracia es un sistema político deliberativo. Las decisiones colectivas se adoptan por mayoría de unos ciudadanos que previamente se han informado y debatido. Lo sabían los griegos de la época clásica y por eso desarrollaron la sofística en cuanto capacidad de argumentar en público y triunfar, si bien luego el término cayó en desprestigio hasta que Hegel lo rescató. Cicerón era neto partidario de la retórica, el arte de bien hablar y bien razonar como puntal básico de la vida republicana. La expresión democracia deliberativa es redundante porque, si no es deliberativa, la democracia no es democracia.

Por si fuera poco, nuestra época se caracteriza por ser la del reinado incuestionable de los medios de comunicación (últimamente coronados por internet) que viven de fomentar el intercambio de información, los debates, los discusiones, las intervenciones asamblearias. La capacidad de los medios de consumir estos productos es infinita. De ahí que los políticos y también sus asesores, los comentaristas y analistas estén atentos para aprovechar cualquier ocasión, cualquier debate o discusión para difundir sus puntos de vista, para hacer propaganda.Y que se vuelvan locos por aparecer en pantalla o colocar sus mensajes en todo tipo de programas de radio, televisión de lo que sea.

En principio, los políticos (y algunos comunicadores) se apuntan a todos los debates y no solo los debates. En España, en época electoral, están dispuestos a aparecer en cualquier programa basura, en los que van a hacer el ridículo frente a interlocutores que habitualmente son de derechas cerriles o están de vuelta porque todos los políticos, dicen son iguales. En estos programas de ínfima calidad, presentados por gentes fiel reflejo de la chabacanería y el mal gusto del gentío, los políticos van a hacer de bufones, a freír un huevo o sacar a pasear al perro. Pedro Sánchez diciendo en el programa de Bertín Osborne que "a las mujeres hay que trabajárselas" da la medida de su falta de educación y su estupidez machista.

Además de los programas basura, los políticos acuden a todo tipo de debates. Exceptuado, como se sabe, Rajoy, cuya capacidad para debatir nada sin decir necedades es inversamente proporcional al miedo que le da que le obliguen a aclarar el asunto de los sobresueldos o los dineros públicos que pilla para pagar los gastos de salud de su padre.

Los debates pueden verse en dos facetas: a) la forma y el b) el fondo.

En cuanto a la forma, pueden ser tipo tertulia, entrevista o intercambio en pareja. En la tertulia, a su vez, pueden predominar los políticos o los periodistas o un modelo intermedio, con participantes estratégicamente escogidos según la ideología del medio. En ellas lo habitual es organizar un griterío con un nivel intelectual bajísimo. El tipo entrevista (también con mucha variedad) deja más posibilidades. De lo que suele tratarse es de que el político se luzca ante un entrevistador que funciona como un felpudo o, caso de que no lo sea, de que no lo pille en algún renuncio que lo ponga en ridículo. Todo el mundo recordará el momento en que Carlos Alsina pilló a Rajoy balbuceando incongruencias porque no se sabía el derecho de nacionalidad del país que desgobierna. En cuanto al intercambio en pareja, suele ser un formato en que dos políticos, como dos gallos en un corral, se buscan las vueltas y tratan de clavarse los espolones. Al final, los medios suelen declarar vencedor y perdedor y el asunto tiene, en efecto, el valor de una pelea de gallos.

Lo definitivo en los debates no es la forma sino el fondo. Importa el cómo se dicen las cosas, cierto; pero mucho más las cosas que se dicen. Al respecto se dan tres tipos de contenidos que retratan el nivel intelectual de los políticos. El primer nivel es de barra libre a las tonterías de todo tipo porque suelen tratarse cuestiones de esas de rabiosa actualidad que solo sirven para insultar al adversario o decir vulgaridades sin sentido. También en esto Rajoy es un puntal. Hace poco, en un programa de radio sobre fútbol, que es el objeto principal de su actividad mental, dictaminó que la "mejor defensa es contar con una buena defensa" o algo así de inteligente. Tampoco los demás políticos se desempeñan con mayor ingenio.

El segundo nivel es el de alcance medio. Este el terreno en que los políticos, los comunicadores, los expertos y demás tropa se sienten a gusto. Son debates sobre políticas públicas concretas que no por ser concretas son más ciertas o verosímiles. Se trata de debates interminables sobre si conviene bajar o subir los impuestos, respetar o no el sistema público de pensiones, privatizar o no la salud pública. La contundencia con que los interlocutores se expresan en este terreno jamás consigue disipar la convicción general de que no saben de lo que hablan, que lo hacen por no estar callados, ya que el silencio no vende electoralmente.

El tercer nivel es el más complicado porque es el que ya requiere cierta capacidad teórica. Se trata de debatir qué se puede hacer por (o contra) el Estado el bienestar, cómo entender la economía del común, que sucede con tesis reformistas radicales como las del decrecimiento. En este terreno, el silencio de los dirigentes es clamoroso. Su capacidad reflexiva, especulativa queda patente en estos contenidos. Rajoy es un analfabeto funcional y, cuando habla, dice disparates. Sánchez no le anda en zaga. Nadie le ha escuchado jamás una sola reflexión propia que tenga el menor interés. Y los dos rivales emergentes ya dejaron claro de una tacada que no saben nada de Kant, cuya lectura recomiendan.

Cabe maliciarse que el sistema español de selección está invertido.

martes, 24 de noviembre de 2015

Lemas y debates.

Las campañas electorales son reyertas de truhanes, pero se preparan como si fueran justas de caballeros. Pablo Casado, el portavoz del PP que hace bueno a Carlos Floriano, ha presentado el lema y la imagen con que concurrirá el PP, esto es, el emblema del partido. La parte iconográfica es la silueta de una cabeza azul sobre fondo rojo, como si fuera un anuncio de los años cincuenta de Okal, lenitivo del dolor. La cabeza añil lleva sobreescrita una leyenda algo más celeste pero que ocupa todo el espacio: cerebro, rostro, cuello. 

La leyenda es una orden. Usa el imperativo "piensa", muy típico de la mentalidad autoritaria. Pero son autoritarios de hoy, o sea, medio anarquistas, porque dicen que pensemos pero "sin prejuicios". También es una orden, pero se atenúa porque se nos pide que nos liberemos de algo generalmente tenido por malo, los "prejuicios". O sea, "piensa", a secas, sin prejuicios, sin nada, libremente. Bueno, no serán tan autoritarios. Un momento: a continuación señalan que la mente nos puede jugar una mala pasada. O sea: "piensa", sí, y hazlo sin prejuicios, pero, ojo, que el órgano pensante ("tu mente") puede ir contra ti, perjudicarte. Y es que, caramba, nada hay más peligroso que una mente abierta, libre. Por eso es preciso orientarla, encauzarla. No adoctrinarla, claro es, nada de eso, sino simplemente iluminarla, hacerle ver el recto camino. A continuación, el PP especifica una lista de veinte (20) cuestiones sobre su gestión que suelen plantearse falsamente y aporta veinte (20) respuestas correctas, para que las mentes libres las aprendan, las incorporen, las hagan suyas y las repitan por doquier.

Como el catecismo del padre Astete.

El PP no se limita a presentar su emblema con el orgullo y la satisfacción que rebosa el señor Casado, supongo que por la Iglesia. Viene luego la política de comunicación en cuanto a su participación en los debates. Campo de minas.

