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jueves, 17 de agosto de 2017

Una carta de hace dos años al rey

Mi amigo Bernat me comunica que la ha llegado por Whatsap esta carta abierta a Felipe VI con el siguiente mensaje: "La carta d'un català al Rei Felipe VI que fa furor a la xarxa". La carta es mía. No tengo nada en contra de que se me atribuya la nacionalidad catalana, al contrario, me siento orgulloso. Pero sí tengo contra la costumbre de reproducir textos suprimiendo la autoría. Palinuro está todo él en Creative Commons y por lo tanto, la reproducción de sus contenidos es libre con las solas limitaciones de no desfigurarlos, no hacerles decir lo que no dicen y reconocer la autoría. Eso es elemental. Si se difunde con estas condiciones, no hay problema alguno. La carta se publicó el 24 de julio de 2015, hace más de dos años y estoy encantado de que tenga tanta difusión. Ya la tuvo entonces, razón por la cual, me decidí a subir un vídeo a YouTube leyéndola íntegra y que reproduzco aquí:





Hoy podría volver a escribirse pues sigue siendo actual.

Para quienes quieran leerla como salió,la reproduzco aquí:

Estimado señor: en 1716, un antepasado suyo, Felipe V, abolió de un plumazo los derechos y libertades catalanas tras someter Barcelona mediante conquista militar. Trescientos años después quiere el destino que venga usted a impedir que los recuperen.

Acaba usted de espetar un discurso a un gobernante democrático, elegido por las urnas, como usted no lo ha sido, cuyo contenido esencial reside en recordar la necesidad de respeto al principio de supremacía de la ley, sin el cual, no es posible la sociedad civilizada.

¿Con qué autoridad dice usted eso a un presidente que, como él mismo señaló en una entrevista posterior, nunca se ha saltado la ley? Contestemos a esta fastidiosa pregunta.

Su autoridad personal en la materia que, a fuer de republicano, este blog no reconoce, es inexistente. Su poder viene directamente de la designación de un militar golpista, un delincuente perjuro que se alzó contra su gobierno y usted no ha tenido el coraje ni la gallardía de refrendarlo mediante una consulta a la ciudadanía, un referéndum en el que esta decida si quiere seguir con la monarquía o prefiere la República, el último régimen legítimo que hubo en España, pues el suyo no lo es.

Usted carece de autoridad pero se hace eco de la del gobierno español, ese sí, elegido por sufragio universal. Es este quien ha enviado a usted a Cataluña a recitar el catón elemental del Estado de derecho: el respeto a la ley, que a todos nos obliga, incluidos los gobernantes.

En términos abstractos esto es cierto. En términos concretos, aquí y ahora, en España, no solo no lo es, sino que es una burla. El gobierno que exige a Mas el cumplimiento de la ley, la cambia a su antojo, unilateralmente, sin consenso alguno, valiéndose de su rodillo parlamentario cuando le conviene, de forma que esa ley ya no es una norma de razón universal, general y abstracta que atienda al bien común, sino un dictado de los caprichos del gobierno del PP que, como sabe usted perfectamente, es el más corrupto, arbitrario e incompetente de la segunda restauración. Un solo ejemplo lo aclara: el mismo día que el presidente de ese gobierno, un hombre sin crédito ni autoridad algunos, sospechoso de haber estado cobrando sobresueldos de procedencia dudosa durante años, denuncia que los soberanistas catalanes intentan "cambiar las reglas del juego" al desobedecer la ley, sus acólitos presentaban un proyecto de ley de reforma del sistema electoral español para cambiar las reglas de juego a tres meses de unas elecciones. Y nadie en España, ni un medio de comunicación, ni un publicista ha denunciado esta arbitrariedad, esta ley del embudo.

Ciertamente, los gobernantes dicen que, si a los catalanistas no les gusta la ley, pueden cambiarla, pero legalmente, como han hecho ellos. No tengo a usted por una lumbrera, pero imagino que no se le escapará la impúdica hipocresía de este razonamiento pues los catalanes jamás serán mayoría en cuanto catalanes en España y, por tanto, no pueden materialmente cambiar la ley y están condenados a vivir bajo la que la mayoría les impone. Siempre. Por si no lo sabe usted, eso se llama "tiranía de la mayoría" y es tan odiosa como la de la minoría.

No, señor, el asunto ya no es de respeto a la ley. El asunto es de legitimidad, o sea mucho más profundo y antiguo. Pero, por no abusar de su paciencia, se lo expondré a usted en tres sencillos pasos a imitación de la triada dialéctica hegeliana que sirve para explicar la evolución de la realidad, pero también su involución.

Primero vino una guerra civil y cuarenta años de dictadura que forjaron una realidad española en la que se mezclaban los sueños de fanfarrias imperiales con los harapos de un país tercermundista, gobernado por los militares y los curas, como siempre. Fascismo, nacionalcatolicismo, centralismo, ignorancia, represión y robo sistemático. Fue la tesis.

Luego llegó la transición, la negación de la tesis, la antítesis. España se convertía en una democracia homologable con el resto de los europeas. Se negaba la dictadura. El Estado se descentralizaba y devolvía libertades a los territorios, se promulgaba una Constitución que consagraba la separación de la Iglesia y el Estado y propugnaba un Estado social y democrático de derecho. Y se acariciaba la ilusión de que era posible una continuidad normal del Estado, por encima de los avatares históricos.

Por último llegó la negación de la antítesis, la negación de la negación, la síntesis. Con el triunfo aplastante del PP en 2011, volvió el espíritu de la dictadura, el gobierno de los  curas (o de sus sectarios del Opus Dei), el nacionalcatolicismo. Se conservó la cáscara de la Constitución, pero se la vació de contenido con la ayuda del principal partido de la oposición, cómplice en esta involución y se procedió a recentralizar el país, atacando el régimen autonómico y burlando las expectativas catalanas, de forma que su estatuto carece de contenido. De nuevo con la ayuda del PSOE y la diligente colaboración de todas las instituciones del Estado. La que más se ha usado ha sido un Tribunal Constitucional carente de todo prestigio y autoridad moral por estar plagado de magistrados al servicio del gobierno o sectarios del Opus Dei, con su presidente a la cabeza, militante y cotizante del PP. 

Así están hoy las cosas en España, señor mío. Un gobierno de neofranquistas y nacionalcatólicos, empeñados en imponer sus convicciones como ley de la colectividad, impregnado de corrupción, basado en un partido al que algún juez considera una asociación de delincuentes. Un gobierno que ha provocado una involución sin precedentes, una quiebra social profunda (lea usted las estadísticas de pobreza, las de paro, las de productividad, las verdaderas, no las que fabrica esta manga de embusteros) y una quiebra territorial mucho más profunda, que él mismo reconoce de una gravedad extrema y de la que es el único responsable por su incompetencia, autoritarismo y corrupción.

¿Cree usted que ese gobierno tiene autoridad para hablar de la ley?  ¿La tiene usted?

No le extrañe que los catalanes quieran liberarse de esta tiranía personificada en estúpidos provocadores como ese que quiere "españolizar a los niños catalanes". Muchos otros, si pudiéramos, haríamos lo mismo. No quieren, no queremos, vivir otra vez el franquismo. 

Y usted, le guste o no, lo representa.




sábado, 5 de agosto de 2017

Una real propuesta

Pues señor, estábame el otro día pensando de qué manera podría hacer alguna aportación constructiva y original al actual galimatías patrio y no daba con ninguna. Hasta que me acordé del Rey que, parece, anda a sus asuntos. La Constitución encomienda al Monarca una función de arbitraje y moderación de las instituciones y, pardiez, como están las cosas, no parece descabellado pedir que la ejerza. A ver qué se le ocurre. De hecho, me extraña no leer artículos sesudos sobre la institución de la Corona y la figura del Rey en un momento de aguda crisis constitucional. No deben estar claras las cosas cuando legistas, escribas y otros palmeros no hagan acto de grave presencia.

Directos al grano. Quienes aseguran firmemente respetar y querer a los catalanes, considerarlos nación y miembros voluntarios a la vez de la supernación española, estarán dispuestos a hacerles justicia. Para ello, ¿qué tal si Felipe VI se presenta en la próxima Diada en la ofrenda floral a Rafael Casanova, reconoce la nación catalana y anula los Decretos de Nueva Planta?

Resulta estrambótico, ¿verdad? Pero a los políticos, dirigentes y estadistas no se los puede medir por las pautas y usos de los probos y diligentes funcionarios del mero sentido común y la rutina (aunque casi todos ellos se limiten a eso) sino por decisiones audaces, de gran alcance, por actos simbólicos que cambian la forma de vida de la gente y dejan huella. Felipe VI arrastra un problema originario de legitimidad. A falta de someter su trono a referéndum, que sería lo más acorde con el espíritu de los tiempos, cuando menos podría tener el gesto de reparar una injusticia histórica con los catalanes (y, por supuesto, països catalans) y devolverles sus libertades, prometiendo, además un Estado compuesto con una monarquía bicéfala, como los Austrias. Si le sale, le sale.

De inmediato se recordará al Rey que entre sus inexistentes atribuciones tampoco está la de dejar sin efecto la Constitución española en una ofrenda floral. Y mira que no es mala idea por tratarse de una Constitución que nunca ha sido tal, sino un instrumento primero de dos partidos y, luego, solo de uno.

Para no frustrar la regia y humana voluntad de pedir perdón por la injusticia de hace 300 años (nacimiento verdadero de la “nación española” a sangre y fuego), el Parlamento, en debate plenario, quizá a petición de los indepes catalanes, podría autorizar al Rey a ese acto de reparación histórica. 

Con esto no se quiere decir que los republicanos fuéramos menos republicanos ni los independentistas menos independentistas, pero sí que ofreceríamos al adversario juego limpio en un referéndum sobre la República en toda España y en Cataluña, además, sobre la independencia. La idea es estupenda y solo me protege de las críticas por dar ideas al adversario el hecho de que este es tan cerrado de mollera que algo así no se le pasa por su colectiva y huera cabeza.

