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sábado, 3 de junio de 2017

La lucha por la supervivencia

La denodada lucha de Cristina Cifuentes en defensa propia, de su honradez personal y su legitimidad como gobernante, tiene algo de darwinismo social, de combate por la existencia. Si la oposición, depredadora, se sale con la suya de probar su implicación en la Púnica o algún otro viscoso asunto de los que chorrean por el PP, su carrera política habrá terminado. Su carrera a secas porque esta política profesional lleva toda su vida ejerciendo cargos de su partido o públicos o ambos. No tiene pues experiencia laboral alguna que no sea en el servicio público.

Servicio público desde cargos públicos dedicados a privatizar lo público. Unos lo han predicado como ideología neoliberal y otros lo han interpretado como práctica de apropiación indebida, delictiva, vamos. De lo que se trata ahora es de averiguar qué lugar ocupaba la sempiterna representante de lo público entre las dos ciudades agustinianas. Eso es también servicio público (información) que no se puede torpedear con exabruptos o luciendo un camafeo de la Guardia Civil a la vez que se acusa al benemérito cuerpo de inventarse los informes.

(Pequeña digresión). La misma Guardia Civil (aunque otros efectivos, es de suponer) que baila la conga al son de “¡Qué viva España!” en una peregrinación a Lourdes pagada con dineros públicos. Estos liberales han conseguido invertir la famosa propuesta de De Mandeville, vicios privados, virtudes públicas por el de virtudes privadas, vicios públicos. Lo que no se me alcanza, al no estar iluminado por el Espíritu Santo, es por qué ha de costear la colectividad este número de recio ridículo hispano.

Bien, en la lucha por la vida estamos. La Asamblea de Madrid es pura jungla de asfalto. Su presidenta consume más tiempo abroncando a las diputadas de la izquierda que todos los diputados juntos en sus intervenciones. La presidenta de la Comunidad utiliza unas descalificaciones zafias. Viene preparada para una lucha a muerte en la que lo único seguro es que sobrevivirán los más aptos, pues la naturaleza es tautológica. Lo malo es que solo lo saben después del combate. Algunas de sus armas bordean la calumnia. Acusar a otro de “pederasta” es acusarlo de un delito.

Pero con broncas no va a solucionarse el asunto. Cifuentes tiene también un equipo y unos colaboradores salpicados de irregularidades en cantidades pavorosas. Sus socios de C’s muestran signos de distanciarse, como quien va en el bote y rema desesperadamente para separarse del barco que se hunde.
Aunque salga penalmente indemne de esta, políticamente su situación es insostenible. Si dimite por mor de salvar la coalición de gobierno, le quedará algo de margen para reaparecer posteriormente. Si la echan con una moción de censura, su reaparición será como la del fantasma de Canterville o, quizá peor, como la del perro de los Baskerville.

lunes, 15 de mayo de 2017

La corrupción y el liderazgo

Los madrileños andan cabreados con el PP. No mucho. Seis concejalías que se lleva C’s. No es tanto si se piensa que Madrid ha sido el epicentro del terremoto de la corrupción. El lugar en donde más claramente se ha robado, en donde hay más cargos públicos procesados y algunos en la cárcel. El lugar en el que una administración venal, pilotada por unos políticos presuntos delincuentes cometía todo género de desafueros en connivencia con una clase empresarial parasitaria del Estado o bien con experimentados hampones. El enésimo ejemplo en la historia de la ruina causada por la ineptitud y la codicia. Miles de millones malversados o hurtados al bien público, común. En Madrid, rompeolas de las Españas.

Seis concejalías de menos.

Irrisorio. Trasvasadas además a C’s, una especie de PP menos hirsuto y más cimbreante.

De todas formas, queda tiempo hasta las municipales. Un tiempo que seguirá llenándose con los relatos de la increíble vida y milagros del hombre de los mil chanchullos, antaño mano derecha de Esperanza Aguirre. La Aguirre contratada luego de una de sus dimisiones como cazatalentos en una empresa privada. Y a fe que da la talla. Su otra mano derecha, pues Aguirre solo tiene manos derechas, Granados, es protagonista asimismo de una supuesta historia delictiva tan rocambolesca como variada. Alguien, algún día, escribirá un diálogo entre González y Granados sobre su jefa. La cazatalentos batracios.

Habrá más castigo electoral a la corrupción. Esta comedia de hampones no ha hecho más que empezar. Raro será que Ruiz Gallardón se marche de rositas del embrollo ese brasileño y otras aventuras; como también que lo haga Ana Botella, cuyo inenarrable mandato, que empezó gritando recio spanglish en Río, culminó en un nido de buitres en el que vendió mil y pico viviendas protegidas y habitadas. Como debe esperarse a ver qué sale de esa pieza secreta de la Púnica a raíz de un contrato firmado por Cifuentes, que ya reconoce haber oído “rumores” sobre la gestión del Canal.

El otro dato es el factor de liderazgo, muy notorio en la alta valoración de Carmena y Villacís. Con una diferencia, entiendo: que Villacís es valorada por su partido (el que recibe los seis diputados que pierde el PP) mientras que el partido de Carmena es valorado por la persona de la alcaldesa.

La política municipal tiene sus usos. Si bien es parlamentaria en la organización, a los efectos prácticos, funciona presidencialmente. De ahí el factor de liderazgo personal. La gente tiene una relación con su alcalde(sa) distinta que con sus gobernantes. Se mueve más por razones de empatía o antipatía personales. Compárese la alcaldía de Botella con la de Carmena.

El conglomerado de la izquierda, Ahora Madrid (a su vez, plural) y PSOE, se queda como está. El baile de un concejal no es significativo. De ahí que el titular de El País sea engañoso: “Ahora Madrid” se convierte en “primera fuerza” no porque crezca (decrece), sino porque la otra ha pasado a ser segunda. Lo curioso es que suba el apoyo al PSOE siendo así que su portavoz, Purificación Causapié, tiene una valoración bajísima de menos 15 puntos, una distancia, pues, de 25 puntos respecto a la alcaldesa con la que está aliada. Algo que debiera hacerle reflexionar sobre el sentir de sus conciudadanos.

Finalmente, el toque wagneriano. El ocaso de la diosa. Cuarenta y siete puntos negativos le atizan los madrileños. Esto es lo que se llama poner punto final a una carrera en la ignominia. Había comenzado su andanza madrileña con la granujería del Tamayazo y la repetición de las elecciones. Las ganó, como ganaría las siguientes, por trepidante mayoría absoluta gracias a la financiación ilegal y en mitad de una orgía de expolio de lo público en beneficio de los gobernantes y sus clientes. Y eso mientras ella peroraba a los cuatro vientos las excelencias de las privatizaciones y el mercado libre. Al final, la ley del hampa.

jueves, 20 de abril de 2017

El gobierno del hampa

En 2015, José Manuel Roca y un servidor publicamos un libro titulado La antitransición. La derecha neofranquista y el saqueo de España. Con el título, me ahorro explicar el contenido. Hago solo hincapié en que calificábamos a la derecha del PP de neofranquista y explicábamos cómo estaba (y está) dedicada al saqueo de su propio país. Abierta en la obra queda la cuestión de si es una especie de conjunción astral entre neofranquistas y saqueadores o si hay una relación causal, de forma que los neofranquistas son, por sí mismos, saqueadores. Roca y yo tenemos a mucha gala habernos adelantado con las claves de lo que luego ha ido pasando, hasta llegar a la sesión concentrada de fuegos de artificio de los últimos cinco días, luego de la resurrección de Cristo y de que el pendón nacional recupere el palo entero: descubrimiento de que Rato presuntamente delinquía mientras ejercía como vicepresidente y ministro de Economía, flotación del Tramabús (que viene a ser como un trailer o teaser), citacion a Rajoy a declarar como testigo, detención de Ignacio González y tutti quanti, imputación de Marhuenda y declaración hoy de Esperanza Aguirre.

Un espectáculo de sombras y silencios, del gris de los juzgados, que asombra en el exterior y tiene espantados a los del interior que dan cuenta de los hechos con vocabulario apocalíptico: Madrid, agujero negro del PP, la detención de Ignacio Aguirre por corrupción tritura al PP de Aguirre, "destrozo", "hundimiento", etc., etc. Ahorro también el relato del barullo de trapisondas, latrocinios, malversaciones, trampas, chanchullos, falsedades, prevaricaciones, extorsiones, cuñados, primos, sobrinos, amigos, clientes, enchufados. Está todo en los reportajes periodísticos. Es el habitual jardín de las delicias del expolio del erario a cargo de estos mangantes del PP.

Porque esa es la cuestión. Claro estaba desde hace tiempo que el PP no es un partido al uso, sino, al parecer, una asociación para delinquir y que, como tal, está imputado en dos procedimientos penales. En llano castellano: aquí no hay una ideología, un proyecto, una comunidad de propósito para lo público; aquí hay unas gentes que se ponen de acuerdo para organizarse con intención criminal y llaman partido a su organización, lo cual les posibilita, al ganar elecciones trucadas con financiación ilegal, acceso a los recursos públicos con el fin de expoliarlos en su propio beneficio. Caso Granados, por ejemplo.

¿Está claro ahora también qué hay detrás de las privatizaciones de bienes y servicios públicos, que defienden los expertos a capa y espada en los medios de comunicación del capital? Puro saqueo. Proyecto había de privatizar el Canal de Isabel II en el que este cogollo de ladrones centraba sus actividades. Si lo consigue, hubiera sido un puntazo: una empresa criminal gestionada por los gobernantes. Todavía quedan por conocer los resultados concretos de la otra gran ola privatizadora predicada por los neo-franquistas vestidos de neo-liberales, la de la sanidad. Lo que se va sabiendo de los famosos hospitales de Aguirre pone los pelos de punta. E imagínese lo que están dispuestos a mentir para hacerse con las pensiones públicas. 

Todo lo que ha estallado estos días era conocido por mucha gente, intuido por mucha más y visto por toda cuando se producían casos concretos que mostraban la corrupción general del sistema: el proceso de Urdagarin y su actual situación; la situación de Blesa, la de Rato. La connivencia entre el poder político, las instituciones y los delincuentes, condenados o presuntos, era total.

