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jueves, 27 de abril de 2017

Podemos, la línea correcta y la censura

Podemos es un partido (o lo que sea) muy adaptado a la sociedad mediática. Prácticamente nació en los medios, primero en los alternativos y, por ende, de reducida audiencia; y luego, se afirmó, creció, se impuso en los comerciales de audiencia mucho más amplia. Y lo hizo en muy poco tiempo. Un éxito apabullante de imagen. A ello contribuyeron de un lado un gran dominio del ciberespacio y las redes y una depurada teoría de la función de los medios en la sociedad capitalista. Los medios son el vehículo de la hegemonía y operan en su inmensa mayoría en favor del status quo, mezclando información y doctrina del neoliberalismo salvaje y actuando, si llega el caso, como piezas de las guerras sucias del poder contra sus adversarios de todo tipo.

A la vista de la situación, el mensaje es claro: hay que democratizar los medios. En abstracto, esto es fácil de entender: los medios deben reflejar el pluralismo de la sociedad y todos los valores deben tener la oprtunidad de explicarse en foro público. Pero en concreto, resulta difícil. Los medios públicos debieran, en efecto, ser plurales y en la mayoría de las democracias, con altibajos, lo son. En España, no; en España, desde 2011, los medios públicos están al servicio del poder político de la derecha. En donde esta no gobierna, el asunto es menos escandaloso, pero hay tendencia a ser medios gubernamentales. En cuanto a los privados, siendo empresas, operan en un campo de libertad de mercado y con la lógica del beneficio. Tienen la orientación que les place. No se puede obligar a los medios privados a defender doctrinas con las que no comulgan. "Democratizar" aquí querrá decir otra cosa.

En una segunda vuelta se echa de ver que los medios son empresas, sí, pero no siempre autónomas. Hay medios que forman parte de entramados empresariales y financieros o que dependen directamente de estas instituciones a las que puede traer cuenta soportar pérdidas en sus sectores ideológicos porque el beneficio lo obtienen por otro lado; por el de la corrupción, por ejemplo. Y, por supuesto, el caso de los audiovisuales que o son negocios redondos a base de una programación que todo el mundo detesta y todo el mundo ve o son ruinosos, pero subvencionados de una u otra forma con medios públicos si son de derechas, como el caso de los medios de la Conferencia Episcopal. Es difícil democratizar a la Conferencia Episcopal.

Y en una tercera vuelta se ve que estas empresas de medios son especiales por el producto que manejan. No es lo mismo fabricar y vender calcetines o piraguas que hacerlo con noticias y opiniones. La mercancía de los medios es inmaterial, compran y venden ideas, creencias, juicios; en definitiva, cultura. Por lo tanto tienen peligro porque son mecanismos de convicción ideológica y de propaganda. Desde cierto punto de vista, esto explica la tendencia a intervenirlos en función de criterios como la llamada exception culturelle, francesa, para limitar la competencia y el contagio de medios ideológicos apabullantes, como los yanquies de Hollywood. Pero, al margen de esto, cualquier intento de control de los medios inspirado en estos criterios ideológicos y culturales será una recuperacion de la inquisición y la censura, a las que partidos como Podemos tienen una fuerte tendencia por su propia naturaleza ya que son organizaciones dedicadas a tener razón siempre.

En realidad es difícil democratizar los medios si no es jugando en su terreno, esto es, constituyéndose en empresas, empresas democráticas de comunicación. Una especie de quimera excepto en el caso de la prensa digital, en donde se da un florecimiento de medios demócratas y de izquierda. No siendo esto y habiendo abandonado la esperanza de gestionar unos medios públicos con criterios democráticos, solo queda imponer en los medios comerciales los puntos de vista críticos. Y aquí es donde se ha planteado el problema con Podemos y su supuesta censura a Errejón en la SER, con el llamado duro alegato de Barceló respecto a Podemos y los demás partidos.

Obviamente, se esgrime la apuntada teoría de la libre empresa. La SER es una empresa privada y contrata a quien quiere, sin obedecer consignas de partidos... externos. El duro alegato de Barceló reza con los de fuera. Dentro de la casa, todo cambia. Las decisiones son de empresa y se imponen en los programas, como lo prueban los despidos de Manuel Rico, Ignacio Escolar, Fernando Berlín, que yo recuerde.  Esas imposiciones sí se aceptan. Pero se trata de asuntos internos de la empresa por los que esta no da explicaciones. Si acaso las dará la cuenta de resultados.

Algo muy distinto es la peripecia de Errejón en hora 25 porque se enfrentan dos concepciones distintas de la comunicación y del meollo mismo de la comunicación que son las sacrosantas tertulias. De estas, la mentalidad democratizadora espera que reflejen el pluralismo social y ellas lo harán o no. Pero, si lo hacen, querrán hacerlo a su manera, no según las directrices de quienes quieren democratizar. Y aquí vuelve a estar el problema del problema.

La SER quiere seguir con Errejón porque le da la gana. Podemos, sin embargo, sostiene que Errejón no refleja la posición mayoritaria del partido, salida de VAII y debe ser sustituido por una portavoz de la mayoría, Irene Montero. Lo de menos es que esta se haya personado en "hora 25" y haya tenido que marcharse por no haber sido invitada, si bien se le ofreció un lugar entre la claque. Sarcasmos de la tele, pero, en efecto, lo de menos.

Lo de más es ¿qué función cumplen los tertulianos? ¿Expresan su opinión o la línea del partido? La línea correcta, claro, que es correcta por ser mayoritaria. Los medios miran la audiencia y, si prefieren a Errejón, están en su derecho. Pero también es lógico que un partido con una "línea correcta" quiera imponer esta y no una versión cuestionada. Todo depende de cómo se conciba el programa, si como una reunión de gentes con criterio propio (y con tendencias distintas) que intercambian opiniones o una comisión de portavoces de los partidos para informar a la ciudadanía de sus decisiones, sin ninguna capacidad para decidir o acordar u opinar algo que no esté en el vademécum.

En su efecto más inmediato, Errejón tiene un problema. Derrotado en VAII, ve cómo su margen de acción se reduce poco a poco pero sin descanso. Excluirlo de un programa de gran audiencia significa silenciar la voz de la minoría en un partido que presume de democracia. Democracia y línea correcta son términos antitéticos, antagónicos. Y Errejón tiene una alternativa: someterse en silencio a la línea correcta en sus actos (otra cosa será en su pensamiento, pero este es el problema de todos los "juramentados") o reafirmarse en su derecho a seguir opinando en foro público mientras lo contraten, aunque sea en pugna con el parecer del partido. La cuestión es si el partido decide obligarlo a elegir entre los medios (recuérdese, el líquido amniótico de Podemos) o la militancia. 

Si democratizar los medios significa imponer la "línea correcta" del partido a través de sus portavoces, las tertulias pueden volver a llamarse "el parte" y anunciarse, como aquel que añoran los deudos de Utrera Molina, con un cornetín de órdenes.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Entrevista a Palinuro y M. Seguró sobre Europa

En la "Alacena Global". No estoy muy seguro de haber subido bien el podcast, pero se oye.

martes, 7 de marzo de 2017

Cuando los fines son los medios

Podemos es una organización política surgida prácticamente al amparo de los medios. Desde el primer momento consideró que estos, los medios, eran en realidad el fin de su acción.  O parte del fin, que seguía siendo gobernar el país desde la izquierda, pero llegando al gobierno a través de los medios.  Por eso son estos medio y fin de su acción. Y, además del fin, el vehículo que utiliza, la plataforma desde la que se expresa. 

Podemos es un partido básicamente digital y mediático. Aparte de los instrumentos con que ya cuenta, su doctrina de la democratización de los medios apunta directamente a los comerciales, públicos y privados. Que los medios son empresas y, como empresas tienen unos intereses que raramente coincidirán con los de una organización de izquierda es algo obvio. También debiera serlo que pedir la "democratización" de estos medios no quiere decir nada o quiere decir algo siniestro. Mientras nadie consiga tener medios al margen de la estructura empresarial, la idea de la democratización será un absurdo y probablemente una hoja de parra para disimular el auténtico fin de someter los medios a control. 

