Mostrando entradas con la etiqueta Diada.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diada.. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de septiembre de 2017

Mi crónica de la Diada 2017

Mi artículo de elMón.cat sobre la Diada de hoy. Contrariamente a mi costumbre, no haré resumen ni glosa previa.Tengo mucho más que añadir, por supuesto, pero me esperaré a leer otras opiniones.

De momento, el texto en castellano es este:

La Diada abre el camino a la República catalana

Absurda la guerra de cifras. Por mucho que Millo y los del PP mientan y manipulen, lo ha visto todo el mundo: un millón de personas por la independencia en Barcelona. A pesar de las trabas, las amenazas, la guerra sucia, la represión y el lerrouxismo de la “verdadera” izquierda que intentó dividir el movimiento con un éxito tan notable que no estaría de más que Colau, Iglesias y Doménech fueran pensando en dimitir, viendo el tirón que tienen y el peor destino que les aguarda en Cataluña. Había más gente en la manifestación de C’s. Quizá debieran unirse y, en todo caso, es de esperar que esta amarga experiencia fuerce a Colau –cuyo instinto de supervivencia político es el único al que obedece- a replantearse su negativa a facilitar colegios el primero de octubre.

Una concentración libre, democrática, pacífica, un ejemplo de civismo y cohesión. Cuestión de saber si al genio de La Moncloa esto sigue pareciéndole una algarabía o alguien le ha explicado ya que es el comienzo de su fin, el preludio a la votación del 1 de octubre próximo, en la que se firmará el acta de nacimiento de la nueva República catalana.

Las tres semanas que faltan hasta el referéndum estarán seguramente repletas de incidentes berlanguianos como los de la Guardia Civil en Valls, de ridículos sistemáticos de un gigantesco aparato de represión perfectamente inútil dotado de un potencial de overkill innecesario porque no se puede emplear contra todo un pueblo empeñado en emanciparse “de una puta vez”, como dice Lluís Llach con estro poético por dos razones:

En primer lugar, porque es eso, todo el pueblo, todas las clases sociales, un movimiento transversal que viene de muy atrás, de generaciones con una voluntad de ser que ha superado barreras, prohibiciones, cárceles, dictaduras, fusilamientos. Solo habría un medio, no ya de frenarlo, sino de cuestionarlo: sacar a la calle de forma voluntaria y pacífica a otro millón de personas en defensa de la situación actual, de la sumisión de Cataluña a España. ¿Hay alguna duda de que, si pudieran, quienes hablan de “mayoría silenciosa” lo harían? Para ejemplo, cuéntense los asistentes que tendrá la próxima manifestación del día de la Raza el 12 de octubre en Barcelona.

En segundo lugar porque si el movimiento se frustrara por el motivo que fuese, las consecuencias serían terribles. La venganza de los “demócratas” españoles, desde el PP hasta los comunistas de IU pasando por Podemos, el PSOE y otros defensores de la nación española, iría a la raíz misma de Cataluña y su dignidad como nación, que tratarían de destruir como fuera. Y si España entera sufrió las devastadoras consecuencias de haber perdido una guerra en 1939, la experiencia catalana fue ya entonces doblemente dura.

La Diada de 2017 es la mejor respuesta a la política de persecución del gobierno central y sus aliados socialistas y de C’s, esos que blanden la legalidad vigente sin preguntar cuál sea su legitimidad. Su impacto exterior evidente ha estrechado el margen de acción del gobierno central a extremos inverosímiles. Tanto que empiezan a escucharse voces dentro del aparato orgánico y mediático del PP pidiendo la dimisión de Rajoy por inútil. De tener sentido común, este aprovecharía para irse, antes incluso de que esa oposición interna se convierta en un alud, se rompan los equilibrios interiores de la presunta “asociación de malhechores” y el hombre acabe en Soto del Real, con sus amigos.

