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jueves, 17 de agosto de 2017

Una carta de hace dos años al rey

Mi amigo Bernat me comunica que la ha llegado por Whatsap esta carta abierta a Felipe VI con el siguiente mensaje: "La carta d'un català al Rei Felipe VI que fa furor a la xarxa". La carta es mía. No tengo nada en contra de que se me atribuya la nacionalidad catalana, al contrario, me siento orgulloso. Pero sí tengo contra la costumbre de reproducir textos suprimiendo la autoría. Palinuro está todo él en Creative Commons y por lo tanto, la reproducción de sus contenidos es libre con las solas limitaciones de no desfigurarlos, no hacerles decir lo que no dicen y reconocer la autoría. Eso es elemental. Si se difunde con estas condiciones, no hay problema alguno. La carta se publicó el 24 de julio de 2015, hace más de dos años y estoy encantado de que tenga tanta difusión. Ya la tuvo entonces, razón por la cual, me decidí a subir un vídeo a YouTube leyéndola íntegra y que reproduzco aquí:





Hoy podría volver a escribirse pues sigue siendo actual.

Para quienes quieran leerla como salió,la reproduzco aquí:

Estimado señor: en 1716, un antepasado suyo, Felipe V, abolió de un plumazo los derechos y libertades catalanas tras someter Barcelona mediante conquista militar. Trescientos años después quiere el destino que venga usted a impedir que los recuperen.

Acaba usted de espetar un discurso a un gobernante democrático, elegido por las urnas, como usted no lo ha sido, cuyo contenido esencial reside en recordar la necesidad de respeto al principio de supremacía de la ley, sin el cual, no es posible la sociedad civilizada.

¿Con qué autoridad dice usted eso a un presidente que, como él mismo señaló en una entrevista posterior, nunca se ha saltado la ley? Contestemos a esta fastidiosa pregunta.

Su autoridad personal en la materia que, a fuer de republicano, este blog no reconoce, es inexistente. Su poder viene directamente de la designación de un militar golpista, un delincuente perjuro que se alzó contra su gobierno y usted no ha tenido el coraje ni la gallardía de refrendarlo mediante una consulta a la ciudadanía, un referéndum en el que esta decida si quiere seguir con la monarquía o prefiere la República, el último régimen legítimo que hubo en España, pues el suyo no lo es.

Usted carece de autoridad pero se hace eco de la del gobierno español, ese sí, elegido por sufragio universal. Es este quien ha enviado a usted a Cataluña a recitar el catón elemental del Estado de derecho: el respeto a la ley, que a todos nos obliga, incluidos los gobernantes.

En términos abstractos esto es cierto. En términos concretos, aquí y ahora, en España, no solo no lo es, sino que es una burla. El gobierno que exige a Mas el cumplimiento de la ley, la cambia a su antojo, unilateralmente, sin consenso alguno, valiéndose de su rodillo parlamentario cuando le conviene, de forma que esa ley ya no es una norma de razón universal, general y abstracta que atienda al bien común, sino un dictado de los caprichos del gobierno del PP que, como sabe usted perfectamente, es el más corrupto, arbitrario e incompetente de la segunda restauración. Un solo ejemplo lo aclara: el mismo día que el presidente de ese gobierno, un hombre sin crédito ni autoridad algunos, sospechoso de haber estado cobrando sobresueldos de procedencia dudosa durante años, denuncia que los soberanistas catalanes intentan "cambiar las reglas del juego" al desobedecer la ley, sus acólitos presentaban un proyecto de ley de reforma del sistema electoral español para cambiar las reglas de juego a tres meses de unas elecciones. Y nadie en España, ni un medio de comunicación, ni un publicista ha denunciado esta arbitrariedad, esta ley del embudo.

Ciertamente, los gobernantes dicen que, si a los catalanistas no les gusta la ley, pueden cambiarla, pero legalmente, como han hecho ellos. No tengo a usted por una lumbrera, pero imagino que no se le escapará la impúdica hipocresía de este razonamiento pues los catalanes jamás serán mayoría en cuanto catalanes en España y, por tanto, no pueden materialmente cambiar la ley y están condenados a vivir bajo la que la mayoría les impone. Siempre. Por si no lo sabe usted, eso se llama "tiranía de la mayoría" y es tan odiosa como la de la minoría.

No, señor, el asunto ya no es de respeto a la ley. El asunto es de legitimidad, o sea mucho más profundo y antiguo. Pero, por no abusar de su paciencia, se lo expondré a usted en tres sencillos pasos a imitación de la triada dialéctica hegeliana que sirve para explicar la evolución de la realidad, pero también su involución.

Primero vino una guerra civil y cuarenta años de dictadura que forjaron una realidad española en la que se mezclaban los sueños de fanfarrias imperiales con los harapos de un país tercermundista, gobernado por los militares y los curas, como siempre. Fascismo, nacionalcatolicismo, centralismo, ignorancia, represión y robo sistemático. Fue la tesis.

Luego llegó la transición, la negación de la tesis, la antítesis. España se convertía en una democracia homologable con el resto de los europeas. Se negaba la dictadura. El Estado se descentralizaba y devolvía libertades a los territorios, se promulgaba una Constitución que consagraba la separación de la Iglesia y el Estado y propugnaba un Estado social y democrático de derecho. Y se acariciaba la ilusión de que era posible una continuidad normal del Estado, por encima de los avatares históricos.

Por último llegó la negación de la antítesis, la negación de la negación, la síntesis. Con el triunfo aplastante del PP en 2011, volvió el espíritu de la dictadura, el gobierno de los  curas (o de sus sectarios del Opus Dei), el nacionalcatolicismo. Se conservó la cáscara de la Constitución, pero se la vació de contenido con la ayuda del principal partido de la oposición, cómplice en esta involución y se procedió a recentralizar el país, atacando el régimen autonómico y burlando las expectativas catalanas, de forma que su estatuto carece de contenido. De nuevo con la ayuda del PSOE y la diligente colaboración de todas las instituciones del Estado. La que más se ha usado ha sido un Tribunal Constitucional carente de todo prestigio y autoridad moral por estar plagado de magistrados al servicio del gobierno o sectarios del Opus Dei, con su presidente a la cabeza, militante y cotizante del PP. 

Así están hoy las cosas en España, señor mío. Un gobierno de neofranquistas y nacionalcatólicos, empeñados en imponer sus convicciones como ley de la colectividad, impregnado de corrupción, basado en un partido al que algún juez considera una asociación de delincuentes. Un gobierno que ha provocado una involución sin precedentes, una quiebra social profunda (lea usted las estadísticas de pobreza, las de paro, las de productividad, las verdaderas, no las que fabrica esta manga de embusteros) y una quiebra territorial mucho más profunda, que él mismo reconoce de una gravedad extrema y de la que es el único responsable por su incompetencia, autoritarismo y corrupción.

¿Cree usted que ese gobierno tiene autoridad para hablar de la ley?  ¿La tiene usted?

No le extrañe que los catalanes quieran liberarse de esta tiranía personificada en estúpidos provocadores como ese que quiere "españolizar a los niños catalanes". Muchos otros, si pudiéramos, haríamos lo mismo. No quieren, no queremos, vivir otra vez el franquismo. 

Y usted, le guste o no, lo representa.




sábado, 5 de agosto de 2017

Una real propuesta

Pues señor, estábame el otro día pensando de qué manera podría hacer alguna aportación constructiva y original al actual galimatías patrio y no daba con ninguna. Hasta que me acordé del Rey que, parece, anda a sus asuntos. La Constitución encomienda al Monarca una función de arbitraje y moderación de las instituciones y, pardiez, como están las cosas, no parece descabellado pedir que la ejerza. A ver qué se le ocurre. De hecho, me extraña no leer artículos sesudos sobre la institución de la Corona y la figura del Rey en un momento de aguda crisis constitucional. No deben estar claras las cosas cuando legistas, escribas y otros palmeros no hagan acto de grave presencia.

Directos al grano. Quienes aseguran firmemente respetar y querer a los catalanes, considerarlos nación y miembros voluntarios a la vez de la supernación española, estarán dispuestos a hacerles justicia. Para ello, ¿qué tal si Felipe VI se presenta en la próxima Diada en la ofrenda floral a Rafael Casanova, reconoce la nación catalana y anula los Decretos de Nueva Planta?

Resulta estrambótico, ¿verdad? Pero a los políticos, dirigentes y estadistas no se los puede medir por las pautas y usos de los probos y diligentes funcionarios del mero sentido común y la rutina (aunque casi todos ellos se limiten a eso) sino por decisiones audaces, de gran alcance, por actos simbólicos que cambian la forma de vida de la gente y dejan huella. Felipe VI arrastra un problema originario de legitimidad. A falta de someter su trono a referéndum, que sería lo más acorde con el espíritu de los tiempos, cuando menos podría tener el gesto de reparar una injusticia histórica con los catalanes (y, por supuesto, països catalans) y devolverles sus libertades, prometiendo, además un Estado compuesto con una monarquía bicéfala, como los Austrias. Si le sale, le sale.

De inmediato se recordará al Rey que entre sus inexistentes atribuciones tampoco está la de dejar sin efecto la Constitución española en una ofrenda floral. Y mira que no es mala idea por tratarse de una Constitución que nunca ha sido tal, sino un instrumento primero de dos partidos y, luego, solo de uno.

Para no frustrar la regia y humana voluntad de pedir perdón por la injusticia de hace 300 años (nacimiento verdadero de la “nación española” a sangre y fuego), el Parlamento, en debate plenario, quizá a petición de los indepes catalanes, podría autorizar al Rey a ese acto de reparación histórica. 

