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jueves, 13 de abril de 2017

Cien años de comunismo

El próximo mes de octubre o noviembre, según el calendario que se siga, se celebrará el primer centenario de la Revolución bolchevique, un golpe de Estado con insurrección armada perpetrado por el soviet de Petrogrado, a las órdenes del Comité Militar Revolucionario, presidido por Lenin desde el Instituto Smolny. Así visto, parece una asonada y lo es; pero una asonada que cambió el mundo e inauguró una era nueva, la de la esperanza de una sociedad comunista aquí y ahora. La esperanza y supuesta realidad duró unos 75 años y se vino abajo hace algo más de un cuarto de siglo de modo bastante ignominioso.

Cualquiera diría que el comunismo había fracasado. Allí en donde se implantó originó tiranías de partido. Que en algunos casos, escasísimos, hayan sido "desarrollistas" nada quiere decir. También el franquismo quiso legitimarse vía "modernización". Queda la China, pero ningún comunista la señala ya como ejemplo de nada. Ni los propios chinos. De hecho, el comunismo occidental -que nunca había sido boyante desde la segunda guerra, excepto en el sur de Europa- prácticamente había desaparecido. En la mayoría de los países, los partidos comunistas cambiaron de nombre, de símbolos y hasta de ideología. En lugar de hacer frente al hundimiento del llamado socialismo real con algún intento de explicación científica, como hubiera exigido el patriarca Marx, en cuyo nombre se había actuado en la historia, los comunistas se confundieron con el paisaje.

Es el caso de IU en España, organización que pivotó siempre en torno al PCE y que permitía a este concurrir a las elecciones con un nombre no tan comprometido como el de comunista. El actual Coordinador General de la formación es Alberto Garzón, militante asimismo del PCE. Si no ando equivocado, todos los coordinadores generales de IU han sido militantes del PCE, para asegurar el predominio del partido, camuflado bajo una inocente denominación.

Ahora, Garzón, sin duda picado en su juvenil negra honrilla por la acusación de camuflaje, ha decidido salir a los caminos de España a explicar a la parroquia qué sea eso del comunismo hoy advirtiendo, de paso, que él es comunista y a mucha honra. El comunismo, como Garzón lo profesa, no tiene nada que ver con el totalitarismo soviético, así que el hundimiento del tinglado deja indemne la teoría de Garzón. Es un punto frecuente en las diversas corrientes del comunismo: lo que se hundió en la Unión Soviética no fue el comunismo "verdadero", sino otra cosa y aquí puede el lector aventurar cosas. A alguno tengo oído decir que lo que allí se hundió, en realidad, fue el fascismo.

En todo caso, no el comunismo que profesa (y, al parecer, quiere poner en práctica) Garzón, que viene directamente de Marx, sin aparentes interpolaciones leninistas. El comunismo del coordinador general es democrático. En otro lugar leí que, según él, el concepto marxista de "dictadura del proletariado" (DP), en realidad se refiere a la idea del demos de la Atenas clásica. Siempre que los románticos querían embellecer algo lo llevaban a Grecia. Con razón o sin ella, como Garzón en este caso. De demos ateniense la DP no tiene nada. Además, para un comunista, ese demos es escuálido: quedaban excluidas las mujeres, los niños, los esclavos, los libertos y los extranjeros.No sé yo si es un buen comienzo para una futura sociedad sin clases, pobladas por hombres nuevos.

Así que si la DP no es esa ilusión del demos, ¿qué podría seer? No hace falta dárselas de hermeneuta para entender que, al hablar de la DP, un hombre culto y un jurista del siglo XIX, como Marx, tenía que estar pensando en la figura del dictador del derecho romano. No había dictaduras por entonces y la única que hubiera podido pasar por tal, la de Cromwell en el siglo XVII, se llamaba Commonwealth. Las dictaduras como formas de gobierno no sometidas a la ley son cosa del siglo XX. Así que la DP era una aproximación a una idea, incluso una metáfora: se trasfería a una colectividad (el proletariado) la competencia cum imperium que asumía provisionalmente un magistrado nombrado por un cónsul a instancias del Senado y con aprobación de los comitia curiata. Es decir, un gobierno con plenos poderes pero estrictamente para hacer aquello para lo que se le había designado, normalmente restauración del orden republicano, vuelta a la legalidad.

Y ¿qué tendría que hacer el proletariado, cual sería su mandato como dictador? Evidentemente, eliminar a la burguesía. Hasta ahí, probablemente, habría un acuerdo entre marxistas. El acuerdo se rompería al responder a la pregunta  ¿y cómo se elimina a la burguesía?

Garzón parte de un supuesto altamente cuestionable, esto es, que hay una relación, por así decirlo simbiótica, entre el comunismo y el marxismo, cosa que muchísimos marxistas vienen negando si por comunismo hemos de entender lo que el viento de la tundra se llevó. De ahí que el impetuoso diputado de IU haya salido a predicar (él lo llama "divulgar") el comunismo de verdad, que no ha quedado mancillado por el desastre del bloque comunista. Y como prueba añade que tampoco ha quedado mancillado el marxismo. Una falacia. El hundimiento comunista no afecta al marxismo (su capacidad explicativa fundamentalmente) porque este no tiene nada que ver con el comunismo. Al comunismo el marxismo le fastidia, porque es otra cosa. Es un criterio de acción autorreferencial y, por tanto, impenetrable. La verdad no es lo que me dicta la razón, sino el partido que, al ser la volonté générale, somos todos, como la iglesia, y tenemos razón por definición. La razón del partido, que es verdad porque perdura. Como perdura la iglesia, aunque esta lleva alguna ventaja. Considérese el comunismo renovado de Garzón; sepárese la hojarasca de Unidos Podemos; disípese la neblina de Izquierda Unida; y ¿qué aparece? El PCE al final de la matrioschka. La joya en el fondo del cofre, el PCE de toda la vida, con su gloriosa historia a cuestas, aunque se le hacen críticas por la Tansición.

Veo difícil el fondo del asunto, esto es, elaborar un discurso comunista especifico hoy. Pero en política eso no importa mucho. Basta con decir que se tiene. La forma, en cambio, es muy interesante. Que Garzón vaya por los caminos predicando comunismo, en principio, probablemente, obedece a una necesidad de adquirir visibilidad porque está muy oscurecido entre la troupe de Podemos. Visibilidad, imagen, protagonismo. Todo muy legítimo, pero un problema añadido para Podemos. Se hace realidad un vaticinio de Palinuro al comienzo de la historia: el problema de fagocitar a IU era que IU, desde dentro, acabara fagocitando a Podemos. Y ahora estos tienen que desmarcarse del sambenito comunista, cosa que no va a añadir certidumbre a su ya de por sí errática política. 

martes, 22 de noviembre de 2016

Abrirse hacia dentro

Los de Podemos siguen en su imparable deriva hacia el pasado que los llama con ecos de revancha. Ahora se trata de que el binomio Unidos Podemos, incómoda alianza electoral, se funda en un abrazo y un solo partido. IU y Podemos se absorben mutuamente, conservan el nombre, UP, y recuerdan que vienen de la idea de la unidad popular. Puede parecer contradictorio tanto respeto con las bases asamblearias para fundirlo todo en un solo partido que, inevitablemente, se considerará instrumento de tales bases.

La cuenta no está mal pero no cuadra del todo. Disolver IU en Podemos, en función de este espíritu de partido único constituyente presenta dos paradojas. La primera es que la desaparición de IU para evitar los riesgos de la doble militancia obvia el hecho de que, en realidad, ya la hay con las gentes de Anticapitalistas. La segunda es que, según parece, la disolución de IU en Podemos no va acompañada del correspondiente cambio de estado del PCE, al que Garzón, el adalid de la fusión IU-Podemos pertenece. Ese es un asunto siempre pertinente y siempre silenciado. Merece la pena, sin embargo, escuchar la opinión del PCE al respecto, saber qué piensan los comunistas. Si también apoyarían una disolución del PCE en Podemos y, de no ser así, qué actitud adoptarían.

Por mucho que el comunismo "realmente existente" haya fracasado, afortunadamente, los comunistas españoles se niegan a seguir su camino y se obstinan en un comunismo "idealmente inexistente". Pero, mientras llega el milenio, seguirán actuando como un "partido de vanguardia" en una organización de masas, Podemos, al estilo leninista. Así que la conversión de Podemos en un partido único de resonancias bolcheviques, plantea el problema principal: ¿seguirá el PCE como un partido dentro del partido o se disolverá? Mientras eso no esté claro, lo demás son fuegos de artificio.

lunes, 15 de agosto de 2016

A la izquierda con cariño

Lo llevan en la sangre. No pueden evitarlo. La diosa Eris habita en la izquierda. Unos lo atribuyen a su prurito crítico. Nunca está conforme con nada. Otros, a una pulsión oscura, dionisiaca, destructiva que le hace odiar la posibilidad del triunfo. Otros, en fin, a un irremediable personalismo y narcisismo de sus líderes que los llevan a disfrazar de discrepancias ideológicas puras rencillas de preeminencia. Pero es así.

Garzón, ese joven líder, el mejor valorado popularmente, es breve en años pero largo en experiencia. IU es un auténtico campo de entrenamiento en supervivencia. Y su experiencia le aconseja evitar a toda costa el frente de liberación de Judea. No parece percatarse de que, por el hecho de mencionar la posibilidad, contribuye a su realización, por aquello de la "profecía que se autocumple". O quizá sí se percate. Esto es la izquierda. Incluso ha dado un paso decisivo al poner nombre propio a la división, Iglesias/errejón. También es posible que esté sacándose la espina del enfrentamiento con el segundo a raíz de los resultados de las elecciones del 26J. En la izquierda plural se puede ser plural, pero no ejercer.

A esta tensión viene a añadirse la pérdida de identidad de Podemos en En Marea en Galicia. Obstinarse en prevalecer frente a una marea era vana pretensión, pero el resultado plantea un problema de visibilidad e identidad del proyecto alarmante. Y sobre esto, el oscuro asunto de los supuestos acosos sexuales en algún círculo de Madrid. Un asunto sobre el que recae un sospechoso silencio oficial que induce a pensar lo peor de una organización que apesta a patriarcado machista. Eso, sí, muy popular.

