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martes, 13 de junio de 2017

La diversidad de destino en lo universal

El otro día, alguien en las redes, no recuerdo si Twt o FB, contaba que, en sus años mozos, había tenido que estudiar una asignatura llamada Formación del Espíritu Nacional, una de las tres famosas "Marías", prez de la recia educación española. Decía no haber entendido nunca la famosa definición joseantoniana de que España es una unidad de destino en lo universal. Sí, así formulada, con esos pujos poéticos, es un poco críptica. El fundador de la Falange podría haberse inspirado en Otto Bauer en un libro de 1924 sobre la cuestión de las nacionalidades y la socialdemocracia. Siendo Bauer un austromarxista, le preocupaban estas cuestiones muy relevantes en el Imperio austrohúngaro. Dejó así una definición de nación como una comunidad de carácter basada en una comunidad de destino.Comunidad y destino. Muy teutónico. En el español falangista pasa a ser unidad y destino.

Nada de comunidad. Unidad. La definición hispana se reduce a la elemental proposición de que España es una unidad. Lo corrobora a continuación el mismo José Antonio: Toda conspiración contra esa unidad es repulsiva. Todo separatismo es un crimen que no perdonaremos. La definición pasó a los puntos programáticos de la Falange y, de ahí, a los principios fundamentales del Movimiento Nacional, que eran imprescriptibles. Y se fundió con el franquismo.

Y en estas llegan los anticapis de Podemos y se desmarcan de la angelical posición del partido de pedir un referéndum pactado y, si no se consigue, protestar y resignarse. Estos, en cambio, apoyan la convocatoria de un referéndum no pactado en el caso de que no se consiga pactarlo, un RUI o referéndum unilateral de independencia. Pues ya están en el terreno del "crimen" joseantoniano. Y Podemos estrena nueva discrepancia interna estilo La Vida de Brian. El País echa las campanas al vuelo con la nueva división de Podemos. Preocupados los anticapis del uso torticero que los medios puedan hacer de su sublime coherencia teórica, han hecho un cortafuegos en forma de tuit de Miguel Urbán afirmando que Iglesias, Domènech y él están más unidos que nunca en pedir un referéndum pactado. Nadie lo duda. La cuestión es si también están unidos en apoyar un referéndum no pactado y que, por tanto, será ilegal o, al menos, alegal.

España no es una unidad, se ponga como se ponga la Falange, la derecha y esa izquierda española que en este asunto baila al son de la derecha. También en otros, como la cuestión monárquica o la separación entre la iglesia y el Estado pero este territorial es aquí el importante. Y tampoco es una comunidad porque el nacionalismo español castellano-hablante lleva siglos impidiéndolo.

miércoles, 31 de mayo de 2017

"Este país es una puta mierda"

La expresión es muy dura, desagradable, grosera, probablemente injusta. No es mía. Es de Ignacio Gónzález en una de sus castizas conversaciones telefónicas con alguno de sus compinches, cómplices y amigos, entre los que se encuentran, al parecer, el ministro de Justicia, el ex-ministro Zaplana, etc. Todas personas relevantes de la derecha; gentes de orden, probablemente católicas. Entre ellas el tal González, personaje público que llegó a ser presidente de la Comunidad de Madrid, tras haber sido mano derecha (y larga) de Aguirre. Un hombre por encima de toda sospecha, que administró miles de millones de dinero público de los que, con ayuda de su familia (la derecha siempre vela por la familia) sustrajo presuntamente cientos en una complicada red mafiosa, según parece con complicidades en muchos puntos de todos los poderes del Estado. Del ejecutivo, ministros; del legislativo, diputados y senadores; del judicial jueces y fiscales.

¿Un caso aislado? No, claro. Un partido con 900 imputados no tiene 900 casos aislados. Es un partido corrupto o, como dicen los jueces, una supuesta organización para delinquir. Y no de hace tiempo o en un lugar lejano. Aquí, ahora y hasta el futuro inmediato. Ese partido y ese gobierno tienen un nuevo presidente de Comunidad Autónoma (el de Murcia) imputado y un ministro reprobado con petición de dimisión junto a sus dos máximos fiscales, esos probos funcionarios a los que se atribuye la resurrección del viejo afilador. El titular de "Anticorrupción" es copropietario de una sociedad off-shore. El conjunto presidido por alguien citado a declarar como testigo en un proceso penal por primera vez en la historia.

Todo lo anterior era evidente hace meses, años incluso. Defenestrado en el golpe de mano "chusquero", Sánchez levantó bandera por el "no", sostuvo que la abstención habia sido un error y ganó las elecciones asegurando que pediría ipso facto la dimisión de Rajoy porque ni él ni su partido están en condiciones de gobernar. En lugar de ello lo ha llamado y se ha puesto literalmente a sus órdenes. Esgrimiendo el sagrado interés de la Patria, el PSOE renuncia a cuestionar la gestión anterior de la derecha respecto a Cataluña y apoya incondicionalmente una orientacion represiva del gobierno. Nada de dimisión: apoyo en toda regla. Y, de regalo, los presupuestos.

¿Cuál es la razón de este giro? Tengo una hipótesis. Asustados los barones y viejas glorias del PSOE (los de la foto del Ifema), al ver en directo y en tiempo real las condiciones de la candidata que apoyaban, tomaron una decisión. Hablaron con el candidato al que habían defenestrado por sospecharle veleidades pactistas con los indepes y le prometieron neutralidad en la campaña si él, a su vez, prometía mantener la unión nacional bajo la égida del PP. Obsérvese que ninguno de los del Ifema volvió a hablar en público a favor de Díaz, exceptuado el inimitable Zapatero. La andaluza se trabajó la campaña a solas y únicamente consiguió llevar al mitin de cierre a un Alfonso Guerra que parecía el espectro del Comendador. El resultado fue el que fue y lo primero que ha hecho Sánchez ha sido cumplir con el pacto antes que con su palabra. Y, de este modo, quien venía del frío para echar a la derecha, ha sido quien ha acabado de apuntalar el gobierno de la derecha más corrupta de Europa. Si non è vero, è ben trovato. 

Hay que hacer las paces, unir y recuperar el partido y prepararlo para las próximas elecciones que pueden ser en cualquier momento, sobre todo si el mandato del congreso es que pida la dimisión de Rajoy y haga una oposición eficaz, no "constructiva" como la de la gestora y la que el SG ha empezado a hacer. Esto quizá le resuelva la cuestión de la paz interna en el partido, depende de cómo se lo tome la militancia. 

Pero le queda articular una posición respecto al otro partido de la izquierda. La obsesión de Podemos con el protagonismo mediático lo lleva a entender su relación con el PSOE como una de amor-odio en la que acaba prevaleciendo el odio porque está anclado en el esquema conceptual de la vieja relación PSOE-IU. Por ello no puede convertir el espectáculo en realidad tangible y se ve obligado a recurrir muy a su pesar al primogénito, al que, como Jacob, trata de engañar sin conseguirlo porque el PSOE ahora está ahito, pisa fuerte, pues ¿no se codea con el presidente del gobierno en un episodio que sintetiza el renacer del venerable bipartidismo? Eso es preparar maquinaria de elecciones en nada de tiempo. Chapeau.

Lo malo es el discurso. Y sobre todo el punto negro de este, el pasaje de turbulencia, el nombre que, como el de la Biblia, no se puede nombrar: Cataluña y su proceso independentista. Al llegar aquí, se cierran las filas y surge un "no" bronco y a coro, el "no" nacional español. Sin razones, salvo el respeto a la ley. Pero ninguna ley puede pasar por encima de la voluntad del 75% del electorado de un territorio, una inmensa mayoría. Se responde que esa mayoría es minoría en el seno de otra mayoría, la española. Cabe dejar este debate a quien le interese y preguntar directamente al PSOE (a la izquierda en general) si también cree, como finje hacerlo la derecha, que el independentismo es una cuestión de un grupo de fanáticos, medio nazis y corruptos que han secuestrado la voluntad del buen pueblo catalán, más español que los manchegos. 

Si no es así, si cree que el millón y medio de votantes del JxS y los cuatro y pico millones de electores que piden un referéndum merecen un respeto y que se les escuche, como tanto preocupa a la vicepresidenta del gobierno, ¿qué piensa hacer al respecto? ¿Tratar la cuestión como un problema de orden público que se resuelve solo con medidas represivas o, como dice un dirigente de la nueva socialdemocracia, coercitivas? Esa propuesta de reforma federal de la Constitución,  se inspire o no en las de Anselmo Carretero, ¿qué viabilidad tiene? Sobre todo, ¿qué viabilidad tiene en Cataluña? 

Entre tanto, en este país, en donde rige la ley, y donde se fusiló a un presidente de la Generalitat, hoy hay otro que lo fue, procesado, como procesada está la presidenta del Parlamento y otros cargos o excargos de la Generalitat. Y la perspectiva es que el conflicto se agrave y se convierta en una espiral. 

