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jueves, 21 de septiembre de 2017

Golpe de Estado al Estado

No es un juego de palabras. Es una realidad objetiva. La Generalitat es el Estado y su presidente su  más alto representante en Cataluña. El Estado se ha dado un golpe a sí mismo. Es golpista y víctima del golpe al unísono. Es el círculo vicioso de la más profunda deslegitimación. El Estado ha dejado de existir en España, substituido por una partida de la porra y una partida corrupta, para más precisión.

Porque un golpe de Estado es. En toda regla. Ya lo anunciaba ayer en Bruselas José Borrell, hombre perspicaz. Solo que se equivocaba de sujeto actor. Se lo atribuía al independentismo catalán en estilo flamígero: en Cataluña hay un golpe de Estado de un régimen neodictatorial. Mira por dónde, el golpe lo asesta el gobierno central. Pero no haya cuidado, el mismo Borrell considera que la intervención militar (la Guardia Civil es civil y militar) de Cataluña es un acto de justicia, coincidiendo en ello con el nuevo BOE del gobierno/oposición "sensata" en su titular: La justicia desmonta la organización del referéndum ilegal en Cataluña. La justicia, tómese nota. No un juez que va por libre, un fiscal aficionado a amenazar, unas fuerzas de seguridad que actúan discrecionalmente sin orden judicial, no un gobierno dispuesto literalmente a todo con tal de ocultar su incompetencia y su corrupción ambas a extremos alucinantes; a todo y sin pedir permiso ni autorización a nadie. No un gobierno que se ha situado fuera de la ley al suspender de hecho los poderes legítimos de la Generalitat sin respaldo parlamentario alguno. La justicia. 

Ese golpe de Estado ha echado al pueblo catalán a la calle. Y también a sus parlamentarios en Madrid, que han abandonado el Congreso entre gritos de que no vuelvan. La situación se ha crispado mucho y es obvio que el gobierno prevé mayor crispación y algo peor pues tiene atracados en el puerto de Barcelona dos barcos italianos con 4.000 policías antidisturbios y el correspondiente material. Claramente se prevén (si es que no se tiene intención de provocar) alteraciones mayores del orden público. Al fin y al cabo, este gobierno siempre ha sostenido que la "cuesión catalana" no es un problema político sino de orden público: policías, jueces, fiscales, cárceles. Diálogo.

De momento, la autonomía de Cataluña ha sido suspendida de hecho por un acto ilegal de forma y probablemente de fondo. Queda por averiguar qué opinan al respecto quienes dicen oponerse al referéndum por ilegal. ¿Se combate la ilegalidad con la ilegalidad? ¿Desde cuándo?

Con el pueblo catalán en la calle en todas partes, la visibilidad internacional se ha disparado. La represión en Cataluña abre todos los periódicos y noticieros de televisión. Todas las miradas puestas en lo que sucede en las calles de muchas ciudades catalanas. Diez días de tensión. Sembrados de auténticas provocaciones al sentimiento de un pueblo que, de modo democrático y pacífico, ha estallado. No teniendo ninguna otra respuesta la derecha del gobierno que la represión, la escalada del conflicto va de seguro. Las provocaciones no cesan: el referéndum no se va a celebrar, eviten males mayores, dice Rajoy, el presidente del partido de la Gürtel. Provocaciones y amenazas. Las amenazas del matón y el maltratador: no me obligues a pegarte más. Este es el nivel.

Están cometiendo el mismo error que cometieron al comienzo del proceso: minusvalorar la fuerza, la cohesión, la capacidad de movilización del independentismo. Hasta que este les puso ante un plazo definitivo: dieciocho meses de hoja de ruta. 18 meses que el nacionalismo español (de derecha, izquierda y ni fu ni fa) aprovechó para enredarse en politiqueo parlamentario e ignorar, como siempre, a Cataluña. Ahora ya no hay tiempo. El PSOE -si alguna vez se tomó en serio la cuestión- ha abandonado toda intención de intervenir y proponer soluciones y pliega banderas bajo las de la derecha. Los otros, los de la "verdadera izquierda", siguen atrapados en su ambigüedad. Pronunciarse por un referéndum pactado es una nadería aunque en España parezca algo audaz. La cuestión es si también se apoya un referéndum no pactado, pues es bastante obvio que no hay otra posibilidad. Hasta la fecha no está claro.

El propósito del gobierno parece ser reventar las costuras del referéndum preventivamente aunque para ello sea preciso saltarse la ley. De ahí el interés en prepararse preventivamente para una escalada cuyo impacto en la opinión internacional va a ser tremendo. ¿Por qué? Porque va a dirigirse contra una movilización masiva, permanente, democrática y pacífica. Incrementar la represión sobre estas manifesstaciones abre la vía a la desobediencia cívica, siempre pacífica, siempre no violenta. Las imágenes de manifestantes alegres y nada agresivos siendo disueltos por la violencia o arrastrados por policías armados hasta los dientes son fáciles de visualizar.

Es inútil, al parecer, insistir a la oposición sobre todo la socialista, para que reflexione hasta que extremos puede llegar una política puramente represiva. Es obvio que le da igual. Pero, al menos, podía plantearse una pregunta: ¿cree que la represión arreglará algo? ¿Cree que va a aumentar el peso electoral de los unionistas en Cataluña? ¿Cree que los gobernantes catalanes o quienes les sucedan van a renunciar a la reclamación de un referéndum de autodeterminación? Si lo creen, nada que decir. Sigan y estrellénse con el referéndum. Si no lo creen, ¿por qué no detienen esta deriva tan peligrosa y hacen por negociar un referéndum pactado?

En fin, una política de una irresponsabilidad inconcebible ha llevado a esta situación en que el pueblo catalán se ha puesto en pie por su dignidad. 

¿Qué quieren ustedes, caballeros? ¿Que claudique?

Recuerden: Donec perficiam.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Hoy, Palinuro en Palafrugrell

Pues sí, hoy, después de perorar en Fonz, pillamos carretera de nuevo hasta Palafrugell, en el Baix Empordà, Girona. Una invitación de la ANC para hablar en el teatro municipal a las 20:30. Estoy aficionándome a hablar en teatros. En realidad, vienen a ser como los salones de actos tradicionales, pero respiran otro aire, la decoración suele tener otros motivos y, con un poco de imaginación, uno siente el sutil aleteo de Talía y Melpómene.

El tema que me han asignado, com ens veuran el 2 d'octobre, se aparta de lo habitual porque tiene un claro elemento ucrónico muy tentador. ¿Cómo nos verán el 2 de octubre? Pues dependerá de lo que suceda el 1 de octubre. Y ¿qué sucederá el 1 de octubre? Pues dependerá de lo que suceda el 30 de septiembre. Y así hacia atrás hasta hoy: ¿qué sucederá...? En definitiva, ¿qué sucederá el 1 de octubre? Dependerá de lo que hagamos hoy y mañana y pasado. Los seres humanos determinamos nuestro destino. No del todo, claro es, porque en él intervienen los demás, que pueden (de hecho, siempre lo intentan) desviarlo en uno u otro sentido. Pero el mensaje es ese: en gran parte cosechamos lo que sembramos; luego interviene también el tiempo, la lluvia, el sol, el granizo, la simpatía o antipatía que despertemos.

Pero no vamos a hacernos 300 kms más para decir simplezas. Así que he preparado una pequeña simulación con análisis de causas y efectos probabilísticos que espero no sea del todo desatinada. Mi trabajillo me ha costado por aquello de respetar la ley de la variabilidad requerida y la determinación de variables y sus correlaciones en unas circunstancias endemoniadas.

Ens veiem a Palafrugell per parlar de com ens veuran després del 1/10.

martes, 12 de septiembre de 2017

Mi crónica de la Diada 2017

Mi artículo de elMón.cat sobre la Diada de hoy. Contrariamente a mi costumbre, no haré resumen ni glosa previa.Tengo mucho más que añadir, por supuesto, pero me esperaré a leer otras opiniones.

De momento, el texto en castellano es este:

La Diada abre el camino a la República catalana

Absurda la guerra de cifras. Por mucho que Millo y los del PP mientan y manipulen, lo ha visto todo el mundo: un millón de personas por la independencia en Barcelona. A pesar de las trabas, las amenazas, la guerra sucia, la represión y el lerrouxismo de la “verdadera” izquierda que intentó dividir el movimiento con un éxito tan notable que no estaría de más que Colau, Iglesias y Doménech fueran pensando en dimitir, viendo el tirón que tienen y el peor destino que les aguarda en Cataluña. Había más gente en la manifestación de C’s. Quizá debieran unirse y, en todo caso, es de esperar que esta amarga experiencia fuerce a Colau –cuyo instinto de supervivencia político es el único al que obedece- a replantearse su negativa a facilitar colegios el primero de octubre.