En la otra vertiente de la izquierda, el PSOE, a lo tonto a lo tonto, se está dando una situación excepcional, casi como un parto. Las continuas injerencias de los jubilados de oro, sus pomposos discursos, su pavoneo como hombres de Estado, se han encontrado con una resistencia firme del aparato del partido, de sus bases y de sus votantes. Sánchez, un líder debilitado desde el principio, casi de carambola, que ha seguido perdiendo votos y no tiene respaldo de las fuerzas de la fronda autonómica, se ha erigido en símbolo de esa resistencia, ha sacado fuerzas de flaqueza y aprovecha la coyuntura de que el PSOE es el partido de la centralidad, el que todos necesitan y, por lo tanto, el más fuerte. El partido fortalece a Sánchez y Sánchez fotalece al partido. Es un caso de simbiosis política. 

Situación excepcional, de parto. El PSOE del NO es NO puede liderar una política de regeneración democrática. Y, por supuesto, está obligado a abrir negociaciones con la Generalitat para encontrar una solución distinta a la del NO es NO de la derecha que solo se refiere a Cataluña. Otra cosa es que lo consiga. Si en el PSOE triunfa el NO es SÍ, entregará el gobierno de España al que ya ha fracasado. Cuatro años más tarde, el peligro del sorpasso puede haberse convertido en una realidad. Dependerá de Podemos. Solo de Podemos.

domingo, 5 de junio de 2016

Contra la corriente

No pongo en duda la profesionalidad de Metroscopia ni el crédito de sus sondeos. Si la empresa dice que al PP lo votará el 28,5% de la ciudadanía, a Podemos el 25,6%, al PSOE el 20,2% y a C's el 16,6% no desconfío en absoluto de que eso es lo que los ciudadanos han contestado a las preguntas del sondeo. Lo que no creo es que el 26 d junio voten de acuerdo con lo que dicen ahora. En absoluto. Lo que sucede, probablemente, es que la ciudadanía está harta de que la mareen unos políticos que no sirven ni para atarse el cordón de los zapatos y son incapaces de hablar entre ellos y llegar a un acuerdo factible; y, para no colaborar al desbarajuste general, ha decidido decir a los encuestadores lo primero que se le pasa por la cabeza.

Es verdad que el electorado de la derecha es fiel, bovinamente fiel. Pero no tanto que la banda de ladrones bajo fianza judicial vaya a mantener sus siete millones de votantes, después de lo que ha sucedido desde el 20 de diciembre en que prácticamente no quedan cargos del PP que no estén en prisión. El propio Sobresueldos sabe que su presencia en los mítines del PP, más que incorporar voluntades o lealtades, las espanta. Si todavía no tiene un sustituto en el PP se debe a que los demás son peores que él, lo cual es maravilloso pues no parece posible. El hombre nunca defrauda. Ha vuelto a recurrir a su único recurso metafórico, acusando a los demás de sacarse conejos de la chistera. Con esa misma necedad trató de parar hace años el pacto antiterrorista que proponía Rodríguez Zapatero y del que, como siempre, se ha adueñado ahora. La derecha lo hace sistemáticamente: boicotea la ley de divorcio y luego es la gente que más se divorcia; vota contra el aborto y lo práctica después; contra el matrimonio gay y son los primeros en beneficiarse de él.

A su vez, el llamado emergente, ahora asociado con el pecio de IU, disfruta de la popularidad que le da el hecho de qus dirigentes estén perpetuamente en la TV y nos los encontremos ya en todas partes, como al gran hermano orwelliano. Tienen un estilo gótico-flamígero de celebrar sus aparentes triunfos y encargan a sus legiones de trolls en los medios que repitan incansablemente sus consignas que, habitualmente, están plagiadas. Así como el "Podemos" está plagiado de una consigna yanqui en las elecciones de Obama de 2008, lo de las "sonrisas" está plagiado de la campaña independentista catalana de la revolución de los somriures. Echan las campanas al vuelo en elecciones que, como las europeas de mayo de 2014, no significaban gran cosa o lanzan trinos de satisfacción ante los buenos vaticinios de las sondeos. Esa cifra de 25,6% del voto que le augura Metroscopia todavía es menos del más de 28% que le adjudicaba en enero de 2016 y luego se quedó en la mitad. Por fastidiar, la gente dice cualquier cosa, sobre todo la que está harta. Pero luego hará algo distinto. Porque una cosa es escuchar a estos zangolotinos largando todo el día por la televisión y otra muy distinta, votar para administrar un  país a quien no está preparado para gobernar, ni siquiera para gobernarse a sí mismo. 

Por último, ese 20,2% del voto al PSOE tampoco es correcto. En el PSOE se concentra siempre el voto del miedo, el que se explica por la espiral del silencio. Ha sido así siempre y seguirá siéndolo. El PSOE tiene un voto oculto muy numeroso y, al final, comparecerá para evitar el sorpasso. Tiene una clientela muy fiel, histórica, que acaba siempre votándolo, aunque diga que no va a hacerlo. Y es así porque este partido se  configura como la única opción de centro izquierda válida, entre los dos extremos de los insoportables de la derecha y los advenedizos de la izquierda. Si el PSOE no tiene un porcentaje mucho más alto de votos se debe a la fabulosa incompetencia de sus dirigentes actuales, a su ineptitud para generar relatos que interesen, a su incapacidad para entender sus propias miserias y hacer crítica realista. Se debe igualmente a la corrupción que ha prendido en su baluarte andaluz y a la presencia asfixiante de los llamados barones territoriales. Al PSOE lo salvan sus afiliados y votantes y lo condenan sus dirigentes. Sin embargo, está claro que, después del 26 de junio, le tocará reinventarse o incluso, refundarse si quiere sobrevivir.

No es frecuente que en unas elecciones haya tanto indeciso, tanto voto oculto, tanta espiral del silencio, tanto ruido mediático irrelevante. Estos vaticinios no sirven para nada.   


sábado, 4 de junio de 2016

La Internacional etílica y psicodélica de Podemos


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Podemos es esto.

Sin palabras.

Beodos.

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Y ahora esto:

viernes, 3 de junio de 2016

¿Quién manda en Unidos Podemos?

Julio Anguita.

Parece mentira, pero es verdad. Mucho 15M, mucho asaltar los cielos, mucha nueva política, vieja casta, círculos, asambleas, transversalidad, para que, al final, venga este buen hombre, pecio de todos los fracasos, a impartir las órdenes. Fracasó con el Partido Comunista de España; fracasó con Izquierda Unida y solo tuvo éxito con la pinza de los años noventa, con lo que España disfrutó de ocho años indecibles de la derecha de Aznar que, gracias a esa alianza negada por los comunistas, pudo nombrar a Blesa presidente de Caja Madrid y, así arruinar el país.

Parece mentira, pero es verdad. Durante los primeros tiempos de Podemos, sus dirigentes rechazaban toda idea de unidad con los comunistas de IU a los que, con arrogancia fuera de lugar, llamaban "amargados", "pitufos gruñones" y lindezas semejantes porque los consideraban, con razón, unos fracasados. Tanto era así que muchos militantes de IU, seguramente los más ambiciosos o menos escrupulosos, se cambiaron de barco. (Por cierto, habrá que ver cómo se toman estos ahora la llegada de sus viejos colegas pitufos gruñones en este arco iris de la verdad y la novedad en marcha). Se abrigó la esperanza de que en Podemos hubiera la capacidad intelectual y el vigor teórico para articular una nueva izquierda incontaminada del anquilosado comunismo revanchista y la aburguesada socialdemocracia.

Esperanza defraudada. Bastaron unos resultados electorales mediocres el 20 de diciembre del año pasado  y unos sondeos que pronosticaban descenso de Podemos para que la organización corriera a ponerse a la órdenes de Anguita merced a las zalemas de Garzón. De nueva elaboración teórica aquí no hay más que unas nebulosas quimeras populistas sin fuelle. Ahora ya la duda se reduce a saber si de verdad pretendieron hacer algo nuevo y no pudieron o, en el fondo, sabían que estaban mintiendo y engañando desde el principio a la gente que esperaba esa innovación.

En realidad, esta izquierda solo tiene de nueva el hecho de que así la califica porque le da la gana y sin ninguna base de apoyo el señor Anguita. El mismo señor que los técnicos de imagen de Podemos quisieran mantener oculto pero a quien su enorme ego e infinita vanidad impiden quedarse en segunda fila e impulsan a la primera para que todo el mundo se entere de quién vuelve a mandar aquí. Porque basta con que Anguita formule un deseo, como que esta izquierda tenga mayor unidad tras el 26 de junio para que sus doctrinos en Unidos Podemos, Garzón e Iglesias, que cada vez se parecen más a Tweedledum y Tweedledee obedezcan al pie de la letra, hablando de una alianza estable para después de las elecciones.

A Anguita no le ha movido nunca otra cosa que un odio profundo al PSOE, el único partido de izquierda que ha gobernado en España en esta tercera restauración borbónica. Habrá gobernado bien, regular, mal o rematadamente mal, eso va en juicios de cada cual. Pero ha gobernado, cosa que no han hecho los comunistas de Anguita jamás, con lo cual pueden (y, de hecho, es lo que hacen) afirmar que ellos son "la verdadera" izquierda, la izquierda "transformadora", con tanto crédito como si dicen que son querubines con el alma transparente.

El único objetivo del verdadero estratega de Unidos Podemos es que no haya unidad de la izquierda. Consiguió cargarse el posible gobierno de coalición hace un par de meses y ahora mantiene la guardia para que no flaquee el propósito del sorpasso, de ganar al PSOE con el falaz argumento de que solo ganándole será posible una coalición; algo rotundamente falso. El único objetivo es liquidar al PSOE, es la revancha para este hombre que vive anclado en el pasado. Basta con escuchar sus obsesiones en esta entrevista, en donde sigue diciendo que el Partido Comunista debe continuar funcionando como motor de esta fábula porque los comunistas son los mejores. Quede claro. Es el único objetivo que tiene. No tiene programa (lo de "programa, programa, programa", bien claro está hoy, era un cuento); no tiene experiencia de gobierno; no tiene crédito; no tiene más que la intuición de que, con la nueva fórmula, ahora sí cabe engañar a la gente.

La fórmula consiste en que él pone el concepto y Pablo Iglesias la telegenia que, con todas las televisiones a su disposición, se le da de miedo.

