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martes, 19 de septiembre de 2017

Entrevista en Vila Web

De nuevo una entrevista en Vila Web a raíz de la Diada y los acontecimientos posteriores. Como previsto, el gobierno estaba esperando el resultado del 11/09 para adaptar su táctica. Minimizó la asistencia. El delegado del gobierno, Millo, habló de 350.000, pero todos cifraban en torno al millón. Por eso, a continuación, se despliega la panoplia de actividades de carácter preventivo (registros, confiscaciones, cierres de webs, restricciones administrativas), se movilizan las policías, Guardia Civil, Mossos, Guardia Urbana, se involucra a la banca, se cursa todo tipo de órdenes en el interior y el exterior. En el interín, desde algún solemne despacho, el Fiscal General Maza, reprobado por el Parlamento, afirma con gesto solemne, que entra en lo posible detener a Puigdemont o inhabilitar a Junqueras. Tendrá que encontrar un hueco en su apretada agenda de tomar declaración a 712 alcaldes, lo que puede llevarle cinco o seis meses en jornadas a tiempo completo.

Vamos, una aplicación de hecho del art. 155, que se elevará a derecho cuando los socialistas decidan olvidar sus últimos escrúpulos y den vía libre a la intervención de la autonomía. Situación de excepción encubierta. Para salvar la democracia, se la cargan.

Inútilmente porque todo el mundo sabe que, con la represión, no se va a ninguna parte. Se mantiene la situación, pero mucho más crispada.

La entrevista, en catalán. Fácil de entender. Si no, ya se sabe, traductor de Google.

lunes, 18 de septiembre de 2017

El apoyo en diferido

Las condiciones las pone el diablo. De momento, el apoyo está garantizado. La condición de más autogobierno pertenece al futuro o reino angélico con nostalgia benjaminiana.

¿En qué consiste el apoyo del PSOE "a la postura de Rajoy"? Evidentemente, en todo. En el estado de excepción de hecho que hay en Cataluña, también. Un estado de excepción escandaloso y cómico a partes iguales. El gobierno está cerrando webs, ignoro si con orden judicial aunque, como la hidra de Lerna, por cada web cerrada, salen tres. También persigue paradas independentistas, identifica a voleo y requisa cientos de miles, millones de panfletos y carteles aquí y allá. Y lo anuncia triunfalmente, como si fueran terribles arsenales. Apoyar la arbitrariedad está mal, pero apoyar la comicidad es ridículo. Batir palmas a quien se carga la libertad de imprenta carece de nombre.

Obsérvese, además, que ese apoyo incondicional (pues la condición es un futurible) da por sentado que el referéndum no se celebrará o que, caso de celebrarse, no se reconocerán sus resultados.

Para que el referéndum no se celebre va a ser probablemente necesario encarcelar gente. ¿Cuánta? Está por ver. ¿Cuál? También está por ver. El fiscal general, reprobado por el Parlamento, el que ha citado a declarar a 712 alcaldes, no descarta pedir la detención del presunto terrible delincuente Puigdemont. A este no le pillará de nuevas. En Cataluña tienen cierta tradición de presidentes entre rejas o en el exilio y alguno ante un pelotón de ejecución.

Si se celebra y sus resultados, de ser desagradables para el nacionalismo español, no se respetan, el problema seguirá y empeorará porque, además, se internacionalizará.

Eso es lo que significa el apoyo del PSOE. En ninguno de los dos casos aceptable por razones estrictamente democráticas y de izquierda.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Sánchez y el Frente Nacional

La foto de El Plural no es del todo justa pues parece como si los cuatro políticos estuvieran aliados frente al "órdago" catalán y no es cierto. Como se reconoce en el título, los del Frente Nacional (FN) son tres. Iglesias no está en él. Tampoco se encuentra muy lejos porque ha puesto en marcha una táctica lerrouxista para dividir al independentismo jugando a la ambigüedad y la mistificación de Colau y los suyos que es, probablemente, tan turbia e inútil como la del FN. Pero no está en él, es de justicia reconocerlo.

El FN está formado por Rajoy, Rivera con el reciente añadido de Sánchez de quien algunos habían esperado alguna aportación original, nueva, audaz y no esta claudicación ante la intransigencia y la agresividad del nacionalismo español más antiguo y casposo. Una pena: pudo ser quien desbloqueara la situación y se hiciera un nombre aportando una solución al problema más grave de España desde 1939, y ha resultado la comparsa del sempiterno centralismo oligárquico y anticatalán.  Pudo haber pasado a la historia y se ha quedado en historieta. Su propuesta de una comisión parlamentaria sobre Cataluña sin los catalanes tiene el mismo valor que el federalismo Pérez Rubalcaba: un intento de tomadura de pelo a todo el mundo que no merece mayor atención. Y prueba de ello es que ya se ha sumado el PP de los sobresueldos y dentro de nada, lo hará su chico de los recados,  Rivera.

Con esta decisión el PSOE respalda a Rajoy y al partido más corrupto de la historia de España, la presunta asociación de delincuentes. Demuestra así que la unidad de España de la derecha (la misma que la del PSOE y, en el fondo, de toda la izquierda española) está por encima de la decencia, la verdad y el respeto a los derechos ajenos. Cosa muy normal. El presidente del Tribunal Supremo, otro devoto ultraconservador, también acaba de decir que la indisoluble unidad de España es superior al Estado de derecho. Doctrina que pone la justicia y su paladio, el Poder Judicial, al servicio del príncipe. Cree el buen hombre que podrá sustituir a los militares en su tradicional función represiva, ahora que ya no sirven, y no sabe que tampoco lo conseguirá.

El presidente de este corrupto gobierno (al que Sánchez se había comprometido a echar como primera providencia) es el mismo que dinamitó la convivencia en España recabando firmas contra los catalanes en 2006 y recurriendo el Estatuto de ese año ante el Tribunal Constitucional que, obediente a la voz del amo, lo destrozó en 2010 con una sentencia vergonzosa. En su estúpida inconsciencia Rajoy lo hizo para atacar al gobierno socialista. Esto es, destruyó la posibilidad de entendimiento España-Cataluña por sus miserables ambiciones de poder.

Al prestar ahora su apoyo a este individuo, Sánchez pecha con la humillación de condonar el juego sucio e irresponsable que se hizo contra su compañero de partido, Rodríguez Zapatero. Claro que este tampoco tenía mayor altura de miras pues, tras prometer que aceptaría el estatuto que saliera del Parlamento, permitió (si es que no apoyó directamente) que Alfonso Guerra lo vaciara de contenido anunciándolo así una de las comparecencias más chabacanas de la historia del parlamentarismo.

Contra los indepes catalanes vale todo en el nacionalismo español. Hasta el empleo de ese Tribunal de Cuentas, absolutamente desprestigiado, poblado de amigos, parientes, enchufados y correligionarios del PP. Este órgano ha amparado la financiación ilegal de su partido durante 12 años y ahora pretende confiscar el patrimonio de los responsables de la consulta del 9N en una actividad represivas repugnantes pues la confiscación del patrimonio de una persona no solo la arruina a ella sino también a sus descendientes.

Eso es lo que el PSOE de Pedro Sánchez está apoyando. La continuación del franquismo con los mismos medios de la represión, la tiranía y el robo. Y no solo eso. Al aceptar la mentira del PP de que el referéndum es ilegal, también está apoyando el resto de la corrupción sistemática de este partido, como la guerra sucia desde el ministerio del Interior (al fin y al cabo, también el PSOE organizó los GAL en su tiempo) y el control férreo de los medios de comunicación, puestos en manos de auténticos energúmenos como ese sujeto que han contratado en la TV pública para cobrar de nuestro dinero por insultar a quienes no votan al partido que le paga.

Esta lamentable actitud, probablemente influida por los elementos más reaccionarios del PSOE (González, Rubalcaba, Zapatero, Bono) así como por sus propias convicciones españolistas y su falta de categoría y audacia lo ha llevado a extremar su servilismo al extremo de pedir a los catalanes que no voten en lo que llama el simulacro de referéndum. Pobre hombre. No ha entendido la naturaleza de la cuestión y está haciendo el trabajo a un gobierno que no tiene ninguna posibilidad de evitar que los catalanes voten y, gracias a su obcecación, que voten "sí" hasta los que iban a votar "no".

Nunca ha estado tan claro y patente cómo una causa se pierde por la incompetencia, la falta de luces, la prepotencia y el autoritarismo de un gobierno que no sabe ni en dónde está. Como tampoco lo sabe la oposición, incapaz de ver que ha sacrificado las posibilidades de un partido de la izquierda histórica ante un gobierno que carece de toda autoridad, prestigio y crédito por ser el órgano de una presunta banda de malhechorees. Un gobierno impotente para imponer su criterio, que solo cuenta con unos medios de comunicación comprados y unos periodistas mercenarios a los que nadie hace caso, así como unos jueces sumisos al poder político que la opinión desprecia.

Cuando el próximo 11 de septiembre se manifiesten millones en Barcelona en la Diada y el 1º de octubre voten en el referéndum y gane el "sí" de modo plastante, todas estas fuerzas del pasado, empezando por el PSOE irán a parar al basurero de la historia. No a otro sitio. Al basurero. Es muy de apreciar esa idea de los indepes de que la separación de Cataluña contribuirá a que España cambie, pero es pura ilusión. España solo puede cambiar de tamaño, ingenio que he encontrado en twitter..

