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jueves, 22 de junio de 2017

Un héroe de nuestro tiempo

El culto al héroe es viejísimo. Sus nombres propios adornan la historia real y la fantástica con grandes variantes. Aquiles, Alejandro, César, Napoleón. Algunos son prototipos ambiguos, como Ulises o Maquiavelo. Thomas Carlyle nos regaló su  Sobre héroes y el culto al héroe en 1841, en donde, por cierto, no se menciona a los guerreros y la valoración de los héroes (dioses, profetas, escritores, reyes, etc) es generalmente positiva.

Por entonces, sin embargo, ya imperaba el modelo del héroe byroniano que aparece en Las peregrinaciones de Childe Harold (1812). El joven hombre de mundo, tempranamente hastiado de la vida, aquejado de melancolía, cínico, hasta cruel, pero también caballeroso, capaz de grandes pasiones y de una entrega ilimitada al amor o algún impreciso ideal hasta el sacrificio. Un ser contradictorio, una mezcla de héroe y villano. Un antihéroe. 

Los románticos rusos reprodujeron el modelo byroniano. Pushkin directamente en Eugenio Onegin y Lermontov después, a través de él, en la figura de Pechorin, el protagonista de Un héroe de nuestro tiempo, cruel, despiadado, inquieto, insatisfecho, nihilista, capaz de grandes pasiones. Juega con los sentimientos de la gente y se atormenta por ello.

En el siglo XX, el héroe desapareció, sustituido por el antihéroe que lo ocupa todo, desde El hombre sin atributos y Gregorio Samsa, hasta los personajes de las novelas de Paul Auster. A mediados de la centuria, Vasco Pratolini revivió el título de Lermontov, en un contexto muy diferente y con personajes que no tenían nada que ver, salvo el carácter del héroe byroniano llevado a la degradación en la figura del adolescente fascista Sandrino, cruel y hasta sádico con los demás y capaz de entregarse a un sentimiento de amor puro. 

¿Y cómo es el héroe de nuestro tiempo en el siglo XXI, al que llamamos líder? Es sobre todo mediático y está hecho a la sociedad de la información y de las redes. Su aventura no es personal, sino colectiva.  Pero sigue siendo contradictorio.  Predica la emancipación ciudadana a través de los  medios que sirven para impedirla. No se preocupa por la intensidad y veracidad de sus sentimientos, sino por la audiencia, dando por supuesto que la verdad dependerá de la decisión de la mayoría a la que desprecia en el fondo de su dandismo byroniano. Porque, si no la despreciara (o la compadeciera, que es una forma de despreciar) no diría que quiere emanciparla. 

Es el drama del antihéroe de nuestro tiempo. Si se adapta a la realidad, sabiendo que esta es obra de los seres humanos, renuncia a su condición heroica y se conforma con ser la idealización del hombre del traje gris. Si se rebela contra ella, pero no la destruye, esta lo asimila en un compartimento estanco dedicado a la rebelión dentro del orden. En él oficia el antihéroe con un discurso contrario que solo sirve para legitimar lo que dice querer destruir.

Si el héroe quiere cumplir la tarea que se autoimpuso cuando inició su andadura le interesa conocer el terreno que pisa, no perder el contacto directo con la realidad. Tal cosa sucede inevitablemente cuando, en la senda del triunfo, son sus partidarios y seguidores quienes le indican el camino y se lo explican. Al héroe le hacen entonces un Potemkin, y acaba convertido en un busto parlante. El solo faro de fiar del héroe es la crítica y el ataque del adversario. Es lo único seguro. Como seguro es que ignorarlas y ocultarlas lleva a la destrucción.   

La imagen es un cuadro de Carlo Carrà, de 1918, titulado L'ovale delle apparizioni, Galeria Nazionale d'Arte Moderna, Roma.

lunes, 6 de febrero de 2017

Podemos a tortas, como siempre

Pasaron meses negando los enfrentamientos y conflictos internos y afirmando que quienes los mencionaban era taimados enemigos, agentes del capitalismo, vendidos a la reacción. Aunque las señales y los síntomas de las desaveniencias eran evidentes, mentían y hasta escenificaban ridículas escenas de ternura entre ellos. No había modo de ocultar que, a pesar de su convicción de ser algo nuevo, distinto, rompedor, Podemos era y es un partido como todos los demás, con sus tensiones internas, sus luchas por el poder, sus zancadillas, ambiciones, trampas y mentiras. Y que recurre a los mismos métodos que todos los partidos: "los trapos sucios se lavan en casa", "los medios se la tienen jurada a Podemos", etc. Mentira tras mentira.

De vez en cuando, el frente teórico/ideológico, tan abundante como insubstancial en esta organización, trataba de elevar la categoría de la(s) controversia(s) y darle(s) alguna dignidad intelectual sin conseguirlo. Quienes tratan de disimular la pura bronca descarnada por el poder y el control personales, contraponiendo ideas, conceptos, teorías, opciones, apenas tienen recorrido. Ellos mismos no saben ni por dónde se andan y el espíritu de la trifulca interna no es muy distinto al de un gallinero.

Sus intelectuales orgánicos y sus dirigentes con ínfulas (esos que confunden las tertulias televisivas con debates de fondo) quieren pasar por lo que no son. La controversia interna de Podemos es, como siempre, una lucha por el poder personal y de las camarillas al servicio de unos u otros líderes. La disfrazan con algunos retazos de divergencias orgánicas y estatutarias (hasta donde llegan a discutir) pero, en realidad no tiene mayor altura que las endémicas peleas en el seno de IU. Por cierto, no es enteramente disparatado sostener que este desastre de Podemos estaba cantado desde el momento en que, tras meter la pata al negar la primera investidura de Sánchez en diciembre de 2016 y garantizar así el gobierno del PP, Podemos decidió suicidarse fusionándose con IU -la consabida organización de termitas- y el Partido Comunista de España, prestándose a su labor de camuflaje.

Actualmente Podemos es una especie de movimiento fracturado en cinco corrientes mal avenidas y que no serán capaces de actuar unitariamente, como no lo era IU: los "bolcheviques" de Iglesias, los "institucionistas" de Errejón, los "asamblearios" de Urbán, los "intrigantes" de Garzón y los "ni chicha ni limoná" de Bescansa. Y eso sin contar las tensiones desestabilizadoras que se presentan en las autonómías históricas y también Andalucía. En este caos de narcisismos y personalismos es imposible articular una oferta coherente que sea atractiva para el electorado.

Por último, un dato nuevo. En las más recientes explicaciones, quejas y protestas se echa de ver el gran peso que tiene el hiperliderazgo de Iglesias en sus aspectos más tópicos y dañinos. Ninguno de los rebeldes y críticos se atreve a criticar directamente al Secretario General porque suponen que tiene un apoyo incondicional de las bases. Y mucho menos se atreven a calificarlo como lo que a todas luces es, un ególatra, un narcisista solo pagado de su imagen mediática pero sin una sola idea constructiva que vaya más allá de consignas elementales. Y, como no se atreven a decir lo que piensan del superlíder, se refugian en el recurso de todos los críticos y rebeldes que no osan dar la batalla directamente y dicen eso tan típico de que Iglesias es el líder indiscutible por derecho propio, pero que no está enterado de lo que sus supuestos fieles seguidores hacen en su lugar. Él es justo, benéfico, legítimo, pero se ha rodeado de una camarilla de farsantes que solo tratan de medrar ellos aun a costa del partido y de su jefe. Lo mismo se decía de Franco, de Hitler, del Zar, de Lenin, de Stalin, de todos los autócratas que en el mundo han sido. Ellos son buenos; sus colaboradores, que los aislan del resto de la gente y los manipulan, son los perversos. ¡Ah, si él supiera!

Otra mentira más. Son los dirigentes quienes se rodean de la gente que les conviene porque así escuchan lo que quieren oír para lograr su objetivo: mandar.

miércoles, 18 de enero de 2017

El héroe del pueblo

Los partidos son entes complejos. Actúan como asociaciones privadas con sus objetivos, pero también se fusionan con las instituciones allí donde mandan, forman grupos parlamentarios en la oposición o en el gobierno, son tendencias ideológicas que sus intelectuales explican y propugnan, tienen a los medios a favor o en contra, representan culturas políticas distintas y en su interior a veces funcionan como familias. Véase cómo vive el momento Podemos, en una pelea interna que recuerda las grescas matrimoniales.

Hay una tendencia en los partidos a reproducir leyendas que apuntalen en uno u otro sentido sus enfrentamientos internos. Una de las más poderosas, de las que más mueve la imaginación colectiva, es la del héroe popular en alguna de sus múltiples manifestaciones. Una leyenda que se presta a justificar y legitimar la candidatura de Sánchez a la SG. Se construye una imagen polifacética que tiene mucha fuerza: el gobernante legítimo depuesto por una conjura de cortesanos malignos; la víctima de una defenestración injusta; el hombre que prefirió dimitir a votar en contra de su convicción; el líder injustamente tratado que se retira a meditar su futuro y esperar que sus seguidores lo reclamen. El héroe que vuelve a ajustar cuentas con la camarilla de conjurados y liberar al partido de su secuestro.

Es una imagen potente, fácil de defender desde el punto de vista de la comunicación y que tiene muchos seguidores. Las reacciones del aparato gestor para contrarrestar esa fuerza de la candidatura de Sánchez no hacen sino aumentarla. La presentación de la de López se interpreta como una maniobra de ese aparato para mermar las posibilidades de Sánchez segándole la hierba bajo los pies. Dividiendo el voto contrario a Díaz. El hecho de que esta siga paseándose por España como secretaria general in pectore sin proclamar su candidatura, los apoyos que implícita o explícitamente le dan los viejos lobos socialistas, todo eso únicamente consigue encrespar más a la gente y afianzar la leyenda del héroe popular, contra el que se confabulan los tiranos, sus delegados y esbirros. Un poco más y se oirá hablar de Pedro Hood, el que roba a los ricos para darlo a los pobres.