Y hay algo más y bien patente. Algunos de los diversionistas que han pretendido rivalizar con el “mainstream” de la opinión popular claramente independentista, están empezando a cambiar su discurso. El líder de Podemos, Iglesias, que lleva una temporada haciendo declaraciones contradictorias en clara muestra de que sigue sin entender nada de Cataluña, tan a la desesperada como los del PP, ahora propone una alianza con PSOE y C’s para echar a Rajoy y aceptar un referéndum de autodeterminación. No puede ignorar que tanto el PSOE como C’s son radicalmente contrarios a la idea (en el fondo, como él mismo) pero trata de salvar los muebles de una izquierda que solo surgió, como se ve ahora, para encontrar puestos y sillones para una nueva generación de políticos españoles y españolistas.

Ayer, en Barcelona arrancó la corriente que desembocará el próximo primero de octubre en una avenida de los ríos Alfeo y Peneo con los que el Hércules de la nación catalana barrerá los establos del rey Augías del Estado español. Así acabará el podrido sistema de la tercera Restauración y su clase política de vividores del erario de nueva o vieja generación.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Hoy, Palinuro en el Fossar de les Moreres

Hoy, víspera de la Diada del Sí, participaré en un mitin de ERC en el Fossar de les Moreres a media noche. No hace falta decir nada más. Imposible entrar con mejor pie en un once de septiembre que será histórico. Comparto cartel con Marina Gassol, Marta Rovira y Alfred Bosch. Gente espléndida, en la que cabe confiar. Gente republicana. 

Es un privilegio estar presente en el arranque de la República catalana, cuyo preanuncio será la Diada de este año, más poderosa que nunca, y cuya acta de nacimiento se firmará el próximo 1º de octubre. Será cuando los catalanes, pese a todas las amenazas, chantajes, maldiciones, trampas, agresiones y violencias, del nacionalismo español más franquista y el algo menos virulento pero igualmente contrario de la llamada "izquierda" socialdemocrata y diz que revolucionaria, voten democrática y pacíficamente por su emancipación como pueblo. Y de ahí saldrá un Estado nuevo en Europa.

Ens veiem al Fossar.

Donec Perficiam.

lunes, 12 de septiembre de 2016

El quatre gats independentistes

Enhorabuena a los catalanes. Un año más, un ejemplo de reivindicación nacional, independentista, pacífica, democrática y en masa.

Si hace cinco años alguien hubiera dicho que todos los periódicos y los medios españoles abrirían con la noticia de la Diada (así como muchos y muy importantes extranjeros), casi nadie lo habría creído. Cataluña no era un problema. Los independentistas, cuatro gatos a los que nadie hacía caso. La cuestión catalana carecía de importancia en la política española.

El presidente de los sobresueldos, con su habitual perspicacia, calificaba la diada de 2012 como una algarabía. Ahora le dedicó algo más de tiempo y expresó su deseo de que la Diada fuera tranquila y democrática. Dos minutos más y dice lo del sentido común. Los dislates y las provocaciones este año han quedado adjudicadas a García Margallo, ese descendiente de familia militar africanista con un sentido del humor de cuarto de banderas, al decir que un atentado terrorista se supera pero la independencia de Cataluña es para siempre. ¿Queda alguna duda del tipo de personal en el gobierno hace ya casi cinco años?

Solo Palinuro clamaba en el desierto advirtiendo de que el independentismo catalán llevaba la iniciativa política mientras que el nacionalismo español actuaba a la defensiva, carecía de plan y proyecto y ni siquiera entendía la naturaleza de la cuestión a la que se enfrentaba.

Algunas cosas han cambiado. La derecha gobernante parece estar ideando planes de respuesta a la reivindicación independentista. Se los han encargado al ministro del Interior, quizá por su enchufe con las potencias celestiales. Según él mismo y sus hombres confiesan en unas cintas que van camino del juez, consisten en hacer la guerra sucia al independentismo, supuestamente destrozándole el sistema sanitario o, incluso inventándose chanchullos financieros.

Igualmente, los periódicos nacional-españoles ya admiten que la movilización popular es impresionante. Pero coinciden en señalar que va de retirada. El País habla de una "Diada menos concurrida" y La Razón sostiene que está "desinflándose". Y montan la habitual porfía sobre la cantidad de asistentes: 800.000 este año frente al 1,4 millones del año pasado. Dudo de que el año pasado esos medios admitieran que la asistencia había sido de 1,4 millones. Pero eso es irrelevante. La cuestión es: si tan seguros están de que el independentismo no tiene mayoría, de que son cuatro gatos, de que los no independentistas son la mayoría, ¿por qué no autorizan un referéndum que es la forma más rápida, clara y precisa de salir de dudas? ¿Que no es una cuestión de números sino de principios? Entonces, ¿por qué discuten los números?