Los nacionalistas españoles tampoco podrán recurrir a su habitual ultima ratio, el ejército. No porque a este le falten ganas. Los cuarteles de España bullen de indignación patriótica y llamadas a la intervención militar. Pero, recuérdese, los militares casi nunca actúan por su cuenta, sino instigados, amparados y financiados por los bancos, las empresas, los consorcios. El ejército es el brazo armado del capital. Franco no se sublevó por su cuent,a sino que encabezó una rebelión urdida y financiada desde mucho antes por la oligarquía española (y vasca y catalana) pero, al día de hoy, en la Unión Europea, lo último que quieren estas clases en España es la intervención y represión militares.

Es, pues, la misma oligarquía, la que impondrá una solución basada en una independencia a más o menos corto plazo de Cataluña.

Esa solución será la tumba del PSOE como partido y de Sánchez como político.

martes, 5 de septiembre de 2017

Qué manera tan absurda de suicidarse

El PSOE ya ha aclarado que no presentará una moción de censura (MC). La aritmética parlamentaria, sostiene, no lo permite ya que sería preciso sumar los votos indepes, algo inaceptable para los socialistas. Se insiste, en cambio, en pedir la dimisión de Rajoy. Pero eso es como querer que el círculo tenga la gentileza de cuadrarse. Algo imposible. Este hombre solo dimitirá cuando un tribunal de justicia lo condene. Mientras tanto muestra su fortaleza retando a quienes le piden la dimisión a que presenten una nueva MC, justo lo que estos no pueden hacer porque no quiere el PSOE. 

El presidente de los sobresueldos y la corrupción galopante se siente seguro, no por su propia fuerza, sino por la debilidad de su contrario. Sabe que el PSOE no se aliará con los indepes porque, a su juicio, y al de la mayoría del partido (incluido seguramente su SG) y de los analistas esa alianza sería fatal para las expectativas electorales socialistas y dejaría  expedito paso al discurso patriótico del PP. Con la bandera de la unidad nacional, la derecha taparía su desastrosa gestión económica, su corrupción y su fabulosa incompetencia y arrasaría en las elecciones. 

Lo anterior es un supuesto. No puede saberse si correcto a no porque no se ha probado en la práctica. ¿Y si no fuera así? ¿Y si el electorado apoyara una política nueva de entendimiento con los catalanes mediante la convocatoria de un referéndum pactado? Todo cambiaría. El problema es que eso también sería inaceptable para el PSOE y no solo por el asunto de Cataluña sino por el más recóndito de la República, algo en lo que la ambigüedad de los socialistas es patente.

Precisamente para que nada cambie, el PSOE pasó de "no" al "sí". Y en el "sí" se ha mantenido incurriendo en la contradicción de apoyar como defensor del Estado (es de suponer que mediante la legalidad) a aquel a quien se quiere hacer dimitir por la corrupción. Resolver esta contradicción llevará los años que resten de legislatura. Es decir, al final, por las vacilaciones y la falta de audacia y flexibilidad de la izquierda, Rajoy completará su segundo mandato y el país habrá soportado ocho años de desgobierno, abuso, mendacidad y corrupción a ritmo lento de bolero

No era, pues, tan urgente echar a la derecha del gobierno. Lo es mucho más prohibir el referéndum, frenar la independencia, pues impedirla ya no parece posible, y esquivar el iceberg de la República. Por todo ello, el PSOE propone una comisión parlamentaria, pomposmente llamada de "modernización" del Estado autonómico que, como sabe todo el mundo, es la vía más segura de empantanar un problema y de conseguir de paso que un caballo tenga la forma de un camello. Pero justamente esto ya no es viable por cuanto los independentistas continúan con su hoja de ruta hacia el 1/10 y el margen de actuación del nacionalismo español de derecha y de izquierda se ha reducido a menos de un mes. 

La prudencia no parece haber dictado la decisión de Sánchez de ponerse de nuevo prácticamente a las órdenes de Rajoy sabedor de que este, a quien España importa más bien poco, lo dejará tirado si cree tener ventaja electoral. Y más imprudencia ha sido precipitarse a hacerlo antes de la próxima Diada. Todas las miradas están puestas en esa fecha. Todos los actores adaptarán sus decisiones al resultado de la manifestación del once de septiembre. Hubiera sido más sensato esperar y actuar en consecuencia. Si, como muchos suponemos, la participación supera todo lo anterior con la ocupación democrática y pacífica de una ciudad mediante un pueblo en marcha, respaldar un gobierno autoritario de maestro Ciruelo que mantiene la política tradicional del garrote revestida de una legalidad bajo mínimos es un disparate todavía mayor. Si la derecha recurre a la política represiva "con todas sus consecuencias", el PSOE aparecerá uncido a ella y quedará reducido a la irrelevancia por cuanto esa política está condenada al fracaso en función de dos factores: a) el grado de movilización de la sociedad catalana en defensa de sus instituciones, sus dirigentes y las decisiones que estos tomen. Y, de ser esta muy alta, b) el grado de implicación de la comunidad internacional y específicamente europea en el conflicto.

Hay materia más que suficiente para corregir el rumbo y pactar un referéndum como se ha hecho en otros países civilizados. La alternativa es perder la centralidad política y vegetar en una situación subalterna hasta la desaparición..

viernes, 11 de agosto de 2017

La constelación de la izquierda

Hay una convicción generalizada de que en las competiciones electorales, la opción que se presenta unida gana y pierde la que se presenta fraccionada. Es una convicción que comparte la izquierda a pies juntilla razón por la cual está siempre clamando por la unidad… al tiempo que se fractura. Pues son dos opciones básicamente, la derecha y la izquierda, que se habían materializado en la hegemonía de los dos grandes partidos dinásticos. El PP hegemonizaba la derecha y el PSOE la izquierda, con la excepción del pequeño porcentaje de irredentos de IU, herederos de los viejos comunistas. Por eso, el bipartidismo fue siempre un bipartidismo imperfecto.

Y no solo imperfecto, sino con tendencia a la perpetuación. Al fin y al cabo quienes recientemente desafiaron el bipartidismo, los de Podemos, bien claramente decían que iban al sorpasso, esto es, a la aniquilación del PSOE a fin de llevar ellos la hegemonía de la izquierda y continuar con el bipartidismo. Fue necesario rechazar un gobierno de coalición con PSOE y C’s, ir a unas segundas elecciones en alianza con IU y perder un millón de votos, para que empezara a vislumbrarse el enésimo triste fracaso de este empeño de revitalizar el comunismo o algo que se le parezca.

El resurgimiento del PSOE tras las primarias tiene un significado poco comentado que explica cómo se ha producido ese ritorna vincitore de Sánchez. Se ve considerando el resultado de las primarias como un proceso de regeneración del partido. La contundente victoria de Sánchez no lo fue sobre una contrincante personal sino sobre una forma de entender y hacer la política y, por supuesto el propio PSOE. La derrota lo fue de un PSOE entendido como una especie de PRI andaluz, adornado con todo tipo de prácticas clientelares y caciquiles.

El beneficio para Sánchez es que él aparece ahora liderando un PSOE regenerado, al margen de aquellas prácticas, recupera el crédito y ocupa la centralidad política. Al respecto el empecinamiento de la dirección del PSOE-A y de Susana Díaz en concreto de constituir en “oposición interna” en el partido trae agua al molino de Sánchez, pues le permite marcar distancias con un modelo de gobierno y partido que no solamente no ha dado los resultados previstos en 40 años de gestión, sino que se encuentra procesalmente acogotado.

La recuperación del PSOE y la conflictiva realidad de Podemos están provocando movimientos en la izquierda que, no por ser esperables, suscitarán menor controversia. El obvio, el partido Actúa, promovido por Llamazares, Garzón, Mayor Zaragoza y así hasta doscientas personalidades que buscan un acomodo para dar cumplimiento a aquello que piden a los demás, actuar; pero ya avisan de que solo lo harán (esto es, solo se presentarán a las elecciones) en coalición con otras fuerzas de la izquierda.

En cualquier universo hay soles, planetas, satélites, asteroides, estrellas, enanas blancas, agujeros negros, etc. En el político, también. Este partido tiene un aspecto insólito, pues parece una constelación de soles. Personalidades a las que suele llamarse “referentes” de la izquierda pero que no militan en partido alguno ni tienen seguidores en cantidades apreciables. Por eso han constituido su partido, con ánimo de integrarse en una formación más sólida y amplia que, a todas luces, solo puede ser el PSOE.

La inscripción del partido es para tener algo que poner sobre la mesa a la hora de negociar posiciones en las listas electorales que, en el fondo, es de lo que se trata. Estos referentes de la izquierda descubren que tienen escasa audiencia por sí mismos. Necesitan la caja de resonancia de las instituciones. Y a las instituciones solo se llega a través de los partidos. De ahí que la negociación sea vital porque, si no se logran posiciones de primera y se aceptan puestos de diputados del montón, no tendrán visibilidad En la negociación se ofrecen nombres que traigan votos a cambio de puestos que traigan nombre.

Digo que el PSOE es el partido más probable de estos navegantes solitarios porque la reacción de IU al movimiento del partido de los actores, a cargo de Antonio Maillo, coordinador general de Andalucía de IU, ha sido la esperable. Rayos y centellas contra un excoordinador desleal y felón cuyo objetivo, aparte de pasarse al PSOE sin más, es destruir IU, cosa que no podrá, afirma muy enfadado el diputado andaluz.