De ahí que Podemos sea tan sensible al ámbito mediático y ande siempre enzarzado en conflictos con los medios. Estos son sus aliados o sus grandes adversarios, según que propaguen sus posiciones, ideas y acciones o critiquen sus defectos, faltas, errores. En este terreno se da otro dato que hace aun más crítico el enfrentamiento: Podemos es una especie de secta, compuesta por auténticos creyentes, casi fanáticos. Es curioso y hasta tiene gracia porque se trata del fanatismo de quienes están convencidos de poseer la verdad absoluta en forma de pensamiento abierto, crítico, libre y plural.

La explicación de este fenómeno es doble: de un lado, Podemos prosigue la herencia comunista, hipercrítica con todo el mundo menos consigo misma con quien es empalagosamente ditirámbica; y, de otra, recoge las aspiraciones de una juventud indignada, impaciente con las vacilaciones ajenas, desdeñosa con los escépticos y muy agresiva con los críticos. Los encendidos seguidores de este movimiento responden virulentamente a toda crítica, por razonable que sea, insultan y zahieren al crítico y le atribuyen todo tipo de siniestras intenciones y complejos. Y en ese comportamiento sectario rivalizan los jóvenes con los de todas las edades, a ver quién anatematiza, injuria y calumnia más en defensa de su líder y su pintoresca razón en marcha. Más de un viejo conozco que, arrebatado en una segunda juventud, estaría dispuesto a quemar vivo al disidente de su nueva fe.

O sea, los periodistas a los que ampara la APM han experimentado en sus carnes el espíritu de linchamiento que respiran las reacciones de las gentes de Podemos a toda crítica  y que deslegitimarían su proyecto político si tuvieran uno.  ¿Y qué más? Quizá podrían los periodistas aprovechar la ocasión para extraer algunas enseñanzas sobre su propio comportamiento. No se trata de recurrir al consabido "y tú más", pero sería bueno que reflexionaran sobre cómo se sienten las gentes (políticos, comunicadores, dirigentes, figuras públicas en general) a las que bastantes periodistas agreden, injurian e insultan continuamente en los medios escritos y audiovisuales, a las que se llama "mamarrachos" y cosas peores y a las que se amenaza con pegarles un tiro llegado el caso. Y estas gentes no tienen una asociación a la que demandar amparo.

Lo que Podemos hace a los medios es nada comparado con lo que los medios hacen a Podemos y no solo a estos sino a muchas otras organizaciones y empeños, como el PSOE, especialmente Pedro Sánchez y, por supuesto, los independentistas catalanes. Empezando por la noticia misma completamente descontextualizada para utilizarla en contra del protagonista. La APM hace público su comunicado amparando a los periodistas que se sienten amedrentados por Podemos en el momento en que sabemos que la SICAV de que dispone ha perdido 118.000 euros en siete meses y, además, los partidos de la oposición (PSE, Podemos y C's) han obligado a la Comunidad de Madrid a retirar 8.6 millones de euros de subvención a la APM para financiar el seguro médico privado de los asociados.

Una prensa subvencionada por el poder político le será siempre sumisa y una de sus funciones será atacar a los adversarios a ese poder político, a la oposición. Lo nuevo ahora es que los atacados responden y responden en su mismo terreno, lo que obliga a los periodistas a pedir amparo. Las redes han cambiado mucho el carácter del debate colectivo. Los medios han perdido el monopolio y tienen que competir con otras instancias, incluso con personas, en la formación de la opinión pública.

miércoles, 1 de marzo de 2017

La prensa y el poder

Una relación conflictiva, como debe ser. Cuando no lo es, algo falla. Es justamente célebre la contundente afirmación de Thomas Jefferson, "padre fundador" y redactor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos hacia 1786 de que "si tuviera que elegir entre un gobierno sin prensa o una prensa sin gobierno, elegiría lo último sin dudarlo por un momento". El que llegara a tercer presidente de los EEUU tenía la peor opinión de los gobiernos (incluido el suyo), a los que consideraba compuestos por lobos prestos a devorar a los pueblos que eran como ovejas. Si alguien o algo podía evitarlo era una prensa libre. 216 años más tarde, el 45º presidente, Donald Trump, ha invertido los términos, pues considera que la prensa es la enemiga del pueblo. La "canallesca", que decían los franquistas. El sucesor de Jefferson, en su animadversión a los medios, se identifica a sí mismo con el pueblo. O al revés: al pueblo consigo mismo. Él es el pueblo y la prensa su enemiga y de ahí la siniestra expresión de "enemigo del pueblo", utilizada en todos los tiempos por las más diversas formas políticas revolucionarias con vocación de tiranías.

Pero eso es en los Estados Unidos. En España, la relación entre el poder político y los medios es, por lo general, idílica. Los medios públicos están íntegramente al servicio del partido gobernante en su ámbito territorial y lo mismo sucede con los privados, especialmente los periódicos de papel (y sus versiones digitales) que dependen en gran medida de la publicidad institucional y un régimen de subvenciones generoso que las autoridades políticas interpretan según criterios del más estricto clientelismo. Las televisiones privadas se salvan algo más porque diversifican sus fuentes de financiación, dado que su consumo es muy alto. 

Así resulta que en el mes en que nos enteramos de que El País sigue perdiendo lectores a granel (26,4% menos que en enero de 2016) y que está a punto de descender de la barrera de los 100.000 lectores, la Junta de Andalucía le otorga un galardón, la medalla de Andalucía 2017. No hay duda: cuando el poder político alaba, halaga, premia, condecora a un periódico es porque le interesa, porque le es cómodo, le canta las alabanzas o, cuando menos, no le saca a relucir sus vicios. El País ha tomado partido desde el principio en el conflicto del PSOE en contra de Sánchez como SG y en contra de Sánchez candidato a SG y a favor de la junta gestora y la candidatura de Díaz. Cuenta en su consejo editorial con Felipe González y Pérez Rubalcaba, lo cual explica algunos de los editoriales más venenosos contra Sánchez. El País se ha puesto al servicio de la junta gestora y de la candidatura de Díaz a la SG.

Esa decisión merece un premio: la medalla de Andalucía que va a costar más lectores de El País y más votantes de Díaz.  Para nada porque, por mucho que el diario editorialice, Díaz sigue saliendo la tercera en prácticamente todas las encuestas, sondeos y vaticinios.

lunes, 6 de febrero de 2017

La prensa servil

El titular de El País es un ejemplo de manipulación, falta de objetividad y hasta un acto de inmoralidad. Acusa el periódico a Mas de usar su juicio para impulsar el independentismo como si ese juicio fuera un capricho, una triquiñuela para conseguir inconfesos fines. Como si no fuera una imposición y un paso más de las autoridades españolas para reprimir el movimiento independentista. Encuentro francamente ruin acusar al acusado de protervas intenciones cuando se ha limitado a comparecer ante la justicia ejerciendo su innegable derecho a interpretar el proceso en la clave indudablemente política, de represión política, en el que está concebido.

¿Qué pasaría si el periódico titulara also así como "el gobierno español trata de intimidar al movimiento independentista reprimiendo a sus dirigentes principales para sembrar el miedo"? Pues que probablemente se acercara más a la verdad que con ese titular falaz en el que no se informa de nada, sino que se formula un juicio de intenciones. Por cierto, hablando de intenciones, merece la pena detenerse a considerar algunos aspectos muy interesantes. Los nacionalistas españoles más agresivos (muchos de los cuales están en El País) instan vivamente al gobierno a proceder con mano dura contra el independentismo, aplicando legislación de excepción y metiendo en la cárcel a quien le discuta. Suele advertirse que ir judicialmente contra Mas, Rigau y Ortega (y, por supuesto, Forcadell), supone pisar terreno peligroso por el valor simbólico de los interesados y arriesgarse a una respuesta encendida de la sociedad y las fuerzas políticas catalanas que agudice el enfrentamiento. Pero, dicen esos mismos guerreros nacionalistas, nada de eso pasará. Si los tribunales condenan a Mas, Cataluña callará, como calló el País Vasco cuando se ilegalizó a Batasuna y eso que se decía que ardería Troya. Es una interesante apuesta. En el País Vasco se ilegalizaba por acusaciones de violencia y terrorismo; en Cataluña no hay nada de eso. Se procesa y, si acaso, condena, por poner las urnas. Los publicistas vendidos al poder, los seudointelectuales  mesetarios tratan de confundir a la gente, insinuando que la comparecencia de Mas se debe al asunto del 3% y no al hecho de posibilitar que la población pueda votar libremente. Doble contra sencillo a que las respuesta social va a ser potente.