Con esto no se quiere decir que los republicanos fuéramos menos republicanos ni los independentistas menos independentistas, pero sí que ofreceríamos al adversario juego limpio en un referéndum sobre la República en toda España y en Cataluña, además, sobre la independencia. La idea es estupenda y solo me protege de las críticas por dar ideas al adversario el hecho de que este es tan cerrado de mollera que algo así no se le pasa por su colectiva y huera cabeza.

La imagen es una foto de la Cancillería del Ecuador bajo licencia CC

jueves, 29 de junio de 2017

El Rey de los españoles

Delenda est Monarchia, decía Ortega en 1930. 87 años después, ahí seguimos. Dispuestos, al parecer, a otros 87 y más aun; por la eternidad. La Monarquía es un régimen político que depende exclusivamente de la capacidad reproductora de su titular e, incluso, cuando esta falla, encuentra remedios de variado tipo para restablecerse o restaurarse.

Según se dice, los especialistas y expertos en la redacción del discurso del Monarca se han esmerado al extremo de que todo el mundo da el texto como muy medido, equilibrado, responsable, atento, pero firme. Dos temas cruciales ha acotado la arenga, el nombre común dictadura, explícito y el nombre propio, Cataluña, implícito. En ambos puntos el Rey desbarra. Tan bueno no es el trabajo de redacción.

La designación de Dictadura al régimen anterior, al que su padre juró lealtad, trata de acompasar el discurso del poder con el normal raciocinio humano en la sociedad actual. El franquismo fue una dictadura (y genocida, de una extraordinaria crueldad) y así piensa prácticamente todo el mundo. Aunque con un retraso bíblico de 40 años, la Monarquía reconoce la naturaleza dictatorial del régimen de Franco. A eso lo llaman los cortesanos "modernizarse". 

Se entiende que el Rey anterior se deshiciera en elogios del dictador y guardara recuerdos paterno-filiales de eterno agradecimiento por lo cual no podía llamarlo "dictador". Pero el hijo es otra cosa. Más siglo XXI y llama "dictador" a un "dictador". El problema es que la dictadura de aquel dictador es el origen de esta Monarquía, su único título de legitimidad. Precisamente ahora se "moderniza" así:la guerra civil y la dictadura fueron una inmensa tragedia sobre la que no cabía fundar el porvenir de España. ¿Alguien llamaría a esto una "redacción ajustada"? Pero, ¿no es él mismo lo que entonces era el porvenir de España?

Al lado de esta fabulosa incompetencia de concepto palidecen las demás lindezas del discurso en torno a la transición. Incluso ese subrepticio intento de apuntarse a la teoría de las "cosas buenas" del franquismo, vago recuerdo de la tecnocracia del "Estado de obras" de la Obra. Un modernizador siempre reconoce a los de su quinta.

El propósito del lavado de cara real es afirmar que aquella legitimidad tinta en sangre de la dictadura quedaba remozada a su paso por la transición, las elecciones, la Constitución y la nueva legalidad que ahora, sí, es legítima y debe aplicarse cuando corresponda, con entera tranquilidad de conciencia.

Y aquí viene el segundo desbarre, oído cocina Cataluña. Los cantos son los habituales: la unidad de España en la diversidad de sus territorios. El sano regionalismo de Fraga llevado a los insólitos extremos del autonomismo por el mismo Fraga y otros no menos bienintencionados españoles empeñados en encontrar un encaje de Cataluña en España, cuestión secular. Con esto se cierra la transición cuyo significado secreto es que produce una solución de continuidad entre el padre, servidor de la dictadura, y el hijo, su crítico y adversario.

Desde la altura de esta imaginaria e ilusoria purificación, el Monarca se siente autorizado a amenazar al independentismo catalán con consideraciones de la cosecha de Rajoy sobre la necesidad del cumplimiento de la ley porque fuera de esto no hay nada bueno. Si lo sabrá él, que preside un gobierno y un partido en el que hay docenas de cargos fuera de la ley.

Y todavía más profundo desbarre la subalternidad del Rey no solo a los argumentos de Rajoy, sino a su actitud autoritaria de negarse a reconocer la existencia de un problema y a arbitrar medidas para resolverlo por la vía de la negociación y no de la represión. Que es justo a lo que apunta el Monarca al respaldar miméticamente la actitud política de un gobierno que lleva al país a una situación crítica.

En realidad, ayer habló el Rey de los españoles para amenazar a los partidarios de un referéndum "ilegal" en Cataluña en general y en concreto a los independentistas que, además, son republicanos.  Felipe VI, crítico de la dictadura y debelador del independentismo catalán. Tendiendo puentes para celebrar la transición.

miércoles, 28 de junio de 2017

Mañana, Palinuro en Valls

Desde la Carrera de San Jerónimo a Valls Alt-Camp (Tarragona), ese será el camino de la República mañana. Desde la ridícula glorificación de una monarquía de opereta a la fiesta de la República en un pueblo de Cataluña, tierra del Estado español libre de la mugre franquista gracias a la ley que aprobará hoy el Parlamento catalán, declarando ilegales los juicios del franquismo. Un acto que devuelve a los catalanes y a cualesquiera otros peninsulares que la hagamos nuestra su dignidad robada. Una ley de reparación que ningún gobierno de la transición en España se ha atrevido a proponer, para eterna vergüenza de unas izquierdas que no merecen nombre de tales.

Hoy, España estaba de aniversario, cosa que agrada mucho en el terruño, cuna de toreros, matones, fascistas y fanfarrones. Los gobernantes del partido más ladrón y corrupto de la historia, sus amigos, los cortesanos del PSOE, C's y Podemos y cuantos contribuyen a mantener este simulacro de democracia, festejaban los 40 años de transición con su habitual bambolla de oropel y colorines. Transición de una dictadura genocida a una monarquía indigna incrustada como un abalorio podrido en la inmensa bola de corrupción de una banda de delincuentes. Muy contentos todos, ladrones, fantoches, figurantes y cómplices de seguir con la obra de destrucción de la ya inexistente dignidad de España que emprendió en 1939 el criminal Francisco Franco. En su estúpida ceguera, los pavos que se juntaron ayer a darse una importancia de la que carecen todos juntos y cada uno de ellos por separado, no veían que, si Franco destruyó España, ellos son sus sepultureros porque, a fuerza de inútiles, no sirven ni de matarifes, como su ilustre antecesor. El que nombró rey a un Borbón muerto de hambre dispuesto a jurar lo que fuera y faltar a su juramento cuando hiciera falta con tal de pillar el trono y, con el trono, los 2.000 millones de dólares que le atribuye la revista Forbes. El padre del actual monarca del simulacro y la bambolla que, falto hasta de la boba picardía de su progenitor, llegó a decir que "la guerra civil y la dictadura fueron una inmensa tragedia sobre la que no cabía fundar el porvenir de España".

Es decir, Preparao reconoce que él (esto es, el "porvenir" de entonces) es el producto de la guerra civil y la dictadura y que es imposible, y se queda tan contento porque la cabeza, obviamente, no le da para más. Entre tanto, los lacayos, cortesanos y aduladores de la clase política postfranquista aplaudían a rabiar, como se espera de ellos y de los suculentos sueldos que cobran

Solo los de ERC se desmarcaron de ese ridículo chundarata gracias a su corazón republicano que late al unísono con el de Palinuro. Los únicos representantes reales de la dignidad de una ciudadanía a la altura del siglo XXI.

Así que mañana, en Cataluña, tierra libre de franquismo y, es de esperar, también de monarquía impuesta por ese franquismo, hablaremos de la República Catalana, él último régimen legítimo que hubo en España y a partir del 1º de octubre puede haber en Cataluña.

A las 20:00 en el auditorio Mas Miquel. Nos vemos.

sábado, 11 de marzo de 2017

Rol de patriotas

Son gente de abolengo y alcurnia, gente exquisita. Son nobles, ricos, poderosos. Poseen títulos, tierras, fábricas, empresas. Muchos de ellos han dado y dan lecciones en público de amor a España. Algunos habrán arengado a las tropas sobre lo bello que es sacrificar la vida por la patria. Otros presiden asociaciones caritativas en pro de los menesterosos, que también son hijos de Dios y españoles, nada menos. 

Todos ellos se desviven en el servicio a España. Están en el rol de patriotas que contienen los llamados papeles de la Castellana: los nombres de quienes se aprovecharon de la innoble amnistía fiscal de Montoro en 2012 por la que pudieron repatriar  sus fortunas ocultas en el extranjero, pagando una ridícula cantidad del 0,1 % de lo defraudado o algo así. Acerca de lo que esta lista significa, léase el artículo de hoy de Ignacio Escolar en Público, El filtrador de los Papeles de la Castellana merece una medalla, no la cárcel, y es que la policía, en lugar de detener a los presuntos delincuentes gordos (por otro lado patrióticamente amnistiados), ha detenido al presunto delincuente flaco, al filtrador de los papeles, que dice haber actuado por el bien común. 

Cosa evidente. Pero no para todos. Para los que mandan, el bien común no coincide con su Patria. Esta está en Suiza, en las Bahamas, en Panamá, en Trinidad y Tobago. En cualquier (lucrativa) parte que no sea este terruño lleno de desagradecidos y descerebrados que se creen que la ley es igual para todos y que quien defrauda debe ser castigado y no amnistiado. Pringaos que piensan y filtran papeles jugándose la cárcel. Enemigos de España. 