Las deslealtades anteriores que suelen siempre mencionarse como rol de la felonía son casos como los de Rosa Aguilar, López Garrido, Antonio Gutiérrez, Cristina Almeida, etc., a quienes se achaca una línea común en su táctica de paso al PSOE en dos tiempos. Se aglutinan primero en una organización-pasarela para integrarse después en el partido, con algo más de gallardía, piensan ellos, que si hicieran fichajes personalizados.

La Izquierda Abierta de Llamazares tenía esta función. Al no integrarse él por esos pruritos típicos de la izquierda, ha acabado fundando un segundo trampolín, lo que de inmediato le ha valido las iras de IU en donde lo consideran un fementido traidor. Si pudieran, lo excomulgarían. La izquierda tiene la manía de personalizarlo y dramatizarlo todo y, por tanto, de ridiculizarlo.

Y no merece la pena recordar el otro escollo en el que las izquierdas españolas (y, en buena medida, las catalanas) se enredan y enzarzan sin encontrar la salida: Cataluña. Todo el sistema político que la izquierda española ha acabado aceptando más o menos críticamente como legítimo se viene abajo si Cataluña se independiza. 

jueves, 3 de agosto de 2017

Sánchez in partibus

Lo ha avanzado Margarita Robles, persona de mucha autoridad en el PSOE, afirmando que Sánchez va a implicarse “a tope” en la cuestión del referéndum, visto que el gobierno se llama andana. El SG va a hacer muchos viajes a Cataluña para contactar con todo el mundo con una oferta de solución política que evite el “choque de trenes”. Siempre que oigo eso del “choque de trenes” me acuerdo de que el primero que circuló en la Península fue entre Barcelona y Mataró y el segundo, entre la Corte de Madrid y los reales lugares de esparcimiento de Aranjuez. Esos trenes solo pueden chocar.

En todo caso es muy acertada esa decisión. Sánchez consolida su liderazgo con la sola retranca vandeana de Andalucía y la sumisión de los barones. Y lo hace abordando el problema más grave que tiene el Estado español en lugar de hacerlo, como es costumbre en el lugar, hablando de cualquier otra futesa. La política española tiene un horizonte: Cataluña y el liderazgo se ejerce hablando de él en lugar de sumirse en el mutismo y esconderse detrás de las togas de los magistrados.

De señalar es también lo oportuno de una decisión que implica tomar contacto directo, real, verdadero con aquello sobre lo que se va a negociar, a debatir, en último término, a legislar. Es conveniente saber de qué se habla y no hacerlo de oídas.

En las “muchas visitas” de Sánchez a Cataluña es de esperar encuentre tiempo para hablar con los independentistas, con las gentes de la ANC, Ómnium, la AMI y los partidos del bloque mayoritario en el Parlamento catalán, que no se lleve solo la impresión de los suyos, que tampoco son tantos. La predisposición existe. Está por ver hasta qué punto de compromiso, hasta dónde puede llegar la empatía de Sánchez.

Me atrevería a hacerle una propuesta. Pues ha elegido el mes de septiembre para visitar el principado, pulsar opiniones y ganar adeptos, ¿por qué no asiste a la Diada el 11 de ese mes? Factible, desde luego, es y Sánchez estará más seguro entre dos o tres millones de catalanes que una periodista entre un centenar de falangistas enfurecidos por el rojo-separatismo.

Desde el punto de vista político sería una diana que haría de Sánchez un líder de un tiempo nuevo de verdad. ¿No dice que España es un Estado plurinacional? ¿Qué hay de malo en asistir al día más señalado de la nación catalana? Cosas de este tipo augurarían un liderazgo español y no castellano. Pero, para la oposición al referéndum, me temo, llega tarde.

Indudablemente, el referéndum ha sido la causa de esta aceptación de una negociación que lleve a una reforma de la Constitución. Parece bastante lógico que, habiendo sido la causa, sea también el efecto.

lunes, 31 de julio de 2017

El congreso de la unidad a tortas

Vestida de bandera andaluza, la caudilla Díaz retorna a la actitud impositiva que llevó al golpe de mano del 1º de octubre en el PSOE. Vuelve a sus discursos emocionales, populistas, de agitadora andalusí con pretensiones universales, a tratar de imponer sus criterios, los que fueron derrotados en las primarias. Derrota que no aceptó en su momento, que siguió sin aceptar durante el Congreso del PSOE y que sigue sin aceptar hoy. Para ello ha maniobrado –eso es lo único que se le da bien- a fin de llenar el congreso de fieles a su persona en esta estructura de PRI que el PSOE ha montado en Andalucía y ella ha llevado a la siniestra situación de haber conseguido menos votos que avales en las primarias. Clara prueba de que la gente no la quiere pero no puede manifestarlo en público. La dirección de un partido que lleva 40 años en el poder ha creado una estructura clientelar, en sí misma corrupta, de lealtades y obediencias compradas. Y obviamente, no se percata de que perderá las próximas elecciones porque hasta el PRI mexicano las perdió en su día.

La señora bandera andaluza, cuyo sentido del ridículo es inexistente, afirma que los “socialistas nunca hemos sido nacionalistas”. Que han sido internacionalistas. Dos falsedades en una, aunque es probable que ella no lo sepa porque sus conocimientos son limitados. Los socialistas, todos los socialistas, han sido nacionalistas desde que un 14 de agosto de 1914 sus diputados alemanes votaran los créditos de guerra para empezar la primera matanza europea. Y desde entonces han seguido siendo nacionalistas. Nacionalistas antes que socialistas.

Cpmparte esa insistencia de que en el PSOE no son nacionalistas con todas las derechas españolas que tampoco son nacionalistas: los nacionalistas son siempre los otros, los vascos, los catalanes, los gallegos. Los españoles no son nacionalistas. Una mentira insultante. El art- 1º del Estatuto de Autonomía de Andalucía dice que esta está en la “nación española”. Por tanto, los socialistas andaluces son tan nacionalistas españoles como los melillenses o los salmantinos. Lo que no son es nacionalistas catalanes o vascos o gallegos; pero españoles, por supuesto. En eso se apoyan mutuamente el PP, el PRI/PSOE de Andalucía y, en el fondo, el PSOE.

Cuando la bandera parlante pide a Sánchez que no le haga elegir entre dos lealtades vuelve a mentir por partida doble: ni Sánchez puede obligarle a elegir nada ni ella tiene dos lealtades ya que, por lo que se ve, su convicción socialista depende del hecho de ser andaluza, nacionalista andaluza-española. O sea, tiene una sola lealtad esencial, ser andaluza/española y otra contingente, ser socialista y si dice que no le obliguen a elegir entre las dos es porque solo tiene una, la nacionalista propia de su populismo demagógico y básicamente anticatalán.

En esta situación, Sánchez ha invocado la unidad del PSOE y prometido pleno apoyo a la caudilla. Como lo haría Maquiavelo, si hubiese vivido esta situación. ¿Qué otra cosa puede decir para ocultar lo que es una guerra abierta entre las dos fracciones del PSOE, la andaluza y la española? No es exactamente una mentira sino una declaración diplomática. En realidad, el PSOE está dividido porque quien, tras apuñalar al SG en el golpe de mano, afirmó que pretendía coser el siete que su puñal había hecho, en realidad sigue dividiendo, enfrentando, malmetiendo. Su soberbia no le deja aceptar la derrota. O sea, es conveniente que Sánchez siga vigilando sus espaldas y más que antes porque los suyos van de nuevo por él y esta vez no quieren dejarlo vivo.

La división del PSOE oficialmente se manifiesta en el concepto de plurinacionalidad de Sánchez, acorde con el 39 Congreso, pero que los andaluces no aceptan porque, entre otras cosas, se fueron a tomar café cuando el tema se discutió. Pero esto es una excusa. En el mejor de los casos, la plurinacionalidad es un mero flatus vocis, mientras se limite a reconocer el carácter “cultural” de la nación catalana, pero no el político. En el fondo, los dos sectores del PSOE están de acuerdo: de referéndum nada, de autodeterminación de Cataluña, menos. Tan plurinacional es Sánchez como Díaz. Pero esta necesita un tema de bronca, aunque sea un simulacro para mantener movilizadas a sus huestes ante la posibilidad de que cambien las tornas y pierdan sus puestos.

Las diferencias, como siempre, están en las ambiciones personales de las partes, en este caso, especialmente de Díaz. Y el asunto es obvio, es evidente que lo de la plurinacionalidad y la “doble lealtad” son meras excusas para no reconocer que no se acepta la SG de Sánchez. Su actitud está dictada por el resentimiento y el afán de revancha por lo que, de no haber un cambio de rumbo radical, el vaticinio es el del inicio, que Díaz perderá las próximas elecciones andaluzas.

A ver si de ese modo se consigue que esta caudilla tan demagoga como ignorante deje de torpedear la acción de su propio partido para satisfacer unas ambiciones que le vienen grandes por todas partes.

martes, 18 de julio de 2017

La izquierda se tantea

Entre otras cosas, la izquierda española es lenta. Ha pasado casi año y medio desde aquella aciaga votación de no-investidura de Sánchez por el voto contrario de Podemos y algo más de un año desde que las subsiguientes elecciones de junio de 2016 demostraran que aquel voto en contra había sido un tiro en el propio pie. Y eso suponiendo que  estuviera animado del sincero deseo de conseguir el sorpasso y no fuera una maniobra para garantizar el gobierno de la derecha. La metedura de pata propició la semirrebelión del ala socialdemócrata concluida en Vista Alegre II con el triunfo del ala bolchevique que ahora se ve obligada a pactar con quien menos puede digerir. Entre tanto, un año.