Y hay más en ese ejercicio de titular tendencioso y embustero. Viene a incidirse en la obstinada pretensión de El País de ignorar los datos objetivos de un movimiento de amplia base social, con un apoyo substancial de la población que va del 48% a la independencia al 80% al referéndum. Su interés es dejarlo reducido a una obstinación personal de Mas y sus íntimos colaboradores. Por eso los plumillas del panfleto aplauden el empleo de los tribunales contra los dirigentes independentistas. Creen, como todos los reaccionarios, que, atacando el símbolo se destruye lo simbolizado. Para más absurdo, las personas que hoy comparecerán ante los jueces, no ejercen ningún cargo político de responsabilidad, por lo tanto, su probable condena no causará ningún daño específico a las estructuras de poder de la Generalitat sino que se limitará a crear tres mártires, que servirán de inspiración a sus seguidores.

Mas, Rigau y Ortega simbolizan hoy el espíritu de libertad e independencia vivo en la sociedad catalana y no tengo duda de que la gente y las instituciones los apoyarán como merecen.

Porque lo merecen.

martes, 24 de enero de 2017

Europa en el ojo de Europa

Miquel Seguró y Daniel Innerarity (eds.) (2017) ¿Dónde vas Europa? Barcelona: Herder. 261 págs.
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El 20 de diciembre pasado. Palinuro publicaba una reseña de este libro editado por Miquel Seguró y Daniel Innerarity y en el que colabora una veintena de autores, entre ellos el propio Palinuro, titulada "El éxito de Europa es su fracaso" y en la que prometía volver sobre el asunto con más detenimiento. No es que vaya a hacerlo ahora; eso queda para mejor ocasión. Pero sí aprovecha una feliz coincidencia, casi diríamos astral, que se dio ayer para traerlo de nuevo  colación. Coincidencia de tres poderosos medios, el mundo del libro (la editorial Herder), la prensa de papel (El País) y la radio (RAC 1, una emisora catalana) para hablar del gran tema que nos apasiona a los europeos: Europa.

El sábado pasado, la sección de Cultura de El País, publicaba una crítica del libro, escrita por Borja Hermoso con el título Europa...¿seducción o rapto? en la que, además de señalar los puntos que el crítico considera más reseñables, se hace hincapié en el carácter colectivo, en cierto modo coral, de la obra. Una diversidad de temas y de puntos de vista a veces en el mismo tema que, en cierto modo, reproduce la agitada existencia de Europa y el problemático futuro de su último intento de unificación. Un dato. Los distintos tiempos de los medios se hacen sentir. Cuando los participantes en la obra redactamos nuestras aportaciones, ninguno/a pensamos que Trump pudiera ganar las elecciones. Esa elección y sus expectativas prueban hasta qué punto hablar de Europa es adentrarse en lo imprevisible. Trump es América, claro; pero Europa no se puede pensar sin América.

Y la radio. Ayer la RAC 1 dedicó parte del programa No ho sé, dirigido por Joan Maria Pou, a hablar del libro también. Estuvimos Miquel Seguró, Daniel Gamper en Barcelona y servidor en los Madriles. Quien quiera escuchar la conversa, por cierto muy grata, puede hacerlo en este enlace a partir del 39'39''. La radio es un medio "caliente". Lo tritura todo y tiene una fuerza inmensa, más que la televisión, en contra de lo que suele decirse, porque se transmite solo a través de la palabra; no hay imagen que distraiga. Por eso importa muchísimo que la palabra sea clara. La claridad es prometeica. A los escritores, acostumbrados a ver la palabras, incluso tocarlas, pero no oírlas, nos encanta que nos dejen escucharnos sin necesidad de leernos. Pero envicia. Yo me hubiera pasado una horita más charlando con los colegas y el presentador, que tiene una capacidad de síntesis fabulosa. 

domingo, 22 de enero de 2017

Quedan las mujeres

Cuánto ha avanzado la causa del feminismo se ve considerando el siglo de 1917 a 2017, desde la lucha por el sufragio, pues las mujeres no podían votar, hasta organizar un acto de protesta mundial contra el presidente de los Estados Unidos al día siguiente de su toma de posesión. Es una noticia de la mayor importancia. Y lo es porque estas manifestaciones de cientos de miles en diversas ciudades de los EEUU y otros países han sido organizadas por mujeres a través de una plataforma de coordinación, Women's March con voluntad de permanencia, pues ya advierten que esta marcha no es un sprint, sino una maratón. Efectivamente, la lucha por la igualdad ha avanzado mucho, desde el derecho de sufragio hasta organizarse en sujeto político mundial con voluntad de permanencia.

Por eso debe darse a la noticia el valor que tiene. Son las mujeres quienes se han organizado y coordinado contra Trump. Lo han hecho en representación de todas las demás minorías amenazadas por el actual presidente: gays, inmigrantes, lgtbs, etc. La importancia de esto es que las mujeres no son una minoría sino, al contrario, una mayoría. Y su activismo político a nivel planetario, un fenómeno que promete mucho. El intento de El País de dar la noticia ocultando su fuerte contenido de género ("Centenares de miles de personas claman contra Trump por todo EEUU", dice en portada) no es de recibo. Lo gracioso es que el reportaje, "Una inmensa multitud clama contra TRumpo en los Estados Unidos" lo firma una mujer que solo en el subtítulo reconoce que se trata de una "marcha de las mujeres". El patriarcado es omnipresente. Han sido las mujeres las primeras en preparar la resistencia frente a lo que se avecina.

Que no es poco. A las palabras gruesas, insultantes, amenazadoras del candidato han sucedido ya sus primeros actos. Ha silenciado la cuenta de Twitter del departamento de Interior porque había informado de una escasa asistencia del público a la ceremonia de toma de posesión. El portavoz de la Casa Blanca, en su primera comparecencia, ha anunciado que van contra los medios por informar falsamente de la asistencia al acto. La asistencia fue inmensa, según el gobierno, aunque las fotografías muestren otra cosa, y eso es lo que los medios tienen que reportar. O sea, se acaba la libertad de prensa. La prensa es el gobierno. Es el momento de recordar la famosa cita de Jefferson, uno de los "padres fundadores", de que, entre una situación de un gobierno sin periódicos y otra de periódicos sin gobierno, prefería la segunda. Como cualquier demócrata.

jueves, 20 de octubre de 2016

La caída de los dioses

En los lejanos años 80 del siglo pasado, los socialistas llamaban a Felipe González "Dios", prueba a la vez de su educación religiosa y su irreverencia. Ese "Dios" descendió del Olimpo y se autoatribuyó la condición de "jarrón chino", costoso, delicado, pero de mucho estorbo. Y, en efecto, al cabo de un tiempo, el jarrón, a fuerza de estorbar, ha acabado hecho añicos. En la sede socialista de Torrent, figura el retrato de González junto al de Pablo Iglesias, solo que él está cabeza abajo El "Dios" se hunde en el descrédito. En la Autónoma le han releído su propio pasado en clave negativa en un virulento escrache de anticapitalistas.