Todo el mundo sabe que los debates, los directos, las ruedas de prensa, las intervenciones públicas, el mero llamar a un taxi en la calle es un reto para Rajoy. No sabe llamar un taxi, ni hablar en público, no sabe leer ni entiende su letra y, cuando no tiene un guion claro y ha de improvisar dice auténticos dislates del tipo de "un plato es un plato y un vaso, un vaso", "en España hay españoles que son mucho españoles" o "van a subir el IVA de los chuches".

Un debate de más de uno (él mismo y nada más) ya le resulta problemático, así que uno de cuatro debe de parecerle la noche de Walpurgis. ¿Cómo supone El País que el presidente de los sobresueldos va a aceptar sentarse en un debate a cuatro en su redacción para que pueda ser emitido en directo a todas partes? Es como pedirle al Papa que oficie una misa satánica.

Es verdad que los tres aspirantes, que se dan traza de ser canes de raza, con algún viso de lobo solitario, no son más que gozquecillos atolondrados. Ladran en falsete por las calles pero, en el fondo, comparten con Mariano Rajoy la impostura en que él se mueve, como si España fuera un Estado de derecho y una democracia, como si hubiera división de poderes, garantía de los derechos de los ciudadanos, independencia de la justicia, actividad parlamentaria legislativa y de control y un gobierno responsable y no la arbitrariedad reinante de una mayoría absoluta parlamentaria que ha destrozado el Estado de derecho y la democracia.

Por supuesto, mientras los partidos de la oposición compartan este simulacro y no replanteen todo negándose a reconocer legitimidad alguna en un gobierno de un partido corrupto con un presidente bajo sospecha que se niega a dimitir, los debates seguirán siendo falsos, acartonados e inútiles.

Y aun así, Rajoy no los quiere.

jueves, 24 de septiembre de 2015

El debate.


Es imposible debatir con tramposos.

Casi todo el mundo, incluida la prensa más retrógrada, dio por ganador ayer a Junqueras sobre García Margallo. No era difícil y sí muy de esperar. Ignoro quién impuso que el programa se grabara en diferido pero lo más probable -corríjaseme si yerro- es que fuera el gobierno en una muestra más del miedo que tiene a todo lo público y directo. Presentar como vivo un debate enlatado es una burla a los espectadores. Una más.

Subrayo de entrada cuatro discrepancias significativas entre los dos debatientes:

a) García Margallo iba bien provisto de documentos. La mitad de ellos, falsos. Junqueras, con las manos en los bolsillos.
b) García Margallo, de corbata, traje y rígido ademán. Junqueras, descorbatado y más suelto.
c) García Margallo recurrió a las amenazas y malos augurios. Junqueras fue siempre positivo.
d) García Margallo no dejaba hablar al otro y lo interrumpía continuamente. Junqueras respetaba más los turnos de palabra.

Con todo eso, el debate estaba ganado por forma y estilo. Pero también por contenido. Hasta tres veces esgrimió Margallo un supuesto texto de Juncker, el presidente de la Comisión europea, en el que se decía que una Cataluña independiente quedaría fuera de la UE. Sin embargo, la traducción española de ese texto parece haber sido manipulada a favor de la posición española y ha sido retirada por la Comisión, con lo cual, lo más suave que puede decirse de Margallo es que ha patinado y, algo más serio, que es un tramposo, como el resto de sus colegas de gobierno y partido. Por cierto, a favor de Junqueras es que, aunque cuando se grabó el programa, aún no se sabía de la manipulación, tuvo olfato lingüístico cuando reparó en el adjetivo autonómico en lugar de regional y cuestionó el documento.

A partir de este dato, con un ministro de Asuntos Exteriores haciendo trampas en un debate televisado, este estaba ya sentenciado. Es lo que tiene el juego sucio: te desautoriza aunque en lo demás tu comportamiento sea ejemplar.

Que no lo fue porque, a pesar de la altanería, la impertinencia, la gesticulación, la intemperancia y petulancia de este descendiente de militares africanistas, el gobierno español no tiene argumentos de peso en contra de la independencia de Cataluña. Tiene amenazas, malos augurios y profecías siniestras que suenan a "duérmete niño que viene el coco" y que, probablemente tendrán mucha fuerza en su parroquia pero no impresionan a la gente medianamente informada y normal. La parte grata del encuentro, sin embargo, quizá por la ocupación diplomática del ministro, es que las amenazas no fueron las habituales de hacer-cumplir-la-ley y emplear-todos-los-medios-necesarios-para-ello.  Aunque sea imposible olvidar que, al tiempo, está cocinándose esa reforma de la Ley del Tribunal Constitucional que ha de permitir inhabilitar o algo peor a Mas.

El problema de la nacionalidad española y la ciudadanía europea en el que el presidente de los sobresueldos ya expuso paladinamente su ignorancia, sirvió también para que su ministro de Exteriores mostrara que sus argumentos carecen de consistencia. Tras sacar a relucir normas, leyes, artículos, tratados y todo tipo de impedimentos jurídicos, al final su opinión es que los más de siete millones de catalanes no podrán conservar la nacionalidad española (y, por ende, la ciudadanía europea) porque eso no es realista, como si el "realismo", signifique lo que signifique, tuviera un peso jurídico específico.

Los vaticinios sobre una Cataluña fuera de la UE, hechos con ese aire de pretendida superioridad cuartelera, como todos los futuribles enunciados por partes directamente interesadas en ellos ("si te vas de casa tropezarás en la escalera y te romperás los piños" o algo así de ingenioso) carecen de todo valor y escucharlos aburre más que el bolero de Ravel. Invito a quienes tengan que aguantarlos a que repitan la famosa cita de Voltaire en el siglo de Luis XIV y que, más o menos dice: Cataluña, en fin, puede prescindir del universo entero y sus vecinos no pueden prescindir de ella.

Y a escardar cebollinos, hombre, con el corralito. Suena verdaderamente necio justo cuando el correveidile del gobierno en el Banco de España, el señor Linde, acaba de desdecirse de su ominosa previsión, admitiendo que el corralito "es imposible" en Cataluña. En mi modesta opinión quizá sea más probable en España, sobre todo si sigue gobernada por este partido, presunta manga de malhechores dedicada al saqueo del país y presidida por un supuesto cobrador de sobresueldos, dotado de una capacidad mental que a la vista de todos quedó en la entrevista de Onda Cero.

Reitero mi impresión: Junqueras vapuleó de lo lindo al engolado Margallo, pero la entrevista, con las continuas interrupciones del ministro, fue bastante insufrible y, en todo caso, carece de interés debatir con tramposos.

miércoles, 20 de mayo de 2015

La vileza hecha mujer.

Hubo un tiempo, un tiempo largo, parecía inacabable, en el que España se jugaba su porvenir como Estado democrático de derecho en una denodada lucha contra el terrorismo etarra. Había atentados y disturbios constantes. Las calles de las ciudades del País Vasco eran inseguras y, aunque en menor medida, las de otros lugares del país. Decenas de ciudadanos llevaban escolta y estaban obligados a vivir vidas angustiosas por el permanente temor a un asalto armado. Muchos de ellos, de todo tipo, condición o edad, caían victimas de la vesania de ETA. Teníamos una lucha en dos frentes: había que vencer al terrorismo e impedir que, en la lucha, la democracia recurriera a los mismos procedimientos que combatía y se deslizara así de nuevo hacia la dictadura con lo cual, en último término, los etarras hubieran ganado. Fueron años muy duros. Años de plomo y goma 2.