Un año de gobierno desaforado del PP que alterna sus jornadas procesales con las declamatorias. Un año de desgobierno económico más, anegado por la corrupción. Un año con los independentistas catalanes en rampa de salida.

En efecto, la izquierda española es lenta. Pero hay que ser optimistas. Por lo menos, las dos izquierdas se han sentado a hablar y han acordado algo muy puesto en razón, algo que era obvio desde el primer momento: la izquierda coordina su acción, se une, para desalojar democrática, parlamentariamente al PP. En esa unidad de acción pueden aparcar razonablemente la cuestión catalana, pues no están de acuerdo en ella. Un sector del gobierno sería partidario de pactar un referéndum y el otro, no. Asunto distinto es si cabe tal aparcamiento dadas las urgencias del momento. En todo lo demás podría gobernar, cosa que empieza a ser angustiosamente necesaria, como lo era hace un año.

El problema es que la izquierda no puede llegar al gobierno si no es mediante una moción de censura para la que necesita los votos de los indepes catalanes y, aun así, también los de 2 de Bildu y el de Coalición Canaria. Que el PNV se sumara es más que dudoso, pues han negociado los presupuestos con el gobierno. Pero quizá se abstenga algún diputado; o los cinco.

Resulta entonces que la posibilidad de la izquierda de llegar al gobierno a implementar el programa acordado depende de la única cuestión que han decidido dejar fuera del acuerdo. La posición de Podemos es conocida: favorables al referéndum pactado (con campaña por el "no" a la independencia), pero no a su celebración unilateral (excepto los anticapis). Y esto ya les valió los votos de ERC (no del PDeCat) a su moción de censura.

Queda por ver la oferta del PSOE, salida de la reciente reunión con el PSC, que se presenta como novedosa alternativa al autismo del gobierno. En totum revolutum parece ser: plurinacionalidad, nación cultural, federalismo, recuperación del Estatuto de 2006, revisión en profundidad del sistema de financiación, quita de deuda y así, sin duda, hasta dar respuesta a 44 de las 46 famosas peticiones de Puigdemont. Quedan fuera el pacto fiscal y el referéndum.

A primera vista no parecen ser ofertas tentadoras para que los indepes suspendan su hoja de ruta. Además de irrelevantes para la cuestión de fondo que aquí se dilucida (el derecho de autodeterminación) son imprecisas y muchas de ellas inverosímiles, pues dependen de imponderables, como que la derecha acepte una reforma de la Constitución.

La confrontación toma rasgos cada vez más amenazadores. Ya están en juego las fuerzas de seguridad. La entrada de la Guardia Civil en el Teatro Nacional de Catalunya es uno de esos actos que algún majadero de los que parecen llevar un micrófono de corbata, llamará de "normalidad democrática", es un paso más en la dinámica de acción-reacción. Los de la CUP han enviado una declaración colectiva al juez, identificándose personalmente como cooperadores necesarios en el referéndum.

La sustitución del director de los Mossos d’Esquadra, Batlle, por el independentista Pere Soler sigue en la misma dirección. Permite entrever un futuro inmediato de conflictos con cuestiones referentes a la obediencia debida, fácilmente traducibles en actos de desobediencia institucional. De ahí al procesamiento e inhabilitación de los dirigentes catalanes no hay más que un paso. Pero puede ser un paso en falso si las autoridades se niegan a acatar las medidas que contra ellas se tomen, planteando una cuestión de legitimidad que, es de suponer, tendrá mucho respaldo social.

No se ve cómo será posible evitar el art. 155 e, incluso, medidas excepcionales más concretas y, para darles eficacia, el despliegue de una fuerza pública superior a los Mossos que no puede ser otra que la Guardia Civil.

Llegados a este punto, o escenario, ¿no es más prudente pactar un referéndum, defender pacíficamente las convicciones propias y atenerse al resultado?

Mientras no haya una solución a Cataluña, el gobierno de la izquierda no pasará de ser oposición coordinada a un gobierno del PP que, según se ve, actúa como cuando disponía de mayoría absoluta.

miércoles, 12 de julio de 2017

La corrrupción como una de las bellas artes

¿Recuerdan esas películas del Oeste en las que el personal se lía a mamporros en mitad de un barrizal en un pueblo perdido de Alaska? Todos quedan cubiertos de fango y siguen atizándose sin saber ya por qué. Este asunto de las alcantarillas de ministerio del Interior se parece mucho. Desde el ministro santurrón al último detective privado, estilo Philip Marlowe, la amplia variedad de cargos, carguillos, comisarios, delegados, subcomisarios, policías, soplones, políticos en esta ciénaga de la "operación Cataluña" todos embarrados hasta las cejas, ya no permite distinguir a unos de otros, cosa, además, inútil, pues todos van a lo mismo: a llevárselo crudo y acusar a otros de hacerlo. En ese clima de verdaderos hampones suena la divertida advertencia del portavoz del PP, Martínez Maíllo, sosteniendo que la próxima comparecencia del presidente del gobierno como testigo ante un tribunal que está juzgando la presunta corrupción de su partido se inscribe en la normalidad democrática. Ignoro qué entienda Maíllo por "normalidad" y por "democrática", cuenta habida de que eso no ha pasado jamás en España y dudo de que lo haya hecho en alguna otra democracia. Y de ser tan normal, no se entiende que el presidente quisiera comparecer poco menos que por skype. La normalidad democrática manda que baje al barro. Al fin y al cabo es el suyo.

¿Y esas otras historias de mafias de los negocios de la construcción, gangsters de Chicago que hacen desaparecer a sus enemigos en bloques de hormigón, usados para construir rascacielos con trampas acordadas con autoridades municipales corruptas? No se diga que exagero. Algún testigo de la Púnica (el emporio de Granados) denuncia haber recibido amenazas de muerte. Estos de la Púnica parecen poderosos y con influencias. Las suficientes al menos para vaciar las carpetas y archivos de la Comunidad con documentación de gran fuerza probatoria. Nada menos que los contratos claves de la Púnica con la Administración. La explicación es que se han "traspapelado" y que sus carpetas "están vacías". Quienes hayan sido capaces de hacer desaparecer una parte del cuerpo del delito, probablemente estén en situación de proceder de igual modo con alguna persona incómoda. No al estilo de Chicago, pero sí al más berlanguiano, de ahogarla en el Manzanares. Ese toque de Berlanga explica muchos aspectos de la corrupción española. Por ejemplo, la conga que se marcaron los peregrinos a Lourdes con cargo al erario.

Berlanga es solo una parte de la vis artística de la corrupción. La otra, inevitable, es Valle-Inclán. La corte de los Borbones de la tercera restauración, con un exrey que lo es por borbonear y una familia real tan popular que no solo se codea con plebeyos, sino también con delincuentes, es tan animada como la de su antepasada Isabel II. Y con Valle, aparece la Iglesia, cuya posición en esta España no confesional del XXI es tan peculiar que hasta la UE ha debido advertir -con la legislación mercantil en la mano- que la exención fiscal a las actividades empresariales de la Iglesia es ilegal. En España, las luces vienen siempre de fuera porque aquí el personal está en la luz interior del misticismo, gracias a la cual el país se ha enterado de que la Iglesia es un Estado dentro del Estado, que no paga ningún tipo de impuesto: sucesiones (claro), IVA, IBI, IRPF, Sociedades. Nada. En cambio, recibe una subvención pública de miles de millones de libre disposición. Con ese dinero, entre otras cosas, financia canales audiovisuales de extrema derecha y sin contar con la presencia de los obispos en la radiotelevisión pública. Así, gracias a Dios, toda la ciudadanía, incluidos los homosexuales, puede enterarse en la misa del domingo por la mañana de que la homosexualidad es una enfermedad que tiene cura administrada por el obispo telepredicador. 

Esta permanente injerencia del clero en la vida pública da tipos humanos muy parecidos a los de las novelas de Pérez Galdós. Algunas mujeres directa o indirectamente relacionadas con la corrupción tienen toques galdosianos: Aguirre, Cospedal, Cifuentes o la mosquita muerta, consejera de educación en Madrid, Lucía Figar, que se gastaba los dineros públicos en campañas en las redes para embellecer su imagen de virgen prudente. Y los hombres no se quedan atrás, con esos empresarios enchironados o a la defensiva, como Díaz Ferrán o Arturo Fernández, por no hablar de los empresarios del hampa, como Correa o su adlátere el Bigotes, emblemas del machismo delictivo. Ahí están las novelas del llorado Chirbes, continuador malgré lui-même de la tradición galdosiana para dar el trasfondo.

Es patente que este gobierno no puede gobernar; no es en absoluto "normalidad democrática" que el presidente vaya a declarar en un proceso penal; y mucho menos que su declaración se ajuste -como se ajustará- al "no sé", "no me acuedo", "no me consta" y "esas cosas las llevaba mi marido" de la Infanta. Será imposible evitar el titular de prensa de Rajoy se marca una infanta. 

Esta irrisión general no puede seguir así, sobre todo porque sus responsables pretenden ocultarla encendiendo un conflicto en Cataluña. Y la única manera de pararlo es una moción de censura. A ella puede el gobierno responder con una disolución y convocatoria de nuevas elecciones (siempre que se respeten los pasos establecidos) pero, en cualquiera de los dos casos, se habrá puesto fin a una situación agónica que no se sostiene.

martes, 11 de julio de 2017

Hasta dónde llega el efecto Sánchez

La victoria de Sánchez en las primarias, que Público califica de "quijotesca", no sé si con mucho acierto, ha puesto al PSOE en la órbita de los ganadores. Come el terreno a un PP que está hecho unos zorros y hunde en la miseria a Unidos Podemos (UP).