El boicot iba dirigido asimismo contra el otro conferenciante, Juan Luis Cebrián, otro "Dios" y este mayor que el socialista porque lo es de los medios. Cebrián es el símbolo vivo de El País, periódico que atesora un pasado de prestigio como vehículo de la democracia en España, pero en los últimos años ha ido perdiéndolo, hasta caer en el estigma de prensa del gobierno. De hecho, la reacción del diario al escrache ha sido de subida militancia, acusando a Podemos -como lo hace el PSOE- de instigar a la violencia. Dice El Plural que "sin pruebas". Depende de lo que se consideren tales. Dada la mutua animadversión entre Podemos por un lado y el PSOE institucional y El País por el otro, lo sucedido era muy de prever.

Lo cual no quiere decir que sea justificable. En absoluto. Impedir la libre exposición de las ideas no es aceptable y menos cuando se hace tumultuaria y violentamente. De ningún modo. Toda censura del tipo que sea implica una presunción de infalibilidad de la parte del censor. Téngase en cuenta que, dado el contexto del acontecimiento -unas jornadas a base de conferencias- lo que los exaltados boicoteadores gritaron y exhibieron podían haberlo dicho tranquilamente en el curso del coloquio. Todo. No hacerlo y recurrir a la violencia, la coacción y el boicot es una muestra de inseguridad y debilidad. Solo quien desconfía de sus ideas se niega a contrastarlas en público.

Los dioses del pasado han perdido su aura y son hoy objeto de ludibrio. Tanto que es preciso encontrar alguna razón. Algo que explique esa encendida animadversión que suscitan ambos. Y no se me ocurre otra que recordar cómo los dos personajes, González y Cebrián, han actuado siempre en sintonía, habiéndose esta reforzado con la entrada de Rubalcaba en el consejo editorial del diario. Este aparece así como el puente que une el gobierno de la derecha (de cuyo beneplácito depende económicamente al parecer) con el PSOE. Dado que, a su vez, algunos bancos han invertido en la empresa, es difícil encontrar un símbolo más acabado del poder en la España de la Restauración. Un bloque de poder que influye decisivamente sobre la opinión pública en pro de una política de partido, favoreciendo a unos, atacando y desprestigiando a otros y manipulando la información a extremos grotescos. Esta actividad no es un escrache más o menos tumultuoso y efímero, sino una política deliberada, aplicada día a día, desde poderosos centros de influencia para manipular la opinión pública al servicio de los intereses de la estúpida, corrupta y sempiterna oligarquía española; la maldición de este país.

No es violento, no es tumultuario, pero es igualmente agresivo, si no más. Y es igualmente condenable.

viernes, 23 de septiembre de 2016

La voz del mayoral

El País ambicionó siempre el estatus de "intelectual orgánico" del sistema de la III Restauración borbónica. Porque ha habido tres: la de Fernando VII, El Deseado, la de Alfonso XII, triste de ti y la de Juan Carlos I. Hemos tenido dos fugaces repúblicas y tres interminables restauraciones. El abanderado, el confaloniero de la última, el intérprete de sus designios, el urdidor de su supervivencia, el gran guía de esta transición inacabable es este periódico. Capataz diligente de los designios de la oligarquía española, sector liberal-progresista, El País se enorgullece de seguir las órdenes del amo del cortijo con una mezcla de gracejo servil de mayoral antiguo y aparente eficacia de librecambismo neoliberal.

El editorial de hoy, La deriva de Sánchez, es una pieza a degüello contra el secretario general del PSOE por no doblegarse a los intereses de los que mandan en la empresa y en la banca, los que dictan los contenidos del diario. Este trabajo de matarife lo bordaba antaño Juan Luis Cebrián, acostumbrado a tumbar gobiernos con sus insufribles cuanto pedantes soflamas. Pero ya ha cansado a la audiencia. Ahora entran en la batalla las baterías institucionales. El editorial podría venir directamente de La Moncloa, o ser un producto del mismo Cebrián. Incluso puede serlo de Rubalcaba, recientemente incorporado al consejo editorial del periódico, un lugar muy cómodo desde el que disparar contra su propio partido sin que se note mucho.

De todos los editoriales inicuos y repugnantes que ha publicado el medio, este se lleva la palma. En sus líneas reverbera el orgullo y el desprecio de la España integrista (la que ganó la guerra, como acaba de recordar el psicópata de Interior) con la arrogancia de los sedicentes progresistas y liberales de la "otra España", siempre dispuestos a claudicar ante la derecha nacionalcatólica más cerril. Respira agresividad y hasta odio hacia un solo hombre, Sánchez, que ha tenido el arrojo de plantar cara al conformismo, a la resignación, a la claudicación ante la chulería de una derecha que, como puede verse, está dispuesta a todo para no salir del poder. Está literalmente fuera de sí pues no consigue trasladar sobre las espaldas del socialista la culpa de un bloqueo que recae exclusivamente sobre el presidente de los sobresueldos, obstinado en no cambiar la poltrona del poder por el posible banquillo de los acusados.

Acusa el editorial a Sánchez de irresponsable por anteponer su interés personal al general de España. Justo lo que hace Rajoy con todo descaro. Pero eso ni se menciona. Rajoy tiene derecho a bloquear; Sánchez, no. ¿Por qué? Porque El País es el periódico de Rajoy, el mayoral porcino de la piara. ¿Y qué decir de eso del "interés general de España"? Resulta que este interés manda que gobiernen los mismos que han robado a mansalva, destrozado y arruinado el país y lo han hundido en el descrédito internacional más profundo. Manda asimismo que se condone la corrupción sistemática de un partido cinco veces imputado en procesos penales y abarrotado de ladrones, sinvergüenzas, comisionistas, dafraudadores y delincuentes organizados. Manda también que se les garanticen otros cuatro años de arbitrariedades, enchufes, malversaciones y despilfarros.

El "interés general" de España manda que siga en el poder un gobierno de franquistas cuya finalidad es revertir los escasos avances democráticos conseguidos hasta la fecha. Manda involucionar, desmantelar el Estado del bienestar a base de esquilmar el erario y lo que quede, dejárselo a la beneficencia privada. Manda esclavizar a los trabajadores, estafar a los contribuyentes, expoliar a los pensionistas, desamparar a los dependientes, expulsar a los jóvenes, someter a las mujeres, rechazar a los refugiados e inmigrantes, entre otras formas de injusticia.

Sánchez resiste apoyado por las bases, la militancia y los votantes, elementos que han resultado ser más eficaces de lo que los señoritos del capital calibraban porque contra ellos no se han impuesto los chantajes de la derecha. Tampoco la hipocresía de la "verdadera" izquierda (esa que dice que no quiere ser encasillada en el PSOE o el PCE pero lleva al PCE en sus listas electorales), ni los bancos, ni la Iglesia, ni los socialistas submarinos del PP, ni todos los medios, tertulianos y demás patulea. Algo en verdad milagroso porque el secretario general solo cuenta con ese respaldo. No tiene la abundancia de medios de que disponen los demás, sobre todo el PP y Podemos, con sus canales de televisión y medios digitales a tope de "auténticos creyentes".

Sánchez no tiene más que la confianza de la gente (cosa de la que los otros tres carecen por su falta absoluta de lealtad), la buena fe y la convicción cada vez más extendida en que aquí nos jugamos una cuestión de dignidad y autoaprecio. Si nos resignamos, si claudicamos, será cuando el país se hunda.

Desde El País se recurre a la amenaza de desequilibrar el PSOE, algo preocupante porque ahí se nota también la larga mano de Rubalcaba y se formulan falacias vergonzosas como que no es posible gobernar con 85 diputados, que son el 25% de la cámara. Falso. Hay países europeos gobernados en coalición con similares porcentajes. No se gobernaría con 85 diputados sino con 150, quizá con 170 o mayoría absoluta. En todo caso, similar es la pretensión de dar el gobierno a 135 diputados, que es el 33% de la cámara. Pero esto, como la responsabilidad del bloqueo, no se menciona. El PP tiene más derechos que el PSOE. ¿Por qué? Porque lo dice El País, que es su periódico.