Una concentración libre, democrática, pacífica, un ejemplo de civismo y cohesión. Cuestión de saber si al genio de La Moncloa esto sigue pareciéndole una algarabía o alguien le ha explicado ya que es el comienzo de su fin, el preludio a la votación del 1 de octubre próximo, en la que se firmará el acta de nacimiento de la nueva República catalana.

Las tres semanas que faltan hasta el referéndum estarán seguramente repletas de incidentes berlanguianos como los de la Guardia Civil en Valls, de ridículos sistemáticos de un gigantesco aparato de represión perfectamente inútil dotado de un potencial de overkill innecesario porque no se puede emplear contra todo un pueblo empeñado en emanciparse “de una puta vez”, como dice Lluís Llach con estro poético por dos razones:

En primer lugar, porque es eso, todo el pueblo, todas las clases sociales, un movimiento transversal que viene de muy atrás, de generaciones con una voluntad de ser que ha superado barreras, prohibiciones, cárceles, dictaduras, fusilamientos. Solo habría un medio, no ya de frenarlo, sino de cuestionarlo: sacar a la calle de forma voluntaria y pacífica a otro millón de personas en defensa de la situación actual, de la sumisión de Cataluña a España. ¿Hay alguna duda de que, si pudieran, quienes hablan de “mayoría silenciosa” lo harían? Para ejemplo, cuéntense los asistentes que tendrá la próxima manifestación del día de la Raza el 12 de octubre en Barcelona.

En segundo lugar porque si el movimiento se frustrara por el motivo que fuese, las consecuencias serían terribles. La venganza de los “demócratas” españoles, desde el PP hasta los comunistas de IU pasando por Podemos, el PSOE y otros defensores de la nación española, iría a la raíz misma de Cataluña y su dignidad como nación, que tratarían de destruir como fuera. Y si España entera sufrió las devastadoras consecuencias de haber perdido una guerra en 1939, la experiencia catalana fue ya entonces doblemente dura.

La Diada de 2017 es la mejor respuesta a la política de persecución del gobierno central y sus aliados socialistas y de C’s, esos que blanden la legalidad vigente sin preguntar cuál sea su legitimidad. Su impacto exterior evidente ha estrechado el margen de acción del gobierno central a extremos inverosímiles. Tanto que empiezan a escucharse voces dentro del aparato orgánico y mediático del PP pidiendo la dimisión de Rajoy por inútil. De tener sentido común, este aprovecharía para irse, antes incluso de que esa oposición interna se convierta en un alud, se rompan los equilibrios interiores de la presunta “asociación de malhechores” y el hombre acabe en Soto del Real, con sus amigos.

Y hay algo más y bien patente. Algunos de los diversionistas que han pretendido rivalizar con el “mainstream” de la opinión popular claramente independentista, están empezando a cambiar su discurso. El líder de Podemos, Iglesias, que lleva una temporada haciendo declaraciones contradictorias en clara muestra de que sigue sin entender nada de Cataluña, tan a la desesperada como los del PP, ahora propone una alianza con PSOE y C’s para echar a Rajoy y aceptar un referéndum de autodeterminación. No puede ignorar que tanto el PSOE como C’s son radicalmente contrarios a la idea (en el fondo, como él mismo) pero trata de salvar los muebles de una izquierda que solo surgió, como se ve ahora, para encontrar puestos y sillones para una nueva generación de políticos españoles y españolistas.

Ayer, en Barcelona arrancó la corriente que desembocará el próximo primero de octubre en una avenida de los ríos Alfeo y Peneo con los que el Hércules de la nación catalana barrerá los establos del rey Augías del Estado español. Así acabará el podrido sistema de la tercera Restauración y su clase política de vividores del erario de nueva o vieja generación.

Hoy, Palinuro en Balaguer

A las 20:30 en el salón de actos del Ayuntamiento de Balaguer, en una xerrada  sobre el impacto de la independencia de Cataluña en España. El título tiene algo de provocativo: no hay futuro en España sin la independencia de Cataluña. Puede parecer absurdo desde un punto de vista materialista y cortoplacista, pero no lo es. El mantenimiento de Cataluña a la fuerza dentro del Estado español, supone el del statu quo por los siglos de los siglos. Unas zonas del país (els països catalans y Madrid) productivas y el resto subsidiado a excepción del País Vasco y Navarra que, con su sistema de cupo y concierto al que nos referíamos en un post anterior, Catalanes y vascos, tampoco aportan ni detraen nada y, en consecuencia, son magnitud neutra. Esto significa, en efecto, perpetuación de la lamentable situación actual: ni las zonas más productivas acaban por despegar del todo debido al lastro de los territorios subvencionados ni estos tienen suficiente estímulo para despegar de una vez y vivir de sus propios recursos y su adecuada gestión.

La sacudida de la independencia de Cataluña obligará a la gente a vigilar a la oligarquía española tradicional, a impedir que siga robando, a castigarla en los tribunales y a prosperar por sus propios medios. Al principio puede ser difícil, pero esa misma dificultad obligará a las gentes españolas a exigir responsabilidades a la clase política, políticas y penales.

Solo entonces empezará a cambiar España para bien.

Nos vemos en Balaguer.

domingo, 10 de septiembre de 2017

No entendéis nada

Pero nada de nada. Res de res. Probablemente os lo impide ese acendrado nacionalismo español que empieza por negarse a sí mismo. Los nacionalistas españoles con algo de luces aseguran que no son nacionalistas, faltaría más; que todos los nacionalismos son iguales; que no hay que poner nuevas fronteras (ellos están contentos con las suyas, claro); y, si son de izquierdas, dicen ser internacionalistas cosa que, obviamente, no significa nada.

Es muy llamativo y parte de la complejidad del problema que la izquierda muestre esta incapacidad de comprender. Cataluña no es España ni antes ni después del 1/10 como se demuestra -da vergüenza recordarlo- por el hecho de que haya que decirlo. Cataluña es tierra conquistada, según dijo Fraga a Verstringe. Está en España, pero no es España. Cataluña sabe lo que es y lo que quiere ser. España, no; ni lo que es, ni lo que quiere ser, y la mejor prueba es esta incapacidad para entender a Cataluña que raya en lo patológico. Ha sido necesario que las cosas se pudrieran durante años hasta llegar a la confrontación actual para que los socialistas empiecen a preocuparse y presenten un plan irrisorio de una comisión constitucional de reconsideración del lugar de Cataluña a sabiendas de que, con la correlación actual y previsible de fuerzas, eso es imposible. Por no hablar de ese federalismo apolillado en el que no cree nadie; ni ellos. La propuesta no solo muestra una probable mala fe de tratar de engañar a los catalanes con un señuelo parlamentario, sino que oculta algo peor: el intento de ignorar que la rebelión catalana rechaza la legitimidad del orden constitucional y que, por lo tanto, la propuesta carece de sentido dentro del sistema actual; que es una repetición del "café para todos" 40 años después.

Otra cosa sería si, entendiendo que Cataluña no es España, se propusiera una vía de negociación bilateral entre ambas que incluyera un referéndum de autodeterminación pactado. Pero, en el caso del PSOE, eso es imposible porque comparte con la derecha el nacionalismo español que le hace negarse en redondo al referéndum por una cuestión de acartonados principios borgoñones con el argumento, típicamente orgánico de todo el pensamiento reaccionario, de que la parte no puede separarse del todo, el brazo del cuerpo, la rama del árbol. Y no es esta la única bobada que comporte con el PP. También coincide en sus falacias sobre la legalidad, la Constitución, la estabilidad, la Monarquía y, en gran medida, la colonización del Estado por la Iglesia, etc, y por supuesto, el recurso a la represión y la violencia si se considera preciso, con la única salvedad de que, al tiempo que se reduce a los catalanes por la fuerza, no se deje de llamarlos al diálogo. 

Diálogo como el que ofrecía Sáenz de Santamaría mientras preparaba la guerra sucia contra la Generalitat, los procesamientos de Mas, Rigau, Ortega, Homs etc por medio de sus alguaciles en el Tribunal Constitucional, y una batería de denuncias y amenazas que, en el momento de escribir estas líneas, alcanzan ya a los particulares que desobedezcan al Tribunal Constitucional y eso sin apoyatura jurídica alguna, simplemente por un capricho de esta señora. Teniendo en cuenta que la Generalitat ya cuenta con 50.000 voluntarios para el referéndum, calcúlese el hercúleo esfuerzo represivo que habrá de realizar este gobierno de incompetentes para todo lo que no sea expoliar el erario. 