La explicación de este cambio de las opciones en la izquierda es relativamente sencillo sumando la gestión del triunfo de Sánchez con los sucesivos descalabros de UP. La imagen que se trasmite -y es muy poderosa- habla de un PSOE como partido de gobierno y una UP que pierde crédito a chorros por un conjunto bastante complicado de factores: entran formas, estilos y modos, oratoria radical, conflictos internos de todo tipo, personalismos, confusión ideológica, etc. Sobre todo, lo mas dañino es la continua ambigüedad en las relaciones con el PSOE, al que se quiere apoyar o destruir, según sean días fastos o nefastos. 

La queja de Podemos suele ser que el "nuevo PSOE" dice ser de izquierda pero hace políticas de derecha. Esgrimen casos concretos: no se pide la dimisión de Rajoy y de la moción de censura se habla como de la Atlántida; se complota con el PP y C's el cierre de la comisión de investigación sobre las tropelías del ministerio del Interior. Todo eso es cierto, sumamente criticable y el PSOE hará bien en reconsiderarlo. No obstante no debiera ser difícil a los de UP entender que, si quieren aliarse con otro partido es porque es otro. Si fuera idéntico a él en todas sus políticas, ¿para qué la alianza?

Entre tanto, la gestión de la victoria en las primarias está siendo muy eficaz. El mensaje que se envía a la ciudadanía es que se trata de un partido cohesionado con sus bases, provisto de buenos equipos, con ideas y capacidad para implementarlas. La movilización de la militancia ha sido arrolladora para legitimar a la nueva dirección socialista. Y la pieza culmina con ese nombramiento a la vicepresidencia de la Internacional, que trae el espaldarazo foráneo de gente de peso. 

Todo esto, en el fondo, son los preparativos para una moción de censura porque a lo que apunta es a la consagración del candidato de esta que, de momento, es extraparlamentario. 

El espíritu de la acción política socialista está basado en un criterio decisionista: el que no osa, no logra nada. Con ese ánimo, el PSOE convoca su ejecutiva el viernes para debatir y hacer propuestas a la parte catalana para evitar la confrontación del 1/10. Alguien se atreve a poner orden en el casino, vista la inoperancia de la dirección. Invocan los dignatarios la urgencia del momento y la angustiosa escasez de tiempo disponible. Cosa tanto más evidente cuanto que el plazo final no tiene por qué ser el 1/10. Puede ser en cualquier momento anterior en que se produzca un choque de consecuencias irreversibles.

Así que, en efecto, máxima urgencia. Y es de agradecer al PSOE que hable teniendo en cuenta la realidad, como la gente de la calle, y no como los políticos. La objeción de que el Estado no puede aceptar plazos impuestos ilegalmente es otra forma de decir que se busca la confrontación.

Carece de utilidad reprochar aquí a los políticos españoles una irresponsabilidad monstruosa en la ignorancia del llamado "desafío independentista" hasta llevarlo a la situación actual en que se pretende resolver un conflicto de muy hondas raíces y muy inflamado presente con un toque de zafarrancho de combate.

Y eso los que parecen tomárselo en serio porque los otros siguen instalados en la política del garrote. 

La cuestión, sin embargo, es no ya que el plazo sea corto, sino que haya plazo. El PSOE no está en el gobierno. Faltan años, cuando menos meses, para que lo esté y sus propuestas, siendo bien intencionadas, se quedan muy cortas. Sobre todo porque a la negativa al punto 46 (referéndum) añade el rechazo al pacto fiscal, aunque este quizá pueda entenderse como un recurso para un gambito posterior.

La cuestión, por tanto, es si el bloque independentista acepta renunciar al referéndum. Y parece que no. Siendo así, la oferta del PSOE fracasará.

La realización de un referéndum pactado no es una posibilidad descabellada. La solicita muchísima gente, millones, no solo en Cataluña. La propone UP. Se ha experimentado con éxito en otros lugares. En el caso de que el PSOE aceptara el referéndum pactado (y, con él, la posibilidad de negociar la pregunta), tendría los votos del bloque independentista que le hacen falta para ganar su moción de censura, que convertiría a Sánchez en presidente de un gobierno con una complicadísima tarea: gestionar el resultado de ese referéndum, sea el que sea. La única solución civilizada y razonable de zanjar el pleito sin ocasionar mayores e imprevisibles destrozos.

El problema, por tanto, no está en el bloque independentista, sino en el PSOE que, llegando aquí, no osa.

viernes, 7 de julio de 2017

Contra reloj

Renqueante, la máquina del Estado se pone en marcha, no por mano del gobierno, cual sería lo esperable, sino de la oposición. Lo llaman "oposición de Estado" y está muy bien traído porque marca las distancias con el autoritarismo del gobierno.

Distancias siderales cuando habla la ministra de Defensa, recordando que las Fuerzas Armadas están para defender la integridad territorial y la soberanía. Sí, así es, pero no para decidir por su cuenta una intervención en ese sentido, ni siquiera bajo el mando de su capitán general, el Rey. Eso lo decide el gobierno, el gobierno al que ella pertenece. Su recordatorio es, por tanto, una amenaza. No una amenaza del gobierno como tal sino de una ministra especialmente belicosa y muy poco apropiada para el puesto que ocupa.

Así que rechazar expresamente la aplicación del artículo 155 implica oponerse con rotundidad a las amenazas de empleo de la fuerza militar. Bajen a esta señora del caballo de Espartero. Está en pleno delirio. ¿O imagina alguien a los turistas en Barcelona haciéndose selfies con el fondo de los carros de combate de alguna brigada mecanizada? 

Pero este mismo incidente muestra que la situación es muy complicada. Sánchez insta al gobierno a que gobierne, cosa que, por extraño que parezca, en España es toda una osadía. Propone a Rajoy hablar con Puigdemont y él mismo se declara dispuesto a hacerlo. Y por qué no los tres a la vez. Y cuatro con Iglesias y hasta cinco con Rivera y quien más quiera dialogar. Y ya hay una especie de mesa de diálogo y negociación que parece ser la razonable propuesta de Sánchez. Sin exclusiones.

Otro punto es la celeridad. Actuar antes de la confrontación, lo cual solo es útil si se presenta una propuesta aceptable para el bloque independentista, consistente en un tiempo muerto, un standby, una parada de reloj o calendario, como hacen a veces los diplomáticos, para tratar de encontrar una solución que satisficiera a todos, en el entendimiento de que, tanto si se consigue como si no, habrá referéndum en Cataluña. 

La opción es la más razonable y propicia para el nacionalismo español de izquierda. Otra cosa es respecto al independentismo donde, de aceptarse, se vería como la vieja táctica del divide et impera, pues habrá un sector independentista que insista en no entrar en acuerdo alguno con el Estado, ni siquiera el carácter pactado del referéndum. Pero la división se daría y plantearía un serio debate en el independentismo, cuyo resultado no me atrevo a prejuzgar.

La cuestión, como siempre, es qué haría la derecha y si volvería a echarse al monte. De momento ya ha demostrado en las legislaturas de Rajoy que respeto por las instituciones, ninguno.

miércoles, 5 de julio de 2017

No basta con ganar la "liga"

Sí, efectivamente, da la impresión de que "la liga de la izquierda" está ganada. Aquí de sorpasso ya no habla nadie. No sé en Córdoba. Ha sido un "resurgimiento" de la nada como un relámpago. Primero se ganaron las primarias contra toda previsión y luego se ganó la "liga" por arrinconamiento. Toda la esperanzada aventura de Podemos con el espíritu del 15M se ha reducido a la acción parlamentaria cotidiana con puntos de originalidad y provocación que la práctica parlamentaria acaba engullendo siempre. La esperanza de llegar al gobierno depende del partido que se había pretendido aniquilar. KO.

Y, entre tanto, también, la de articular una oposición eficaz que revele los mecanismos y responsabilidades concretas por la corrupción y revierta las políticas más agresivas de la derecha. Para todo eso y más, la participación del PSOE es imprescindible. Porque es el partido hegemónico de la izquierda.

Pero, además de ganar la "liga" de la izquierda, el PSOE tiene que ganar la carrera de obstáculos de la cuestión catalana. Y eso no es tan sencillo. A la reunión del jueves con Rajoy, Sánchez lleva dos encargos: uno, trasmitir al presidente de la Gürtel la preocupación real con Cataluña; dos, insistir en que ese mismo presidente de los sobresueldos proponga algún tipo de solución política, más allá del cumplimiento de la ley.

Es una actitud muy razonable: que antes de echar mano a la cachiporra, el Estado se siente a negociar alguna fórmula aceptable por ambas partes. Tratándose del PP, esto es una quimera. Pero se trata, cuando menos, de un gesto, algo que se pueda invocar para justificar el apoyo del PSOE al gobierno en este contencioso.

Pero lo ideal sería que, además de instar al gobierno a "abandonar el inmovilismo" y a encontrar una "solución política", el PSOE aportara la suya. Cosa muy urgente por cuanto del otro lado ya se ha advertido que una posible solución es la intervención de las fuerzas armadas.

domingo, 2 de julio de 2017

El recto camino

La política, la continuación de la guerra por otros medios algunos de los cuales pueden ser las acrobacias y las burlas, propias de la lucha libre profesional en lugar de los cruentos. En general, los políticos no son belicosos. Pero les gusta aparentarlo. Sea guerra, sea lucha libre, lo esencial es que no hay reglas. Los golpes pueden venirte de cualquier parte. No puedes tener espalda y las palabras son los primeros puñales envenenados, que se clavan al enemigo o al aliado, según convenga.