Poco a poco fue asentándose la convicción de que la victoria sobre el terrorismo solo sería posible mediante la unidad de las fuerzas democráticas. Mal que bien, acabó consiguiéndose. Incluso se firmaron dos pactos de lucha antiterrorista entre los dos partidos dinásticos. El segundo de ellos, si no recuerdo mal, a instancias de Rodíguez Zapatero, entonces en la oposición y con la oposición, a su vez, del vicepresidente del gobierno que lo consideraba un "conejo que se sacaba de la chistera" Zapatero.Adivínese quién era el autor de este hallazgo: el mismo Rajoy que unos años más tarde defendía el pacto del conejo en la chistera como si fuera suyo, como un producto de sus entretelas y acusaba a Zapatero de querer traicionarlo. Rajoy en estado puro.
Aun así, había un consenso cerrado, cerradísimo, de todas las fuerzas políticas, apoyadas por el conjunto de la sociedad, en el sentido de que la política antiterrorista era exclusiva del gobierno y no estaba sometida a crítica. Los demás, punto en boca. Ese consenso se cerraba con un broche de oro: nadie usaría el terrorismo como arma política y mucho menos electoral. Y así aguantó nuestra sociedad la tormenta de fuego y odio que la azotó durante largos años. Hubo momentos de flaqueza como cuando el inevitable Rajoy acusó a Zapatero, entonces presidente del gobierno, de "traicionar a los muertos" y de poco menos que de connivencia con ETA. Con ello solo consiguió mostrarse como lo que es, una persona sin escrúpulos. Pero, en términos generales, la unidad se mantuvo, el terrorismo quedó fuera del debate político, el frente social y mediático antietarra era total. Y ETA sucumbió, eliminando así el último obstáculo a la plena instauración de la democracia en España. Lo que ha venido después ya es otro asunto sobre el cual hay hoy día muy encontradas versiones.

Con estos antecedentes, ¿cómo se le ocurre a esta señora Aguirre usar el terrorismo como arma electoral? Tenía razón ayer Palinuro. Aguirre no vive en la realidad, sino en un teatro siniestro que se ha montado en su cabeza. Ayer la comparaba con algunas heroínas. Le venían grandes todas. Se acerca más al tipo Medea: movida por pasiones irrefrenables, un odio sin limites y una obsesión por imponerse capaz de destruir todo lo que la rodea. Lo que hace. ¿Cómo rompe el acuerdo básico que posibilitó la derrota del terrorismo y, además, con carácter por así decirlo, retroactivo, con el fin de insinuar odiosas connivencias entre Carmena y los terroristas? ¿Es que no está en sus cabales?

Aguirre no tiene cabales. No tiene limites. El límite es ella misma. Un caso de mitomanía colosal. Es ella sola, la única. Ya se ha enemistado con todos los dirigentes de su partido, absolutamente todos, que están deseando verla estrellarse. Y lleva camino de hacerlo si sigue mostrando tanta ruindad, tanta mezquindad, tanta ansia por vilipendiar a su adversaria de las formas más repugnantes. Empezó hace unos días poniendo en cuestion la profesionalidad de Carmena al afirmar que es jueza por el cuarto turno con lo que consiguió ofender a todos los del cuarto turno, que son unos profesionales dignísimos y dejó impoluta a Carmena que es jueza por oposición. Y por oposición anterior a la implantación del cuarto turno. Una mentira, un infundio hecho con mala uva, con un espíritu bastante mezquino. Ahora llegan las venenosas insinuaciones sobre las decisiones de Carmena como jueza de vigilancia penitenciaria. Aquí, lo de menos es que Aguirre hable sin saber lo que dice y tome las providencias judiciales como decisiones de las que ella adopta con esos colaboradores que luego acaban todos en la cárcel. Esta saña revela que la dama es una simple y así se lo dice una reposada y segura Carmena que lamenta escuchar cómo su interlocutora, a su edad, dice tales "simplezas".

Es que vive de ellas. Cuanto más simples, elementales, chocantes y agresivas sean sus afirmaciones, más conseguirá la condesa que no se hable de lo que realmente le preocupa, la corrupción, en la que vive anegada hasta las cejas y últimamente hasta más arriba de las cejas. Con buena parte de sus amigos, colaboradores, asesores, subordinados y allegados por diversos motivos entre rejas, procesados, imputados o a punto de serlo, el repentino descubrimiento de ese pintoresco ménage à trois gastronómico entre la presidenta de la comunidad, su amigo del colegio y el marido hace añicos su justificación de que ni ella ni su familia aparecen pringados. Y, de paso,  sitúa el asunto en el nivel adecuado, más bien entre la cocina y el servicio, propio de una novela de Galsworthy. Y luego dicen que la aristocracia española es estirada, cuando se mezcla con los fogones porque, según parece, gracias a las generosas concesiones y contratas que la Comunidad concedía al amigo del cole, este colocaba en los más distinguidos comedores de distintas instituciones los sabrosos quesos del marido de la presidenta.

Para evitar el bochorno de esta inmersión absoluta en el mundo del chanchullo, la mamandurria, el enchufe y el favoritismo, de la corrupción en definitiva, Aguirre arremete con verdaderos insultos, infundios y golpes bajos contra Carmena a la que acusa sin prueba alguna, de laxitud con los asesinos y, en el fondo, de simpatizar con ellos, de ser equidistante, de ser totalitaria. Tanta bajeza, tanta ruindad, tanta desmesura e injusticia con una jueza que ha cumplido siempre su deber, no ha sido nunca sancionada sino, al contrario, galardonada con un premio, seguramente ganarán para Aguirre los votos de la ultraderecha de la de brazo en alto. Pero solo esos. Los otros, de gente normal, más templada, huirán de ella. A lo mejor cae en la cuenta y nos ahorra a todos un espectáculo tan bochornoso como el del debate de ayer.

Preguntaba Aguirre si, dadas ciertas circunstancias de carácter judicial privado aclaradas por la jueza, Carmena no creía que en Inglaterra se vería obligada a deponer su candidatura. Esa pregunta debiera empezar por contestarla ella: si no se vería obigada a dimitir por haber presidido un gobierno que ha sido un muestrario de corrupciones y episodios propios de la pantera rosa, con maletines volanderos, espionaje en los ascensores, sobornos, fundaciones fantasmas. Con el agravante de que su propio marido, su familia están implicados en presuntos tratos de favor y supuestos cabildeos con la institución que ella presidía. Si se añade a la comitiva el divertido sainete del triángulo nutricional, a lo mejor ya ni siquiera se le plantea lo dimisión como candidata porque quizá no le dejen entrar a presentarla. Estos ingleses conservadores son muy estirados y, así como no les gustan los toros, aborrecen el olor a ajo y a queso de oveja.

martes, 12 de mayo de 2015

Los debates.


Lo interesante de los debates son los preparativos. Las invitaciones, los rechazos, los retos, los acuerdos, las estipulaciones, los tiempos pactados, todo lo que agita las aguas de la opinión unos días antes y mantiene ocupados a analistas, comunicadores y asesores. Finalmente, tras haberse puesto de acuerdo hasta en los turnos para toser, los debatientes se exhiben en la pequeña pantalla para la realización de ese trámite que los teóricos contemporáneos llaman espectáculo y los más radicales, estilo Baudrillard, simulacro. Los candidatos simulan un debate espontáneo sobre asuntos de palpitante actualidad e interés de la ciudadanía.