A lo mejor tiene razón Ignacio González en su juicio. Él parece parte inseparable de este país.

jueves, 4 de mayo de 2017

La realidad y la ficción I. El PNV

La política se ventila en el reino de la ficción. Como los cantares de gesta, los hipogrifos o los amores de Angélica y Medoro. Con la diferencia de que mientras las fabulas literarias se desvanecen en el recuerdo y la metáfora, las políticas afectan con dureza la realidad de la vida de las gentes.

Esos 500 millones del ala que deja de ingresar el Estado habrán de ser repuestos por los demás contribuyentes. Esa es la realidad. No se cuestiona aquí si el cálculo es justo o equitativo. Solo se señala que es el precio objetivamente puesto por el PNV para apoyar los presupuestos de Rajoy y posibilitar la continuidad de su gobierno, un gobierno al que se opuso cerradamente desde el principio. Todo esto mientras Ibarretxe se persona en Barcelona y suelta a los catalanes una teórica sobre el derecho de autodeterminación de los pueblos. Ese derecho este año vale 500 millones; el año que viene, las circunstancias decidirán. Mientras el gobierno español dependa de los votos nacionalistas, estos exigirán un precio. La habilidad, parece decir el PNV, es no poner un precio demasiado alto. Eso del referéndum cierra el corazón de los gobernantes madrileños y, con el corazón, la bolsa.

Entre los indepes catalanes, la decepción es grande. Para ellos el referéndum ya no es cosa de precio, sino de principios y ven cómo los pragmáticos vascos se escurren. Ahí hay por cierto un interesante debate pendiente entre la izquierda abertzale y la CUP. Algunos sostienen, con bastante razón, que los vascos, de hecho, son ya independientes pues gozan de la substancia de la independencia que es la soberanía fiscal. Vascos y navarros. Dos excepciones que, a fuer de excepciones, invalidan el frecuente enunciado de Rajoy de la igualdad de todos los españoles. Se invocan entonces los antiguos fueros que dan lugar al concierto y consiguiente cupo blindados. Lo cual les posibilita la indeferencia respecto a quién y cómo gobierne y/o robe en Madrid.

Cuando los catalanes solicitan acogerse a la misma excepción se les dice que no por razones obvias de inviabilidad de la financiación del Estado autonómico. Además se les recuerda que esa solución (concierto) se les ofreció al comienzo de la transición y la rechazaron. Obviamente un error que no debiera aducirse como razón en contra de la legitimidad de su actual petición.

La ficción del nacionalismo e independentismo vasco, largos años enmarañado con la violencia, acaba en la dura realidad de una distribución desigual de las cargas financieras entre las CCAA. Que el Estado no tenga otra forma de conservar la integridad territorial que tanto le obsesiona sino es perpetuando un injusticia es desalentador. E injusto. Ya se sabe que, siempre que se forma una mayoría en democracia (la que busca Rajoy con sus presupuestos), la tendencia será a hacérselo pagar a la minoría.

El problema es cuando esa minoría, la catalana en este caso, confirma que no tiene posibilidad alguna de convertirse en mayoría porque es una minoría estructural y, por lo tanto, siempre estará en una posición de subalternidad. Da así en la flor de convertir su ficción de independencia en un independencia real.

domingo, 15 de enero de 2017

Unidad de destino

Resulta ya patente que el sentido del golpe de mano en el PSOE y los acontecimientos posteriores no es la posible deriva derechista y/o neoliberal. Es la cierta deriva nacional española del partido. Van unidas, ya se sabe, la derecha y lo nacional. Y ese es el sentido del discurso joseantoniano de Javier Fernández, al que han puesto al frente del gatuperio. Se invoca la unidad y se pone en conexión con España y ya tenemos la unidad de destino en lo universal. Al fin y al cabo, fue un austromarxista quien acuñó esa definición de nación como unidad de destino, algo que mete miedo. Quiere decir que uno está condenado a aguantar a los compañeros de viaje hasta llegar a destino, que no puede uno apearse cuando el destino al que lo encaminan no le gusta. Debe de ser el colectivismo que late siempre en la izquierda,

Tiene chiste que llame a la unidad el que la ha roto, pero es muy frecuente en el discurso público general, decir una cosa y hacer otra. La junta gestora invoca la unidad, pero trabaja intensamente por dividir el partido. La invocación puede ser una advertencia o un conjuro y hasta una amenaza. El amor de la mentalidad autoritaria por la unidad es muy conocido y la habilidad de sus ideólogos para hacerla atractiva, muy refinada. Hay miles de libros explicando la excelencia de la unidad en política, hasta culminar en ese prodigio de inteligencia que fue Mi lucha, recientemente reeditada en Alemania: Ein Volk, ein Reich, ein Führer. Unidad al modo teutónico. Una, grande, libre, al hispánico.

Ese es el camino, desde luego, pero no es necesario recorrerlo entero, al menos de momento. No es esa unidad totalitaria en la que piensan los líderes de la izquierda que la reclaman a sus partidos, Fernández en el PSOE e Iglesias en Podemos. Es una unidad más político-filosófica, no al extremo parmenideano, pero tampoco muy alejada de él. Una unidad de espíritu, que desemboque en una unidad de acción. Se emplean fórmulas edulcoradas como "unidad en la diversidad" pero el hecho filosófico es terco: quien pide unidad no quiere multiplicidad. Luego lo justificará como le dé la gana o sepa, pero el hecho es que la unidad está reñida con la multiplicidad.

Negar la multiplicidad es negar la diversidad, algo imposible. Solo pueden hacerlo las mentalidades autoritarias que sueñan con universalizar la sumisión que le muestran sus seguidores y hacer sumisos también a todos los demás.  

La unidad se predica generalmente en torno a quien la invoca. En el caso de Javier Fernández es más por delegación, como un matrimonio por poderes. La unidad que pide es en torno a Susana Díaz y a la concepción que esta trae y ha podido verse en los últimos meses, desde el golpe de mano de octubre pasado. 

La petición de unidad de Iglesias en Podemos tiene una fuerte connotación autoritaria, procedente de eso que sus propios partidarios consideran un "hiperliderazgo". El enfrentamiento se ha personificado aunque ambas partes sostienen que no se trata de personalismos sino de propuestas. Y es verdad. Lo que sucede es que se trata de propuestas a corto plazo, inmediato, tácticas, sin referencia a cuestiones estratégicas (la parte de Iglesias) y de otras estratégicas, a largo plazo, sin referencia clara a las tácticas (la parte de Errejón) y, por lo tanto, no tienen modo de entenderse. Recuerda mucho el famoso intercambio entre Eduard Bernstein y Rosa Luxemburg. Decía el primero: el fin no es nada, el movimiento es todo. Respondía la segunda: el fin es todo, el movimiento el medio para conseguirlo. Viejo dilema de la izquierda, reforma o revolución. 

En el caso del PSOE, la controversia es entre configurarse como un partido de centro  o de izquierda. Y la verdad es que cada vez se ve más claramente una formación de izquierda, compuesta por gentes desgajadas del PSOE y de Podemos. Sería una oferta con un inmenso tirón electoral. La votarían todos los desengañados de la política de las otras izquierdas. Millones.

sábado, 17 de diciembre de 2016

La flecha ya está en el aire

Dos mujeres fueron ayer las protagonistas de la jornada pública, política; una en el Noreste, Carme Forcadell, y la otra en el Sur, Susana Díaz; una por un motivo, la otra por otro. Pero las dos se encuentran en el centro de sendos muy apasionados debates, con detractores y enemigos acérrimos y seguidores y partidarios incondicionales.

Carme Forcadell convirtió su comparecencia ante el TSJC en un acto político de afirmación de los derechos del Parlamento. Acompañada por la plana mayor del independentismo gobernante, solo respondió a las preguntas de su abogado e hizo afirmaciones de calado que pretenden romper el estrecho marco de unas diligencias judiciales para plantear un conflicto de legitimidades, soberanía parlamentaria, libertad de expresión, inmunidades de los representantes populares, etc. Quizá no esté muy bien ordenado conceptualmente pero sirve para articular un mensaje de carácter simbólico: la nación catalana agredida por el Estado a través de un Tribunal Constitucional cuya legitimidad  no reconocen las autoridades de la Generalitat.

Es una situación de crisis institucional con elementos de desobediencia que remite a un orden de ideas con muy buena prensa en la conciencia occidental: la lucha por la emancipación nacional. Le hacía falta una imagen, un símbolo icónico. Ya la tiene. Así como Mas llegó a tomar visos mosaicos cuando condujo a su pueblo al 9N, primera parada en el camino a la tierra prometida, Forcadell es una especie de Marianne actualizada y, como la francesa, una alegoría de la República, en este caso, la República Catalana.