La imagen es una foto de la Cancillería del Ecuador bajo licencia CC

jueves, 29 de junio de 2017

El Rey de los españoles

Delenda est Monarchia, decía Ortega en 1930. 87 años después, ahí seguimos. Dispuestos, al parecer, a otros 87 y más aun; por la eternidad. La Monarquía es un régimen político que depende exclusivamente de la capacidad reproductora de su titular e, incluso, cuando esta falla, encuentra remedios de variado tipo para restablecerse o restaurarse.

Según se dice, los especialistas y expertos en la redacción del discurso del Monarca se han esmerado al extremo de que todo el mundo da el texto como muy medido, equilibrado, responsable, atento, pero firme. Dos temas cruciales ha acotado la arenga, el nombre común dictadura, explícito y el nombre propio, Cataluña, implícito. En ambos puntos el Rey desbarra. Tan bueno no es el trabajo de redacción.

La designación de Dictadura al régimen anterior, al que su padre juró lealtad, trata de acompasar el discurso del poder con el normal raciocinio humano en la sociedad actual. El franquismo fue una dictadura (y genocida, de una extraordinaria crueldad) y así piensa prácticamente todo el mundo. Aunque con un retraso bíblico de 40 años, la Monarquía reconoce la naturaleza dictatorial del régimen de Franco. A eso lo llaman los cortesanos "modernizarse". 

Se entiende que el Rey anterior se deshiciera en elogios del dictador y guardara recuerdos paterno-filiales de eterno agradecimiento por lo cual no podía llamarlo "dictador". Pero el hijo es otra cosa. Más siglo XXI y llama "dictador" a un "dictador". El problema es que la dictadura de aquel dictador es el origen de esta Monarquía, su único título de legitimidad. Precisamente ahora se "moderniza" así:la guerra civil y la dictadura fueron una inmensa tragedia sobre la que no cabía fundar el porvenir de España. ¿Alguien llamaría a esto una "redacción ajustada"? Pero, ¿no es él mismo lo que entonces era el porvenir de España?

Al lado de esta fabulosa incompetencia de concepto palidecen las demás lindezas del discurso en torno a la transición. Incluso ese subrepticio intento de apuntarse a la teoría de las "cosas buenas" del franquismo, vago recuerdo de la tecnocracia del "Estado de obras" de la Obra. Un modernizador siempre reconoce a los de su quinta.

El propósito del lavado de cara real es afirmar que aquella legitimidad tinta en sangre de la dictadura quedaba remozada a su paso por la transición, las elecciones, la Constitución y la nueva legalidad que ahora, sí, es legítima y debe aplicarse cuando corresponda, con entera tranquilidad de conciencia.

Y aquí viene el segundo desbarre, oído cocina Cataluña. Los cantos son los habituales: la unidad de España en la diversidad de sus territorios. El sano regionalismo de Fraga llevado a los insólitos extremos del autonomismo por el mismo Fraga y otros no menos bienintencionados españoles empeñados en encontrar un encaje de Cataluña en España, cuestión secular. Con esto se cierra la transición cuyo significado secreto es que produce una solución de continuidad entre el padre, servidor de la dictadura, y el hijo, su crítico y adversario.

Desde la altura de esta imaginaria e ilusoria purificación, el Monarca se siente autorizado a amenazar al independentismo catalán con consideraciones de la cosecha de Rajoy sobre la necesidad del cumplimiento de la ley porque fuera de esto no hay nada bueno. Si lo sabrá él, que preside un gobierno y un partido en el que hay docenas de cargos fuera de la ley.

Y todavía más profundo desbarre la subalternidad del Rey no solo a los argumentos de Rajoy, sino a su actitud autoritaria de negarse a reconocer la existencia de un problema y a arbitrar medidas para resolverlo por la vía de la negociación y no de la represión. Que es justo a lo que apunta el Monarca al respaldar miméticamente la actitud política de un gobierno que lleva al país a una situación crítica.

En realidad, ayer habló el Rey de los españoles para amenazar a los partidarios de un referéndum "ilegal" en Cataluña en general y en concreto a los independentistas que, además, son republicanos.  Felipe VI, crítico de la dictadura y debelador del independentismo catalán. Tendiendo puentes para celebrar la transición.

viernes, 10 de febrero de 2017

Estado de corrupción

¿Es válido el resultado de un juego en el que se demuestra que la parte ganadora hizo trampas? El ganador, el campeón, pierde los títulos. ¿Por qué se da por válido el resultado de unas elecciones que se ganaron gracias a la financiación ilegal? No hay más "razones" que la arbitrariedad por la parte ganadora y la sumisión por la perdedora. Pero no es de recibo. En un Estado de derecho no es de recibo.

La cuestión es si España puede considerarse un Estado de derecho. Empecemos por arriba. El Senado rechaza la petición de Compromis de que el Estado responda si se pagaron "aventuras cárnicas" del rey Juan Carlos con dinero público. Ya solo la pregunta nos introduce en un jardín pintoresco, pero la respuesta de que esa información no puede facilitarse por ser materia reservada sujeta a la ley de secretos oficiales lleva el pintoresquismo a niveles surrealistas. ¿Por qué son "materia reservada" y "secreto oficial" los escarceos amorosos del anterior Borbón reinante de los que habla todo el mundo en la televisión, incluidas sus protagonistas? Notable tufo a ridículo. Y de Estado de Derecho, nada. ¿Por qué no puede conocer de cierto, por fuente oficial, la ciudadanía las alegrías del Rey con presuntos dineros públicos? Los del silencio suelen argumentar el art. 53,6 de la Constitución, el que hace inviolable y no sujeta a responsabilidad la persona del Rey. Ya es insólito un Estado de derecho en el que hay alguien por encima de la ley. Pero es que, además, es estúpido porque no se trata de si el Rey es o no inviolable sino de si tiene el derecho a gastarse el dinero de la ciudadanía sin dar cuentas por ello. Una cosa es ser inviolable y otra incognoscible. Claro que tampoco ha comentado nadie en la Casa Real la noticia publicada hace ya año en Forbes sobre la supuesta fortuna de Juan Carlos de 1800 millones de €. La inviolabilidad y la irresponsabilidad no producen invisibilidad.

Es un Estado de derecho en el que muchos cargos políticos del partido del gobierno pasan más tiempo luchando en los tribunales que gobernando. Y son docenas. En todos los niveles. Y las causas son siempre corrupción, malversación, apropiación indebida, cohecho, etc. Algunos jueces que han llegado a imputar al partido como persona jurídica lo tienen como una asociación con ánimo de delinquir. Es verdaderamente curioso que un partido parecido a una asociación de malhechores administre un Estado de derecho. Se percibe cierta incongruencia: un partido en el que han tenido importantísimas funciones de gestión personas como Fabra, Granados, Matas, Mato, Rato, Camps, Barberá y muchísimos otros de menor relevancia no parece el medio más idóneo para gobernar un Estado de derecho.

Sobre todo porque, además, si algo ha caracterizado la reacción del PP ante la corrupción ha sido una disonancia cognitiva total desde el primer momento. En el terreno declarativo pasó de negarlo todo ("no un montaje del PP sino un montaje contra el PP") a ponerse al frente de la manifestación y acaudillar el regeneracionismo con algunas normas anti-corrupción de las que nadie hacía el menor caso. En el terreno de la acción torpedeó sistemáticamente la acción de la justicia (destrucción de pruebas, mala fe procesal, etc) y encubrió cuanto pudo a los imputados, acusados o condenados.

En este terreno del encubrimiento -que genera una desconfianza grande de la gente en las instituciones democráticas- se juega todo el Estado de derecho. Si a día de hoy, el presidente del gobierno recibe a los familiares de las víctimas del Yak42 con catorce años de retraso y con ello, aunque sea vergonzantemente, se admite la responsabilidad del Estado (o sea, de Trillo, que aún no ha pedido perdón), esos catorce años ¿no han sido de encubrimiento?

Y es el caso que tal parece ser el contenido de la pelea en el PSOE, sobre si Estado de derecho sí o no. El campo de Susana Díaz, la Gestora, los medios, los barones, etc lleva al PSOE a la gran coalición en la que de hecho ya está. El mantenimiento de la alternancia de los dos partidos dinásticos, los dos leales a la III Restauración. La candidatura de Sánchez trae apoyos de naturaleza muy distinta, procedente de las bases, los militantes y da la impresión de que se orienta más a una alianza de la izquierda que restaure más que la monarquía el Estado de derecho en el que todos somos libres e iguales ante la ley y nadie está por encima de ella. La tercera candidatura, la de López, no acabo de encontrarle perfil propio.

Por eso importa tanto a todo el mundo la solución del conflicto en el PSOE.

lunes, 26 de diciembre de 2016

El rey en su corte

Es preciso volver a hablar del discurso de Nochebuena de Felipe VI por el inefable eco que ha tenido en la Corte, en donde casi todos están extasiados ante el real verbo. Los dos partidos dinásticos se felicitan del hondo calado social del monarca. El País se hace lenguas con un editorial almibarado, Felipe VI y la sociedad que le lleva al arrebato místico de ver en un futuro al orador de Nochebuena teniendo que luchar por la Monarquía contra la República. En C's, ya se sabe, la palabra real es doctrina de obligado cumplimiento. La corte entera cenó aliviada escuchando en qué firmes manos se encuentra el timón de esta gran nacion. Solo los de Podemos se rebotaron y afearon al monarca que ignorara el estado de necesidad en que malviven sus súbditos. No está mal, pero es poco y liviano. Porque ese no es el problema, con lo cual su crítica no se diferencia gran cosa de los ditirambos de sus compadres parlamentarios.