No parece que los conjurados del 1º de octubre puedan hacer gran cosa por evitar la mayoría de Sánchez excepto, precisamente, lo que han hecho: dividir su voto. Aun así, han de presentar una candidatura ganadora por sí misma y eso no es tan fácil cuando la candidata es precisamente la beneficiaria del golpe de mano que dio origen a la leyenda del héroe del pueblo.

La posible derrota de Sánchez quizá no provenga de sus adversarios sino de su incapacidad para formular un programa de izquierda para el PSOE que le voten las bases. Ese programa tiene dos puntos esenciales: un giro socialdemócrata en la política económica (tratando de explicar en qué consiste, que no es fácil) y la negociación de un referéndum de autodeterminación en Cataluña, tampoco cosa sencilla. 

Lo que no es evidente es si tal programa obtendría el apoyo mayoritario de la militancia. Si no lo obtuviera, el candidato debería decidir entre continuar en su partido bajo otro programa o escindirse en otro partido que represente un espacio existente entre el social-liberalismo del PSOE y el neocomunismo de Podemos y al que quizá pudiera sumarse alguna corriente fraccionaria de estos.

miércoles, 11 de enero de 2017

Carrusel

Lo que es lo mismo, "el tiovivo" de la realidad, cuya falta de congruencia llega a ser paradójica a poco que identifiquemos las figuras que lo componen:

Figura primera: El PSOE se emplaza a sí mismo. Trabajo ha costado. Según voces críticas, la convocatoria es un dislate pues, al elegir primero al líder y decidir después cómo y hacia dónde se quiere ser liderado, puede darse el caso de que el líder haya de aplicar un programa al que se opone. Cierto, un riesgo. Pero menor. Habiendo líder, tiempo tiene este para armar su plataforma y luchar por ella en el congreso. Si, a pesar de todo, perdiera el congreso, siempre puede dimitir. Señores/as: no creo en este programa, busquen otro líder. No es difícil. Aunque, ¿por qué estaría mal que, habiendo sido elegido con una plataforma, el líder se pasara a otra con más fuerza y/o apoyo? Parece algo feo, pero lo hace todo el mundo.

Figura segunda. Corbyn se pasa al adversario. Sin más. Sin esperar a un congreso ni primarias ni nada. Simplemente de un día para otro que, por lo demás, es como suelen producirse las grandes conversiones. O los procesos de mesmerización. Y no hace falta justificar nada. Se dice lo contrario que ayer y todo el mundo lo entiende. El Brexit no se toca, en contra del europeísmo general del laborismo. Claro que tampoco es difícil entender que prima una visión pragmática y el Brexit es un hecho. Ya se sabe: "if you can't beat them, join them". Y hay que poner freno a la inmigración. Al final va a darse la curiosa paradoja de que el país que más inmigración recoge es Alemania, aquella que alguna vez creyó ser ein Herrenvolk. No obstante lo curioso de estos propósitos aislacionistas es la fe que parecen tener en su propia viabilidad. ¿Se puede frenar la inmigración?

Figura tercera. Soares en el centro del Tercer Mundo Impresiona la imagen del catafalco en el claustro de los Jerónimos con esa marcial guardia. Y la asistencia de personalidades y líderes socialistas. Muy patente la nutrida representación de africanos, musulmanes y negros, aunque puede haber también negros musulmanes. El hecho es que son los grupos y países de los que proviene la inmigración más tradicional en Europa. A la temida avalancha de Oriente Medio, difícilmente contenida en Turquía está ocurriéndole como a la plataforma Larsen C, que es como se llama ese gigantesco iceberg de 5.000 kms cuadrados, a punto de desprenderse de la Antártida. Luego, ya se verá lo que pasa.

Toque final. La hija como mercancía. Cuesta tragar la noticia de los padres de Nadia. Aquí, al menos, se monta el escándalo. Pero hay lugares del mundo en los que se casa a las niñas de 12 años com hombres de cuarenta, que es como venderlas.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Cómo se hace un líder

En el PSOE andan a falta de líder. En el desconcierto actual parecen perfilarse dos candidaturas, Díaz y Sánchez, sin que ninguna se haya postulado expresamente. La presidenta andaluza y el ex-secretario general parecen mirarse de refilón, a ver qué hace la otra o el otro, recabando apoyos, contando los que tiene. Pero ninguno de ellos ha presentado oficialmente su candidatura. Claro que tampoco se puede pues las primarias aún no se han convocado. Ese manifiesto en favor de la presentación de Pedro Sánchez que ayer se aprobó en una reunión informal de militantes en Madrid a la que faltaron los más significados críticos con la gestora tiene un valor simbólico. La militancia o una parte de la militancia quiere un líder. Otra parte quizá quiera otro, pero todavía no lo ha manifestado. El PSOE busca un líder, porque sin esta figura, sin una personificación, la actividad del partido será cada vez más errática e incomprensible.

Un líder. Siempre hace falta un líder. En otras circunstancias se ha llamado caudillo, duce, Führer, jefe, conducator, timonel, todas y más denominaciones con malos recuerdos. De ahí la aceptación de la actual "líder". Se habla de liderazgo democrático algo que incluso se enseña en escuelas y másteres y se estudia con detalle, viendo los estilos de liderazgo, los recursos, los tipos de líderes, sus relatos, sus tácticas y estrategias. Del liderazgo podemos llegar a saberlo todo excepto cómo surge, cómo se produce. 

Porque el liderazgo tiene una base absolutamente personal en una situación que, por definición, siempre será contingente. Probablemente no haya manera de convertir en líder a quien no tenga madera de tal. Lo contrario, impedir que alguien con madera de líder llegue a serlo también es difícil, aunque no imposible. Basta con matarlo. Asi fue en el caso de Lumumba, por ejemplo. No es raro que el liderazgo sea cosa de vida o muerte. De ahí la importancia que se le da. 

Por mucho que la izquierda subraye su idea de que la historia la mueven fuerzas objetivas, acciones colectivas, tendencias y que la función del individuo es secundaria, la realidad es que esta se impone y la izquierda necesita liderazgo, igual que la derecha. Es decir, necesita alguien que interprete la contingencia, el caos del presente, le dé sentido, señale el camino para hacer lo que corresponda (superarlo o perpetuarlo) y cuente por ello con abundantes seguidores.

En el caso de Sánchez, el procedimiento parece invertirse, como si se tratara de los Seis personajes en busca de un autor, de Pirandello. Aquí no son personajes, sino la militancia y no es un autor lo que buscan sino un líder. Pero de buscarlo se trata. 

Ahora, la pelota está en el tejado de Sánchez quien no puede hacerse de nuevas porque aquella su primera metáfora apenas defenestrado de coger el coche y hacerse las agrupaciones, pretendía conseguir justamente esta reacción. Quería ser candidato por aclamación, hacer como unas primarias de las primarias. Ya ve el resultado. No es exuberante, pero tiene consistencia. La suficiente para postularse y hacerlo con un adelanto de programa de lo que quiere para el PSOE. Ya le han interpretado la realidad, ahora le corresponde a él señalar el camino que ha de seguir su partido y con él, el país.  Eso es lo que hace in líder.

A ver si mañana hablamos un poco de los otros liderazgos, sobre todo en la izquierda.  

lunes, 22 de junio de 2015

Rojo y gualda.


Decíamos ayer que lo que más preocupa hoy al nacionalismo español es el reto lanzado desde Cataluña. Rajoy lo reconocía a su modo plasmático avisando de que las elecciones de 27 de septiembre serán autonómicas y quien quiera que sean algo distinto tendrá que vérselas con él. Y ayer, Pedro Sánchez, al aceptar la candidatura a la presidencia del gobierno por el PSOE como si este se la hubiera ofrecido y no él luchado por ella, lo hizo con una enorme banderaza borbónica detrás. Fue una mise en scène patriótica que empequeñece las del PP, incluido el peazo bandera que Aznar dejó para la posteridad en la Plaza de Colón, a imitación de la que tienen los mexicanos en la del Zócalo en su país. Hizo más que proclamar su desinhibido amor a la patria. Le dio un giro gringo, muy a tono con la generalizada americanización de la política y exhibió a su señora en público. Al final de la ceremonia. Primero habla solo el hombre, de cosas de hombres y, luego, sube al escenario la mujer, acarreando diversos valores: familia, hogar, matrimonio. En fin, gente seria a la par que moderna. Bandera y familia.


La bandera tiene un elemento simbólico, seguramente de influencia rubalcabiana. No se oyeron los compases del himno llamado nacional porque a los organizadores sin duda les pareció excesivo. Aunque ganas no debieron faltarles a título de desagravio por los pitidos del Camp Nou el otro día. Mucho simbolismo. Casi una segunda transición. La primera se caracterizó porque Carrillo aceptó la bandera borbónica junto a la roja y el himno. Le segunda porque el PSOE disipa muchas dudas acerca de su lealtad incuestionable y única a la bandera roja y gualda, dado que en sus actos y manifestaciones todavía aparece la tricolor, a la que siguen siendo leales muchos de sus militantes y votantes. Gente despistada. Aquí no hay más bandera que la de los Borbones, que es la de España. Es más, el escudo muestra las flores de lis de los Borbones españoles en el escusón que no sé si es muy correcto desde el punto de vista de la ciencia del blasón, dado que no reproduce la forma del propio escudo a un escala aprox. de 1/3. En todo caso, adiós a la República, pues ahí están las flores de lis pero no la tricolor.

Y tampoco hay símbolos del PSOE, ni las siglas. ¿El mensaje? Es un momento de emergencia nacional. España nos llama. No como socialistas, sino como españoles. Bien. Parece que los nacionalistas españoles, los dos partidos dinásticos, por fin toman conciencia de la necesidad de justificar, sostener, defender e imponer su idea de nación española. Lo hace el PP y lo hace el PSOE. El PP retóricamente, hablando de la gran nación española y el PSOE plásticamente, sacando a lucir la bandera sin aditamentos ni complejos. Ya están echadas las bases para una unión sagrada de los dos partidos dinásticos. Por desgracia, la lealtad colectiva a la nación o a una determinada idea de nación no se obtiene a base de consignas y banderas, sino con la convicción voluntaria de que la nación merece esa lealtad. Algo muy difícil de conseguir si toda la experiencia del pueblo en relación con la nación es de maltrato.