Eso es lo que el PSOE directa y abiertamiente y Podemos de forma ambigua, esquinada e hipócrita están respaldando: la actividad arbitraria de la administración con el apoyo de unos jueces sumisos y la tiranía como forma de gobierno frente a un problema que son incapaces de resolver. Y, de paso, la condonación de la guerra sucia, la organización de policías políticas, el empleo de la fuerza pública con intenciones intimidatorias, la compra y manipulación de los medios, las amenazas y campañas contra la Generalitat. 

Y no solo eso. Quienes no solamente no denuncian las sistemáticas violaciones de la legalidad y el Estado de derecho, sino que las apoyan, también están siendo cómplices de la corrrupción generalizada de un gobierno sostenido por un partido que es una asociación para delinquir. 

Y todo ello porque estos nacionalistas españoles, de derechas, de centro o de izquierdas son incapaces de entender qué está pasando en Cataluña, una sociedad dinámica y abierta empeñada en librarse de la rémora de un Estado que, tras un breve lapso de una democracia mediocre, vuelve por los fueros de los gobiernos de ladrones, meapilas, franquistas y corruptos que han destruido el país. Literalmente.

Frente a ello, el movimiento independentista que mañana, en la Diada, hará una demostración de fuerza y unidad que conquistará todos los medios del mundo, sigue adelante de modo pacífico y democrático como una "revolución de las sonrisas". De las sonrisas y con sentido del humor. El ridículo episodio vivido ayer por la Guardia Civil registrando una revista como un episodio del Cu Cut de hace más de cien años en busca de papeletas de votación, fue apoteósico y aun alcanzó grados superiores cuando, mientras las gentes regalaban claveles a unos hoscos guardias civiles, estos confiscaban una caja... vacía y el consejero Turull avisaba de que no hacían falta papeletas, pues todos podrán traer impresas de casa.

No, amigos, no entendéis nada y, después del 1º de octubre, si el sí es mayoritario, tendréis que tragar una república catalana libre, mucho mejor y más próspera que la España que deja atrás.

Hoy, Palinuro en el Fossar de les Moreres

Hoy, víspera de la Diada del Sí, participaré en un mitin de ERC en el Fossar de les Moreres a media noche. No hace falta decir nada más. Imposible entrar con mejor pie en un once de septiembre que será histórico. Comparto cartel con Marina Gassol, Marta Rovira y Alfred Bosch. Gente espléndida, en la que cabe confiar. Gente republicana. 

Es un privilegio estar presente en el arranque de la República catalana, cuyo preanuncio será la Diada de este año, más poderosa que nunca, y cuya acta de nacimiento se firmará el próximo 1º de octubre. Será cuando los catalanes, pese a todas las amenazas, chantajes, maldiciones, trampas, agresiones y violencias, del nacionalismo español más franquista y el algo menos virulento pero igualmente contrario de la llamada "izquierda" socialdemocrata y diz que revolucionaria, voten democrática y pacíficamente por su emancipación como pueblo. Y de ahí saldrá un Estado nuevo en Europa.

Ens veiem al Fossar.

Donec Perficiam.

sábado, 9 de septiembre de 2017

La vergüenza de España

En el Canadá y en el Reino Unido puedes hacer un referéndum de autodeterminación sin que todas las fuerzas de la tierra y del cielo vayan contra ti. Como se te ocurra hacerlo en España, puedes acabar en la cárcel... de momento.

A ella te habrá llevado un gobierno presidido por un presunto cobrador de sobresueldos en negro, repleto de ministros reprobados, directa o indirectamente relacionados con la corrupción de la Gürtel, apoyado por un partido con casi mil imputados en procesos penales básicamente por ladrones, fundado por un ministro falangista del dictador Franco, Manuel Fraga Iribarne y dirigido por el discípulo tonto de otro ex-ministro franquista y ultraderechista aristocratizante, Gonzalo Fernández de la Mora. Un gobierno y un partido corruptos hasta los goznes.

Dicho lo anterior, ¿qué más cabe añadir?

Sí, algo más: la "oposición" socialista apoya sin fisuras este gobierno franquista. Además de coincidir básicamente con el ideario nacionalcatólico de la impresentable derecha cerril, la coincidencia se hace hermandad de armas cuando se trata de machacar a los catalanes y sofocar como sea que en Cataluña pueda la gente decidir libremente su destino, como desea el 75 por ciento de la población, o sea aproximadamente cuatro millones y medio de ciudadanos.

¿Cómo se puede decir que se es socialista e impedir que cuatro millones y medio de personas puedan votar? Sencillamente: aceptando las tergiversaciones y falacias de esta corrupta derecha franquista en el gobierno que oscilan desde las majaderías del Sobresueldos sobre la "mayoría silenciosa" a los increíbles apotegmas de la vicepresidenta cuando dice que "Puigdemont quiere un referéndum en lugar de escuchar a los catalanes". Difícil imaginar una estupidez mayor, como si los referéndums no se hicieran precisamente para escuchar a la gente.

Y no solo los socialistas se han puesto incondicionalmente a las órdenes de estos franquistas y sus sofismas sobre la legalidad sino también, aunque de modo más sinuoso y ambiguo, los de Podemos que quieren un referéndum pero no quieren un referéndum y lo invocan mientras lo boicotean, en el estilo de su amiga la oportunista Ada Colau.

Nadie sabe qué pueda pasar pero ya hay muchas cosas claras. Los franquistas están en la restauración de la dictadura y acabarán volviendo a criminalizar las ideas. Con los jueces a su incondicional servicio, los medios de comunicación todos vomitando insultos al unísono y los fiscales pidiendo que se cierre internet, vaya papel que está haciendo la izquierda, al servicio de la derecha.

Qué vergüenza de país.

Catalanes y vascos

Ahora que llevo toda la semana, en los exámenes de la UNED en Bergara, País Vasco, zona de profundo sentimiento abertzale, se me ha ocurrido hacer algunas comparaciones entre las dos (tres, contando Navarra) comunidades autónomas con mas tensión independentista.

A pesar de la furia asesina de ETA en el pasado, el independentismo vasco no asusta gran cosa a la oligarquía española (incluida la vasca) porque las magnitudes no le parecen preocupantes. Con una población en torno al 7% (entre Euskadi y Navarra) del total español y un PIB de 65.000 millones (PV), quinto puesto en la clasificación del Estado y 18.246 millones (Navarra), puesto 14, de marcharse ambas, las cifras no producirían mucho descalabro. Además esa eventualidad está ya descontada pues el cupo vasco y el concierto navarro -que hacen a estos territorios fiscalmente soberanos de hecho- apenas reportan nada al conjunto del Estado, pero sí permiten que tengan los niveles de vida más altos en casi todos los órdenes.

En cambio, Cataluña es muy otra cosa. Con el 16 % de la población del Estado y un PIB de 204.660 millones de Euros, es la primera economía del país. Además, ese PIB, con el que se financia a sí misma y también en gran medida a otras partes de España, supone aproximadamente 21 por ciento del estatal. De irse, la economía española perdería mucho. Sin duda, gran parte del griterío ultrapatriótico español, de los rugidos de los fachas, los balbuceos de Rajoy y los crispados dislates de Sáez de Santamaría reflejan el terror a perder ese momio. Sobre todo ahora que el ministro Montoro, tan parecido a Nosferatu, ya reconoce que el déficit fiscal de Cataluña es de 10.000 millones de euros, cuando hasta hace poco los gobernantes lo negaban y aún lo niegan, siendo así que, probablemente, esa cifra también sea falsa y el déficit se acerque en realidad a los 15.000 millones.

Esos datos demográficos y económicos condicionan sobremanera la evolución política de ambas comunidades y explican que, aunque el independentismo vasco ha sido violento y también articulado en tiempos de Ibarretxe, el que el Estado teme de verdad es el catalán. Dicho en plata, si se otorgara a Cataluña el sistema del cupo vasco, probablemente el país no aguantaría. Se explica igualmente la peregrina y ambigua relación de ambos territorios con España. Hasta hace poco, los partidos mayoritarios (PNV y CiU) llegaban a acuerdos con el gobierno central y completaban mayorías parlamentarias a cambio de concesiones en materia de competencias y financiación. Desde comienzos del siglo XXI (más o menos) la situación ha comenzado a variar y si el nacionalismo vasco todavía llega a acuerdos con el español (el PNV ha votado a favor de unos presupuestos infumables del PP), los indepes catalanes, no. Los caminos se separan o ahora se hace evidente que siempre estuvieron separados. A los vascos les va bien en España gracias al cupo/concierto; a los catalanes, no. Muchos de estos siguen creyendo que tienen un aliado en el nacionalismo vasco, unos por inercia y costumbre y otros porque saben que, aunque no sea verdad, no les interesa abrir nuevos frentes. Pero no es así.