Esto solo era posible con unos medios de comunicación controlados y al servicio de la organización de presuntos malhechores. Y de ahí viene el frente de periodistas omnipresentes en los medios, en defensa cerrada del gobierno y su "partido" y al ataque de todos los demás. La imputación de Marhuenda, hombre clave en este comando mediático, ya permite resituar y recalibrar a sus congéneres en otros puestos de combate.

Lo incomprensible en este episodio es la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy. Esa decisión costó un golpe de mano en el partido, su fractura y una crisis sin precedentes. Se venía justificando por "razones de Estado". González pontificaba que era preciso dejar gobernar a Rajoy "aunque no lo mereciera". Una vez perpetrada la abstención, el PSOE oficial, el de la junta gestora al servicio de Susana Díaz, quería legitimarla valorando su propia oposición en una actitud patética. Por dos motivos:

1º) no es cierto que haga oposición y, además, el gobierno va a plantear un conflicto de competencias con el Congreso para cortarle las garras legislativas, invocando la ley de presupuestos;

2º) aunque la oposición fuera de verdad oposición, sería irrelevante porque Rajoy ya no quiere gobernar, si es que alguna vez lo intentó, sino seguir aforado y al mando de todos los departamentos de la administración del Estado. Evitar a toda costa que lleguen a los ministerios gentes de otros partidos. Por razones obvias.

Eso también era evidente. Y, sobre todo, era evidente que abrir camino a un gobierno que entraba en zona de turbulencia judicial era insensato. Podía pasar cualquier cosa. Y está pasando. La próxima vez que los jueces citen a Rajoy puede ser como imputado. A estas alturas nadie se atreverá a negar esta posibilidad.

Y, por supuesto, Rajoy no va a dimitir.

Ahora calcúlese con qué grado de autoridad y legitimidad puede este gobierno, sostenido por una asociación de presuntos malhechores, hacer frente a lo que la prensa llama "desafío independentista".

sábado, 8 de abril de 2017

La verbena de la Paloma

Esperanza Aguirre ha sido casi todo en política: concejal, ministra, presidenta del Senado y presidenta de la Comunidad de Madrid entre 2003 y 2012. Lleva unos 35 años en política. Es, evidentemente, una profesional. Y el puesto en que más ha destacado ha sido el de presidenta de la CA de Madrid porque es donde de forma más libre y condescendiente ha manifestado su castizo talante y natural retrechero. Una grande de España con amagos de chulapa. Su gobierno, originado en un tejemaneje perfectamente canalla, llamado Tamayazo, fue una especie de frenesí de corrupción, especulación, negocios turbios de todo tipo y episodios inenarrables por su carácter esperpéntico. Por no citar más que dos: la persecución al doctor Montes (al que algún periodista llegó a llamar "nazi", es de suponer que refiriéndose al conocido doctor Mengele) o el episodio del espionaje de unos miembros de gobierno y del partido a otros, al que uno de ellos bautizó con bastante ingenio como la Gestapillo.

Gestapillo. Es el amor madrileño al género chico. El gobierno de Aguirre fue una verbena. La de la Paloma, ¿por qué no? Aguirre es más plantá que la Susana de la zarzuela y tiene más recursos. Había que verla a lo largo de lo años, sonriente y altanera, inaugurando hospitales, campos de golf, más hospitales, metro ligero, más hospitales. El gobierno de Aguirre tuvo vocación hospitalaria. Y no por espíritu cruzado, sino estrictamente mercantil. Su gobierno construyó y entregó hospitales en condiciones ruinosas para la comunidad a largo plazo. Pero ya se sabe que en esto del largo plazo, todos los economistas, neoliberales o keynesianos, coinciden: todos calvos. Mientras tanto, había empresas privadas, con las que sus consejeros de sanidad tenían relaciones directas o indirectas, haciendo los negocios del siglo

El mercado libre también progresó a lo loco en la educación de Madrid, gracias al espíritu neoliberal de Aguirre, debidamente moderado por el piadoso nacionalcatolicismo de su consejera de Educación Lucía Figar, que se encargó de desmantelar la diabólica escuela pública a favor de la privada, especialmente la religiosa. Y mercado libre también en la especulación del suelo en los pueblos de la comunidad, debidamente encauzada por las leyes del hampa, parte de cuyos miembros está ya entre rejas y otra parte espera estarlo pronto.

En la verbena de la Paloma se baila el chotis, una danza tan castiza que es bohemia, y muy agarrao. Imposible dar un paso en falso: tres a la izquierda, tres a la derecha y vuelta. Así está todo bien segurito. Como le gustaba a Aguirre ganar las elecciones: con resultados apabullantes: en 2007 sacó 20 diputados de ventaja al PSOE y en 2011 obtuvo una tercera mayoría absoluta, con 72 diputados. Elecciones tan amarradas como el chotis.

Pero ganadas con trampas. Con un tongo monstruoso. Algo que mueve a risa sardónica. De los dos elementos que, al parecer, más financiaban el PP ilegalmente, Díaz Ferrán y Arturo Fernández, el primero está en el talego y el otro lo ignoro, pero los dos son amigos íntimos de Aguirre a quien el primero consideraba cojonuda (sic). Financiación ilegal, caja B, dinero negro y un maremágnum de tropelías administrativas, chanchullos contables de todo tipo, trampas, falsificaciones, malversaciones, cohechos. El gobierno de la CA de Madrid fue en aquellos felices años aguirrescos una verdadera cueva de ladrones.

Pero ella no sabía nada.

¿Tampoco de la financiación de sus dopadas campañas electorales? Y ¿de qué sabía esta señora? Todo lo que ha hecho desde el primer momento es, en el fondo, ilegal y todo también, en el fondo y en la superficie, inmoral. Y lo que demuestra el delirio en que vive el país es que este prodigio de corrupción o de inepcia ande dando lecciones de nada a nadie y menos a la actual alcaldesa de Madrid, con quien jamás podrá compararse.

jueves, 30 de marzo de 2017

Tangentopoli

Ayer era Mahagonny; hoy, Tangentopoli, el nombre que se dio al proceso de Mani Pulite en los años 90 en Italia en el que los jueces pusieron al descubierto una ingente trama de corrupción en Italia que afectaba a todos los partidos y un buen puñado de empresarios durante años. Se llamó a declarar a unos 4.000 políticos y los procesos dejaron claro que el sistema italiano estaba podrido. Era algo que sabía todo el mundo, pero los tribunales aportaron las pruebas. De hecho, el comienzo fue la detención de un capitoste del Partido Socialista, Mario Chiesa, en el momento de recibir un soborno de siete millones de liras. Así se abrió una crisis de la República que en realidad dura hasta hoy.

España, Madrid, sigue los mismos pasos. La Gürtel, la Púnica, agotarán los nombres de ciudades corrompidas y acabarán en Sodoma y Gomorra cosa que, según se sabe en qué empleaban los gurtélidos y púnicos sus beneficios, es muy posible. Juego, bebidas, comilonas, putitas de confianza. Es raro que no haya caído todavía una lluvia de azufre y fuego, o quizá lo haga en diferido.

A lo largo de su vistosa carrera politica, Esperanza Aguirre que, a veces, se pone en plan polémico solía rechazar lo que ella suponía que era la pretensión de la izquierda de poseer una superioridad moral. Tenía razón. Más de la que ella suponía. No parece que la izquierda pierda el tiempo sosteniendo esa tontería de la "superioridad moral", aunque siempre habrá alguno que lo haga. No existe la "superioridad moral". Existe la moral a secas. Y la inferioridad moral. El que miente, roba, abusa, despilfarra, soborna, falsea y, en general, delinque, está por debajo de la moral. Lo suyo es inferioridad moral frente a la moral sin más. Así, Aguirre se enfurece frente a la inexistente pretensión de superioridad moral de la izquierda porque ella tiene conciencia de su inferioridad. Es un punto de vista que la traiciona. Tanto como su modo de aparcar.

Durante su largo mandato, el gobierno de Aguirre no fue otra cosa que un patio de Monipodio de una corrupción bestial y descarada con los episodios más rocambolescos que quepa imaginar, como el caso de la Gestapillo o el del evanescente ático de Ignacio González, sucesor de Aguirre al frente de esta presunta banda organizada para delinquir. Hasta ahora y tras haber dimitido asegurando que se retiraba de la política, Aguirre ha salido personalmente indemne de las acusaciones de la red corrupta en su entorno. Comenzó afirmando que solo un par de nombramientos suyos le habían "salido rana" y un par de años después resulta que su mandato fue una charca rebosante de batracios.

Pero los últimos dscubrimientos en el proceso parecen involucrarla en la financiación ilegal de sus campañas electorales por cantidades abultadas. Millones de euros en dinero negro para que la lideresa obtuviera aquellas mayorías absolutas, como las de Rita Barberá en Valencia. Elecciones ganadas con trampa. Lo lógico sería anularlas, como se anulan las victorias de los atletas que se dopan.

Sin embargo, aquí, salvo los que ya están en la cárcel, no dimite nadie. Ni siquiera el presidente de Murcia. Tampoco Aguirre, literalmente hundida en la Gürtel que sostiene haber destapado. Y mucho menos, Rajoy, responsable político de este gatuperio.

jueves, 16 de marzo de 2017

El ocaso de la lideresa

Este pantano de corrupción en que chapotea Esperanza Aguirre desde que saltara la Gürtel no impide reconocer que su dura lucha por hurtar el cuerpo y salir de todos los trances, apareciendo siempre en lugar políticamente visible, tiene cierta grandeza. Recuerda lejanamente a Gloria Swanson en Sunset Boulevard, queriendo mantenerse a toda costa en las candilejas. El Joe Gillis de la película, interpretado por William Holden es aquí Francisco Granados. Falta a Aguirre aquella fortaleza de Max von Mayerling, dispuesto a protegerla. Por eso ahora va de tribulación en tribulación y su acreditado desparpajo ya no le da para mucho. Las recientes revelaciones sobre la financiación ilegal de su partido, la caja B, la fundación Fundescam, la han dejado literalmente planchada. Y cuantos más platós visita dando explicaciones más en evidencia queda.