Cualquiera sabe que llevar los conflictos al terreno de lo simbólico y sentimental y fomentar la creación de mártires, héroes, heroínas, en el bando contrario no es muy avisado. La potencia mediática de las imágenes de símbolos agredidos, representantes procesados, supera las más refinadas técnicas de comunicación política a la que pueda recurrir la otra parte. La historia de David y Goliat mantiene toda su fuerza; aunque quizá aquí fuera más de aplicación la de Judith y Holofernes, en sentido simbólico, por supuesto.

La bravura en el comportamiento de Forcadell, el apoyo social e institucional que tuvo, permiten augurar una etapa de creciente conflicto por vía de acción reacción que no se ve cómo podrá sortear el gobierno con su huera oferta de diálogo.

En todo caso, lo dicho, "la flecha ya está en el aire". No en el sentido del libro de Ismael Grasa (La flecha en el aire), que viene de Zenón, sino en el de Atahualpa Yupanqui: "La flecha ya está en el aire/para llenarse de sol".

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Una nación imaginaria

No arriendo la ganancia al gobierno. Si no fue capaz de ver la que estaba organizando cuando desgobernaba con mayoría absoluta, menos podrá ahora poner remedio. No entiende el país que gobierna y, además, no tiene fuerza para imponer su falta de entendimiento, como antes. Se ha quedado solo, con el grumete de C's, señoreando una "gran nación española" que solo existe en los aburridos alegatos de Rajoy. En el país, esa "nación española", grande o chica, está en pugna con otras que le niegan el ser.

Los dos partidos de la izquierda, PSOE y Podemos, acusan sobremanera la mordida de la cuestión nacional. El PSOE se ha partido por eso. El golpe de mano de Vendimiario se hizo por la sospecha de que Sánchez estuviera negociando algo con los indepes catalanes. Luego se ha coronado la cuestión montando una crisis con el PSC que tiene un origen obviamente nacional. Justo en el momento en que Felipe González desembarca de nuevo, como Arturo retornando de Avalon, para amparar y aupar la protocandidtaura de Lady Macbeth del Sur, se llega a una tregua con los díscolos socialistas catalanes que se obstinan en ir por libre, aunque luego hagan acto de ardorosa fe española. Como Iceta, para quien "nación no quiere decir ni Estado ni soberanía". He aquí otro concepto de "nación", imposible saber si grande o pequeña porque es etérea, incorpórea, sin conciencia de sí misma. Es una nación apendicular. Al menos en comparación con la gran nación "hispano-andalusí" que prepara el tándem Díaz-González con las bendiciones del cruzado Rubalcaba.

La cuestión nacional muerde en Podemos con mucha mayor fuerza. La decisión de Teresa Rodríguez de proclamar unilateralmente a Podemos Andalucía autónoma respecto al Podemos "nacional" pone al descubierto una realidad más o menos oculta: un Podemos que es un conglomerado de partidos nacionales no nacionalistas o no independentistas. A esa realidad se ha sumado Rodríguez proclamando el carácter de "nacionalidad histórica" de Al-Ándalus. Un conglomerado, mosaico, batiburrillo, laberinto, conjunto, concierto (cada cual lo calificará como le guste) articulado en torno al eje nacional. Y el principal problema de los partidos nacionales que lo integran es cómo ser "nacional" sin ser nacionalista y, en último término, independentista. Ese es el factor de inestabilidad de una organización que refleja en su estructura la realidad de un territorio "plurinacional" en el que dice creer. Y es problemático si de ese conglomerado sale una idea de nación española inteligible que no sea reducirla a la nación castellana. Es todo muy real a la par que imaginario.

En la derecha, la tensión nacional/nacionalista se resuelve a su modo. En dos de las naciones históricas, (Cataluña y País Vasco) su existencia es precaria. En la tercera, en cambio, Galicia, es hegemónica, pero no con hegemonía nacional gallega, sino española. Galicia es así un ejemplo de cómo se articulan las tensiones que otros llaman "nacionales" con la fe en la nación española, única e indivisible. Más o menos por la vía del caciquismo. Los distintos territorios se adaptan a la definición de Joaquín Costa del gobierno de España, como "oligarquía y caciquismo". En la parte que toca de más nacional-español al PSOE, a los caciques los llaman "barones". Pero la idea es la misma: prohombres con poder local. El poder solía venir de la fortuna personal pero, con el sistema de financiación pública de los partidos, ahora viene de la gestión de esos caudales del común

C's es, en realidad, un producto del nacionalismo catalán o, mejor dicho, de la lucha contra el nacionalismo catalán. Es su sola justificación. Pero fuera de Cataluña no tiene tirón. Sin duda los de C's fabulan su propia nación española como una comunidad liberal, abierta, libre de corrupción. Una nación tan inexistente como las otras y más difícil de predicar porque contradice la experiencia directa, cotidiana, de la gente.

Definitivamente, no arriendo la ganancia al gobierno y tampoco a la oposición. Esta no parece ponerse de acuerdo más que a la contra, para rechazar iniciativas pasadas o presentes de aquel. Su función es no dejar gobernar pero, al mismo tiempo, debería ser capaz de hacerlo ella. Sin embargo eso es imposible porque solo se pone de acuerdo a la contra. Excepción hecha de la cuestión catalana en donde parte de la oposición se pasa al lado del gobierno. 

Incidentalmente: la crisis del PSOE se complica. Uno de los posibles candidatos a SG de más peso ha desaparecido. Un juez ha procesado a Borrell imputándole un presunto delito societario. Justo el mismo día en que el interesado denuncia que le han timado no sé cuántos miles de euros en uno de esos tocomochos de la red. Realmente es toda una peripecia. Pero, en suma, estrecha el abanico de opciones del PSOE de momento a tres: Díaz, López y Sánchez.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Hoy, Palinuro en la Pablo de Olavide, Sevilla

La Universidad Pablo Olavide, sita en la carretera de Utrera, km. 1, en Sevilla, organiza una jornada sobre el siempre palpitante tema del nacionalismo y los nacionalismos en España y ha decidido invitarme a participar, cosa que considero un gran honor. Efectivamente, se trata del tema de los temas en nuestro país y, aunque mucha gente -incluso mucha que debiera estar mejor informada- se obstine en ignorarlo pensando que así no se manifestará, está siempre presente en el fondo y no tan en el fondo de todos los acontecimientos colectivos en el último siglo.

El problema de España es su articulación territorial. El franquismo (40 años) quiso suprimirlo por la vía del crimen y la represión; la transición (otros 40 años) quiso ignorarlo por la vía del disimulo. Y, al final, aquí está de nuevo, pues no se puede soslayar. La confrontación que está poniendo en jaque la renqueante estructura del sistema político de la Constitución de 1978 es el nacionalismo o, por mejor decir, la pugna entre el nacionalismo español (un nacionalismo castellano hipostasiado) y los nacionalismos periféricos, singularmente el catalán.

La jornada de la Universidad promete ser muy interesante, con ponentes de alto nivel, exceptuándome a mí.

El lugar será la sala de Grados del Edificio 7 de la Universidad Pablo de Olavide. 
La fecha, el 9 de noviembre y la participación de Palinuro, entre las 12:00 y las 14:00.

Mi intervención versará sobre España, un Estado plurinacional con un enfoque mitad histórico-empírico y mitad normativo. España es, de hecho, un Estado plurinacional, aunque no lo haya admitido nunca de derecho en su historia y haya cometido todo género de barbaridades para ignorarlo. Y, si quiere sobrevivir, deberá aceptar su condición plurinacional normativamente. Para ello basta con que lo admita y reconozca a las naciones que la componen el derecho a separarse cuando quieran.

Allí nos vemos.

jueves, 13 de octubre de 2016

El desfile de la discordia

Con motivo del 12 de octubre, día nacional por ley de siete de octubre de 1987, o sea, ayer, las autoridades españolas montaron el habitual espectáculo de nostalgias imperiales y afirmación patriótica. Como siempre que salen los símbolos a relucir, hay bronca de todo tipo. Se hace el 12 de octubre, día del Pilar y "encuentro" de América. Pero de América no se habla porque los ecos de genocidio que llegan del otro lado saben a cicuta. Se habla, sí de la nación española, cuya fiesta tiene 20 años de tradición. Veinte años para una nación que dice originarse hace 2.000 o, por lo bajo, 500 suena raro. 

Parece mentira pero este lío lo había organizado mejor Franco que es de quien, en realidad, se ha heredado esta fórmula sincrética del 12 de actubre nacional. Franco lo había dividido en dos: el día de la Hispanidad, el 12 de octubre y el día de la Victoria, el 18 de julio, que es el equivalente al nacional por entonces porque la Victoria había reconquistado la nación. Y se celebraba con un desfile militar, como correspondía a una dictadura que se había originado en una victoria en la guerra y se mantenía gracias al ejército. A su vez, Franco, había heredado el 12 de octubre como "día de la Raza", cual sigue celebrándose en varios países americanos. Así había rebautizado Alfonso XIII el día de la Hispanidad. Ya se sabe que los términos "raza" e "Hispanidad" han tenido significados distintos. Pero eso es indiferente. Lo curioso es que nunca había habido "día nacional", igual que no hubo hasta muy recientemente, monumento al soldado desconocido y me parece recordar, sin estar seguro, de que la hoy existente se reduce al soldado desconocido de las guerras del África.