Puede que esta vez le salga (en realidad, está desesperado porque sea así, ya que es su última oportunidad) pero también es posible y hasta probable, que de nuevo los de Podemos estén vendiendo la piel del oso antes de matarlo.

lunes, 30 de mayo de 2016

Incertidumbre

Suele pasar. Justamente cuando todo parece estar claro acabará siendo más oscuro; cuando todo el mundo espera que algo suceda, deja de suceder y sucede lo contrario; cuando las apuestas van al unísono, suena la nota discordante. El comportamiento de los seres humanos es imprevisible y así seguirá siendo hasta el fin de los tiempos aunque queramos convencernos de que, mediando las correspondientes tecnologías, conseguiremos profetizarlo.

Según parecer casi unánime los resultados de las próximas elecciones del 26 de junio serán un calco de los del pasado 20 de diciembre. Aquellas dejaron una situación de impasse y desconcierto en los partidos que nos ha traído hasta aquí. Si esas son las respuestas de la gente a las preguntas con que después se hacen los sondeos y encuestas, así pudiera ser. Pero solo pudiera. De hecho hay una continua contradicción entre el discurso de la igualdad de resultados y la seguridad de que la combina IU/Podemos finalmente conseguirá el sorpasso al PSOE. Este cálculo está basado en sumar el voto a IU y el voto a Podemos. Pero se trata de una pretensión con muy débil fundamento. Suponer que los votantes de IU van a votar la confluencia o que lo hagan los de Podemos es razonable, pero no es una conclusión avalada por prueba alguna. También puede pasar lo contrario y la confluencia haga perder votos.

De hecho, el PSOE resistió bastante bien la avalancha de Podemos en las elecciones del 20 de diciembre y ahora plantea una campaña electoral de centralidad política, moderación, recuperación del voto perdido. Si no se le tuercen las cosas, puede darle buen resultado pues sus dos principales rivales, PP y Podemos, con notable falta de habilidad se han dejado identificar con aspectos negativos desde el punto de vista de la opinión pública mayoritaria. Nuestra sociedad gusta de verse a sí misma como  moderada y con horror a los extremos. La prueba más clara: los dos líderes políticos peor valorados, casi al unísono, son Mariano Rajoy y Pablo Iglesias, lo cual no deja de ser extraordinario pues son quienes disfrutan de un tratamiento más continuadamente favorable en los medios, cada uno de ellos con prensa digital a su servicio y cadena de televisión (Rajoy las públicas e Iglesias, la Sexta) y abundante copia de plumíferos riéndoles las gracias. Sin embargo, de ahí no se sigue mayor probabilidad de ser votado. Curioso dato para relativizar ese poder indiscutido de los medios de comunicación.

La imagen de Rajoy, acorralado por la corrupción, indolente, declarado en rebeldía frente al Parlamento, mentiroso casi compulsivo e incapaz de reconocer sus errores, está bajo mínimos. Igualmente la de Iglesias, caracterizado por una trivialidad y oportunismo de juicio que hacen abrigar la sospecha de que ni él ni muchos de su equipo, se toman en serio el asunto de las elecciones. Rajoy no puede sacar la cara a la calle porque se la parten e Iglesias no sale de los platós de televisión, con una política mediática cuya contumacia ha superado ya todos los límites del hartazgo. Según Paracelso, el veneno es cuestión de cantidad y los griegos aconsejaban no tener demasiado de nada. La omnipresente corrupción en torno a Rajoy, como la ubicua presencia mediática de Iglesias acabarán pasando factura en las elecciones sea cual sea la cantinela de los sondeos al día de hoy porque hasta el sufrido pueblo español acaba hartándose de la plúmbea vaciedad de estos simulacros de dirigentes.

La esperanza del PSOE de recuperar los votos díscolos en las anteriores elecciones es legítima pero, para conseguirlo, como sucede a los cristianos con la salvación que tanto les preocupa no basta con la gracia del Señor, se necesita fe y buenas obras, además. De estas, el PSOE tiene pocas; si acaso abundantes declaraciones de su dirigentes pero imprecisas y contradictorias. Y no se hable de la incapacidad de su candidato para decir algo nuevo, original o de interés. Si por él fuera, hasta sería verdad esa insistente trola Errejón (otro convencido de la conveniencia de machacar el hierro en frío) de que el próximo 26 de junio, la gente va a desempatar, cuando no hubo empate.

Dato empírico de nuestro tiempo (y de todos)  las campañas en positivo no suelen atraer la atención de los electores. Hablar bien de los demás no suscita interés. Son mucho más rentables las campañas en negativo y esto los políticos españoles lo bordan. El flanco más negativo de Podemos es precisamente su confluencia con IU y la reaparición del fantasma del Manifiesto del Partido Comunista. Preocupados, los comunistas están ya tocando a rebato afirmando, como hace Garzón y muchos otros, que la gente no tiene miedo al comunismo sino a las dificultades para llegar o no llegar a fin de mes. Son como Franco: no se metan en política y preocúpense por la centa de la compra. Obviamente, no se dan cuenta de que al cuestionar el miedo que puedan suscitar los comunistas, están aumentándolo. Por descontado, los comunistas ya no inspiran miedo pero todavía menos ganas de votarlos. Votar por alguien que esconde su filiación política y, cuando la desvela, lo hace pidiendo que no se le tenga miedo no es una fórmula segura de éxito. Necesita explicación.

La situación  al día de hoy es tan problemática y su resultado tan incierto que hasta Rivera, el de Ciudadanos, ha tenido que ir a buscarse los votos al otro lado del charco, en los confines del imperio. Y aun así, no ha conseguido mantener la buena reputación que tenía entre el electorado y ha entrado en valoración negativa.

Nadie sabe lo que pueda pasar el próximo 26 de junio.

viernes, 27 de mayo de 2016

Por qué no votaré al PSOE ni a IU/Podemos

Sánchez acaba de presentar sus seis propuestas -"principios" las llama él, "líneas rojas", según la prensa- para un gobierno de coalición despúes del 26 junio.

Le deseo mucha suerte y le agradezco que sea tan claro, pero yo no lo votaré.

Los seis enunciados, en su mayoría son vagarosas generalidades sin nada concreto. No mencionan la cuestión de la Monarquía/República (ya se sabe: no toca) ni los privilegios de la Iglesia católica, ese Estado dentro del Estado que parasita la colectividad y cuyos medios de comunicación sirven para difundir el veneno del odio en nuestra sociedad.

Solo hay algo concreto en ese conjunto de vaguedades: no al referéndum de independencia en Cataluña. Es lo único claro. Y es mentira porque nadie, que yo sepa, pide un referéndum de independencia en Cataluña. Se pide un referéndum consultivo, para decidir, de autodeterminación, si quieren ustedes; pero no de independencia. Esa mentira procede de las escasas meninges de quien haya redactado este catecismo. Por lo demás, a tono con el resto de las referencias a la cuestión: puras mentiras que debieran avergonzar a alguien de izquierdas. Sigue diciendo el escrito no a la desigualdad de trato entre españoles por razón de su origen. Otra mentira igual a la de Rajoy cuando habla de la igualdad de todos los españoles. Los españoles no somos iguales de hecho ni de derecho. Los vascos y los navarros tienen trato distinto, como sabemos todos. O no son españoles o son españoles desiguales, pero el sistema de concierto (en cuya justicia o injusticia no quiero entrar aquí) demuestra que Rajoy y Sánchez mienten al unísono. El resto de las consideraciones sobre el Estado autonómico, la reforma de la Constitución y el federalismo, puro relleno para tapar la injusticia de negar a los catalanes el ejercicio de un derecho.

Injusticia sin disculpa alguna, sin razones, sin principios auténticos, sin valentía ni autenticidad. Después de los referéndums de autodeterminación en el Canadá y Escocia, no hay ninguna razón para negar ese derecho a los catalanes salvo que se reconozca que el Canadá y el Reino Unido son democracias y Estados de derecho y España no es lo uno ni lo otro, sino el reino (y Reino es) de la mentira y la arbitrariedad. Todos los nacionalistas españoles dicen que en Cataluña la mayoría no es independentista. Pero no dejan que salgamos de dudas contándolos mediante un referéndum. Es más ni siquiera admiten que se cuente ni como principio que tanto gustan de invocar. Felipe González ya ha dicho que aunque los partidarios de la independencia fueran el 120%, no se permitiría la autodeterminación porque no es una cuestión de mayorías y minorías sino un asunto de principios.

Porque los principios de esta gente son como los de Groucho Marx.

Con lo que queda claro que la única razón para negar a los catalanes el ejercicio del derecho de autodeterminación es la razón de la fuerza: no porque no. Porque somos más, tenemos más poder y no nos da la gana. Recuérdese el famoso "diálogo meliano" de La guerra del Peloponeso: "Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben".

Y yo no puedo votar eso porque me repugna.

¿Y qué sucede con IU/Podemos? Pues lo mismo que lo anterior y dos huevos duros, para seguir con los inspirados hermanos Marx que tienen mucho en común con los de Podemos, aunque con más chispa.

Los de Podemos admiten el referéndum de autodeterminación en Cataluña: sí, pero con la boca chica, vinculándolo a una imposible reforma de la Constitución y después de haberse dado una castaña en las elecciones del 27 de septiembre de 2015. Se presentaron entonces sin tener ni idea de a quién estaban dirigiéndose, tratando a los catalanes poco menos que como lelos y haciendo trampas, como hacen siempre, con ese referéndum, mezclándolo con un proceso constituyente que no se creían ni ellos.

Por lo demás, estos tampoco plantean la cuestión de la Monarquía (ignoro si esto tiene algo que ver con Juego de tronos, que tanto les gusta) ni la de la Iglesia y el Estado. En algunas cosas, van por detrás del PSOE (al que acusan de ser como el PP), por ejemplo en el asunto del aborto que, según ellos, no es de importancia ni interés social. Como tampoco lo es la del género según se desprende de ese título siete machos que han puesto a su coalición "Unidos Podemos" que algunos tratan de disimular pronunciando el "Unidos" como "Unidas" según reglas fonéticas desconocidas hasta la fecha en España.

Pero lo más lamentable de esta buena gente es su carencia absoluta de principios, de esos que, al parecer, sobran a los socialistas, y su tendencia a orientarse hacia donde sople el viento y mentir sin el menor pudor, como esos trileros que ellos veían profusamente repartidos entre quienes somos tan antiguos como para ser de izquierdas.  Se presentaron como tercera opción entre el comunismo más anquilosado y la socialdemocracia más aburguesada. Tropezaron con la primera dificultad práctica; vamos, que se dieron una bofetada en las elecciones del 20 de diciembre que ellos vendieron como gran triunfo con tanta veracidad como ahora aseguran que quieren "desempatar". Comprobaron luego que no tenían ni sombra de capacidad teórica para elaborar el contenido de esa nueva izquierda y corrieron acongojados a echarse en brazos del antiguo chamán huero y vanidoso de IU para componer ese vertebrado gaseoso que han parido. Con él aspiran a sustituir a la socialdemocracia tras destruirla si buenamente pueden para colmatar sus ambiciones tristes y viejas de decenios y hacerse respetables socialdemócratas "de verdad". Para seguir con la superchería aseguran que no, que el sorpasso no es al PSOE, sino al PP, como si las gentes fuéramos estúpidas y no tuviéramos ojos y oídos. 