No se trata de lo que Felipe VI dijera o dejara de decir, sino de con qué autoridad habla, en nombre de quién y para quién.

El discurso del Nochebuena fue el discurso de Rajoy de la cruz a la fecha. Tanto da que hubieran sustituido al Felipe VI en carne mortal por un autómata para que repitiera las ideas, las expresiones mismas de Rajoy. El rey pone la sedicente autoridad de la corona al servicio de un partido e identifica su suerte con la de este. Reproduce el discurso de un tercio del electorado y se dirige a tranquilizar a ese tercio y a amenazar apenas veladamente al resto. 

Es insólito (y más aun que nadie lo señale) escuchar el jefe del Estado reproducir la doctrina autoritaria y neofranquista de Rajoy, según quien la democracia es la consecuencia del respeto a la ley. No al revés, como creemos los demócratas, esto es, que la ley es consecuencia del respeto a la democracia.

Y también es insólito y hasta indignante que se obligue a decir a esa testa coronada pero poco razonante que no hay que atender a la memoria histórica. 

TV3 no retransmitió el discurso de marras. A la vista de lo que dijo Rajoy disfrazado de Felipe VI, hizo muy bien.

Por lo demás, en la imagen se aprecia que el cuadro del fondo es Carlos III, como decía Palinuro en un post anterior. Lo que no está claro es la autoría. Mi amigo Eusebio Lucía dice que es de Anton Rafael Mengs. Pudiera ser. Goya copió el cuadro de Mengs. Pero a lo mejor tampoco es así. Los retratos que conozco de Carlos III tanto por Mengs como por Goya no coinciden con este de La Zarzuela en un par de detalles esenciales.

domingo, 25 de diciembre de 2016

El discurso de Rajoy

Estuvo muy bien ayer Rajoy caracterizado de Felipe VI. Se le ve rejuvenecido, menos huidizo, con mayor aplomo, no se le cierra el ojo, vocaliza bien y hasta se entiende lo que dice que, en lo esencial, es lo que lleva años diciendo: a) la crisis es historia; vamos de recuperación; b) el independentismo catalán no existe y ojito con que exista; c) el pasado no se toca; la única memoria admisible es la desmemoria.

a) La crisis como pasado. La típica mentira del sobresueldos reiterada por este figura, siempre que no se miren los datos del paro, la dependencia, los subsidios de desempleo, el fondo de reserva de las pensiones o la deuda.

b) Ojito a los catalanes. La democracia, dice Rajoy por boca del Borbón consiste en obedecer a la ley. Ninguno de los dos parece comprender que esa definición es absolutamente imbécil porque dependerá de cómo sea la ley. Las dictaduras (la de Franco, por ejemplo, tan estupenda para ambos) también tienen ley y eso no las hace democracias. La democracia se basa en el consentimiento de la gente y de ese andan los dos escasos.

c) El pasado, lo de las "heridas cerradas" es el habitual insulto de los vencedores de la guerra que no permiten a los decendientes de los vencidos enterrar sus muertos en paz más de 40 años después de la muerte del criminal que ambos veneran y añoran.

Se le entiende hasta lo que no dice. La corrupción no existe y, dentro de poco irá a hacer compañía a la crisis, junto a la rueca y el huso. De la Constitución no se habla y de reformarla, menos aun. En realidad, a estos pájaros, el país les importa una higa. Solo se importan ellos.

El resto de la perorata podría llamarse "relleno real", con retórica flamígera: el esfuerzo de los españoles, el trabajo, el sacrificio para el engrandecimiento de la nación española. Género arenga civil. Con algún broche destinado al tercio más nacional-católico con un ditirambo a la familia ensalzada no por sus valores intrínsecos, sino por su condición de Estado del bienestar privado y subsidiario. La derecha se hace realista.

Este año, como tocaba dar imagen de modernidad, nos han encasquetado un pequeño monográfico sobre las TICs, con la muy novedosa advertencia de que la revolución digital está dando al traste con formas de vida no de siglos, sino de decenios, de hace unos años. Pues sí, ese el tema en el que todo el mundo está perdido porque nadie tiene brújula alguna. Por si acaso, el orador de anoche apuntó a la importancia fundamental de la educación. Justo uno de los capítulos en donde más ha recortado el gobierno del PP. Basta con comparar el porcentaje del PIB que España destina a educación e I+D y el que destinan los países nórdicos.

Un apunte de imagen. Yo suprimiría estos mensajes de Nochebuena en un país oficialmente aconfesional y que tanto recuerdan los discursos de Franco. Por cierto, en las imágenes de plano general, la pared del fondo luce el retrato de Carlos III por Goya. Carlos III es el único Borbón que merece buen juicio general, aunque de modesta ambición, pues ve en él sobre todo "el mejor alcalde de Madrid". Y Goya. Supongo que se trata de un mensaje subliminal de carácter reformista. "Yo no soy como mis antecesores". La cuestión es si le importa a alguien.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Retratos a la brasa

Mi artículo de elMón.cat titulado
Tàctica i estratègia.

El lunes, mientras estábamos en el Romea, tratando nuestras quisicosas, unas gentes a las puertas del Parlamento catalán, quemaban fotos del rey mientras que, en el interior, al estar prohibido fumar, tres diputadas de la CUP se limitaban a romperlas. Todo en protesta por el hecho de que, con anterioridad, los mossos d'esquadra hubieran detenido a tres de los cinco activistas que, en fechas pasadas, igualmente metieron la tea a unos retratos del monarca. Los otros serían detenidos por la guardia civil caminera en el autobús que llevaba a un buen puñado de cupaires a Madrid a protestar por las tres primeras detenciones.

Parece que a la gente de la CUP no le gusta el Rey de España. Lo cual no se entiende del todo bien pues, al ser una organización independentista, poco debiera importarle si el país vecino, España, tiene un rey o siete o una calabaza en el trono. Pero le importa y está dispuesta, como se ve, a prenderle fuego, en principio en símbolo. Y eso, gustará más o menos, pero no es delito. No es delito quemar en la calle el retrato de cualquier ciudadano y tampoco el del monarca que, según la doctrina oficial es legalmente igual a aquel y, si este es quemable, también lo será el del rey.

Los retratos, las banderas, las imágenes, son símbolos y tienen el valor que los seguidores o adversarios quieran darles. En principio, quemar los símbolos que un grupo adora es lo mismo que imponer su presencia a quienes los detestan. Tan provocación es lo uno como lo otro. Tan ofendidos pueden sentirse los otros como los unos. No habiendo un daño o perjuicio al bien común o privado objetivo, material, mensurable, el respeto o falta de respeto es asunto de opinión y, por lo tanto, amparado en la libertad de expresión.

En fin, de eso trata el artículo cuya versión castellana sigue:

Táctica y estrategia

“Ninguna oferta de falso diálogo detendrá el proceso”, decía el lunes el presidente Puigdemont en el teatro Romea. Por supuesto que no. Pero hay más, en las condiciones actuales, en las que viene acompañada de un recrudecimiento de la actividad represiva del Estado, toda oferta de diálogo es necesariamente falsa. Decir que se pretende dialogar con quien se persigue judicialmente y se encarcela es agredir doblemente a la otra parte e insultar la inteligencia de los espectadores.

La oferta de diálogo del gobierno viene acompañada de la exigencia de que se abandone la hoja de ruta y se renuncie al referéndum. Como es de esperar, tratándose de franquistas, este gobierno es incapaz de vislumbrar la idea de que dicha exigencia solo empezaría a ser admisible si viniera acompañada de un archivo definitivo de todas las causas judiciales abiertas contra el independentismo. Solo de este modo se establecería una situación de igualdad, requisito imprescindible de todo diálogo. De no ser así, se tratará de un monólogo de “ordeno y mando” inadmisible, por mucho que guste a este gobierno.

¿Qué eso no se puede hacer porque depende del poder judicial que está separado del ejecutivo y el legislativo? La crisis española solo entrará en vías de solución cuando los gobernantes digan la verdad, en lugar de mentir por sistema. En España no hay división de poderes. No la ha habido nunca. Respecto a las relaciones entre el Parlamento y el gobierno (que depende de la confianza de la Cámara) no la hay desde 1978. Lo que había antes no merece ni una mención. Pero tampoco la hay entre el ejecutivo y el judicial desde la victoria del PP en las elecciones de noviembre de 2011. La permanente interferencia del gobierno y su partido en la administración de justicia y la politización de esta lo dejan bien claro. El mismo gobierno que fuerza al Tribunal Constitucional a proceder cómo y cuándo le interesa y moviliza a la fiscalía en contra de sus adversarios políticos, obligándola a “afinar” sus patrañas es el que puede y debe renunciar a estos procedimientos, eliminar la politización de la justicia y proteger a los ciudadanos en el ejercicio de sus libertades y derechos, entre ellos el de libertad de expresión, que incluye quemar las banderas y los retratos que quieran, siempre que, como objetos materiales, sean de su propiedad.

Vamos aquí al meollo de la cuestión en estos días. Muchas buenas gentes censuran la quema de retratos reales porque, dicen, son provocaciones inútiles que proveen de razones al adversario y constituyen errores tácticos puesto que alejan o dificultan los objetivos estratégicos. De ser esto cierto, en efecto, las quemas y roturas simbólicas serían un error. La táctica debe estar siempre al servicio de la estrategia y, si no lo está, si dificulta el logro de esta quizá no solo sea un error sino una maniobra adversa.

Pero eso no es cierto. Los ciudadanos podemos hacer cuanto no esté expresamente prohibido en las leyes y en ningún sitio se dice que no podamos quemar efigies del rey como podemos quemar las de sus servidores y lacayos. Eso solo puede perseguirse a base de invocar principios etéreos, sin duda incluidos en otras normas por lo demás dudosas, que hablen de “ofender” la dignidad real o cosas similares. Dependiendo de consideraciones subjetivas de este jaez y de la sensibilidad subjetiva de los supuestos agraviados, aquí podría penarse todo, hasta la exhibición de esteladas en los balcones o las camisetas independentistas. Y hasta las conversaciones. Y, ciertamente, hasta las ideas.