La identificación del 12 de octubre con la nación española es bienintencionada. Corresponde al ánimo de aquellos "jóvenes nacionalistas", como llamaba la prensa gringa a los socialistas en los años ochenta. Los mismos que, dando muestras de su progresismo, instituyeron el día del debate parlamentario sobre el estado de la Nación, una mezcla explosiva en estos pagos. La nación es, claro, la española lo cual explica la habitual ausencia de catalanes, vascos y nacionalistas gallegos, que no vienen a bailar al son del pandero hispano. Se consideran naciones a sí mismas. En sus territorios se conoce este debate como debate de política general. Pues la nación española les niega el carácter nacional, ellas se lo niegan a su vez a la española. Y la discordia no solo es inter-naciones sino tambien intra-nación. Pablo Iglesias, el único dirigente que ha tenido el arrojo de no asistir a este coñazo de desfile (apud Rajoy), cuestiona no la nación española sino su forma de entenderla de raíz. 

Como se ve, el asunto es el habitual embrollo de esa cuestión esencial del ser de España, asunto que envenena la vida pública española. Por lo demás, que se celebre con el anacronismo de un desfile militar que ya no se sabe a qué gesta se refiere y que ese espectáculo cueste casi un millón € en un país con un salario mínimo de 655,20 € tiñe todo el asunto con el resplandor de los fuegos fatuos.

martes, 13 de septiembre de 2016

Sobre la República catalana

Hoy, a las 09:00 estaré en El matí de Catalunya Ràdio, con Mònica Terribas para, supongo, entre otras cosas, hablar de mi último libro sobre La República catalana que llegará mañana a librerías. Y eso dos días después de la séptima Diada camino de la independencia. No se me afeará que aproveche la ocasión para hacerme algo de publicidad, que no propaganda.

¿Por qué La República catalana? Muy sencillo: porque, después del objetivo independentista de esta gran movilización nacional, lo más decisivo es su carácter republicano. Algo que Palinuro ve con especial agrado. Pero hay más: imaginemos que alguien quiere encontrar una solución de compromiso en el contencios Cataluña-España, una de esas alambicadas fórmulas que tanto placen a quienes se las dan de grandes muñidores de soluciones felices. Por ejemplo, algo que suele oírse: una confederación peninsular. Dada la peculiar naturaleza de la institución monárquica, eso sería posible. Dos territorios autónomos, incluso mutuamente independientes, iguales, bajo un único monarca. Una situación que se ha dado algunas veces en la historia. Así estaba concebido el Imperio austro-húngaro. Pero, si uno de los territorios es una república, esa forma de Estado será imposible.

La República es una garantía de independencia.

El libro trata de muchos otros asuntos. De la problemática nación española y la emergente nación catalana, del sentimiento de frustración que se detecta en España y el de plenitud en Cataluña. Eso es palpable para quien observe los acontecimientos sin prejuicios. En ambos territorios la ciudadanía lo percibe con toda claridad. Por eso hay una continua, permanente, movilización voluntaria de la población en Cataluña y nada parecido en España sino todo lo contrario: desapego, indiferencia, hastío. Traten de organizar una manifestación voluntaria y sin trampas en pro de la unidad de España; a ver qué asistencia logra. La culpa, como es obvio, no la tiene la propia gente que, a este respecto, funciona como público o audiencia de un discurso que ha de hacerse en otra parte. En concreto, que deben hacer los políticos, los ideólogos, los intelectuales. Y aquí está el drama: ¿qué discurso hacen estos estamentos?

El horizonte de los políticos españoles es el de las próximas elecciones. El de los ideólogos, la vuelta al pasado o el mantenimiento del statu quo. El de los intelectuales, el silencio. Si quienes han de proyectar, propagar y realizar la comunidad imaginada que es la nación son incapaces de hacerlo, ¿qué futuro tiene esa nación?

domingo, 11 de septiembre de 2016

Donec perficiam

Esta Diada es el punto de no retorno. Lon indepes estarán todos al carrer en fuerza, por séptimo año consecutivo a afirmar su condición nacional de modo pacífico, después de la sentencia del Tribunal Constitucional en 2010 que dinamitó la última posibilidad entendimiento entre Cataluña y España.

Todos miran hoy a Cataluña. Los mayores medios extranjeros, para informar cumplidamente de lo que suceda y cómo condicionará el futuro. Los españoles, incluidos algunos que se editan en Cataluña, para tergiversar, mentir y ocultar la realidad. Una realidad de cientos de miles, quizá millones, pidiendo referéndum y/o independencia y de varias decenas de nostálgicos del franquismo, flameando banderas de guerra. Y como no es posible ensalzar estas ridículas capillas gritonas de fachas resabiados, los medios se concentran en buscar divergencias y enfrentamientos entre los independentistas y en negar que haya manifestaciones. Es tanto el afán por ver lo que no hay que ya venden como desunión la convocatoria de la Diada en las cuatro capitales de provincias.

No he acabado de entender el acto de anteayer de Sant Boi de Llobregat con En Comú Podem (Dante), la CUP (Gabriel) y ERC (Junqueras) con exclusión del PDC, aunque tampoco me parece que tenga mayor importancia, aparte de aclarar las diferencias entre la izquierda no independentista y la independentista, cosa conveniente porque la primera sigue jugando a la ambigüedad y el oportunismo. Sí, en cambio, está claro el significado del de hoy en el mismo sitio, Sant Boi, convocado por los Comunes y al que asiste Ada Colau. Los de Podemos y confluyentes tratan de contraprogramar el independentismo y dividirlo. Aspiran a materializar el derecho de autodeterminación mediante un referéndum pactado con el Estado, que es como esperar que llueva hacia arriba y a ese señuelo lo llaman catalanismo popular, sin darse cuenta de cómo suena a democracia popular el cuento con que los comunistas disfrazaron las dictadura de partido que erigieron los soviéticos en los países europeos que ocuparon. Por lo demás, tampoco parecen tener gran éxito: al mitin han acudido entre 300 y 400 personas, familiares de los intervinientes incluidos.

Sí, se trata de restar fuerza a los independentistas. Los del Junts pel Sí y la CUP verán el empeño con muy malos ojos y lo calificarán de "lerrouxista". Pero estos izquierdistas no independentistas están en su derecho. Si los indepes, a su vez, quieren ganarlos, deberán intensificar sus esfuerzos y acrecentar la visión de unidad. Probablemente este sea el sentido de la presencia de Junqueras y Gabriel en el pasado mitin de Sant Boi: evitar una baza del españolismo pepero y sociata hablando de "desunión" entre los indepes. Quizá sea igualmente la intención de Colau y Domènech cuando dicen que también irán a la Diada: no dar sensación de enfrentamiento, aunque igualmente puede tratarse del deseo de que no los vean como el grupúsculo escisionista que en realidad son.

Algo es claro. Lo importante es hoy la Diada. Todo lo demás, perendengues. Y una Diada fuerte, masiva, pacífica, democrática. Independentista. La gente con las asociaciones cívicas, los partidos políticos, las instituciones y su presidente a la cabeza. Esa imagen va a dar la vuelta al mundo. Donec Perficiam.

Cuando hagamos el balance de la jornada de hoy comentaremos también la jugada de Puigdemont de anunciar una petición de referéndum al Estado para el próximo 28 de septiembre. Cuando el Estado lo niegue, el camino a la unilaterialidad estará expedito.

miércoles, 20 de julio de 2016

Los medios y los fines

Sigo pensando que el programa independentista republicano catalán es la verdadera oposición al gobierno y al Estado. Conviene distinguir para entender lo que está pasando.

Una mentalidad mecanicista dirá que, pues es oposición, debe alinearse con la oposición en el congreso. Pero esa idea ignora la vertiente de oposición al Estado, para la cual el gobierno es un medio, pero no un fin en sí mismo. El gobierno catalán tiene su propia hoja de ruta y le es indiferente (hasta cierto punto) quién le haga el contrapunto en España.

La composición de la mesa del Congreso fue un vodevil, casi una comedia de enredo, entreverada de resonantes propósitos y despropósitos. Según versión nacionalista catalana, estando en negociaciones con el PSOE, Iglesias terció a las escondidas, proponiendo el nombre de Domènech en detrimento de López. Preguntado Errejón -a su vez en negociaciones sobre López-, al parecer, no sabía nada. Es portavoz, pero portavoz desafinada. De ser esto así (que también puede tratarse de una fábula del PDC y ERC para justificarse ante la crítica de haber facilitado las cosas al PP), cabe entenderlo en tres claves distintas, pero complementarias.