Ahora reclaman su presencia en el proceso de la Púnica, dentro de la estrategia de Granados. Quiere este gozar de algún tipo de beneficio penitenciario, al igual que su socio Marjaliza que está en libertad por colaborar con la justicia. Él ambiciona lo mismo y para ello quiere valerse de Esperanza Aguirre, su antigua jefa directa y de la que él era mano derecha. Quiere probar la verdad evangélica de que la mano derecha de Aguirre no sabía lo que hacía la izquierda y que la única que lo sabía todo era la propietaria de las dos manos. Ella era, por lo que viene a decir Granados, conocedora y amparadora de las fechorías que injustamente (a su juicio) se le atribuyen.

Ignoro si las pruebas o indicios aducidos son suficientes para pedir la declaración de Aguirre, pero está claro que su estrella se ha apagado. Lo que le queda, todo lo más, es un calvario.

viernes, 10 de marzo de 2017

Lecciones de corrupción

Los analistas políticos tienen un motivo más de agravio con el PP y su jefe, Rajoy, pues los están dejando sin trabajo, que pasa a los cronistas de tribunales. La política en España hace años que se ventila en procesos judiciales de todo tipo. Ahora se añaden los juicios políticos contra el independentismo catalán para echar más picante al guiso. El Parlamento no cuenta y el gobierno tampoco y, cuando cuenta, es por otro punto de escándalo, como el reciente decreto aprobado por el Consejo de Ministros presidido por Rajoy y en el que eliminaban unos cuantos registros de la propiedad de España, entre ellos el de Santa Pola II, el directo competidor de Rajoy. ¿Política? Todo lo que tenga de política el juzgado de guardia.

El último giro judicial de la Púnica que enlaza con la Gürtel muestra que el gobierno de la Comunidad de Madrid era un lodazal de corrupción desde el primer momento. Y ahí está Esperanza Aguirre diciendo ser la primera víctima de la corrupción. La que aseguraba haber destapado la Gürtel. La que dice cualquier cosa con su habitual altanería e impaciencia, como si presidir durante años un gobierno corrupto hubiera sido un castigo y no una decisión suya que renovaba con campañas electorales financiadas ilegalmente. Es pasmoso que alguien con ese historial (o es tonta o es corrupta o ambas cosas a la vez) ose salir a los medios regañando a todo el mundo, perdonando la vida a los demás y muy ofendida de que se ponga en cuestión su integridad. De su eficacia ya no habla. 

Es un comportamiento colectivo de la asociación de presuntos malhechores a la que llaman partido político: dar lecciones de lo contrario de lo que ellos practican. Cospedal pone en guardia ante las intenciones totalitarias de Podemos en relación a los medios. Eso lo dice desde la altura moral que proporciona haber tenido a Nacho Villa de jefe de televisión de Castilla La Mancha durante cuatro años. 

Rajoy quiere boicotear a toda costa la comisión de investigación sobre la caja B del PP (esa que no constaba, ni consta ni constará a Aguirre) y amenaza con otra para investigar la financiación de todos los partidos en el Senado, en donde tiene la mayoría absoluta que le falta en el Congreso. Al margen de otras cuestiones, ¿no es obvio que tratar de impedir una comisión de investigación sobre la caja B del PP equivale a reconocer su existencia? La caja B con la que se han financiado elecciones fraudulentas, pagado sobresueldos a los dirigentes de la asociación, con Rajoy a la cabeza, y perpetrado quién sabe cuantas fechorías más. No importa: ellos saben como nadie que es mejor no remover el pasado. Y así lo dicen. 

Lo que parece haber sucedido es que esta asociación, fundada por un exministro de Franco y llena de franquistas reciclados o sin reciclar, viéndose con mayoría absoluta ya en época de Aznar II y, por supuesto, en la de Rajoy I, se lanzó de lleno a su destino en lo universqal: robar. Pero olvidó algo: en tiempos de Franco se robaba impunemente porque no había prensa. Aquí el caso es distinto y, aunque a trompicones y con unos medios comprados y/o amordazados, los delitos del poder salen a la luz y, aunque a trompicones y con muchos palos en las ruedas, la justicia avanza. Así que no es descartable que en un futuro cercano Rajoy sea llamado a declarar en el proceso de los papeles de Bárcenas, en los que figura como receptor de cuantiosos sobresueldos durante largos años. 

En todo caso, este es el gobierno que debe gestionar la mayor crisis constitucional de España desde la Transición. Quizá desde antes.


sábado, 11 de febrero de 2017

Entrevista en el ABC sobre Podemos

Subo a Palinuro una breve entrevista que me hizo ayer Enrique Delgado para el ABC  con fotografías de Isabel Permuy. Está en el apartado de "Madrid" del periódico, que es donde ahora trabaja Delgado. Estaba interesado en mi opinión sobre la oferta que, al parecer, hiciera Iglesias a Errejón de que se postulara como candidato a la alcaldía de la capital, sucediendo así a Carmena. 

Parece evidente que la propuesta trataba de apartar al segundo a la vía muerta de la alcaldía de la capital. Más o menos lo que hizo el PSOE en su día con Tierno Galván, también personaje molesto para los intereses creados, como Errejón. De ese modo, además, Iglesias conseguía dos objetivos en uno: deshacerse de Errejón y de Carmena al mismo tiempo. Y no sé cuál le parecería más apetecible. Porque si Errejón es molesto para el pintoresco carisma de Iglesias, la independencia y libertad de juicio de Carmena no le permiten capitalizar en su interés el gobierno municipal de Madrid. 

También hablamos de lo que pueda suceder en Vistalegre II. Hoy he visto muchas noticias y comentarios al respecto en las redes. Dice Delgado, con ingenio, que, como buen politólogo, no arriesgo un vaticinio. En realidad, no merece la pena. Podemos está fracturado; pero no en dos bloques sino, cuando menos, en cuatro: Iglesias y sus neobolcheviques, Errejón y sus institucionistas, Urbán y los "anticapis" y la matrioshka de IU, con el PCE dentro de ella. 

No pudieron ni pueden ni podrán.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Emergencia

Tenía que pasar. La falta de previsión y de intervención adelantada para evitar colapsos ha llevado a la adopción precipitada de medidas drásticas que van a causar un montón de quebraderos de cabeza. Sabiendo que esto iba a pasar han transcurrido plácidos los años sin que se adoptaran medidas de infraestructura en materia de cercanías, conexiones, redes de transportes, estacionamientos en el extrarradio, etc. Si alguna vez alguien se acordaba de los índices de contaminación era para que la alcaldesa Botella, de infausta memoria, hiciera cambiar de lugar los aparatos de medición. En cambio, el Gobierno y la Comunidad permitían construir autopistas radiales que no han llevado a parte alguna salvo a la ruina.

Por supuesto, el Ayuntamiento hace bien en tomar medidas contundentes. Pero eso no le exime de estar atento a sus efectos, de paliar las consecuencias injustas que van a darse, de remediar los abusos que también van a producirse. Y mucho menos le exime de elaborar un plan de sostenibilidad viaria de la capital que no consista en cargar todo el peso de la culpa y el remedio al último eslabón de la cadena, el conductor privado para el que el coche es un instrumento vital para llegar a su lugar de trabajo. La inmensa mayoría de la gente no va en coche para fastidiar, sino para trabajar. Pero, al mismo tiempo, no tiene la ventaja de pertenecer a alguna de esas colectividades que, por una u otra razón, gozan de privilegios como los taxistas, los repartidores de comercios, los propios comercios, etc.

El modesto conductor privado que paga sus impuestos pero está excluido de algunos servicios por muy poderosas razones; al que todo del mundo demoniza como culpable por placer maligno de hacer el ambiente irrespirable; y al que se arrincona y priva de plazas de estacionamiento; al que se fuerza a dejar el coche, ofreciéndole luego unos servicios paupérrimos. El mismo al que se bombardea después con publicidad de todos los colores sobre la delicia de conducir un nuevo modelo que traga millas por paisajes de ensueño. Algo necesario para mantener una industria, la automovilística, cuya aportación al PIB es muy alta y sin la cual el país no sobreviviría.

Son tres extremos: sostenbilidad viaria urbana, derechos de todos los usuarios y estabilidad de una industria esencial. Conjugarlos sabiamente es el deber del gobierno municipal en estrecha colaboración con el autonómico y con el del país, ya que el plan toca asuntos que exceden las competencias del primero.

jueves, 24 de noviembre de 2016

La primavera del Frente Popular

Otro acierto de la biblioteca de mi Universidad, la UNED, con una exposición sobre los meses del Frente Popular (FP) en Madrid entre febrero y julio de 1936. La organizan la propia biblioteca, el Departamento de Historia Contemporánea y la Universidad Carlos III. Hay que ver las cosas que pueden hacerse con escasos recursos cuando se tiene voluntad y pericia.

Porque es una exposición escueta, con carteles electorales, octavillas, panfletos y libros, algunos de la época y otros de historiadores que han tratado la época con maestría, como Santos Juliá. Y fotos, sobre todo fotos, muchas de ellas muy poco conocidas. Se añaden diversos tipos de objetos, cajas de cerillas y hasta envoltorios de caramelos politizados (los envoltorios, no los caramelos, es de suponer), algún uniforme, objetos de la vida cotidiana, naipes, etc. Pero está admirablemente estructurada, con oficio pedagógico: son cuatro bloques: las elecciones, el triunfo, el boicot de las derechas y la vida cotidiana. Todo ello en Madrid. 

Y, desde luego, es un éxito. El visitante es atrapado desde el primer momento por un relato vivo que empieza en la incertidumbre de la votación, sigue luego con la explosión de alegría por la victoria del FP y tropieza de pronto en el clima de pistolerismo, violencia callejera, provocaciones de las derechas, respuestas de las izquierdas quemando iglesias, que adquiere un tinte más macabro cuanto que el visitante ya sabe cómo acabó aquello. Pero los protagonistas, no y, en esta exposición, parece milagroso, pero los protagonistas hablan, nos hablan. La cuarta sección, el Madrid cotidiano, algo verbenero, dado a fiestas y toros en tiempos nuevos. En la foto de la caravana electoral de coches de Recoletos vemos cuatro muchachas de pie repartiendo propaganda. Las mujeres podían votar gracias a la propuesta de 1931 de Clara Campoamor quien, por cierto, murió exiliada en Suiza, justo castigo a su inmundo pecado de querer emancipar a las mujeres. Así pensaban entonces los que hoy están en contra de la discriminación positiva. No falla. Hasta Victoria Kent, mujer y socialista, se opuso a la propuesta de Campoamor.