La proclamación de Sánchez ha sido un éxito comunicativo. Sacarlo envuelto en la bandera a librar batalla con el PP, un acierto. La derecha tiene escasísimo margen de acción porque su crédito es nulo. Desarbolada por la corrupción y una montaña de embustes y engaños, nadie le presta atención. No hay comunicación posible que pueda mejorar las catastróficas perspectivas electorales del PP. Y si la hubiere, el PSOE tendría que recurrir a sus medios parlamentarios, los que Palinuro recomienda siempre, para cerrarlas nuevo.

El proceso soberanista catalán es imparable y el resultado de las elecciones del 27 de septiembre marcarán el posterior rumbo de la política española, digan lo que digan los nacionalistas también españoles. Por si acaso, no obstante, el gesto rojigualda de Sánchez ya avisa a los soberanistas de que su proceso se encontrará enfrente un nacionalismo español de izquierda que, por supuesto, será, como dice Pla, igual que el de derecha. Su respuesta: NO.

En cuanto a Podemos, el PSOE le ha sacado un cuerpo de ventaja de golpe. Los de los círculos siguen sin hablar claro al respecto y no por lo alambicado de sus planteamientos sino por su ambigüedad, resumida en el tacticismo de Lenin de reconocer el derecho de autodeterminación siempre que no quiera ejercerse aquí y ahora. Quizá en el hipotético futuro de una proceso constituyente español. En resumen: NO.

Si el PP confía -o dice confiar- en que el discurso de la recuperación le dará el triunfo, el PSOE pretende concentrar sus baterías sobre el paro y la corrupción. Esta lucha, dice Sánchez, se hará en el marco de una España laica. Tampoco el PSOE anda sobrado de confianza del personal. Mientras no muestre cómo, es poco probable que nadie crea en que sus medidas mitigarán el desempleo cuando las adoptadas hasta ahora no lo han hecho. La lucha contra la corrupción parece más verosímil que la del PP porque está menos pringado en ella y, como afirma de sí mismo Sánchez, es un político limpio, mucho más de lo que puede decir el presidente del gobierno. Por último, el propósito de la España laica suena un poco a tomadura de pelo. Durante todos sus mandatos los socialistas no han hecho más que consolidar y ampliar los privilegios de la Iglesia. No son pues dignos de crédito en este terreno.

Es un discurso y una escenografía para ganar las elecciones en España. Pero queda por averiguar si lo serán también para ganarlas en Cataluña, en donde las cosas son mucho más complicadas y el PSC se encuentra en un estado lastimoso, tras haber sido partido de gobierno. Triturado entre unionistas y soberanistas, es difícil que salga de la irrelevancia si no consigue postular una propuesta con la que contrarrestar las otras dos. Cosa harto inverosímil ya que sus ideas deben tener el visto bueno del PSOE.

A este, sin embargo, ahora le urge afinar en las suyas relativas a Cataluña si no quiere que el PSC quede muy por debajo y no pueda aportar el contingente de diputados catalanes que ha sido históricamente una de las bases de las mayorías del PSOE en las Cortes. Esto solo podrá lograrlo perfilando una propuesta federal concreta, factible que pueda convencer a sectores del unionismo y del soberanismo. Convencerlos. No seducirlos, por cierto, porque eso de seducir lleva engaño. Convencerlos. 

Una de las cosas buenas que tienen los soberanistas, a diferencia de muchos unionistas, es que están dispuestos a escucharlo todo. Luego harán lo que les interese. El punto está en tocar esos intereses. Convencer con razones. No marcando el paso de la oca.

viernes, 6 de marzo de 2015

El valor y la cobardía en política.


Todo el mundo está familiarizado con el apotegma del pesado prusiano von Clausewitz, de que "la guerra es la continuación de la política por otros medios". Menos gente conoce el retrúecano del efervescente poitevino Foucault de que "la política es la continuación de la guerra por otros medios", conclusión que Palinuro tiene por tan cierta como la del teutón.
La política es guerra de otra forma ¿Qué cualidades debe tener un líder, un caudillo, un dirigente? Clarividencia, desde luego, y carisma, mucho carisma, esto es, encanto personal, crédito y atractivo de masas. ¿Y qué más? Valor. Sobre todo valor. El valor es lo esencial porque, siendo la única virtud que, como dice Napoleón, no se puede fingir, debe estar presente en el líder militar y el civil, en el general y el político. ¿Y qué es el valor? La capacidad de enfrentarte a lo difícil, quizá lo desconocido, lo que puede vencerte y poner en peligro tu supervivencia, tanto en el orden físico como en el intelectual. La capacidad de jugártela con quien puede vencerte. Quien puede demostrar que eres peor estratega en el campo de batalla, que no tienes ideas militares ni civiles, que no tienes recursos, que defiendes teorías inferiores o falsas. O mentiras.
Por eso no es infrecuente que los líderes escurran el bulto, se nieguen a los enfrentamientos o debates, o solo los quieran amañados, con diálogos preconvenidos o debatientes de segunda o tercera.
¿Es valor enfrentarse a enemigos inferiores o que no pueden defenderse? No; es cobardía y, si el valor no puede fingirse, la cobardía no puede ocultarse.
¿De quién se habla aquí?
Juzgue el lector.
De tod@s los dirigentes que se den por aludid@s. Ell@s saben quiénes son.  

miércoles, 11 de febrero de 2015

Palinuro sobre Palinuro.


Bueno, no es exactamente así. Palinuro no va a largar sobre Palinuro. Para narcisistas ya están los políticos de la izquierda. Es una pequeña broma que los lectores seguramente disculparán.
Palinuro acude a la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) a una conferencia sobre lo que anuncia el enuncio: el arte del piloto y las multitudes inteligentes. Son unas jornadas sobre estos asuntos del internet, la política, la ciberpolítica y sus cuestiones y quisicosas. En concreto, cómo se perfila la tradicional relación piramidal de la política configurada desde hace siglos bajo la forma de un caudillo, jefe, mando, líder al que siguen las masas en la época en la que la universalización de la información hace que el dueto tradicional,élite/masa se rompa porque ya no es posible sostener frente a esta que aquella esté en posesión de un saber superior, secreto, indescifrable. Y, lo que es más grave, acceder a la información es hoy prácticamente gratis, al alcance de todo el mundo.

¿Son hoy necesarios los líderes, los caudillos? ¿Avanzamos hacia formas de autoorganización de la gente? Los nuevos movimientos, ¿preludian una forma nueva de hacer política, comunicación y, por lo tanto, emancipación? ¿Hay que jubilar a los pilotos?

No sé si sabré contestar a estas preguntas, pero, al menos, se me da bien plantearlas.

Como indica el cartel, la conferencia es a las 18:00 del jueves, 12 de febrero, en la sala W. Mitchell del Barcelona Growth Center (C. Roc Boronat, 117, planta 7. Barcelona).

Entrada gratuita. Aforo limitado. Tod@s bienvenid@s. Hay que rellenar un papelito.

miércoles, 14 de enero de 2015

La multiplicación de los pablos y los peces.

Un post más abajo encontrará el amable lector de Palinuro una reseña de este sobre un folleto de Íñigo Errejón acerca de la hegemonía, entre otros interesantes asuntos. El joven teórico/práctico de Podemos tiene bastante que decir al respecto. Pero siempre en términos ideales, conceptuales, abstractos; qué es, cómo se consigue la hegemonía, cómo se conserva.

Este enfoque se complementa con una vertiente práctica, concreta, sensible, estética en el sentido del juicio de los sentidos. La hegemonía no es solo un asunto discursivo, no se refiere solo a un lenguaje hablado, sino también visto, contemplado, iconográfico. Y ahí, el pontificado pertenece por derecho propio a Pablo Iglesias. Eso que, simplificando y para no meterse en honduras, llamamos "carisma", término que viene de muy antiguo que hoy se convierte en el menos comprometido de "liderazgo". Sin duda, el secretario general de Podemos habla mucho, casi sin parar. Los medios reproducen sus declaraciones y generalmente las solicitan. Porque saben que tienen "tirón", "gancho" para los lectores, entre los cuales se reclutarán luego los electores. Las declaraciones suelen ir acompañadas de imágenes, como este post, porque el gancho reside en la conjunción de lo iconográfico y lo discursivo. La gente escucha lo que Iglesias dice y cómo lo dice, con qué ánimo, con qué estilo. "Estilo", otro término sospechoso, pero imprescindible. La hegemonía se consigue no por lo que se dice sino por el crédito que nos conceden. Y el crédito es en gran medida cuestión de imagen. Para bien o para mal. En principio, todos los discursos se parecen. La diferencia suele radicar en el grado de confianza que inspiran quienes los exponen. Imagen, estilo, la hegemonía es también iconográfica.

El debate político español, incluido en esto el catalán, aunque en Cataluña esa hegemonía no está en modo alguno tan clara, se ha llenado de conceptos y expresiones de Podemos, frecuentemente empleadas por Pablo. Pero, sin darnos cuenta, está llenándose también de pablos. Un estilo rompedor, no convencional, original, muy afirmativo se ha impuesto como una moda arrasadora de forma que, según va hablando el secretario general de Podemos, en el dramatis personae de los demás partidos van apareciendo otros pablos, réplicas suyas, igual que surgían los hombres de la tierra detrás de Pirra y Deucalión.

La primera réplica paulina que se le ocurre a uno es Albert Rivera. Es más, este comenzó su andadura política de una forma bien poco convencional, publicitándose desnudo en un cartel electoral. No le dio eso mucho tirón quizá por lo exagerado, y decidió ponerse chaqueta y corbata, hacerse político de orden y reintegrarse al mainstream. El siguiente fue Pedro Sánchez y ese sí salió ya a la arena teniendo una idea de lo que tenía enfrente. El propio Iglesias ha bromeado en alguna ocasión con el look de Sánchez, tan parecido al suyo, aunque algo más de orden y su afición por las luces mediáticas. Por no hablar de las estaciones que ha venido haciendo por las "asambleas abiertas" que recuerdan algo a los ya famosos "círculos"

(Breve digresión. Tengo entendido que, tras la consulta a los miembros de Podemos, al final el nombre que van a elegir para sus agrupaciones locales será el de casas ciudadanas. Parece un pelín rebuscado, pero aleja el negro nubarrón de que pudieron haberse llamado moradas. Había una propuesta en ese sentido. Al ministro Fernández Díaz, tan devoto de Santa Teresa, le hubiera dado algo).