Los frentes están abiertos. La burguesía vasca no solo no es independentista, sino que tiene ramalazos muy españolistas. Quizá la burguesía catalana también lo fuera pero por razones que sería prolijo examinar aquí, se ha hecho independentista. Y ahora es cuando descubre que, en el fondo, no había tal alianza. El nacionalismo vasco amenaza con la independencia pero, 1º) la amenaza es poco creíble; 2ª) no es enteramente sincera y, en el fondo, no especialmente interesado en apoyar el independentismo catalán. ¿La razón? Es obvia. Cuando Rajoy dice que todos los españoles son iguales ante la ley, como siempre, miente. Fiscalmente hablando, vascos y navarros no son iguales a los demás, sino que tienen regímenes privilegiados.

Y eso explica muchas cosas.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Santiago y cierra España

Era preciso hacer algo para tranquilizar a la parroquia, muy nerviosa con las noticias de Cataluña. No bastaba con la crispada y desencajada reacción de la vicepresidenta del gobierno que salió calificando de patada a la democracia la aprobación de la Ley del referéndum. Al contrario, el ridículo de Sáenz de Santamaría fuera de sí tenía que compensarse con algo que eliminara la impresión de que el Estado está en manos de auténticos orates.

Así que el gobierno decidió compensar un ridículo con otro: puso a Rajoy a hablar. Faltando a su costumbre de no dar jamás explicaciones por nada, el de los sobresueldos, se decidió a informar en su inimitable estilo al término del consejo de ministros extraordinario. Sentó previamente a todos los ministros en primera fila, como doctrinos, convocó a los medios y les espetó la habitual monserga llena de falsedades y topicazos. Había condescendido a dar cuenta de lo que piensa hacer y no iba a tolerar que nadie pusiera nada en cuestión. El núcleo de su discurso fue una enumeración de los recursos mediante los cuales pretende que el Tribunal Constitucional le saque las castañas del fuego de su propia incompetencia,  y un ataque al bloque independentista y al govern de la Generalitat a los que acusa de "autoritarios" y de ir en contra de la democracia. Sin admitir preguntas, sin observaciones, democráticamente. 

Por supuesto todo ello adobado con las consabidas falacias sobre el respeto a la legalidad y la necesidad de atenerse a los procedimientos de reforma previstos. Es inútil repetir aqui que su concepto de legalidad es tramposo y que los procedimientos de reforma están cegados para quien no pertenezca a uno de los dos partidos dinásticos. Es un modo de actuación, este sí, típicamente autoritario y de raíz franquista: el gobernante se limita a reiterar su criterio sin atendender a ningún matiz, crítica o relativización, sin escuchar nada porque para eso dispone de la fuerza coercitiva del Estado, para acallar la discrepancia si, a pesar de todo, esta se manifiesta.

De hacer algún tipo de recapitulación, de meditar sobre las causas que han llevado a esta situación en que el presidente y la vicepresidenta del gobierno salen amenazando a los ciudadanos, ni flores. Sin embargo, está claro que, si hemos llegado hasta aquí se debe en gran parte a la irresponsabilidad política del que ahora se ofrece como garante de la estabilidad con el apoyo entusiasta de los medios nacional-españoles como El País, que salía con un editorial digno del ABC o La Razón, titulado La dignidad de Cataluña. Es un sarcasmo que este título plagie el que en 2010 publicaron muchos medios catalanes (La dignidad de Catalunya) en defensa del Estatut, a punto de ser dinamitado por la sentencia del Tribunal Constitucional de aquel años.

Esta especie de burla es paralela al hecho de que sea precisamente quien más ha hecho por dinamitar el entendimiento entre Cataluña y España quien dice buscar una solución al conflicto. Porque, como sabe todo el mundo, el independentismo catalán ha subido del 25/30 por ciento de la población hasta el 50 por ciento gracias a la demagogia de Rajoy recogiendo firmas contra el Estatuto en 2006 y recurriéndolo ante el TC y todo para hacer juego sucio contra el Gobierno de Zapatero. El Sobresueldos ha destrozado el sistema del 78 para satisfacer sus ansias de poder. Y llegado a él, siguió con la política anticatalana, perfectamente condensada en el propósito más insultante y estúpido de "españolizar a los niños catalanes" del ex-ministro Wert. 

Los  que fueron contra el Estatuto son los que ahora dicen protegerlo. Por la misma razón por la que los franquistas que se abstuvieron en la votación sobre la CE 78 o votaron en contra son los que se erigen hoy en sus defensores y la usan como baluarte contra las aspiraciones democráticas de la gente.

En cumplimiento de su triste sino de ser seguidor de la derecha, el PSOE reitera su apoyo incondicional a los franquistas del gobierno, dando por bueno su simulacro de democracia. Esto lo legitima, al parecer, para no tomarse el trabajo de buscar un entendimiento en Cataluña sustituido por una etérea llamada a un diálogo que no se ha producido nunca, no se produce ahora y no se producirá jamás por cuanto el nacionalismo español solo entiende una forma de relación de Cataluña con España, la de la sumisión y el silencio ante los abusos.

Es un espectáculo patético el del nacionalismo español dando palos de ciego, superado en todo momento por la Generalitat. Ayer el Parlament aprobó la Ley de Transitoriedad para el caso de que gane el "sí" en el referéndum, cumpliendo así la promesa de Puigdemont de "ir de la ley a la ley", impertérrito el bloque del sí ante las amenazas de las autoridades españolas que no pueden hacer otra cosa que eso, amenazar.

Al propio tiempo, el Parlament pedía investigar judicialmente a Rajoy, Santamaría y Fernández Díaz por los delitos que hubieren podido cometer en la "operación Cataluña". 

Unos presuntos delincuentes encargados de aplicar ley en España.

jueves, 7 de septiembre de 2017

"¿Es una algarabía? No, Sire, es una revolución"

El País no anda bien de chispa periodística. Quizá le parezca exagerada la similitud con la famosa información del duque de La Rochefoucauld a Luis XVI, aunque es pertinente. Pero podría haber hecho un juego más de casa, componiendo una portada con el títular: "Golpe del Parlament. El País, con la Constitución". Al fin y al cabo, es el espíritu del titular real: "Los separatistas imponen...".

Claro que es una revolución. Encabezada por el Parlament, cual suele suceder. Y con un pueblo detrás, el que lo ha elegido y le ha mandatado. Los parlamentos se mueven a golpe de gestos simbólicos, hoy magnificados por los medios. La imagen de la jornada es la aprobación de la Ley del referéndum, la que echa a andar el proceso para que los catalanes y catalanas decidan si quieren constituirse en República independiente o seguir como están.

El referéndum no es la independencia. El referéndum es una pregunta, no es una respuesta. No haber entendido algo tan sencillo puede costar a los nacionalistas españoles quedarse sin país. Porque si imponer lo que en otras partes del mundo civilizado se hace negociando sin problema cuesta tanta tensión, tanto conflicto, tanta confrontación, la mayoría acabará concluyendo que, en efecto, lo mejor es romper cuanto antes porque esto no tiene arreglo.

Sí,  es una revolución. La revolución de la República catalana. Los dos partidos dinásticos, cerrados en banda a la posibilidad y la excrecencia de Ciudadanos, también, pues el enfrentamiento con el independentismo venía de cuna, de cuando Rivera se fotografiaba in puribus. Pero ¿y Podemos? Es sarcástico que quienes venían cabalgando a lomos de la revolución no la hayan visto pasar a su vera hasta que han comprobado que ellos cabalgaban en un Clavileño.

¿Por qué no entendió el nacionalismo español la diferencia entre referéndum e independencia? Aparte de por pura incapacidad o por la consabida tirria hispana al pragmatismo porque, en el fondo, no es democrático ni cree en el principio democrático sino que se aferra de modo fetichista al principio de legalidad. Ese enunciado que comparten PP y PSOE frente a Cataluña de que sin ley no hay democracia es una tontería. Sin ley no hay democracia. Y con ley, tampoco. Las Leyes de Nürnberg eran leyes y el régimen, una tiranía. Todo depende de la ley y de la democracia.

Solo la ignorancia de aquella diferencia y también del sentido vivo de democracia explica un exabrupto como el de la vicepresidenta del gobierno: hoy hemos vivido una patada a la democracia en el Parlament. Quiere decir puntapié seguramente. El Parlament propinando una "patada" a la democracia. ¿A qué democracia?