Me da igual con qué logomaquias populológicas tratan los de Podemos de disfrazar su desesperada ansia de poder al precio que sea y la miseria con que han encubierto su traición a lo que dicen que fueron sus orígenes. Como a los socialistas, también les deseo lo mejor que tiene toda la pinta de ser otros cuatro años más de gobierno de la derecha, según la acreditada marca de La Pinza, S.L.

Pero yo tampoco los votaré porque me da la risa. Sardónica, verdad es, pero risa. 

Por si a alguien le pica la curiosidad: no me abstendré y seguramente votaré al PACMA que, según mis noticias, no ha firmado con Podemos pues estos no piden la abolición de las corridas de toros porque pensarán que tal cosa quita votos.

domingo, 22 de mayo de 2016

Balance del gobierno sobresoldado

El presidente hoy en funciones se pasó los cuatro años de su largo, larguísimo, mandato atribuyendo a la herencia de Rodríguez Zapatero todas sus desgracias y meteduras de pata. Justo es que ahora se haga balance de cómo deja las cosas este hombre que ganó las elecciones de 2011 a base de mentir como él mismo reconoció. En el fondo, es tal su falta de principios y de moral, tal su indecencia, que le da igual el concepto en que lo tengan mientras pueda seguir esquilmando el país.

Su legado más atroz se concentra en lo económico y social. Habiendo expoliado hasta el 50% la caja de las pensiones, ahora dice que le preocupa su futuro. A todos, en realidad, si él y los suyos siguen metiendo la mano en la hucha colectiva. Del paro no hace falta hablar; lo deja en donde estaba (un poco por encima) pero con condiciones laborales para los que trabajan mucho más injustas y leoninas. Recuérdese aquella foto demagógica  junto a una cola del paro y la leyenda Cuando yo gobierne, bajará el paro. Ha gobernado (mejor dicho, ha desgobernado) pero el paro no ha bajado. El déficit de 2015 está en 5,08% del PIB, más de dos puntos por encima de lo tolerado por la UE que va a multar a España (o sea, a todos los españoles) por el exceso pero, para hacerle un favor, la multa se sabrá después de las elecciones. La deuda pública está por encima de 100% del PIB, cosa que no pasaba desde 1909. El país, con este inepto, corre hacia la quiebra, el default, la bancarrota. No hay dinero para los dependientes, pero para su padre, dependiente en La Moncloaca, si lo hay. Esta quizá sea la mayor muestra de la inmoralidad del personaje: hay para su padre lo que no hay para los demás y a cuenta de estos demás. Nos esperan otros 8.000 millones de € de recortes que, como siempre, saldrán de los bolsillos de los que menos tienen.

Deja la educación reventada por la ley del ministro más inepto de la democracia y al que, para premiarlo, ha enviado de embajador ante la OCDE en París, a darse el vidorro a costa de los contribuyentes. Las Universidades, descapitalizadas y bajo mínimos. La investigación, base y motor del progreso de un país, destrozada y con los mejores investigadores de diáspora por el mundo para poder comer.

Lo que deja no es un gobierno, sino un desgobierno autoritario y despótico. Ha gobernado mediante decretos-leyes, es decir, sin discusión ni consenso y ninguneando al Parlamento ante el que ha comparecido cuando le ha dado la gana que ha sido casi nunca y es incapaz de controlarlo y no digamos ya de interponer una moción de censura. Si al autoritarismo del gobierno añadimos la cobardía de la oposición, incapaz de oponerse a nada, tenemos la fórmula perfecta de la tiranía. La justicia, permanentemente intervenida por un gobierno de amiguetes y amigotes que trata de manipular los procedimientos y procesos para que sus presuntos delitos y los de su partido queden ocultos. El Tribunal Constitucional, manipulado desde el gobierno que ha nombrado presidente a un catalanófobo, exmilitante de su partido, al que no respeta nadie porque su función es agradecer al poder político sus favores.

Respecto a la organización territorial del Estado, el desastre es mayúsculo. El Sobresueldos está viviendo el más acelerado proceso de desintegración de España hasta la fecha y en muy buena medida gracias a él que entiende tanto el país en el que vive como una lagartija. Y ahora también Euskadi. Nadie quiere quedarse en este lamentable lugar en donde no hay futuro y el futuro es pepero.

Capítulo aparte es la corrupción. Esta ya no es un comportamiento individual más o menos frecuente (él dice siempre que se trata de casos aislados) sino una industria del expolio organizado. Empezando por el máximo dirigente que, cuando llegó al poder, ya llevaba veinte años cobrando cuantiosos sobresueldos procedentes de fondos oscuros de origen dudoso. En realidad, el PP no es un verdadero partido sino, como dicen los jueces, una asociación para delinquir. Y eso es lo que los peperos han hecho en estos cuatro años, en lugar de gobernar, robar.

Este es el pájaro por el que, según dicen los distintos digitales, van a votar varios millones de ciudadanos.

sábado, 14 de mayo de 2016

"Unidos Podemos"... ¿quiénes?

El nombre elegido merece glosa. Está a tono con esta moda de evitar toda definición, toda determinación. Se evita concretar. Se emplean términos genéricos de connotación positiva, pero sin especificar: Unión, Progreso y Democracia, Ciudadanos. La palabra "partido" no aparece. Se dicen "movimientos" o, más el hilo del instante, "mareas". Este nombre riza el rizo de lo etéreo Unidos Podemos, dos verbos, ningún sustantivo; pura acción, sin objetivo. Con un lejano recuerdo al viejo dicho de que la unión hace la fuerza. La unión da el poder. Porque poder es el infinitivo de "Podemos". No está mal para una organización de izquierda que le riñe el predominio a otra organización de izquierda con el ánimo de sustituirla. Se trata de una demostración a posteriori de la razón de quienes decían que era Podemos quien no quería la unidad de acción.

Pero hay más en el análisis. La expresión Unidos Podemos plantea de inmediato la pregunta del título: Podemos, ¿quiénes? La respuesta lleva a una exégesis curiosa. El nombre elegido suscita tres observaciones.

En primer lugar, que se trata de una alianza de comunistas del PCE y/o a través de IU con diversas formas de neocomunistas. Garzón es militante del PCE, pero no quiere que salgan sus siglas. Las prefiere secretas. Militar en un partido pero no decirlo abiertamente en las elecciones y ocultarlo, ¿no debiera de ser causa para dejar de militar? ¿O se quiere ocultar con el fin de manipular, presentándose con algún disfraz?

En segundo lugar también se esfuma hasta la condición de izquierda. Según parece ello se debe a la intención de acentuar la transversalidad. Esto debe de ser lo que queda de la vieja idea de Kirchheimer de los "partidos atrapalotodo": lo "atrapalotodo". Lo de "partido", fuera. Movimiento, marea, pero no de izquierdas; la transversalidad no lo permite. Luego, Pablo Iglesias dice en las entrevistas en los medios que él personalmente, es de izquierdas. De nuevo, ¿por qué ocultarlo? Pues para engañar. Si hay alguna otra razón para ocultar lo que se dice que se es, sería bueno conocerla. Mientras tanto, pedir el voto para algo que oculta lo que se es, es un engaño.

En tercer lugar se invisibiliza simbólicamente a las mujeres. No tuvieron el valor de poner Unidas Podemos. Probablemente ni se les pasó por la cabeza. Simplemente, reproducen el patriarcado. Se han dado cuenta (tarde) y tratan de resolverlo clamando en las redes "todos y todas", sin percatarse de que precisamente esa corrección subraya lo inadecuado del título. Además, cada minuto que pasa sin que se reforme el Unidos Podemos más se deslegitima el espíritu feminista que la organización dice llevar en el fondo de su corazón. Eso ya no se puede resolver salvo reconociendo que se ha metido la gamba y sacándola tan airosamente como se pueda

Si yo fuera del PSOE estaría bailando sobre un solo pie. El PP por un lado y la alianza comunista por el otro le han dado la campaña hecha: al centro a toda máquina, entre el inmovilismo neofranquista y el taimado comunismo de Podemos. El PSOE se sitúa así en el "justo medio", esa posición que tanto gusta a la gente que ve en ella sensatez y equilibrio. Solo debe cuidarse de subrayar de vez en cuando que jamás pactará con el PP, aunque se desaten los elementos. Y señalar también con frecuencia su firme propósito de no entenderse en nada con Podemos. Aquí, aparte del discurso anticomunista que la unión de Podemos con IU le ha puesto en bandeja se añaden sus trémolos en defensa de la unidad de la Patria y en contra del derecho a decidir de los catalanes, actitud que, se supone, coincide con la opinión general. 

miércoles, 11 de mayo de 2016

Una propuesta de izquierdas

El PSOE es el partido que más tiempo ha estado en el gobierno durante la tercera restauración borbónica. Unos veintiún años. En ese lapso ha hecho cosas bien, incluso muy bien y cosas mal, incluso muy mal, desde una perspectiva de izquierdas. Comprimir veintiún años en unas líneas y un juicio sumario es absurdo e injusto. Que ese juicio sea todo él positivo, es de papanatas y tiralevitas; que lo sea todo negativo, de falsarios y envidiosos. En ambos casos, los responsables debieran avergonzarse, pero eso es difícil en este país en el que el halago pero sobre todo el infundio, pasan por sana crítica.

El juicio negativo, absolutamente negativo. es muy frecuente tanto en la derecha, que lo hace por obligación laboral, como en las demás izquierdas que lo hacen por resentimiento. Ambas líneas coinciden en un punto llamativo: el odio al PSOE, que tiene cultivadores por doquier, a fuer de competidores políticos y de españoles, dispuestos siempre a no reconocer a nadie sus méritos. Sobre todo si tiene la desfachatez de poseerlos en justicia.