El FP fue una fiesta, a pesar de todo, a pesar de los atentados y la violencia callejera, una fiesta de primavera. El FP nació "a la sombra de las muchachas en flor". Ustedes me perdonarán la cursilería. Tengo una foto de mi madre en uno de esos coches, por ese lugar, en aquel tiempo. Fantástica también la foto de los madrileños apiñados en un tranvía y viajando en el tope, sin pagar. Sin saberlo, esos paisanos serían convertidos en los free riders de la teoría de la decisión racional con la que se castiga hoy el horrible descontrol del Estado del bienestar. 

De eso se enteraron los viajeros de matute más tarde, cuando ya no quedaron ni tranvías.

domingo, 29 de mayo de 2016

En la memoria no puede haber consenso

A El País no le ha gustado nada que a "Ganemos Madrid", el grupo político que apoya a Carmena, no le haya gustado tampoco la Comisión de la Memoria Histórica nombrada por el Ayuntamiento, presidida por la abogada Francisca Sauquillo. El diario aplaude el propósito de este órgano de proceder a su delicado cometido por consenso y teme que, si no se actúa de este modo, se vuelva a las andadas de viejos radicalismos y maximalismos que no conducen a sitio alguno.

A su vez, algún especialista con suficiente conocimiento de causa, el profesor Rafael Escudero Alday, ha sostenido que esta Comisión es, en realidad, una "Comisión de (Des)memoria histórica" porque: a) le falta competencia específica en la materia a la presidenta y a la mayor parte de los vocales; b)los vocales que tienen algún tipo de competencia basada en la experiencia, justamente rechazan el concepto mismo de "memoria histórica" o adoptan una actitud de equidistancia entre las dos Españas (para entendernos brevemente) cuando se trata de hacer justicia a las víctimas de un bando; c) faltan juristas que aporten savoir faire en materia de justicia transicional; d) falta representación de las víctimas; d) hay una sobrerrepresentación del sector negacionista de la memoria.

Intentemos aportar algún matiz y alguna observación sobre este asunto que quizá no estén de más.

Palinuro sostiene que aplicar política de consenso a una comisión de la memoria histórica es un empeño inútil si no complaciente con la injusticia.

El propio concepto de "Memoria histórica" es problemático. El determinante "histórica", obviamente no lo es de tiempo (aunque lo parezca): todo cuanto tiene que ver con la memoria por definición ha de estar en el pasado, ser historia. Por tanto, "memoria histórica" es una redundancia. En el fondo, el determinante no es de tiempo sino de personas; "histórica" quiere decir que es memoria de todos, compartida, memoria colectiva.

Pero eso no existe. La memoria es un atributo del individuo. No hay memoria colectiva, igual que no hay espíritu del pueblo. Eso son metáforas, invenciones, en muchos casos, pretextos. La memoria es individual y es absurdo considerarla como producto de consenso. Uno no consensúa nada con uno mismo. Y tampoco puede consensuar memorias con los demás, con los que convive. Puede compartir la memoria, pero no consensuarla.

Entonces ¿por qué los miembros de la Comisión, el Ayuntamiento, El País y el sursum corda, se hacen lenguas del consenso como método de trabajo y adopción de decisiones en este campo? Tengo varias hipótesis complementarias que someto al juicio crítico de la lectora. a) el consenso se propugna porque la Comisión en su mayoría abarca una gama no muy variada de opiniones, que van desde la derecha extrema hasta una izquierda moderada, acomodaticia y pusilánime; b) el consenso se propugna para rescatar el espíritu de la Transición, que fue de consenso; c) el consenso se defiende  para hacer justicia a los dos bandos por igual.

a) El consenso timorato. Escudero Alday subraya cómo los miembros de la comisión oscilan entre diferentes tipos de negacionismo: los más radicales, propios de la derecha y los más moderados, pero igualmente radicales a la hora a la hora de echar cerrojo a este singular episodio de la historia de España, a la hora de pedir que se termine con la Ley de "Memoria Histórica" porque seguir con ella equivale a perpetuar el enfrentamiento. En principio, esta Comisión tiene como misión principal aplicar la Ley  a las denominaciones de calle y plazas, placas en edificios, monumentos y recordatorios varios. La actuación es en medio urbano. Es decir, el grueso de su acción se desplegará desde el final de la contienda y en los años cuarenta y cincuenta. Por entonces ya no había resistencia, no había dos bandos, sino vencedores y vencidos que quedaban a merced de los vencedores, los cuales no tuvieron ninguna.

b) El espíritu del tiempo. La Transición estuvo presidida por la necesidad de pactar. De llegar a un acuerdo. La transición fue un pacto producto del miedo que los protagonistas de la época se profesaban unos a otros. Hubo consenso, sí, pero tácito: las izquierdas renunciaban a sus símbolos y valores y se integraban en el funcionamiento democrático ordinario del sistema político español sin remover el pasado; a cambio, la derecha abandonaría toda tentación golpista y, con el paso del tiempo, permitiría que se hiciera justicia a la víctimas, sin tratar d revivir los enfrentamientos no de apropiarse en exclusiva la representación de España. Pero esto ha sido falso: a raíz del triunfo socialista de 1982 cundió el temor en la derecha. Pero, cuando esta vio que no había ánimo revanchista en la izquierda, recuperó su talante de intransigencia y acabó volviendo a la imposición del vencedor "sin complejos", como se decía entonces. Promulgada la tímida Ley de la época de Zapatero, se comprobó que la derecha no tenía voluntad alguna de aplicarla sino de boicotearla, como ha hecho en la X legislatura con mayoría absoluta del PP. Resultado: cuarenta años después del fin de la dictadura, en las cunetas siguen enterrados más de cien mil compatriotas asesinados y Madrid reverbera de símbolos, placas, calles y recordatorios de los franquistas. 

c) Los dos bandos por igual. Lo dicho, el tiempo que se quiere revisar es de imposición, dictadura de los vencedores sobre los vencidos. De igualdad, nada. La presencia de un cura en la comisión con el argumento de que se trata de hacer justicia "también" a las víctimas de la Iglesia revela su falacia: en la época de que se trata, la Iglesia no tenía víctimas puesto que era ella misma la victimaria. La colaboración de la Iglesia con la represión del franquismo en la postguerra fue total. Dicho en plata: en la Comisión no hay representación de las víctimas, pero sí de los victimarios. Y eso la cuestiona moralmente de tal modo que la hace inservible. 

Por supuesto que la Comisión debería estar compuesta con otros criterios y que la que hay no es justa. 

Todo consenso que se dé entre la justicia y la injusticia será injusto. La justicia es el único consenso, como sabe muy bien una alcaldesa que es jueza.

viernes, 6 de mayo de 2016

La mugre del franquismo

En la sala de exposiciones del Canal de Isabel II de Madrid, una completa de la obra de Paco Gómez, fotógrafo que vivió entre 1918 y 1998. Su hija ha donado todo el fondo de su obra a la Fundación Foto Colectania que exhibe ahora unos 400 trabajos y otros doscientos en cuatro vídeos monográficos: sobre París en los cincuenta y primeros sesenta, Madrid en varios años e Ibiza a primeros de los sesenta. La exposición, titulada Archivo Paco Gómez. El instante poético y la imagen arquitectónica está muy bien, el comisario Alberto Martín hace un gran trabajo, empezando por el título, que es una muestra de una buena capacidad para hacer de necesidad virtud. Porque Paco Gómez, virtualmente un desconocido, no tiene casi nada que lo haga acreedor a grandes alharacas como no sea su tesón casí bíblico en hacer carrera en la fotografía, cosa que no consiguió o que consiguió tan a medias que bien podría decirse a cuartas. El hombre fue fotógrafo autodidacta y se ganaba honradamente la vida con una sastrería en Madrid que había heredado de su padre luego de trasladarse toda la familia a vivir a la capital. 

Así pues, el sastre que, por todo cuanto sabemos, llevó una vida gris y anodina, dedicaba todos sus ratos libres a fotografiar lo que tenía alrededor y trataba de abrirse camino en el mundo de la fotografía madrileña de la postguerra y años posteriores. Y digo "por todo cuanto sabemos" porque sabemos muy poco. La exposición contiene información biográfica del autor pero es muda respecto a un dato que llama la atención. Habiendo nacido en Pamplona en 1918, la guerra civil lo pilló con 18/21 años, una edad muy propicia para hacer algo en tiempos turbulentos. Sin embargo, no sabemos nada de si luchó o no luchó y, si lo hizo, en qué bando. Esa ausencia de información biográfica es una especie de sino y se extiende como un manto a toda su obra que tampoco dice gran cosa. 

Gómez ingresó en la Real Sociedad Fotográfica de Madrid en 1956, con 38 años. No era ya un chaval. Luego entró o fundó alguna asociación con otros fotógrafos, como "Afal" o "La Palangana", con los que hizo algunas exposiciones colectivas, dos de ellas en París, en la embajada de España, en 1957 y 1962. Trabajaba también como fotógrafo de la revista Arquitectura, del Colegio de Arquitectos de Madrid (de 1959 a 1972), en donde entró poco más que como ilustrador anónimo y acabó consiguiendo que se le reconociera la autoría de sus fotos, ilustró tres libros y eso fue todo lo que hizo en el ámbito público. El resto de su ingente obra, para su contemplación personal y privada.

Y eso es lo que llama la atención: que habiendo fotografiado su país (sobre todo, Madrid, de donde prácticamente, no se movió) su gama de temas es extraordinariamente limitada: calles, gentes anónimas, descampados, tranvías, fachadas destartaladas de casas. La dos series de París en los años 1957 y 1962 dan casi ganas de llorar por lo limitado, convencional y anodino de sus temas; y la de Ibiza en 1962, más ganas de tirarse de los pelos. Al margen de algunas tomas de interés (viejucas de negro sobre fondos enjalbelgados, luz ibicenca restallante) el resto es tan aburrido y nimio como el conjunto de su obra. Sin duda, con los años, llegó a adquirir una gran pericia técnica pero, al parecer, nada en su interior le previno sobre el interés de la época en que le tocó vivir, sobre todo, los años cincuenta y sesenta. Ni rastro de revolución, apertura, desarrollo, nuevos tiempos. Nada. A sus ojos, España seguía siendo el mismo lugar aburrido, gris, cenizo, subdesarrollado que él, obviamente, habia conocido en la postguerra.