El tercer pablo es Alberto Garzón. Es el más joven de todos y el que apuntala la teoría del relevo generacional en toda la línea. Pero poco más. Mismo estilo, misma figura, actividad muy similar, también intensa presencia mediática pero con un discurso prácticamente idéntico al del otro Pablo. Puede ser hasta cierto punto injusto, pero no deja lugar a dudas. El factor estético, iconográfico, es esencial. Hay un punto dramático en esas tablas. Todo ganador suscita cuando menos un perdedor y a Garzón le ha tocado serlo. Que además sea un hermoso perdedor, que no lo es, hace más melancólico al asunto.

La última incorporación al club paulino se llama, además, Pablo, por derecho propio y Pablo Casado, como Dios manda y no arrejuntado de cualquier modo. Hasta Rajoy se ha percatado de que poner frente a Podemos a Carlos Floriano es garantizar la juerga en las redes porque, aunque el hombre también sale sin chaqueta y sin corbata, se ve enseguida que le faltan y eso sin referirnos a lo que dice, una melopea que parte del principio de que las audiencias son siempre estúpidas, cosa que irrita hasta a las butacas. Al nuevo Pablo, en cambio, le sobra el terno. Pero, más que nada, le sobra impertinencia y agresividad. Ha tenido un comienzo como de zangolotino, nombrado por la jerarquía para salir a medirse con los adanes con ese estilo preadamítico de pijo de zona nacional.

La hegemonía paulina es patente. Lo que hacen los sosias es evidenciarla aun más.


(La imagen es una foto de Wikimedia Commons, bajo
licencia Creative Commons).

martes, 18 de noviembre de 2014

Los relevos.


Los de Podemos dicen que van a cambiar el sistema político al que llaman régimen, con indignación de "El País" y círculos aledaños. Discutir por palabras es poco productivo. Vamos a los hechos. En realidad, el sistema político está cambiando aceleradamente gracias, sobre todo, a la intención podémica. Es posible que a las elecciones de 2015 no se presente ninguno de las candidatos de los grandes partidos que lo hicieron en las de 2011. Renovación a base de relevos.

El primero, Rubalcaba, quien hizo un mutis tan triste y desangelado como había sido su mandato. Con los resultados de las europeas de mayo, su marcha era inevitable, imprescindible si el PSOE quería recuperar algo de su identidad, su electorado, su influencia y sus esperanzas, pues todo lo había perdido con él. El relevo, Sánchez, tiene una tarea difícil: recomponer el partido, que corre peligro de acabar como el PASOK, y llevarlo al triunfo electoral, sino con mayoría absoluta, sí con minoría mayoritaria. Su baza fuerte es fabricarse una centralidad entre la dos propuestas más radicales, del PP y Podemos. En situaciones de polarización, el saber convencional atribuye al centro vocación mayoritaria. Y el electorado ha de visualizar alianzas posibles y sostenibles.  El PSOE tiene que explicar a la ciudadanía en qué coincide con los otros dos y en qué discrepa.  Todo el mundo tiene claro en qué coincide el PSOE con el PP; pero no en qué dicrepa. Ese adelanto de un proyecto de reforma constitucional dará una pista. Y el PP la completará. Floriano dice estar receptivo a la propuesta reformista a la espera de conocer su alcance. A Cospedal no le hace falta conocer el alcance pues ya sabe que Sánchez pretende dinamitar las reglas del juego en España. A ella, como a la justicia de Peralvillo, no le hacen falta pruebas sino que las fabrica después de ajusticiado el reo. Tanto Sánchez como sus colaboradores han dejado claro en qué discrepan de Podemos. Prácticamente en todo, lo que no impide que hagan un verdadero plagio de estilo de comunicación. Pero no se sabe en qué coinciden. Y, si no hay coincidencias, es difícil imaginar alianzas. Con lo cual, de momento, los vaticinios se cargan del lado de una gran coalición a la que también empuja en cierto modo Podemos igualando PP y PSOE. La justificación ideológica parece clara; la pragmática, no tanto. Y eso, tratándose de Podemos, es un handicap.

Después de Rubalcaba, se retira Cayo Lara. No es frecuente ver llorar a un político honrado. A los otros, sí; lo hacen de cine. Por eso, un respeto para Lara, un hombre sencillo, honrado al que los acontecimientos han rebasado. Su retirada todavía lo honra más. En su lugar parece llegará Alberto Garzón. Nuevo efecto Podemos, pero más difícil de desentrañar que el del PSOE, precisamente porque entre estos e IU hay una relación de familia política e, incluso, personal. Garzón es partidario de la fusión y, siendo realistas en las circunstancias actuales, tal cosa no puede darse sino es dejando a IU en una posición de subalternidad frente a Podemos y a Garzón jerárquicamente por debajo de Iglesias. La única alternativa sería una coalición bicéfala entre iguales y eso es poco probable. Es una situación endiablada porque ambas partes comparten cultura política pero no pueden coexistir. Añádase que el núcleo, la espina dorsal de IU es el PCE, muchos de cuyos viejos militantes están ya rezongando. Aceptaron de mala gana sumergirse en IU mientras fueran ellos su estructura. Pero no aceptarán desaparecer sin más con sus históricas siglas en un movimiento que les ha robado su discurso, lo ha pulido y ahora lo vende como suyo. Sí, situación endiablada y triste, sobre todo triste. IU no tiene fuerza alguna para negociar nada con Podemos porque, si este atiende a su interés, preferirá que no haya fusión e IU se presente con sus siglas a las elecciones, para hacer visible la "nueva política" en todos los horizontes.

El tercer relevo está aún por producirse y es posible que no lo haga. Rajoy debiera haber dimitido ya al comienzo de su mandato y, desde luego, en el momento en que se materializaron las acusaciones de haber cobrado sobresueldos y hubo de comparacer en sede parlamentaria para reconocerlo, aunque llamándolos algo así como complementos de productividad, un concepto típico de la picaresca. Pero no lo ha hecho ni tiene, al parecer, intención de hacerlo. Igual que los sobresueldos no existen sino que son complementos de productividad, la consulta catalana del 9N no se ha producido porque él ya había dicho que el referéndum no se iba a celebrar y no se celebró el referéndum, sino otra cosa, un guateque o algo así. El mismo hombre que ha cobrado sobresueldos y preside el que probablemente sea el partido más corrupto de Occidente, cuyos dirigentes tienen cuentas bancarias en todo el mundo, dice a los otros líderes que se debe impedir la existencia de paraísos fiscales. Es, más o menos, la misma caradura que se requiere para presentar en el Parlamento un proyecto legislativo de lucha contra la corrupción firmado por gentes que han cobrado en negro.

No solamente no piensa en dimitir sino que quiere ir a Cataluña a explicar "mejor" sus razones. Ahorro al lector la sarta de gansadas que se apresta a soltar a los catalanes (muy en la línea de "en Cataluña hay más catalanes que independentistas"), pero si alguien quiere solazarse, están aquí. Realmente, quizá sea bueno que Rajoy no opte por el relevo, como los otros. Si continúa para desgracia de los españoles, al menos estos tendrán la posibilidad de echarse unas risas de vez en cuando.

sábado, 18 de octubre de 2014

Los dos Pablos.


Comienza la asamblea estructuradora de Podemos, la reunión que decidirá qué forma ha de tener la fuerza Podemos, a la que sus mismos militantes se resisten a llamar partido. Y lo hace en un clima de controversia u oposición entre varias concepciones orgánicas de las que dos tienen por ahora mayor respaldo colectivo: las de los Pablos, Echenique e Iglesias. No han conseguido, aunque lo han intentado, consensuar una única que lógicamente sería ganadora. Y se mantienen opuestas ambas opciones. Los medios, siempre tremendistas, hablan de conflicto, buscan el toque dramático. Así abre hoy El Plural: Fin de semana clave para Podemos: el liderazgo de Pablo Iglesias y su presencia en las municipales, en entredicho. ¡En entredicho! Vieja institución de la Guerra de las investiduras y de antes. Grave advertencia. Al reconocer la divergencia de criterios, los de Podemos ya avisan de que muchos medios están muy interesados en informar de disensiones, conflictos, enfrentamientos. Por diversas razones. Sin embargo, aseguran, son discrepancias lógicas, democráticamente ventiladas y que desembocarán en una unidad fortalecida. Claro; no van a decir que piensan liarse a mojicones.

La divergencia u oposición de criterios es de fondo, de mucho fondo, un fondo con ecos de viejas polémicas del movimiento obrero, de la izquierda. Los medios que, además de tremendistas, son muy iconográficos, le dan los dos nombres y les ponen los rostros de Echenique e Iglesias, aunque son decisiones colectivas, porque la política, hoy, la vieja y la nueva, es mediática y está personalizada. Y, en este caso, personalizada en estos dos dirigentes que toman sobre sí una especie de tarea de paladines en combate singular, método tradicional de decidir muchas veces batallas en guerras antiguas. Las tesis de los dos Pablos se enfrentan en la arena y los demás jalean.

Desde luego, el ejemplo es una metáfora. Pero toda metáfora define a su modo una realidad. La divergencia de criterios no es una batalla, por supuesto, pero es un conflicto en el sentido más aséptico y sencillo posible. Y los conflictos, todos, solo pueden resolverse de dos modos: vence una de las partes o llegan a un acuerdo que, por supuesto, incluye el de tablas o empate. Todo acuerdo, todo pacto implica concesiones. Las diferencias entre pactos radican en la cantidad y calidad de las concesiones de unos y otros. De eso viven los asesores.