La amnistía de Montoro fue y es innoble porque, sobre perdonar el delito y dejarlo impune, se hizo por necesidad, no por justicia o conveniencia. En 2012 ya andaba por el mundo la  lista Falciani con los nombres de 130.000 posibles defraudadores al fisco en sus países, con cuenta en la sucursal suiza del banco británico HSBC. Y entre esos 130.000 habría muchos patriotas españoles o, según se mire, puros sinvergüenzas y ladrones. Era cuestión de tiempo que, saliendo los nombres a la luz, fueran denunciados, procesados y condenados... quizá a devolver lo defraudado, quién sabe si con una multa. Con la amnistía se evitaba ese horrible peligro: el dinerito defraudado repatriado (pues a fuer de patriotas llegan ya a repatriotas) a un coste mínimo y, venga, a seguir haciendo negocios, dando lecciones de amor a España, besando su bandera y leyendo El Marca

Sobre la Gürtel, la Púnica, los EREs andaluces, el caso Palau (pues la corrupción española es tan plurinacional como el país que esquilma) se alza esta corona resplandeciente de ilustres personalidades que van desde la familia real a las damas pías, pasando por los apandadores de las privatizaciones. La élite actual, que prosigue la patriótica labor de defraudar de la élite franquista y la de la IIª Restauración. Están muy por encima de banderías e ideologías, pero no de religiones, pues todos son fervorosos católicos de misa y olla, sobre todo olla de oro. Están por encima de los partidos, faltaría más, compuestos por correveidiles que generalmente meten la pata. 

Esta es la nación más antigua del mundo, según Rajoy que, como siempre, no sabe de lo que habla. Y, por cierto tampoco de lo que escucha. Ayer protagonizó otro de esos ridiculos en él acostumbrados, cuando un periodista británico le preguntó en rueda de prensa en Bruselas si podía hacerle una pregunta en inglés, a lo que el políglota respondió "Bueno, no, hombre" y pasó al siguiente. Para la próxima dígaselo en inglés: "Well, no, man". Parece difícil, lo sé, pero no lo es.

La gran nación está gobernada, como si de un cortijo se tratara, por el PP respaldado por sus ocho millones de votos. En España hay 34 millones de electores y esos ocho millones representan el 23% del electorado. No llegan ni a la cuarta parte. Votantes efectivos la última vez, 24 millones, y los ocho representan el 33,3%, o sea, la tercera parte de los votantes. Pero gobierna casi como si tuviera la mayoría absoluta de su Xª legislatura. Con sabia y prudente ayuda del PSOE, desde luego. Haciéndose el hara-kiri, el PSOE aseguró que este sistema corrupto de la cabeza a los pies no estallara en unas terceras elecciones. Y ahora, sus militantes, un puñado de izquierdistas, no quieren reconocérselo. Pero de esto hablaremos en otro momento.

Aquí lo esencial es preguntarse por qué España puede estar (des)gobernada por un partido corrupto con el 33,3% de los votos emitidos, que toma medidas radicales, muchas de ellas irreversibles y Cataluña no puede estarlo por una mayoría parlamentaria absoluta que representa el 47,74% de los votos emitidos en las últimas elecciones.

Lo que está claro es que la base de legitimidad del Estado y el gobierno españoles frente al independentismo catalán es inexistente. Quizá por eso comienzan a oírse voces que piden la aplicación del estado de excepción en Cataluña.

Para variar.

domingo, 19 de febrero de 2017

Eso de la igualdad. Apostilla al caso Noos

Alguna perspicaz lectora calificó mi post de ayer (Allá van leyes do quieren reyes) de "benévolo" con la sentencia. Mi intención no era serlo y tampoco ser "malévolo" sino simplemente realista y distanciado. Excluí todo pronunciamiento sobre el contenido porque doctores tiene la Iglesia que ya dictaminarán. Me limité a considerarla una sentencia política no porque su intención fuera esa, sino porque esa ha sido la consecuencia o los resultados. Es absurdo decir que una sentencia que absuelve a una infanta real y condena a su marido no es política en cuanto a sus consecuencias.

Y no solamente es política. La levedad de las penas ha suscitado un sentimiento generalizado de injusticia por mor de la desigualdad de trato que evidencia. De inmediato han abierto fuego todas las baterías ideológicas dinásticas (los políticos, incluidos los socialistas, los medios, los comentaristas) afirmando que la sentencia prueba incontestablemente a) la independencia de la judicatura; b) la igualdad de todos ante la justicia.

No hablaremos aquí de la independencia de la judicatura porque ya habla ella sola. Hablamos de la consigna de la igualdad de todos ante la justicia. Es una mentira que tiene raíces muy largas y por eso omití su relato en el post de ayer. La sentencia no es en sí misma prueba de la desigualdad ante la justicia. Es la consagración judicial de una desigualdad que nace con sus titulares y los acompaña toda su vida. Es la radical desigualdad de oportunidades por motivo del nacimiento. Si Cristina de Borbón no fuera infanta, su destino hubiera sido muy otro, no hubiera tenido un puesto directivo en una institución de crédito ni su comparecenccia judicial hubiera pasado por los avatares por los que ha pasado. Igualmente, si Urdangarin no fuera yerno del rey, no habría tenido acceso a los medios y relaciones que posibilitaron sus estafas. Hasta entre los delincuentes hay clases. Cuántos butroneros darían una fortuna por poder delinquir en las altas esferas entre banquete y banquete.

La sentencia no puede demostrar la igualdad de todos ante la justicia (que, recuérdese, es algo más que la ley escrita porque incorpora la equidad), porque no es verdad. Los justiciables son desiguales cuando entran en el templo de la justicia y salen como entraron o más desiguales.

Dicho lo cual, la declaración de Roca Junyent es de risa. El juicio paralelo o la sentencia paralela, vienen ahora. Y con razón. Lea el señor Roca los comentarios de las feministas sobre la infanta. A lo mejor entiende por qué fue fácil defenderla.

lunes, 23 de enero de 2017

"Delenda est Monarchia"

El 15 de noviembre de 1930 Ortega publicaba en El Sol su artículo "El error Berenguer" que se hizo famoso por terminar, al modo de Catón El Viejo, con un sonoro Delenda est Monarchia!, "la Monarquía debe ser destruida". Tan famoso que para muchos el artículo se titulaba justamente como terminaba, lo cual demuestra que, en nuestro tiempo, la transmisión de la información sigue siendo esencialmente oral, como cuando el mester de juglaría.

La invocación a destruir la monarquía okupó el título porque respondía a un sentimiento muy extendido entonces. La prueba es que cinco meses y un día después se proclamaba la II República. Un sentimiento que sigue siendo muy extendido porque, si bien Ortega pudo envanecerse de ser profeta, al ver cómo la Monarquía tomaba el camino del exilio, nosotros hemos presenciado su retorno. Lo que hace pensar a algunos -pesimistas, a fuer de españoles- que la monarquía borbónica es indestructible. Tres veces dejaron los Borbones de ser reyes (Fernando VII, Isabel II, Alfonso XIII) y otras tantas retornaron con renovados bríos, aunque en medio de las más pintorescas aventuras. Estas, en realidad, los animaban a hacer con mayor intensidad eso que la larga ristra de serviles cortesanos llaman en voz baja borbonear.

¿Qué es borbonear? Exactamente todo lo que ha hecho el primer Borbón de la nueva (y tercera) restauración desde que lo nombraron Rey. La interpretación de Juan carlos en sus casi 40 años de reinado ha sido tan completa que fue necesario por primera vez en la historia jubilarlo antes de que en su disparatada vida en los últimos años se llevara por delante la institución. Su destitución como rey, tras asomarse a la TV a pedir disculpas por su comportamiento disoluto, era un medida preventiva para salvar la monarquía una vez más. Si se consigue, habrá que empezar a admitir su indestructibilidad.

Porque pocos han hecho tanto y tan cualificado por destruirla como su titular entre 1975 y 2014. Apúntense los jalones de esta increíble historia borbónica:

a.- El rey debe su cargo al nombramiento arbitrario de un dictador que se salta la línea dinástica y ante el cual jura fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional. Empieza bien y borbónicamente el monarca con una felonía y un perjurio.

b.- Su papel en la huida de España del Sahara y el abandono de los saharauis, de lo que Martínez Inglés lleva años hablando, queda hoy en evidencia con los documentos de la CIA. Un papel siniestro. Tras viajar a la zona con Franco entubado a arengar a la tropa y prometer el respaldo de España, se puso de acuerdo con Hassan y España entregó el Sahara a Marruecos y Mauritania. Más borboneo y del gordo: entrega de territorios y abandono de la población.

c.- Del golpe de Tejero mejor no hablamos, ¿verdad? Porque sale todo el mundo, socialistas incluidos, pringado de borbonismo hasta las cejas. Un golpe de Estado de pandereta entregado a una especie de general Pavía sin caballo y con menos estrellas.

d.- Y ¿qué decimos de la fortuna que la revista Forbes, una publicación seria en esto de contar los cuartos de la gente, le calculaba hace tres o cuatro años de 2.000 millones de dólares? Nadie en España ha pedido explicaciones, ni la Casa Real se ha dignado aclarar nada de esa futesa. Silencio. Por cierto, ese silencio sumiso de los medios ante los presuntos desmanes del ex-rey es la más vergonzosa prueba de que el último baluarte de la dictadura en España no son el ejército, ni las fuerzas del orden, ni los jueces. Son los medios. Los que han tejido un pacto de silencio para proteger la monarquía hasta de los destrozos causados por su titular. De sus borboneos. Lo cual convierte a estos medios en lacayos y cortesanos, continuadores y cómplices de este régimen cuya intrínseca corrupción arranca de su misma cabeza. ¿De dónde ha sacado 2.000 millones de $ un monarca que, cuando llegó a España a ponerse bajo la tutela del dictador, venía con una mano delante y otra detrás?

e.- Mientras no se demuestre lo contrario, esa pila de millones puede proceder de todo tipo de chanchullos, comisiones y regalías y nunca mejor dicho. Algo de chanchullos el viejo monarca ya sabía cuando aconsejaba a su yerno, lanzado como un bólido a amasar una fortuna por la vía rápida. Lo mismos de él con los lugares en los que situaba a sus amigas que, además de atenderlo en lo íntimo, le organizaban cacerías de otro tipo. Abatía en ellas animales salvajes cosa que compatibilizaba, como buen Borbón, con la presidencia honorífica de la WWF, organización dedicada a proteger los animales salvajes.