Ese odio al PSOE procedente de la otra izquierda es tanto más injustificable cuanto que a ella no se le puede acusar de nada dado que jamás ha gobernado ni ostentado responsabilidad alguna, salvo la de largar por la boca. En eso de hablar es muy competente, atacando a su adversario o supuesto adversario y soltando ditirambos sobre sí misma, llamándose "verdadera" y "transformadora" izquierda con la misma justificación con que yo puedo considerarme el Marqués de Carabas.

La deriva del PSOE hacia un partido mayoritariamente conservador, dinástico y neoliberal se inició en la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero y alcanzó su culminación con la desastrosa secretaría general de Rubalcaba, cuya actitud de sumisión, cuando no complicidad con todos los desmanes del gobierno de neofranquistas y presuntos malhechores fue vergonzosa. Rubalcaba probó en vivo lo cierto del famoso dicho arreglado por la ironía popular de que el poder corrompe, pero más corrompe no tenerlo. Y esa actitud de servilismo a la derecha más corrupta y autoritaria de este país fue continuada por Pedro Sánchez, alter ego de Rubalcaba. Ninguno de los dos se atrevió a presentar una moción de censura a un gobierno prepotente y antidemocrático que la estaba pidiendo a gritos,  probablemente porque, con la corrupción que el PSOE ha acumulado en Andalucía, no se sentía con fuerza moral para hacerlo.

Ahora bien, ese partido socialista, con sus 137 años de historia es casi una institución en España y conserva una militancia fiel, básicamente de izquierda que no puede confundirse con la orientación monárquica, centralista, en buena medida clerical y neoliberal que se ha apoderado de la organización. Hacerlo es también injusto y estúpido porque divide a la izquierda y no conduce a nada positivo, al menos mientras el PSOE conserve un suelo respetable en intención de voto.

Ahora, después del fracaso de la izquierda en la constitución de un gobierno y cuando se afrontan unas nuevas elecciones que solo una mezcla de oportunismo e ignorancia puede llamar "segunda vuelta", conviene ver en qué circunstancias nos hallamos por si podemos hacer alguna propuesta que ayude a tener un gobierno de izquierdas a partir del 26 de junio. De entrada conviene echar llave a las pendencias sobre los meses de negociaciones, y no buscar culpables. Culpables han -hemos- sido todos. Vayamos ahora a ver si cabe aprovechar la nueva situación y sacar de ella el mayor rendimiento posible cuyo objetivo esencial, primordial y fundamental debe ser echar a la derecha expoliadora, autoritaria, antipopular y anticatalana. 

IU y Podemos sellaron el jueves un acuerdo saludado con alharacas por todo el mundo y criticado por Palinuro (Un pacto para menos que nada) por entender que se trata de un pacto en contra del PSOE y que, en consecuencia solo conseguirá dividir a la izquierda y que siga gobernando esta derecha impresentable. ¿Que no es así? ¿Que la presencia de Anguita en el cartel del pacto no significa que este seguirá por su odio al PSOE y podrá llegarse a algún acuerdo con este? Perfecto: pruébenlo y pruébenlo del único modo posible, esto es, llegando a un acuerdo con el PSOE.

IU y Podemos han incluido en su pacto la realización del referéndum en Cataluña. Eso merece el aplauso de Palinuro. Al mismo tiempo, han propuesto al PSOE listas conjuntas al Senado en donde sea posible para desalojar a la derecha. También algo digno de aplauso y de crítica: si se hace la propuesta para el Senado, ¿por qué no para el Congreso? Ya sé que las listas son diferentes, como lo son los sistemas electorales de ambas cámaras, pero, ¿por qué no buscar una fórmula similar como, por ejemplo, un acuerdo de mínimos entre las dos fuerzas del pacto Podemos-IU y el PSOE de forma que, cuando el elector de izquierda fuera a depositar su voto por uno de los tres partidos supiera que estaba votando un gobierno de izquierdas de Podemos, IU y PSOE? 

Tengo para mí que el resultado electoral de esta oferta sería abrumador y proporcionaría un gobierno de coalicion de izquierdas con mayoría absoluta en las Cortes. 

Queda por averiguar qué puede hacer el PSOE. En primer lugar y sin perder tiempo, mostrar su disposición a este gobierno de coalición de la izquierda, explicando de paso por qué motivo se opone a las listas conjuntas en el Senado. Al margen de si su pacto anterior con C's fue razonable o no, este ya no funciona ni obliga una vez convocadas las elecciones, por lo tanto, está de más. El PSOE tiene absoluta libertad de elección y lo razonable es que elija el pacto de izquierdas.

Este pacto que debe garantizar un gobierno de progreso y cambio cuyo alcance y profundidad se verá tras las elecciones pero que obtendría una mayoría aplastante, solo tiene dos cuestiones previas por resolver para las cuales Palinuro cuenta con dos respuestas, a su vez interrelacionadas, que somete a otras mas razonables:

1ª) ¿Quién preside el gobierno? El partido que tenga un escaño más.

2ª) ¿Qué sucede con el referéndum (que es el verdadero escollo a la formación del gobierno)? Exactamente lo mismo. ¿Podemos-IU favorecen el referéndum y consiguen ser mayoría? Orgánicese la consulta y sin duda los diputados catalanes de ERC y DiL facilitarán la labor con su abstención o voto favorable.  ¿El PSOE, que se opone al referéndum, consigue ser mayoría? No habrá referéndum. Me temo que será inútil advertir a los socialistas de que, aunque se opongan, ese referéndum acabará haciéndose. Pero, por lo menos, habrá un gobierno de izquierdas en España. En cuanto a los catalanes, a los que he aprendido a conocer y valorar, estoy seguro de que tirarán hacia delante, hacia la República Catalana. Y yo con ellos.

martes, 10 de mayo de 2016

Un pacto para menos que nada

Cuando se apague el tronar de las salvas con que las baterías de la izquierda "transformadora" saludaron el acuerdo de IU y Podemos, cuando se disipe el humo de la pólvora alegremente gastada en este asunto por orden de la maquinaria de propaganda de esta gente que es lo único que funciona, podrá verse que esta unidad es una farsa. Una farsa condenada al fracaso. Y que condenaría a otro fracaso al conjunto del país si consiguiera salirse con la suya, asunto imposible.

Sí, ya sé que voy contra el unánime y estentóreo parecer de los miles y miles de fanáticos de estas dos formaciones, de trolls y agentes de propaganda que ayer llenaron las redes con sus consignas, todas iguales. Ya sé que no veo cómo el sol rojo de la justicia social alborea el oriente por mi ceguera y falta de comprensión de la verdad en marcha por fin en la historia. Veo lo que veo y no lo que me dicen que vea. Ya sé que también voy contra el parecer de gentes normalmente razonables y ecuánimes que ayer se dejaron arrebatar por este frenesí colectivo impostado de los salvadores de la patria y daban por segura la victoria de esta colección de gente tan variopinta como desnortada.

Aquí se dirá lo que no se leerá ni oirá en las arengas y proclamas de la "verdadera" izquierda. Ese pacto se ha cocinado y cerrado a toda velocidad porque no quedaba otro remedio ya que el plazo para hacerlo terminaba hoy, 10 de mayo, y de no firmarse las dos fuerzas que afirman haber abierto las puertas a un nuevo día y un nuevo país se encontrarían en la situación en que estaban antes y fue la que obligó a llegar al acuerdo: Podemos cae en picado en las encuestas y Pablo Iglesias comparte con Rajoy el honor de ser el líder peor valorado por la opinión. Por otro lado, IU, prácticamente en quiebra y sin fondos para pagar ni a los que pegan carteles, estaba obligada a una campaña electoral hecha a base del boca a boca de los mercadillos.

Que se haya hecho por obligación y a toda velocidad demuestra que, cuando hay voluntad política, los obstáculos se vencen. Es decir, si no se llegó a acuerdo alguno tras el resultado del 20 de diciembre es porque quienes lo negociaban, especialmente los de Podemos, no querían. Se trataba de un acuerdo en el que estaría el PSOE y eso Anguita, que es quien hoy vuelve a mandar en el batuburrillo de esta izquierda, no lo toleraría bajo ningún concepto. Para algo lo han incluido la imagen en el cartel electoral de las dos formaciones porque estas tienen una idea pintoresca de la realidad. Y, ya se sabe: todo antes de que gobierne el PSOE. Hasta elecciones nuevas. Hasta un nuevo gobierno del PP. Si nosotros no gobernamos que tampoco gobiernen esos. Qué historia tan vieja.

La coalición electoral se presenta como el primer paso del anhelado sorpasso a los socialistas, ese que Iglesias intentó colar como un adelanto al PP, por si alguno se tragaba la bola. Y solo estamos en el comienzo. En estas elecciones vamos a ver auténticos prodigios de embustes y engaños de las partes de IU y Podemos, duchas en este tipo de actividades para las que tienen legiones de fanáticos patrullando las redes a fin de echarse como un enjambre sobre quien cuestione este adefesio.

Obsérvese detenidamente el cartel de propaganda. ¿Alguien cree que, de obtener la victoria ese huerto de egos desmesurados, será capaz de mantenerse unido? ¿Que podrá tomar medidas de políticas públicas antes de empezar a discutir entre ellos y expulsarse mutuamente? ¿Alguien cree que la presencia de Anguita es productiva desde el punto de vista del marketing político que es lo único que importa a estos adalides del izquierdismo virgen?

Lo han hecho a toda prisa por las razones expuestas al comienzo de este escrito y por la muy evidente que añadimos ahora: para ir en contra del PSOE. Los medios que bailan el agua a esta coalición de viejos y nuevos comunistas hablan ya de tremendo sorpasso al PSOE. De aquí al 26 de junio vamos a escuchar todo tipo de embustes en forma de conclusiones de sondeos uno detrás de otro.  Y, llegado el día de la votación, se descubrirá que está fantástica coalición no podrá formar gobierno y tampoco podrá formarlo el PSOE con lo que esta vez sí habrá alcanzado la finalidad que siempre hemos dicho que era la suya: dividir a la izquierda para que gobierne la derecha. Esta derecha de sinvergüenzas y ladrones. 

Tan lamentable resultado solo podría evitarse si el PSOE consiguiera mantener un nivel del voto que le permitiera formar gobierno como fuerza mayoritaria, cosa muy difícil por cuanto, a diferencia de las demás fuerzas políticas (sobre todo, el PP y Podemos) no tiene ningún medio de comunicación favorable, nadie que reproduzca y difunda su relato, atacado por la derecha y por la izquierda. La coalición IU-Podemos volverá a vender la piel del oso antes de matarlo y es de esperar que el PP no pueda revalidar ni de lejos los resultados del 20 de diciembre.