Los que no se discuten son los números del mitin de la Societat Civil Catalana y el de En Común Podem que han sido muy moderados, sin comparación con la manifa independentista. 

Bueno, pero en este última estaban integrados los de Podemos y la masiva oleada de la calle no pedía la independencia, sino el referéndum. Tal sostiene, si he entendido bien, la señora Colau. Y también la señora Ubasart en diálogo con el señor Baños. La mayoría, parece pues sostener Podemos, no es independentista sino partidaria de un referéndum pactado con el Estado. El derecho a decidir no puede ejercerse unilateralmente. 

Los de Podemos aún no han señalado la coincidencia de su posición con la de Puigdemont cuando anuncia que el 28 de septiembre, respaldado por la confianza del Parlament, pedirá un referéndum al Estado. Lo harán apenas caigan en la cuenta.  ¿Acaso no es lo que ellos dicen?

Pues no. Puigdemont no necesita pactar nada. Pide lo que cree le corresponde y, si no se le concede, él sigue con su hoja de ruta y proclama la independencia unilateralmente. Justo, lo que no puede hacerse, según Podemos. Por eso mismo razona el señor Dante Fachín que Junts pel Sí y la CUP están embarrancados (o algo así) en su hoja de ruta. Lo lógico es proponer un referéndum pactado con el Estado.

Llegados aquí, no merece la pena seguir. Basta con contestar a una pregunta así formulada: sabemos que el Estado jamás pactará un referéndum catalán pero, imaginando que tal cosa fuera posible, ¿cómo se conseguiría con mayor seguridad, por la vía de Podemos o la de JxS?

Por si acaso, quien quiera estar informado de estos pormenores, que lea medios extranjeros. Los más importantes cubrieron la Diada. La cuestión se ha internacionalizado y el gobierno del Estado no sabe hasta qué punto porque, entre otras cosas, no habla lenguas.

Para acabar de complicar las cosas, los independentistas reclaman un Estado propio y... republicano. En ese punto tiene la izquierda española una vergüenza por tapar porque admite que la defensa de la nación española coincide con la de la monarquía. Ni siquiera se atreve a formular un proyecto republicano en la esperanza (probablemente vana) de que una República española pudiera entenderse mejor con los catalanes.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El tramo final a la independencia

Con la Diada del próximo domingo que, si no ando equivocado, va a ser espectacular, comenzará el último tramo, la cuenta atrás a la independencia con un gran eco y respaldo internacional y la impotencia del nacionalismo español, tanto el derechas como el de izquierdas. En Cataluña la movilización es máxima. Hay una sensación como de vela de armas para la última confrontación. El independentismo cierra filas en su opción política. Lo considero en el artículo que hoy publica elMón.cat. La CUP, con mucho tino, apoyará a Puigdemont y este superará la cuestión de confianza y tendrá las manos libres para aplicar la hoja de ruta. Los nacionalistas españoles (PP, C's y PSC) son irrelevantes. La verdadera oposición al independentismo es la de las confluencias y demás amalgamas en torno a En Comú Podem, la izquierda unida catalana y los seguidores de Ada Colau que ya no disimula su propósito de escalar más puestos decisivos de mando con sus marrullerías acerca del "soberanismo" o la "República catalana dentro del Estado español", que es como un bocadillo de tortilla sin tortilla y sin pan. Estas confusiones doctrinales, sacadas del empacho teórico de sus eruditos ayudantes y sus logomaquias solo sirven para tratar de frenar el independentismo con algo más sugestivo que los berridos cuartelarios tradicionales.