El País está muy molesto con el anunciado giro izquierdista del PSOE. Las declaraciones antirreferendarias de Sánchez lo han tranquilizado en el frente catalán, pero los compadreos con Podemos le parecen peligrosos. Así, tras haberlo apoyado a medio gas en su enfrentamiento con Susana Díaz, ahora lo castiga restándole votos por su proclividad izquierdista. No se pone aquí en duda la validez de los datos, sino su interpretación. Según el diario el descenso en apoyo electoral (subrayado retóricamente al presentarlo como una reversión de una trayectoria ascendente) se debe al supuesto abandono del centro y la aproximación a Podemos. Pero esa interpretación es tan válida como la contraria, esto es, que se castiga al PSOE por no haberse echado suficientemente a la izquierda. Las redes están llenas de críticas a lo que se considera el retorno del "nuevo PSOE" a las pautas entreguistas del viejo. Es incluso tan válida como una "técnica", esto es, que el electorado se da un respiro antes de consolidar una tendencia porque no es infrecuente que las decisiones electorales de cambio se tomen en dos tiempos.

El PSOE, según este ponderado parecer del que está consagrándose como el diario de referencia de la derecha, debe rectificar el rumbo garantizando dos extremos: la estabilidad del gobierno de la derecha hasta el fin de la legislatura y la unidad de España a base de impedir la realización del referéndum separatista. No se sabe si porque cree que es la condición normal de la política o, por el contrario, por creer que es extraordinariamente anormal, el conservadurismo simula pensar que un gobierno desprestigiado de raíz en toda su gestión por sus prácticas autoritarias y corruptas tiene autoridad para enfrentarse a la reclamación independentista con unos procedimientos que la comunidad internacional ya está dejando claro que no verá con buenos ojos.

Cuando España fue excluida de la ONU, en Madrid aparecieron pintadas falangistas del tenor "Si ellos tienen ONU, nosotros tenemos dos". Muy probablemente, la derecha esté tentada a responder de igual modo delirantemente autárquico ante una eventual intervención exterior en el conflicto con Cataluña. La cuestión es averiguar si esa será también la línea que adopte el PSOE. ¿Cuál es el recto camino del PSOE en la cuestión del referéndum y consecuencias? ¿El mismo que el de la derecha?

El error del nacionalismo español es enfrentarse al independentismo con los conceptos de hace un siglo. El nacionalismo catalán del XIX y primeros del XX se articuló en términos políticos, como asunto de partidos y en ese terreno tuvo las respuesta del nacionalismo español, la misma que este ha empleado en la aceleración del conflicto desde la reforma del Estatuto de 2006. No percibió que el independentismo había dejado de ser un asunto político para ser social en su sentido más amplio; había dejado de ser monopolio de los partidos para convertirse en objeto de las asociaciones de la sociedad civil; había dejado de ser proyecto de clase (si es que alguna vez lo fue) para convertirse en una reivindicación transversal e interclasista.

Ninguno de los perjuicios que el nacionalismo español prevé a consecuencia del independentismo ha hecho mella en este: el de la división de la sociedad catalana, el del empobrecimiento, el de la ocultación de corrupción estructural del 3%, el de la expulsión de la UE. Al final solo queda la conminación al cumplimiento de la ley apoyada en la amenaza del uso de la fuerza. Asegurar que el apoyo del PSOE a esta línea de acción no es propio de la izquierda suena bien pero es falso. Cuando le tocan la fibra nacional, la izquierda puede reaccionar de esta forma y lo ha hecho en numerosas ocasiones. 

Lo que debe mirarse aquí no es si apoyar la política de represión y uso de la fuerza es más o menos de izquierda, sino si es racional; si el medio elegido es el adecuado para conseguir el objetivo que se propone. Frustrar el deseo de referéndum del 80 por ciento de los catalanes, negar la reivindicación independentista de millones de personas, impedir la acción de sus instituciones representativas y todo ello por la fuerza no es el procedimiento para mantener la unidad de España. Al contrario, ese uso de la fuerza no será esporádico u ocasional, sino que se convertirá en permanente, lo que apunta a una situación de ingobernabilidad insostenible. 

La soberanía de España es limitada tanto hacia el exterior como hacia el interior. Ignorar esos límites es una receta para el desastre y es preocupante comprobar que el PSOE se ciñe al guión.

sábado, 1 de julio de 2017

Las mieles del triunfo

Desde el punto de vista humano, las primarias del PSOE componen un relato sentimental. Mientras la candidata derrotada, después de dos bufidos y un par de sofocones, se retiró a su tierra a luchar por su supervivencia, Sánchez, el brillante triunfador se pasea hoy de plató en plató. Atiende a las reiteradas solicitudes de unos medios que no más ayer no recordaban ni cómo se llama. Y no solo los platós. También ocupa toda la pantalla. Triunfaría aunque su campaña de imagen la llevara Diógenes el cínico. 

Las primarias ganadas por Sánchez han sido un aplastamiento a manos de un guerrero, convertido en desfacedor de entuertos con mucha presencia mediática (como dicen en el oficio, "las cámaras lo buscan") y un relato poderoso que hacía un llamamiento a valores muy arraigados entre la militancia del PSOE. Frente a eso, la campaña de Díaz disponía de unos recursos de imagen muy pobres y carecía de discurso. Su derrota se selló el día mismo que se organizó la felonía del 1º de octubre pero ni ella ni sus asesores lo sabían.

A esa legitimidad de origen quiere añadir Sánchez ahora la de ejercicio. Y, en efecto, a partir del apoyo popular que ha concitado y que rebosaba el estrictamente partidista, Sánchez ha resultado un líder en la línea de lo que los especialistas llaman un liderazgo fuerte y transformador. El aparato del partido, que amenazaba ser una fronda, está pacificado y el nuevo equipo dirigente tiene un margen considerable de acción aumentado por el hecho de que, al no estar su victoria prevista, nadie tenía respuestas preparadas para sus iniciativas. Pues no solo lo buscan los medios sino también los otros partidos y tanto lo benefician las solicitudes de Podemos y C's como los bufidos del gobierno y su partido, que dicen no fiarse de él cuando los necesitados de un voto de confianza son ellos.

La iniciativas petrinas han consistido en lo esencial en abrir conversaciones en todos los horizontes en busca de una mayoría alternativa a la del PP, con todos sus recovecos y dificultades. En la medida en que en esas conversaciones incluyen a Podemos, ha comenzado a funcionar un efecto sifón previsible de votantes de estos de regreso a la casa del padre del PSOE. Ello plantea un curioso problema de competitividad entre ambos partidos que ya se verá cómo se resuelve pues hay varias posibilidades abiertas.

Pero los contactos intraizquierdistas solos no garantizan el gobierno, de forma que el PSOE tiene dos líneas de acción para conseguirlo completando esa posible alianza con C´s o con los indepes catalanes. La primera es impensable, según parece por la radical oposición de Podemos; la segunda por la parcial oposición del propio PSOE. 

El problema real es este, el de las necesarios votos de los indepes porque, a su vez, el problema real general de España es el independentismo catalán y el concreto, el referéndum. La cuestión de la llamada "ilegalidad" del referéndum es un pretexto insostenible porque la legalidad o ilegalidad de los actos es una cuestión política, una cuestión de voluntad política del órgano depositario de la soberanía que es el Parlamento como legislador, competente por tanto para convertir lo legal en ilegal y viceversa. 

Dicho lo cual, es incomprensible cómo el PSOE no ve que la opción del referéndum pactado desbloquea la situación política y está en línea con lo que la opinión pública internacional espera en España. Es también incomprensible porque un fracaso del PSOE en esta cuestión, la más importante hoy en el país, convertirá las mieles del triunfo en las hieles de la derrota.

miércoles, 28 de junio de 2017

El triángulo

Las cosas parecen ir rodadas. Sánchez, cuya pegada como líder está sembrando el desconcierto, ya se ha reunido con Iglesias en el comienzo de lo que acabará siendo una unidad de acción del PSOE y Podemos, lo llamen como lo llamen. Es lo lógico y lo que innumerables voces reclaman hace años. La unión de la izquierda. Palinuro ha sido siempre partidario. Incluso propuso una fórmula para resolver el siempre intratable tema catalán, consistente en que orillaran sus diferencias sin eliminarlas. Y ver luego cómo reaccionaría el bloque independentista ante una moción de censura (MC) con Sánchez de candidato.

Desde luego, la propuesta de unidad de la izquierda no se agota en la MC y hasta puede prescindir de ella. Pero, para llegar al gobierno, la izquierda necesita ganarla y esto solo es posible, manteniendo la línea de izquierda, con los votos independentistas catalanes.

Hay otras variantes, sin duda, pero todas tienen peplas. La primera sería una MC apoyada por PSOE, Podemos y C's que tendría una clara mayoría absoluta sin precisar los votos catalanes. Pero parece ser la más improbable, dada la incompatibilidad existente entre Podemos y C's, que sus dirigentes convierten en inquina personal.