"Sí", responden quienes de buena fe en la izquierda se oponen al independentismo "la democracia del PP no es democracia (forma elegante de sintetizar años de saqueos, estafas, ilegalidades, gürteles, Lezos, Bárcenas, leyes mordaza, etc) pero lo suyo no es saltarse la ley, sino reformarla". Quienes dicen esto saben (o debieran saber) que la minoría catalana jamás será mayoría en España, jamás podra reformar las leyes y deberá someterse siempre a la tiranía de la mayoría.

"Bueno", dicen otros seguramente también de buena fe, "en todo caso, no hay que tirar el niño con el agua sucia ni confundir el gobierno del PP (corrupto y profundamente antidemocrático) con el Estado. Alguna vez cambiará el gobierno, regirá la izquierda y el Estado español cambiará".

Eso es falso. Lo niega la experiencia histórica y lo niega la propia concepción de España de la izquierda que, en lo sustancial, es la de la derecha. Véase si no:

La transición fue un proceso hoy muy cuestionado pero que, en todo caso, traía unos compromisos implícitos de carácter incluso lógico. El más evidente era que el franquismo se había acabado y nadie lo resucitaría. Justo lo que la derecha se ha puesto siempre a hacer al llegar al poder y, a partir de su arrollador triunfo electoral de 2011, a marchas forzadas: restaurar el franquismo. De modo vergonzante porque solo los más tontos de ellos se siguen declarando franquistas, pero efectivo. Apenas llegados a La Moncloa en 2011 suprimieron de un plumazo el pluralismo en RTVE, devolvieron la enseñanza a la Iglesia, pretendieron suprimir el aborto, reformaron la justicia para encarecerla y privar de ella a los más necesitados, destruyeron el régimen jurídico laboral, desmantelaron la sanidad pública, promulgaron una ley Mordaza, saquearon el fondo de pensiones y se dedicaron a enriquecerse ilegalmente, ellos y su partido, a cuenta de los contribuyentes que, en España son las clases medias y bajas.

No hay garantía alguna de que esto no vuelva a suceder (de hecho sigue sucediendo hoy día; la Ley Mordaza sigue en vigor y se sigue multando a la gente a capricho de los agentes de la policía), sobre todo por la coincidencia de fondo que hay entre la izquierda y la derecha. La perpetuación del franquismo en todos los órdenes se mantuvo incólume durante los veinte años de gobiernos socialistas (Valle de los Caídos, Fundación Francisco Franco, callejero, honores, símbolos) y solo en tiempos de Zapatero se aprobó una menguada Ley de la Memoria histórica que los franquistas del PP han tirado a la basura.

En realidad, desde que el PP llegó al poder en 2011, en el PSOE había clara conciencia de que estaba desmantelando los pactos implícitos de la transición. En alguna ocasión lo mencionó Rubalcaba. Y era obvio. Como obvio era que se trataba de volver al franquismo sin Franco. Basta con ver el panorama de los medios de comunicación. 

Pero no se hizo nada. En cuatro años de mayoría absoluta de un PP echado al monte no hubo ni una moción de censura, nada digno de considerarse oposición. Al contrario: refugiado el PSOE de Rubalcaba en su política de "pactos de Estado" (que fueron tan dañinos a la izquierda como los "pactos de familia" para España), se complotó una Ley de Seguridad Nacional que se aprobó ya en tiempos de Sánchez y que, según se dijo entonces, no era "contra los catalanes". Esa misma a la que hoy se quiere recurrir contra los catalanes.

No, el Estado español no cambiará nunca. Salvo mediante una revolución.

La catalana.

jueves, 31 de agosto de 2017

Los dos mundos

Con independencia de los muy sesudos o encendidos análisis que nos esperan ante esta flamígera declaración de Jordi Turull a la salida del Consell Executiu, es de ley reconocer que tiene una resonancia fuerte, beligerante, arriesgada. De l'audace, encore de l'audace, toujours de l'audace, exclamaba Danton. Hay un tono heroico en esa intención, un sentido trascendental en ese con todas las consecuencias.

Para calibrar estos aspectos, nada mejor que recordar la filosofía profunda del gobierno de Rajoy: "sensatez, sentido común, nada de ocurrencias". La política como gestión "razonable" de lo cotidiano. Nada de saltos en el vacío. Para Rajoy, Puigdemont y los indepes son un grupo de insensatos con tendencias delictivas que será preciso cortar en su momento.

Para Puigdemont y los indepes Rajoy y, en general, la clase política española son la materialización de la corrupción, el desgobierno, la irresponsabilidad y el maltrato a Cataluña. La lucha contra estos males no se limita al fangoso territorio de las leyes, los reglamentos, los recursos y contrarrecursos, sino que se lleva al terreno político de la movilización popular para obtener un cambio político radical y esto solo es posible hablando de valores, de principios, y dando ejemplo.

Son los dos mundos que se enfrentan aquí y ahora en España. Del resultado dependen muchas cosas.

lunes, 28 de agosto de 2017

Una dieta de sapos

Los rostros de la imagen lo dicen todo. Ls autoridades españolas pasaron la manifestación entera tragando sapos. Se empeñaron en asistir a un acto en protesta por un atentado que no fue previsto y en cuya solución no tuvieron nada que ver. Al tiempo, esa presencia se concibió, organizó y explicó a la opinión pública como una muestra de unidad contra el terrorismo. La unidad ¿de quién? La presencia del Jefe del Estado, el gobierno y la oposición entera, así como un largo séquito de políticos lo dejaba bien claro: la unidad de la nación española.

Cuando, en los prolegómenos de la manifestación, se criticaba la "politización" de esta por los independentistas y se advertía de que no se llevaran banderas, en realidad, ya estaba "politizada" desde el momento en que se ponía al servicio de una idea de nación sin duda mayoritaria en España, pero quizá no en Cataluña. La CUP, se recordará, bajó las ínfulas al Rey, negándole la presidencia del acto con razones críticas de mucho peso. Y la Corona aceptó, prueba de que su máximo interés era poner al Rey en Cataluña, reconquistar el corazón de los catalanes y reconstituir la mortecina nación española.

La manifestación estaba politizada por el nacionalismo español desde su inicio. Desde el comienzo mismo del acto aparecieron algunas banderas rojigualdas, casi todas sin crespón, que aspiraban a ser un mar de oro y fuego. Para ello se había destacado a algunos nacionales que regalaban banderas españolas de plástico y no las cogía nadie. El mar se quedó en charco. El fracaso en la politización de la derecha nacional española fue patente durante todo el recorrido de la manifestación, con abucheos y pitos al Rey y letreros muy críticos hacia él.

A su vez, la proliferación de señeras y esteladas, además de ser tan legítima como la española, pone de relieve que en Cataluña hay una opinión muy sólida a favor de la independencia y muy crítica con el modo en que se ha administrado y se administra el país. En realidad, Cataluña es la única oposición real al gobierno del PP porque lo es también al Estado del que emana. La izquierda española podría distinguir ambos momentos, oponiéndose al gobierno, aunque no a su Estado, pero lo cierto es que no ejerce apreciablemente como tal oposición en ninguno de los momentos. La cuestión catalana prevalece en la política y, en ella, el punto fuerte es la unidad nacional española.

Rajoy señala que estamos orgullosos de haber ido a Barcelona. Las afrentas no las escuchamos. La traducción con un embustero sistemático nunca falla: no están orgullosos de haber io a Barcelona sino muy irritados y todavía les zumban los oídos con los pitos, los abucheos, las imprecaciones y los letreros.

Son los sapos que han de tragarse quienes gobiernan en provecho propio e interés de los suyos y en detrimento de la mayoría de la población. Es verdad que les vota una mayoría, pero también lo es que se trata de una mayoría relativa exigua, de una tercera parte; que muchos de quienes les votan lo hacen manipulados por unos medios de comunicación al servicio del PP; y que, además, ganan con todo tipo de trampas e ilegalidades. Más sapos por tragar.

Ahora tienen un problema real. Por mucha que sea su capacidad de tragar sapos, no están en condiciones de detener el referéndum del 1/10. A la desesperada la prensa especula con la posibilidad de dividir el bloque independentista de JxS mediante un entendimiento entre ERC, Podemos y los Comunes con vistas a unas elecciones autonómicas, dando por inviable el referéndum. Y se advierte que algo así haría trizas al PSOE. Asoma la vieja querencia.

Lo anterior es posible, cómo no, tratándose de intereses políticos. Pero mucho más posible y probable será la destrucción de ERC si esta aparece como directa o indirectamente responsable del fracaso del referéndum. Todo lo que vaya contra el referéndum tiene mala prensa en Cataluña. Subsiguientemente, también quedaría tocado Podemos por adoptar decisiones prácticamente en secreto. 