No será la primera vez en España y ya estaremos como siempre, volviendo a la Inquisición.

Los ciudadanos pueden quemar imágenes del rey porque todos los españoles, según doctrina oficial, somos iguales ante la ley. Igual de quemables también. Eso es algo evidente en sí mismo, tanto como no ver que la propia idea de provocación es interpretable según distintos criterios. Quemar retratos del rey es perseguible, ¿y no lo es colocarlos por doquier para que presidan los actos públicos de todas las corporaciones, aunque estén compuestos por fuerzas republicanas? ¿No lo es que presidan las tomas de posesión de todas las autoridades, incluidas igualmente las republicanas? ¿No lo es que la justicia se administre “en nombre del rey” y no del pueblo o de la recta razón? Obligarnos a todos a soportar la presencia universal de la imagen real no es provocación, dicen los apologetas de la censura monárquica. Solo lo es que alguien la queme o la rasgue.

Obviamente, la enésima aplicación de la ley del embudo que pone en sus términos el valor de la oferta de diálogo del gobierno.

Desde luego estas falsas ofertas de diálogo no detendrán el proceso. Y tampoco lo hará calificar de provocaciones las respuestas populares frente a las provocaciones del gobierno. ¿No quieren ustedes, caballeros, que la gente queme el retrato del rey? No nos obliguen a soportar en todas partes la imagen de alguien a quien no ha elegido nadie y cuya legitimidad descansa en el nombramiento de un militar felón y perjuro muerto hace casi medio siglo.

viernes, 18 de noviembre de 2016

El Rey está desnudo

La modernidad llegó por fin a San Pedro de los Aguados, si señor. Como en los mejores tiempos del Invicto, paralizaron todo el centro de Madrid, hicieron una parada militar y se constituyeron solemnemente mientras los ciudadanos se buscaban la vida en el endemoniado lío de tráfico. A lo mejor es cosa de llevarse las Cortes completas a la Casa de Campo, ¿por qué no? O, si se dejan donde están, inaugurar las legislaturas por lo civil, sin pompa y circunstancia, que suelen ser caras, engorrosas y aburridas. Y se prestan a unas arengas ampulosas repletas de vulgaridades y de ambigüedades, si no directas mentiras.

El discurso del Rey fue el discurso de Rajoy. Punto por punto. Y con sus mismas expresiones. El monarca se declara comprometido con los principios del "régimen constitucional" que él encarna: "soberanía nacional, separación de poderes y Estado de derecho". Nada de eso es cierto, sino ficticio: la soberanía nacional hacia fuera es inexistente y hacia dentro, problemática; la separación de poderes en la pasada legislatura no existía y en la presente todavía queda la fuerte relación entre el poder judicial y el TC con el gobierno. En cuanto al Estado de derecho, una quimera.

En todo caso, esa parte del real perorar es el equivalente al exordio en el discurso. Lo bueno viene después, en la exposición o narración, que es un relato de la España contemporánea desde la transición en los términos hagiográficos de costumbre, sin mencionar siquiera la cuestión de la memoria histórica. El relato de la derecha, al final del cual siempre hay alguien diciendo eso de que "algunos solo se acuerdan de sus padres..., etc.". Hay que mirar el futuro, dice el Rey porque España es una gran nación, término habitual en las apagadas soflamas de Rajoy.

En la subsiguiente argumentación, el Rey se precia del Estado del bienestar en España y aspira a que la corrupción pase a la historia. Los cortesanos se hacen cruces del valor real al mencionar dos temas que se suponen incómodos para el el gobierno. Ni de lejos. Rajoy ataca con su ojo derecho el Estado del bienestar que defiende con el izquierdo, el que guiña. Y en cuanto a la corrupción es ya el abanderado de la iniciativa de convertir la corrupción en historia. Comparte esa honra con Rita Barberá, que ayer se paseaba por el Parlamento, feliz de encontrarse en casa. El Rey dice ser neutral, pero su voz es la del presidente del gobierno autofelicitándose.

En la peroración el Rey se ha deshecho en alabanzas a la infinita variedad y diversidad de España y sus Comunidades Autónomas y la firme voluntad de seguir todos juntos mientras cultivamos nuestros respectivos jardines. España en singular, esa que, en hallazgo feliz del perorante, "no puede negarse a sí misma". No, claro, ni España ni mi gato. ¿Y no hay aquí cierta alegría en reconocer demasiada diversidad y variedad que alimentará las pretensiones nacionalistas que SM no ha mencionado?

No haya miedo. El Rey sabe el terreno que pisa. Lo dice claro, aunque con retorcida sintaxis: "España (...) de la que el Rey, como Jefe del Estado, es símbolo de su unidad y permanencia". Y lo dice al principio. Mucho ojo, que este es como los anteriores, vacío pero mal intencionado.

viernes, 25 de diciembre de 2015

La oligarquía tiene miedo

Nooooooo, la cuestión catalana no iba a influir en las elecciones españolas. Iglesias, que se dio una castaña en las catalanas del 27 de septiembre por marrullear con la autodeterminación de Cataluña, ahora se la pone a Pedro Sánchez como conditio sine qua non para negociar, obligado por la señora Colau; él que, como se ve, manda mucho en su partido. 

Nooooo, la cuestión catalana no iba a marcar la política española y ayer el rey Felipe V + I, dedicó casi todo su discurso a hablar de Cataluña sin mencionarla.

¿Se recuerda cuando Zapatero no podía pronunciar la palabra "crisis" ni Rajoy el nombre de "Bárcenas"? Pues el Borbón tiene el mismo lapsus neurótico: habla durante un cuarto de hora de Cataluña sin nombrarla. Quince minutos de un discurso plano,  insufrible, repleto de vulgaridades, anacolutos y simples necedades, solo para reflejar, sin advertirlo, el miedo que tiene la oligarquía española al proceso catalán hacia la independencia, la única ruptura real, republicana, radical que se avizora en un país lleno de revolucionarios de plató y reaccionarios de plasma.

Solo ese miedo a la ruptura catalana, que la oligarquía no sabe cómo parar, explica la densa matraca de (y cito textualmente) la unidad, lo que nos une, lo que hemos hecho juntos, el ser y sentirnos españoles, distintas formas de sentirse español, nuestra nación (España, claro), nuestra cohesión nacional (española, claro), nuestro proyecto común de convivencia, el conjunto de los españoles, la voluntad de entendimiento de todos los españoles, superación de nuestras diferencias históricas, los intereses generales de la Nación (española, claro), todo el pueblo español, unidad y continuidad de España, íntima comunidad de afectos e intereses entre todos los españoles.

Un chorreo, un verdadero lavado de cerebro, una obsesión casi de psicópata, una monserga falsa e insufrible para contraponer una realidad sumisa y reiteradamente alabada (los españoles) a otra insumisa e insistentemente silenciada (los catalanes). Un delirio que no consigue ocultar el terror de esta oligarquía de incompetentes a que, por fin, reviente el invento del que han vivido durante años, siglos.

La facundia de Rajoy estaba en cada párrafo: la grandeza de España (dos veces) y la grandeza del Estado español. Solo le faltó decir al Monarca que esa grandeza se fundamenta en que los españoles son mucho españoles. Y, por supuesto, aparte de la facundia, el autoritarismo de raíz franquista y la amenaza bajo forma de advertencia de que la "ruptura de la Ley" solo nos traerá problemas. Esa Ley que lleva cuatro años administrada por un gobierno y un parlamento dominados por un partido corrupto al que los jueces consideran una asociación de supuestos malhechores y presidido por un presunto corrupto que se ha dedicado a saquear el país.

La corrupción aparece indirectamente mencionada en un renglón y medio, cosa que no está mal para el hermano de una infanta que en unos días se sentará en el banquillo, acusada de delitos contra la Hacienda Pública.

Y si de la corrupción no se habla, de la crisis, menos, salvo para mencionar una situación idílica que es lo contrario del desastre que ha perpetrado este gobierno de incompetentes y corruptos.

Un paseo proforma para hablar de Europa y remate de faena con vuelta a la indisoluble unidad de los hombres y las tierras de España del difunto caudillo Franco, en el fondo el inspirador último de este discurso.

Noooooooooooo la cuestión catalana no iba a influir en nada en la política española. 

¿De dónde sale este pánico atroz que de pronto aterroriza a la oligarquía? Lo ha revelado el subconsciente del amanuense del Rey: si Cataluña se va, ¿puede hablarse de la continuidad de España?

viernes, 13 de noviembre de 2015

Entra el Rey.

El inefable Rajoy quiere hacer en cuatro días lo que no ha hecho en cuatro años. Por la mañana ahueca la voz y hace tremenda aparición en escena mandando sus emisarios del Tribunal Constitucional a avisar a los rebeldes catalanes de que serán réprobos si se obstinan en desobedecer la ley. Él mismo amenaza con no mirar "para otro sitio" en caso de desobediencia, o sea lo que antes se llamaba con más gracia "no hacer la vista gorda". No es como Argos, que tenía cien ojos (aunque tampoco le sirvieron de mucho), así que empleará a fondo los dos de que dispone para que la ley caiga con todo su peso sobre quienes la quebranten. Faltaba más. 

Por la tarde mueve el Rey en el tablero hispánico y lo envía a amonestar a los catalanes sin mentarlos. Lo mete así en un lío político fenomenal, al hacerle leer un papel con su apelmazada doctrina, y adoptar una posición de partido, muy lejos de la función moderadora que se le supone. Y en un estilo amenazador, como el del presidente, muy impropio de las circunstancias: "la Constitución prevalecerá", dice la cabeza coronada, "que nadie lo dude." Y ¿por qué no puede dudarse cosa tan opinable? ¿Está prohibido? Es el estilo típico de la derecha autoritaria. Ni dudar se puede.