La segunda variante sería olvidarse de la MC y seguir la legislatura arbitrando una oposición de "geometría variable". En algunos aspectos la mayoría sería con C's y en otros con los indepes catalanes. Esta opción es en parte la que (salvando el vade retro a Podemos y los indepes) proclamaba como propia el PSOE de la extinta Gestora. Una oposición dura a un gobierno en minoría. Nadie se lo tomó en serio pero la llegada de Sánchez ha cambiado visiblemente las tornas. Esta variante tiene otros inconvenientes. Retrasa el acceso del PSOE y la izquierda al gobierno hasta las próximas elecciones y se abre a un resto de legislatura sobresaltado y probablemente inoperante. En la medida en que el Parlamento fortalezca su posición, el gobierno intensificará su política de enfrentamiento con él, derivando todo lo que pueda a la vía judicial o a la jurisdicción constitucional, desde la posibilidad de vetar la legislación hasta la de suspender las comisiones de investigación que le incomoden, como la de la financiación ilegal del PP.

En realidad, la única unidad de la izquierda con perspectiva de estabilidad, por paradójico que pueda parecer, es la triangular, PSOE, Podemos y el bloque independentista. El obstáculo es el referéndum, contra cuya celebración viene pronunciándose Sánchez siempre que puede. Palinuro, que no es nada original, cree la consulta muy razonable, lo ha creído siempre, como lo cree medio mundo por ahí fuera, incluido el New York Times. El nacionalismo español -ese que, según él mismo, no existe- tiene algún tipo de dificultad congénita para apreciar la conveniencia de una decisión que otros pueblos civilizados y democráticos han tomado en similares circunstancias. 

Cabe aceptar tan lamentable condición pero ello no es óbice para que se recuerde que alguna diferencia habrá de existir entre la derecha y la izquierda en cuanto a la llamada "cuestión catalana". Esa diferencia está clara respecto a Podemos, que acepta un referéndum pactado. No lo está, sin embargo, respecto al PSOE. No aceptar el referéndum es exactamente lo que hacen el gobierno y el PP y C's. Pero el PSOE tendrá que proponer algo más, algún terreno de diálogo y entendimiento que no sea el de la confrontación, la represión, la violencia. Porque, caso de no hacerlo, estará dando la razón al independentismo cuando este plantea la separación de un Estado que ignora y no respeta los derechos y las reivindicaciones de los catalanes. Que no las tiene en cuenta. 

martes, 20 de junio de 2017

El PSOE, trasunto de España

Los perdedores de las primarias aceptan el resultado de boquilla, pero no en su actividad práctica. Acusan a Sánchez de proceder con revanchismo en la composición de los órganos directivos, hablan mal de él, no lo felicitan, no lo apoyan y, cuando pueden, lo boicotean. Lamentable falta de espíritu deportivo y elegancia. La espantada de la delegación andaluza en el Congreso fue una pataleta de criatura mimada y de pocas luces. La falta de ánimo y respaldo de las viejas glorias es bastante ruin.

Da la impresión de que Sánchez ha tratado de combinar dos criterios, el integrador de los antiguos adversarios y la necesidad de cubrirse las espaldas frente a posibles felonías de quienes ya las practicaron una vez. Para sus partidarios, la integración ha sido excesiva. Para sus adversarios, la composición de los órganos partidistas es revanchista y sectaria.

Nada que no suceda habitualmente en los partidos, que se rigen por el principio de que "el ganador se lo lleva todo". Hasta podría decirse que, así como el PSOE ha dado muestra de un comportamiento democrático ejemplar (aunque no se le reconozca) igualmente ha procedido con cierta magnanimidad y liberalidad en la tarea de componer sus órganos de dirección. 

Pero la oposición a Sánchez y el "nuevo PSOE" no se da solamente en el terreno orgánico, sino también en  el doctrinal. El punto de discordia es el concepto de plurinacionalidad. Su aparición en el programa ha sido un aldabonazo en la tranquila inopia de la opinión pública, adormecida en la práctica de que el mejor modo de resolver un problema es ignorándolo. Eso ahora ya es imposible. Ser de izquierda, en España, consiste de entrada en formular, dar carta de naturaleza, reconocer la existencia de un problema que nadie quiere afrontar.

El problema nacional español. 

Por esto es el PSOE un trasunto de España, porque ese problema nacional lo fractura como fractura al país. Se mire como se mire, este es un ámbito en el que coexisten varias naciones con muy diferente peso, alcance e identidad de la correspondiente conciencia nacional. Decir que España es un Estado plurinacional es la evidencia misma. 

La negación no suele hacerse desde un punto de vista racional sino sentimental. Sale el patriotismo y el nacionalismo, con el agravante de que no se reconoce como tal y acusa de él a los demás. Los enemigos socialistas de la plurinacionalidad, muchos de ellos entre los mismos sanchistas, critican la ambigüedad, la confusión del concepto, sus consecuencias indeseadas, sin percatarse de que si eso es consecuencia de la nación y el nacionalismo, también lo será de la nación española y el nacionalismo español. 

Estas exigencias de garantías que, en realidad vienen a decir que solo se reconoce condición nacional si no se ejerce, son un ejemplo de filisteísmo difícil de superar. El Reino Unido y el Canadá, entre otros, se consideran como Estados plurinacionales sin que venga ningún maestro Ciruelo a aquilatar el alcance del concepto, reduciéndolo aquí, emasculándolo allá. En los dos ha habido referéndums de autodeterminación y no sucede nada.

España es un Estado plurinacional y esas naciones no tienen por qué ser lo que otra (la española en este caso) les deje ser, sino lo que quieran ser.

La cuestión nacional fractura al PSOE y a la izquierda en su conjunto. El reconocimiento de la plurinacionalidad es un paso en la buena dirección, pero un paso muy primero y del todo insuficiente. Si, después de él,  se reduce el alcance de la nación a lo meramente cultural, el avance se habrá frenado en seco porque equivale a una negación de los aspectos decisivos, político y jurídico, que le dan su perfección. Y, además, reduce a los ciudadanos de esa nación a la condición de ciudadanos de segunda, puesto que no pueden serlo del Estado de su nación sino del de otra. 

Va siendo tiempo de que la izquierda aborde la solución del sempiterno problema de la nación española con propuestas propias, nuevas, distintas de las tradicionales de la derecha, cuyo fracaso es patente. Para ello, el concepto de plurinacionalidad es muy útil si se lleva a sus lógicas consecuencias, esto es, el reconocimiento de la plenitud de los derechos políticos y jurídicos de las naciones.

Y un referéndum pactado que nos permita saber en dónde estamos.

lunes, 19 de junio de 2017

Rumbo al gobierno. A mí la mayoría

El compromiso de Sánchez es claro: Voy a trabajar para buscar una mayoría parlamentaria alternativa al PP. Y también es sencillo. Tanto que casi no es trabajo si se trata de mayoría absoluta para desplazar al gobierno. Una posibilidad es la de PSOE, Podemos y C's, y la otra, PSOE, Podemos, JxS y Bildu, por ejemplo. La primera parece imposible por la incompatibilidad entre Podemos y C's. La segunda trae el escollo de los votos independentistas.

Para las mayoría relativas, la fantasía es libre aunque, claro, las hay más verosímiles que otras. Una razonable sería la de PSOE y Podemos, que no tendría el escollo independentista, pero estaría al albur de votaciones conjuntas PP y C's.

Las opciones son escasas e insuficientes. Probablemente por eso un ufano Rajoy anuncia que terminará la legislatura porque no ve alternativa. La moción de censura de Podemos ha sido un exitazo. Ha servido para consolidar al gobierno y también a la otra oposición en cuanto partido y liderazgo. Y un liderazgo que se ejerce desde fuera del Parlamento. Eso es "nueva política" a tope, ¿no? Habiéndolo intuido así, a Sánchez se le ha disparado el estro y se ha declarado continuador o representante o algo parecido del 15M en medio de feroces críticas e insultos. Demagogo, falso, oportunista, aprovechado. Sin embargo, paradójicamente, si alguien hoy puede esgrimir el ¡no nos representan!, es él, que lo hace desde la calle. Como peripecia vital, incluso, que da mayor pábulo a la leyenda, esa que empezó a forjarse en torno a su figura como "el relato". Ahora sube un peldaño más y puede, con razón, exclamar ¡no me representan!

Si Rajoy no obedece las reiteradas invitaciones a dimitir, la mayoría parlamentaria alternativa  puede querer decir dos cosas: una nítida y clara y otra confusa y variable. La nítida y clara es un gobierno salido de una moción de censura del PSOE y Podemos con los votos favorables de JxS y seguramente Bildu. La única condición sería que ese gobierno propusiera un referéndum pactado en Cataluña, habiendo negociado fecha de celebración y pregunta. Pero con todas las garantías para una votación en libertad.

La forma confusa y variable de la mayoría parlamentaria alternativa sería la que no aspirara a formar gobierno y se contentara con ser oposición pero pretendiendo imponer la política al gobierno, es decir, gobernar desde el Parlamento. No estaría mal si el Parlamento tuviera el coraje de la Convención Nacional francesa de 1792, la que abolió la Monarquía afirmando que "los reyes son al orden moral lo que los monstruos al físico. La corte es el despacho del crimen, el hogar de la corrupción y la guarida del tirano". Mas no parece ser el caso, sino al contrario pues ayer mismo el Congreso del PSOE daba carpetazo a la insolente urgencia de sus juventudes en proclamar la III República. Una oposición de geometría variable, bajo la presión de unas elecciones anticipadas y en la incertidumbre de los cambios en las alianzas caso por caso. Si añadimos el ya expresado propósito del gobierno de instar al Tribunal Constitucional a que ampare su "derecho" a vetar legislación en virtud de criterios presupuestarios, concluiremos que la idea de articular una mayoría parlamentaria alternativa, si no es desde el gobierno, es una quimera.