Odio andar por la vida diciendo eso de "ya lo decía yo" pero los lectores habrán de admitir que llevo años avisando de que en al contencioso sobre Cataluña, la iniciativa política pertenece al independentismo mientras que el nacionalismo español carece en absoluto de ella, de ideas y propuestas y, aferrado a un bovino "no", ha perdido la batalla. El último tramo lo prueba. Aquí, la versión castellana del artículo:


El tramo final

Cuando las historias se acercan a su desenlace las crisis se agudizan, las posiciones se hacen más radicales, los personajes abandonan las medias tintas, las cuestiones se aclaran y cada cual aparece en el lugar que le corresponde. La Diada de este año tiene mucho de desenlace o, si se quiere, comienzo de desenlace. Será el inicio de un curso que, según como se desarrollen los acontecimientos, dilucidará el destino inmediato de Cataluña: independencia o conservación del autonomismo en alguna de sus ya casi infinitas variantes.

En el campo independentista y en la rampa a la convocatoria del 11 de septiembre próximo pareció cundir cierto desaliento y cansancio. Aunque se repitiera el acto simbólico año tras año y por mucho que fuera el entusiasmo de la gente, el armatoste del conjunto no parecía cambiar y las esperanzas de asistir al nacimiento de un Estado catalán disminuían. O quizá no fuera un ánimo (o desánimo) colectivo original, sino el resultado de una campaña de propaganda de los adversarios, interesados en que el desaliento prendiera a base de sembrarlo desde sus numerosos medios. O ambas cosas.

Por eso es tan importante la reciente decisión de la CUP de clarificar posiciones y adelantar su sí a la cuestión de confianza de Puigdemont sin condicionarlo a ninguna exigencia presupuestaria o referendaria. Es lo más eficaz y rotundo que ha hecho la CUP en mucho tiempo y una aportación substancial a la unidad y fuerza del independentismo. La ANC puede seguir adelante en la preparación de la Diada en el entendimiento de que será el prefacio a la confirmación de la hoja de ruta del gobierno de la Generalitat y el preparativo a una DUI o un RUI en el orden que las circunstancias demanden.

Frente a esta decisión las otras fuerzas políticas no independentistas también han tomado sus decisiones teniendo en cuenta sobre todo la Diada y su importancia movilizadora. Las organizaciones llamadas “constitucionalistas” o unionistas más o menos reciamente españolas, PP, C’s y PSC, no acompañarán a la melodía de los independientes. Eso es sabido. Lo interesante este año es la posición de las fuerzas intermedias, del “tercer género” o tercera vía, las “nuevas izquierdas”,  en Comú-Podem, EUiA y la señora Colau, una fuerza en sí misma. Su posición en el tablero político catalán, hasta ahora ambigua, confusa y tan repleta de matices que era casi incomprensible, se aclara por momentos. Si hasta la fecha pasaban por ser la versión catalana de la izquierda española y la versión española de la izquierda catalana, han acabado revelándose como la marrullería tradicional de la “verdadera” izquierda en España y Cataluña.

La palma en el concurso para iniciados y avisados se la lleva el señor Pisarello. Para justificar que En Comú-Podemos haya contraprogramado una manifestación el 11 de septiembre para hacer sombra a la Diada independentista, arguye y recontraarguye las similitudes y diferencias entre el independentismo nacionalista y el sano internacionalismo independiente. Nada de independencia en el vacío y la soledad del corredor de fondo sino una confluencia entre el alzado pueblo catalán y sus hermanos españoles que solo están esperando una razón para apoyar con su gobierno al frente el derecho a decidir de los catalanes. Es incomprensible cómo la realidad se obstina en ignorar el refinamiento de los distingos del regidor barcelonés.

Por descontado, la señora Colau, teniendo su alma municipalmente dividida entre sus seguidores y sus críticos ha decidido complacer a ambos, yendo a los dos actos, no al mismo tiempo –que para la ubicuidad aún le falta algún tiempo- sino consecutivamente, como una humilde mortal. La ciudadanía en pleno entenderá lo generoso de su posición y tomará buena nota cuando lo que haya en juego sean destinos d mayor prosapia, como la presidencia de la Generalitat.

A su vez, EUiA, fiel al espíritu bolchevique del que templó el acero con un discurso directo, sin ceremonias ni perifollos, irá a su propia celebración. De lo que se trata es de no contribuir a la habitual amalgama nacionalista que, ya se sabe, siendo nacionalista no puede ser buena salvo que la hayamos cocinado nosotros.