Los secesionistas catalanes no solo son secesionistas sino también republicanos, cosa que no suele resaltarse. Pero debe. Pretenden establecer una República catalana independiente. Con esto, la función moderadora se desvanece por entero ya que el monarca es parte interesada en el conflicto. Que se juega la Corona, en verdad. La elegancia le obligaba a no pronunciarse porque lo que está diciendo es que va a ir con la ley y la Constitución en la mano a imponerse sobre los sentimientos de casi dos millones de personas de su reino que no lo quieren de rey.

Contra el independentismo catalán vale todo: el Monarca se pone hosco, según vemos y muy poco en su función, Fitch rebaja la deuda de Cataluña a bono basura, El País sigue con sus editoriales de combate, como ese de Cataluña, humillada con una prosa cada vez más parecida a la del ABC,y el Financial Times reparte leña por igual entre el gobierno central, al que acusa de inepto y el de la Generalitat, al que pide que dé un paso atrás. 

Como siempre en la actividad política de Rajoy, el movimiento ha sido un desatino. Al emplear al Rey como su fiel infantería, ha quemado su último cartucho. Tampoco es muy grave pues, aunque lo hubiera conservado, los republicanos no iban a variar su actitud pero, en todo caso, quemarlo en una salva de fogeo, cara a la galería, es completamente estúpido.

viernes, 5 de junio de 2015

Los viejos soldados nunca mueren.


Esta línea de la antigua  balada antimilitarista, reconvertida luego en timbre de honor por el general MacArthur en la guerra de Corea, se aplica a la inenarrable ceremonia de ayer en la que Felipe VI homenajeó en París a los combatientes españoles republicanos de la novena compañía de la división Leclerc y haciéndolo, si no yerro, bajo los colores de la bandera de quienes los expulsaron de su país. Palinuro lo trató en un post titulado ¿con esto tampoco va a pasar nada? Aquí solo una reflexión complementaria, para ver más de cerca esta vergüenza de la Gran Nación.
 
La Europa de hoy es el resultado de la derrota del fascismo. España lo es de su victoria. Allí ganaron quienes aquí perdieron. No compartimos memorias. No compartimos nada. En Europa abundan los recuerdos, monumentos, homenajes a los antifascistas. No hay ninguno que honre la memoria de los fascistas. Aquí es al revés: apenas dos o tres placas y recuerdos a los antifascistas, generalmente por iniciativa municipal, y una plétora de monumentos, calles, plazas, arcos, fuentes, paseos y hasta pueblos enteros dedicados a honrar la memoria de los fascistas. La historia la escriben los vencedores y, por eso, el arco de La Moncloa, a la entrada de Madrid,  sigue llamándose Arco de la victoria.
 
Felipe VI hiló un discurso vergonzoso. Por el contenido y por la circunstancia. Citó como si fuera motivo de orgullo, la presencia en Francia de artistas e intelectuales españoles, entre los que mencionó a Picasso, Dalí y Machado. Pero no dijo nada de las razones de la marcha de muchos de ellos.  Y eran poderosas. Palinuro le ofrece un par de ejemplos, entre otros posibles, por si las desconoce. Julián Zugazagoitia y Lluís Companys eran dos españoles que también se fueron a Francia en aquellos años. Los ocupantes alemanes los capturaron, se les entregaron a Franco y Franco los hizo fusilar. ¿Entiende S.M. por qué se iban los españoles, incluidos los combatientes de la Nueve?
 
Pero hay más. Hay la circunstancia. Casi nadie subraya el hecho verdaderamente aleccionador de que el discurso de Felipe VI se hiciera en presencia de la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, nieta de exiliado político del franquismo e hija de emigrante económico de ese mismo franquismo. El franquismo que nombró Rey a su padre.
 
No, los viejos soldados nunca mueren. Solo se difuminan.

miércoles, 7 de enero de 2015

La Gran Nación.

El Rey ve con optimismo el futuro de la “Gran Nación” española, titula la pieza un poco pasmado El País que pone la expresión Gran Nación entrecomillada. Sí, claro, suena como una consigna hueca. Y lo es. El Rey la repite como un papagayo. Ya se la he oído tres veces en los últimos dos meses. Antes se la había oído innumerables a Rajoy que será quien ordena que se la pongan al Rey en los discursos. Rajoy seguramente la sacó del título de un libro de conversaciones de Jaime Mayor Oreja con César Alonso de los Ríos titulado Esta gran nación (2007). Los políticos hablan incluso cuando escriben. Tienen poco tiempo. Hasta para pensar. Seguramente por eso Rajoy tomó el título el libro. Suena bien.

Tengo rastreada esta expresión de "gran nación" hasta Marcelino Menéndez Pelayo. Quizá se empleara antes; no lo sé. Pero no mucho antes porque esa nación en sentido moderno que se menciona aquí es témino originariamente afrancesado y doceañista, detestable para los conservadores. Entre tanto se ha revestido de dignidad y autoridad y por eso Menéndez Pelayo la califica de "gran". Pero que se revista de dignidad y autoridad hasta el punto de que la pronuncian los Reyes en los grandes momentos, no quiere decir que lo haya hecho también de sentido.

Porque, ¿qué significa "gran nación"? ¿Cómo se mide la grandeza de una nación? ¿Hay criterios objetivos? ¿Cómo se evalúan? ¿Se procede por comparación con otras?

Desde luego, no hay que buscar tres pies al gato. La expresión es una consigna. Está vacía de significado. Se dirige a los sentimientos. Es como un grito. Se usa por no arrancarse con un "¡Viva España!" porque no están los tiempos para gollerías. Así que déjense de bobadas y no se pongan quisquillosos tratando de averiguar qué sea una "gran nación". España, hombre, ¿no lo ven?

No, no lo ven. La gente se empeña en comportamientos mezquinos, quiere saber a qué se refieren sus gobernantes y reyes cuando repiten como carracas que el país es una "gran nación". Eso los que no aplican directamente el sabio refrán de "dime de qué presumes...". Los otros, los inquisitivos, se empeñan en consultar las estadísticas, los datos, los índices, y compararlos con los de otros países europeos. La situación del nuestro es mediocre tirando a triste. Estamos en los primeros puestos de todas las desgracias, como paro, paro juvenil, precariedad, emigración, pobreza, salario mínimo más bajo, mas IVA y otros impuestos, peores servicios, precios más altos. Nos reñimos los lugares con Grecia y Portugal, lugares en los que nadie piensa como "grandes naciones".

Esto es coyuntural, dice el jefe. La crisis se ha cebado en España por culpa del despilfarro anárquico de los socialistas y ha causado un bajón en la prolongada trayectoria ascendente de esta "gran nación". Pero la gente sigue siendo escéptica. Le dicen que no mire el lamentable presente sino que contemple la trayectoria. Y es lo que hace para comprobar que en los últimos doscientos años tampoco ha brillado la nación española como grande ni como mediana y, en momentos, ni como pequeña, como cuando Lord Salisbury la daba por "moribunda" en 1898.
 
La consigna España es una "gran nación" no tiene nada que ver con la realidad, por eso la emplea también Cospedal y acabarán empleándola todos los segundos niveles, como aquella jaculatoria de Franco de "Por Dios, España y su Revolución Nacional Sindicalista".
 
Un último dato sobre la "gran nación" española. Si una nación no puede recuperar un enclave territorial que considera militarmente estratégico y simbólicamente esencial como parte de su integridad, esto es, Gibraltar, ¿puede llamarse "gran nación" sin caer en el ridículo?
 
Hasta que España no se vea como es y no deje de llamarse cosas que no es no saldrá del marasmo.

viernes, 26 de diciembre de 2014

De no creerlo.


Este debe de ser el tercer o cuarto apunte sobre el discurso del Rey que sube Palinuro. Su opinión ha quedado bastante clara: Felipe VI, Preparao, es más de lo mismo. Más y de lo mismo que su padre quien, luego de una vida regalada, disfruta de una jubilación de ensueño con unos buenos capitales que ha ahorrado como una hormiguita y de los que no da cuenta a nadie. Más y de lo mismo. Si acaso, más soso, con menos experiencia y algo más bobo, que ya era difícil y dicho sea con todos los respetos a la institución real antes de que venga el de la cachiporra con su Ley Mordaza a poner al pobre Palinuro una multa de 600 millones de denarios. Más soso, más bobo y con menos experiencia; nada que no pueda subsanarse con el tiempo en los próximos cuarenta años con que este joven Borbón pretende deleitar a su amado pueblo.

Además del estilo inconfundiblemente borbónico, el monarca ha recitado ce por be y punto por punto el discurso triunfalista que le ha apañado el presunto cobrador de sobresueldos, okupa de La Moncloa, sobre sus habituales patrañas: la corrupción es atosigante, sí; pero gracias a los esfuerzos del principal responsable político de esa misma corrupción, será erradicada sin contemplaciones. La crisis fue muy dura, pero ya es historia, gracias a la gestión de este gobierno todo él encomendado a la intercesión de la Virgen del Parto Feliz. Cataluña anda tonteando con la idea de la independencia pero la abandonará de inmediato cuando sepa cuán cara es al corazón del Rey y, sobre todo, cuánto la aman los gobernantes que anhelan "españolizar" a sus nens. La democracia está firme, rozagante y tranquila, como lo demuestra el proyecto de Ley Mordaza gracias a la cual nadie podrá elevar el tono de voz so pena de paliza policial, identificación de lo que quede y multa al canto a los despojos.

La única diferencia entre este discurso del Rey y la habitual farfolla del presidente es que el Monarca no tiene que leer de los papeles. Lee en el teleprompter.