El independentismo es un río de no retorno.

jueves, 24 de agosto de 2017

Objetivo prioritario, Cataluña

La Operación Cataluña que forzó comisiones de investigación en el Congreso y en el Parlament tenía ramificaciones y raíces. Se han descubierto con el desastre de la gestión del atentado de la Rambla a cargo del gobierno central y la contundente acción de los mossos catalanes.

A estas alturas, lo de menos son las minucias y los detalles secundarios, a los que suele darse una importancia desmesurada para tapar debates de mayor trascendencia. Se entiende la preocupación de El País por cargar contra los mossos, desmerecer algo su trabajo y ocultar la ridícula incompetencia del ministerio del Interior y el gobierno. Ha sido todo demasiado llamativo. Sin embargo, es indiferente llegar a una conclusión respecto a estos asuntos específicos, sobre si la comunicación llegó o no llegó, si unos fueron y otros no, y quién hizo qué y cuándo. Probablemente nunca quedarán las cosas claras del todo. Ni falta que hace.

La evidente descoordinación (incluso enfrentamiento) entre las fuerzas de seguridad es el verdadero problema de fondo. Y mucho más lo es que se demuestre haber sido  política deliberada del gobierno torpedear la acción de los mossos así como negar a estos información y recursos que les eran vitales. Que esto es política deliberada se ve en las mentiras de la vicepresidenta quien justifica la falta de acceso de los mossos a la información de europol en una decisión de este órgano. Tiempo ha faltado al tal para desmentirla, asegurando que la cuestión de los mossos es un asunto interno de España como se ve por el hecho de que la Ertzaintza sí tiene acceso a Europol. Y la Ertzainza tiene ese acceso porque el PNV apoyó los presupuestos del gobierno. 

Los mossos, en cambio, no porque la Generalitat está en una actitud díscola. Así que la Ratita Hacendosa los castiga a no entrar en el club de los informados. Dos facetas denota esta actitud. Una, de patrimonialismo casi infantil por cuanto la vicepresidenta gestiona con caprichos de favoritismo político. Otra una irresponsabilidad sin límite puesto que esos caprichos afectan de forma directa a la seguridad de la ciudadanía.

Es el Estado, es el gobierno, quien actúa en contra de los mossos, boicotea su actuación, la cuestiona, la debilita. Y esto no es reciente. Viene del comienzo del mandato de Fernández Díaz. Un hombre que, además de condecorar vírgenes, puede ver con regocijo que alguien destroce la sanidad catalana seguramente hará lo inimaginable por destrozar también la seguridad colectiva. De hecho, para eso parece haber montado una especie de "policía política" no al servicio del Estado, sino del gobierno del PP, o sea, del PP. Una policía de partido, igual que hay jueces de partido que actúan como tales a cara descubierta. 

El proceso independentista catalán está poniendo de manifiesto la incompetencia del Estado español en los aspectos político, judicial y policial. Añádase la corrupción estructural y calíbrese la autoridad y legitimidad de este Estado y este gobiernoa la hora de enfrentarse al independentismo catalán.

domingo, 20 de agosto de 2017

Las reacciones

Dudo de que haya otro lugar del planeta en que un atentado como el de la Rambla provoque tal alud de respuestas inhumanas, crueles, inmorales, estúpidas o ruines. Algo deben de tener Cataluña y los catalanes para suscitar reacciones tan repugnantes y sacar lo más bajo que muchas personas llevan dentro.

Y no es nuevo. Es motivo permanente. Cada vez que hay un accidente o desgracia con víctimas catalanas aparecen en la redes comentarios catalanófobos generalmente delictivos. No, no es nuevo. Cuando algún mal castiga Cataluña, mucha gente en España -que envidia y odia a los catalanes- se alegra y hace chistes sobre ello. Muchos, supongo, son los que luego se lamentan de que los catalanes quieran independizarse, están en contra de la idea y, si les dejaran, matarían a todos los independentistas con el sacro fin de preservar la unidad de esta patria en la que da asco vivir con gente como ellos.

Tres observaciones sobre tres tipos de reacciones, sin ánimo de ser exhaustivo entre los cientos de declaraciones, gestos y actitudes que se han prodigado en las últimas horas.

La hipocresía oficial. Tanto el Rey como el Sobresueldos y la Ratita Hacendosa y el pintoresco ministro del Interior, tardaron horas y horas en comparecer, dejando así bien claro que España y Cataluña son dos países distintos y sin grandes relaciones entre sí. El de Exteriores no se dignó interrumpir sus vacaciones en la embajada del Ecuador, sufragadas por partida doble por todos los españoles. El Rey, que estaba en otro país, no ha aclarado en cuá, y el Sobresueldos compareció finalmente a balbucear las habituales vaciedades mientras no podía evitar que fueran filtrándose noticias sobre el boicot a que el gobierno de España viene sometiendo a la consejería de interior de Cataluña por razones políticas poniendo en peligro la seguridad de los catalanes. Todos a una clamaron por una unidad que no existe, que se han inventado y que ellos han roto siempre que han podido cuando dicha unidad podía beneficiar a Cataluña.

Una reserva a este respecto. Habrá que exigir responsabilidades y estudiar cuáles hayan sido los fallos, los errores o las medidas de sabotaje mal intencionadas. Pero, mientras no haya pruebas fehacientes, nada, absolutamente nada autoriza a culpar del crimen a ideas o personas distintas de los autores materiales. Por eso los fascistas que pasan por periodistas y demócratas en los lamentables medios españoles y que acusaban ya desde el primer momento al proceso independentista o a la CUP lo único que están haciendo es justificar que otros culpabilicen directamente a la guerra sucia del gobierno y lo hagan responsable de lo que se llama un "atentado de falsa bandera" para buscar un pretexto que le permita intervenir y militarizar Cataluña. ¿Sacado de quicio? Es posible, pero, que yo sepa, la "operación Cataluña" de las cloacas del Estado no la organizó la CUP sino el ministro meapilas entre virgen y virgen.

La canalla de derechas. Las redes se llenaron de comentarios delirantes en los que los periodistas a sueldo de la derecha vertían ignorancia y odio contra todo lo que les molesta en un intento de criminalizarlo. Isabel San Sebastián relacionaba el atentado con el cuento de la reconquista  que siempre ha servido a la derecha para falsificar la historia de España con sus patrañas nacionalcatólicas y atizaba el odio contra el islam con un hediondo hálito de cruzada. Alfonso Rojo se metía con los "progres" por su manía de distinguir entre una confesiones y otras cuando a él, probablemente, lo único sensato debe de parecerle meterlas a todas en el mismo barco y hundirlo, ya que la sola religión que debe de aceptar este elemento es la de la pastuqui por programa . El inefable Tertsch hacía una amalgama juntando en un solo tuit la Rambla, Podemos, la CUP, el Gulag, etc., en el mejor estilo estalinista que, en realidad, es el suyo. Escenificación de esta farsa cavernaria,  un editorial de El País y un artículo de Lluís Bassets en el mismo medio relacionando el terrorismo islamista con el independentismo. Por no hablar de la velocidad de todos los fantoches de la tele -Quintana, Griso, Ferreras- en interrumpir sus vacaciones para darse un baño de morbo y pujar el share, que es lo que importa.

La canalla de izquierdas. Cuando se trata del independentismo catalán, ya sabe, las tenues diferencias entre la izquierda y la derecha española se difuminan y todo es derecha; derecha patriótica, nacional. Así que toda la sedicente "izquierda" española murmuró unas atribuladas jaculatorias unitarias, copiando, como siempre,  a la derecha, y en algún caso, hizo el habitual alarde de catalanofobia de rigor. Sirva como ejemplo la viñeta de Peridis ayer en El País en la que se insinua fariseamente una relación causal entre el independentismo catalán y el atentado. Ese dibujo es un juicio moral innoble que necesariamente tiene que provocar indignación en quien sepa dos cosas: a) el atentado no tiene nada que ver con el proceso; b) el proceso parecerá bien o mal a distintos públicos, según sus objetivos, pero es pacífico, democrático y mucho antes víctima (ya lo está siendo, perseguido por los amigos de Peridis) que victimario.

Ante  la oleada de reacciones contrarias a esta mala baba del dibujante, su jefe en el periódico, Antonio Caño, sacó un tuit defendiéndolo con una arrogancia tan extrema y necia que uno se pregunta si el hombre está en sus cabales y sabe de lo que habla. Decía Caño: Con todos los respetos, no voy a permitir que se denigre de forma tan ruin una ejemplar trayectoria profesional. No se sabe con qué medios materiales cuenta Caño para conseguir su objetivo, aparte de la manipulación y la censura, sus favoritos. No se sabe cómo impedirá que el propio Peridis destruya esa "trayectoria profesional" demostrando lo que es en el fondo. Por último, ¿acaso cree él que su propia trayectoria profesional al servicio del PP, la caverna y los intereses personales de Cebrián, le dan autoridad para defender a alguien?