Al haber concluido una alianza electoral en contra del PSOE los de esta izquierda retórica le han marcado su rumbo forzosamente: el mantenimiento de la alianza que ya forjó con Ciudadanos. Conociendo nuestro país, su electorado y las condiciones en que se va a votar esta vez, esa combinación, presentada como la alianza del centro derecha y el centro izquierda es la combinación ganadora.

Palinuro defendió siempre un pacto de gobierno entre PSOE, Podemos e IU e incluso insistió en que se incluyera el referéndum de Cataluña. Eso no fue posible, en mi opinión por el juego sucio de Podemos (todavía más sucio que el del PSOE que ya lo era) que siempre pensó en hacer elecciones nuevas porque su objetivo, digan lo que digan, no es ganarlas, sino que no las ganen los socialistas

Palinuro, que cada vez se siente más catalán y que, en estas elecciones, de poder hacerlo,  votaría en Cataluña a ERC, no tiene nada claro qué hará en España.

Sobre este asunto seguiremos hablando mañana.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Llámenlo como quieran, pero háganlo

Lo que estamos vislumbrando en este nuevo período electoral es otra de esas estupideces históricas que perpetra habitualmente la izquierda española. Es una historia vieja, cansina y produce hastío recordarla pero no queda otro remedio. Aunque los tarugos al frente de las organizaciones izquierdistas lo ignoren, el resultado de la consulta del 26 de junio va a afectar a mucha, muchísima gente que no tenemos culpa de nada y mucho menos de padecer estos descerebrados de dirigentes.

La izquierda a la izquierda del PSOE quiere unirse. Al margen de que lo consiga o no, esa unión deja fuera expresamente al PSOE. Como sabemos, el argumento que quiere justificar este dislate es que el PSOE no es "verdaderamente" de izquierda o algo así. Una actitud cuya obstinación en el error muestra bien a las claras la mala fe de la que parte. Ese diagnóstico de que el PSOE no es "verdaderamente" de izquierdas parte de una supuesta "verdadera" izquierda, el PCE, disfrazado de IU, que se autodesigna "izquierda transformadora" pero que desde que nació, hace treinta años, no ha transformado literalmente nada y no ha hecho nada salvo hablar sin parar. A ese profundo análisis se suma ahora Podemos con la misma mala fe; o peor. Se renueva así el viejo cainismo de las izquierdas españolas, que se remonta a sus orígenes y ha dejado episodios tan vergonzosos como la masacre de mayo de 1937 en Barcelona, el episodio de la entrega de Madrid por Casado en 1939, la pinza del PSOE y la UCD contra el PCE en 1977-79 y la del PP e IU/PCE contra el PSOE en los años noventa.

Frente a esos fainéants verbosos, el PSOE, con veintiún años de gobierno a las espaldas, ha hecho mucho y de todo: bueno, regular y malo. Como siempre en la vida. Y entre personas normales habrá discrepancias acerca de si prima lo malo sobre lo bueno o a la inversa; lo que no suele darse, insisto, entre personas normales, es hablar de algo complejo -el PSOE en este caso- ocultando lo bueno y contando solo lo malo. Eso es un juicio de obvia mala fe. Así, el discurso de la cal viva de Pablo Iglesias -aventajado discípulo de Anguita- quedará como ejemplo de su ruindad moral y su inopia mental. El caso es que, además, no cabe responderle con un clásico "y tú más" porque este manojo de supuestos izquierdistas transformadores no ha hecho nunca nada, no se ha estrenado; ni meter la pata ha podido. Su posición consiste en atacar con juego sucio al otro partido de la izquierda y hacer creer que si, por casualidad, alguna vez llegaran a gobernar, ellos no harían nada mal, serían perfectos.

Esa alianza que se traen entre manos, que más parece contra el PSOE que contra el PP, no conseguirá ganar las elecciones, pero sí que no las gane aquel que, en el fondo, es lo que muchos de estos narcisistas pretenden. Y por eso mismo serán responsables de otros cuatro años de esta derecha ladrona, antipopular, ultrarreaccionaria y catalanófoba. A ellos no parece importarles porque se darán por satisfechos si consiguen unos votos más que el PSOE y, además, tendrán sus escaños, bien por una, bien por la otra formación y podrán seguir haciendo lo único que hacen y sin mucha soltura: hablar.

Pero la gente lo vamos a pasar muy mal con un gobierno del PP con otra probable mayoría absoluta. Realmente mal a manos de esta banda de malhechores.

Por eso y porque la responsabilidad por la desunión de la izquierda toca a todos, ¿que tal si nos dejamos de miserias, envidias, rencores, egolatrías, sectarismos y oportunismos y formamos ya un frente popular de toda la izquierda, desde el PSOE hasta IU con referéndum incluido que permita que voten a su favor los independentistas catalanes? ¿Que da miedo el nombre de Frente Popular? Pónganle el nombre que quieran pero vayan todos juntos a las elecciones con un programa común que será ganador, como siempre que la izquierda ha conseguido esta unidad. Ya tendrán tiempo más tarde de dirimir la estupidez esa del sorpasso, pero no dividan a la izquierda por enésima vez. No le entreguen el poder a la derecha entre engoladas frases revolucionarias. Y lo mismo para el PSOE: deje de hacer el juego a la derecha, recupere su esencia socialdemócrata, entérese de que vive en el siglo XXI, organice un referéndum en Cataluña como han hecho en el Canadá y en Escocia sin que se hunda el mundo. Un frente unido de toda la izquierda es lo único que garantiza punto final al gobierno de la derecha.

Pierdan unos el rencor y otros el miedo y entiendan que están al servicio de la gente, que no quiere otro gobierno de la banda de ladrones.

sábado, 23 de abril de 2016

La nueva vieja política

Que Anguita sea el faro, la luz que guía la singladura de esa nueva formación que los medios llaman emergente ya dice todo sobre su naturaleza y carácter. Un hombre que lleva cuarenta años en política erre que erre y jamás ha hecho otra cosa que fracasar, se postula como el visionario del triunfo. Y la tropa de anguitillas que tiene en Podemos lo sigue con los ojos cerrados. Muy, muy cerrados. Igual que sus molleras. 40 años destruyendo las posibilidades de la izquierda a la que llama transformadora como podía llamarla golondrina porque nunca ha transformado nada. Alguien que jamás ha tenido una sola idea, salvo destruir el PSOE, dividir la izquierda y conseguir, en su mejor momento, que Aznar y los jenízaros del neoliberalismo llegaran al poder.

Ese fichaje inenarrable, en realidad, dibuja la claudicación de Podemos. Los que iban a revolucionar el campo trillado de la política y sus trampas maniqueas de derecha/izquierda no tienen discurso o tienen una melopea pedante copiada de los sudamericanos. Los que traían en sus mochilas una izquierda nueva, a imagen de los soldados de Napoleón el bastón de mariscal, una izquierda distinta, no contaminada con los partidos viejunos, los comunistas y los socialdemócratas, se ponen en manos de los comunistas, esos camaradoskis que siguen hablando como los apolillados leninistas. Los que iban a asaltar los cielos ahora se contentan con un 20% del voto y, como las gallinas en el corral, se pelean por unas décimas arriba o abajo. Los que iban a echar a la casta y limpiar los establos del Rey Augías con el poderoso río de su retórica revolucionaria andan escudriñando los sondeos y se queman las cejas viendo si d'Hondt los pondrá por delante o por detras de Sánchez, Pérez o López y están en la política de cabildeos, comisiones y comités. En el compadreo de los cargos, los puestos o los enchufes.

Anguita es el referente intelectual de los revolucionarios de parterre, unos anguitillas que todavía no ha explicado exactamente en qué es referente este prodigio de la más huera incompetencia; qué libro, que teoría, que propuesta o idea incorpora esa referencia. Por más que se busque toda la aportación intelectual de este ampuloso ergotizador lo único que aparece es esa jaculatoria de "programa, programa, programa", versión secular del sanctus, sanctus, sanctus, dominus meus sabaoth de la eucaristía.

En realidad, ni Anguita ni los anguitillas sirven para nada. Ni para aprender algo tan elemental que avergüenza recordarlo: que en democracia, la política que solo se hace a la contra no prospera; la política del rencor y el odio no funciona. Eso solo funciona en las dictaduras. La política nazi contra los judíos funcionó, según sus sangrientos criterios. Una política consistente tan solo en ir contra el PSOE y buscar su sorpasso, pero sin tener ninguna propuesta positiva en sustitución de la socialista, salvo quítate tú para que me ponga yo,  no funcionará. La gente no es tonta.

En democracia no se resta; se suma. Pero no mecánicamente, como creen los estrategas de Podemos, sino dialécticamente y de eso, es obvio, no tienen ni idea. Asustados de ver que el partido morado se desangraba en intención de voto y que la IU de Garzón mantenía un millón de electores, los de Podemos decidieron dar la vuelta a la situación, hacer realidad el sueño de su jefe intelectual, Anguita, arrebatar al PSOE la hegemonía de la izquierda a base de sumar más votos que aquel. Y para ello calcularon que, si se juntan las siglas, se juntarán los electores por la misma razón por la que, si juntamos las cañadas, juntaremos los rebaños.

Es verdad que, en su marasmo, dirigido por una especie de Golem de Rubalcaba, el viejo PSOE puede acabar devorado por Podemos. Pero eso no es tan fácil, sobre todo si, para ponerlo en práctica se procede a una ocultación de las siglas políticas de partida, una ocultación del Partido Comunista de España y una ocultación de Iquierda Unida (IU). Porque toda la pelea por la fusión gira en torno a qué hacer con las siglas, esas de las que tan orgullosos están, pero en la intimidad de cada cual. La mala fe se denota en que tratan de presentarse al electorado con un nombre nuevo que oculte la presencia de otras opciones en su seno. Ignoro si los votantes de Podemos sabían que votaban al PCE igual que los del PCE si sabían que iba a votar a Podemos, pero les interesa saberlo. Lo contrario, en el fondo, es una estafa. Y más que una estafa: ¿qué es eso de presentar una opción "asamblearia", estilo 15M, cuyo corazón es otra jerárquica, como IU cuyo corazón, a su vez, es el PCE, un partido que, en el fondo de su alma es totalitario? Un evidente intento de engaño. Porque, si no quisieran engañar a la gente, habrían disuelto las organizaciones ocultas. Pero no pueden hacerlo porque se basan en ellas para engañar.