f.- La cacería y la ristra de amoríos e infidelidades del rey -dos cualidades tan borbónicas como la afición a los chistes malos- no debieran ser objeto de relación en una ristra de agravios por pertenecer al ámbito privado, íntimo, del personaje. Pero tampoco es así desde el momento en que para ambas ocupaciones, cazar con armas de fuego o con lo que un noble libertino francés llamaba la terza gamba, se valía, según parece, del erario, de los dineros de todos. Esos amoríos chantajeados con una actriz de los que hablan todos los medios porque ya no les queda otra salida tampoco son cosa privada de este trapisondista y galán de noche. Es más, son muy de interés público y si de verdad, el silencio de la interesada se compró con 500 millones de pesetas que se retiraron de los fondos de lucha contra el terrorismo, alguien debe pagar por ello, el mismo rey o el lacayo-ministro que corresponda porque es un delito. Claro que en esto de ser gobernados por delincuentes, los españoles saben mucho.

g.- Y aparece, para terminar el cuadro, esa información de que Juan Carlos agredió a su mujer -a la que venía engañando sistemáticamente- en presencia del jefe de su Casa, Sabino Fernández Campo, uno de esos cortesanos serviles, que solo hablan cuando están despechados. O sea, el borboneo a la enésima potencia. Y tampoco aquí reza lo de la intimidad y privacidad, aunque no haya habido uso de los dineros públicos, aunque cada bofetón a Sofía de Grecia haya salido gratis al erario porque la violencia de género es siempre pública, se ejerza en la calle o en un sótano. Hemos tenido un Jefe del Estado presuntamente felón, perjuro, disoluto, cobarde, mujeriego, corrupto, conspirador y maltratador. Y no, no es el personaje. Es la institución y son los Borbones.

Y no pasa nada porque, a diferencia de la época de Ortega, la prensa ya no está para pedir la destrucción de la monarquía, sino de la República y la democracia.

Y, de paso, de la dignidad ciudadana.

viernes, 6 de enero de 2017

Sigue el diálogo

¿Por qué ordena la fiscalía a los mossos que hagan lo que tienen que hacer? Vigilar los delitos, impedirlos, denunciarlos, perseguirlos. Se trata de la función de los mossos. ¿Es que no la hacían? No debía de ser el caso puesto que la policía autonómica ya había mandado a la Audiencia Nacional un informe documentando 24 casos de delitos de este tipo. Prueba de estaba trabajando a pleno rendimiento. Más parece que el recordatorio de la fiscalía tiene una funcionalidad intimidatoria o amenazadora. Al hacer pública la advertencia de que los guardias estén atentos a la comisión del menor delito, a fin de reprimirlo, lo que se pretende es que sea de conocimiento general la plena disposición de las autoridades a reprimir cualquier conato de sedición o rebeldía. En el fondo, una amenaza del nacionalismo español al catalán.

Otra cosa es que se tipifiquen como delito los "ultrajes" a la corona. Eso sedicentes "ultrajes"no se refieren solo a la corona sino a prácticamente todo el orden político, desde la Constitución al ejército. En realidad, fue a causa de este último cuando se crearon estos delitos tan subjetivos como arbitrarios de los ultrajes e injurias a símbolos, objetos, entes, en la Ley de Jurisdicciones de 1906, aquella vergüenza por el que el Estado alfonsino se sometía a la arbitrariedad cuartelera. La República, con gran tino, la derogó; pero Franco, siempre dispuesto mostrar su faz de dictador, la incorporó a su legislación de seguridad, de delitos contra el ejército y al Código Penal.

Y ahí sigue. Dentro de poco veremos más acciones de desobediencia civil en Cataluña, muchas de las cuales podrán interpretarse como intolerables ultrajes a la corona o a la Constitución y así lo harán los segmentos más profranquistas de la judicatura, como ya está sucediendo. Admitir que un "ultraje" a la corona, a la Constitución, a la casa real sea un delito, cuando es materialmente imposible delimitar objetivamente el alcance del ultraje es abrir las puertas de par en par a la censura, a la represión a la negación de libertad de expresión. Se trata de algo a lo que este gobierno neofranquista es muy proclive, como se muestra por el hecho de haber aprobado una norma tan represiva, dictatorial y odiosa como la ley mordaza, por la que se pretende yugular todo atisbo de debate público.

lunes, 26 de diciembre de 2016

El rey en su corte

Es preciso volver a hablar del discurso de Nochebuena de Felipe VI por el inefable eco que ha tenido en la Corte, en donde casi todos están extasiados ante el real verbo. Los dos partidos dinásticos se felicitan del hondo calado social del monarca. El País se hace lenguas con un editorial almibarado, Felipe VI y la sociedad que le lleva al arrebato místico de ver en un futuro al orador de Nochebuena teniendo que luchar por la Monarquía contra la República. En C's, ya se sabe, la palabra real es doctrina de obligado cumplimiento. La corte entera cenó aliviada escuchando en qué firmes manos se encuentra el timón de esta gran nacion. Solo los de Podemos se rebotaron y afearon al monarca que ignorara el estado de necesidad en que malviven sus súbditos. No está mal, pero es poco y liviano. Porque ese no es el problema, con lo cual su crítica no se diferencia gran cosa de los ditirambos de sus compadres parlamentarios.

No se trata de lo que Felipe VI dijera o dejara de decir, sino de con qué autoridad habla, en nombre de quién y para quién.

El discurso del Nochebuena fue el discurso de Rajoy de la cruz a la fecha. Tanto da que hubieran sustituido al Felipe VI en carne mortal por un autómata para que repitiera las ideas, las expresiones mismas de Rajoy. El rey pone la sedicente autoridad de la corona al servicio de un partido e identifica su suerte con la de este. Reproduce el discurso de un tercio del electorado y se dirige a tranquilizar a ese tercio y a amenazar apenas veladamente al resto. 

Es insólito (y más aun que nadie lo señale) escuchar el jefe del Estado reproducir la doctrina autoritaria y neofranquista de Rajoy, según quien la democracia es la consecuencia del respeto a la ley. No al revés, como creemos los demócratas, esto es, que la ley es consecuencia del respeto a la democracia.

Y también es insólito y hasta indignante que se obligue a decir a esa testa coronada pero poco razonante que no hay que atender a la memoria histórica. 

TV3 no retransmitió el discurso de marras. A la vista de lo que dijo Rajoy disfrazado de Felipe VI, hizo muy bien.

Por lo demás, en la imagen se aprecia que el cuadro del fondo es Carlos III, como decía Palinuro en un post anterior. Lo que no está claro es la autoría. Mi amigo Eusebio Lucía dice que es de Anton Rafael Mengs. Pudiera ser. Goya copió el cuadro de Mengs. Pero a lo mejor tampoco es así. Los retratos que conozco de Carlos III tanto por Mengs como por Goya no coinciden con este de La Zarzuela en un par de detalles esenciales.

domingo, 25 de diciembre de 2016

El discurso de Rajoy

Estuvo muy bien ayer Rajoy caracterizado de Felipe VI. Se le ve rejuvenecido, menos huidizo, con mayor aplomo, no se le cierra el ojo, vocaliza bien y hasta se entiende lo que dice que, en lo esencial, es lo que lleva años diciendo: a) la crisis es historia; vamos de recuperación; b) el independentismo catalán no existe y ojito con que exista; c) el pasado no se toca; la única memoria admisible es la desmemoria.

a) La crisis como pasado. La típica mentira del sobresueldos reiterada por este figura, siempre que no se miren los datos del paro, la dependencia, los subsidios de desempleo, el fondo de reserva de las pensiones o la deuda.

b) Ojito a los catalanes. La democracia, dice Rajoy por boca del Borbón consiste en obedecer a la ley. Ninguno de los dos parece comprender que esa definición es absolutamente imbécil porque dependerá de cómo sea la ley. Las dictaduras (la de Franco, por ejemplo, tan estupenda para ambos) también tienen ley y eso no las hace democracias. La democracia se basa en el consentimiento de la gente y de ese andan los dos escasos.

c) El pasado, lo de las "heridas cerradas" es el habitual insulto de los vencedores de la guerra que no permiten a los decendientes de los vencidos enterrar sus muertos en paz más de 40 años después de la muerte del criminal que ambos veneran y añoran.

Se le entiende hasta lo que no dice. La corrupción no existe y, dentro de poco irá a hacer compañía a la crisis, junto a la rueca y el huso. De la Constitución no se habla y de reformarla, menos aun. En realidad, a estos pájaros, el país les importa una higa. Solo se importan ellos.

El resto de la perorata podría llamarse "relleno real", con retórica flamígera: el esfuerzo de los españoles, el trabajo, el sacrificio para el engrandecimiento de la nación española. Género arenga civil. Con algún broche destinado al tercio más nacional-católico con un ditirambo a la familia ensalzada no por sus valores intrínsecos, sino por su condición de Estado del bienestar privado y subsidiario. La derecha se hace realista.

Este año, como tocaba dar imagen de modernidad, nos han encasquetado un pequeño monográfico sobre las TICs, con la muy novedosa advertencia de que la revolución digital está dando al traste con formas de vida no de siglos, sino de decenios, de hace unos años. Pues sí, ese el tema en el que todo el mundo está perdido porque nadie tiene brújula alguna. Por si acaso, el orador de anoche apuntó a la importancia fundamental de la educación. Justo uno de los capítulos en donde más ha recortado el gobierno del PP. Basta con comparar el porcentaje del PIB que España destina a educación e I+D y el que destinan los países nórdicos.