Queda así claro que la Diada de este año tiene el valor de una prueba de fuego y una importancia que supera las de los años anteriores. El avance del proceso independentista, liderado por un presidente de la Generalitat cuya determinación nadie barruntaba hace unos meses no solamente ha sembrado la inquietud en las filas del nacionalismo español, a su vez, enfangado en peleas cuyo simple relato avergüenza a un habitante del siglo XXI. También ha suscitado temores y reservas en sus primas hermanas las izquierdas catalanas que tienen que batirse el cobre en un territorio muy hostil, compuesto por adversarios de clase y de nación. De ahí el ataque concertado en las últimas fechas de esta convocatoria.

Como suele suceder en los juegos de azar, el monto de la última apuesta es el más alto de todos.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Haciendo el ridículo.

La gente en España no ha podido hacerse una idea de la Diada del viernes porque ninguna TV ni radio la cubrió. En la época del reinado incuestionable de los medios de comunicación, de las tecnologías de la información, de internet etc., etc., un acontecimiento como la Meridiana de Barcelona con uno o dos millones de personas pidiendo la independencia una vez más no mereció análisis alguno ni reportajes en los audivisuales españoles. Los extranjeros los dieron todos. E igual sucede con los periódicos: los españoles abrían a regañadientes con la Diada en un tono hostil y subrayando hipotéticas intenciones aviesas de los organizadores, comportamientos inaceptables u objetivos sombríos, es decir, no informaban sino que interpretaban y editorializaban. De editoriales, inútil hablar, por segundo día consecutivo, El País traía uno venenoso, tan sectario y catalanófobo que podría haber aparecido en cualquiera de los otros pasquines que se imprimen en la capital del reino, una diatriba llamada Diada electoral. Si los españoles quieren informarse sobre lo que sucede en Cataluña tienen que recurrir a medios estranjeros porque aquí se manipula la información, se censura, se suprime.

No he leído un solo artículo ni escuchado una sola declaración de la legión de publicistas, comunicadores, maestros pensadores, plumillas, tertulianos, intelectuales orgánicos y expertos mediáticos españoles criticando esta situación parangonable a la de los medios y la prensa en cualquier dictadura. Deben de dar por buena la bazofia con que habitualmente regalan a sus lectores y oyentes por orden del jefe demostrando con ayuda de la razón, de la ciencia demoscópica y de la fe católica que en Cataluña no hay independentistas, que los que hay son minorías venidas del exterior. Por supuesto si, por un azar del destino, Cataluña se independizara se llenaría de asesinos yihadistas, terroristas, vagos y borrachos; se arruinaría en un pispas; no tendría para pagar a los funcionarios ni las pensiones; quedaría fuera de la UE, de la ONU y del sistema métrico décimal; y acabaría volviendo a implorar de rodillas el reingreso en la gran nación española. Eso es, más o menos, la cantinela que escucha diariamente el público español, igual que los ciudadanos de las antiguos países comunistas no sabían lo que pasaba en Occidente salvo que los padres se comían a los niños crudos, según contaban los camaradas publicistas, únicos que tenían acceso a una información que los gobiernos negaban a la gente.

Al mismo tiempo, los políticos españoles, sobre todo los más incompetentes e ignaros, es decir, los del gobierno, acaban de comprender ahora que la reivindicación catalana de independencia, lejos de ser una algarabía como sostenía el inenarrable zote que funge como presidente del gobierno, es una reclamación muy articulada, que tiene un enorme apoyo social transversal en Cataluña, a estas alturas mayoritario, y que goza de considerable simpatía en el exterior. Han tardado cinco años en enterarse. Rápidos no son los zagales.