Para su gran pasmo Palinuro comprueba que la recepción del discurso real en lo medios ha sido de alegría, contento y algazara. En los medios y en los partidos. Al parecer en todos. Probablemente no hemos escuchado el mismo discurso o sí lo hemos hecho, pero con distintos oídos. Lo cual debe tranquilizar a la Corona. Porque lo importante no son las indudables bobadas que Felipe soltó sino la capacidad de la miriada de intermediarios y comunicadores de convertirlas en profundas y oportunas reflexiones. Así se forma una opinión pública informada y crítica.

Cómo sería la cosa de abyecta en el juicio de las reales tonterías que el elemento más crítico fue un editorial de El País con el muy significativo título de Buen discurso, pero... , pero, vamos, que le faltaba alguna precisión sin mayor importancia. En el resto, al parecer, coincidencia de criterios. Según el mismo diario, todos los partidos, PP, PSOE, UPyD y hasta Podemos  aplauden el debut de Felipe VI. Parece que el único algo más crítico, atinadamente crítico, ha sido IU. Pues muy bien, damas y caballeros, que los dioses les conserven el juicio y la capacidad de entender a qué altura debe estar el discurso de un Jefe de Estado a la población y no las divagaciones del chico de los recados de un perillán que lleva tres años desgobernando el país y mintiendo a todo el mundo.
 
De no creerlo, pero cierto.

jueves, 25 de diciembre de 2014

El mensaje del Rey y la corrupcion.


El Rey inicio su mensaje de Nochebuena hablando de la corrupción. Hizo bien porque es el segundo problema de España en la percepción de los ciudadanos, solo por detrás del paro. Fue tajante en la condena (¿podía ser de otra forma?) y afirmó que hay que acabar con ella "sin contemplaciones". Loable intención, pero que tropieza con una realidad tan profundamente degradada precisamente por esa lacra que, si no se tiene clara conciencia de sus dimensiones, se corre el peligro de defraudar también las muy escasas esperanzas que probablemente haya despertado ese propósito real en una ciudadanía harta de palabras rimbombantes y sedienta de hechos ejemplares. Por ello y con la mejor voluntad de contribuir a a esa necesaria regeneración institucional, Palinuro ofrece algunas reflexiones a vuela pluma:

Esa aguda conciencia de corrupción proviene en gran medida del comportamiento del gobierno, carente de autoridad moral y de legitimidad a la hora de imponer sacrificios económicos a la población, muchas veces por sectarismo ideológico y de los que sus componentes y compañeros de partido se libran. Esta oligarquía autoritaria, nacionalcatólica y ahora conversa neoliberal, no cree que el Estado y su gobierno deban ser ejemplos de atención al bien común, sino solamente a los intereses de su propia reproducción y el mantenimiento de sus privilegios. Y no da un ardite por las formas democráticas y/o propias del Estado de derecho, que exigen ejemplaridad en los gobernantes. Todo lo que necesita es el BOE, una policía eficaz y, llegado el caso, un ejército que sepa defender la Patria. Es decir, el predio.

Hay una notable coincidencia de intereses entre los políticos cum imperio, esto es, con cargos públicos y los sine imperio, es decir, en la oposición, pero que aspiran a ocupar cargos a su vez. El generoso régimen retributivo de los representantes que fijan ellos a su libre y dispendioso albedrío, escandalosamente por encima de los salarios medios del país y la multiplicidad de privilegios, suplementos, complementos, subvenciones, gastos de representación de que disfrutan, convierte a esta clase política en un grupo profesionalizado y cerrado en sí mismo, a gran distancia de la gente a la que dice representar, a la que sin embargo ignora, pero de cuyos impuestos vive. En el fondo, esos índices de preocupación con la corrupción en España debieran ser mucho más altos y, si no lo son, probablemente se deberá al fatalismo tradicional de los españoles, acostumbrados a ser gobernados por personajes incompetentes, caciques y corruptos que nunca creen que deban dar explicaciones de sus actos ni aceptar sus responsabilidades.

Siempre que se trata la cuestión de la corrupción y se mencionan los casos concretos es seguro que alguien sacará a relucir el chocolate del loro y señalará la necesidad de no perderse en minucias que sirven para el populismo y la demagogia y no para aportar soluciones reales. Suelen proponer grandes planes de regeneración, ambiciosos proyectos legislativos, códigos de buenas prácticas, pactos y compromisos de Estado para acabar de una vez por todas con esta lacra. El gobierno conservador puede haber anunciado media docena de estos grandiosos programas de regeneración democrática y transparencia sin miedo alguno a que la opinión pública los tome a chirigota viendo cómo son los mismos amparadores y beneficiarios de la corrupción quienes proponen medidas de purificación. Y no les da miedo porque dan por descontado que esa misma opinión se tomará a beneficio de inventario estos propósitos. Cualquiera puede ver que, si se quiere acabar con la corrupción de verdad, no es necesario acumular leyes, sino que basta con rendir cuentas minuciosas de los propios actos y aceptar la responsabilidad por los comportamientos ilegales o inmorales de los gobernantes. Bastaría con que el padre del Rey aclarara qué hay de verdad en el informe del New York Times acerca de su supuesto fortuna en el extranjero. Y, del Rey abajo, todos los demás:debería seguir el presidente del gobierno dimitiendo por haber cobrado al parecer sobresueldos injustificables. Y luego todos los demás cargos públicos electos o no electos que hayan incurrido en actos corruptos directa o indirectamente. Mientras estas cosas no sucedan las leyes de transparencia seguirán sin servir para nada.


miércoles, 24 de diciembre de 2014

El portavoz del sobresueldos nos toma el pelo.


Hubiera sido mejor que pusieran el vídeo pregrabado que el pequeño Nikolaus pasó a Palinuro hace un par de días con el verdadero mensaje del Rey, menos lamentable, menos patético, menos estúpido, falso y vacío.

Este joven promesa minimalista ha recitado obedientemente las falsedades y embustes que el presidente del gobierno se obstina en colocar al respetable desde hace tres años contra toda evidencia. El texto recitado respondía a los sórdidos intereses de ese individuo que dice gobernar el país que está destruyendo desde un cargo del que debiera haber dimitido hace años.

Cinco puntos tuvo el penoso alegato del Borbón y un estrambote.


1.- La corrupción. Propósito firmísimo de acabar con ella con la ayuda un gobierno presidido por su principal responsable político en el gobierno y el partido, a su vez señalado por el juez como partícipe a título lucrativo en la comisión de un delito. Si alguien  imagina un guión más absurdo, que lo presente al concurso de Ubú Rey.

2.- Crisis económica. ¿Qué crisis? Hombre, por Dios, ya es historia. Todas las magnitudes son positivas y, si bien quedan algunos rezagados, ahora de lo que se trata es de no emborracharnos con la prosperidad que el partido y gobierno más corruptos y ladrones de la historia de la democracia han traído a España.

3.- Cataluña. La unidad nacional es intangible. Formamos un piña bajo la sombra de la Constitución. Aquí las habitualess mentiras y bobadas de Rajoy son palo que pinta en el juego en el que por supuesto, si el gobierno está tratando de encarcelar a Mas es solo para protegerlo de sí mismo.

4.- El Rey padre, gran servidor de España. Un ejemplo para todos, fuente nutricia del amor que este buen hombre dice haber leído en los ojos de los españoles y que le permite sobrellevar el amargo peso de una hermana presunta choriza.
 
5.- La democracia consolidada y resto de las patrañas de Rajoy. La consolidación democrática se nota en la nueva Ley Mordaza, erróneamente orientada a acallar las protestas de la ciudadanía, cuando debía dirigirse contra las memeces propagandísticas de la pandilla de inútiles que detentan los poderes del Estado. El Estado del bienestar que el gobierno del partido de los sobresueldos ha desmantelado, preservado con el mismo éxito con que flota el plomo. Y ya no hablemos del gran peso en Europa de España, gobernada por un menda al que los demás consideran el líder más incompetente de la Unión.
 
Estrambote:  vamos a regenerar la vida política, aunque nadie sabe por dónde empezar cuenta habida de que todo va de cine y, por supuesto, no se olvide, vamos a preservar nuestra unidad dentro de la pluralidad. Por si acaso.
 
Llegados a este punto descubrimos que el resto del mensaje sobraba.
 
Quieto todo el mundo.

martes, 23 de diciembre de 2014

Mensaje de Nochebuena de S.M. el Rey.


El pequeño Nikolaus, también conocido como Tiny Claus, íntimo amigo de Palinuro, le ha pasado el vídeo del mensaje que dará mañana el Jefe del Estado. Al parecer, lo ha obtenido mediante sus contactos en el CIO o Centro de Inteligencia Obtusa, aunque no ha debido de verlo entero. Esta es la transcripción en primicia para los lectores del clan McPalinuro.

Buenas noches: en este momento solemne, cuando por primera vez me dirijo a vosotros como vuestro Rey en el tradicional mensaje de la Nochebuena, quiero dedicar un emocionado recuerdo a mis antecesores. En primer lugar a mi padre quien llevado por su amor a España, abdicó en mi persona. En segundo por orden cronológico inverso y no de importancia, al general Francisco Franco, mi abuelo putativo, a cuyos Principios juró lealtad mi progenitor; lealtad que me corresponde renovar por cuanto la idea dinástica está basada en el respeto a la tradición.

Fue mi padre quien, hace dos años, aseguró aquí mismo que la Justicia en España es igual para todos. Con matices. Él, por ejemplo, goza de aforamiento vitalicio ante el Tribunal Supremo por sabia decisión del legislador. Cualquier causa en su contra, como las demadas de paternidad, el asunto de la ingente fortuna que la revista Forbes le atribuye, las acusaciones de haber cobrado mordidas por el petróleo importado del Golfo Pérsico o las hipotéticas reclamaciones tras la reciente ruptura con la señora Zu Sayn-Wittgenstein se verán en el Supremo, un tribunal animado de un excelso sentido de la Justicia y el Patriotismo al mismo tiempo.