De los números, El País lleva sus sofismas a los contenidos. Las sumas de posibles aliados del PSOE son absurdas, heteróclitas, nada de fiar, una receta para el caos. Este puede ser el único argumento aceptable del periódico. Podemos, la "verdadera" izquierda de IU y los morados, lejos de facilitar el camino a la formación de una gobierno de izquierda, lo han dinamitado. Sobre el desbarajuste de unas confusas crisis orgánicas e ideológicas se impone la arrogancia y la agresividad de unos neobolcheviques incapaces de moderar sus pulsiones más elementales, narcisistas y revanchistas. Efectivamente, ese gobierno de coalición no es posible pero no porque los números no den, sino porque no da la inteligencia de los dirigentes de Podemos.

Así que terceras elecciones. Es la salida más acertada y la más legítima. En democracia las cuestiones litigiosas se resuelven votando. Rajoy y sus pregoneros dicen que el PP ha ganado las elecciones dos veces seguidas. Mentira. Las ha perdido, como todos los demás. Que sea la minoría mayoritaria no lo hace ganador como se prueba viendo que no gobierna. Hay que esperar una mayoría suficiente para gobernar y la hipótesis que va tomando cuerpo es que pueda conseguirla el PSOE. Justo lo que la derecha y Podemos no quieren. Pues ya saben: pacten.

lunes, 12 de septiembre de 2016

El quatre gats independentistes

Enhorabuena a los catalanes. Un año más, un ejemplo de reivindicación nacional, independentista, pacífica, democrática y en masa.

Si hace cinco años alguien hubiera dicho que todos los periódicos y los medios españoles abrirían con la noticia de la Diada (así como muchos y muy importantes extranjeros), casi nadie lo habría creído. Cataluña no era un problema. Los independentistas, cuatro gatos a los que nadie hacía caso. La cuestión catalana carecía de importancia en la política española.

El presidente de los sobresueldos, con su habitual perspicacia, calificaba la diada de 2012 como una algarabía. Ahora le dedicó algo más de tiempo y expresó su deseo de que la Diada fuera tranquila y democrática. Dos minutos más y dice lo del sentido común. Los dislates y las provocaciones este año han quedado adjudicadas a García Margallo, ese descendiente de familia militar africanista con un sentido del humor de cuarto de banderas, al decir que un atentado terrorista se supera pero la independencia de Cataluña es para siempre. ¿Queda alguna duda del tipo de personal en el gobierno hace ya casi cinco años?

Solo Palinuro clamaba en el desierto advirtiendo de que el independentismo catalán llevaba la iniciativa política mientras que el nacionalismo español actuaba a la defensiva, carecía de plan y proyecto y ni siquiera entendía la naturaleza de la cuestión a la que se enfrentaba.

Algunas cosas han cambiado. La derecha gobernante parece estar ideando planes de respuesta a la reivindicación independentista. Se los han encargado al ministro del Interior, quizá por su enchufe con las potencias celestiales. Según él mismo y sus hombres confiesan en unas cintas que van camino del juez, consisten en hacer la guerra sucia al independentismo, supuestamente destrozándole el sistema sanitario o, incluso inventándose chanchullos financieros.

Igualmente, los periódicos nacional-españoles ya admiten que la movilización popular es impresionante. Pero coinciden en señalar que va de retirada. El País habla de una "Diada menos concurrida" y La Razón sostiene que está "desinflándose". Y montan la habitual porfía sobre la cantidad de asistentes: 800.000 este año frente al 1,4 millones del año pasado. Dudo de que el año pasado esos medios admitieran que la asistencia había sido de 1,4 millones. Pero eso es irrelevante. La cuestión es: si tan seguros están de que el independentismo no tiene mayoría, de que son cuatro gatos, de que los no independentistas son la mayoría, ¿por qué no autorizan un referéndum que es la forma más rápida, clara y precisa de salir de dudas? ¿Que no es una cuestión de números sino de principios? Entonces, ¿por qué discuten los números?

Los que no se discuten son los números del mitin de la Societat Civil Catalana y el de En Común Podem que han sido muy moderados, sin comparación con la manifa independentista. 

Bueno, pero en este última estaban integrados los de Podemos y la masiva oleada de la calle no pedía la independencia, sino el referéndum. Tal sostiene, si he entendido bien, la señora Colau. Y también la señora Ubasart en diálogo con el señor Baños. La mayoría, parece pues sostener Podemos, no es independentista sino partidaria de un referéndum pactado con el Estado. El derecho a decidir no puede ejercerse unilateralmente. 

Los de Podemos aún no han señalado la coincidencia de su posición con la de Puigdemont cuando anuncia que el 28 de septiembre, respaldado por la confianza del Parlament, pedirá un referéndum al Estado. Lo harán apenas caigan en la cuenta.  ¿Acaso no es lo que ellos dicen?

Pues no. Puigdemont no necesita pactar nada. Pide lo que cree le corresponde y, si no se le concede, él sigue con su hoja de ruta y proclama la independencia unilateralmente. Justo, lo que no puede hacerse, según Podemos. Por eso mismo razona el señor Dante Fachín que Junts pel Sí y la CUP están embarrancados (o algo así) en su hoja de ruta. Lo lógico es proponer un referéndum pactado con el Estado.

Llegados aquí, no merece la pena seguir. Basta con contestar a una pregunta así formulada: sabemos que el Estado jamás pactará un referéndum catalán pero, imaginando que tal cosa fuera posible, ¿cómo se conseguiría con mayor seguridad, por la vía de Podemos o la de JxS?

Por si acaso, quien quiera estar informado de estos pormenores, que lea medios extranjeros. Los más importantes cubrieron la Diada. La cuestión se ha internacionalizado y el gobierno del Estado no sabe hasta qué punto porque, entre otras cosas, no habla lenguas.

Para acabar de complicar las cosas, los independentistas reclaman un Estado propio y... republicano. En ese punto tiene la izquierda española una vergüenza por tapar porque admite que la defensa de la nación española coincide con la de la monarquía. Ni siquiera se atreve a formular un proyecto republicano en la esperanza (probablemente vana) de que una República española pudiera entenderse mejor con los catalanes.

domingo, 4 de septiembre de 2016

La izquierda y la libertad de expresión


La cadena SER ha despedido al periodista Fernando Berlín. Él mismo resume su opinión en Twitter del modo siguiente: "Tras 18 años, La Ser me ha despedido. Profunda tristeza. Sabíamos q no iban a ser tiempos fáciles. El lunes os cuento en La Cafetera". Algunos de sus amigos y compañeros en otros medios, en concreto el suyo, Público, han hablado de ataque a la libertad de expresión. El mismo diario Público, un órgano de prensa de Podemos, hace referencia a que, unos meses atrás, la SER también despidió a Ignacio Escolar, director del digital Diario.es, igualmente portavoz de Podemos, y señala que Berlín venía siendo muy crítico con el PP y mostraba cierta proximidad a Podemos. No hay duda, ¿no? La izquierda, víctima de ataques a la libertad de expresión.

Piano. La SER, el grupo Prisa en general, es una empresa privada y, dentro de la legalidad (supongo) contrata y despide a sus colaboradores como le da la gana, siguiendo criterios que, también supongo, serán de rentabilidad económica. Pero si son de puro enchufe como, de hecho, son en la mayoría de estas empresas en todos los sectores productivos, nadie tiene mucho que decir. Los empresarios contratan y despiden a la gente jugándose el dinero de su bolsillo, no el público y, por lo tanto, no tienen que atenerse a los criterios de mérito y capacidad como debe (o debiera) hacer la Administración Pública. Todo eso, claro es, tiene poco que ver con la libertad de expresión en ningún sentido. El hecho de que sea un despido tras 18 años será más o menos significativo para Berlín pero es irrelevante. En este país se resuelven contratos laborales tras 18 días.