¿Que tiene de izquierda engañar a la gente?

viernes, 22 de abril de 2016

El sueño del sorpasso

Quieren unirse, aliarse, fusionarse. Aún no saben cómo, pero quieren juntarse. Van a ocultar las siglas de IU y, por supuesto, las de PCE. Los dos estarán presentes, pero escondidos. La alianza se llamará "Podemos-En común" o "Podemos-Unidad Popular", o algo así, siempre plagiado de fórmulas de éxito. Pero ocultarán las siglas perdedoras y le dirán a Anguita que aparezca poco o que se vaya de vacaciones. ¿Por qué? Porque saben que están engañando, mintiendo; porque saben que están abusando de la buena fe de la gente

Nadie que no quiera mentir oculta sus siglas, esconde su marca o su nombre.

¿Por qué lo hacen? Por lo dicho, para trampear y porque dicen estar convencidos de que van a ganar al sumar los votos de Podemos con el millón de IU y lo que se lleven de superaditividad y beneficio del sistema d'Hondt. Esto puede ser cierto o no. Ellos mismos y los "analistas" y comentaristas que escriben a su dictado lo dan por seguro. Sin la más mínima prueba empírica, sin seguridad alguna, porque toman sus deseos por realidades y tratan de marear a la buena gente con sus cuentos. Sin embargo es la evidencia misma que los votos no se transfieren mecánicamente así como así de una opción a otra. Quienes votaron en 2015 a IU no votaron a Podemos; quienes votaron a Podemos, no lo hicieron a IU. Puede pasar tranquilamente que la suma de votos de Podemos e IU sea inferior a los que obtuvo entonces Podemos.

Para prueba, lo que sucedió en las elecciones del 27 de septiembre de 2015 en Cataluña en donde Catalunya Sí Que Es Pot, esto es, la suma de Podem e IU (o sea, EUiA-Els Verds) obtuvo menos votos que IU por sí sola en la votación anterior. A la gente suele molestarle que intenten engañarla y venderle la moto de la vieja política del chanchullo y la ocultación por la nueva.

En verdad, si hay charlas para la confluencia es porque los de Podemos están nerviosos. Más que nervioso, Iglesias está indignado de que la gente sea tan bruta y esté tan alienada como para tenerlo en la más baja valoración de los políticos, a la altura del sobresueldos. Por eso se ha puesto a insultar a los periodistas. Algo que prueba sus escasas luces porque si criticar con toda dureza los medios de comunicación como empresas que son está muy puesto en razón, emprenderla a mamporros con los periodistas es inmoral y estúpido. Los periodistas, en su inmensa mayoría, aquellos a los que Iglesias ha insultado, son currantes, maltratados por sus empresas. Las mismas de las que el secretario general de Podemos no habla porque algunas de ellas son sus portvoces, por ejemplo, el diario Público, repleto de enchufados, amigos y parientes de gente de Podemos o cercanas a él.

Añádase que es posible que las confluencias periféricas no se repitan por diferentes causas y se tendrá un cuadro nublado de preocupaciones para Podemos. Y esas preocupaciones no se disipan porque Podemos lance sus legiones de trolls en las redes a hostigar a quienes no comulgan con sus ideas, supuesto que tengan alguna. Al contrario, añaden nuevos tonos de preocupación a la hora de estudiar el talante de estos trolls, todos ellos muy cercanos ya al fascismo.

Por fortuna para Podemos, el sorpasso puede ser a pesar de todo posible porque lo que tiene enfrente es algo aun peor que él mismo. Después del mandato de Rubalcaba y el de su muñeco, Sánchez, el PSOE está en estado catatónico y, si no reacciona, puede quedar por debajo de Podemos, pero no porque este obtenga una gran cantidad de votos sino porque al PSOE acabe por no votarlo nadie.

lunes, 18 de abril de 2016

El PSOE no debe pactar con Podemos

En tiempos de mendacidad e hipocresía como los actuales conviene dejar claras las cosas. Para ello, a veces, hay que echar la vista atrás. Brevemente.

Los partidos comunistas han sido un fracaso en todo el mundo. Jamás han ganado unas elecciones democráticas. Cuando han llegado al poder ha sido por la violencia y han establecido dictaduras, tiranías y realizado genocidios como en la Unión Soviética o en Camboya.

Desde el hundimiento del bloque comunista los partidos comunistas han sido incapaces de aportar una sola explicación del fenómeno. Muchos de ellos se han disuelto. Otros, como el español, han ocultado sus siglas, se han escondido. Hace más de treinta años que el Partido Comunista de España (PCE) no se presenta con sus siglas a unas elecciones. Se vale de una organización pantalla tras las que se esconde, Izquierda Unida (IU), invención de Anguita para que el PCE la manipule y mande en ella. Lo que hace es engañar.

Pero IU también es un fracaso. Tampoco ha obtenido jamás un porcentaje del voto digno de consideración. Ni para engañar sirve.

Cuando surgió Podemos obtuvo un amplio apoyo porque prometía constituirse en una nueva izquierda, distinta de los sórdidos y fracasados burócratas del PCE/IU y de la acartonada, aburguesada, dinástica y colaboracionista socialdemocracia del PSOE. Por eso, en un principio, muchos lo apoyamos.

Pero la pretensión inicial era otra mentira. El éxito del primer momento (elecciones europeas de mayo de 2014) hizo pensar que continuaría y, de hecho, Podemos estuvo a punto de fagocitar a IU cuando muchos de sus militantes (seguramente los más arribistasy oportunistas) se pasaron a la formación morada. Luego, esta puso sus ojos en el PSOE y pensó que podría devorar a la socialdemocracia con tanta facilidad como a los comunistas.

Pero las cosas fueron distintas por cuatro razones:

1ª) el insoportable narcisismo y ubicuidad hasta el hartazgo en todas las TVs del país del secretario general, con un discurso vacuo y trivial hizo que su valoración popular descendiera en picado, al extremo de que hoy es el lider peor valorado en España, a la par con Rajoy, que ya es lo último.

2ª) Cataluña. Esa vaciedad e incapacidad teórica de los líderes de Podemos fue palpable en Cataluña, en donde demostraron que no entendían ni un ápice del problema y que solo iban a servir -como así fue- para apuntalar las posiciones unionistas.

3ª) El PSOE resultó ser más duro de lo que se suponía. Esta comprobación hizo perder los nervios a Iglesias que, en una de sus intervenciones parlamentarias, sacó el fondo de odio y rencor de los viejos comunistas que había ocultado hasta entonces en forma del infundio de la cal viva, con lo que mucha gente vio la falsedad y la mala ralea que tenía y la militancia del PSOE comenzó a reaccionar.

4ª) IU no moría sino que, con su suelo de un millón de votos, los viejos comunistas pretenden colonizar Podemos valiéndose de los submarinos que tienen en su interior, tránsfugas de la vieja IU. El jefe de la operación es Julio Anguita quien, movido por su invencible odio a la socialdemocracia, cree -y así lo ha dicho ya- que puede valerse de Podemos para conseguir el objetivo de su vida: acabar con el PSOE. Si para ello tiene que dividir la izquierda y garantizar un gobierno de la derecha no le importa. Ya lo hizo cuando propició los ocho años de su amigo Aznar.

En esta ocasión, este engreído fantoche que jamás ha conseguido nada salvo destruir sosteniendo que acaudilla la izquierda transformadora, se vale de sus miñones (entre ellos Iglesias, que lo considera su "referente intelectual"), tan vacuos e hipócritas como él para buscar una fórmula nueva que permita seguir engañando a la gente. Quieren seguir ocultando las siglas PCE/IU, camuflarlas detrás del término "podemos" y algún otro, tan plagiado como este.

Ignoro si la operación llegará a puerto pero, vista la intencionalidad, solo queda dar un consejo al PSOE: bajo ningún concepto busquen ustedes una alianza con Podemos que no es otra cosa que una fachada del fracasado PCE/IU y que, además, solo pretende destruirlos a ustedes.

Y para destruirse, háganlo ustedes por su cuenta, que camino llevan a base de ser un partido complaciente con la dinastía, la Iglesia, el centralismo y el neoliberalismo.

domingo, 17 de abril de 2016

España siglo XXI (y II)

Aquí lo tienen ustedes, inasequible al desaliento con el espíritu falangista que, según Carrillo, lo animó en su juventud: mitad monje y mitad guerrero. Aquí está él, dispuesto a dar la enésima batalla para impedir que el nefando enemigo de la verdad y la luz revolucionarias, la podrida socialdemocracia, pueda gobernar en España. Dispuesto a derramar hasta la última gota de nuestra paciencia para que el PSOE no llegue al poder, aunque sea dividiendo a la izquierda, enfrentándola entre sí y provocando otro gobierno del PP. Ya lo hizo en 1996, trayendo ocho años de aznarismo a España y está dispuesto a hacerlo otra vez porque los viejos guerreros nunca descansan.

Aquí está el referente intelectual de Pablo Iglesias, la luz de la nueva política, al frente de una mendaz quimera llamada "Foro cívico-somos mayoría", dispuesto a engañar a quien se deje con su verbo flamígero de Bautista de secano. Aquí el defensor de la "nueva política" con la rompedora propuesta de aglutinar a los novísimos albaceas del 15M, entre los cuales se cuenta, aunque oculto, claro está, algo tan original e innovador como el Partido Comunista de España, un partido que hace treinta años que no puede presentarse con su nombre a unas elecciones libres porque no lo votan ni los que militan en él.

Aquí está el original y revolucionario adalid de la renovación hispánica y la tormenta de ideas que no ha tenido una sola desde que hizo la primera comunión como no sea la de impedir que el socialismo democrático llegue al poder y trate de reformar y mejorar el destino de sus paisanos. Aquí el que lleva cuarenta años acaudillando una izquierda que se autodesigna "verdadera" y "transformadora" pero que jamás ha transformado nada ni ha servido para nada.

Aquí el que ha saltado como una araña sobre los intentos de organizar una izquierda, nueva, radical e independiente, libre de las ataduras a la socialdemocracia y al comunismo para disfrazarse con sus hopalandas y parasitarla, convirténdola en lo contrario de la que hubiera podido ser. Y ello gracias al narcisismo y la vanidad de sus dirigentes que solo son inferiores a las suyas propias.

Aquí tienen ustedes la izquierda española del siglo XXI, el irrisorio "socialismo del siglo XXI" a la española.