A eso se le puede llamar, claro, "instante poético" o, en realidad, pobreza de espíritu y conformismo, como si Gómez hubiera interiorizado el consejo del dictador: "no se metan en política". En política ni en nada. Gómez no tiene una línea específica de trabajo. La exposición agrupa las fotos por temas: retratos, descampados, etc que solo indican que un fotógrafo algo tendrá que fotografiar. Pero no lo que él busca, sino lo que tiene más a mano o a objetivo. Y así, hay una serie de autorretratos, evidencia misma de falta de proyecto, empuje, élan. Hizo cientos de fotos de edificios para resaltar los méritos de los colegiados del Colegio de arquitectos. Su interés reside en los edificios mismos, no en las fotos, unos edificios muy de aquellos años, muchos de ellos de una pretenciosidad estomagante y clara evidencia del poder de los nuevos ricos que aquel régimen inmundo iba produciendo. Alguno, en verdad irrisorio.

Y aquí está el último pliegue del interés de la exposición de Gómez. A pesar de él mismo, su tarea como fotógrafo contumaz de su realidad inmediata, esto es, una sastrería madrileña situada seguramente en el Madrid de los Austrias o cercanías, nos trasmite la imagen de un país en una larguísima y triste posguerra; un país sucio, pobre, miserable, de gentes resignadas por calles mortecinas. El franquismo.

domingo, 14 de febrero de 2016

La matanza de San Valentín

Un disparo ha bastado a Esperanza Aguirre para acabar con toda la clase política (especialmente de izquierda) del país y puñados de finos analistas. Un disparo cargado con el señuelo de una dimisión por "responsabilidad política", que no penal personal (faltaba más) que además quiere ser una lección de transparencia y sensibilidad democráticas. 

Un paseo por las redes de hoy, domingo de San Valentín, produce verdadero bochorno: todos los políticos pegándose por atribuirse la dimisión de Aguirre, el honor de haber matado el oso (en este caso, la osa, por cierto mucho más lista que todos ellos juntos) cuya piel, como siempre, están vendiendo sin haber matado al animal de verdad. De leer a nuestras lumbreras, Aguirre ha caído por la presión de Podemos, de C's, de IU, del PSOE y ¡hasta del PP! En algún caso, el delirio ha llevado al presuntuoso de turno a confundir a Reagan con Nixon, que es como confundir a Churchill con el Rey Faruk.

Esperanza Aguirre no ha dimitido de nada de lo que no fueran a echarla en un futuro inmediato. Su sucesión en la presidencia del PP por Cifuentes es ya cosa hecha. Prueba: que González, su hombre, también dimitió hace un mes de la secretaría general de la organización de Madrid, ya preparando el camino.

Resumiendo para que se entienda: Aguirre se va de donde van echarla en todo caso en unas semanas, convierte su destitución en una dimisión honorable "por razones políticas", pone en un brete al Sobresueldos y se mantiene en su puesto de portavoz del PP en el Ayuntamiento, desde donde planea dar la batalla por la presidencia del PP nacional cuando a Rajoy no le quede más remedio que irse.

Más inteligente aun: la tarea de quitarle de enmedio al Sobresueldos se la están haciendo todos los demás que, desde el PSOE hasta el PP, pasando por los neonatos de Podemos y C's piden a una la dimisión de este pájaro. Ella que, además, tiene sentido del humor, quizá le envíe un SMS pidiéndole que sea fuerte.

¿Más claro? Aguirre no ha dimitido. Igual que no dimitió la otra vez que dijo que lo hacía. Ha hecho un repliegue táctico en el que ha contado con la ayuda del coro de bocazas de la oposición que no sabe ni cómo se lee una partitura. La maniobra puede salirle bien o no porque tiene sus riesgos, pero es mucho más inteligente que el conjunto de sandeces que cabe leer en las redes celebrando una victoria ficticia y haciéndole el juego a una política que da cien vueltas a sus adversarios dentro y fuera de su partido.

viernes, 12 de febrero de 2016

Tamaya

Esperanza Aguirre Gil de Biedma, Grande de España, hundida hasta el moño en la corrupción y la práctica delictiva de su partido y su gobierno, comparecerá hoy ante la comisión contra la corrupción de la Comunidad de Madrid a responder de uno de los cientos de casos en que está pringada. Lo hace horas después de que la Guardia Civil entrara en sus oficinas en la sede del PP en busca de pruebas de la financiación ilegal de sus campañas electorales. Está implicado el ex-gerente del partido en Madrid, un tal Beltrán Gutiérrez, cuyo ordenador se ha llevado la policía, asimismo imputado en el caso de las tarjetas black y especialmente protegido por Aguirre, que lo contrató cuando dimitió y anda diciendo por ahí que es funcionario del partido, un concepto inventado por esta demagoga neoliberal sin escúpulos que sabe de sobra que los partidos no tienen funcionarios sino contratados laborales y enchufados como este, probablemente para callarles la boca.

Cuando esta aristócrata arrabalera comparezca en la citada comisión sobre la corrupción en Madrid, con su altanera chulería, los miembros de aquella deberán tener presente que toda su ya larga carrera  está inmersa en la corrupción y el escándalo, en el pillaje, la malversación, el despilfarro y el puro disparate.

Deberán recordar que apareció en Madrid en el sórdido episodio del Tamayazo, cuando, el PP robó las elecciones a los infelices del PSOE con el auxilio de dos sinvergüenzas salidos de sus filas. Y que el resto del curriculum de la dama daría para una novela de Mario Puzo: su "ideología" neoliberal la empujó a privatizar cuantos servicios pudo arrebatar al ámbito público en detrimento de la colectividad y provecho de sus compinches en un expolio hecho de chapuzas y trinques, varios de los cuales andan en los tribunales. Su arremetida contra la sanidad pública fue bestial y no se detuvo ante la calumnia y el intento de linchar cívicamente a los profesionales que trabajaban en aquella en provecho de sus colaboradores, lechuguinos y mangantes que hacían negocios privados a costa del interés público, algunos de los cuales también están procesados por supuestos ladrones.

Casos especiales por lo disparatado del empeño, su inmoralidad y el absurdo del asunto fueron sus sucesivos fiascos (todos a costa de los contribuyentes) en la privatización del Canal de Isabel II, el intento de toco mocho al estilo de las bambollas paletas valencianas de Eurovegas y el equivalente al aeropuerto de Castellón en la Ciudad de la Justicia de Madrid, que ha fulminado más de 100 millones de euros de los contribuyentes.

Toda su gestión ha estado siempre salpicada de episodios a medio camino entre Al Capone y películas de Berlanga. Su gran amigo, el empresario Díaz Ferrán, que lleva una temporada en la sombra igualmente por presunto ladrón, pudo haber sido el proveedor de la misteriosa fundación FUNDESCAM con la que la retrechera Aguirre, al parecer, financiaba ilegalmente sus campañas. Su otro amigo, el también empresario Arturo Fernández, otro defensor de neoliberalismo, que vivía de enchufes y contratas con sus amigos peperos de las instituciones, acaba de dimitir por el sucio asunto de las tarjetas black.

Esto de las tarjetas black, en las que la clase política madrileña robó lo que no está escrito, fue, en realidad, un fracaso de la dama, quien trató de imponer de presidente de Bankia a su fiel Ignacio González, el del ático evanescente. El tal González, que la sucedió en la presidencia también está implicado en otro de esos asuntos de corrupción del neorrealismo italiano, bautizado con humor de Chamberí como la gestapillo, por el que los colaboradores de Aguirre se espiaban unos a los otros acarreando bolsas de misteriosos contenidos, como en las películas de la Pantera Rosa.

Hasta que Valencia tomó el relevo, Madrid fue el epicentro de la trama de ladrones de la Gürtel, en la que hay tal cantidad de colaboradores directos, amigos y protegidos de la señora que esta acabó convencida, como los neuróticos compulsivos, de que había sido ella quien la había descubierto. Junto a la "Gürtel", la operación "Púnica", al parecer montada por otro sujeto, mano derecha de Aguirre, Granados, revela operaciones delictivas de cientos de millones de euros desfalcados a los contribuyentes. 900.000 euros de mordida por cada colegio que este pájaro aprobaba mientras los secuaces de la presidenta del neoliberal PP destrozaban la enseñanza pública en la Comunidad de Madrid bajo el beaterío de la consejera Lucía Figar, a quien su intensa fe no le impedía regalar terrenos públicos a los curas o meterse inmoralmente en el bolsillo becas y ayudas a las que no tenía derecho.

Toda la carrera de esta señora es una constelación de presuntos robos, expolios, malversaciones, apropaciones indebidas, chantajes, extorsiones, enchufes, estafas, etc, todos cometidos por sus manos y pies derechos e izquierdos, sus colaboradores y subordinados y de los que ella asegura que no sabía nada.

Cuando los miembros de la Comisión contra la corrupción de la Comunidad de Madrid se la echen a la cara no olviden que quizá no vuelvan a encontrarse en su vida ante una persona tan indigna, inmoral y carente de todo escrúpulo.

Y no se dejen impresionar ni engañar. Ella lo sabía todo: desde el Tamayazo a la Púnica.

martes, 25 de agosto de 2015

Ya era hora.

Esto sí es transparencia, lucha contra la corrupción, freno al despilfarro del dinero de los contribuyentes, coto a la malversación. Esto y no las sinsorgadas de Rajoy, el de los sobresueldos, cuando balbucea explicaciones sobre las medidas contra la corrupción que su gobierno ha amparado, fomentado y sigue ocultando siempre que puede. Que cada vez es menos.

Estas comisiones de auditoría de la gestión autonómica en Madrid en las dos últimas legislaturas que la señora Cifuentes ha tenido que tragarse como el sapo mañanero es la medida más importante y eficaz que se ha tomado en España para sacar a flote toda la basura de uno de los gobiernos más mafiosos en la historia del país. Y ya los ha habido

Fueron veinte años de mayorías absolutas en los que un partido corrupto, que se financiaba ilegalmente a base de mordidas por concesiones amañadas, estuvo haciendo mangas capirotes con los dineros públicos. Un poder sin control o con controles manipulados en instituciones sumisas a las órdenes, como el Tribunal de Cuentas, acumuló todo tipo de dispendios y latrocinios con los que, de paso, enriquecía a un puñado de sinvergüenzas que simulaban ser políticos honestos.