Y el interés cae en picado. El debate es una sucesión de minimítines en tiempo tasado en los que los candidatos tienen instrucción de colocar el meollo de su mensaje. Apenas hay intercambio y el que hay es de una calidad insultante. Tómese como ejemplo ese acuerdo al que llegaron ayer Cifuentes y Ciudadanos para acabar con los corruptos en Madrid . Una pica en Flandes, ¿no? Anunciado a banderas desplegadas en prime time. Y ¿cómo piensan estas buenas gentes cumplir tan noble propósito? Pues comprometiéndose a firmar un pacto anticorrupción para echar de las instituciones a cualquier político manchado por la corrupción. Como suena. Estas gentes en verdad toman al auditorio por una manga de alelados. Anuncian por la televisión que piensan cumplir la ley. Porque echar a los corruptos es obligado. Es lo que manda la ley. Acabar con la corrupción no es comprometerse a castigar a los culpables, sino impedir que aquella se dé mediante medidas preventivas, de vigilancia y responsabilidad.

Pero nadie dice nada porque en los debates cada cual va a colocar su mercancía. Por cierto, en términos de mercadotecnia, Gabilondo tiene que mejorar, ser más conciso y claro y acuñar expresiones menos lejanas y más afortunadas. En eso falta a todos bastante práctica. Enuncian males, sí, pero sus propuestas son confusas. A todos menos a Cifuentes, que trae el argumentario bien elaborado en el partido. Son propuestas muy contundentes, destiladas al extremo, muy probadas en ocasiones anteriores y con mucha fuerza de convicción. Su contenido parte de un núcleo ideológico-programático neoliberal que parece irrefutable: libertad de elección. En las distancias cortas, en cosas como la corrupción, es posible poner en un brete a Cifuentes. Pero, llegando a los otros dos asuntos básicos, impuestos y educación, se yerguen dos expresiones que son baluartes conservadores frente a los que la izquierda fracasa: primera (para la promesa de bajar los impuestos) en donde mejor está el dinero es en el bolsillo de la gente. Segunda (para seguir con la educación concertada) garantizamos la libertad de elección de los padres. La candidata colocó las dos píldoras sin que sus contrincantes pudieran hacer nada.

La incapacidad de la izquierda de desmentir estas falacias es alarmante. La libertad tiene que ir acompañada de igualdad o no es tal. Tratar de forma igual a los desiguales es privarlos de libertad. Nadie quiere subir los impuestos indiscriminadamente sino tratarlos de forma diferenciada por criterios de igualdad y justicia social. Hay mucha gente que no tiene dinero. Ni bolsillos tiene. El único dinero de que puede disponer es el que pone el Estado vía justicia fiscal. Y lo mismo con la libertad de elección de centros educativos. Hay muchas familias que no pueden pagar los sobrecostes que normalmente cargan los colegios privados concertados. Resulta así que quienes disponen de ingresos superiores se benefician de un servicio público del que quedan excluidos quienes menos tienen pero que, sin embargo, sufragan vía impuestos. Eso es la libertad de elección de unos padres a costa de la de otros.
 
De aquí al 24 habrá otros debates tan apasionantes como este. Los de ayuntamiento prometen ser con espíritu zarzuelero para el que Aguirre se pinta sola. Por cierto que, estando en ferias de San Isidro, seguro que aprovechará la ocasión de ir a alguna corrida. Una idea sería la del día 21, la corrida de la prensa. Ahí se matarían dos pájaros de un tiro: se mostraría a la prensa quién representa el auténtico Ser de España y quién el sórdido espíritu de la anti-España.

Los debates cuyos preparativos más prometen son los de las generales de noviembre. Aunque no descartaría alguno con motivo de las catalanas de septiembre. Para mucha gente, el éxito repentino de Ciudadanos es su supuesta catalanofobia. Un debate sobre el derecho a decidir de los catalanes en la televisión española estaría muy bien. Y Ciudadanos haría su agosto. ¡Qué más quieren los españoles que catalanes que quieran ser españoles! Ahí, Ciutadans arrasa.

En cuanto a las generales, los debates se perfilan complicados. Siguen rituales como de torneos. El interés de Iglesias por debatir en televisión primero con Rajoy y luego con Sánchez y su negativa a hacerlo con Rivera indica una aceptación implícita del código de la caballería. El guerrero quiere justar con el de arriba; no con un zangolotino recién llegado como Rivera. Pero, precisamente ese es el código que se le aplica. Ni Podemos ni Ciudadanos tienen diputados y, por tanto, no son caballeros. Los caballeros no cruzan armas con los villanos. Y si resulta algo "casta" llamar villanos a Iglesias y Rivera, llamar caballero a Rajoy es rondar lo escatológico.
 
Se perfilan uno o más debates singulares de los dos candidatos del PP y del PSOE, sean quienes sean y parece inevitable que haya alguno de Iglesias con Rivera. La manera más clara de romper el bipartidismo es actuar como si ya estuviera roto. Un debate de Iglesias y Rivera no necesita permiso de nadie. Lo compra cualquier cadena privada porque tendrá mucha audiencia. Y así se escenifica el tetrapartidismo. Claro que entonces los de IU y UPyD, o lo que quede de ambas, pedirán participar. Pero si los caballeros no justan con villanos, los villanos no justan con mendigos.

Recordatorio para hoy.

No hay nada nuevo respecto a ayer. Seguimos en la idea de presentar el libro de Ignacio Torreblanca, Asaltar los cielos. Podemos o la política después de la crisis en un acto en el salón de ídem de la UNED, c/ Bravo Murillo, 38. Acudiremos el Rector, Alejandro Tiana, el confundador de Podemos, Jaime Pastor, el autor del libro, Ignacio Torreblanca y Palinuro, modesto servidor de ustedes.

El encuentro promete. El momento ayuda. Los intervinientes tienen prestancia (la mía excluida) y, es de suponer, el público, a quien se ha reservado gran protagonismo para que se vea que en la Univesidad no solo cuadramos los círculos sino que, como Podemos, les damos la palabra. Estoy muy interesado en saber qué va a decirse, ahora que están todos en campaña electoral muy reñida. Palinuro ya hizo una reseña de la obra, publicada bajo el título de Quedarse en tierra. En el fondo, a Palinuro no le gustan los cielos ni tomados al asalto. Prefiere la tierra un millón de veces. La tierra de nuestros antepasados y la de las generaciones futuras.

La referencia a la reseña del libro es a título informativo. Nadie tenga cuidado. Palinuro no repite jamás sus consideraciones. Hoy ya tiene otras nuevas.

Bienvenido todo el mundo.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Que la calumnia no salga gratis.

Tenemos que desterrar la calumnia del debate público. No puede ser que la confrontación de ideas sea substituida por el infundio o la difamación y mucho menos que los calumniadores se vayan de rositas con sus infamias.

Al post de ayer sobre este asunto (La enésima calumnia de los GAL), añado hoy estas breves consideraciones con el fin de dejar el asunto bien claro.

Según mis noticias, el calumniador, Enrique González Duro, resulta ser un psiquiatra que va de "rojo", de "antifranquista" y que en su perfil de FB muestra un emblema de La Tuerka. Bien, bien.