Un apunte de imagen. Yo suprimiría estos mensajes de Nochebuena en un país oficialmente aconfesional y que tanto recuerdan los discursos de Franco. Por cierto, en las imágenes de plano general, la pared del fondo luce el retrato de Carlos III por Goya. Carlos III es el único Borbón que merece buen juicio general, aunque de modesta ambición, pues ve en él sobre todo "el mejor alcalde de Madrid". Y Goya. Supongo que se trata de un mensaje subliminal de carácter reformista. "Yo no soy como mis antecesores". La cuestión es si le importa a alguien.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Retratos a la brasa

Mi artículo de elMón.cat titulado
Tàctica i estratègia.

El lunes, mientras estábamos en el Romea, tratando nuestras quisicosas, unas gentes a las puertas del Parlamento catalán, quemaban fotos del rey mientras que, en el interior, al estar prohibido fumar, tres diputadas de la CUP se limitaban a romperlas. Todo en protesta por el hecho de que, con anterioridad, los mossos d'esquadra hubieran detenido a tres de los cinco activistas que, en fechas pasadas, igualmente metieron la tea a unos retratos del monarca. Los otros serían detenidos por la guardia civil caminera en el autobús que llevaba a un buen puñado de cupaires a Madrid a protestar por las tres primeras detenciones.

Parece que a la gente de la CUP no le gusta el Rey de España. Lo cual no se entiende del todo bien pues, al ser una organización independentista, poco debiera importarle si el país vecino, España, tiene un rey o siete o una calabaza en el trono. Pero le importa y está dispuesta, como se ve, a prenderle fuego, en principio en símbolo. Y eso, gustará más o menos, pero no es delito. No es delito quemar en la calle el retrato de cualquier ciudadano y tampoco el del monarca que, según la doctrina oficial es legalmente igual a aquel y, si este es quemable, también lo será el del rey.

Los retratos, las banderas, las imágenes, son símbolos y tienen el valor que los seguidores o adversarios quieran darles. En principio, quemar los símbolos que un grupo adora es lo mismo que imponer su presencia a quienes los detestan. Tan provocación es lo uno como lo otro. Tan ofendidos pueden sentirse los otros como los unos. No habiendo un daño o perjuicio al bien común o privado objetivo, material, mensurable, el respeto o falta de respeto es asunto de opinión y, por lo tanto, amparado en la libertad de expresión.

En fin, de eso trata el artículo cuya versión castellana sigue:

Táctica y estrategia

“Ninguna oferta de falso diálogo detendrá el proceso”, decía el lunes el presidente Puigdemont en el teatro Romea. Por supuesto que no. Pero hay más, en las condiciones actuales, en las que viene acompañada de un recrudecimiento de la actividad represiva del Estado, toda oferta de diálogo es necesariamente falsa. Decir que se pretende dialogar con quien se persigue judicialmente y se encarcela es agredir doblemente a la otra parte e insultar la inteligencia de los espectadores.

La oferta de diálogo del gobierno viene acompañada de la exigencia de que se abandone la hoja de ruta y se renuncie al referéndum. Como es de esperar, tratándose de franquistas, este gobierno es incapaz de vislumbrar la idea de que dicha exigencia solo empezaría a ser admisible si viniera acompañada de un archivo definitivo de todas las causas judiciales abiertas contra el independentismo. Solo de este modo se establecería una situación de igualdad, requisito imprescindible de todo diálogo. De no ser así, se tratará de un monólogo de “ordeno y mando” inadmisible, por mucho que guste a este gobierno.

¿Qué eso no se puede hacer porque depende del poder judicial que está separado del ejecutivo y el legislativo? La crisis española solo entrará en vías de solución cuando los gobernantes digan la verdad, en lugar de mentir por sistema. En España no hay división de poderes. No la ha habido nunca. Respecto a las relaciones entre el Parlamento y el gobierno (que depende de la confianza de la Cámara) no la hay desde 1978. Lo que había antes no merece ni una mención. Pero tampoco la hay entre el ejecutivo y el judicial desde la victoria del PP en las elecciones de noviembre de 2011. La permanente interferencia del gobierno y su partido en la administración de justicia y la politización de esta lo dejan bien claro. El mismo gobierno que fuerza al Tribunal Constitucional a proceder cómo y cuándo le interesa y moviliza a la fiscalía en contra de sus adversarios políticos, obligándola a “afinar” sus patrañas es el que puede y debe renunciar a estos procedimientos, eliminar la politización de la justicia y proteger a los ciudadanos en el ejercicio de sus libertades y derechos, entre ellos el de libertad de expresión, que incluye quemar las banderas y los retratos que quieran, siempre que, como objetos materiales, sean de su propiedad.

Vamos aquí al meollo de la cuestión en estos días. Muchas buenas gentes censuran la quema de retratos reales porque, dicen, son provocaciones inútiles que proveen de razones al adversario y constituyen errores tácticos puesto que alejan o dificultan los objetivos estratégicos. De ser esto cierto, en efecto, las quemas y roturas simbólicas serían un error. La táctica debe estar siempre al servicio de la estrategia y, si no lo está, si dificulta el logro de esta quizá no solo sea un error sino una maniobra adversa.

Pero eso no es cierto. Los ciudadanos podemos hacer cuanto no esté expresamente prohibido en las leyes y en ningún sitio se dice que no podamos quemar efigies del rey como podemos quemar las de sus servidores y lacayos. Eso solo puede perseguirse a base de invocar principios etéreos, sin duda incluidos en otras normas por lo demás dudosas, que hablen de “ofender” la dignidad real o cosas similares. Dependiendo de consideraciones subjetivas de este jaez y de la sensibilidad subjetiva de los supuestos agraviados, aquí podría penarse todo, hasta la exhibición de esteladas en los balcones o las camisetas independentistas. Y hasta las conversaciones. Y, ciertamente, hasta las ideas.

No será la primera vez en España y ya estaremos como siempre, volviendo a la Inquisición.

Los ciudadanos pueden quemar imágenes del rey porque todos los españoles, según doctrina oficial, somos iguales ante la ley. Igual de quemables también. Eso es algo evidente en sí mismo, tanto como no ver que la propia idea de provocación es interpretable según distintos criterios. Quemar retratos del rey es perseguible, ¿y no lo es colocarlos por doquier para que presidan los actos públicos de todas las corporaciones, aunque estén compuestos por fuerzas republicanas? ¿No lo es que presidan las tomas de posesión de todas las autoridades, incluidas igualmente las republicanas? ¿No lo es que la justicia se administre “en nombre del rey” y no del pueblo o de la recta razón? Obligarnos a todos a soportar la presencia universal de la imagen real no es provocación, dicen los apologetas de la censura monárquica. Solo lo es que alguien la queme o la rasgue.

Obviamente, la enésima aplicación de la ley del embudo que pone en sus términos el valor de la oferta de diálogo del gobierno.

Desde luego estas falsas ofertas de diálogo no detendrán el proceso. Y tampoco lo hará calificar de provocaciones las respuestas populares frente a las provocaciones del gobierno. ¿No quieren ustedes, caballeros, que la gente queme el retrato del rey? No nos obliguen a soportar en todas partes la imagen de alguien a quien no ha elegido nadie y cuya legitimidad descansa en el nombramiento de un militar felón y perjuro muerto hace casi medio siglo.

sábado, 19 de noviembre de 2016

El hacedor de reyes

Se dice, y es cierto, que la legitimidad de la monarquía es la del 18 de julio. Fue Franco quien nombró rey al padre del actual, sustituyendo por tanto al abuelo, al que no dejó reinar y saltándose la legitimidad dinástica que es la decisiva en la monarquía hereditaria. Franco dejó la monarquía en el paquete del atado y bien atado. Pero, si no hubiera habido alguien capaz de vincular la decisión de la dictadura con el refrendo popular, el intento podría haber fracasado. Ese fue el truco de la transición que muchos celebraron como un procedimiento inteligente mientras otros callaban y una minoría rechazaba el plan.

La fórmula que se encontró entre la reforma y la ruptura diose en llamar "ruptura pactada". Ahora predomina una visión muy distinta de aquella época, una visión crítica y certera, pero tardía. El pasado no puede recomponerse. Los juicios sobre él cambiarán y seguirán cambiando, pero él mismo, no. La Transición consistió en esencia en meter de matute la monarquía en la ley que había de refrendar la democracia. Ese es su núcleo y pórtico de lo que vino después. El punto fue la Ley Para la Reforma Política que, por cierto, se tramitó como octava Ley Fundamental del Estado de Franco, ley de peculiar nombre y no menos peculiar contenido pues habilitaba al pueblo soberano al que recurría en referéndum a ejercer esa misma soberanía que, evidentemente, solo se ejercitaría si el referéndum era positivo. Si fuere negativo, la soberanía regresaría al Jefe del Estado, el heredero de Franco, el rey designado. Y, en efecto, la LPRP se sometió a referéndum el 15 de diciembre de 1976 con resultados apabullantes. Participó el 77,8 por ciento del censo; media/alta en España. Los votos "sí" fueron el 94,17 %; los "no" 2,56 %; los en blanco 2,97 %. Al margen de lo que cada cual piense del contenido, el resultado fue un éxito para los convocantes. El mayor, si no yerro, de todos los obtenidos en las más diversas consultas en los 40 años siguientes. El artífice, casi en solitario, de ese éxito fue Adolfo Suárez.

Suárez fue un gran político. Quizá sea lo único que fue. Pero lo fue. Era relativamente joven cuando se produjo el hecho biológico. Había empezado su carrera política en el Movimiento (era un "azul"), pero se le había muerto el patrocinador. La casualidad lo puso en contacto con el futuro monarca a través de López Rodó,  siendo él capitoste de la RTVE y, por lo tanto, hacedor de su imagen. El resto es anecdótico. La carrera de Suárez terminó tan sorprendentemente como había empezado, con una dimisión de presidente del gobierno que nadie ha aclarado, una revuelta en su partido y una posterior aventura al frente de otro que se saldó con varios fracasos hasta que el hombre decidió retirarse y abandonar sus pretensiones de volver.