Era imposible que lo fueran viendo la falta de talante democrático, la arrogancia, la soberbia, el desprecio y hasta la chulería con la que trataban a la oposición y, por encima de ella, a los ciudadanos, incluidos sus propios votantes. Los madrileños acabaron resignados a una administración poblada de ineptos vanidosos y presidida por una majadera, cuyo aparente desparpajo, solo ocultaba su absoluta incompetencia a la hora de impedir que sus colaboradores robaran a espuertas ente sus narices. Un hatajo de mangantes que, enarbolando la bandera de las privatizaciones, saqueó el erario, los servicios públicos, las empresas de la comunidad. Lo llamaban neoliberalismo, según las simplezas de catón que expectoraba la señora Aguirre pero, en realidad, era un neofeudalismo: una típica confusión de lo público y lo privado, en beneficio de ellos mismos y sus amigos y aliados, generalmente empresarios acostumbrados a vivir de amañar concursos públicos.

Las comisiones de investigación, que ya tienen curro, habrán de poner en claro el robo descarado de la Gürtel y la Púnica, las dos tramas mayores (pero no las únicas) que los políticos de la derecha tejieron con la mafia empresarial y una serie de funcionarios corruptos para enriquecerse todos en detrimento de los intereses colectivos del bien común que hubieran debido defender de haber tenido un mínimo de honradez.

No se trata de que estas comisiones sustituyan la administración de justicia que hace su trabajo como puede, sistemáticamente obstaculizada y hostigada por la asociación de presuntos malhechores llamada PP, con el sobresueldos a la cabeza. Se trata de que establezcan las responsabilidades políticas de este inmenso desaguisado, de esta increible ceremonia del saqueo de una Comunidad por una manga de chorizos. Y se trata de que los políticos que toleraron y ampararon este latrocinio o que, incluso, se beneficiaron de él, asuman sus responsabilidades y se retiren de una vez a esa vida privada que tanto les gusta, quizá en la cárcel y habiendo devuelto todo lo que hayan pillado.

Resulta intolerable que la principal supervisora de estas actividades de auténticos bandoleros, la señora Aguirre, no acepte responsabilidad alguna por el desastre que ha ocasionado con su altanera ineptitud. El disparate de la Ciudad de la Justicia, en el que se han volatilizado 105 millones de euros como el que se gasta la calderilla, debe aclararse. Igual que debe aclararse cómo el arquitecto Norman Foster pudo cobrar más de 10 millones de euros de las arcas públicas por una obra que no hizo y a través de un contrato que, como los dineros, se ha esfumado. Aguirre tiene que dar cumplida explicación de todo ello. Como también de decenas de otras tropelías, todas ellas liquidadas con quebranto para la hacienda pública y supuesto beneficio de los mamandurrios neoliberales de que se rodeaba: las privatizaciones de la sanidad, el Canal de Isabel II, el metro ligero a Pozuelo, el hospital de Collado Villalba o el inenarrable proyecto de Eurovegas.

Si faltó tiempo a esta señora para felicitarse de haber condecorado en vida como presidenta de la Comunidad a una de las musas del más sórdido franquismo, la recientemente fallecida Lina Morgan, con igual alacridad debiera estar ya en la plaza pública dando las explicaciones pertinentes sobre esos turbios y ruinosos asuntos que han empobrecido a los madrileños y enriquecido a una banda de truhanes. Que vaya a las comisiones las veces que haga falta a mentir como acostumbra y que dimita de paso de cualquier actividad pública por indigna.

Y quien dice la Comunidad, dice el Ayuntamiento. Carmena está levantando las alfombras y los madrileños asisten estupefactos a otra pasarela de dispendios, despilfarros y toda clase de gatuperios protagonizada por los dos último regidores, Ruiz-Gallardón y Ana Botella, dos almas gemelas en lo cursi, arrogante, inepto y megalómano. Que el ex-ministro de Justicia sepultara más de 500 millones de euros públicos en acondicionar el espantoso pastel de la Cibeles en detrimento de los edificios del Madrid de los Austrias, ya demuestra un mal gusto rayano en lo ofensivo. Pero que de esos 500 millones, parte nada desdeñable, fueran a hacerse un despacho versallesco, revela la auténtica dimensión moral tanto del repelente niño Vicente como de su sucesora, una reprimida de la más rancia estirpe nacionalcatólica.

Hace muy bien Carmena en sacar a la luz pública las trapisondas de estas cucarachas de oro para que los madrileños sepan cómo vivían los sátrapas que se iban a los spas cuando había alguna catástrofe con pérdidas de vidas en su jurisdicción.

Pero haría mucho mejor si nombrara una comisión que procediera a auditar esa cueva de mangoneo que fue el ayuntamiento de Madrid.

martes, 4 de agosto de 2015

El caso desesperado del socialismo madrileño.


Los manuales de Ciencia Política, que son los del arte de la guerra, parten del supuesto de que la unión de fuerzas es la primera garantía del triunfo en cualquier enfrentamiento y la desunión la primera de la derrota. A dos meses de unas elecciones cruciales como las catalanas y cuatro de unas generales no menos decisivas, el PSM ofrece un espectáculo de desunión, enfrentamiento y división que solo augura derrota.
 
No es nueva. Es la imagen crónica de los socialistas madrileños que llevan más de veinte años en la oposición en el ayuntamiento y la comunidad por su incapacidad para constituirse en una alternativa creíble a unos desgobiernos por mayoría absoluta de un PP que apenas es algo más que una presunta asociación de malhechores para esquilmar las arcas públicas. La ejecutoria del PSM es una triste experiencia de luchas intestinas, zancadillas y maniobras entre burócratas, paniaguados y enchufados de tal o cual corriente. Las razones esgrimidas son siempre opacas y la gente sabe por experiencia que, además, son embustes para justificar descarnas peleas por los cargos y los escasos puestos de mando.
 
No hace falta al PSM aprovechar la experiencia de IU, reducida a la marginalidad y la insignificancia precisamente por las peleas orgánicas en las que los fulanismos y menganismos de unos políticos mediocres pasan por encima de cualesquiera consideraciones de estrategia o ideología. Tiene su propio saco. Un episodio tan vergonzoso como el Tamayazo, caso único de transfuguismo corrupto y falta absoluta de principios solo fue posible en una organización controlada por mafias enfrentadas compuestas por oportunistas, trepas y mediocres incapaces de ver más allá de sus narices, de su interés, de su poltrona, de su nómina.
 
Los responsables de este lamentable espectáculo en Madrid (y los de la Ejecutiva que participan en el pandemonium) parecen ignorar que el PSOE no es patrimonio suyo para hacer con él lo que les venga en gana. No lo es de los dirigentes, ni de los militantes, ni siquiera de los votantes. El PSOE es un partido centenario, patrimonio de todos los españoles y sus actuales gestores en todos los niveles no son más que administradores que habrán de rendir cuentas de sus actos.
 
Lo que hace indigno el gobierno del PP es su convicción de que el país es su cortijo, en el que puede cometer cualquier arbitrariedad y desaguisado con total impunidad porque le pertenece. Por ello, no le importa que sea imposible distinguir en su acción entre lo que es gestión y lo que es puro expolio y saqueo de un patrimonio del que se apropia por todos los medios, incluidos los ilegales. El PSM lleva veinte años actuando de modo análogo con el agravante de que, mientras el PP, siempre en el poder, dispone de privilegios y prebendas que repartir entre los suyos, el PSM, eterno perdedor por su desunión, solo reparte miseria, pucherazos, manipulaciones y puñaladas traperas.
 
Si los responsables de este desastre no ponen los intereses generales por encima de los de sus banderías y siguen agrediéndose al borde del abismo, entregarán en bandeja el gobierno a la derecha que podrá seguir haciendo y deshaciendo a su antojo en este país. O en lo que quede de él.

lunes, 20 de julio de 2015

De literatura e historia.

Eusebio Lucía Olmos, Cosas veredes. Madrid: Endymion, 2008. 654 págs.
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Hace unos días publicaba una reseña de un reciente libro de Juan Maestre Alfonso en el que se hablaba de mi barrio de niñez y adolescencia, cosa que me tira mucho. Las memorias de Maestre se inscriben en el cuadrilátero Glorieta de Bilbao, Quevedo, Argüelles y Plaza del Dos de Mayo. Barrio Maravillas ligeramente escorado hacia el Oeste. Quizá por ser más andarín o revoltoso, las mías se sitúan entre Bilbao, los Cuatro Caminos, Rosales y el Noviciado. No es un perímetro mucho más grande, pero cualquier conocedor de la zona verá que hay algunas diferencias, sobre todo al Norte y al Sur. Ahora cae en mis manos esta novela de Eusebio Lucía Olmos, encuadrada más menos en similares lindes, aunque con sus variantes: calle ancha de San Bernardo, Bulevares, Argüelles y el Noviciado. Y, como esto de los recuerdos primeros llega muy hondo, no me resisto a comentarla pues, aunque no es de muy reciente publicación, tengo amistad con el autor, que fue al mismo colegio que yo, el Divino Maestro, por cierto, el mismo al que fue Rafael Chirbes.

En lo que ya no hay coincidencia es en la época de la narración. Ni para el autor ni para mí puesto que se desarrolla entre 1915 y 1917, mucho antes de que ambos naciéramos. Es una novela histórica aunque no al uso, de esas llenas de faraones, princesas de Samarkanda, monjes cistercienses, templarios, mosqueteros o corsarios, sino de gente corriente, vecinos de Madrid, de condición generalmente modesta, que malviven en la capital durante los últimos años de la primera guerra mundial y que presencian la huelga general de agosto de 1917, la intermitente guerra del Africa, la epidemia de gripe de febrero de 1918 y las elecciones al Parlamento del mismo año. Casi podría calificarse de crónica novelada. Y todo ello entre las calles del Norte, de la Palma, de San Dimas y la plaza de las Comendadoras, el hinterland de la de San Bernardo, en la que vivía yo.