Y si Caño, periodista del régimen, lanzaba sus bravatas en defensa de su obediente plumilla, el genio del socialismo que entretiene sus ocios en el Parlamento Europeo, Elena Valenciano, coincidía con el sucio espíritu de Peridis y se deshacía en elogios: Del maestro . Inteligente, agudo y -sobre todo- humano. y no

Que los dioses nos libren de estas lumbreras que ven inteligencia, agudeza y humanidad donde no hay más que estulticia, bastedad e inhumanidad.

¿Se entiende por qué el independentismo catalán es tan fuerte? 

Y más que será.

sábado, 19 de agosto de 2017

Un plan para Cataluña

Tal cosa promete el PSOE para el próximo 28 de agosto, festividad de San Agustín de Hipona, el autor de La ciudad de Dios contra los paganos. Ya puede ser bueno un plan para Cataluña que bajo tal advocación amanece.

De antemano debe reconocerse a la iniciativa socialista el valor de procurar una solución dentro del marco institucional de legalidad en el que quiere moverse. No es mucho, pero es infinitamente más que la inoperancia del gobierno durante todos estos años, producida por un complejo de indolencia, incompetencia, indiferencia e ignorancia. A lo que debe añadirse una actitud de desprecio y agresividad.

Admitir que Cataluña es sobre todo un problema español y el principal, como lo fue en su día el País Vasco es un gran avance, aunque parezca mentira. Reconocer, al mismo tiempo que lo de Cataluña, siendo más grave para España que fue lo del País Vasco, no puede resolverse por los procedimientos que allí se emplearon es un avance sobre el avance. Pero no tendrá efectos positivos de no venir coronado el reconocimiento por un plan para Cataluña que no solo acepte el Parlamento español, sino tambien el catalán. Y esto es muy problemático.

El plan ideal, para Palinuro, especie de "programa máximo" de la oposición, sería un referéndum pactado que permitiera aplazar prudencialmente el del 1/10. La garantía habría de contar con el voto favorable cuando menos del PSOE, el PP y Podemos.

Esa posibilidad suena inverosímil en principio porque los mismos proponentes la excluyen al afirmar que su propuesta tiene la finalidad de desconvocar el referéndum del 1/10 al que consideran ilegal. Bien. En sentido estricto, la objeción es a la ilegalidad, no al referéndum en sí mismo. Es decir, efectivamente bien podría el PSOE presentar un plan para Cataluña consistente en desconvocar el referéndum del 1/10, convocándolo para uno o dos meses más tarde como referéndum pactado. Con lo cual ya no sería ilegal, que era el gran obstáculo.

Aun así, es poco probable que el PSOE la formule y el Congreso la apruebe. Por eso, el PSOE se remite a la sabiduría agustiniana y quiere formular un proyecto de convivencia tan sugestivo y prometedor para los indepes catalanes que les haga olvidar su precioso referéndum como si bebieran las aguas del Leteo. Es difícil imaginar qué propuestas puedan los socialistas presentar para que, en el análisis de costes/beneficios de los indepes, los beneficios de aceptar sean superiores a la celebración del referéndum.

En realidad no es difícil; es imposible. Se echa de ver no en el fondo del proyecto de un plan para Cataluña, sino en su forma: como debate y decisión del Congreso español que podría, incluso imponerse (es imaginable) en contra de la voluntad de los diputados indepes. Estos no aceptarán una fórmula impuesta por el Parlamento español (adoptada, además, como resultado de una muy improbable reforma constitucional) y el Parlamento español, probablemente, no aceptará debatir la fórmula de acuerdo catalán en una negociación bipartita de igual a igual.

Así que el plan para Cataluña se antoja poco viable. De momento.

viernes, 18 de agosto de 2017

Palinuro en Prada

Grabación de la conferencia de Prada de hoy. Muy animada.






jueves, 10 de agosto de 2017

Sentido común y sensatez

Es el lema invariable de Rajoy en lo que le interesa. Los demás son siempre unos insensatos, faltos de sentido común y sobrados de ocurrencias. La sensatez y el sentido común son su patrimonio. Basta con ver la increíble saga de la corrupción bajo su gobierno. Puro sentido común. En donde todos roban, lo sensato es robar. Sensatez y sentido común pide el presidente en Cataluña. Nadie le ha sugerido mentar el socorrido seny con el que es fama se derriten los corazones catalanes. A lo mejor no sabe pronunciarlo.

“Sentido común y sensatez". Los dos pilares sobre los que se alzará la nueva Cataluña española, rescatada de los radicales. Los grandes momentos piden estos sublimes binomios: “Orden y progreso”, “electricidad y soviets”, “Patria o muerte”, “tierra y libertad”. Lo de Rajoy es más burgués, más pantouflard. Nada de aventuras. Su alegato no va solamente contra la independencia de Cataluña (hipótesis que se niega a mencionar, como el nombre de Bárcenas) sino contra la realización del referéndum. 

Referéndum e independencia son momentos distintos. Puede haber referéndum y el resultado ser “no” a la independencia. Por supuesto, desde un punto de vista trascendental, aunque salga “no”, la independencia habrá ganado porque la celebración misma del referéndum es un acto de soberanía y bajo fuego enemigo. Pero habrá salido “no” y se abrirá una nueva incertidumbre en el contexto de unas elecciones.

Por eso, el problema no está en la independencia, sino en el referéndum, en el derecho a decidir o derecho de autodeterminación, sea cual sea el resultado. Eso es lo que Rajoy ha dicho al Rey para tranquilizarlo: que el referéndum no va a celebrarse. No sé si antes o después de que el Monarca perdiera su propia copa en una competición de veleros a manos de un catalán. Un pontífice romano lo interpretaría como un mal augurio. No habrá referéndum porque así lo mandan la sensatez y el sentido común.

En Cataluña el llamado al sentido común se hace pensando en los viejos dorados tiempos de Convergència i Unió, dos fantasmas del pasado. Pero a cambio pueden comprárselo los Comunes, que ya llevan un título medio apropiado. Las recientes declaraciones de Ada Colau negando ser o haber sido nunca independentista han provocado encendidas iras y mucha frustración entre los indepes. Pero hay un punto de ingenuidad o fanatismo en ello. Colau nunca se ha declarado independentista claramente, que yo sepa. El asunto no es nuevo. Otra cosa es que haya jugado a la ambigüedad y su formación, ahora los Comunes, también lo haya hecho o lo haya parecido pues entre ellos hay indepes y no indepes. Colau se cuenta entre los del “no”. Correcto e irreprochable. Está en su derecho.

Pero, ya lo hemos dicho, la cuestión no es la independencia, sino el referéndum, el derecho de autodeterminación. Ese sí es un compromiso expreso de los Comunes y de la alcaldesa. El sentido común que Rajoy quiere de los Comunes es que se opongan a todo referéndum. Dado que, en principio hay dos, el pactado y el no pactado, sería de ley que los Comunes aclararan si apoyan los dos o uno y cuál. Para que no haya ambigüedad. Al fin y el cabo, el lío que tienen montado los de Podemos con Albano Dante Fachín atañe a esta ambigüedad. La dirección nacional quiere que Podem se integre en los Comunes en especial en la cuestión del referéndum. Referéndum sí, pero pactado; no al no pactado. Dante Fachín sostiene que deben apoyarse los dos, ganándose así un furioso rapapolvo de sus instancias superiores, parecido a la “autocrítica” que la jefatura soviética hacía a los disidentes, antes de pasar a métodos más expeditivos. 

Y en el ínterin, la hoja de ruta sigue su marcha en una situación abierta en la que todas las hipótesis son plausibles y nadie sabe qué pueda pasar. En esta situación de calma agosteña, como siempre, el independentismo lleva la iniciativa política y del Estado solo cabe esperar medidas reactivas. ¿Qué haría cualquier estratega ante un enemigo a la defensiva? Obviamente, seguir atacando lo imprescindible y destinar recursos a fortalecer la propia posición, la retaguardia y el apoyo logístico. Aplicarse el viejo proverbio árabe: “primero ata tu camello y luego confía en Alá”. Porque, antes del temido “choque de trenes”, hay una prueba de fuerza de gran importancia mediática y simbólica, el 11 de septiembre. Ahí es donde el independentismo se volcará porque la Diada será la víspera del Referéndum, cuando se vislumbra finalmente la realización del “donec perficiam”.