Pero, cuando se enteran... cuando se enteran, reaccionan con el habitual apasionamiento hispánico. El ministro de Exteriores, el africanista García Margallo, sostiene que la DUI y la correspondiente suspensión de la autonomía catalana serían "una bomba atómica". No sé de dónde lo saca, cuenta habida de que la única bomba atómica que los españoles han tenido cerca cayó en Palomares, Almería, en 1966 y otro ministro español, Fraga, aprovechó para hacer el ridículo en meyba. Pero, si este señor quiere actualizar sus conocimientos sobre ingenios nucleares, que llame a Picardo, el primer ministro de Gibraltar, en cuyas aguas está fondeado el submarino atómico británico "Torbay", en prueba de que España está a punto de recuperar la soberanía sobre el Peñón.
 
Los españoles no reciben información sobre Cataluña pero la vicepresidenta del gobierno, Sáenz de Santamaría dice ahora que la independencia no depende de las mayorías en elecciones. O sea que, aunque el 100 % de los catalanes la quisiera no sería posible porque la ley lo impide y la ley está por encima de todo. Esta bobada solo quiere decir una cosa: la hacendosa ratita sabe que las intenciones de voto de los catalanes a favor de la independencia son muy superiores a la mayoría absoluta. Con razón se negaron siempre los españoles a autorizar un referéndum en Cataluña: temían perderlo.
 
Al ridículo del gobierno se apunta asimismo el gobierno en la sombra de Ciudadanos, una derecha menos cerril que la que está al mando, pero no más sincera. Dice la candidata de C's, Inés Arrimadas, que la obediencia a la ley es la condición inexcusable de la democracia y que, en consecuencia, la desobediencia civil que propugna, entre otros, la Assemblea Nacional Catalana, va en contra de la democracia. Seguramente nadie ha explicado a Arrimadas que los ejemplos de Gandhi o Martin Luther King (por no mencionar si no dos), que seguramente ella aprecia, son casos en los que se evidencia cómo, en muchas ocasiones, la desobediencia civil es la forma más alta de obediencia a la Ley.

sábado, 12 de septiembre de 2015

La Diada de la revolución catalana.

Ya no hay duda de que la Diada de la independencia ha sido un éxito. Da igual si fueron 1,4 millones, como dice la guardia urbana o dos millones, según anunció el presidente de la ANC. En todo caso un gentío, de todas clases, condiciones, edades y sexos. Una movilización social histórica muy vistosa, bien organizada, con colaboración permanente de una ciudadanía ilusionada. Se planteó desde el principio como un espectáculo de masas que cautivara por su agilidad, la sincronización de movimientos, la armonía de colores y todo ello, compuesto por un montaje de varias cámaras que dan, en efecto, un espectáculo de calidad.

Los vídeos que circulan por las redes, las imágenes que reproducen los medios extranjeros, a la par que captan la atención de públicos muy diversos, son los mejores embajadores para difundir por el mundo la reivindicación nacional catalana de la independencia. Y transmiten el mensaje de una movilización popular, democrática, cívica, que aúna los movimientos sociales con la dirección institucional.

Se trata de la movilización popular de carácter reividicativo más importante en el Estado español precisamente para separarse de él y en petición de uno propio. Es llamativa  la obstinación de la izquierda por ignorarlo. El argumento de que la propuesta independentista engloba asimismo a las fuerzas de la derecha no tiene gran valor por cuanto se trata de una reividicación nacional. En este asunto de la nación, la izquierda española muestra una notable torpeza. Se opone al nacionalismo catalán pero, como no puede hacerlo en nombre del nacionalismo español, que dice no profesar,  tiene que recurrir a esta insistencia en el factor social que nadie niega. Y menos que nadie la izquierda nacionalista catalana parte de la cual, ERC, está aliada con la derecha precisamente por el factor nacional.

Ciertamente, los nacionalismos son todos iguales, pero el que lucha por emerger, por afirmarse y constituirse en Estado es de valor distinto al que lucha por mntener su propio Estado y dominar a través de él otras naciones. Y esa diferencia debiera estar clara para la izquierda. Así también la entienden los medios extranjeros, que se han hecho eco de la movilización, pero no los españoles. La Diada prácticamente no existió para las talevisiones españolas y solo TV3 la dio por entero. Las portadas de los periódicos, cerradamente hostiles, con algún probable delirio a cuenta de La Razón, pura prensa de partido a veces más papista que el Papa.