Este indeseable dejó dicho en mi FB que yo había sido contertulio de la SER, en donde defendía a capa y espada los GAL. Le respondí que nunca he defendido a los GAL sino al contrario y que jamás fui tertuliano en esa emisora y él insistió en su aseveración. Probablemente es la emisora que él escuchaba. Pero sigue siendo falso que yo haya sido nunca contertulio en la SER, como sabe todo el mundo y, si no, basta con preguntar.

Del reiterado embuste solo cabe colegir dos conclusiones: 1ª) el psiquiatra miente, no escuchaba la SER y trata de engañar a la gente y 2ª) el psiquiatra oye voces en su cabeza, en cuyo caso más vale que vaya pidiendo hora a un colega normal.

Por cada minuto que pasa sin que este individuo presente las pruebas de lo que dice o unas disculpas públicas, más claro queda que es un sinvergüenza.

viernes, 6 de marzo de 2015

El valor y la cobardía en política.


Todo el mundo está familiarizado con el apotegma del pesado prusiano von Clausewitz, de que "la guerra es la continuación de la política por otros medios". Menos gente conoce el retrúecano del efervescente poitevino Foucault de que "la política es la continuación de la guerra por otros medios", conclusión que Palinuro tiene por tan cierta como la del teutón.
La política es guerra de otra forma ¿Qué cualidades debe tener un líder, un caudillo, un dirigente? Clarividencia, desde luego, y carisma, mucho carisma, esto es, encanto personal, crédito y atractivo de masas. ¿Y qué más? Valor. Sobre todo valor. El valor es lo esencial porque, siendo la única virtud que, como dice Napoleón, no se puede fingir, debe estar presente en el líder militar y el civil, en el general y el político. ¿Y qué es el valor? La capacidad de enfrentarte a lo difícil, quizá lo desconocido, lo que puede vencerte y poner en peligro tu supervivencia, tanto en el orden físico como en el intelectual. La capacidad de jugártela con quien puede vencerte. Quien puede demostrar que eres peor estratega en el campo de batalla, que no tienes ideas militares ni civiles, que no tienes recursos, que defiendes teorías inferiores o falsas. O mentiras.
Por eso no es infrecuente que los líderes escurran el bulto, se nieguen a los enfrentamientos o debates, o solo los quieran amañados, con diálogos preconvenidos o debatientes de segunda o tercera.
¿Es valor enfrentarse a enemigos inferiores o que no pueden defenderse? No; es cobardía y, si el valor no puede fingirse, la cobardía no puede ocultarse.
¿De quién se habla aquí?
Juzgue el lector.
De tod@s los dirigentes que se den por aludid@s. Ell@s saben quiénes son.  

jueves, 26 de febrero de 2015

Performance.


En un post de ayer, Palinuro calificaba a Iglesias de portentoso animal político en referencia a su idea de contraprogramar el debate sobre el estado de la nación que, por cierto, empieza a conocerse como den, con alegre desconocimiento del sentido del término en inglés. Como lo pensó, lo hizo. Podemos se llevó el den al teatro Fernando de Rojas, del Círculo de Bellas Artes en su segundo día y lo llenó hasta los gallineros, con gente fuera. Eclipsó el poco relieve que iban a tener los grupos minoritarios de la cámara, especialmente los catalanistas. Y eso, además en el día en el que el Tribunal Constitucional anunciaba que anulaba parte de la ley catalana de consultas y el decreto subsiguiente a cuyo amparo se convocó el 9N.  Se avivan los tizones independentistas; la Generalitat asegura que acata pero no comparte y Mas lamenta que no les quede más vía que las elecciones de septiembre. Por supuesto. Ya se sabía. Los de ERC podían haberse ahorrado la intervención en la cámara. En realidad, visto el caso que se les hace, podían habérsela ahorrado todos los grupos, incluido el socialista. A este incluso le recomendaron que no volviera por falta de nivel. Así que ayer por la tarde, el Parlamento estaba fuera del Parlamento.

El golpe de Iglesias es espectacular. De espectáculo. De teatro. Pero con un enorme impacto. Dícese que fue Sófocles quien introdujo el tercer actor en la tragedia griega. El primer día vio la pugna entre el protagonista y el antagonista con el coro en el hemiciclo. En el segundo el tercer actor se coló, incluso obligado por alusiones. En el primer acto, el protagonista habló de Iglesias sin que este estuviera presente ni pudiera responder. En el segundo Iglesias habló del protagonista sin que este estuviera presente ni pudiera responder. Y en condiciones mucho más favorables porque el de Podemos domina los escenarios como si hubiera nacido en ellos. Lo hizo ignorando al antagonista del primer acto, a quien no nombró ni una vez y al PSOE explícitamente solo en una ocasión, ligándolo a su cruz del 135, si bien había una frecuente referencia implícita al hablar de "gobiernos anteriores". Pero la referencia directa, inmediata, permanente, fue a Rajoy a quien en el primer minuto Iglesias ya retó a un debate cara a cara en TV cuando quisiera y como quisiera. Dominio absoluto. Ahí quedó ese simbólico guante que tampoco Sánchez recogió en fechas pasadas. Con razón porque es un reto blindado: si los dos líderes dinásticos lo aceptan, juntos o por separado, tratarán de igual a igual a una fuerza emergente y son pocas sus probabilidades de ganarlo. Pero si lo rechazan, ya lo han perdido.

El discurso de casi una hora estuvo bien. Excesivamente retórico para Palinuro, aunque no para un público entregado, a veces encendido. Abundancia de figuras y tropos, pero articulado en el lenguaje directo y claro de la indignación de la gente de la calle. Se abrió y se cerró con una llamada a la Patria. Patria, patriotismo, patriotas términos que aparecieron con frecuencia. Hilo condctor de búsqueda de una comunidad extensa que luego se ajustaba verticalmente con la también frecuente referencia al arriba y abajo, los ricos y la gente. Su empeño por armar un discurso asimismo práctico, concreto, empírico, lo llevaba a interminables relaciones de datos y estadísticas que cuantifican las acusaciones de desigualdad e injusticia, pero acaban desorientando. No obstante, la conclusión era obvia: el discurso de Rajoy en el primer acto era un conjunto de falsedades, engaños, ocultaciones y servidumbres a  los amos alemanes y del totalitarismo financiero, expresión que tendrá su impacto mediático. Aunque tuvo buen cuidado de equilibrar reconociendo a Alemania capacidad para adoptar políticas acertadas.

Fue también propositivo, incluso prolijo y a veces reiterativo. No se prepara un discurso de una hora en menos de veinticuatro, aunque en él haya aportaciones colectivas substanciales. O quizá por ello. También en el recital de las medidas positivas aparecieron menciones específicas que en los discursos parlamentarios al uso no se hacen por olvido, desidia o ignorancia, como el IVA cultural o la perspectiva de género permanente. O no se hacen por miedo, como el impuesto a la riqueza.

La corrupción tuvo un tratamiento condigno. Definida como estructural y con algún sarcasmo, estuvo en el espíritu de crítica y ataque de las demás fuerzas.

De Cataluña, ni una palabra. En esto el Parlamento de fuera y el de dentro se parecen mucho.