¿Qué cabe esperar en el combate singular entre los dos Pablos? La Asamblea decidirá. Las tesis del uno y el otro, de Claro que Podemos, CP, (Iglesias) y Sumando Podemos (SP) (Echenique) sobre todo en el aspecto orgánico son muy dispares y difíciles de casar. CP es más jerárquico, tiene una estructura de partido de liderazgo y, aunque los nombres tratan de apelar a la tradición consejista, viene a reproducir la de un partido bolchevique: secretariado, con un secretario general y unos secretarios sectoriales que aquí se llaman portavoces; una especie de comité central, llamado consejo ciudadano y un comité ejecutivo o politburó, llamado consejo de coordinación. Por su parte, el plan de SP es una concepción más asamblearia y genuinamente consejista. No hay secretario general sino una troika, la Asamblea se reúne cada dos años, los círculos son autónomos y muy importantes y el consejo ciudadano se provee en parte por sorteo. Pues sí, dos modelos.

El primero, el del liderazgo, cuenta con la gran sinergia del de Iglesias, que es apabullante. Y si, al fin y al cabo, aquí de lo que se trata es de ganar las elecciones y gobernar como repiten los de Podemos a quienes quieren escucharlos con tan descarnado cuanto ingenuo pragmatismo, resulta estúpido prescindir de esa vis atractiva poderosa que se desprende del carisma, mediáticamente multiplicado, de Iglesias. El segundo, el modelo más colectivista, horizontal, asambleario, desconfía del culto a la personalidad del liderazgo y espera el triunfo electoral de una movilización y participación ciudadanas crecientes porque esa es la base misma de la democracia.

Me temo que, por muchas concesiones que se hagan las partes con afán de conservar la unidad, los dos modelos no sean compatibles y que prevalecerá uno u otro. Que el lector barrunte.

Las demás propuestas orgánicas ofrecen elementos de acuerdo porque tienen muchas coincidencias: limitación temporal de los mandatos, revocabilidad de cargos, transparencia financiera. La dificultad sin duda no radica aquí en el acuerdo sino en su posterior factibilidad. La bondad del principio de limitación de mandatos no es evidente por sí misma. Se basa en la natural desconfianza hacia la esencia corruptora del ejercicio del poder. Y, sí, algo de eso hay en la historia. Pero también es cierto que, si alguien, por la razón que sea, no se corrompe y la gente lo elige una y otra vez democráticamente, no hay razón para frustrar ese deseo de los electores. Recuérdese, a Robespierre lo llamaban el "incorruptible" y hubo que desalojarlo a tiros. De hecho, la práctica moderna, que se implantó en tiempos de F. D. Roosevelt en los EEUU, obedeció al deseo de los republicanos de quitarse de encima un presidente demócrata al que no ganaban en las elecciones. A lo mejor lo más razonable no es limitar mecánicamente los mandatos sino impedir que los mandatarios se corrompan y tomar medidas cuando eso suceda, y no porque sí. Recuérdese que algunos presidentes latinoamericanos precisamente de izquierda tuvieron que reformar las constituciones para prolongar la cantidad de mandatos. Así que, en efecto, a lo mejor es más prudente aplicar la revocación a todos los casos y nos ahorramos limitar nada.

Pero la revocación tampoco es cosa tan sencilla como parece. Si se establece, ¿cómo se garantiza que no la van a usar unas facciones para derribar a los cargos de otra con motivaciones poco confesables? Fiar todo a un infalible olfato del electorado para detectar fraudes quizá sea ingenuo. No cabe olvidar que, como regla general, es más fácil conseguir que la gente vote en contra de alguien o algo que a favor.

Aplaudo a rabiar que haya una coincidencia, casi unanimidad, en imponer un criterio de igualdad completo, movido por un colectivo feminista de Podemos. Pero quizá quepa añadirle algo. A lo mejor ya está propuesto pero, por si acaso, consiste en aplicar siempre, de modo obligatorio, una perspectiva de género en todos los debates, todas las discusiones, todas las decisiones y propuestas. Es inadmisible, pero muy frecuente, sostener que, como se está animado del más noble y radical espíritu feminista igualitario y no se concibe un futuro en que esa igualdad no sea tan natural que ni se mencione, cabe ahorrarse preocuparse por ella ahora. Incluso se puede transigir con ciertas desigualdades tan inevitables como transitorias y en las que no cabe invertir energías y recursos, siempre escasos, porque de lo que se trata es de conquistar el futuro.
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Es muy interesante y decisivo para la izquierda y el conjunto del sistema político español lo que está discutiéndose en esa Asamblea. La visión convencional y tópica de los medios, sobre todos los que quieren meter cizaña, que son muchos, no vale para nada. Y los ataques y críticas procedentes de los otros partidos, algunos de los cuales se sienten amenazados por la existencia de Podemos, aun valen menos. Eso sin contar con que ocuparse de ellos significa, en realidad, ocuparse de asuntos cuyos vuelos teóricos y conceptuales suelen ser gallináceos. Cito tres. El primero, la pelea entre Sosa Wagner y la dirección de UPyD o, mejor dicho, Rosa Díez, con la rabieta del primero que dice abandonar la organización para recuperar su libertad. Ahora nos enteramos de que militar en un partido y representar a los ciudadanos en un órgano como el Europarlamento es no tener libertad.

El segundo, la recuperación que ha hecho Pedro Sánchez del espíritu de Suresnes en el cuadragésimo aniversario. No está mal en la medida en que es parte de la campaña del neófito líder por adquirir relevancia pública. Reunir en torno suyo a glorias decrépitas como González y Guerra tiene un aroma camp pero no parece muy eficaz para su propósito. El tándem González-Guerra fue a revitalizar un partido moribundo, apagado, mortecino, vencido, sin más ilusión que sobrevivir en los asilos del exilio. Sánchez, hoy, tiene que impulsar, vigorizar una maquinaria apelmazada, burocratizada, corroída por los intereses creados, las rutinas, las banderías y lealtades y acostumbrada a vivir bien.

El tercero, en el PP vuelve a reinar la amnesia. Aznar no ha dicho nada respecto a Blesa y Rato, dos de sus hombres de máxima confianza; no se acuerda de ellos. Y Rajoy ha olvidado el nombre de Rato como en su día olvidó el de Bárcenas. Pero, sea por lo verbal o lo gestual, por lo explícito o lo implícito, la crónica del PP es tangencial siempre a la de los tribunales.

Así que los dos lugares de España en los que el debate político tiene mayor altura, aunque por razones distintas, son la Asamblea de Podemos y Cataluña. Es una pena que no se crucen.

(La foto de Pablo Iglesias es de un artículo de Antonio Álvarez Solís en Insurgente, con el permiso de mi amigo Iñaki Errazkin. La de Pablo Echenique es de Wikimedia Commons, bajo licencia Creative Commons).

domingo, 16 de febrero de 2014

Los liderazgos.

Comparando nuestra época con cualquiera otra se advierte un hecho notorio: la ausencia de líderes y el carácter débil y problemático de los que hay. En los tiempos pasados había hombres (y ocasionalmente alguna mujer) con eso que se llama "visión" y, desde luego, la voluntad de imponerla a la sociedad. Suscitaban apoyos mayoritarios, consenso, seguimiento. Dominaban su época y acababan llenando páginas y páginas de los libros de historia. El contraste con la actualidad es evidente. No hay figuras señeras, sino burócratas, personas de partido, muchas veces con largos años de servicio en la sombra que han moldeado sus caracteres para hacerlos acomodaticios, más pendientes de conservar sus puestos que de plantear salidas, proyectos, futuros a unas sociedades desmoralizadas y desconcertadas.

Suele decirse que la tradición de políticas basadas en liderazgos fuertes ha dejado amargas experiencias. La supremacía del hilo de oro de la ley quiere que, quienes la administran, sean seres anodinos, sin rostro, intercambiables. Nada de líderes que llevan inevitablemente al personalismo y la arbitrariedad. El último líder putativo que tuvo el país, Aznar, alcanzó el poder presentándose precisamente como el antilíder, como el hombre normal. Era absolutamente falso. Un hombre normal no casa a su hija en el Escorial. En realidad, un hombre normal no casa a su hija. Hace años que las hijas se casan por su cuenta. Falso porque la normalidad no era genuina, sino una argucia para contrarrestar la fuerza del último líder que tuvo el país, González.

El gobernante actual llegó también a lomos de la normalidad, sosteniendo que era un hombre previsible, caracterizado por una abundante copia de sentido común. O sea, nada de líderes. Y efectivamente, es previsible. Es previsible que haga el ridículo en cuanto se mueva. No es previsble, sin embargo, qué tipo de ridículo en concreto. Nadie se esperaba verlo actuando de telonero en un mitin electoral del partido islamista del primer ministro turco. El irónico, sarcástico, crítico de la alianza de las civilizaciones de Zapatero y Erdogan acaba de jenízaro de un sultán. Absolutamente previsible. De sentido común. Como Alá manda.

De la necesidad, virtud. No tengo claro si hoy no hay líderes porque nadie los necesita o nadie los necesita porque no los hay. Los gobernantes pierden estatura, dimensión, comportándose como administradores afanosos de unas circunstancias que los superan, como Obama, Cameron y no digamos Hollande. Pierden hasta el rostro. Los gobernantes de Portugal, Bélgica, Holanda, Austria, Dinamarca, etc. son gentes desconocidas. Casi nadie sabe distinguir el primer ministro entrante del saliente en Italia. La gente se hace cruces del valor de esos jueces que pretenden procesar al presidente de la República Popular China, pero es incapaz de identificarlo y algunos no saben siquiera si está vivo. Muchos no están seguros de si Europa tiene un presidente o dos o ninguno y, caso de ser dos, cuál manda más, si manda algo. Son políticos sin rostro y, cuando se empeñan en tenerlo, suscitan rechazo, como Merkel; o resistencia, como Putin; o franca hostilidad, como Berlusconi.

¿Qué ha pasado con los líderes? Son tiempos muy duros, de guerras de todo tipo, de ocupaciones, desplazamientos en masa, genocidios y una crisis económica que no cesa ni nadie sabe cómo resolver. Pero precisamente los tiempos duros alumbran los líderes. Los de business as usual dan otro tipo de personas. ¿Por qué no florecen como las cien escuelas de Mao Tse-tung? Siendo el liderazgo de esencia carismática y siendo lo carismático cuanto escapa a la comprensión racional, la pregunta no tiene respuesta. Vaya usted a saber. 