El mundo político remacha la ignorancia. La izquierda española no pareció darse por aludida y la derecha se cerró en ese juicio de que se trató de un acto electoral, previo a esas elecciones del 27. Desde luego, la Diada ha coincidido con el primer día de campaña electoral, lo cual ha servido para que la derecha y parte de la izquierda se desmarquen alegando que el acto no representa a todos los catalanes pero no se entiende bien por qué no. Que el conjunto haya estado organizado por Ara es l'hora, suma de la ANC y Ómnium Cultural no quiere decir que las demás opciones no puedan sumarse o, incluso, hacer sus aportaciones. Luego, que cada cual coree las consignas que le venga en gana

En todo caso, estas objeciones remiten a la decisión del próximo 27 en la cual ya no se discute el triunfo del sí a la independencia, sino su magnitud y, sobre todo, su naturaleza a la hora de justificar la opción de la DUI, si con mayoría de votos o de escaños, un asunto del que también nos ocupábamos ayer en El precio de los errores. Centrar el debate en este asunto revela que, en efecto, como nos maliciábamos, los resultados de los sondeos, en realidad, son mucho peores de lo augurado para el nacionalismo español. En intención directa de voto, antes de la cocina del CIS, los escaños posibles del bloque independentista son 83 (72 de JxS y 11 de la CUP) mientras que el porcentaje de votos puede escalar hasta el 53% en cuyo caso el debate sobre escaños/votos es superfluo.

Esta situación explica en gran medida por qué contrasta tanto la manifestación masiva de la voluntad popular rivindicativa y el tumulto y desconcierto que se oberva en el campo del nacionalismo español. Luego de diversos exabruptos los últimos días, desde el proyecto de reforma exprés del Tribunal Cosntitucional hasta las declaraciones del ministro Morenés, el gobierno comienza a pelearse entre sí. Con escaso sentido de la oportunidad el ministro de Exteriores propugna una reforma constitucional para dar satisfacción a las peticiones catalanas. Aparte de que tiene su guasa que la propuesta venga del titular de Asuntos Exteriores, ha despertado el enojo místico nacional del ministro de Interior que se niega a cambiar una coma del texto constitucional, como si fuera la palabra divina

En este batiburrillo, el lector disculpará si Palinuro vuelve sobre una vieja querencia. Basta con recordar cómo, a raíz de la Diada de 2012, en que ya se barruntaba la magnitud de la tormenta catalana, el presidente Rajoy se despachaba con su habitual irresponsabilidad, calificando el movimiento de algarabía. Desde entonces acá, la algarabía ha ido ganando cuerpo y hoy es un movimiento social cívico, masivo, organizado que pone en jaque la continuidad del Estado español, de cuya estabilidad lo responsabilizaron los ciudadanos, con bastante poco juicio, como puede verse. Porque no es solamente que Rajoy haya fracasado al poner coto a un movimiento que lo cuestiona y, por encima de él, el Estado que defiende, sino que lo ha agravado. Hemos pasado del vacuo "España es una gran nación" a España no es

A la vista de la Diada, Rajoy debiera presentar su dimisión al Rey. Pero como sea que la Diada preanuncia ya la victoria del bloque secesionista en las elecciones del 27 para constituir una República catalana, empieza a estar puesto en razón que el Rey abdique o, cuando menos, pida un referéndum sobre la Monarquía, que también debió celebrarse hace cuarenta años.

La independencia catalana es la primera piedra en la construcción de una república española.

viernes, 11 de septiembre de 2015

El poder de la gente. La revolución catalana.



_________________________________________________________________

Esto es una revolución.









El precio de los errores.

Reaparece el CIS con una oportuna encuesta publicada el día nacional de Cataluña y la obvia misión de enfriar los ardientes fervores independentistas. Muy mal han de estar las cosas para que el instituto demoscópico venga a calcar el sondeo que publicaba ayer El periódico de Catalunya y Palinuro comentaba en De sondeos y de abuelos. Muy mal en el sentido de que la mayoría vaticinada a favor de la independencia pueda ser mucho más alta. Ya la que dan y llaman "mayoría absoluta raspada" contribuirá poco a mitigar las ilusiones. Quizá lo haga más la lluvia. Solo con que caiga la mitad de lo que ha caído hoy en Barcelona, llenar la Meridiana va a requerir tesón, fuerza de voluntad y entusiasmo. Y tengo para mí que de todo eso hay mucho. Si no llueve, el exitazo independentista es casi seguro, al margen de las trifulcas de presencias o ausencias. Reina un ánimo de ahora o nunca y eso empezará a notarse en la Diada.