No sé si el tercer actor se ha comido al segundo y tampoco sé si sería justo. Iglesias ha tenido veinticuatro horas para responder a un texto que ya conocía. Ha hecho una réplica. Sánchez respondía a un discurso que desconocía y solo podía imaginar. En un contexto formal y parcialmente hostil y con unos tiempos tasados. Iglesias no iba a ciegas y el reglamento no lo atosigaba. Hubiera podido hablar hora y media.
 
No obstante, las tragedias suelen tener tres actos. Queda el tercero. Palinuro no pierde la esperanza de que la oposición institucional comprenda que, si en el Congreso está bloqueada y fuera de él, ninguneada, le ha llegado el momento de hacer algo. En primer lugar, presentando una moción de censura y, si el gobierno sigue ignorando a la representación popular y gobernando por decreto, retirada al Aventino. En el fondo, ese teatro Fernando de Rojas es una especie de Aventino solo que para una gente que no está en el Parlamento o aún no está en el Parlamento. Ya se sabe que es difícil y complicado. Pero la política, a veces, es difícil y complicada, sobre todo cuanto está en juego la supervivencia.

Ese sí sería un interesante tercer acto.
 
 

martes, 24 de febrero de 2015

Debate, sí, pero sobre la moción de censura.


¿Qué más puede pasar en este Reino de la Trapisonda? El gobierno de Madrid paga "primas", que también pueden llamarse tranquilamente "sobresueldos" a magistrados y fiscales a través de una empresa privada. Ya es grueso. Cualquier malpensado diría que los gobernantes tienen comprado un puñadico de jueces. No así Palinuro, a quien consta la fiera independencia de la Justicia. No ayuda, empero, que uno de los agraciados con las jugosas primas mensuales sea el presidente del Tribunal Superior de Justicia, Vieira, que anuló las escuchas de la Gürtel, gracias a lo cual, si no me falla la memoria, se expulsó de la carrera judicial al juez Garzón. Ni ético ni estético, editorializa furioso El País. Sí; ya veremos si legal porque, de entrada, hay un problema de incompatibilidades que el señor Vieira se ha saltado alegremente, justo el tipo de comportamiento por el que están friendo a Monedero.

Al grano, aquí ha estado cobrando sobresueldos medio mundo por cantidades astronómicas, de la caja A, B, C de la empresa Indra, de la Fundación Tal o el consorcio Cual. Pero todos dineros públicos. Un expolio general.
¿Qué más hace falta para que la oposición presente una moción de censura a un gobierno que ha llevado España a esta situación de esperpento? ¿O no es un esperpento que hasta los jueces estén bajo sospecha de corrupción? Rubalcaba amenazó con ella en 2013 pero luego no volvió a mencionarla. Sánchez, es evidente, ni la considera. Sin embargo, debiera hacerlo por dos motivos: uno de principios y otro de conveniencia.
Por principios: Sánchez es el líder de lo que los británicos llaman el "gobierno en la sombra". La verdad, no estoy muy seguro de que lo haya constituido, pero, en todo caso, es el jefe del "gobierno en la sombra". Salga de ella. Aparezca a la luz en el Parlamento. Haga la crítica al gobierno y proponga sus alternativas. Que la gente se informe, sopese, se forme un juicio. Es lo civilizado. Y es su deber.
Por conveniencia: Pablo Iglesias contraprograma el debate sobre el Estado de la Nación con una intervención por la tarde del miércoles en el Círculo de Bellas Artes en la que responderá a Rajoy. Iglesias es un portentoso animal político. Como no puede estar en el debate del Parlamento, se lo lleva a donde él está. Confía en los medios. Y, en efecto, mucha gente contará las respectivas audiencias. Con esa decisión, Iglesias reta a Sánchez a ver quién es más y mejor líder de la oposición  y presenta mejores propuestas.
La única baza que tiene Sánchez frente a Iglesias es hacer lo que este no puede: anunciar una moción de censura.

lunes, 9 de febrero de 2015

Vuelve Max Weber.

Podemos cerró ayer la campaña de primarias previa a las autonómicas de Madrid en la Plaza del Reina Sofía. Hacía frío y los cronistas señalaron que la asistencia no fue la de otras veces, unas doscientas personas. El día anterior había hecho cierre la candidatura alternativa, encabezada por Miguel Urbán en el Ateneo de Madrid en donde probablemente hay un aforo similar, aunque sin duda la temperatura era más agradable.

En su discurso en el Reina Sofía, Iglesias, que ya tiene maneras de candidato a presidente del gobierno, interpeló directamente a Rajoy pidiéndole elecciones anticipadas y no mencionó siquiera al PSOE. Cuando se piden elecciones anticipadas uno quiere ganarlas y cree que puede hacerlo. Oposición frontal al gobierno. Elecciones anticipadas es lo primero que pidió el PP nada más perder las de 2008. Porque siempre se actuará en oposición al gobierno sin compromiso alguno. Igual que Podemos: quiere quemar etapas; llegar cuanto antes a la confrontación electoral y sustituir a los que mandan. Frente a esto, el PSOE sigue ofreciendo un aspecto desmadejado. En Baleares, en una convención de su partido, Sánchez aseguró que el PSOE es el que mejor sabe cómo ganar a la derecha y que es al PSOE a quien el PP verdaderamente teme, aunque no se ve por qué pues no pide elecciones anticipadas ni presenta moción de censura. Y si tanto le temen, es incomprensible que la señora Aguirre, entrevistada en Salvados (ver más abajo) no lo mencionara y, en cambio cerrara contra Podemos.

A su vez Podemos tampoco lo menciona, pero carga contra el PP. Aquí alguien está descolocado y da la impresión de ser Sánchez.

No obstante, el discurso de Iglesias tuvo también una faceta muy digna de mención y fue su duro ataque a IU, ahora que esta se ha escindido por enésima vez. La crítica señalaba que “se vive muy cómodo en el 12% siendo un partido bisagra del PSOE, siendo fiel a tus principios, sabiendo que vas a ser minoritario". Es una crítica al apoltronamiento, la indolencia, los intereses creados de IU. Pero tiene un elemento muy característico que habla más del crítico que del criticado y se observa en esa indirecta referencia a Max Weber.

Cuando el PSOE ganó las elecciones de 1982 traía en la mochila una promesa de convocar un referéndum para sacar a España de la OTAN. Al llegar al poder, sin embargo, los socialistas empezaron a ver las cosas de otro modo. Gobernar no era discursear en la oposición sino que implicaba tomar decisiones en una sociedad conflictiva, sometida a presiones de todo tipo, tanto internas como externas. En poco tiempo cambiaron de parecer y lo que en un principio iba a ser un referéndum para sacar a España de la OTAN se convirtió en otro para dejarla dentro de ella.

Los socialistas justificaron este giro de 180º echando mano de la famosa distinción de Max Weber en El político y el científico entre la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción. La disyuntiva es clara: llegas al poder imbuido de tus convicciones pero, luego, la realidad te obliga a hacerlas a un lado porque se espera que aceptes la responsabilidad que implica gobernar y lo hagas con el más amplio beneplácito posible.