Tengo un remota sospecha, es como una intuición, de por qué los líderes han desertado. O una hipótesis. Los líderes lo son porque las masas los siguen. Por tanto los liderazgos precisan de una masa que quiera ser liderada, esto es, dirigida. En los años treinta se dan los liderazgos fuertes, los correspondientes al Duce, al Führer, al Caudillo, todas denominaciones que han dejado paso a la más neutra de Líder. Aquellos liderazgos se valieron sobre todo de la radio. Luego llegó la televisión y el líder tuvo que cambiar, adaptarse, como habían tenido que hacer los actores de cine cuando llegó el sonoro. La televisión multiplicó por mucho la influencia del líder pero también multiplicó la cantidad de líderes, fabricó todo tipo de ídolos que atacaban la preeminencia que habían tenido los dirigentes políticos por el monopolio de la plabara radiada y, por tanto, rebajó su condición. La gente se cansa mucho antes de lo que ve que de lo que oye y, para sobrevivir, los medios tenían qae multiplicar las imágenes.

Luego llegó internet y la política 2.0. Las masas, llamadas ahora "inteligentes" ya no siguen. Pertrechadas con el acceso al ámbito público, ahora discuten, crean proyectos autónomos, los difunden, postulan opciones, crean información y quieren ser seguidas a través de las redes sociales. Las redes, las importantes, son abiertas y distribuidas. En ellas participan todavía porcentajes relativamente modestos de la ciudadanía pero muy superiores a los que lo hacían en los tiempos de los viejos liderazgos. Parece como si la cuestión fuera similar a los otros momentos de adaptación para sobrevivir. El liderazgo se da en las redes sociales. Quienes se postulen como líderes habrán de adaptarse a ellas o perecer. 

En el caso de la izquierda, el debate del liderazgo tiene una doble vertiente. De un lado, se comparte la desconfianza generalizada hacia la figura producida por la consabida experiencia negativa. De otro, hay un rechazo de fondo hacia la idea misma del liderazgo. La prevalencia del concepto de clase entendido como un factor social, político, incluso epistemológico, hace pensar a los izquierdistas que lo suyo ha sido replantear la función del individuo en la historia. Será así, pero la izquierda ha sido siempre una sucesión de líderes: Robespierre, Marat, Bakunin, Lenin, Stalin, Mao, el Che, Chávez y, por supuesto, el sempiterno Castro. 

Siempre ha habido líderes en la izquierda y parecen volver porque son capaces de adaptarse al mundo digital. Podemos es, básicamente, liderazgo. Los medios hablan de un liderazgo mediático, pero eso no es enteramente cierto. Lo mediático ha sido la coronación de un liderazgo gestado en las redes sociales. Un canal de televisión de escasa audiencia pero que podía verse en streaming y que actualmente está situado en un periódico digital. El liderazgo en red de Podemos tiene su grandeza y su servidumbre pero si los otros pretenden competir con él, tendrán que adaptarse a las nuevas circunstancias. Algo tendrán que hacer y no limitarse a insultar. Y algo, desde luego, intentan hacer, pero el peso de las maquinarias de fabricar líderes antilíderes, gentes normales, burócratas sin rostro, de momento, sigue pesando más.

Queda para otro momento la tarea de averiguar cuál sea el contenido del nuevo liderazgo de forma radicalmente nueva; cuál sea su visión, su proyecto que, me temo, no puede basarse exclusivamente en un factor de tipo negativo. No hay nada nuevo en ser el mal menor.

(La imagen es una foto de Nist6dh, con licencia Creative Commons).

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Todo el tiempo del mundo.

Veinticuatro horas después de que el secretario de Organización del PSOE, Óscar López, diga en nombre de las altas instancias que se desechan primarias hasta poco antes de las generales, Chacón afirma en nombre propio que el PSOE "no tiene todo el tiempo del mundo para renovarse". Todo el tiempo del mundo. Caramba. A su lado, Belloch, entusiasmado, ve a su correligionaria presidenta del gobierno. La Corona de Aragón, siempre tan díscola.
Pero tiene razón la exministra: su partido no tiene todo el tiempo del mundo. Nadie lo tiene. Óscar López lo ha acotado: hasta poco antes de las generales. Muy bien. Es una propuesta como cualquier otra. Y se fundamenta ¿en qué? ¿Por qué es mejor esperar hasta poco antes de las generales? ¿Para quién es mejor? Supongo que la respuesta es: es mejor para el partido, al que no conviene zarandear con un proceso de primarias en tanto no se haya repuesto del batacazo de 2011. Y ¿por qué es esto mejor que tener un lider ya conocido, con tiempo para prepararse, para incidir en la opinión, para corregirse si no obtiene buenos resultado?
Pero todavía hay una pregunta previa: ¿sabe López cuándo serán las generales? Su declaración parece dar por supuesto que en 2015; parece dar por supuesto que el gobierno del PP concluye la legislatura. Como están las cosas, sin embargo, eso es mucho dar por supuesto. Es poco probable que haya elecciones anticipadas; pero no imposible. Y, si se diera este supuesto, el PSOE no tendría tiempo de presentar un candidato y habría de serlo Rubalcaba. Es decir, la decisión de aplazar, no por "todo el tiempo del mundo" sino por el más razonable de tres años, para quien es mejor es para Rubalcaba. Si las elecciones se adelantan porque hay que recurrir a él por fuerza; si no se adelantan, porque tendrá tiempo de mejorar su imagen pública y, quién sabe, de aspirar a la candidatura a la presidencia del gobierno. Ese vuelco desde un punto de partida tan bajo es una quimera. Resulta así que se pretende enfrentar a un incumbent con mayoría absoluta con un perdedor cuya valoración popular es inferior a la de aquel a quien pretende derrotar.
Eso es absurdo. Cierto, la política rebosa de absurdos. La vuelta del rey del bunga-bunga pone en efervescencia los mercados, la prima de riesgo se despierta de su letargo, España se tambalea, Rajoy no sabe qué hacer entre pedir el rescate o un billete para las Bahamas. Il Cavaliere esgrime la retórica antitedesca. Verdi se revuelve en su tumba. Fuera los invasores austriacos; bueno, alemanes. La prima de riesgo es una estafa. Mussolini, D'Annunzio, Fiume. Es absurdo. Pero es.
El tiempo hasta las generales es "todo el tiempo del mundo", amigos. Y luego están los muy legítimos proyectos vitales de cada cual. Si te sientas en el quicio de tu puerta a ver pasar el cadáver de tu enemigo, es posible que el primero que veas sea el tuyo. 
El PSOE debe salir del marasmo cuanto antes, debe dotarse de un liderazgo claro con un proyecto alternativo. Por eso tiene que convocar primarias cuanto antes. El único riesgo que correría sería el de que saliera elegido candidato alguien que no fuera diputado. Eso es algo que los socialistas habrán de sopesar porque, si bien es cierto que este parlamento no es ni sombra de un verdadero parlamento a causa de la mayoría absoluta de la derecha, también lo es que, al fin y al cabo, es un parlamento y la ausencia en él del candidato provocaría una bicefalia que al PSOE no se le da nada bien.
(La imagen es una foto de isafmedia, bajo licencia Creative Commons).

sábado, 18 de agosto de 2012

Estampas del verano. Rajoy Brey hace la ley.

Cuando alguien como Aznar llegó a presidente del gobierno de España pensé que nada peor podría pasar a nuestro infeliz país. Me equivoqué. Aznar nombró a dedo limpio a Rajoy su substituto; éste tardó ocho años y dos derrotas electorales en hacer realidad la potencialidad aznarina pero, una vez conseguido el sueño, ha quedado meridianamente claro que no solo ha hecho bueno el gobierno de Zapatero, sino el de Aznar!
Cuando uno lo veía en público, en esos contextos que le preparan los consultores para que dé la impresión de ser un hombre con cierto dominio de la escena, farfullando cosas incomprensibles, balbuciendo topicazos sacados de los casinos de pueblo, mintiendo a mansalva y diciendo lo que le habían dicho que dijera, tenía uno la impresión de que se trataba de uno de esos cuitados que se angustian por nada y a los que todo el mundo cree que puede mandar. Era la imagen que le interesaba proyectar.  En su propio partido no cotizaba muy alto y de no ser por el cálculo erróneo de Camps, el de los trajes, que le dio su apoyo pensando le sería devuelto, varias conspiraciones internas lo hubieran descabalgado al perder las elecciones de 2008.
Pero el hombre ha sobrevivido: no entiende su letra, no contesta a las preguntas (ni siquiera a la de cuánto gana al mes), confunde el género de las palabras y muestra una ignorancia supina de todos los asuntos en los que debe tomar decisiones. Pero se ha mantenido en el poder -que es lo único que le importa-, ha ganado limpiamente unas elecciones y todos ahora, todos a una, amigos y enemigos, le comen en la mano.
Ha resultado ser astuto y ladino, poseedoer de la virtud de esperar hasta desesperar al adversario y con una retranca campesina con la que le ha ido bien en la vida, cuenta habida de sus aspiraciones. En Europa carece de todo prestigio, pues lo tienen por un botarate incompetente, lo que en muy buena medida es cierto. Pero en España domina la plaza a su peculiar y sinuoso modo. Lo ha mostrado nombrando un gobierno que tiene dos grandes virtudes: a) l@s ministr@s, casi tod@s un@s perfect@s desconocid@s son de una lealtad canina al jefe; b) tod@s ell@s tienen un nivel mental igual o inferior al de él.
Estas indudables habilidades han permitido a Rajoy gobernar una democracia contemporánea como si fuera un país en vías de subdesarrollo, colonizar los medios públicos de comunicación, amenazar a los disidentes, maltratar a los críticos, nombrar a sus amigos, enchufados y clientes, seguir esquilmando a las clases trabajadoras y proteger y amnistiar a sus compadres los defraudadores, corruptos y ladrones. Le ha permitido, en resumen, establecer un tipo de política basado en la arbitrariedad, el capricho, el caciquismo y el despotismo... y pegarse unas vacaciones paradisiacas no haciendo al borde del mar lo mismo que no hace en La Moncloa.
¿Y el gobierno de España? ¡Ah, amigo, eso es otra cosa! ¿No querrá usted que, además del ímprobo trabajo de sobrevivir y pasarlo bien, manteniendo el orden entre las filas peperas, me ocupe del gobierno del país?
(La imagen es una foto de La Moncloa en el dominio público).

jueves, 1 de diciembre de 2011

La batalla de las ideas.