Palinuro ha sido expulsado de bastantes medios de comunicación, incluido el grupo Prisa. Siempre entendió que su cese se debía a sus opiniones políticas. Así como sus opiniones políticas son responsables de que no esté en ningún medio escrito o audiovisual español; sí lo está en otros catalanes. Pero nunca se le ha ocurrido convertir sus relaciones laborales con empresas privadas en un episodio de la lucha por la libertad de expresión. Entiende que sus opiniones no encajan con la doctrina de ningún grupo español de comunicación, razón por la cual tiene su propia plataforma de expresión en este blog y en las redes y, por cierto, con bastante audiencia. Lo mismo que sucede con Fernando Berlín, que tiene su plataforma en Radio Cable, aunque con la diferencia en relación a Palinuro, de que la suya está incrustada en el diario Público mientras que Palinuro va por libre igualmente en esto y no tiene condicionantes.

Público también es una empresa privada y un medio de comunicación. Y hace exactamente lo mismo que la SER con los colaboradores que no le son gratos: los despide, como procedió hace unos años con el novelista Rafael Reig. A otros que tampoco son de su gusto, cuerda o preferencias personales de sus jefes, no les da entrada. Como la SER, como todos. Y no se ve por qué lo que hacen unos no puedan hacerlo otros. Los colaboradores de los medios lo son porque se identifican con su línea ideológica y sus intereses. Forman grupos, tendencias, cuadrillas; se apoyan unos a otros, hablan bien otros de unos, son benévolos con sus respectivas producciones y es muy raro que alguno cambie de bando. Los grupos de amistad y favores tienen comportamientos que los economistas llaman "inelásticos".

Todo eso forma parte de la teoría y la práctica del libre mercado, pero insisto en que tiene poco que ver con la libertad de expresión. El mundo no va a ser mejor ni peor porque el señor Berlín se asome a él o no desde la SER o siga haciéndolo desde Público, en donde coincidirá con otros de su línea y convicción y se verá libre de los que tengan otras, bien porque sus jefes los hayan despedido o ya de entrada, no los hayan admitido. Público es un órgano de prensa de Podemos lo cual no solo compromete la libertad de expresión, cosa que es irrelevante, sino también la de información, cosa que no lo es.  En efecto, el mensaje monocorde de esta organización es que está censurada y silenciada por los medios de comunicación siendo así que dispone de dos cadenas de televisión a su servicio y tiene una presencia mediática tan abrumadora que está a punto de perder las elecciones por ella. Y Público, con Fernando Berlín dentro, sirve para mantener esta superchería.

Móntese el señor Berlín su propia plataforma, ajustada a su exclusiva convicción personal y si ahí sufre exclusión o represión, sí será de verdad un ataque a la libertad de expresión. Mientras no sea el caso no pasará de ser un reacomodo de cuadrillas con o sin ajustes privados de cuentas.

viernes, 2 de septiembre de 2016

NO sigue siendo NO

Cualquiera que haya visto la primera sesión de la segunda guerra de la investidura habrá llegado a la conclusión de que el presidente de los sobresueldos ha cosechado lo que lleva casi cinco años sembrando: oposición, desconfianza,  animadversión, movidos por su talante embustero, abusivo y fascistoide. Él, a su vez, ¿qué ha hecho en los últimos ocho meses? Nada o menos que nada. Hurtó el cuerpo en la primera ronda y ha venido a la segunda a rastras, tras dilatarla dos meses. No ha tomado ninguna medida, ni propuesto cambio alguno en sus políticas ultrarreaccionarias ni en las personas que las llevan a cabo. Y juega con insoportable ramplonería a chantajear a la gente con la fecha de las terceras elecciones si no se le elige.

Se niega a aceptar la evidencia misma: que él es la causa principal del bloqueo. El bloqueo es su responsabilidad, igual que la corrupción que caracteriza su partido y su gobierno. Pero así como la corrupción no lo ha llevado a dimitir por pura decencia personal, tampoco el bloqueo le motiva a quitarse del medio. Es el absurdo empecinamiento del hombre en conservar la poltrona y, con ella, el aforamiento, el que tiene bloqueada la política y paralizado el país.

Bien, pues miren ustedes las portadas de la prensa de papel de ayer. Parecen los periódicos del Movimiento Nacional. Todos dicen lo mismo con mala o con peor intención. Pero lo mismo: el culpable del bloqueo es Pedro Sánchez. Añadan las tertulias, las radios, las televisiones. Todas cargan contra él y piden la abstención del PSOE en la segunda vuelta. Sumen las voces en todos los tonos de diversos prohombres y alguna promujer, reclamando sentido del Estado a Sánchez para que se abstenga y permita que gobierne Rajoy, aunque, en frase muy significativa de González, no lo merezca. Un argumento cuya pretensión de altura de mira política y moral no puede ocultar su fullería pues, si no se gobierna por merecimiento, ¿por qué se gobierna? ¿Por la fuerza? ¿Por la intriga? ¿Por el dinero? Para eso no hacen falta elecciones. Ni democracia.

En fin, un agobio para Sánchez que, afortunadamente, no se reiterará hoy porque hasta los más cerriles "moderados" de todas las tonalidades han asimilado ya el segundo NO. Por cierto el único ámbito en el que parece predominar una actitud favorable a Sánchez es en las redes. Espero que esto no impulse a los trolls de los otros partidos a inundar twitter de ataques a su persona.

La refriega retornará mañana. Pero a ella se incorporan un Rajoy derrotado dos veces, sin crédito, desprestigiado y  embadurnado de corrupción y un Sánchez que ha demostrado la tenacidad y la fuerza de mantenerse frente al aluvión de presiones. Como suele suceder, sus adversarios minusvaloraron sus cualidades de liderazgo y resistencia. Un respeto para este hombre que se hizo con la Secretaría General casi de carambola, llevó al partido al peor desastre electoral de la historia reciente y acabó unificándolo tras su negativa a facilitar el gobierno de una derecha corrupta.  Negativa con derrota que le ha dado el aura del vencedor. 

Palinuro no tiene confianza en las capacidades especulativas de Sánchez, no comparte su actitud  dinástica, olvidada la República,  ni está de acuerdo con su nacionalismo español ortodoxo. Un nacionalismo secularmente fracasado que solo se impone por la fuerza y que lo asimila al de la derecha con una sola diferencia cuantitativa respecto a la dureza o flexibilidad de los tratos con ls independentistas. Este desacuerdo no solo se refiere a cuestiones de principio, a las que es reacio Sánchez por sus aristas teóricas y, eso, especulativas, sino que afecta a intereses del mismo PSOE. El nacionalismo español ortodoxo (variante federal) ha reducido notablemente el voto socialista en Cataluña pero, justamente, la aportación de diputados catalanes era esencial para que el PSOE aspirara a la mayoría en San Jerónimo. Tanto por razones de principio como de conveniencia, el PSOE haría bien en revisar su actitud frente al independentismo, empezando, desde luego, por la cuestión del referéndum. 

Esta repentina resistencia opositora del PSOE ha dejado a Podemos aferrado a una vana ilusión: la de ser el referente obligado de la izquierda y la oposición a Rajoy. El NO de Sánchez sitúa a los morados en la precariedad de entrar en una alianza con el PSOE que sería como las horcas caudinas o ir a unas terceras elecciones que pintan muy sombrías. No obstante, la jefatura, a la que cuesta ver la realidad, sigue soltando bravatas. El partido cuyo grupo parlamentario tiene cuatro portavoces, señala que "desgraciadameente" hay una guerra interna en el PSOE, pero que ojalá salga íntegro y dispuesto a entregarse a Podemos.

Pero estos asuntos de la izquierda son ya lo de menos. Tampoco lo es lo de los independentistas catalanes que, como es lógico, van a su bola. Ahora lo importante es si en este agitado mes de septiembre se produce algún acontecimiento que obligue a unos u otros a cambiar de actitud y, quizá forzar la formación de algún tipo de gobierno o si es mejor ir ya a las terceras elecciones.

martes, 19 de julio de 2016

El franquismo sociológico

Con motivo del 18 de julio, exaltación del golpismo militar delictivo español, los de TeleSUR me hicieron una entrevista que van a ir poniendo por fases. Según me vayan llegando, las iré subiendo. En este caso se trataba de ver si podíamos identificar eso que llamamos el franquismo sociológico, es decir ese veinticinco o treinta por ciento de la población directa indirectamente beneficiados por la dictadura, su arbitrariedad, su corrupción, su favoritismo. Más o menos, el pocentaje de votantes fieles del PP, partido franquista, fundado por un ministro de Franco y poblado hasta las tejas de nostálgicos del franquismo, herederos ideológicos y biológicos de la dictadura. Cuando se dice dictadura se dice un régimen ignominioso, tiránico, brutal, que infantilizó a la población, sometida al terror y el sistemático lavado de cerebro de los falangistas, los medios de comunicación, la Iglesia, el sistema educativo, etc. Se dice una población despojada de sus derechos fundamentales, acobardada, imposibilitada de protestar y, en buena medida -en la medida de este "franquismo sociológico"- feliz de intercambiar libertad y dignidad humana por la aparente seguridad del paternalismo más despreciable.