Según la primera: en Podemos alienta una fuerte inclinación anti-PSOE que viene de la antigüedad comunista con la vieja ambición del sorpasso anguitiano. El enfrentamiento a gritos entre el diputado Zaragoza (PSOE) y el diputado Monereo (UP), sacándose a relucir mutuamente las parejas de la vergüenza (Anguita/Aznar y Vera/Barrionuevo) ya vaticina lo que nos espera de bronca en la legislatura en la que el PP y C's harán lo que quieran mientras las izquierdas se zahieren.

Según la segunda clave, Podemos no cumple sus promesas. La de la nueva política con la crítica implícita al parlamentarismo ("no nos representan") se ha transformado en un frenético cabildeo a la usanza de la más vieja política, con reuniones secretas, ambigüedades, falseamientos. Y todo eso mientras se acentúa la política de gestos para la audiencia, normalmente vacíos, pero con intención de construir un ambiente simbólico de ruptura que se proclama pero no se practica.

Según la tercera clave, Podemos no es serio en su acción política en conjunto. En su dirección y no solo en su líder, hay una confusión permanente entre las instituciones y los medios. En realidad, se instrumentalizan las instituciones al servicio de los medios. Porque se confunde a los medios (de comunicación) con los fines. Podemos hace una política espectáculo que ya permite prever que seguirá haciéndola durante la legislatura: grandes, ampulosos, gestos mientras la grisácea tarea de gobernar el día a día, de legislar y organizar la vida corresponderá a la derecha.

Tenía que ser un vodevil y lo fue. Los de Podemos quedaron de villanos de la obra, veletas tornadizas sin sentido de la lealtad y los socialistas como bobalicones a los que se engaña como a los niños. Ahora, por despecho, dicen que la composición de la mesa -facilitada por los nacionalistas- ya preanuncia que el PP podrá formar gobierno y lo animan a buscar los apoyos que le faltan porque suponen, con escasa justificación, que los nacionalistas no favorecerán un gobierno del PP. Pero pueden hacerlo, como han propiciado la composición de la mesa, ¿por qué no?

Si hay un gobierno del PP en minoría, será igual al existente y procederá de idéntico modo. Hay quien dice que, al estar en minoría, tendrá que moderarse. Es lo que argumentan los socialistas más conservadores para provocar la abstención del PSOE. Pero es obvio: si el PSOE se abstiene, se hunde. Apoyar el gobierno más desprestigiado, inepto y corrupto de la democracia no es un acierto. Además, no es verdad que, al estar en minoría el gobierno se modere. No le hará falta porque jugará con las divisiones y enfrentamientos de la oposición que es más oposición hacia dentro de sí misma que hacia fuera.

Es tal la seguridad de la derecha en este salida que Rajoy cuenta con que el Rey pida a Sánchez la abstención. Nadie en España se ha tomado nunca muy en serio la Constitución, pero esta descarada pretensión de la derecha de instrumentalizar al monarca, rebosa la imaginable. ¿No son estos los que predican la neutralidad política de la corona? Para el PP, la monarquía no es un fin en sí mismo sino un medio para el mantenimiento de su poder de partido.

Entre tanto, llegará septiembre, se verá cuánta gente sale a la calle el día once en Cataluña y se iniciará la etapa final del proceso. En realidad, ya ha empezado pues el Parlament tendrá que responder a la petición de Tribunal Constitucional de que suspenda la tramitación de la legislación de desconexión. Ahí se dará la primera escaramuza. Luego llegará la cuestión de confianza a Puigdemont. La CUP puede votar que no o que sí. Si vota que no se convocarán nuevas elecciones y el resultado puede ser terriblemente variado. Y el proceso habrá sufrido un retroceso. Si vota que sí, el proceso seguirá a toda velocidad, con independencia del gobierno que haya en España.

A partir de ese momento se entrará en una dinámica de conflicto que no tiene por qué ser muy distinto con un gobierno de derechas o de izquierdas ya que ambas corrientes españolas son dinásticas, incluido por omisión sedicentemente astuta, Podemos. Y ahí es donde se verá si las concesiones en la composición de la mesa del Congreso son meras maniobras tácticas que no afectan a la voluntad de llevar adelante el proceso constituyente republicano o si son claudicaciones en mayor o menor medida. Todo pronunciamiento anterior en pro o en contra será un juicio de intenciones.

Intenciones ¿respecto a qué? Respecto a un panorama político español tan deteriorado que la opción con mayores posibilidades es la confirmación en el poder del mismo gobierno que ha traído al país a este desgobierno y presidido por el principal responsable de todo ello que se niega a admitir responsabilidad alguna por sus actos.

La dirección del PSOE es incapaz de gestionar la posición de absoluta centralidad que le ha correspondido. Igual que el asno de Buridán, no puede pronunciarse por ninguna de sus dos opciones. Su concepción "uninacional" de España lo acerca al PP, justo el partido con el que no quiere saber nada. Su inclinación al reformismo socialdemócrata y a la izquierda en general lo empuja hacia Podemos, un partido cuyo objetivo esencial es acabar con el PSOE. Abstenerse es no decidirse y, como el asno de Buridán, perecer por inanición.

En ese panorama, ¿de dónde saca el personal que los indepes catalanes están claudicando en su objetivo propio?

martes, 10 de mayo de 2016

Mañana, conferencia de Palinuro en Mataró

Sí señor, en Mataró. El primer punto al que llegó el primer tren que salió de Barcelona en 1848, origen del  ferrocarril peninsular. Hubo uno antes en Cuba, La Habana-Güines, en 1939. En la sede de Ómnium Cultural, carrer d'Argentona, 59, a las 19:30 de mañana, día 11. El tema que me corresponde desarrollar es: Formes de democràcia participativa en els estats ocidentals. Tiene una formulación así como académica y he preparado una pequeña presentación en pwp sobre este asunto de la democracia participativa, que es tema muy debatido en la ciencia política desde que en 1970, Carole Pateman, una teórica política feminista, publicara su libro Participación y teoría democrática. En realidad es un asunto que viene de los debates en tiempos de Rousseau y los siguientes con la cuestión de la libertad entre los antiguos y los modernos, pero con Pateman se puso a la orden del día en las sociedades industriales avanzadas.

Desde entonces ha vuelto a llover mucho y las sociedades industriales avanzadas de entonces son hoy antiguallas que miramos con con cierta condescendencia mientras buscamos un lugar en casa para instalar el teléfono de baquelita que acabamos de comprar en una tienda de antigüedades por un pastón siendo así que hace medio siglo era el epítome del refinamiento futurista. Aquellas sociedades industriales que llamaban "industria" a los altos hornos y las cementeras desparecieron del horizonte, dejaron el paso a sociedades del ocio y el consumo teorizadas por sociólogos consumidores de daiquiris en las playas del Caribe y, luego, por las sociedades tecnológicas, cuyas doctrinas líquidas y postmodernas miraban con ironía los proyectos participativos para dejar paso hoy a las sociedades de la información y la comunicación en las que la acción participativa se ha convertido más en una compulsión que en una devoción.

No obstante, como creo que mis anfitriones esperan que vincule la  participación política con la acción colectiva nacionalista y hasta independentista, trataré de sostener la tesis de que las tendencias participativas se articulan hoy en formas de acción colectiva que llamamos "multitudes inteligentes" (H. Rheingold). Y de situar todo esto en Cataluña, hoy, a través del surgimiento y desarrollo de la República Catalana.

Allí nos veremos.

domingo, 10 de enero de 2016

La Brunete mediática, Mas, la CUP y España

La Brunete. Si la prensa "moderada" se pone así, no quiero pensar cómo estarán los herederos del Alcázar, la División Azul y ¿Dónde vas Alfonso XII? Echando las muelas, supongo. Un titular torticero, un editorial lleno de falsedades, mentiras como noticias y llamadas histéricas al gobierno de concentración. Eso es El País de hoy, un buen ejemplar de la caverna. Cualquier coincidencia entre estas "noticias" y lo que pasó ayer en Barcelona es pura casualidad. Si por este diario fuera, Mas estaría ya en la cárcel y Cataluña, intervenida. Y tienen la desfachatez de llamar periodismo a esto. Su desesperación es comprensible: los políticos españoles son un manojo de ineptos. Los del gobierno, además, unos mangantes; y los de la oposición, unas pobres gentes tan inútiles como aquellos a los que se oponen y a los que, en realidad, no se oponen. A unos y otros Cataluña les suena al País de la Cucaña, gracias a la "ñ" y, para cuando hayan aprendido a pronunciar el nombre del nou president, Carles Puigdemont i Casamajó, las catalanas llevarán quinquenios de independencia.