La novela es asimismo autobiográfica con la consiguiente adaptación cronológica. El protagonista, Hilario Medina, es un mozo que entra a trabajar en la fábrica nacional de moneda y timbre gracias a la influencia de Juan José Morato, el socialista díscolo. Su familia, que perdió al padre, otro socialista de primera hornada, compuesta por la madre y dos hijas más, malviven en una buhardilla de la calle del Norte y lucha por salir adelante haciendo economías y juntando los escasos cuartos que traen todos sus miembros, pues todos ellos trabajan, la madre y una hija cosiendo en casa e Hilario y una hermana fuera de ella. Seguimos los avatares de todos en esos años, especialmente los de Hilario quien mantiene una relación de discípulo-maestro con el señor Morato. La función de este en la novela es la de narrador e intérprete de los acontecimientos. En este aspecto, la obra se separa de la tradicion de la novela histórica para entrar en el territorio de la "novela de formación" o Bildungsroman, típica del romanticismo. También podría llamarse "los años de aprendizaje de Hilario Medina", para situarla en un marco solemne. 

Y no es poca cosa el aprendizaje. Morato ilustra a Hilario sobre las cuestiones teóricas socialistas, la vida de partido, las relaciones de este con los republicanos, la personalidad de Iglesias, el abuelo, las diferencias históricas entre anarquistas y socialistas, etc. Hilario tiene un primo, Narciso, residente en Cataluña y genuino confederal que será casi el otro protagonista de la historia y para quien el autor tiene reservada una peripecia muy especial que el crítico no puede revelar pero que da buena prueba de la imaginación del autor. Poco a poco, aunando la doctrina moratiana y la experiencia vivida, Hilario va alcanzando lo que en otros tiempos llamábase una madura conciencia de clase, entendiendo las dificultades, tiras y aflojas de la política parlamentaria de un partido marxista y revolucionario, como pensaba ser el PSOE por aquellos años. El título de la obra, Cosas veredes remite a la contraseña que, al pie de un artículo anónimo en El socialista, había de dar la señal para el comienzo de la huelga general de 1917.

Los acontecimientos políticos son como un trasfondo de una historia que tiene también aspectos económicos y sociales así como urbanísticos. Lucía Olmos es un consumado conocedor del Madrid clásico que podría sentar plaza de cronista de la Villa. Su dominio del callejero y de la historia de los edificios lo sitúan en la estela de los escritores "madrileños", como Mesonero Romanos o Pedro de Répide y dado que a los madrileños, desdeñosos como aparentamos ser con nuestra ciudad, en realidad nos apasiona que nos hablen de ella, el lector, si es gato -y aunque no lo sea, sino más de aluvión- se lo pasará en grande paseando por las calles de la Villa de la mano de tan avezado guía.

La estructura novelística es clásica y tradicional, de estilo realista, de un realismo mas de la época que describe que en la que se escribe, tiene ambición descriptiva y apunta a otros territorios, además de la narración de misterio del primo anarquista. Así se narran las experiencias sexuales inciáticas del héroe Hilario, la segunda de las cuales, una fogosa y breve pasión con una vecina del inmueble encierra, quizá, la clave de un frecuente recurso del autor en sus intervenciones actuales en las nuevas tecnologías. Porque Hilario ha crecido, se ha jubilado en la Casa de la Moneda, se ha hecho escritor pero en su muro de Facebook siguen apareciendo unas vecinas muy interesantes.

miércoles, 10 de junio de 2015

Geometría variable.

No son tiempos de ideologías. C's facilita en Andalucía la investidura de Díaz, con quien no pensaba tratar ni en pintura y en Madrid camina hacia la de Cifuentes de quien no quería saber nada por pertenecer a ese fementido nido de corruptos del PP. El cambio anunciado tiene poco que ver con las siglas de los partidos y mucho con los réditos de las respectivas jugadas. C's vende la responsable imagen de quien facilita la gobernabilidad sin comprometerse gran cosa, pues anuncia una posición vigilante sobre el gobierno de Díaz. Lo que no está clara es la ventaja obtenida por Podemos con la ruptura de las negociaciones. Protesta Rodríguez muy ofendida de que le hayan dado con la puerta en las narices y acusa al PSOE-A de la ruptura. Es muy posible. Díaz hizo saber en la campaña que en ningún caso pactaría con el PP y Podemos. Eso era algo más que un guiño a C's y tanto Podemos como el PP debieron haber reaccionado de forma distinta. Podemos, flexibilizando su posición para dificultar la ruptura a Díaz pues, como se ve en la alcaldía en Sevilla, son posibles acuerdos entre los dos partidos.

El del PP es un caso perdido. Bonilla pide ahora que el PSOE presente otr@ candidat@. Le ha llevado ochenta días darse cuenta de que, con Díaz, no había nada que hacer, como ella misma anunció dos meses atrás. Si aplica la misma celeridad a sus demás juicios, este presidirá Andalucía cuando Córdoba vuelva a ser califato y haya otro en Bagdad. Ahora que su predecesor en el empeño, Arenas, parece a punto de jubilación forzosa por las intrigas de la dueña del cigarral toledano, Bonilla puede acceder ya a la plenitud del cargo de sempiterno aspirante.

Díaz ha conseguido su propósito sin arriesgarse a unas imprevisibles elecciones anticipadas. El éxito tiene un valor simbólico: conserva el bastión andalusí y accede al cargo por mérito propio y no por nombramiento. Por mucha que sea su inquina a Sánchez, según afirman algunos medios, no puede evitar que su investidura sea el espaldarazo de este como candidato ya que la elimina a ella como contrincante. Queda por ver si a las primarias se presenta alguien con peso para ser un desafío a Sánchez. Chacón juega con la idea de encabezar la candidatura del PSC a la Generalitat. Solo queda Madina y no parece contar con mucho apoyo. Díaz, a su vez, tiene por delante una legislatura compleja. De un lado la lucha contra la corrupción, tan extendida en Andalucía después de treinta años de gobiernos socialistas que esa misma lucha puede traducirse en una merma de apoyo electoral. Además, su margen de actuación es limitado pues gobernará siempre en minoría y sólo podrá adoptar medidas con alianzas cambiantes o geometría variable, arriesgándose a que, en cualquier momento, una moción de censura la desplace.

Madrid es una zarzuela. Si Díaz preside en Andalucía una Junta muy tocada por la corrupción, Cifuentes, en la capital, cabalga sobre ella. La Comunidad de Madrid es, junto a la de Valencia, el epítome de la corrupción del PP. Se ha perdido la cuenta de l@s consejer@s y otros capitostes que andan por los juzgados imputados o acusados de tramas y delitos tan organizados durante años que harían las delicias de Alejandro Dumas. Parece, sin embargo, que C's está más comprometido en un pacto con el PP en Madrid que con el PSA en Andalucía. A cualquiera le resultaría difícil explicar esta diferencia, pero a Rivera, probablemente, no. Además, podrá aprovechar para romper la próxima oleada de imputados en las listas de Cifuentes por lo que los medios llaman "segunda parte de la Púnica". Podrían llamarla "segunda guerra púnica".

Si Madrid es una zarzuela, Valencia está en fallas. Los socialistas rompen las negociaciones porque se sienten insultados. Llegados aquí, ya cabe decir poco, salvo esperar más sosiego entre gentes que deben entenderse. Sobre todo si tienen en cuenta que la geometría variable valenciana muestra más complejidad y el rango de posibilidades se abre. Además de las dos habituales: a) lideras una coalición o b) te quedas fuera, se añaden otras tres: c) te quedas dentro de la coalición, pero en una posición subalterna; d) montas un gobierno de técnicos; e) vas a elecciones nuevas. Como las fallas. Es de esperar que, quemada toda la pólvora, los interesados se pongan de acuerdo en una solución de compromiso. Parecería obligado pues una de las fuerzas en pugna se llama Compromis, pero me temo que ese compromiso se entiende más en el sentido duro y militante que en el la solución pactada con concesiones mutuas. Mònica Oltra no tiene detrás una clara estructura de partido y tiende a ver el voto como algo a su persona, como una especie de plebiscito. Ximo Puig sí tiene un partido y parte del voto ha ido a él, o sea, su respaldo es menos plebiscitario. Esas cosas cuentan, pero lo que más cuenta es el temple de los actores.

jueves, 28 de mayo de 2015

Desguace.

El martes, repuesto del aciago lunes, Rajoy convertía en triunfo la victoria pírrica de PP y como, cuando se gana, es tonto hacer cambios, dejaba todo según estaba, gobierno y partido y se proclamaba candidato para las elecciones de noviembre. El miércoles, ayer, sus propios ministros lo obligaban tomar medidas con  los más obvios responsables de la hostia que, según Barberá, se han dado. En primer lugar a Cospedal, cuya fabulosa incompetencia la ha llevado a perder víctima del chanchullo que hizo en la ley electoral para ganar. También quieren fuera a Aguirre, la gran derrotada. Rajoy hizo en su día de tripas corazón, rompió los lazos de amistad y lealtad con Botella, la esposa de quien lo puso a dedo en el cargo, y nombró a la condesa porque era la única que podía ganar las elecciones. Y las ha perdido. Como Cospedal. En realidad, Rajoy no debería sustituir solo a Cospedal. Debiera sustituirse a sí mismo. Es lo que le dicen algunos de sus barones. Pero eso jamás saldrá de él. Al contrario, se enfrentará por fin a Aguirre, que es la mayor amenaza a su dominio del partido. En realidad, si sigue en esa especie de amok que parece poseerla, la condesa es la mayor amenaza al propio partido como asociación, no ya de seres honrados, cumplidores y entregados a los demás, que eso está fuera de cuestión, sino simplemente como asociación de seres racionales. Una amenaza de desguace mental.

Aguirre es la principal aliada de Podemos, su altavoz, su agente publicitario, lo que estos necesitan para darse más importancia de la que tienen. Al convertirlos en el íncubo de sus obsesiones, la diana de sus ataques más neuróticos, los apuntala. Los de Podemos van a darse un festín con los votos de todos los que encuentran insufrible a Aguirre y son muchos. Los resultados electorales de Podemos han sido discretos. Los de C's, menos que discretos. Pero ahí están ambos, en los zuecos de IU y UPyD y en algunos lugares son decisivos. Determinantes, en ninguno. Por eso se agradece que alguien te saque del pelotón de cola, aunque sea llamándote soviético. Tampoco es tan extravagante en la dama en cuyo vocabulario aparecen con frecuencia los comunistas, los populistas, los terroristas, los etarras, los bolivarianos y, como quintaesencia, la anti-España, de tradicional fuste.