Pero esa observación reza siempre para quienes están en el poder. No se predica de quienes todavía están luchando por llegar a él. Y, sin embargo, es ahora el caso con Podemos, que critica la fidelidad de IU a las convicciones por entender que es un subterfugio para la inacción y, en consecuencia, hemos de entender que él ejerce la ética de la responsabilidad, es decir, las convicciones pasan a segundo plano. Da la impresión, sin embargo, de que el ataque tiene otra finalidad, en concreto, evitar toda fusión entre IU y Podemos a fin de que este no pierda votos de los electores que, siendo de izquierda, no votarían nada relacionado con el comunismo. De ahí el refugio en la ambigüedad y la renuncia a hablar de la organización territorial del Estado, la Iglesia, la República o la oposición izquierda-derecha.

Al margen de si es más o menos justo acusar de pereza y conformismo a quienes ponen por delante sus convicciones a su conveniencia, queda por considerar si la prevalencia de la "responsabilidad" sobre los principios y las convicciones no nos deja en el pragmatismo y el relativismo más absolutos. ¿Quién ha dicho a los de Podemos que la falta completa de principios que no sean ganar conduce a algún sitio distinto de la justificación del poder por sí mismo y de su ciega reproducción también en interés de sí mismo, con olvido de las gentes en cuyo nombre se decía actuar?

lunes, 2 de febrero de 2015

Disputare aude!


Leo que Pedro Sánchez cambia de discurso, estrategia y asesores. Hace muy bien porque los anteriores, quienes fueran, lo estaban llevando al desastre. Los nuevos parece que traen ideas nuevas.

Pero no lo suficiente. Si rompe, que rompa de verdad.

Sánchez concentra su discurso en criticar el de Rajoy. Y lo hace a distancia, al estilo tradicional de esta política de hipócritas, mequetrefes y cobardes instaurada por el presidente del gobierno que, como no sabe hablar, ni leer, ni decir nada con un mínimo de dignidad que no sea mentira, prefiere el plasma, el monólogo, el silencio o las alusiones a otros a distancia, durante las inauguraciones de la fiesta del pepino. 
 
Pero si Sánchez quiere cambiar realmente, además de atender a las alusiones de corrala, debe escenificar su ruptura. Ese nuevo pacto, firma, acuerdo o chanchullo es un disparate suicida. Rompa ya con la corrupción. Presente una moción de censura de una vez y ponga fin a esta farsa de un gobierno que no gobierna y un legislativo que no legisla porque están todos concentrados en ver cómo salvan al sobresueldos de su horizonte judicial. Lo único que Rajoy tiene ya que decir es cuándo se va. Y, aunque parezca imposible, sin mentir.
 
Sánchez no puede ignorar a Podemos. Simularlo luego de haberle copiado con el mismo descaro con que Podemos ha copiado a otros, demuestra debilidad y atolondramiento. Ignorar a quien te interpela directa a indirectamente es tan perjudicial como pasarse el día hablando pestes de Pablo Iglesias.
 
Ni pestes ni rosas. Quede con él en un debate abierto en la televisión. Vayan los dos a un programa sin más condiciones previas que las de la buena educación y el juego limpio. ¿No son ustedes políticos de la nueva generación, cercanos a la gente? ¿No abominan ambos de la falsedad, el acartonamiento, la mentira institucionalizada que representa Rajoy y toda la vieja política? ¿No piensan que la política debe ser intercambio civilizado de propuestas por el bien común, defendidas públicamente para que un electorado mayor de edad y crítico pueda optar informadamente?
 
Si ese debate televisado Iglesias - Sánchez se produjera alcanzaría una audiencia sin precedentes y tendría una importancia inmensa. Algo parecido al famoso debate Kennedy/Nixon aunque en otra escala. Abriría una época y dejaría a Rajoy descolocado en el rincón de las antiguallas porque, aunque quisiera, no podría hacer lo mismo por falta de categoría. Ese sería el signo obvio de cambio de época y de que el PSOE tiene algo que pintar en ella.
 
Atrévase a debatir, hombre. No pasa nada. Ambos saldrán fortalecidos y quién sabe si amigos.

sábado, 10 de enero de 2015

El fuero ético.


Los del Foro Ético tienen nueva página web. Es sencilla y ofrece amplia información sobre la naturaleza de la entidad, sus objetivos, su composición, su órgano directivo y su modus operandi. En ella se accede a un documento fundacional de 2012 que da cumplida cuenta de las motivaciones de quienes lo pusieron en marcha. Tanto aquí como en los otros escritos de la página hay una referencia frecuente a las redes. Los integrantes parecen haberse conocido en las redes sociales. Es, por tanto, una organización digital y transversal. Hay mucha presencia de la parte respondona del PSOE y de gente sin partido, republicanos, supongo, nómadas de la izquierda. Palinuro saluda al primo hermano Foro Ético porque, aunque es colectivo, es un blog, de la noble hermandad bloguera, partícipe de la blogosfera, una tupida red distribuida.

Breve mención al contenido. De carácter regeneracionista, según afirmación en la misma entrada. No hay que perder el tiempo explicando que no se trata del regeneracionismo del siglo XIX porque sí se trata. Los males contra los que lucha, la corrupción, el caciquismo son los del siglo XIX. El país es muy fiel a sí mismo. Estos van por el fuero ético, en lucha contra el desafuero general, contra los desaforados que se han adueñado de las instituciones y las utilizan en provecho propio.

Los de Foro Ético plantean sus exigencias también a las organizaciones de izquierda con las que simpatizan o a las que pertenecen. Hacen bien. Eso les da crédito. Y las organizaciones harán bien en escuchar lo que en este foro se debata.

Y esa ética ¿es republicana? ¿O se suma a la teoría de la accidentalidad de las formas de gobierno y, como la de Pedro Sánchez, es republicana en su fuero interno, pero monárquica en el externo? 

sábado, 18 de octubre de 2014

Los dos Pablos.


Comienza la asamblea estructuradora de Podemos, la reunión que decidirá qué forma ha de tener la fuerza Podemos, a la que sus mismos militantes se resisten a llamar partido. Y lo hace en un clima de controversia u oposición entre varias concepciones orgánicas de las que dos tienen por ahora mayor respaldo colectivo: las de los Pablos, Echenique e Iglesias. No han conseguido, aunque lo han intentado, consensuar una única que lógicamente sería ganadora. Y se mantienen opuestas ambas opciones. Los medios, siempre tremendistas, hablan de conflicto, buscan el toque dramático. Así abre hoy El Plural: Fin de semana clave para Podemos: el liderazgo de Pablo Iglesias y su presencia en las municipales, en entredicho. ¡En entredicho! Vieja institución de la Guerra de las investiduras y de antes. Grave advertencia. Al reconocer la divergencia de criterios, los de Podemos ya avisan de que muchos medios están muy interesados en informar de disensiones, conflictos, enfrentamientos. Por diversas razones. Sin embargo, aseguran, son discrepancias lógicas, democráticamente ventiladas y que desembocarán en una unidad fortalecida. Claro; no van a decir que piensan liarse a mojicones.

La divergencia u oposición de criterios es de fondo, de mucho fondo, un fondo con ecos de viejas polémicas del movimiento obrero, de la izquierda. Los medios que, además de tremendistas, son muy iconográficos, le dan los dos nombres y les ponen los rostros de Echenique e Iglesias, aunque son decisiones colectivas, porque la política, hoy, la vieja y la nueva, es mediática y está personalizada. Y, en este caso, personalizada en estos dos dirigentes que toman sobre sí una especie de tarea de paladines en combate singular, método tradicional de decidir muchas veces batallas en guerras antiguas. Las tesis de los dos Pablos se enfrentan en la arena y los demás jalean.