Mas. El País no puede contar lo que pasó ayer en Barcelona porque el miedo lo ciega. Sigue empecinado en que la movilización social catalana es una manía de Mas, al que considera el motor de la independencia. Ahora resulta que la retirada del motor acelera esa independencia. Esto es mejor, si cabe, que lo del núcleo irradiador, pues implica una patada a la lógica aristotélica según la cual una cosa no puede ser ella misma y su contraria al mismo tiempo. El País no vio lo que pasó ayer y, por tanto, no lo entendió, así que, si quiere enterarse, lea un Palinuro también de ayer, Gobierno en Cataluña y perdóneseme la inmodestia de citarme. Lo hago por no aburrir a l@s lector@s habituales con una repetición para que los de El País entiendan una realidad sobre la que informan y de la que saben tanto como de los indios mescaleros. Ayer, Mas triunfó en toda la línea, convirtió una derrota en una victoria, eliminó la posibilidad de unas elecciones nuevas (en las que Colau y Podemos tenían puestas sus ambiguas esperanzas), y no solo "avivó" la secesión, sino que devolvió la esperanza y la ilusión a cientos de miles de catalanes y demostró ser un político de una talla insólita en España, políglota, de nuestro tiempo, capaz de articular ideas, con personalidad, a años luz de estos mediocres del páramo hispánico, encabezados por ese semianalfabeto hincha de fútbol que lleva cuatro años destruyendo el país que desgobierna. Como Mas los lleva mejorando el suyo y poniéndolo a punto para la independencia. Además, convirtió el lamentable veto de la CUP en su consagración como próximo presidente de la República catalana. Y de la CUP ya veremos lo que queda.

CUP.¡Qué desastre! ¡Qué decepción! ¡Qué modo tan vergonzante de pasar de la fraseología revolucionaria, la consistencia, la coherencia asamblearia, etc., a un pacto vergonzoso de
subalternidad que convierte su grupo parlamentario en una mezcla de rehenes y comparsas de Junts pel Sí. ¡Cómo se nota que esta gente inflexible y doctrinaria puede vetar y hacer daño, pero carece de malicia y experiencia parlamentaria para resistirse a lo que le ha pasado! A cambio de investir a una "candidato alternativo a Mas" (que es un hombre de confianza de Mas, nombrado por Mas, quien se queda dando instrucciones y controlando el proceso en estos decisivos 18 meses y en función de competencias que él mismo determina), ha quedado atado de pies y manos como una especie de sidecar de la moto de Junts pel Sí. Para tratar de edulcorar este amargo trago, la CUP publicó una nota (ver a la derecha) en la que, mediante retórica y disimulo, daba a entender que su derrota era una victoria. Para desengañarse, basta comparar la nota de la CUP con el acuerdo real (también a la derecha) con Junts pel Sí. Los simpatizantes de la CUP que pedimos la investidura de Mas sufrimos una frustración con su veto. La incapacidad de la organización de rectificar sin entregarse al vencedor para que este la lleve humillada como las legiones romanas a Vercingétorix es ya la decepción final. Parafraseando a Francisco de Borja ("¡nunca más servir a señor que se pueda morir!") diremos "¡nunca más simpatizar con quien no sepa estar a la altura que los tiempos requieren!" Porque hace falta ser verdaderamente inútil para vetar a Mas como presidente con plenos poderes y responsabilidades para investirlo como presidente en la sombra con los poderes pero sin las responsabilidades. Y es que, si Mas da sopas con honda a todos los políticos españoles juntos o separados, a estos infelices de la CUP los deja sin saber lo que hacen y, desde luego, sin poder justificarlo después. Por cierto, este acuerdo, que es una entrega completa de la CUP a JxS ¿no ha de someterse a asamblea alguna?

España. En España cunde el desconcierto, situación habitual de una oligarquía que jamás se ha tomado el trabajo de entender el país que lleva siglos esquilmando. Ni la oligarquía ni su aparente oposición que comparte con aquella la ignorancia del país, los prejuicios sobre los nacionalismos periféricos y su injustificada valoración de la nación española, aunque con unos toques de leve progresismo. Desde el principio del año 2015 Palinuro vino avisando de que las elecciones y, en general, toda la política española estarían condicionadas por la evolución en Cataluña porque el independentismo llevaba la iniciativa y los españoles no tenían nada a que echar mano. Bien se ve ahora. Nadie ha preparado nada, nadie tiene una alternativa, nadie se tomó en serio la impresionante movilización social catalana en pro de un Estado nuevo. Al contrario, Rubalcaba sacó del baúl de la abuela un traje con olor a naftalina llamado federalismo y en el cual no creía; Rajoy, sin duda el presidente más tonto que ha aguantado este país desde los tiempos del general Narváez, calificó la manifestación multitudinaria de la Diada de 2012 de algarabía y este buen hombre, Sánchez, hechura de Rubalcaba, agita el espantajo federal mediante una reforma constitucional que tampoco podrá llevar a cabo. 

No estoy seguro de si el PSOE podrá resistir la presión para que, dadas las circunstancias, se forme una gran coalición de PP, PSOE y C's. Si lo hace solo le quedará la vía de un gobierno de izquierda para el que necesitará el apoyo de Podemos y ERC más Democracia i Llibertad, lo cual es imposible porque todos ellos pedirán el referéndum de autodeterminación al que Pedro Sánchez,  español y mucho español, se niega. Así las cosas parece imposible evitar nuevas elecciones que se harán, cómo no, con la vista puesta en Cataluña. Si el PSOE no resiste la presión y forma gobierno con el PP, no solamente se hundirá él, como le vaticinan todos los analistas sino también el PP y, mira por dónde, si Podemos y Ciudadanos no terminaron con el bipartidismo dinástico (al que pretenden sustituir) esa tarea puede estar reservada a la República catalana.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Inhabilitar, sí, pero ¿a quién?


Ya vuelve el ganado por la querencia. Miguel Ángel Rodríguez, ariete del primer gobierno de Aznar, dice que Mas necesita una fusilamiento. Y él un cerebro.

En cuanto al pintoresco habitante de La Moncloa, el asunto es ya patético: después de cuatro años de abulia e inacción frente a Cataluña; de haber rechazado todas las peticiones nacionalistas; de haberse negado a negociar nada; de haber dicho que las multitudinarias manifestaciones de las Diadas eran algarabías; de haber convertido el Tribunal Constitucional en el alguacil y chico de los recados de sus caprichos; de haber hecho todo tipo de guerra sucia y recurrido a todos los procedimientos para  enfangar la figura de Mas; de haber prohibido la consulta del 9N sin poder impedirla; de imputar en vía penal a los responsables políticos de una consulta democrática; de perder las elecciones del pasado 27 de septiembre; después de todo eso, el gobierno da una patada al tablero y, en un ataque de soberbia y autoritarismo, quiere empapelar a una veintena de representantes democráticamente elegidos.

Para ello ordena al puñado de figurones capitaneados por un viejo franquista en el Consejo de Estado que le den argumentos para impugnar jurídicamente una declaración de intenciones políticas. Se reúne luego de urgencia en consejo extraordinario de ministros y ordena a ese remedo de Tribunal Constitucional (TC) a su servicio que suspenda una hoja de ruta de un órgano legislativo. Lo hace pretextando la defensa de la democracia que solo él y sus agentes en las instituciones están ignorando y pisoteando. Y afirma seguir un criterio de proporcionalidad, lo que seguramente quiere decir que todavía no ha ordenado bombardear el Parc de la Ciutadella.

El TC se presta a este dislate porque, en el fondo, carece de autoridad moral para emplear un juicio propio si alguno tuviera. Pero su pretensión es tan ridícula como las urgencias de un gobierno negligente e inepto, incapaz de prever las consecuencias de sus actos. De un gobierno de irresponsables que ha llevado al país a la ruptura y al riesgo de una explosión social.

En algo coinciden estos personajes, los secretarios fusileros, los gobernantes incompetentes y los magistrados serviciales: en el recurso a la amenaza frente al propósito previamente anunciado de las autoridades catalanas de desobedecer las órdenes y normas de las instituciones españolas que consideran deslegitimadas. Nadie ha explicado a estos genios que solo pueden proferirse amenazas que sea posible cumplir. Si las veintiuna personas designadas nominatim no hincan la cerviz ante la arrogancia y la prepotencia de unos gobernantes sin idea alguna de la que están organizando, ¿qué harán estos? ¿Mandar los tanques a la diagonal? ¿Suspender la autonomía invocando el artículo 155? ¿Aplicar la Ley de Seguridad Nacional, cocinada en secreto con Rubalcaba y que, según el ministro Catalá, estaba pensada para otros menesteres? ¿Encarcelar a los veintiún desobedientes? ¿Procesar a dos millones de independentistas? ¿Clausurar todos los ayuntamientos catalanes que se han adherido a la declaración cuestionada? ¿Decretar el estado de excepción, como decía Palinuro ayer?