Fue entonces, ya retirado de la política activa, cuando propuse a la Complutense que lo nombrara Doctor Honoris Causa. La Complutense aceptó y el rey pidió asistir, es decir, presidir. Pero la investidura hubo de postergarse porque, por aquellas fechas, se habían descubierto las andanzas de Mario Conde y aún estaba reciente la metedura de pata de la Complutense al investirlo a su vez honoris causa con asistencia del Rey. Había que esperar tiempos mejores. Que tardaron en llegar. Pero llegaron. Dos o tres años después, habiendo cambiado el Rector, la Complutense invistió doctor honoris causa a Suárez. Lo suyo había sido una labor de ingeniería política o cómo transformar una dictadura en una democracia sin que se rompa la vajilla. Cierto, mucha gente cuestiona que "aquello" (es decir, "esto") fuera una democracia. Para otros, en cambio, la dictadura no fue una verdadera dictadura. En política se discute todo. Lo incuestionable es que el hacedor de aquella filigrana fue Suárez, el ambicioso joven "azul". Al rey lo nombró Franco, pero lo confirmó Suárez. Y siempre es interesante saber cómo.

Este vídeo, al parecer censurado durante más de veinte años, procede de un reportaje de los años 90 de Victoria Prego que nunca ha dicho nada, que yo sepa. Y quizá ni haga falta. La sensación que produce esta noticia apunta a una especie de ánimo oculto, una conspiración, algo reprobable, para arrebatar la decisión explícita sobre la monarquía a la soberanía popular. Pero no hubo nada de eso, sino hasta lo contrario. El propio Suárez dice que las cancillerías pedían referéndum monarquía/república y añade que Felipe González -entonces republicano- también lo pedía. Pero, según los sondeos, si lo hacían, perdían. Es decir, no dejaron de hacer el referéndum invocando el carácter superior de la monarquía, que no se puede someter a voto popular, sino que lo hicieron por razones prácticas, porque pensaban que lo perdían. Pero eso es bastante razonable. Nadie convoca elecciones si va a perderlas y le es lícito hacer otra cosa.

En lo de "otra cosa" es donde está la insólita habilidad de Suárez que se manifestó con sobriedad gracianesca en los apartados 1 y 2 del artículo 1º de la Ley, dos prodigios de lenguaje performativo pero de segundo grado porque la realidad que crean está implícita: "Uno. La democracia, en el Estado español, se basa en la supremacía de la Ley, expresión de la voluntad soberana del pueblo. Dos. La potestad de elaborar y aprobar las leyes reside en las Cortes. El Rey sanciona y promulga las leyes." Esos dos aparentemente generosos enunciados darían para tratados enteros de Política. Y hasta de teoría literaria. Son la fórmula mágica de la Transición: ¿Quién habla aquí? Curiosamente el Estado español, el de Franco, que ya se había declarado constituido en Reino en otra Ley Fundamental, tan válida como esta. Y ese "Estado español" se hace demócrata y devuelve al soberanía al pueblo así de pasada. El apartado dos es de la mejor literatura picaresca. Tras despojar al Caudillo de la potestad legislativa, se la otorga a las Cortes y al Rey que, por cierto, nadie sabe de dónde ha salido. 

Pero allí estaba, votado por más del 94 % de los electores, personificando una monarquía cuyo nombre no aparece en el texto. No es una conspiración. Es un escamoteo de la institución propia de la tradición picaresca del país y, desde luego, fruto del ingenio de Suárez quien, en efecto, fue un gran político que consiguió lo que se había propuesto sin que sus posibles adversarios lo vieran. 

Ya nunca sabremos cuánta gente hubiera votado por la monarquía en un posible referéndum explícito monarquía/república. Seguro que el 94 %, no. Pero podemos averiguarlo convocando uno, 

viernes, 18 de noviembre de 2016

El Rey está desnudo

La modernidad llegó por fin a San Pedro de los Aguados, si señor. Como en los mejores tiempos del Invicto, paralizaron todo el centro de Madrid, hicieron una parada militar y se constituyeron solemnemente mientras los ciudadanos se buscaban la vida en el endemoniado lío de tráfico. A lo mejor es cosa de llevarse las Cortes completas a la Casa de Campo, ¿por qué no? O, si se dejan donde están, inaugurar las legislaturas por lo civil, sin pompa y circunstancia, que suelen ser caras, engorrosas y aburridas. Y se prestan a unas arengas ampulosas repletas de vulgaridades y de ambigüedades, si no directas mentiras.

El discurso del Rey fue el discurso de Rajoy. Punto por punto. Y con sus mismas expresiones. El monarca se declara comprometido con los principios del "régimen constitucional" que él encarna: "soberanía nacional, separación de poderes y Estado de derecho". Nada de eso es cierto, sino ficticio: la soberanía nacional hacia fuera es inexistente y hacia dentro, problemática; la separación de poderes en la pasada legislatura no existía y en la presente todavía queda la fuerte relación entre el poder judicial y el TC con el gobierno. En cuanto al Estado de derecho, una quimera.

En todo caso, esa parte del real perorar es el equivalente al exordio en el discurso. Lo bueno viene después, en la exposición o narración, que es un relato de la España contemporánea desde la transición en los términos hagiográficos de costumbre, sin mencionar siquiera la cuestión de la memoria histórica. El relato de la derecha, al final del cual siempre hay alguien diciendo eso de que "algunos solo se acuerdan de sus padres..., etc.". Hay que mirar el futuro, dice el Rey porque España es una gran nación, término habitual en las apagadas soflamas de Rajoy.

En la subsiguiente argumentación, el Rey se precia del Estado del bienestar en España y aspira a que la corrupción pase a la historia. Los cortesanos se hacen cruces del valor real al mencionar dos temas que se suponen incómodos para el el gobierno. Ni de lejos. Rajoy ataca con su ojo derecho el Estado del bienestar que defiende con el izquierdo, el que guiña. Y en cuanto a la corrupción es ya el abanderado de la iniciativa de convertir la corrupción en historia. Comparte esa honra con Rita Barberá, que ayer se paseaba por el Parlamento, feliz de encontrarse en casa. El Rey dice ser neutral, pero su voz es la del presidente del gobierno autofelicitándose.

En la peroración el Rey se ha deshecho en alabanzas a la infinita variedad y diversidad de España y sus Comunidades Autónomas y la firme voluntad de seguir todos juntos mientras cultivamos nuestros respectivos jardines. España en singular, esa que, en hallazgo feliz del perorante, "no puede negarse a sí misma". No, claro, ni España ni mi gato. ¿Y no hay aquí cierta alegría en reconocer demasiada diversidad y variedad que alimentará las pretensiones nacionalistas que SM no ha mencionado?

No haya miedo. El Rey sabe el terreno que pisa. Lo dice claro, aunque con retorcida sintaxis: "España (...) de la que el Rey, como Jefe del Estado, es símbolo de su unidad y permanencia". Y lo dice al principio. Mucho ojo, que este es como los anteriores, vacío pero mal intencionado.

miércoles, 6 de abril de 2016

Vamos a suponer

Esta señora tenía y tiene una cuenta en Panamá. En sí mismo el hecho no es delictivo pero no apunta a nada bueno, ¿verdad? No es delito. El delito se daría si en esa cuenta se hubieran hecho operaciones no declaradas a la Hacienda española. ¿Se han hecho? No lo sabemos. Pero lo sabremos según avancen las investigaciones. Lo más probable es que se hayan hecho. Nadie se toma el trabajo de abrir una cuenta en un banco a 12.000 kms. de distancia para dejarla dormir el sueño de los justos. También se averiguará si, habiéndose hecho las operaciones, se declararon a Hacienda.

Ahora, vamos a suponer algo. Las suposiciones son libres, al menos de momento. Si volviera a ganar el PP y los psicópatas de Interior continuaran habría que ver el destino de la Ley Mordaza. De momento va camino del pudridero, así que las suposiciones son libres.

Supongamos que la Infanta Mercedes sea un testaferro (o testaferra) y que el auténtico titular de la cuenta es Juan Carlos, el ex-rey. ¿Qué pasaría?

Nada.

Por eso pasa lo que pasa.

lunes, 4 de abril de 2016

Los Borbones y sus aficiones

El padre del Rey tiene, según la revista Forbes, una fortuna de 2.000 millones de dólares cuyo origen no ha explicado, caza elefantes en Botsuana, mantiene pabellones de caza que pagamos todos y relaciones con princesas que también pagamos todos. La hermana del Rey está metida de hoz y coz en un asunto de mangoneo de pasta pública por un tubo protagonizada por su marido y del que ella era la primera en beneficiarse. La tía del Rey ocultaba una fortuna en Panamá, paraíso fiscal y no explica si declaró ese dinero a la Hacienda de su país por el que todos los Borbones, de sobra lo sabemos, se han sacrificado siempre. No hay más que verlos.

¿Y tienen ustedes alguna duda de por qué los republicanos queremos una República? Para que dejen de tomarnos por idiotas esta manga de apandadores y de reírse de nosotros mientras nos despluma.

Por supuesto El País de hoy, ni palabra de la Infanta Mercedes en portada. Y el PSOE de Sánchez, si acaso, contribuirá a desviar la atención pública de los reyes.

Los siervos protegen a sus reyes, que les escupen encima.

Los ciudadanos queremos nuestra República.

viernes, 11 de marzo de 2016

Engaños del poder

Los análisis políticos suelen ser muy ideológicos, pero también pueden ser puramente lógicos. Es cuestión de ver lo que hay y no lo que uno quiere que haya.