Igual será para mi hermana, enfrentada a la cruel situación de dar cuenta de unos actos de los que, me consta, no recuerda nada; nada de nada. Como si no los hubiera realizado, pues quizá fueran obra de su cónyuge, el jugador de balonmano. La fidelidad conyugal, por la que los Borbones somos mundialmente famosos, tiene estos momentos amargos que sufrimos por nuestro amor a la familia, institución perenne de la sociedad cristiana, compuesta por un hombre, una mujer y los hijos que Dios sea servido enviarles.

El año que dejamos atrás ha sido complicado y difícil para todos. Lo sé. Pero Rajoy me ha dicho que somos una gran nación. Gracias a él y sus duras pero necesarias medidas, estamos saliendo de esta crisis tan prolongada y tan profunda y que tanto nos ha hecho sufrir. Por fortuna España es ya un jardín de brotes verdes en el que los ciudadanos empiezan a recoger los frutos de sus sacrificios y miran con confianza el año en que entramos. Los baremos del CIS dicen lo contrario, pero Arriola me asegura que los hace un gabinete de republicanos y masones y, en lugar de consultarlos, debemos leer diariamente La Razón.

La Gran Nación es una, pero plural y libre de forma que, como dije en mi discurso de entronización, hoy cada español es libre de sentirse español como mejor le venga en gana, incluso en Cataluña. Faltaba más.  Esa libre unidad plural deriva su fortaleza de la Constitución de 1978, a la que pusimos de largo como señorita de 18 años en 1996 y hoy es ya una augusta matrona que ha conservado su virginidad exceptuados dos achuchones sin importancia en 1992 y 2011. Aquí sigue ella, garante de la soberanía de los españoles y su igualdad a la hora de sentirse españoles y de la unidad de la Patria, supremo fin de las fuerzas armadas, si llega el caso. Que no llegará pues la función moderadora de la Corona asegurará el respeto a la gobernanza civil del Reino.

Ciertamente la corrupción, esa lacra de nuestro tiempo es vuestra segunda preocupación. Pero, la verdad, no se entiende bien esa reacción cuando, según la señora Cospedal, la corrupción es hoy endémica en España. Muchos políticos son corruptos; muchos funcionarios, venales; muchos empresarios, delincuentes, pero eso pasa con todos, según afirma la dicha señora entre procesión del Corpus y novenario de Santa Casilda. No me agrada la idea pero quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Nuestra fe católica, administrada por los curas, nos protege de la desesperación y nos permite mirar con confianza el futuro. Almas perversas sostienen que la Iglesia es un Estado dentro del Estado, un enorme parásito que succiona la riqueza material e intelectual del país desde hace siglos, que su régimen de privilegios es muy superior al que tenía el clero en al antiguo régimen y contrario a la aconfesionalidad del Estado. Pero, aunque esta  Iglesia muestre algunos defectillos, ¿qué son estos y los costes que se atribuyen a este cuerpo místico en comparación con la bienaventuranza de tener una sociedad tan obediente y sumisa, que solo se manifiesta en forma de mayorías silenciosas?

El gobierno, inspirado en el espíritu de la monja fundadora, verdadera santa y guerrera, llevará al Parlamento en los próximos días unas medidas de purificación y regeneración democráticas que, sin perder su ánimo católico, dejaran chiquita la moral calvinista, demostrando cómo el puritanismo es un disfraz del más codicioso afán de lucro. Aquí, en España se impondrá la regla de San Benito. Para dar ejemplo, el presidente del gobierno, acusado de haber cobrado sobresueldos, en expiación, renunciará en público a los sobres y a los sueldos y lavará todos los días los pies a un sintecho.

Mi esposa, la Reina que, como sabéis, es periodista suele prevenirme contra los de su profesión pues dice que son chismosos, malévolos, a todo le sacan punta y capaces de vender a su progenitor por una exclusiva que los haga famosos. Pero yo soy abierto y accesible y respondo a las preguntas con la campechanía que caracterizaba a mi padre y mi mayor preparación. No ignoro que me llaman Felipe VI Preparao. El pueblo español es ingenioso y sus periodistas, su más digna representación. Un verdadero baluarte de la Corona. Admiro el espíritu con el que muchos de ellos van de tertulia en tertulia, como haciendo las estaciones de una vía áurea, batiéndose el cobre en pro de la verdad, la familia, la Corona, el orden. Dicen que cobran mucho por ello, que no son caballeros desfaciendo entuertos sino mercenarios. Pero en todo hemos de ser relativistas. ¿Cuánto puede costar una buena defensa de la familia cristiana, bien de valor incalculable?

A pesar de los brotes verdes, hemos de reconocer compungidos que, al salir de la crisis, partimos de una situación lamentable: tenemos la mayor cantidad de parados, los salarios son los más bajos, los impuestos los más altos, los peores servicios públicos, las pensiones más cutres, no nos cuidamos de los dependientes y el Estado del bienestar lleva camino de ir a parar al museo de antigüedades, junto a la rueca y el huso. Es una cita culta de Federico Engels, que me ha pasado un joven asesor recién contratado en La Zarzuela que pertenece a un círculo de Podemos.

Eso me lleva a hablaros con el corazón abierto de esa otra preocupación de nuestros conciudadanos, los políticos y los partidos. Nadie respeta más la libertad de partidos, pivote de la democracia, que la Corona. Los partidos son la garantía de la alternancia en el buen gobierno del Reino y, lógicamente, en un sistema binario o, como dicen los analistas, bipartidista. Pero los partidos son también instrumentos que canalizan las preocupaciones y los deseos de innovación y cambio del pueblo. Y la Corona, os lo aseguro, está atenta a esos anhelos. Por eso me fijé en cómo el lema de la última convocatoria de Podemos en Barcelona fue comença el canvi. Y, en efecto, cuando Felipe González prometió el "cambio", ganó las elecciones. Cuando lo prometió Rajoy, también las ganó. Ahora se promete el "canvi" porque los tiempos traen aires catalanes, pero es y será siempre el "cambio". Se ve cuánta razón tuve al contratar el asesor de Podemos que ahora tiene un Círculo Podemos La Zarzuela. Los de los otros partidos no saben por donde se andan. Estos están en la longitud de onda de la gente y, como la gente no sabe lo que quiere, de estos a veces no se sabe lo que dicen.

Pero otras, sí. Por eso os comunicaré hoy, en la intimidad de vuestros hogares una decisión que he tomado por mi cuenta, una sorpresa, algo que no os esperais. Habéis visto cómo los de Podemos no quieren ver banderas republicanas, ni oír hablar de la República, cual si fuera la tiranía de los Pisistrátidas. Eso los hace cercanos a mi corazón. Tampoco hablan mucho del aborto, ni de la separación de la Iglesia y el Estado. Se concentran en cambio en la soberanía, el amor a la Patria y la honradez de la vida pública. La verdad, no entiendo por qué salen personas avisadas, como Esperanza Aguirre, Condesa de Bornos, Grande de España y Dama Comendadora Honorífica de la Orden del Imperio Británico, diciendo que son un partido antisistema. Dentro de ese espíritu constructivo, Pablo Iglesias dijo en cierta oacsión que si el señor Felipe de Borbón quiere ser Jefe de Estado, que se presente a unas elecciones. Y aquí es donde viene mi revelación y la sorpresa que quiero daros: estos de Podemos son de mi generación, me entiendo con ellos, me fío de ellos, hablamos el mismo lenguaje.

Sí señor: he decidido presentarme a unas elecciones. Me gustaría contar con el voto de Podemos, pero no ando muy seguro con gente tan escurridiza. Si no lo consigo, tendré que fundar mi propio partido que podría llamarse, lo tengo pensado, RRR o Reagrupación Republicana Real. Este partido...
 
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La emision se interrumpe; hay un fundido en negro y luego aparece un comunicado del ministerio del Interior que reza: "En aplicación de la Ley de Seguridad Ciudadana, también llamada "Ley Mordaza", aún no promulgada pero ya en vigor, esta emisión ha sido censurada al comprobarse que se hace desde una IP sita en La Zarzuela y desde la que se efectúan continuas visitas a redes yihadistas. En breve se restablecerá la comunicación con el Palacio de La Moncloa, desde donde se impartirán las órdenes oportunas.

(La imagen es una foto de Wikimedia Commons, con licencia Creative Commons).


lunes, 10 de febrero de 2014

WikiLeaks filtra la conversación entra la Infanta y el Rey.

Palinuro recibió ayer un what'sApp de su amigo Julian Asange: "Pali, cliquea en el archivo adjunto. Hemos pinchado a la Infanta hablando con el Rey". Y tal cual:

- ¿Qué tal ha ido todo, hija? Dicen que no has contestado a casi nada, que te has hecho la tonta.
- Ya sabes que se me da muy bien. Pero sí he contestado algunas preguntas.
- ¿Sobre qué o sobre quién? No sería sobre mí, ¿no?
-Claro que no, papá. ¡Si estabas mirándome desde el cuadro que presidía la sala!
- Eso es lo esencial.Yo no sabía nada. Nada de nada
- Bueno, me preguntaron por qué le dijiste a Iñaki que se apartara de Nóos en 2007.
- Sí, para el caso que me hizo... ¿Qué les has dicho?
- Que fue por razones de estética.
- Es que tu marido es muy feo. Con esa cara de lechuguino de pueblo y vendedor de crecepelo...
- No empieces, papá. Sabes que lo quiero, que me casé por amor, que solo veo por sus ojos.
- Calla. Es un inútil y un mastuerzo. ¡Mira que dejarse pillar! 
- Mala suerte, caramba. No todo el mundo tiene tu experiencia.
- ¿Qué quieres decir?
- Lo sabes de sobra. Iñaki solo quería imitarte. Su única falta fue seguir tu ejemplo.
- Ten cuidado que esto está todo intervenido. Me fío menos de estos gobernantes de derechas que de los de izquierdas.
- Pues no me calientes. A ver ¿qué ha hecho Iñaki que no hayas hecho tú? Si hasta estuvo tonteando con esa marujona amiga tuya.
- ¿Lo ves, Cris? Un mastuerzo. Nunca supo cuál es la función de un plebeyo frente a un Rey.Y con un gusto deplorable.
- Pues anda que el tuyo... Por cierto el juez me preguntó también por el préstamo de 1,2 millones que me hiciste. 
- Y que veo en globo.
- Le dije que eres paciente y esperarás a que lo devuelva. 
- Ya, al paso que van las cosas, lo doy por perdido.
- ¿De verdad? No me lo digas dos veces, que te tomo la palabra. Ahora andamos un poco apretadillos de dinero. Los abogados dicen que lo he hecho de cine y no he de temer nada. Un mal trago. Un trámite enojoso, y se acabó.
- Ya veremos, ya veremos. Ojalá. Si es así te perdonaré el resto de la deuda.
- Claro que será. Me aplicarán la doctrina Botín.
- ¡Botín! ¡Ese sí que es un leal vasallo! Claro, el dinero, la clase, en fin... ¡Un adelantado! Pero no sé yo. Está el pueblo soliviantado y los medios solo quieren escándalos para vender.
- Si Botín se libra, me libro yo. O todos o ninguno.
- Hay que confiar en los banqueros y en los empresarios. Son los que controlan a los periodistas por la barriga. Y también a casi todos los políticos (siempre hay algún friki), que es gente escurridiza, falsa. Te descuidas y te clavan un rejón.
- Tranqui, papá, está todo controlado. El fiscal es de los nuestros. Y los medios te comen en la mano.
- Los de aquí. Los de fuera echan bombas. El cuento de la democracia y el Estado de derecho y esas cosas. Menos mal que estos patanes no saben inglés. Y el que menos, el berzas de Rajoy.
- No haber empezado tú, que a veces pareces un rojo: "la ley es igual para todos, la ley es igual para todos". ¿A quién se le ocurre?
- Había que decir algo, mujer.
- Menos mal que los abogados son unos soles. Sobre todo ese amigo tuyo, Roca.
- ¿Verdad que sí, Cris? Y eso que es catalán. Hasta entre los mercaderes hay caballeros.
- Y muy listo.
- Cierto. Hizo la Constitución.
- Desde luego. Es al que se le ocurrió que me hiciera pasar por tonta.
- Que se te da muy bien.
- ¿Ves? Ya empiezas otra vez.
- Pero si lo dices tú misma.
- Es verdad. Solo he cometido un error.
- ¿Cuál? 
- Dejar que Iñaki hiciera frente a la situación él solo. Tenía que haber salido yo, diciendo que cumplía mis órdenes.Porque a la vista está: el verdaderamente tonto es él.
- Ya te lo decía yo, hija...

domingo, 9 de febrero de 2014

La estética.

Motivos de "estética" aduce la Infanta al responder a la pregunta/dinamita de por qué el Rey ordenó a Urdangarin dejar Nóos en 2007. Y el periódico entrecomilla el término, como si le pareciera impropio. Como si al tomar la decisión, el Rey solo quisiera quedar bien, guardar las apariencias, pura forma. Pero, en realidad, la Infanta, que no es tan tonta como se hace, aduce la estética como cuestión de fondo, dentro del juicio estético kantiano, que es el juicio del gusto, intuitivo, subjetivo, empírico, incomunicable y que excluye todo entendimiento previo. Dicho en castellano castizo: el Rey ordena a Urdangarin dejar algo acerca de lo que ignora todo. No es encubrimiento, ni complicidad; es estética. ¿Ven como no es tan lerda?

La estética, ya en ese sentido más liviano y callejero estuvo presente a lo largo de una jornada que ha sido como una catarsis nacional. Sonrisas, elegancia, compostura, restricción, palabras mesuradas de la defensa. Solo el abogado de la acusación popular las piaba (en el moderno sentiduo de tuitear) que todo estaba siendo un escándalo y la Infanta contestaba una de cada veinte preguntas del juez Castro. Por lo demás, casi un rigodón. La tempestad, por dentro.

Estética en la escenografía. La sala, presidida por un retrato del Rey en cuyo nombre se administra la justicia. La justicia del Rey se aplica a su propia familia de la mano de un juez de aspecto algo tosco que monta en una scooter. Hay algo extraño en todo ello. La Infanta ha declarado en defensa propia frente a la justicia de su padre. De todas las complicadas relaciones entre hijos y padres que el psicoanálisis ha clasificado, esta queda fuera de catálogo. ¿Acaso la justicia del padre puede ser justa? Bueno, pero se trata de la institución y de su valor simbólico. Es una cuestión estética.

Esta sobreabundancia de estética hace más patente la falta de ética. Viene así a la memoria el recuerdo de otro tiempo, también de conflicto (¿cuándo no?) en el que el profesor de Estética de la Universidad de Barcelona, José María Valverde, al abandonar su cátedra en solidaridad con los expulsados Tierno, García Calvo y Aranguren, dejó escrito en el encerado algo perfectamente aplicable hoy día: nulla estetica sine etica, ergo apaga y vámonos.

Eso es. Si no hay ética, no hay estética y, si el Rey ordenó a Urdangarin dejar Nóos, pudo ser por salvarse a sí mismo.

sábado, 8 de febrero de 2014

No es la Infanta. Es la Monarquía.

Ya tiene morbo, ya, la declaración judicial de la Infanta. Fuerzas de seguridad movilizadas al efecto. Todo tipo de medidas extraordinarias. Probablemente no pueda ser de otra manera, dada la condición de la declarante, que suscita mucho interés público y la atención de los medios nacionales e internacionales. Ahí es nada ver a un miembro de la realeza declarando ante un juez en vía penal. Si, en lugar de tratarse de doña Cristina de Borbón y Grecia, fuera doña María de Tal, nadie se daría por enterado, exceptuados, quizá, los familiares directos de la señora  de Tal.

Exactamente, razona la doctrina oficial en nuestro Estado de derecho. La ley es igual para todos. Lo dijo el Rey y se cumple precisamente en una allegada suya.

Pero es inútil ignorarlo. La comparecencia de doña Cristina es un terremoto político. Se miden los metros que ha de recorrer hasta la puerta del juzgado de instrucción, se describe su atuendo, se hacen cábalas sobre su comportamiento; los periódicos vienen llenos de artículos y columnas, ponderando unos u otros factores; las tertulias no dejan aspecto por considerar. Como es lógico. La infanta Cristina no es doña María de Tal; es la hija del Rey y declarará en una sala presidida por el retrato de su padre, en cuyo nombre se administra la justicia.

Y todo esto, ¿por qué se da? Porque el problema no es personal de la Infanta. Es un problema institucional; es el problema de la Monarquía. El establecimiento sostiene que no hay tal y pretende desvincular el destino de doña Cristina del de la Corona. Por establecimiento podemos entender los partidos dinásticos, los medios de comunicación y diversas asociaciones de distinta índole pero políticamente muy influyentes, como la iglesia, la asociación de la banca o las patronales. Era muy de ver cómo Rajoy reafirmaba su fe en que la Infanta resultaría inocente. Igual que lo es el cerrado silencio de Rubalcaba, convencido de que, cuanto menos se hable, mejor para la Monarquía.

Pero es un empeño imposible debido, sobre todo, al comportamiento del mismo monarca en los últimos años. No es cosa de hoy. Han estado ocultándolo pero, al final, la información ha aflorado por eso, por las meteduras de pata del Rey, quien ya se vio obligado hace unas fechas a un lamentable acto de contricción público. La bajísima valoración ciudadana de la Monarquía es un hecho prolongado en el tiempo. Si se le añade la peripecia de la hija, la institución recibe un golpe mortal.

¡Ah, pero eso es injusto! razona el legitimista. No puede hacerse al padre responsable de las presuntas fechorías de la hija. ¿No? Dejando a un lado la fuerte sospecha de que el matrimonio de los duques de Palma no haya hecho otra cosa que lo que ha visto en la Casa Real desde siempre, queda por salvar el importante obstáculo de que la Monarquía es una institución familiar. Todos sus miembros tienen asignadas funciones protocolarias y, como acabamos de ver, también un salario, nada desdeñable, por cierto.

El monarca parlamentario, recuerdan todos los tratadistas políticos, no tiene funciones ejecutivas sino meramente ceremoniales, honoríficas, simbólicas, representativas, mediadoras. Se ha perdido el carácter feudal de su origen pues ya no es quien puede obligar a la obediencia a sus vasallos por ser el señor más fuerte, el más poderoso. Ya no es el señor de la guerra, el monarca absoluto, aquel cuya legitimidad consistía, según Hobbes, en garantizar la seguridad de sus súbditos. Eso se ha acabado. Vale. Pero, si seguimos estirando de Hobbes, encontramos una conclusión sorprendente: si el monarca no puede garantizar la seguridad de los súbditos, pierde todo derecho y quizá hasta la cabeza, como pasó con Carlos I Estuardo. Del mismo modo, lógicamente, si el Rey no puede garantizar el cumplimiento de sus funciones honoríficas y simbólicas, ¿no pierde su derecho también? En el fondo, el derecho preeminente de la familia a reinar se basa en su carácter ejemplar. El mismo Rey dictaminó que el comportamiento de su yerno no lo fue. Ahora se encuentra con que los tribunales de justicia pueden decirle lo mismo de su hija.

¿Y su propio comportamiento? ¿Ha sido siempre ejemplar?

Ese es el problema. Muy endemoniado. No es muy seguro que la Monarquía aguante la situación de una Infanta condenada por los tribunales. Pero, por otro lado, los ímprobos esfuerzos por salvarla a toda costa solo pueden ir en detrimento de la institución. Remito a una entrada de hace unos días con el título de Salvar a la Infanta y hundir la Monarquía.

No es la Infanta. Es la Monarquía.