Hasta Rajoy se ha dado cuenta de que el problema es el más grave de su mandato. Lo ha dicho en un programa de radio dedicado al fútbol, al parecer el único contexto que estimula su raciocinio. Por ello ha forjado una alianza sagrada con el PSOE, convertido en un partido auxiliar a sus órdenes, reaccionario, monárquico y centralista y con tanta idea del nacionalismo catalán y del nacionalismo en general como del tagalo. Sánchez y él coinciden en que primero va la unidad de España y luego lo demás, si es que hay demás. Y aquel es incapaz de exigir a este cuando menos explicaciones por haber llevado al país a esta situación de crisis constitucional sin precedentes. Y haberlo arrastrado a ella sin margen de actuación propia.  

En Europa están pasmad@s y contienen el aliento, a ver qué nueva barbaridad perpetran estos españoles, cuya pátina democrática ha desaparecido al primer conato de resistencia frente a la arbitrariedad. Palinuro barrunta que ya están preparándola: es posible que, en cuanto la mesa del Parlamento proclame su intención de seguir adelante con la declaración que el TC ha suspendido, los diputados de C's, el PP, también del PSC y quizá de Catalunya Si Que Es Pot (más conocido allí como QWERTY) se ausenten del pleno y escenifiquen una retirada al Aventino, es decir harán lo que el PSOE ha sido incapaz de hacer en esta legislatura en el Congreso por miedo. Así se generará una situación de bloqueo que radicalizará las posiciones en un momento en que ya están preparándose las movilizaciones ciudadanas para defender las instituciones. No duden los estrategas del gobierno de que los catalanes van a salir a la calle a apoyar a sus representantes. Con el parlamento en las únicas manos de los independentistas y el carrer para sus votantes, el presidente de los sobresueldos habrá conseguido el milagro: empujar él solo a la independencia de Cataluña. Así corona ya su desatino. 

Efectivamente, quizá sea pertinente inhabilitar a alguien, pero ¿a quién?

Un pueblo en marcha.

Vicent Partal (2015) 9-N. Història secreta d'una votació revolucionària. Barcelona: RBA (143 págs.)
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Los acontecimientos históricos deben tener sus cronistas. Y estos han ser contemporáneos de lo que relatan, deben vivirlo directamente, no contarlo por referencias. Para eso ya está la historiografía posterior. Los historiadores, además, agradecen los testimonios de los cronistas pues, aunque no cabe darles crédito incondicional, ya que siempre hay sesgo en los relatos, tienen una veta de realismo e inmediatez, muy conveniente para equilibrar las narraciones posteriores, los sesudos libros de historia que suelen escribirse cuando los protagonistas de los hechos son ya sombras del pasado. Los relatos de los cronistas, de los testigos directos, son esenciales no solo por lo que dicen o resaltan sino también por lo que no dicen, lo que callan o lo que olvidan, sin darle importancia y, con el paso del tiempo, a veces la tienen e incluso se revelan esenciales.

El libro de Partal, una crónica en vivo y en caliente de los acontecimientos que llevaron a la votación histórica del 9 de noviembre de 2014 (9N) que desembocaría luego en las elecciones plebiscitarias del 27 de septiembre de 2015 y en la situación que vivimos ahora mismo, es el resultado rápido, ágil, vibrante de un proceso de poco más de un año en Cataluña. Partal, director del digital Vila Web, es un periodista con mucha "mili", experimentado, templado, conocedor de la realidad que retrata y de los personajes que la viven. Su libro es la crónica de un hecho insólito: cómo Cataluña, reiteradamente frustrada en sus aspiraciones nacionales, finalmente consigue realizar la votación del 9N (primero planteado como referéndum, inmediatamente prohibido, y luego como consulta no referendaria) en ejercicio de una soberanía de hecho, no reconocida en texto legal alguno, en clara desobediencia del gobierno central, de un modo pacífico y democrático y con una participación ciudadana espectacular.  En aquella fecha votaron  2.344.827 ciudadanos y un ciborg (p. 109) y 80,91% de los votantes lo hizo con un doble sí a la pregunta del referéndum que el gobierno español consideraba ilegal: sí a que Cataluña se convirtiera en un Estado y sí a que fuera independiente. Un ciborg (Cyborg en inglés, esto es Cybernetic Organism) es un ser vivo consciente, racional, parcialmente orgánico y parcialmente mecánico. Se trataba de un anglo-catalán con pasaporte español que votó con toda legalidad como ciudadano que es.

Esa votación se produjo en neta desobediencia de la prohibición del Tribunal Constitucional y a causa de ella en este momento se encuentran imputados las tres personas que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña considera responsables: Artur Mas, presidente; Joana Ortega, Vicepresidenta e Irene Rigau, consejera de Educación. Y eso que el presidente Rajoy había dicho a los cuatro vientos que la votación (que él fue incapaz de impedir) era una pantomima carente de efectos jurídicos. Claro que nadie en España espera que las afirmaciones de Rajoy tengan relación alguna con la realidad.

Con aquel acto de desobediencia culminaba un largo proceso de movilización paulatina de las fuerzas soberanistas catalanas que tuvo una serie de hitos. El Estatuto de 2006 fue votado por 1.800.000 personas con un nivel altísimo de aceptación. Fue, sin embargo, recurrido por el PP ante el TC en lo que Pérez Royo llamó en su día un golpe de Estado que produjo una sentencia desfavorable de dicho tribunal en 2010, último golpe a un texto al que el Parlamento español ya había pasado una garlopa. Esta sentencia (en opinión de Palinuro una verdadera provocación y un ataque a los sentimientos nacionales catalanes) provocó una reacción de frustración e indignación entre la gente que fue manifestándose luego año tras año en asistencias cada vez más masivas a concentraciones y diadas (la fiesta nacional catalana del 11 de septiembre) El 10 de julio de 2010, en protesta por la sentencia del TC, 1.500.000 personas bajo el lema som una nació; nosaltres decidim. La Diada de 2012, 1.500.000 ciudadan@s bajo el lema Catalunya nou Estat d'Europa. La Diada de 2013, con el lema Via catalana (a la independencia), 1.600.000 personas. La de 2014, 1.800.000 personas con el lema Ara és l'hora, units per un país nou.

Aquí arranca el relato de Partal. Después de la Diada de 2013, conscientes las fuerzas políticas soberanistas de que había un fuerte ánimo independentista en el país, movido por las asociaciones de la sociedad civil como la Assemblea Nacional Catalana, Ómnium Cultural, la Asociació de Municipis per a l'independencia, Súmate, etc, resuelven articular y encabezar el proceso. En la mañana del 12 de diciembre de 2013, los representantes de CiU, ERC, ICV-EUiA y la CUP decidían convocar el 9-N (p. 20). Un "acuerdo muy rápido", impulsado por la vía catalana, aunque Mas aún era reacio a pronunciar la palabra "independencia" (p. 23). El acuerdo se celebró con una histórica fotografía en la galería gótica del Palau de la Generalitat, a la que, por cierto, el PSC no asistió (p. 29), inaugurando así una actitud de desconcierto, rectificaciones, contradicciones que han acabado con las escasas esperanzas del socialismo catalán. Algo que también ha sucedido en parte con la versión catalana de Izquierda Unida.

Por cierto, preguntado Rajoy qué pensaba de la movilización de 1.500.000 de personas en 2012, contestó despectivo que se trataba de una algarabía, mostrando así no solamente su desdén y desprecio por el nacionalismo catalán sino su absoluta irresponsabilidad que, andando no mucho tiempo (tres años más tarde), ha llevado al país a la ruptura.

Lo primero que los soberanistas intentan es un acuerdo con el gobierno de España. En tres ocasiones acude Mas a La Moncloa, en 2012 (aixó no ha anat bé), en agosto de 2013 y julio de 2014 y las tres veces Rajoy le da con la puerta en las narices.  El 23 de febrero 2014, el Congreso español rechaza la petición de referéndum de Cataluña por 299 votos en contra (PP, PSOE, UPyD) y 47 a favor (IU y nacionalistas) (pp. 36/37) y el 25 de marzo de 2014, el TC anula la declaración de soberanía del Parlament (p. 44), aprobada el 23 de enero de 2013. El mismo TC que anula el 29 de septiembre de 2014 la ley de consultas aprobada por CiU, ERC, PSC, ICV-EUiA y la CUP en el Parlament y firmada por Mas el 27 de septiembre (p. 68)

Entre los "no", "no" y "no" reiterados del gobierno central y su oficina de prohibiciones disfrazada de Tribunal Constitucional y carente de toda legitimidad, la fuerzas políticas soberanistas (CiU, ERC y la CUP) más las mentadas asociaciones de la sociedad civil, van tejiendo entre dificultades, contradicciones, errores, peleas y reconciliaciones que Partal relata con ritmo, en una carrera contra reloj la unidad que se proponen. En esa carrera, las aventuras exteriores dan una gran visibilidad al proceso que la diplomacia española, en manos de un incompetente, no consigue evitar y que el autor narra con especial delectación pues de todos es sabido que en cuestión de lenguas, extranjeras y la propia, el presidente es un saco de anécdotas chuscas.