Mariano Rajoy no quiere someterse al control del Parlamento. Es lógico para alguien que no lo ha hecho en los últimos cuatro años ya que su mayoría abolutísima lo liberó de esa tortura democrática y la inutilidad de la oposición en la oposición hizo el resto. Y ello sin contar con su comprobada tendencia a la holgazanería. Pero esta lógica, siendo humana, no es admisible porque falta a la lógica institucional. En un sistema parlamentario ningún poder del Estado puede estar libre de la fiscalización del Parlamento, que es el órgano supremo de poder. El gobierno no puede decidir por sí mismo sus normas de organización; eso compete al Parlamento. Esa tontería del informante del gobierno de que pedir explicaciones a Rajoy sea como pedírselas a Felipe González da verdadera vergüenza. Felipe González es un ciudadano privado (aunque, como se ve, sigue ganando batallas después de muerto) mientras que Rajoy es el presidente del gobierno. Del gobierno. Y el Parlamento es competente para controlar al gobierno. Al gobierno, esté en funciones, en disfunciones (lo que es más probable) o en su lugar descansen. Es el gobierno y tiene que hacer lo que el Parlamento ordene. Si no fuere así, el Parlamento podrá declararlo en rebeldía y privarlo de sus funciones políticas, además de pedir a los jueces que decreten su prisión.

Los Reyes pronuncian la palabra de seis letras, como su modelo Ubu. Y los cortesanos pierden el culo por recordar que siempre han señalado cuán cercanos, cuán próximos a los ciudadanos, a ti y a mí, al común de los mortales, son los Reyes. Son seres normales, de carne y hueso, como tú y como yo. Y por eso dicen "mierda", como tú y como yo, porque nada humano nos es ajeno. Sí, pero no. La justificación no funciona. La Reina no puede escribir "mierda" se ponga como se ponga. Porque mira el escándalo y eso con trabajo de ocultación cortesana. Los medios, los partidos, no hablan de esto. Eso demuestra que lo de la igualdad es falso. Y es lógico que lo sea: si la Reina es igual a nosotros, a ti y a mí, y al señor de la esquina, ¿por qué es Reina? Claro, esto afecta a la lógica misma de la Monarquia, que todavía tiene menos defensa.

Los diputados cobran subsidios de paro de escándalo. Mato, Madina y los otros sesenta y tantos, si de verdad están en paro, que se apunten al paro, como cada hijo de vecino. Y eso suponiendo que estén desempleados porque toda está gente se mueve en un profuso entramado de amistades, enchufes, influencias, favores mutuos y, si quiere, encuentra trabajo de lo que quiera y, además, sin hacer nada. La política representativa no es un oficio ni un empleo sino un cargo voluntario, no genera relación laboral ni su carencia supone derecho a percibir ningún tipo de subsidio. Y mucho menos esas cantidades desorbitadas con las que vivirían familias enteras. La vida activa de los políticos implica una serie de privilegios y tiene su lógica que también lo implique la vida pasiva. Es logico, por un lado, según la lógica pedestre de que "quien tuvo, retuvo", pero es muy irritante por otro.

Los amigos de Podemos sin saber qué hacer con los pactos. Es muy arriesgado criticar a Podemos, incluso ahora que forman parte del poder y ya no son contrapoder, porque salen los verdaderos creyentes de debajo de las piedras, una horda de fanáticos, a linchar críticos, todos ellos submarinos del PSOE y otras fuerzas del mal. La orden hoy es cerrar filas negando que haya tensiones internas en la organización. Solo que sea preciso negarlas ya quiere decir algo. Pero si se observa que la organización no sabe qué va a hacer con las negociaciones, si seguir con ellas o cortarlas en seco, se echa de ver que esas tensiones internas que no existen consumen muchas energías. Porque todavía han de pronunciarse sobre si aceptan negociar o dan un puntapié al tablero y lo mandan todo a nuevas elecciones. Negociar es lógico; ir a nuevas elecciones, también. Lo que no es lógico pretender ambas cosas al mismo tiempo.

Los del PSOE tienen que decidir entre el PP y Podemos. Al menos, a Felipe González le da igual cualquiera de lo dos. Y es lógico. Para González. Y probablemente para mucha más gente. Pero no toda. Otros encontramos preferible que el PSOE elija a Podemos. También es lógico. Así que, en virtud de esa lógica sería estupendo que hubiera un gobierno de izquierda en España y ya se sabe que tampoco será muy de izquierda. El problema es si lo que quiere Podemos es cargarse al PSOE y no aliarse con él. En ese caso es lógico que vaya a nuevas elecciones. Aunque puede ser la lógica del Rey Creso de Lidia quien preguntó al oráculo en Delfos qué sucedería si cruzaba el Halis y atacaba a Persia, a lo que la Pitia contestó que "destruiría un gran imperio", sin precisarle que sería el suyo. 

Es la llamada lógica délfica.

domingo, 14 de febrero de 2016

La rebeldía catalana

Aquí mi artículo de hoy en elMón.cat sobre lo que dice el título: la rebeldía catalana. El mundo independentista es complejo, abigarrado y complicado. Hay muchos catalanes deseando romper con España en todos los aspectos y circunstancias, sin matiz alguno. Hay otros que quieren romper con España por lo que España significa, por su historia, trayectoria y forma de estar en el mundo, que quizá no quisieran romper si España fuera de otra forma, más civilizada, abierta, tolerante, democrática.

Pero no es el caso. Y eso se ve con toda claridad en el modo de enfrentarse a la monarquía española. Hay mucha gente en el Estado de izquierda, de tradición republicana pero, hasta la fecha, nadie ha hecho nada por activarla y convertirla en hechos. Al contrario: si alguien plantea la conveniencia de hacer un referéndum sobre Monarquía/República, se echa encima racimos enteros de políticos, personalidades y personajes de la derecha, el centro y la sedicente izquierda sosteniendo que es una iniciativa inoportuna, que "no toca", que no es algo importante para los españoles, etc. Por supuesto: iniciativas institucionales, como la del Ayuntamiento de Arenys de Munt en Cataluña, de declarar persona non grata a Felipe VI, ni hablar; o las de otros ayuntamientos y municipios catalanes, de retirar nombres, nombramientos y honores a laos Borbones, la Corona o el trono. Todavía menos. En España los dos partidos mayoritarios son dinásticos, cortesanos y los republicanos rezongan por los rincones, pero no hacen nada.

En Cataluña sí emerge un sentimiento antimonárquico y republicano con apoyo popular y eso es ya una buena señal para el republicanismo español. Si alguna esperanza tiene este de que llegue una IIIª República, vendrá en la estela de la lucha de la Cataluña republicana.

A continuación, la versión española del artículo.

La rebeldía cotidiana

(A Muriel Casals)

¿De qué está hecha la historia de las naciones? ¿De grandes batallas, tratados, descubrimientos, declaraciones o de actos menores, diarios, habituales? Las bombas destrozan rocas en un instante, derriban murallas que pueden reconstruirse. La lluvia y el viento las erosionan con la fuerza de los siglos, de modo imperceptible y cambian el paisaje para siempre.

Dice Puigdemont que un día los ciudadanos escucharán por la radio la noticia de la independencia de Cataluña. Por la radio, la tele o internet, que los tiempos cambian, President. Pero, para entonces, no será una noticia sorprendente, un scoop, sino la confirmación de una situación de hecho a la que todo el mundo se habrá venido acostumbrando como el normal día a día de la existencia cotidiana. La conclusión de un proceso que había comenzado mucho antes, encarnado en la vida de las personas.

La desconexión de Cataluña no es solamente cosa de las declaraciones solemnes en sede parlamentaria o las medidas de gobierno con sus formalidades, sus proyectos y evaluaciones. Nada de esto serviría si no viniera apoyado en la voluntad firme, sostenida, generalizada, de la población de aplicarla en su vida ordinaria, en el normal quehacer y la rutina diarias.

Arenys de Munt ha declarado persona non grata en su término municipal a Felipe VI. Los historiadores cortesanos ya estarán glosando el insólito hecho del Rey al que sus súbditos rechazan y en cuyos territorios no puede pisar. En la realidad es un hecho que la supervivencia del Estado depende de su libre aceptación por los gobernados y, no dándose esta, de su capacidad de imponerla por la fuerza. Al día de hoy, la Monarquía española no tiene la primera ni puede recurrir a la segunda. Y ello por los actos libres, concretos, cotidianos, de los habitantes, los que crean conciencia.

En otros casos, son las propias personas no gratas las que facilitan la tarea de la desconexión y dejan patente que no hay otro camino, como cuando García Albiol se ausenta con pompa y circunstancia de un acto de la Generalitat porque en él se falta al respeto al gobierno de España. Se va de donde no le quieren y con él se lleva la representación de un gobierno que no estaba invitado, sino expresamente rechazado en la ceremonia porque no había contribuido un céntimo a la inversión que allí se celebraba.

Es la vida cotidiana la que encauza los rumbos divergentes de España y Cataluña. Cuando Puigdemont reúne el cuerpo consular en Barcelona, el presidente del gobierno español gimotea desde el bunker de La Moncloa que se trata de un acto “lamentable e inconstitucional”. Pero no tiene medios de evitarlo porque, en verdad, el Estado hace ya tiempo que ha hecho dejación de sus responsabilidades en Cataluña.

Y no es de extrañar si se calibra adecuadamente la paradójica situación del Estado y la eficacia de sus aparatos represivos e ideológicos cuando se comprueba que los dos partidos dinásticos, mayoritarios en España, PP y PSOE, con el añadido del tercer partido nacionalespañol, C’s, que en total suman más de dos tercios de escaños de la Cámara, no pueden concertar su acción ni siquiera en el único punto en el que están de acuerdo: frenar la independencia de Cataluña, de Cataluña la republicana.

El municipio de Arenys de Munt es un episodio más de un sentir generalizado en Cataluña y que se reitera una y otra vez en la vida de otros ayuntamientos y localidades, cuando se priva al monarca reinante de honores concedidos otrora en condiciones muy distintas o cuando se suprimen los símbolos callejeros de su presencia, de la institución que encarna o los títulos que ostenta. Arenys de Munt es un ejemplo, una adelantada de un sentimiento que ha ha tomado cuerpo en Cataluña entera: en realidad, Felipe VI es persona non grata en Cataluña entera y eso que debe de ser el primer Borbón que, por necesidad, se ha visto obligado a hablar catalán.