Volveremos sobre todo ello llegado el momento.

lunes, 4 de julio de 2016

El comunismo de Podemos y sus difamaciones

En este vídeo de La Tuerka, Jorge Verstrynge, "explicando" las causas del fracaso de Podemos, argumenta que una de ellas es la acusación que se les hacía de ser comunistas. Como prueba, aduce que Ramón Cotarelo -o sea, yo- llevaba meses dándole la turrada con la manía anticomunista. Sí, efectivamente, cada vez soy más anticomunista viendo cómo las gastan estos difamadores. En este caso concreto, sin embargo, hay que hacer una precisión: ni meses, ni días, ni horas. Yo no he llamado ni hablado a Verstrynge para nada. Al contrario, a raíz de las elecciones del 20 de diciembre fue él quien estuvo bombardeándome con whatsapps y llamadas para que le dijera qué había que hacer en las votaciones de investidura y ofreciéndose a intermediar entre Iglesias y yo, cosa a la que me negué.

El vídeo de marras con esas trolas está aquí:




Un ejemplo más de las tácticas de propagar mentiras e infundios sobre los demás sin permitirles responder. El comunismo es eso: mentir, manipular, censurar y difamar.

Y ahora dicen que ellos son la socialdemocracia. Mucha risa.

jueves, 30 de junio de 2016

Esta conferencia queda cancelada.

No cuadran los horarios y es imposible que llegue a Barbastro a la hora anunciada.

Palinuro dará la conferencia en otro momento y lugar y, por supuesto, avisará con la coorespondiente antelación.

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Mañana, viernes, 1º de julio, a las 12:00 Palinuro pronunciará una conferencia sobre el candente tema de sistema de partidos y sistema mediático en España. Lo hará en el Centro Asociado a la UNED de Barbastro, en el seno de un curso de verano que se llama Retos de la organización política en España y en el que participan gentes tan capacitadas, competentes e importantes que el pobre Palinuro se siente un intruso. Tratará de estar a la altura de las circunstancias, lo sé, porque es muy suyo, pero no puede olvidarse que el tema que le han asignado tiene muchas dificultades y equivale al intento de analizar y clasificar convenientemente una pelea de "saloon" en el salvaje Oeste, en la que vuelan las botellas y las personas se sientan en las sillas pero de cabeza.

No obstante, como el curso se llama "retos", así se lo ha tomado él. Como un reto. Ya veremos cómo se desenvuelve. Soy escéptico.

Allí nos vemos mañana. Entrada libre.

jueves, 28 de abril de 2016

De censores y fanáticos

¿Cómo se incuba el fascismo?

El despido de Ignacio Escolar de la SER nos ofrece por casualidad un buen ejemplo para considerar cómo determinados comportamientos son causa y efecto de un mal venenoso que va corroyendo las sociedades hasta convertirlas en verdaderos cuarteles y espacios distópicos de obediencia ciega al mando revestida de espíritu crítico.

Cebrián ha despedido fulminantemente a Ignacio Escolar de la SER por las razones que el propio Escolar explica aquí desde su punto de vista. O sea, su despido es una represalia y un ataque a la libertad de expresión. El despedido ha tenido de inmediato la solidaridad de otros colegas de su misma orientación ideológica, entre otros, Ana Pastor y Jordi Évole, y ha provocado aludes de protestas en las redes a cargo de los trolls de Podemos, una subespecie de homínidos que tuitea compulsiva e insultantemente cuando se le ordena. Empezó Íñigo Errejón asegurando que el despido de Escolar era una mala noticia para la libertad de expresión.

Tengo la peor opinión de Cebrián como persona, como periodista, como intelectual y excuso decir como empresario. Lo considero manipulador, censor, farsante, autoritario, intolerante, injusto y empresarialmente un inepto. Pero no es estúpido y estoy seguro de que, si inicia acciones judiciales contra Escolar y quienes difunden las historias, se habrá asesorado jurídicamente y los abogados le habrán dado seguridad de que su litigio prospere. Y, en todo caso, la SER es una empresa privada y toma sus decisiones por criterios que no tiene por qué justificar. Tanto cuando despide como cuando contrata, igual que cuando toma medidas tan repugnantes como prohibir a sus periodistas que colaboren con otros medios. Escolar llevaba en la cadena diez años, desde 2006. ¿Cómo entró? Por una decisión subjetiva de alguien que tampoco fue preciso justificar. En realidad, prácticamente todos los nombramientos y desnombramientos de las empresas privadas son por enchufe. Se supone que se siguen criterios de productividad, pero eso no es obligatorio. ¿Cómo entró Escolar? Pues como ha salido: por una decisión a dedo, por enchufe.

En todo caso, cuando, hace unos años, la misma SER despidió a Carlos Carnicero y este habló de ataque a la libertad de expresión, Escolar, quien sutituyó al despedido en el programa en que estaba el
otro, escribió lo que puede leerse a la derecha. Suena razonable. Así es la vida. Las empresas toman sus decisiones según sus criterios de renovación, modernización y eficacia. Criterios empresariales. Y si se te ocurre quejarte de que es un atentado contra la libertad de expresión, te comparan con butanito. No sé si en aquel momento esto fue una buena idea pero, como recurso literario y juicio moral es bastante despreciable.

Pero hay más. Hace algún tiempo, el mismo Escolar puso en la calle sin explicación alguna y de la noche a la mañana a uno de sus más apreciados y seguidos columnistas, Rafael Reig, una pluma brillante y un hombre con valor. Según parece el columnista de Carta con respuesta, que era de una irreverencia genial, se había metido con Podemos. Y, zas, a la calle. Algunos lectores se interesaron por el repentino e inexplicado hueco que dejaba Reig y el defensor del lector del diario.es, dirigido por Escolar tuvo que dar cuenta de la cuestión basándose como punto central en una explicación que pidió a Escolar y que este ofreció ex post facto y porque no le quedó más remedio pues, si los lectores no protestan, no hubiera habido explicación alguna. Por lo demás, la que dio tampoco merece nombre de tal pues fue la habitual sarta de vaguedades y circunloquios sobre la modernización y agilización de plantilla y cambios y blablabla. Por supuesto, los habituales abajofirmantes solidarios, las Pastor y los Évole no aparecieron y las legiones de trolls de Podemos se mantuvieron silentes.

No sé qué entenderá Errejón por libertad de expresión y mucho menos las bandas de fanáticos que le siguen en las redes e insultan a todo discrepante, pero me lo malicio. Libertad de expresión para Podemos es tener medios a su entera, incondicional y acrítica disposición, como Público, diario.es, la cuatro, la sexta, repletos de enchufados, amigos y parientes y callar a los que no sean de su cuerda, acusándolos de manipulación y censura.

Manipulación y censura exactamente como la que hacen en Podemos, cosa que estoy en situación de probar por experiencia personal y quizá cuente en algún momento. 

La penúltima muestra de cómo entienden estos cuates la libertad de expresión se vio hace unos días cuando Iglesias arremetió contra un periodista que estaba cubriendo la información de un acto suyo. Es decir, cuando arremetió no contra las empresas que, siendo eso, empresas, como las que lo apoyan a él, hacen mangas capirotes con la dicha libertad; no contra los periodistas endiosados, los popes mediáticos, sino contra un currante que estaba trabajándose la noticia. 