La pugna por la sucesión de Zapatero en el PSOE está llevándose con guante de terciopelo en el que, por supuesto, puede haber un puño de hierro. Pero, de momento, reinan las buenas maneras. Los militantes de proyección pública se pronuncian en libertad sobre uno u otra candidata. A favor o en desfavor. Con alguna estridencia de vez en cuando, como esa de Bono a gritos en el cuarto de banderas y alguna sabia conseja, como la de López recordando al ex-ministro que su partido ya se llama español. Recordatorio inútil pues Bono tiene muy claro que el PSOE es español; lo que no parece tener tan claro es que, además, es socialista y obrero.

Madina y Vázquez se han retirado y sólo parecen quedar dos posibles candidatos, Chacón y Rubalcaba, si bien ninguno ha dicho nada aún. Personifican dos generaciones distintas en su partido: la de la transición y la de la post-transición. Palinuro insiste en que sería bueno escuchar la opinión de la militancia en general, no sólo la de los jefes, cargos, ministros, representantes, que es también lo que dice Fernández Vara. Nadie estará reprimiendo con traidoras mañas que se formulen esas otras opiniones de forma que, si no se producen, será porque no las hay. Y los dos precandidatos harán bien en seguir en sus intenciones.

Sus declaraciones están siendo correctas. Chacón dice que es el momento del debate de las ideas, después vendrán los nombres. A su vez, Rubalcaba pide una oposición intensa desde el primer momento. Es lo que tiene que hacer porque es lo que le toca. Pero no puede soslayar el "debate de ideas" chaconiano. Sobre todo porque no tiene que hacerlo él sino su partido para llevar sus conclusiones al congreso en el que se elegirá un secretario general para que proponga un proyecto a la sociedad.

No es claro el ámbito de las ideas a que se refiere Chacón. Si es el de la política concreta en España y la oferta electoral hay poco debate entre los dos candidatos pues ambos propugnan lo mismo: la vuelta a un programa socialdemócrata, parcialmente abandonado por la presión de la crisis. Debate cerrado. Vuelve a abrirse, sin embargo, en cuanto alguien pregunte: ¿y qué es un programa socialdemócrata? Pero entonces el ámbito de las ideas en debate cambia. Ya no es la política practica, inmediata, de cómo se ganan unas elecciones, sino la más doctrinal del sentido de la izquierda en nuestro tiempo.

La defensa del programa socialdemócrata ha de hacerse en dos frentes: el de la derecha y el de la izquierda. La diferenciación de la derecha es relativamente sencilla sobre todo desde que ésta se ha ido a las posiciones neoliberales más extremas y se manifiesta contraria al Estado del bienestar. Consiste en defender los servicios públicos universales y gratuitos o casi gratuitos por entenderlos como derechos de las personas, en especial la sanidad y la educación. Política fiscal progresista e intervención justa en los mercados. Todo ello interfiriendo lo menos posible en su funcionamiento, pero no dejándolos a su libre y destructivo albedrío.

La diferenciación frente a la izquierda que se considera a sí misma "verdadera" o "trasformadora" resulta más difícil al PSOE. No consiste en encontrar para sí un lugar al margen de la izquierda, ya que eso situaría al socialismo en el "centro" que, como se sabe, es un lugar inestable, inseguro y algunos dicen que inexistente. Antes bien, consiste en recabar su condición de izquierda de siempre dejando a la llamada "transformadora" la designación de otra izquierda. Habrá quien diga que eso no es suficiente y que es preciso probar que esa otra izquierda en realidad no es tal, recurriendo a la famosa pinza y otras muestras de lo que tradicionalmente ha sido el comunismo, que es el endoesqueleto inconfeso de esa otra izquierda.

En realidad el problema de demarcación lo tiene esa otra izquierda, carente de discurso propio y necesitada de empujar a la socialdemocracia hacia la derecha para ponerse en su lugar. No merece la pena, por tanto, dedicar más tiempo a esta tarea ya que, por cuanto se ve, la otra izquierda no tiene visos de llegar al gobierno que es el único lugar desde el que se transforman las cosas. Su costumbre es cultivar la irrelevancia y, en espera de que las masas vean por fin la luz de la verdad que llevan treinta años ignorando libremente, considerar un triunfo la obtención de once diputados en el Congreso de los diputados. O sea, el 3,1 por ciento.

La diferenciación frente a la otra izquierda la extrae el socialismo de su tradición de socialismo democrático y gran impulsor (aunque no el único) del Estado del bienestar. Esto lo c0mpromete a una extensión de la democracia y ampliación a todos los ámbitos de la sociedad, incluido el económico. Debe haber trabajadores en el control de las empresas y en las decisiones sobre ellas, a cambio de la vinculación de los salarios a la productividad. Tiene que haber una revolución de la fiscalización democrática de todos los actos de las administraciones públicas a través de la política 2.0 y el uso masivo de las redes sociales. Por supuesto la socialdemocracia ha de seguir ampliando los derechos civiles y los derechos de la minorías, apoyando siempre la perspectiva de género y con una clara conciencia medioambiental. En ese orden de ideas hay que moverse.

(La imagen es una foto de Cham (Christian Amet), bajo licencia de bajo licencia de Creative Commons).

martes, 29 de noviembre de 2011

¡Viva España!

Palinuro es moderado, carece de prejuicios, hasta es (bueno, era) moreno; grita ¡viva España! con todas sus fuerzas legionarias. ¿Cómo no es aún secretario general del PSOE? ¡Ah, claro, porque no es del PSOE! Pero eso le pasa también a Carme Chacón, según Guerra y Bono que, mira por dónde, a pesar de su correoso antagonismo, coinciden en el amor a la patria. Al ser la ministra del PSC no es del PSOE como, según dice Guerra, sostienen algunos socialistas catalanes, más cuatribarrados que bicolores. Lo que nos lleva a la curiosa conclusión de que el Gobierno de España es de coalición y no nos habíamos enterado.

El debate sobre la sucesión de Zapatero, que se preveía animado, empieza a tocar fibras nacionalistas, siempre delicadas. Ya puede Carme Chacón desgañitarse por los páramos manchegos gritando "¡viva España!". No se la oye, no se la escucha, porque es catalana. Hace un par de días Palinuro avisaba de que éste iba a ser su handicap porque en España hay mucho prejuicio anticatalán, incluso entre los socialistas. Dicen los prejuiciados que no es por catalana sino por socialista catalana. Pero sólo es un modo de disfrazar el prejuicio.

Estamos en zona minada. En el post citado Palinuro sostenía que, para la izquierda, la condición de catalán no sólo no puede ser un lastre sino que ha de ser una ventaja. Si el PSOE se tiene por el gran partido vertebrador español ha de admitir sin más que una catalana pueda ser secretaria general y, llegado el caso, presidenta del gobierno de España. Eso es vertebrar. Lo otro, no. En efecto, zona minada porque no es un claro terreno de política práctica, sino uno oscuro de pasiones y sentimientos. El de los prejuicios.

Pareciendo que oliera el peligro, Felipe González, cuyo mayor activo político ha sido siempre una poderosa intuición, ha reafirmado lo obvio, esto es, que se puede ser secretario general y catalán; que no es tan obvio porque, si lo fuera, no sería necesario reafirmarlo. Como Palinuro pasa por furibundo felipista desde lo de las Termópilas, ofrece a Isidoro de Sevilla la base racional de su intuición. Es simple: si lo que queremos es fomentar el nacionalismo y el separatismo en las filas del socialismo catalán y, por extensión, en Cataluña, lo mejor que podemos hacer es poner pegas a los catalanes por catalanes. Es difícil que un nacionalista excluyente lo entienda, pero es fácil que lo hagan los incluyentes. Y, en efecto, consuela que Vara, Iglesias y Griñán coincidan con Felipe en que un(a) catalán(a) pueda liderar el PSOE. Por supuesto. Y ser president@ de España. Como lo fue de la Generalitat un cordobés. Es de sentido común en un país en el que tod@s somos iguales ante la ley.

Juzguen los socialistas la capacidad, la inteligencia, la habilidad, la determinación de Carme Chacón si presenta su candidatura. Juzguen lo que quieran menos su procedencia territorial. Si hay España, es propiedad de tod@s. Otra cosa es la sorda pugna partidista PSOE/PSC, que la hay y que los socialistas tendrán que resolver con alguna fórmula imaginativa que no los lleve a la situación en que se vieron el PCE y el PSUC. Es difícil, desde luego (como siempre que aparecen los nacionalismos), pero no imposible y, en todo caso, no puede convertirse en la razón por la que se atropellen los derechos de una persona.

Rubalcaba no es catalán pero tiene mucho a su favor. Varios dirigentes añosos lo postulan con razones de peso que hablan de experiencia y eficacia probadas. El propio Rubalcaba las exhibe cuando, como es costumbre en él, no habla mucho, pero hace. En este caso ha hecho lo más sensato y lo que más deben agradecerle sus compañeros: seguir dando la cara en el Congreso aun sin haberse pronunciado sobre su candidatura a la secretaria y sin saber si es o no segura. Su partido tiene una deuda con él. Y más que tendrá después del debate de investidura. Se puede objetar que se trata de una maniobra suya, según ese maquiavelismo que le atribuyen, para postularse de hecho como candidato. Pero quienes esto dicen deben responder dos preguntas. La primera, qué otra cosa cabe hacer. La segunda porqué no son separables la candidatura a la presidencia y a la secretaría.