Desde luego, el ejemplo es una metáfora. Pero toda metáfora define a su modo una realidad. La divergencia de criterios no es una batalla, por supuesto, pero es un conflicto en el sentido más aséptico y sencillo posible. Y los conflictos, todos, solo pueden resolverse de dos modos: vence una de las partes o llegan a un acuerdo que, por supuesto, incluye el de tablas o empate. Todo acuerdo, todo pacto implica concesiones. Las diferencias entre pactos radican en la cantidad y calidad de las concesiones de unos y otros. De eso viven los asesores.

¿Qué cabe esperar en el combate singular entre los dos Pablos? La Asamblea decidirá. Las tesis del uno y el otro, de Claro que Podemos, CP, (Iglesias) y Sumando Podemos (SP) (Echenique) sobre todo en el aspecto orgánico son muy dispares y difíciles de casar. CP es más jerárquico, tiene una estructura de partido de liderazgo y, aunque los nombres tratan de apelar a la tradición consejista, viene a reproducir la de un partido bolchevique: secretariado, con un secretario general y unos secretarios sectoriales que aquí se llaman portavoces; una especie de comité central, llamado consejo ciudadano y un comité ejecutivo o politburó, llamado consejo de coordinación. Por su parte, el plan de SP es una concepción más asamblearia y genuinamente consejista. No hay secretario general sino una troika, la Asamblea se reúne cada dos años, los círculos son autónomos y muy importantes y el consejo ciudadano se provee en parte por sorteo. Pues sí, dos modelos.

El primero, el del liderazgo, cuenta con la gran sinergia del de Iglesias, que es apabullante. Y si, al fin y al cabo, aquí de lo que se trata es de ganar las elecciones y gobernar como repiten los de Podemos a quienes quieren escucharlos con tan descarnado cuanto ingenuo pragmatismo, resulta estúpido prescindir de esa vis atractiva poderosa que se desprende del carisma, mediáticamente multiplicado, de Iglesias. El segundo, el modelo más colectivista, horizontal, asambleario, desconfía del culto a la personalidad del liderazgo y espera el triunfo electoral de una movilización y participación ciudadanas crecientes porque esa es la base misma de la democracia.

Me temo que, por muchas concesiones que se hagan las partes con afán de conservar la unidad, los dos modelos no sean compatibles y que prevalecerá uno u otro. Que el lector barrunte.

Las demás propuestas orgánicas ofrecen elementos de acuerdo porque tienen muchas coincidencias: limitación temporal de los mandatos, revocabilidad de cargos, transparencia financiera. La dificultad sin duda no radica aquí en el acuerdo sino en su posterior factibilidad. La bondad del principio de limitación de mandatos no es evidente por sí misma. Se basa en la natural desconfianza hacia la esencia corruptora del ejercicio del poder. Y, sí, algo de eso hay en la historia. Pero también es cierto que, si alguien, por la razón que sea, no se corrompe y la gente lo elige una y otra vez democráticamente, no hay razón para frustrar ese deseo de los electores. Recuérdese, a Robespierre lo llamaban el "incorruptible" y hubo que desalojarlo a tiros. De hecho, la práctica moderna, que se implantó en tiempos de F. D. Roosevelt en los EEUU, obedeció al deseo de los republicanos de quitarse de encima un presidente demócrata al que no ganaban en las elecciones. A lo mejor lo más razonable no es limitar mecánicamente los mandatos sino impedir que los mandatarios se corrompan y tomar medidas cuando eso suceda, y no porque sí. Recuérdese que algunos presidentes latinoamericanos precisamente de izquierda tuvieron que reformar las constituciones para prolongar la cantidad de mandatos. Así que, en efecto, a lo mejor es más prudente aplicar la revocación a todos los casos y nos ahorramos limitar nada.

Pero la revocación tampoco es cosa tan sencilla como parece. Si se establece, ¿cómo se garantiza que no la van a usar unas facciones para derribar a los cargos de otra con motivaciones poco confesables? Fiar todo a un infalible olfato del electorado para detectar fraudes quizá sea ingenuo. No cabe olvidar que, como regla general, es más fácil conseguir que la gente vote en contra de alguien o algo que a favor.

Aplaudo a rabiar que haya una coincidencia, casi unanimidad, en imponer un criterio de igualdad completo, movido por un colectivo feminista de Podemos. Pero quizá quepa añadirle algo. A lo mejor ya está propuesto pero, por si acaso, consiste en aplicar siempre, de modo obligatorio, una perspectiva de género en todos los debates, todas las discusiones, todas las decisiones y propuestas. Es inadmisible, pero muy frecuente, sostener que, como se está animado del más noble y radical espíritu feminista igualitario y no se concibe un futuro en que esa igualdad no sea tan natural que ni se mencione, cabe ahorrarse preocuparse por ella ahora. Incluso se puede transigir con ciertas desigualdades tan inevitables como transitorias y en las que no cabe invertir energías y recursos, siempre escasos, porque de lo que se trata es de conquistar el futuro.
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Es muy interesante y decisivo para la izquierda y el conjunto del sistema político español lo que está discutiéndose en esa Asamblea. La visión convencional y tópica de los medios, sobre todos los que quieren meter cizaña, que son muchos, no vale para nada. Y los ataques y críticas procedentes de los otros partidos, algunos de los cuales se sienten amenazados por la existencia de Podemos, aun valen menos. Eso sin contar con que ocuparse de ellos significa, en realidad, ocuparse de asuntos cuyos vuelos teóricos y conceptuales suelen ser gallináceos. Cito tres. El primero, la pelea entre Sosa Wagner y la dirección de UPyD o, mejor dicho, Rosa Díez, con la rabieta del primero que dice abandonar la organización para recuperar su libertad. Ahora nos enteramos de que militar en un partido y representar a los ciudadanos en un órgano como el Europarlamento es no tener libertad.

El segundo, la recuperación que ha hecho Pedro Sánchez del espíritu de Suresnes en el cuadragésimo aniversario. No está mal en la medida en que es parte de la campaña del neófito líder por adquirir relevancia pública. Reunir en torno suyo a glorias decrépitas como González y Guerra tiene un aroma camp pero no parece muy eficaz para su propósito. El tándem González-Guerra fue a revitalizar un partido moribundo, apagado, mortecino, vencido, sin más ilusión que sobrevivir en los asilos del exilio. Sánchez, hoy, tiene que impulsar, vigorizar una maquinaria apelmazada, burocratizada, corroída por los intereses creados, las rutinas, las banderías y lealtades y acostumbrada a vivir bien.

El tercero, en el PP vuelve a reinar la amnesia. Aznar no ha dicho nada respecto a Blesa y Rato, dos de sus hombres de máxima confianza; no se acuerda de ellos. Y Rajoy ha olvidado el nombre de Rato como en su día olvidó el de Bárcenas. Pero, sea por lo verbal o lo gestual, por lo explícito o lo implícito, la crónica del PP es tangencial siempre a la de los tribunales.

Así que los dos lugares de España en los que el debate político tiene mayor altura, aunque por razones distintas, son la Asamblea de Podemos y Cataluña. Es una pena que no se crucen.

(La foto de Pablo Iglesias es de un artículo de Antonio Álvarez Solís en Insurgente, con el permiso de mi amigo Iñaki Errazkin. La de Pablo Echenique es de Wikimedia Commons, bajo licencia Creative Commons).