Cuatro años más de gobierno de la derecha.

viernes, 15 de abril de 2016

Papá, volvemos a casa

Leo que está en marcha un proyecto de alianza de Podemos e IU. Como lo leo en Público, que es el BOE del partido morado, no sé si es una noticia o un deseo, pero, por si acaso, lo enjuicio con toda consideración: si Podemos se une, alía, federa, junta o asocia con IU, ese será el fin de su periplo; su hundimiento definitivo. Es posible que esta intención venga dictada por el temor que suscita la comprobación de que , además de la bajísima valoración popular de Iglesias, el apoyo a su partido esté disminuyendo a chorros. Si es así, el remedio no puede ser más desatinado.

Escribo esto en mitad del periodo habilitado para esa pomposa consulta a las bases sobre lo que debe hacer Podemos y que no es otra cosa que un plebiscito para respaldar las decisiones del jefe quien, por si acaso, ya ha amenazado veladamente con irse si le votan en contra. Ignoro cuánta gente votará en este paripé, por utilizar la cursi expresión de Echenique, pero barrunto que no mucha. La asistencia ayer al mitin/encuentro de la plaza de Reina Sofia para animar a la participación fue menor que la de las concentraciones de españolistas en Barcelona, tan menguada, escasa y rala, que no la tuitearon ni una vez. Es más, los únicos tuits eran de los adversarios, que mostraban una plaza vacía. Los dirigentes (casi más que los asistentes) hablaron todo el rato de sus imaginarios cinco millones de votos, pero allí no había más que tres o cuatro de docenas de oyentes. Estamos de acuerdo, en estas condiciones desesperadas, hay que hacer algo, lo que sea, menos echarse en brazos de los zombies de IU, sobre todo cuando uno lleva ya en su seno un tropel de tránsfugas de esa asociación de perdedores.

El proyecto de Podemos, originariamente tan brillante y novedoso, ha sido tan mal gestionado por su dirigencia, con tanta ineptitud y tan cargante prepotencia que se ha desinflado como un globo de verbena. El insólito narcisismo de su secretario general y la incompetencia para gestionar los conflictos en su seno lo han llevado a una situación sin salida en que tiene que elegir entre ir a unas elecciones en donde prácticamente va a desaparecer o sumarse a una alianza con PSOE y C's casi como chico de los recados. En cualquier empresa, el consejo de administración hubiera ya puesto de patas en la calle al consejero delegado que hubiera ocasionado tal desastre. Aquí, no, sobre todo mientras Público siga inventándose unas encuestas que prometen a Podemos unos resultados inalcanzables en especial porque ya las confluencias le han dicho que no repetirán experiencia de franquicias provinciales pues irán a las elecciones por su cuenta.

Para acabar de destruir sus escasas expectativas, Podemos vuelve a la casa del Padre o al redil, que parece más propio. Hubo un tiempo en que un Podemos rozagante fagocitó a IU y puso sus golosos ojos en PSOE con el fin de aniquilarlo.Pero todo eso parece ya de otra era: la IU fagocitada a su vez fagocitó a Podemos a base de tránsfugas que ahora ven con horror cómo se les pone al pairo el viejo navío de IU, reflotado por Garzón, cuando ellos lo habían abandonado para pasarse a los morados pensando que aquel se hundía. Y aquel no se hundió. El Partido Comunista, su columna vertebral y verdadero sujeto de la criatura, no puede prescindir de ella porque, si lo hiciera, tendría que presentarse a las elecciones con su nombre y ya me dirán ustedes qué porcentaje del voto obtendría el Partido Comunista de España en unas elecciones libres.

Bueno, pues ese es el que va a obtener Podemos si se alía con IU o sea, con el Partido Comunista.

domingo, 27 de marzo de 2016

La izquierda cavilosa

Hace ya mucho tiempo, largos años, que la izquierda no pasa por su mejor momento y, lánguida como una novicia mística, arrastra su desconcierto y perplejidad de problema en problema. Aproximadamente desde la caída del muro de Berlín, cuando el neoliberalismo triunfante se hizo con la hegemonía del pensamiento político y social en nuestro tiempo, el panorama se ha vuelto confuso. En lugar de los viejos y rotundos dogmas de las dos vertientes de la izquierda, la economía planificada del modelo comunista y la economía social de mercado de la socialdemocracia, aparecen ahora titubeos, ambigüedades, mezcolanzas ideológicas que, como las "terceras vías" inglesas, los "nuevos centros" alemanes y el "republicanismo cívico" español, carecen de toda proyección teórica y no son más que consignas electorales ayunas de toda reflexión. Por no hablar del "socialismo del siglo XXI" o el "empoderamiento de los de abajo". Pura palabrería huera.

Así las cosas era fatal que, ante el frustrante resultado de las elecciones del 20 de diciembre, las distintas fuerzas de la izquierda española se llamaran a sí mismas a capítulo para entender en qué habían fallado y cómo poner remedio. Y así ha sido. Con la llegada de la primavera en que los cristianos celebran la muerte y resurrección de su dios en un lejano eco del mito de Osiris y los paganos festejamos con los misterios eleusinos, cuando Perséfone es devuelta a su madre, Démeter, para traer de nuevo la vida a la tierra, las tres principales fuerzas de la izquierda estatal han puesto en marcha sendos proyectos de refundación.

En primer lugar, el joven e incansable Garzón quiere que IU supere a IU, algo que la federación hace una o dos veces al año, cada vez que se embarca en alguna de sus interminables peloteras que acaba siempre como el rosario de la aurora. No hay expulsión, escisión, purga o extrañamiento que no se haya hecho en nombre de la unidad y con el fin de convertir a IU verdaderamente en el alma y la voz de esas mayorías sociales que dice representar con la misma autoridad con que Palinuro podría representar un cuerpo de la guardia civil. Sin duda, sobre el papel, la propuesta de Garzón es plausible y muy oportuna: un reformismo radical, cierto prudente anticapitalismo, un keynesianismo inconfeso, el ecologismo y el feminismo. Cualquier demócrata de izquierda firmaría eso. Incluso Palinuro si se le añade la reivindicación de la República y la necesidad de poner a los curas en su sitio.

Pero, por desgracia para Garzón, IU no es solamente una federación de partidos, grupos y gentes más o menos razonable. También es, sobre todo, una pantalla del Partido Comunista de España (PCE) que no se atreve a presentarse a las elecciones con su propio nombre porque teme, con razón, que no lo vote nadie. Y si superar o trascender a IU que es un ente magmático parece tarea fácil, la cosa se pone chunga cuando se trata de que el  PCE pierda relevancia ante las nuevas realidades. Los viejos comunistas que vigilan de cerca el flirteo con IU no están dispuestos a abandonar sus dogmáticas creencias que dan sentido a sus vidas. Hace unos días, el camarada Centella, secretario general del PCE publicaba una carta en la prensa dirigida a la militancia, un texto que venía del frío de Siberia y de la apelmazada mentalidad estalinista. Por fortuna para IU es de suponer que este escrito carezca de todo efecto porque, de tener alguno, acabará consiguiendo que a IU no la voten ya ni sus dirigentes.

A su vez, Podemos, igualmente afligido por sus magros resultados en las elecciones del 20 de diciembre, quiere recuperar la iniciativa y reafirmar su propuesta con una ambiciosa campaña de refundación que podría llamarse Vista Alegre Revival. A diferencia de lo que sucede con IU, el problema de Podemos es la inexistencia de una columna vertebradora orgánica o de pensamiento y el riesgo de que la organización se diluya en una impreciso régimen de confluencias, articulaciones y asambleas. Una vez que la organización morada se haya librado de los elementos que ha ido plagiando de aquí y alla, empezando por el nombre del partido y terminando por las opciones de unidad popular, copiadas de la CUP catalana, parce bastante claro que no le quedará gran cosa. La lucha entre partidarios de la estructura jerárquica y los de la asamblearia no lleva a ningún sitio porque es ficticia. A Podemos no le queda otro remedio que terminar de integrarse en el sistema qe venía a combatir como un partido más y esos llamamientos a los círculos inevitablemente traen a la memoria los círculos viciosos.

Si los dos anteriores, IU y Podemos presentan síntomas de agotamiento, del PSOE puede decirse que está en la UVI. Los debates de las otras dos fuerzas pueden ser más o menos pertinentes y razonables, pero son. En el PSOE no hay debates sobre teorías, formulaciones estrategias sino exclusivamente sobre asuntos de poder e influencia, sobre maniobras orgánicas para controlar tal comité o tal otra comisión, sobre la influencia de un barón o la de otro, sobre acuerdos de las dirigentes entre bambalinas de los que el pueblo se entera  a toro pasado, como dicen los amantes de las corridas. Aquí solo se habla de intereses, enchufes, baronías y ambiciones personales. Esta señora Díaz que, al parecer, quiere reñir el puesto a Sánchez, una cagacirios, amante de las corridas de toros y nada competente y eficaz en la lucha contra la corrupción, revela hasta qué punto el PSOE se encuentra en una deriva hacia la derecha, que solo se podrá atajar si el conjunto de la oposición, formando un bloque, expulsa al gobierno corrupto mediante una moción de censura que podría dar lugar a un régimen "transitorio"cuya única finalidad sería convocar nuevas elecciones.

Porque, en definitiva, así parece que será: habrá elecciones nuevas. Al menos, todos los partidos se preparan para ellas ya sin ningún recato. Podemos insiste en vetar a C's y C's avisa de que un pacto con Podemos que incluya el referéndum de autodeterminacion de Cataluña, no será aceptable. Si ninguno de los dos cede, no habrá acuerdo y será preciso ir a elecciones en junio. Hasta qué punto puede llevar este fracaso a la degeneración de cualquier ideal de izquierda lo da la reciente reaparición del reaccionario Rubalcaba, auténtico submarino del PP en el PSOE, postulando la gran coalición. Su falaz argumento es que, si el PP vuelve a ser el partido más votado, los españoles lo habrán amnistiado y eso justificará una gran coalición en la que el PSOE apoye al PP e incluso se admita a Ciudadanos. Desde luego que los electores de la derecha votarán al PP, pero no para amnistiarlo sino porque les parece de perlas votar a un partido de ladrones y corruptos. Quienes amnistiarían al PP en ese caso serían el propio Rubalcaba y los electores socialistas quienes, creyendo votar a la izquierda, se encontrarían votando a un partido franquista gracias a las habilidades dialécticas del carcunda del exsecretario general.