A todo esto lo de añosos de más arriba no llevaba mala intención. Sobre la sucesión se han pronunciado ya bastantes miembros importantes del PSOE en sana discrepancia. Tienen, sin embargo, algo en común: todos son hombres y ninguno cumplirá ya los sesenta. Guerra critica la predilección por los jóvenes y las mujeres; pero se refiere a los cargos públicos. Estoy seguro de que no tiene nada que objetar a que opinen. Sería bueno que se escucharan voces de generaciones más recientes. A la postre será su secretari@ general más tiempo que lo será para algunos de los que ya han hablado. Ley de vida.

(La imagen es una captura de telecinco.com)

martes, 4 de octubre de 2011

La iconografía de la derecha.

El otro día, el diario La Razón, publicaba esta interesante portada. Al estar ocupado con la Conferencia Política del PSOE, Palinuro no tuvo tiempo de comentarla como sin duda merece. Y lo merece porque es un compendio simbólico de las más puras esencias conservadoras que quedan retratadas en ella como en un test de psicología.

La Razón es un periódico reciamente de derechas, militante, combativo con la izquierda, sobre todo la que gobierna. Es también un medio vaticanista ya que distribuye todos los domingos el correspondiente ejemplar de L'Osservatore romano, el órgano de prensa del Vaticano. Siguiendo el ejemplo de su hermano el ABC, un caso único en la prensa europea por su formato, emplea las portadas como editoriales gráficos con una fuerte carga ideológica que transmiten mensajes manifiestos y también, por ser obras humanas -aunque lleven inspiración divina- mensajes latentes, muchas veces subconscientes que son tan significativos como los otros.

En este caso, tomando pie en un anuncio de Rajoy de que, si gana las elecciones, beneficiará con tres mil euros a los autónomos que contraten a su primer trabajador, La Razón lanzó los estandartes al viento y confeccionó esta imagen que quiere mostrar nada menos que el futuro de España de una sola ojeada. La foto está obviamente preparada quizá por el propio periódico o por el gabinete de comunicación del PP o por los dos y, desde luego, tiene las bendiciones de ambos.

El exterior es la terraza de un edificio (parece que la sede del PP en Génova) que es el modo más rápido de decirnos que con Rajoy llegaremos a lo más alto. No hay un solo árbol, ni una pizca de verde, no hay agua, ni nubes, ni niños, ni animales. Todo es artificial. El presidente del PP aparece especialmente bien trajeado en el centro de una composición de personas pero de talla superior a ellas a las que la perspectiva empequeñece. Este truco es elemental en la hagiografía del culto a la personalidad, pero siempre muy eficaz. Nuestro jefe, nuestro guía, es un hombre de talla superior, sobrehumana. Rajoy. El centro simbólico de la composición, justo al lado del punto de fuga. El líder no está haciendo nada, no lleva objeto alguno, no señala nada; no le hace falta. Le basta con ser y estar: cuando llegue Rajoy, su sola presencia organizará las fuerzas productivas en torno suyo. El futuro de España.

Esas fuerzas productivas son cuatro varones y una mujer, proporción que traduce la importancia real que la derecha concede a las mujeres y su ánimo por luchar en favor de la igualdad de sexos. De los cuatro varones, todos de traje pero no tan impecables como el jefe, tres portan objetos que apuntan a industrias punteras, avanzadas, del conocimiento, una bobina de datos, una maqueta de avión y una "tableta" de apple. El cuarto debe de ser un broker o un promotor inmobiliario. Los fajos de billetes no se le ven, pero se le adivinan.

Lo más característico, desde luego, la mujer. Su atuendo tiene un toque oriental pero es sumamente recatado, que no es cosa de incurrir en lascivia. Porta un bizcocho que remite de inmediato a la actividad culinaria o, todo lo más, hostelera. Ese es el lugar apropiado de las mujeres del futuro: la cocina. O quizá sea la famosa "niña" de Rajoy, que ha crecido. En todo caso, como intento de dar a la imagen una pincelada femenina (no feminista, por favor) es un fracaso. Todo el mundo sabe que, en cuanto verdadera industria, la hostelería está en manos de hombres. Los grandes cocineros, los chefs son todos varones. Así que la señora del bizcocho debe de ser una cocinera de algún local elegante y caro. Un local al que acuden los triunfadores, los hombres que son el futuro de España si los dirige Rajoy.

Esta imagen tiene la naturalidad, espontaneidad y frescura de un cartel electoral; es decir, da risa. Sólo le falta un pie en letras bien visibles que diga Vota PP. Vota Rajoy. Vota futuro. Y es la portada de un periódico. ¿Un periódico?

viernes, 13 de marzo de 2009

Blogorismo de Obama.

Según dice El País -y lo tengo por un periódico tan responable como buena persona era Bruto al decir de Antonio en la tragedia de Shakespeare- el señor Obama ha declarado recientemente "Mi objetivo tiene que ser a largo plazo, y las proyecciones a largo aplazo son muy optimistas". O este hombre no tiene asesores o ni él ni sus asesores saben en dónde están. Si por algo es el señor Keynes conocido en el vasto mundo no es tanto por su Teoría general como por su profundamente filosófica expresión, "In the long run, we're all dead" (a largo plazo, todos muertos). A lo mejor eso que se celebra tanto hoy, el llamado liderazgo consiste en ignorar la lucidez keynesiana.

(La imagen es una foto de Tsevis, con licencia de Creative Commons).

martes, 30 de septiembre de 2008

El PSOE baja y el PP sube. ¿Por qué?

El diario Público traía ayer el resultado de su última encuesta del "Publiscopio", según la cual, de celebrarse hoy elecciones las ganaría el PP. Por un margen muy pequeño (0,8 puntos porcentuales) pero las ganaría, cuando el PSOE obtuvo 3,5 puntos más que el PP en las últimas elecciones. El periódico aventura sus explicaciones para esta inversión de la tendencia así como para el hecho de que el presidente Rodríguez Zapatero haya bajado notablemente en popularidad, aunque siga por delante del señor Rajoy, quien le pisa los talones y que el porcentaje de los que confían en aquel haya descendido significativamente mientras que ha aumentado el de quienes no confían. Según el periódico todo ello se debe a la crisis y a la falta de liderazgo del señor Rodríguez Zapatero.

Es la muy respetable opinión del periódico. Yo aventuro la mía: no es la crisis lo que ha castigado las expectativas electorales del PSOE sino el modo de enfrentarse a ella. Alguien ha dicho al Gobierno en general y a su presidente en particular que, poniendo al mal tiempo buena cara, no asustándose ni amilanándose sino gastando chistes y diciendo cosas ingeniosas cabía ir capeando la situación hasta que se saliera de la crisis. Así se pasó el presidente tres meses haciendo equilibrios malabares con las palabras para no pronunciar la de "crisis" y pensando, probablemente, que la gente, que ya la padecía y sigue haciéndolo, es idiota y no se entera de que se le está ocultando algo. Probablemente lo más estúpido que he oído a alguien en los últimos tiempos fue aquel "el pesimismo no crea puestos de trabajo" del Presidente, como si el optimismo sí lo hiciera. No creo que fuera él personalmente el responsable de tal majadería, sino alguno de esos asesores de que anda siempre rodeado, especialistas en conservar sus canonjías a base de decirle al señor Rodríguez Zapatero no lo que tengan que decirle sino lo que imaginan que quiere oír. Sea como sea, lo que refleja el Publiscopio es el hartazgo de la gente con unos gobernantes que más parecían chisgarabises incapaces de tomarse en serio algo que lo era y mucho, que está causando problemas muy graves a mucha gente.

Lo cual nos lleva a la otra parte del análisis, la que el periodista de Público atribuye a la falta de liderazgo del señor Rodríguez Zapatero. No seré yo quien la niegue. Una falta de liderazgo visible y manifiesta. Lo que sucede es que esto no es más que el comienzo de la historia. Porque España no es un país presidencialista sino parlamentario y con un gobierno de partido de forma que la falta de liderazgo afecta al Gobierno y al partido que lo sustenta, lo cual es más grave. Y lo es tanto más cuanto que ya ha sucedido en otras ocasiones. Tanto el partido como el Gobierno funcionan como maquinarias cerradas, organizadas a base del clientelismo, el amiguismo y el enchufismo. En el caso del Gobierno el asunto es patente: el señor presidente favorece a sus amigos sin tener en cuenta la competencia sino la complacencia personal. ¿Cómo va a haber liderazgo si el Gobierno es un reñidero de personalismos con los ministros enzarzados a causa de los favoritismos de su presidente? En el partido en cambio es al contrario: no sólo no hay discrepancias, sino que reina el silencio del camposanto. Sólo se oye la voz del portavoz, señor Blanco, quien siempre dice lo mismo en respuesta a cualquier crítica que se le plantee: que ellos hacen las cosas muy bien y el señor Rajoy no sabe de la misa la media.

Este comportamiento del Gobierno y su partido con esa imagen que dan de petulancia, distanciamiento, improvisación, división e incompetencia es lo que está haciendo más daño a las expectativas electorales del PSOE. Es un estilo de gobernar lo que está pasando factura, el estilo de quienes, habiendo ganado las elecciones por segunda vez y viendo todavía lejano el momento de las próximas no están dispuestos a amargarse la existencia tratando de averiguar cuáles son las políticas de izquierda que favorecen a los ciudadanos. Un estilo de gobierno que arrancaba del famoso "¡no nos falles!" pero lo está haciendo. Cada vez más.

Y una última cuestión que tiene también mucha incidencia en estos datos por cuanto el electorado de izquierda es sumamente quisquilloso: es posible que los presupuestos que el Gobierno ha presentado miren a la izquierda, sean sociales y no hagan pagar el coste de la crisis a los sectores más desfavorecidos. Ojalá sea así porque de lo que llevamos visto hasta la fecha está claro que el Gobierno aborda la crisis escorando su acción del lado de las empresas y el capital. Basta con escuchar a la ministra señora Corredor tratando siempre de beneficiar desde el Gobierno a las empresas del ladrillo en buena medida causantes de la crisis en razón de su codicia sin límites.

(La imagen es una foto de Jaume d'Urgell, bajo licencia de Creative Commons).