En realidad, solo queda ejercerla desde el gobierno. Uno de PSOE y Podemos con el apoyo parlamentario de JxS, a cambio de un referéndum pactado en Cataluña, una opción que apoya el 80 por ciento de la población catalana. Algo a lo que un gobierno de izquierda no puede ser indiferente. Y debe demostrarlo con hechos. Si se propuso como alternativa a la derecha deberá serlo también en la cuestión territorial; deberá ser capaz de encontrar alguna forma de negociación que evite el tantas veces mencionado "choque de trenes".

Dado que el referéndum no es un fin en sí mismo sino un medio, al aceptar uno pactado, cabe negociar la pregunta. Si la izquierda tiene algo que ofrecer, digamos a medio camino entre el estatu quo y la independencia, por ejemplo, ese federalismo tan celosamente guardado, es el momento de hacerlo y ver qué apoyo concita. Incluso es el momento de ofrecer alguna idea de planta nueva para romper con el marco tadicional de la derecha que tiene cautiva a la izquierda.

Después del enésimo fracaso de la derecha española al gestionar el país, la izquierda está obligada a constituirse en alternativa y a hacerlo teniendo por una vez el valor de sus convicciones. El aparente oxímoron de reconocer la soberanía una del pueblo español y su plurinalicionalidad apunta a un momento constituyente, o "destituyente", como dice Miguel Urbán, de Anticapitalistas. Un momento de acción.

Y así es como debe entenderse. No como una propuesta estática de que una cosa puede ser ella misma y su contraria al mismo tiempo en contra de la lógica, sino como una dinámica: una cosa puede convertirse en su contraria. Si el amor puede y suele convertirse en odio, lo demás, por añadidura.

La profundización del carácter purinacional de España obliga a no reducirlo a lo meramente cultural sino a reconocerle su plena función política. Corresponde a las naciones del Estado determinar de común acuerdo qué forma de organización quieren darse si quieren darse alguna.

Se entiende la propuesta federalista del PSOE salida de la Declaración de Granada y hasta cabe conceder que se haga de buena fe. El problema es que es irrelevante. No por el federalismo en cuanto tal que seguramente será perfecto, sino por el procedimiento para establecerlo. Una decisión mayoritaria del soberano español que obliga a la minoría nacional catalana es inevitablemente sentida por esta como una nueva imposición desde fuera, otra vez café para todos, siendo así que la reclamación del independentismo es un tratamiento diferenciado de Cataluña como nación que es en plenitud de sus derechos.

Sería más avisado, a mi entender, no empeñarse en una fórmula federal como propuesta de partido, sino estar dispuestos a acordar otra de otras características que pudiera ganar acuerdo del independentismo. Y ¿qué forma podría tener? Ahí, justamente, está el meollo de la política, en la capacidad para imaginar soluciones acordadas a problemas que parecen no tenerlas.

domingo, 18 de junio de 2017

Allá vamos

Las hispánicas entretelas de algún veterano socialista se agitan escandalizadas. Guerra pide la aplicación del artículo 155 de la CE. No fue suficiente su cepillado del Estatuto de 2006. Ahora quiere pasar por el cepillo a los gobernantes. Un demócrata. Porque el art. 155 que, además, no dice nada, es muy suave. Si por el sevillano fuera, los fementidos secesionistas catalanes debieran ser deportados a Madrid cargados de grilletes.

¡Estado plurinacional! ¿Qué es eso? Tampoco es para ponerse tan nervioso, como plurinacionales se reconocen más Estados: Bolivia, el Canadá, Australia, el Reino Unido, Bélgica, entre otros.

Verdad es que la plurinacionalidad requiere profundización. Y ahí es donde el concepto se abre al debate. Si la expresión no es un flatus vocis habrá que darle algún contenido. Y este no puede reducirse a una mera consideración de las naciones como hechos culturales.

Hablemos de Cataluña porque es pensando en Cataluña como se ha aprobado la plurinacionalidad española. Responder a la movilización independentista catalana, mantenida en el tiempo, transversal, con amplísimo apoyo social, democrática y pacífica aceptando su condición de nación "cultural" es quedarse tan corto que casi suena a tomadura de pelo. El independentismo quiere el reconocimiento de Cataluña como nación política en plenitud de sus derechos y un tratamiento de igual a igual con la nación española. Por supuesto, esto plantea un problema de incongruencia dado que la nación española solo se ve a sí misma incluyendo en ella a la catalana y, en su concepción imperial, encuentra absurdo que la parte quiera tener un tratamiento idéntico al todo.

Lo respetuoso con la plurinacionalidad de España en este caso concreto catalán es autorizar la celebración de un referéndum pactado que permita tomar decisiones con el apoyo mayoritario de la población en un sentido u otro. Como hacen las naciones civilizadas cuando se encuentran en esta situación. Convertir el referéndum en un asunto de principio y negarse no solo al reconocimiento de los derechos de los catalanes sino también al conocimiento objetivo de la situación, es la actitud de la derecha, orientada claramente a una confrontación con el independentismo.

No puede ser la de la izquierda.

Por lo demás, parece que en el Congreso se ha mascado la tragedia con una propuesta de las JJSS de meter la República en el programa del PSOE. Es imaginable lo contento que se hubiera puesto Palinuro, incorregible republicano. Pero, al final no ha sido así porque la nueva izquierda del PSOE todavía arrastra temores de antaño en esto de la República y la Monarquía y ha mandado callar a los cachorros. Como siempre, se argumenta que es extemporánea, no coincide  con las preocupaciones de los españoles (esto suele decirse de casi todo lo que molesta) y distrae la atención de cosas más importantes.

Nada de esto es cierto, pero tampoco importa mucho. Por más que quiera acallarse el debate sobre la cuestión República Monarquía, reaparece inevitablemente a la hora de abordar la plurinacionalidad del Estado puesto que el independentismo catalán es republicano.

viernes, 16 de junio de 2017

La gloria y la crítica

La moción de censura de Podemos ha tenido, como todo, luces y sombras. La luz: la revelación de alguna figura política prometedora, una crítica demoledora al gobierno de la corrupción y la consagración de un estilo parlamentario nuevo, directo, sin concesiones pero respetuoso, en contraste con los usos tumultuarios de la bancada del PP que Rajoy llamaría de hooligans porque no sabe que existe el término "gamberro"; señorías gamberras, vamos.

La sombra: ya parece incuestionable que la estrategia del sorpasso es un fracaso. Se han necesitado tres años para reconocer algo claro hace otros tres. Tres años, dos elecciones generales, varias autonómicas y municipales, una consulta atípica catalana, dos investiduras y una moción de censura. 

Y todo para que el paradójico resultado de la moción haya sido evidenciar los límites de Podemos y su candidato, quien ha tenido que comerse literalmente sus recientes palabras de que no habrá alianza con el PSOE a nivel de júnior. Sin el PSOE no se llega al gobierno; contra el PSOE, menos; y destruirlo mientras se asaltan los cielos ha resultado la aventura del bocazas de Ícaro.

Paradójicamente, el fracaso de la moción de censura ha fortalecido la figura de Sánchez y consolidado la de su partido al que ya todos, Podemos incluido, llama "nuevo", adjetivo potente en mercadotecnia. La moción de censura ha sido a mayor gloria de Sánchez y de su partido. El primero, ausente -circunstancia esta que, bien llevada, continuará el relato de la candidatura de Sánchez- y el segundo, reafirmado en su centralidad política gracias a una intervención muy consistente, justa y moderada de Ábalos.

El equipo camina hacia la gloria. Pero la gloria ciega al tiempo que la crítica enmudece y el líder se lanza a su propia destrucción seguro de sí mismo. Cuando Sánchez comprueba que tiene una valoración alta, le conviene recordar que quizá no se deba a sus méritos, sino a los deméritos de los competidores, abundantes y hasta divertidos. El mérito de Sánchez, cuando lo tenga, consistirá en dar cumplimiento a ese compromiso de buscar una amplia mayoría que permita desbancar al PP. Aparte de que el verbo desbancar se presta a chistes, la expresión es demasiado vagarosa. En lenguaje reglamentario es más sencillo: presentar una moción de censura ganadora. Esa moción de censura solo puede ser de dos formas con variantes: forma a) PSOE, C's, Podemos; forma b) PSOE, Podemos, JxS y algunos otros. 

Las dos tienen al PSOE y a Podemos. Por tanto, sería lógico que se pusieran de acuerdo respecto a quién invitarían. Más acorde con la invitación a la izquierda de Sánchez es aproximarse a JxS, pero esto plantea un problema de equilibrio constitucional. Sin embargo, la moción de censura permite una posibilidad de entendimiento. Si ERC vota a favor de la moción de Podemos que acepta el referéndum pactado pero no el unilateral, lo mismo podría hacer JxS con otra moción del PSOE y Podemos en idénticos términos. 

La pelota estaría entonces en el tejado del PSOE y si este aceptaría un referéndum pactado y, por ende, legal. Aquilátese aquí la legalidad. Ábalos dice que el PSOE apoyará al gobierno en todas las medidas legales en el contencioso catalán. O sea, que no va a apoyarlo en las ilegales. Bueno es saberlo. Pero la cuestión es si, además de apoyarlo, propone iniciativas de solución por su parte o insta a propuestas de negociación que permitan hacer legal una solución razonable negociada políticamente.

El problema está ahí y ahí es donde Sánchez tiene que mostrar su talla.