No obstante, algo no encaja en la última. Pedir un gobierno de concentración con Podemos en Madrid para luchar contra Podemos suena a delirio. Alguien probablemente ha informado a la condesa de que Carmena no es de Podemos y, por muy comunista que haya sido en el pasado, si ahora abjura de los soviets, sus pompas y sus obras, puede entrar en casa de gente bien. Podría entenderse como un intento de división de Podemos pero más parece parte de una estrategia consistente en armar cuanto más ruido mejor para conservar su posición en el PP y dar desde ella la batalla a Rajoy por la presidencia nacional. La alcaldía en sí le trae sin cuidado. Habiéndose reunido con Begoña Villacís, candidata de C's, Aguirre se sorprendía de las coincidencias entre su programa, el de los socialistas y el de C's, cosa insólita dado que ella no tenía programa.

Aguirre no tiene programa por la misma razón por la que su partido, el PP, no tiene ideología. Si le preguntan a Rajoy, dirá que es el partido del sentido común, como Dios manda. Consultando los textos del partido, de sus think tanks, las declaraciones de sus dirigentes e ideólogos, puede extraerse una especie de batiburrillo en el que aparece el humanismo cristiano, el liberalismo, el neoliberalismo, el tradicionalismo, el conservadurismo, el espíritu reformista, el nacionalismo, el pragmatismo, el autoritarismo, el monarquismo y la nostalgia franquista. En fin, el kit del partido de la derecha en España. Sin ideología. Una mera asociación de gente que mira sobre todo por su interés personal o de grupo en la administración de la cosa pública. Es una institución en la que una clase de administradores corruptos hace su carrera política a base de expoliar los recursos públicos. Lo llaman partido político, pero no lo es, sino un negocio para quienes militan en él y para sus allegados. Es obvio que esta entidad solo se mantiene unida si dispone del poder. Si lo pierde, se descompone. Precisamente porque no tiene más ideología que el lucro personal.

De ahí las reacciones de pánico en la organización a la vista de los resultados y el frenesí de Aguirre, que ya se ve como una Kerensky frente a Carmena, a quien Ussía llama Lenin con melenas. La desbandada de los barones y baronesas. La impagable rueda de prensa de Floriano. El pasmado silencio del cigarral toledano. La huída de Fabra, quien hubo de apurar las heces consolando a doña Rita sin despeinarla. Bauzá replegándose a su botica a curarse las heridas. Monago, vuelto a la nada. Rudi que nunca salió de ella. León de la Riva, Teófila Martínez, los broches de oro de una derecha municipal de tronío. Herrera, el de Castilla y León, aun habiendo ganado, su espíritu de castellano viejo le aconseja dimitir. No queda nada. No queda nadie. Es el partido más votado pero, de esta echada, solo parece que podrá gobernar con mayoría absoluta en Ceuta. "Bueno", pensará Rajoy, "si España, esta gran nación,  se reconquistó de los moros desde Asturias, bien puede reconquistarse ahora de los rojos desde Ceuta".

Pero hace falta un partido y en este momento no lo hay. Está más para desguace que para reconquistas. De ahí el peligro que tiene la envenenada propuesta aguirresca de un congreso de refundación. Aguirre, a quien Palinuro lleva unas fechas sacando parecidos, tiene muchas facetas. Esta de las pócimas tóxicas estilo congreso le viene de la de Medea, que era maga, mezclada con Circe, la que convertía a los hombres en cerdos y la Fedra que quiso envenenar a Teseo. Porque si Rajoy va a un congreso de refundación, no sale vivo. Y adiós esperanza de ganar las elecciones de noviembre tras haber convencido a la ciudadanía de cómo, gracias a su temple y sabiduría, el país ha salido de la crisis. En todo caso, para conseguirlo ha de recomponer el partido y tendrá que hacerlo a base de comisiones gestoras, nombramientos digitales, cambios impuestos. Es decir, desguazando el desguace.

Realmente, lo más sensato que este hombre puede hacer es disolver el Congreso y convocar elecciones anticipadas. Téngase en cuenta que este ímprobo trabajo de reconstrucción no impedirá que los tribunales de justicia sigan dando disgustos al gobierno y el partido. Es más, le situación puede llegar a un punto en que un tribunal llame a declarar al presidente del gobierno en uno de los procesos de la Gürtel en calidad de testigo. Así lo requiere la defensa de Willy "el Rata", exalcalde de Majadahonda y acusado en la Gürtel, a quien piden 50 años de cárcel. Supongo que, antes de comerse 50 años cualquiera llamaría a declarar como testigo a Dios padre. Tanto más a un mortal.

Menudo compromiso para Rajoy. Piénsese que los testigos comparecen bajo deber estricto de decir la verdad.

miércoles, 27 de mayo de 2015

El mal perder.

Mi objetivo es frenar a Podemos declaraba ayer Aguirre, tras haber ofrecido a Carmona y a Ciudadanos un pacto para que el socialista ocupara la alcaldía de Madrid. En realidad, lo que quiere es frenar a Carmena, a la que profesa gran inquina personal, cosa comprensible si se consideran las biografías de ambas. Pero, por no descubrirse, invoca el nombre temible de Podemos. Y no en tono normal, sino desgarrado: hay que frenarlos para salvar las libertades, el orden democrático y, seguramente, la cristiandad occidental, amenazados por esta hidra de múltiples cabezas, bolchevique, bolivariana, populista, etarra, comunista. Para alguien que presume de flema británica, esto suena horriblemente overstated. Contrólese la señora, no le pase lo que al Dr. Strangelove en Teléfono rojo, volamos hacia Moscú a quien, en momentos de excitación se le levantaba solo el brazo derecho en saludo nazi. Perder sabe mal, desde luego, pero hay que dominarse y no decir y hacer disparates. Porque, aunque Carmena no fuera Carmena sino Belcebú mismo, la propuesta de Aguirre equivale a pedir al PSOE que se pegue un tiro en su cabeza colectiva.

Las malas lenguas dicen que, no habiendo tamayos a la vista, la llamada a los instintos más bajos de los seres humanos se convierte en un alegato en favor de la felicidad del hombre en la tierra. Si no se puede comprar a nadie en concreto con valores contantes y sonantes, se procede a engatusar al grupo con valores y principios ideales. El caso es que Carmena no sea alcaldesa. Mucho temor se adivina aquí. Para ocultarlo, Aguirre echa mano de una peculiar aritmética. La mayoría de los madrileños ha votado en contra de Carmena (61,24%) al votar PP, PSOE y C's mientras que Carmena solo tiene 31,85%. Seguramente Aguirre vota antes en contra que a favor de algo y la prueba es que su candidatura ni siquiera tenía programa. Pero los demás no tienen por qué ser como ella y probablemente voten antes a favor de sus opciones que en contra de las de los demás. Aunque si se repitiera aquí la caprichosa suma de la Dama del Imperio británico, la diferencia sería colosal: el 58,54% de los madrieños, también mayoría, votó en contra de Aguirre, a quien solo apoyó un 34,55%.

Es puro mal perder, falta de estilo y heraldo de comportamientos más absurdos y estrambóticos. A la señora no le gustará pero en su partido están todos encantados de verla derrotada, desde Rajoy a Botella. Se aferra a la presidencia de la organización en Madrid e intrigará lo que pueda en el Ayuntamiento para afianzarse ya que su posición en el partido peligra. En él, en todos los niveles, se hace siempre lo que diga Rajoy y Rajoy puede montarle una conspiración interna para echarla del cargo. Por eso probablemente está ella montándole otra a él para desalojarlo del suyo. De hecho, ya ha pedido una refundación del partido. La cuestión es quién desenfunda el primero.
 
Eso de tener que ser el primero en algo nunca ha gustado nada  a Rajoy . Para empezar, no va a hacer cambio alguno en el gobierno y en el partido. Ya dijimos, en el PP todo lo decide el Jefe consultándolo con la almohada. Hasta quién será el candidato del partido en noviembre: él, hombre, él. ¿Quién si no? ¿Uno que salga de unas primarias? ¿O de un congreso? ¿Qué congreso? El PP es un partido jerárquico de corte franquista. A Fraga lo nombró Franco. Luego lo desnombró, pero eran cosas del Caudillo, cuya vida tenía Dios que guardar muchos años. A Aznar lo nombró Fraga; a Rajoy, Aznar. A quién nombre Rajoy en su momento está por ver. De momento, a Rajoy. Y el Jefe decide asimismo si las elecciones se han ganado o perdido. Estas se han ganado, según Rajoy, razón por la cual ha nombrado candidato a Rajoy, el que las ha ganado. Esto ya no es solo mal perder. Es no saber lo que se dice.
 
Los barones, sin embargo, se le están rebelando y tomando las de Villadiego: Herrera, Rudi, Fabra, Cospedal y Bauzá, gentes inconstantes, tornadizas, de alfeñique, que se rajan en la primera dificultad. Nunca debió confiar en ellos. Nada comparable con la firmeza de un Camps, un Matas, una Mato, una Aguirre. Lástima que esta sea tan cabezota y se empeñe en sustituirlo en la Jefatura. A él, que está ahí puesto por voluntad divina y solo abandonará el cargo con los pies por delante.
 
De aquí a noviembre Rajoy está seguro de dar la vuelta a los sondeos, las encuestas, los pronósticos, de probar que estamos saliendo de la crisis, de saber comunicarlo con acierto, de recuperar la confianza de la que hoy no dispone, de caer bien a la gente. Está dispuesto a dar la vuelta al mismo principio de la realidad. Seguramente es lo que se dice cuando se mira en el espejo por consejo de su cofrade de partido, Herrera, el presidente de Castilla y León: "nadie mejor que yo para ganar las elecciones de noviembre".
 
Lo malo es que no tiene partido y de aquí a los comicios tendrá que emplearse a fondo solucionando crisis de liderazgo, conflictos territoriales y de todo tipo en un partido que pasa a ser oposición en muchos sitios y sin líder, en otros es irrelevante, como en Cataluña y el País Vasco y en otros está mal avenido. Y a ver cómo se defiende de la petición malévola de un "congreso de refundación".

Porque las elecciones no se ganan con partidos en crisis.