Así lo viven los dirigentes independentistas y quienes los apoyan, como una ocasión histórica en sus vidas. El discurso del "sentido común y la sensatez” demuestra que el presidente no entiende nada de la situación en que se encuentra. Siendo el encargado, por voluntad propia, de encontrar una solución.

sábado, 5 de agosto de 2017

Una real propuesta

Pues señor, estábame el otro día pensando de qué manera podría hacer alguna aportación constructiva y original al actual galimatías patrio y no daba con ninguna. Hasta que me acordé del Rey que, parece, anda a sus asuntos. La Constitución encomienda al Monarca una función de arbitraje y moderación de las instituciones y, pardiez, como están las cosas, no parece descabellado pedir que la ejerza. A ver qué se le ocurre. De hecho, me extraña no leer artículos sesudos sobre la institución de la Corona y la figura del Rey en un momento de aguda crisis constitucional. No deben estar claras las cosas cuando legistas, escribas y otros palmeros no hagan acto de grave presencia.

Directos al grano. Quienes aseguran firmemente respetar y querer a los catalanes, considerarlos nación y miembros voluntarios a la vez de la supernación española, estarán dispuestos a hacerles justicia. Para ello, ¿qué tal si Felipe VI se presenta en la próxima Diada en la ofrenda floral a Rafael Casanova, reconoce la nación catalana y anula los Decretos de Nueva Planta?

Resulta estrambótico, ¿verdad? Pero a los políticos, dirigentes y estadistas no se los puede medir por las pautas y usos de los probos y diligentes funcionarios del mero sentido común y la rutina (aunque casi todos ellos se limiten a eso) sino por decisiones audaces, de gran alcance, por actos simbólicos que cambian la forma de vida de la gente y dejan huella. Felipe VI arrastra un problema originario de legitimidad. A falta de someter su trono a referéndum, que sería lo más acorde con el espíritu de los tiempos, cuando menos podría tener el gesto de reparar una injusticia histórica con los catalanes (y, por supuesto, països catalans) y devolverles sus libertades, prometiendo, además un Estado compuesto con una monarquía bicéfala, como los Austrias. Si le sale, le sale.

De inmediato se recordará al Rey que entre sus inexistentes atribuciones tampoco está la de dejar sin efecto la Constitución española en una ofrenda floral. Y mira que no es mala idea por tratarse de una Constitución que nunca ha sido tal, sino un instrumento primero de dos partidos y, luego, solo de uno.

Para no frustrar la regia y humana voluntad de pedir perdón por la injusticia de hace 300 años (nacimiento verdadero de la “nación española” a sangre y fuego), el Parlamento, en debate plenario, quizá a petición de los indepes catalanes, podría autorizar al Rey a ese acto de reparación histórica. 

Con esto no se quiere decir que los republicanos fuéramos menos republicanos ni los independentistas menos independentistas, pero sí que ofreceríamos al adversario juego limpio en un referéndum sobre la República en toda España y en Cataluña, además, sobre la independencia. La idea es estupenda y solo me protege de las críticas por dar ideas al adversario el hecho de que este es tan cerrado de mollera que algo así no se le pasa por su colectiva y huera cabeza.

La imagen es una foto de la Cancillería del Ecuador bajo licencia CC

sábado, 22 de julio de 2017

La bolsa o la patria

El gobierno solo gobierna para (contra) el independentismo. Bueno, y también para sobrevivir procesalmente. Pero eso es ahora menos importante. La nueva política, la policy en el sentido inglés, que recuerda más a la policía de la llamada Ciencia de la policía del reino de los clásicos, apunta directamente al bolsillo de los precitos catalanistas. Colectiva y preventivamente a base de dejarlos sin dinero cuando se apresten a cometer alguna fechoría o personalmente cuando la hayan cometido, a base de confiscar sus patrimonios, de ellos y de sus familias.

De hecho, esta medida de política pública, como la llaman los especialistas, al abreviar a una semana los plazos de rendición de informes presupuestarios de la Generalitat, equivale a una intervención, una forma de aplicación subrepticia del 155. En el doble sentido financiero y político que, evidentemente, depende del primero. Se trata de una decisión de asfixiar a un órgano legal autonómico democráticamente constituido para que no pueda aplicar el programa que se le ha encomendado. Es una médida típica de burócrata, de astuto leguleyo, experto en lances sobre si las subvenciones son finalistas, graciables, discrecionales, etc. Hasta es posible que sea legal. Eso se dilucidará en la correspondiente batalla jurídica en puertas y que, probablemente, perderá la Generalitat si no es de una forma, de otra.

Pero políticamente es un dislate. Deja a las autoridades autonómicas en pleno uso de sus competencias pero les imposibilita la acción. Es decir, les facilita un discurso de persecución y martirio que tiene mucha fuerza movilizadora social. Esta puede convertirse en indignación generalizada si las restricciones financieras se hacen sentir en la vida cotidiana. Y acelerar el proceso de confrontacion si, a la vista de la asfixia del gobierno, el Parlament declara una DUI o si, las medidas incendian la calle, cosa nada absurda, vistos como están los ánimos. El País vaticina, encuesta en ristre, que el apoyo popular al independentismo sigue bajando. Aguante el diario un tanto el aliento y observe cuánta gente saldrá a la calle en la próxima Diada, preludio del referéndum que, a lo mejor, no puede realizarse por impedirlo el gobierno por la fuerza. Los avatares judiciales de las autoridades catalanas que puedan seguirse de esta confusa dinámica, añadirán más leña al fuego que para entonces ya será una hoguera en la que arderá el escaso prestigio de España como Estado de derecho, respetuoso con los de sus ciudadanos, sean de la nación que sean..

El PSOE/PSC muestra sus reservas respecto a la política de la caja aunque, como de costumbre, no propone gran cosa a cambio. Al menos, podía entender que respaldar al PP en la mano dura con el referéndum y coadyuvar a impedirlo solo deja como solución una elecciones autonómicas adelantadas en un clima de mucha conflictividad cuyo resultado puede ser aun peor para sus propósitos (sin duda muy nobles e hispánicos)  que el de un referéndum. ¿Qué haría el gobierno central con una mayoría absoluta independentista renovada, incluso ampliada?¿Intervenir de nuevo? ¿Disolver? ¿Convocar elecciones una y otra vez hasta que estos catalanes tozudamente alzados voten correctamente?

Porque supongo que a nadie se le habrá pasado por la cabeza no solamente impedir el referéndum, sino suspender las elecciones. Supongo.

sábado, 8 de julio de 2017

El desconcierto

Menos mal que esto del referéndum catalán (el llamado desafío independentista de la prensa, dada a titulares fuertes) era un asunto que no interesaba a nadie y del que nadie se preocupaba, salvo dos o tres agoreros; menos mal que era la periódica pataleta victimista de los catalanes, siempre tratando de rebañar para casa; que era un asunto de cuatro corruptos del clan Pujol para tapar sus vergüenzas; una pelea interna entre los partidos nacionalistas por la hegemonía; una especie de chantaje de las elites nacionalistas; algo de iluminados y minorías radicales que se disolvería en el seny. Menos mal que no iba a ninguna parte, estaba condenado al fracaso y no merecía la atención de las personas sensatas.

Sí, menos mal, porque si llega a estar presente y hacerse ver en la vida pública española la monopolizaría al extremo de que no se hablaría de otra cosa. 

En realidad, más o menos, así ha acabado sucediendo. El desafío ha trastornado el conjunto del sistema político, tiene al gobierno paralizado y a los partidos, singularmente los de la izquierda, sumidos en el desconcierto y en crisis. La fractura que hay en Podemos entre el partido español y su pseudópodo catalán, Podem, es una manifestación más de cómo el referéndum divide a la izquierda española, entendiendo por tal también el conglomerado de los comuns.

Por el momento y a reserva de que la nueva mediación de Sánchez dé algún resultado tangible, tenemos un gobierno inmóvil, comprometido a evitar la celebración del referéndum, pero sin explicar qué medidas tomará y con qué medios. Frente a él una Generalitat, tozudamente alzada, dispuesta a realizar el referéndum el 1º de octubre, a darle carácter vinculante y actuar en consecuencia.

Con el "no" descontado del gobierno y a reserva, insisto, de que la intervención de Sánchez dé algún resultado, son dos las posibilidades: a) el referéndum no se celebra porque el gobierno central lo impide por la fuerza; b) el referéndum se celebra en condiciones similares a las del 9N y el gobierno se apresura a declarar que el resultado carece de eficacia jurídica.

En cualquiera de los dos casos, las consecuencias van a agravar y prolongar el conflicto. Este es el principal motivo por el que lo más razonable es permitir y organizar la celebración de ese referéndum. Porque no hay otra propuesta mejor.