Fijada la votación, por fin para el 9N, el Tribunal Constitucional vuelve a suspender la consulta participativa el cuatro de ese mes, pero Mas desobedece...y la consulta se celebra, Cataluña ha vencido al Estado en su propio territorio de defensa de soberanía y Partal recurre a la autoridad del viejo teórico de esta, Jean Bodin, para dictaminar que España es un Estado fallido (p. 135). Ese Estado fallido es el que, al día de hoy, se arriesga a provocar un desastre en manos del mismo inepto personaje que desgobierna lo que él, en su mundo de ilusión y propaganda, llama la nación más antigua de Europa, faltando a la verdad, como siempre.

Los buenos periodistas adoban sus crónicas con unas gotas de contenido sentimentalismo. El relato de Partal termina con un "episodio final" titulado Herri bat... que recoge un momento emotivo que luego tendría una consecuencia política de curioso calado. Cuando Mas -cuenta Partal- va a votar el 9N, reconoce en una de las mesas de interventor a David Fernández y, en un gesto espontáneo de ambos, los dos se funden en un abrazo que fue recogido por decenas de móviles y vídeos y se viralizó en las redes. El histórico Mario Zubiaga reproducía la foto en un tuit con una leyenda: Herri bat..., un pueblo. Algunos meses después, con motivo de la campaña en las elecciones del 27 de septiembre de este año, Pablo Iglesias desembarcaba en Barcelona como si viniera de la estratosfera, y en su primer mitin profirió aquella muestra de absoluta ignorancia del espíritu nacionalista catalán, confundiendo la lucha de clases con la pipa de Magritte, al decir a sus seguidores que "nunca lo verían abrazarse con Artur Mas". Allí quedó claro que Podemos no tenía nada que decir en Cataluña porque no sabía qué tierra pisaba ni con qué gente trataba.

Pues eso, con un poble en marxa. 

miércoles, 21 de octubre de 2015

Cataluña/España.

Hoy, 21 de octubre, a las 19:00 en el centro cultural Blanquerna (c/ Alcalá, 44) presentaré el libro de Josep Centelles i Portella Entender Cataluña. Por qué tantos catalanes quieren un Estado propio en compañía del autor.

Quien quiera tener una idea aproximada de lo que voy a decir puede echar una ojeada a la crítica que le hizo Palinuro en su día, titulada La estatocracia española, en la que aprovechaba el concepto con el que el autor diagnostica la realidad del problema. Estado contra Estado, los independentistas catalanes quieren tener el suyo para combatir de igual a igual con el español en esa compleja relación de amor/odio que ha venido festoneando nuestras seculares relaciones. Es una vieja aspiración que se condensa en la antigua formulación medieval del aeque principaliter. Supongo que Centelles, cuyo catalanismo arranca de la amarga experiencia de formar parte de una España que jamás fue capaz de tratarse a sí misma ni a sus hijos con la dignidad que todos merecían, abrigará la esperanza de que el futuro Estado catalán, la República catalana, no incurrirá en el mismo defecto estatolátrico. Tratándose de un futurible, la cuestión quedará abierta. De momento, nuestro cometido es tratar de entender los motivos de un divorcio cada vez más inevitable.

Tod@s bienvenid@s.

domingo, 18 de octubre de 2015

Horizonte de desobediencia.

Aquí mi columna de elMón.cat en la versión catalana. Es imposible hablar ni dialogar con quien se niega a hacerlo, quien no se mueve, no hace propuesta alguna, no admite la existencia del otro, ni le reconoce legitimidad, ni siquiera respeta su derecho a la existencia. Es imposible entenderse con quien no quiere entender ni encontrar un terreno común y solo está dispuesto a emplear la fuerza.

Esta es la versión en español.



Horizonte desobediencia.
                                                                                                    
La política fluye, como un río que no cesa. Rebasada la declaración de Mas ante el TSJC, con amplio respaldo institucional y popular y fuerte proyección internacional, entramos en un tramo nuevo: constitución del Parlamento catalán y aplicación de la hoja de ruta hacia la independencia bajo la amenaza del procesamiento del presidente de la Generalitat. En el horizonte, la posible condena a Mas y la también posible desobediencia de las instituciones catalanas.

Es gravísimo que la Generalitat se plantee desobedecer la ley, dice la vicepresidenta del gobierno central. Tanto, añade su jefe el presidente, que, si la desobediencia se da, puede llegarse a la suspensión de la autonomía, vía artículo 155 de la CE. Entre tanto Manos Limpias seguramente pedirá la ilegalización de todos y cada uno de los votantes independentistas por sediciosos. 

El terreno de juego está perfectamente marcado. Nadie hay por encima de la ley, dice el gobierno. Ni él mismo, por la sencilla razón de que, cuando la ley no le gusta, la cambia porque sí. Igualmente es obligado obedecer las decisiones de los tribunales, compuestos por magistrados con carné del partido y que aplican la “justicia” del gobierno, la que complace al Rey pues por eso se administra en su nombre. El discurso del principal partido de la oposición es el mismo: hay que obedecer la ley del embudo y acatar la justicia de Peralvillo. 

El frente español está cerrado. España es un Estado de derecho y aquí no se mueve nadie ni se cambia nada. Con esta Constitución hemos tenido cuarenta años de paz, tantos como los que generosamente nos dio el Caudillo de emocionado recuerdo y así seguiremos otros cuarenta, viendo desfilar la cabra de la legión. 

El nacionalismo español ignora el abc de la política, su condición dinámica, fluida, líquida. La política, como la vida, es cambio y si uno no lo anticipa, no se prepara para él, no propone nada para encauzarlo en su propio (y legítimo) beneficio, para hacerlo fructífero y constructivo, esa cambio inevitable lo dejará de lado o lo arrollará. Lo que no se mueve, se pudre. Lo que no avanza, muere. Quien no prevé, perece. La política es iniciativa, proyecto, plan, todo lo que tiene el independentismo catalán y de lo que carece el nacionalismo español. La única reacción de este es una falta de acción y respuesta, elevada a epítome de la cazurra astucia de ese prodigio de incompetencia que reside en La Moncloa, para quien, la mejor decisión es no tomar decisión alguna. Con lo cual son los otros quienes las toman por ti y no te dejan ni el recurso a la socorrida mentira para tapar las vergüenzas de tu ineptitud.

Cuando se cansan de insultar y amenazar, los propagandistas del nacionalismo español , sobre todo los intelectuales que pasan el resto del tiempo desaparecidos en sus covachas, se ponen comprensivos y lamentan cómo el independentismo ha fracturado la sociedad catalana. El panorama es terrible: las familias están enfrentadas y los ciudadanos son sombras esquizofrénicas que vagan por las calles preguntándose angustiados por su identidad. Es difícil tomarse en serio esta basura pero no está de más recoger algo de su enseñanza porque si algo está fragmentado y fraccionado aquí es precisamente el nacionalismo español. Cualquiera que vea la sociedad catalana sin prejuicios observa una amplísima movilización popular fuertemente aglutinada con unidad de propósitos y, por supuesto, las naturales desavenencias en todo empeño complejo y colectivo. Ese mismo observador no puede ignorar que en el resto del Estado, la situación es la inversa: reina la atonía, la inacción, el desconcierto, el enfrentamiento y la irreconciliabilidad de proyectos que solo se remedia en la actitud reactiva frente al riesgo cierto de la secesión.

Que el PP y el PSOE hagan causa común frente a Cataluña demuestra por enésima vez que el problema español no tiene arreglo. Entre el nacionalcatolicismo reaccionario, oscurantista, oligárquico, represivo e intolerante de la derecha española, tan franquista hoy como siempre, y el sedicente nacionalismo liberal, tolerante, progresista, de las supuestas izquierdas, incapaces de formular proyecto alguno de reforma en serio, hay acuerdo básico en lo referente a los llamados “nacionalismos periféricos”. Ese acuerdo básico de los nacionalistas españoles, cuya incapacidad para reconocer su situación los lleva a proclamar el oxímoron de un nacionalismo no nacionalista. Queda claro así por tanto que se trata de último acto de esta tragicomedia llamada España en la que la idea de la modernidad, la tolerancia, la democracia y el respeto los derechos de un liberalismo enclenque, secularmente subalterno frente al reaccionarismo tridentino español. Una sociedad sumisa, fracturada, insolidaria, de súbditos claudicantes ante la oligarquía mesetaria y caciquil de siempre.

Esta España no tiene nada que ofrecer a unos pueblos que, por razones que no hacen al caso pero están en la mente de todos, tienen la suerte de contar con proyectos propios, con iniciativas políticas de renovación y regeneración. 

Esta España no deja otro camino que la desobediencia.