Con él, los catalanes rechazan la Monarquía borbónica, tres veces restaurada en España en doscientos años, la última por obra de una pronunciamiento militar fascista que fue dirigido contra la libertad de España y muy especialmente de Cataluña. Y ese sentimiento antimonárquico que se presume en España pero los españoles son incapaces de imponer es el que los catalanes expresan día a día, hora a hora, pacífica y democráticamente, en su vida cotidiana camino de la independencia.




viernes, 12 de febrero de 2016

La Monarquía choricera

Así como hay repúblicas bananeras, los sistemas políticos comparados comienzan a admitir un nuevo tipo de monarquías, las monarquías choriceras. Las repúblicas del banano viven de cultivar y exportar este sabroso fruto. Las monarquías choriceras, de la elaboración de este típico embutido españolísimo, orgullo de la raza y adorno de la buena mesa, desde el menestral a los reyes.

Las increíbles andanzas del presunto chorizo Urdangarin y su esposa, la infanta Cristina, vinculan a la Casa Real con el pantano de corrupción, latrocinio y basura moral que impera en España bajo el dominio de los dos partidos dinásticos. Más con el PP, desde luego, porque a la derecha le tira la majestad y el oropel; pero el PSOE no le anda muy en zaga, enfangado en la actitud cortesana y lacaya que le han impuesto sus secretarios generales, especialmente el monárquico Rubalcaba. 

El juicio está revelando la insólita aventura de un vividor confiado, seguro de sí mismo por su condición de yerno del Rey anterior y cuñado del actual, Felipe V + I, "el Preparado", un  sinvergüenza apuesto que vio enseguida el negocio de impresionar a un puñado de paletos estilo Matas y otros de su condición, pasándoles por los morros sus privilegiadas relaciones y poderosísimos contactos. Lo mismo que, al parecer, también había puesto en práctica en Valencia con otro puñado de palurdos, Camps, Barberá, etc, a los que deslumbraba con la idea de que el Rey hablara con ellos o les hiciera algún otro señalado favor como cuando el Rey Sol premiaba a algún cortesano preferido autorizándolo a limpiar el real culo cuando SM hubiere aliviado el intestino. 

Porque toda esta trama de corrupción y saqueo del erario descansa sobre la absoluta entrega de estos plebeyos imbéciles, trastornados por los efluvios de la realeza. Los efluvios a lo Rey Sol. Basta con ver cómo había decorado Matas su palacete para percatarse de que se trata de un majadero que había llenado la casa con adornos de un "todo a 100" pero a 100.000. 

La realeza es la cúpula de la aristocracia y la aristocracia debiera ser, como su nombre indica, el gobierno de los mejores. Innecesario decir que es el de los peores. El Rey reinante, el "Preparado", trata de mantener una figura presentable en una familia impresentable: su madre es una beata reaccionaria a la que no se le ha oído jamás nada que tenga el menor interés; de su otra hermana, la infanta Elena, es mejor no hablar; y su padre, el Rey dimisionario, concentra en su persona todos los vicios y defectos que la amarga experiencia del país acumula sobre los Borbones: perjuro, mujeriego, disoluto, infiel, tarambaina, inculto, todavía no ha dado explicación del origen de su fortuna, calculada por la revista Forbes en 2.000 millones de dólares. 

Por supuesto, Monarquía choricera que se sostiene en el silencio cómplice de la clase política española, dispuesta a ocultar toda información relevante a la ciudadanía. Especial mención merece la cobardía de una izquierda, olvidada ya de su republicanismo y dedicada a adular servilmente a estos sujetos que no sirven para nada y ni siquiera son capaces de dar un mínimo ejemplo de mesura, consideración o buen gusto.

miércoles, 13 de enero de 2016

¿A quién está juzgándose en Mallorca?

Este país tiene una deuda inmensa con el juez Castro, ese hombre que, en cumplimiento de su deber, ha instruido la causa cuya vista oral se inició el lunes y en la que, entre otros acusados, se sientan en el banquillo una infanta de España y su marido. Es fácil intuir las inmensas presiones que ha debido resistir ese  representante del Poder Judicial, viendo el papelón que en la primera sesión de la causa estuvieron haciendo el fiscal y la abogada del Estado, empeñados en apoyar a la defensa de la infanta para exonerarla contra viento y marea.

Sí, el país entero debe un homenaje al juez Castro. La base de la civilización es la justicia y la base de la justicia, la independencia y la honradez de los jueces. De cada juez.

Porque no solamente el fiscal y la abogada del Estado defendían a la acusada. Todo el establecimiento mediático, todos los publicistas del régimen, que son muchos y muy bien pagados, todas las fuerzas vivas del orden y la tradición, apoyan que se otorgue a la infanta un trato de privilegio porque, en el fondo, no creen que la justicia deba ser igual para todos.

Sin embargo, el problema no es si esta señora es acusada, juzgada y condenada o no. Aunque parezca mentira, es lo de menos. Su importancia personal es cero. De hecho la Casa Real ya la ha despojado de su título nobiliario y la ha arrojado de su seno, que es como desnaturalizarla.  No, el problema no es ella personalmente, sino lo que representa. Ella no es más que un cortafuegos. De lo que se trata es de eliminar la posibilidad de que la incriminación llegue más arriba, a su hermano, a su padre, a la Corona, a la institución monárquica. Porque, aunque las magistradas ya hayan rechazado dos veces la petición de que Juan Carlos I y Felipe VI comparezcan como testigos, sus nombres seguirán apareciendo, las peticiones seguirán produciéndose y de ellas se harán eco los medios extranjeros.

Por mucho que pretendan evitarlo, en el banquillo de la Audiencia de Mallorca no se sienta sola la infanta de España. Se sienta, se quiera o no, la sombra de su padre (presente en la sala como el espíritu del padre de Hamlet) y el actual Rey en efigie. 

Se sienta la monarquía.

viernes, 25 de diciembre de 2015

La oligarquía tiene miedo

Nooooooo, la cuestión catalana no iba a influir en las elecciones españolas. Iglesias, que se dio una castaña en las catalanas del 27 de septiembre por marrullear con la autodeterminación de Cataluña, ahora se la pone a Pedro Sánchez como conditio sine qua non para negociar, obligado por la señora Colau; él que, como se ve, manda mucho en su partido. 

Nooooo, la cuestión catalana no iba a marcar la política española y ayer el rey Felipe V + I, dedicó casi todo su discurso a hablar de Cataluña sin mencionarla.

¿Se recuerda cuando Zapatero no podía pronunciar la palabra "crisis" ni Rajoy el nombre de "Bárcenas"? Pues el Borbón tiene el mismo lapsus neurótico: habla durante un cuarto de hora de Cataluña sin nombrarla. Quince minutos de un discurso plano,  insufrible, repleto de vulgaridades, anacolutos y simples necedades, solo para reflejar, sin advertirlo, el miedo que tiene la oligarquía española al proceso catalán hacia la independencia, la única ruptura real, republicana, radical que se avizora en un país lleno de revolucionarios de plató y reaccionarios de plasma.

Solo ese miedo a la ruptura catalana, que la oligarquía no sabe cómo parar, explica la densa matraca de (y cito textualmente) la unidad, lo que nos une, lo que hemos hecho juntos, el ser y sentirnos españoles, distintas formas de sentirse español, nuestra nación (España, claro), nuestra cohesión nacional (española, claro), nuestro proyecto común de convivencia, el conjunto de los españoles, la voluntad de entendimiento de todos los españoles, superación de nuestras diferencias históricas, los intereses generales de la Nación (española, claro), todo el pueblo español, unidad y continuidad de España, íntima comunidad de afectos e intereses entre todos los españoles.

Un chorreo, un verdadero lavado de cerebro, una obsesión casi de psicópata, una monserga falsa e insufrible para contraponer una realidad sumisa y reiteradamente alabada (los españoles) a otra insumisa e insistentemente silenciada (los catalanes). Un delirio que no consigue ocultar el terror de esta oligarquía de incompetentes a que, por fin, reviente el invento del que han vivido durante años, siglos.

La facundia de Rajoy estaba en cada párrafo: la grandeza de España (dos veces) y la grandeza del Estado español. Solo le faltó decir al Monarca que esa grandeza se fundamenta en que los españoles son mucho españoles. Y, por supuesto, aparte de la facundia, el autoritarismo de raíz franquista y la amenaza bajo forma de advertencia de que la "ruptura de la Ley" solo nos traerá problemas. Esa Ley que lleva cuatro años administrada por un gobierno y un parlamento dominados por un partido corrupto al que los jueces consideran una asociación de supuestos malhechores y presidido por un presunto corrupto que se ha dedicado a saquear el país.

La corrupción aparece indirectamente mencionada en un renglón y medio, cosa que no está mal para el hermano de una infanta que en unos días se sentará en el banquillo, acusada de delitos contra la Hacienda Pública.

Y si de la corrupción no se habla, de la crisis, menos, salvo para mencionar una situación idílica que es lo contrario del desastre que ha perpetrado este gobierno de incompetentes y corruptos.

Un paseo proforma para hablar de Europa y remate de faena con vuelta a la indisoluble unidad de los hombres y las tierras de España del difunto caudillo Franco, en el fondo el inspirador último de este discurso.

Noooooooooooo la cuestión catalana no iba a influir en nada en la política española. 

¿De dónde sale este pánico atroz que de pronto aterroriza a la oligarquía? Lo ha revelado el subconsciente del amanuense del Rey: si Cataluña se va, ¿puede hablarse de la continuidad de España?