A través de estos viscosos senderos de parcialidad, censura, engaño, fanatismo y linchamiento de discrepantes se incuba el fascismo. Ya lo vivimos una vez y no vamos a repetir la experiencia.

Hoy, Palinuro en PuntCat TV3 por la noche

A Palinuro no lo llaman jamás a ninguna tele ni radio de España, de las que hay a patadas en Madrid. De esas tan liberales, plurales, democráticas y tolerantes. Nunca. Jamás. Y todavía menos a las de "izquierda". Veto absoluto y total. Lista negra, azabache. Hacen bien. Es un criterio muy profesional. Al fin y al cabo, en el Estado sobran las gentes españolas que defiendan el derecho de autodeterminación de los catalanes. Las hay a porrillo. Y, como salen tanto, aburren ya a todos. Es mucho mejor y de más interés sacar a los de Podemos hablando de Podemos en relación con Podemos y quejándose de cuánto se persigue e ignora en los medios a los de Podemos.

A Palinuro solo lo llaman de vez en cuando en algún medio catalán. Por ejemplo, ahora, en TV3PuntCat. Claro, es comprensible. Siendo medios catalanes, son separatistas, secesionistas, insolidarios y, cómo no, nazis, racistas, excluyentes, fascistas, con un punto genocida. Y por eso llaman a Palinuro, cuyo talante franquista es bien conocido. Así todo queda en casa.

¡Qué duro es mi aprendizaje! Tendré que contenerme y escuchar a gente civilizada y demócrata sin poder denunciarla al señor Bernard, de Manos Limpias, que está de excedencia carcelaria.  En fin, un saludo de antemano a Neus Tomàs, Gabriel Rufián,  José Zaragoza, Gemma Ubasart y Vicent Sanchís, personas a las que respeto y aprecio en sumo grado.

Este programa se puede ver en toda España y por internet, desde luego. Recomiendo a mis compatriotas que lo vean. Van a encontrar otro país, otras formas, otro talante, otras gentes y, sin duda, van a entender algo más de lo que está pasando sin que se lo cuente ningún españolazo de derechas, de izquierdas o de centros.

lunes, 4 de abril de 2016

La entrevista revelación

Muchos dirán-ya están diciéndolo- que Rajoy sobrevivió a la entrevista de Évole; que se le escurrió entre los dedos; que, con su habitual marrullería, desarmó al periodista. Que ganó un combate, vamos.

Mentira.

La entrevista fue un triunfo de Évole. Quizá la mejor que haya hecho. Da las claves para entender, no ya la personalidad del presidente de los sobresueldos, nada difícil de entender, sino su supervivencia en el gobierno. Es la entrevista que revela la verdad de este asombroso fenómeno de que una supuesta banda de ladrones, dirigida por un presunto corrupto, cobrador de dinero en negro, gobierne "una gran nación" y tenga expectativas razonables de seguir haciéndolo.

Pero hay que entenderla. Entender la entrevista.

Rajoy amontonó todos los topicazos, lugares comunes, sinsorgadas y puras estupideces que lleva cuatro años repitiendo: la inmensa mayoría no delinque (como si eso exculpara a los delincuentes o a él en su posible complicidad con ellos); no recuerdo (igual que no recuerda la Infanta, ni su marido, ni Barberá, ni ninguno de estos); no conozco el asunto de que habla (referido a cualquier latrocinio de los organizados por la gente de su partido); la gran mayoría de los políticos (y él se incluye) cumplimos con nuestro deber (como si eso justificara a los que roban); me equivoqué enviando un SMS a Bárcenas (reconoce "equivocación" como Juan Carlos I, pero solo porque los han pillado); conscientemente, no mentí (o sea, mentí, pero no era yo; era mi inconsciente).

¿Cómo es posible que un tipo de esta catadura intelectual y moral presida nada en ningún sitio y menos un país europeo, aunque sea España? Porque la entrevista -insisto, ejemplar, dura, cristalina- lo dejó todo claro. Muchos dicen que tal cosa es posible porque hay millones de personas, de las que tienen la peor opinión, que lo votan. Yo mismo he caído en esa simplificación de la que ahora me curo gracias a Évole. Porque la siguiente pregunta es: ¿y cómo es posible que millones de personas sigan votando a estos pájaros en contra de sus intereses?

Esa es la pregunta. Y la respuesta es: porque los medios de comunicación, los intelectuales, los partidos de la oposición, en resumen, los organismos intermedios entre los gobernantes y la gente, que son quienes tendrían que ejercer la crítica e ilustrar a la opinión pública no lo hacen porque son unos inútiles, unos vagos, unos cómplices o todo a la vez.

La gente, los votantes, tienen muchas cosas en que pensar, tiene que salir adelante en condiciones de vida muy difíciles, enfrentándose a montones de problemas, no tiene tiempo de seguir la política, sobre todo la de unos tipos tan sinvergüenzas y embusteros como la presunta banda de ladrones. Confía, entonces, en que sus otros representantes, los políticos de la oposición, los medios de comunicación, las instancias críticas del país, ejerzan su función.

Pero no lo hacen. En ningún país democrático del mundo sería presidente del gobierno un irresponsable como Rajoy y sus sobresueldos. En ninguno. Pero es que en ningún país democrático del mundo la prensa y la oposición hubieran dejado un solo día de exigir su dimisión, de pedir una moción de censura, de movilizarse. En ningún país democrático del mundo esta banda de presuntos ladrones habría podido estar robando veinte años a manos llenas y repartirse las tarjetas black sin que pasara nada.

No es la gente la que falla. Es la oposición, los medios, los intelectuales comprados y silenciosos, son los "cuerpos intermedios" los que fallan y no cumplen con su deber. Es la cobardía de una oposición incapaz de plantear una moción de censura a esta banda de impresentables que, además se han declarado en rebeldía.

Y eso es lo que esta entrevista de Évole deja patente, claro, en primer plano. El sobresueldos está ahí, dando lecciones porque la oposición, los medios, los publicistas e intelectuales no cumplen con su deber.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Palinuro en el Congreso

Palinuro estará hoy, miércoles, en El matí de Catalunya Ràdio, el programa de Mònica Terribas que se emitirá directo desde el Congreso de los Diputados. Estaré de 12:00 a 13:00, supongo que comentando las intervenciones y las incidencias de la mañana según se produzcan. Es un gran honor para mí. Me gusta mucho el estilo enérgico de esta periodista.

Ya comentaré luego mis impresiones o quizá vaya tuiteándolas.

jueves, 18 de febrero de 2016

Tiburones y pirañas

Con el gobierno de esta presunta banda de ladrones, presidida por el Sobresueldos, se han roto los últimos diques de la escasa moral social de España y estamos viendo uno tras otro, los grandes escándalos financieros, las enormes estafas, el robo organizado que han perpetrado empresarios, políticos, cargos públicos, todos ellos aleccionados por las tramas mafiosas que aquí se llama "partido político". Al descubierto está quedando un país de tiburones con estafas de cientos de millones de euros.

De tiburones y de pirañas. Por el responsable del comité de empresa de Telemadrid en su testimonio ante la comisión de la Comunidad que investiga la corrupción en la tele de Aguirre, nos hemos enterado de que, desde el minuto uno del gobierno del partido popular se puso en marcha una operación de colonización del medio por periodistas, tertulianos afines al PP y pagados con cantidades estratosféricas a cambio de su propaganda a favor del gobierno de Aguirre. Con dineros públicos, con nuestros dineros como contribuyentes. Y eso mientras la empresa, en la ruina al haberla esquilmado, despedía a ochocientos trabajadores en un ERE.

La pauta es siempre la misma: pájaros que se prestan a cantar las excelencias de un gobierno de sinvergüenzas a cambio de jugosa paga. Pirañas que saquean el erario a base de soltar soflamas contra todo lo público y a favor de la privatización, pero cobran dinero público.

Todo lo que tiene que ver con esta banda de ladrones es repugnante. Y lo de estos mercenarios con mayor motivo.