El pobre CIS, bajo sospecha de parcialidad a las órdenes de un gobierno que no para en barras a la hora de ingerirse en todos los órdenes de la vida, en aplicación de su peculiar sentido del liberalismo, no puede hacer gran cosa por desactivar el impulso independentista. Pero El País echa una mano con un titular cargado de intencionalidad: mayoría independentista de escaños, pero no de votos. Ojo: no de votos. Completa asimismo su carga de profundidad (por ahora) con un insólito y agresivo editorial titulado Independencia del 3% y es una pieza de ataque directo, despiadado, brutal al presidente catalán. Un escrito ad hominem tan feroz que parece de la misma "caverna carpetovetónica" del que expresamente quiere diferenciarse. Un editorial injusto por dos razones:

Primera, porque se obstina en presentar el movimiento independentista como una maniobra personal de Mas, como unaa argucia para impedir que se le investigue, se depuren responsabilidades, etc., y no como lo que es, un movimiento social partidista y no partidista, cívico, transversal, pacífico, democrático y masivo. Lo cual implica que, para el editorialista, en su ciega soberbia, miles, cientos de miles, quizá millones de catalanes son estúpidos borregos a quienes un hábil tramposo estilo Hamelin lleva hacia el precipicio , como dice Duran, sabedor quizá de que el primero en despeñarse será él, pues Unió seguramente no tendrá representación en el Parlamento.

Segunda, porque esa misma crítica y acusación puede hacerse a Rajoy, el PP y el gobierno, literalmente carcomidos por la corrupción, con Bárcenas, Gürteles, Púnicas, Bankias, etc., etc. Pero, que se sepa, ni El País ni nadie en España y menos que nadie la oposición se ha puesto tan exigente con ellos como con Mas. Ni El País ni la oposición mayoritaria han pedido la dimisión de Rajoy y mucho menos una moción de censura. Es una diferencia de trato tan discriminatoria que resulta vejatoria.

Pero el grueso del ataque unionista no está en este tipo de acusaciones de poco vuelo. El fondo de su crítica, lo que se propone como base de argumentación a la hora de ir contra el independentismo, es la reseñada diferencia entre escaños y votos. Estas elecciones, dicen los unionistas, no son un plebiscito, en donde todos los votos valen igual. Los independentistas hacen trampa al presentar unas elecciones ordinarias (con escrutinio según el sistema electoral) como un plebiscito porque en las elecciones no todos los votos tienen el mismo peso. Argumento ciertamente atendible. Y hay más: como las elecciones son normales, no plebiscitarias, no se puede tomar como criterio para una posible DUI el número de escaños. Hay que tomar el de votos.

Es un poco paradójico: si se quiere la DUI hay que tener una cantidad de votos superior al 44%. Puede ser. De todo cabe hablar, pero es imposible olvidar que el independentismo ve estas elecciones con ánimo plebiscitario porque el gobierno, de acuerdo en esto con la mayor parte de la oposición, casi todos los medios de comunicación y el resto de aparatos del Estado no le dejaaron hacer un referéndum, como se venía pidiendo de tiempo atrás. El referéndum de Escocia, una situación análoga a la de Cataluña, demostró que no hay razones válidas para negar el ejercicio del derecho de autodeterminación a un pueblo, una nación.

Si ese referéndum se hubiera celebrado en su día en unas condiciones pactadas, es casi seguro que un 44% de apoyo a la independencia hubiera sucumbido ante un porcentaje mayor de unionismo. Pero el referéndum (que, muy probablemente habrá que hacer al final) se prohibió y ahora lo que decide no es el porcentaje de votos sino el de escaños.

La prohibición fue un error, por decirlo suavemente.

Y los errores se pagan.