Mostrando entradas con la etiqueta Rusia.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rusia.. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de abril de 2017

Cien años de comunismo

El próximo mes de octubre o noviembre, según el calendario que se siga, se celebrará el primer centenario de la Revolución bolchevique, un golpe de Estado con insurrección armada perpetrado por el soviet de Petrogrado, a las órdenes del Comité Militar Revolucionario, presidido por Lenin desde el Instituto Smolny. Así visto, parece una asonada y lo es; pero una asonada que cambió el mundo e inauguró una era nueva, la de la esperanza de una sociedad comunista aquí y ahora. La esperanza y supuesta realidad duró unos 75 años y se vino abajo hace algo más de un cuarto de siglo de modo bastante ignominioso.

Cualquiera diría que el comunismo había fracasado. Allí en donde se implantó originó tiranías de partido. Que en algunos casos, escasísimos, hayan sido "desarrollistas" nada quiere decir. También el franquismo quiso legitimarse vía "modernización". Queda la China, pero ningún comunista la señala ya como ejemplo de nada. Ni los propios chinos. De hecho, el comunismo occidental -que nunca había sido boyante desde la segunda guerra, excepto en el sur de Europa- prácticamente había desaparecido. En la mayoría de los países, los partidos comunistas cambiaron de nombre, de símbolos y hasta de ideología. En lugar de hacer frente al hundimiento del llamado socialismo real con algún intento de explicación científica, como hubiera exigido el patriarca Marx, en cuyo nombre se había actuado en la historia, los comunistas se confundieron con el paisaje.

Es el caso de IU en España, organización que pivotó siempre en torno al PCE y que permitía a este concurrir a las elecciones con un nombre no tan comprometido como el de comunista. El actual Coordinador General de la formación es Alberto Garzón, militante asimismo del PCE. Si no ando equivocado, todos los coordinadores generales de IU han sido militantes del PCE, para asegurar el predominio del partido, camuflado bajo una inocente denominación.

Ahora, Garzón, sin duda picado en su juvenil negra honrilla por la acusación de camuflaje, ha decidido salir a los caminos de España a explicar a la parroquia qué sea eso del comunismo hoy advirtiendo, de paso, que él es comunista y a mucha honra. El comunismo, como Garzón lo profesa, no tiene nada que ver con el totalitarismo soviético, así que el hundimiento del tinglado deja indemne la teoría de Garzón. Es un punto frecuente en las diversas corrientes del comunismo: lo que se hundió en la Unión Soviética no fue el comunismo "verdadero", sino otra cosa y aquí puede el lector aventurar cosas. A alguno tengo oído decir que lo que allí se hundió, en realidad, fue el fascismo.

En todo caso, no el comunismo que profesa (y, al parecer, quiere poner en práctica) Garzón, que viene directamente de Marx, sin aparentes interpolaciones leninistas. El comunismo del coordinador general es democrático. En otro lugar leí que, según él, el concepto marxista de "dictadura del proletariado" (DP), en realidad se refiere a la idea del demos de la Atenas clásica. Siempre que los románticos querían embellecer algo lo llevaban a Grecia. Con razón o sin ella, como Garzón en este caso. De demos ateniense la DP no tiene nada. Además, para un comunista, ese demos es escuálido: quedaban excluidas las mujeres, los niños, los esclavos, los libertos y los extranjeros.No sé yo si es un buen comienzo para una futura sociedad sin clases, pobladas por hombres nuevos.

Así que si la DP no es esa ilusión del demos, ¿qué podría seer? No hace falta dárselas de hermeneuta para entender que, al hablar de la DP, un hombre culto y un jurista del siglo XIX, como Marx, tenía que estar pensando en la figura del dictador del derecho romano. No había dictaduras por entonces y la única que hubiera podido pasar por tal, la de Cromwell en el siglo XVII, se llamaba Commonwealth. Las dictaduras como formas de gobierno no sometidas a la ley son cosa del siglo XX. Así que la DP era una aproximación a una idea, incluso una metáfora: se trasfería a una colectividad (el proletariado) la competencia cum imperium que asumía provisionalmente un magistrado nombrado por un cónsul a instancias del Senado y con aprobación de los comitia curiata. Es decir, un gobierno con plenos poderes pero estrictamente para hacer aquello para lo que se le había designado, normalmente restauración del orden republicano, vuelta a la legalidad.

Y ¿qué tendría que hacer el proletariado, cual sería su mandato como dictador? Evidentemente, eliminar a la burguesía. Hasta ahí, probablemente, habría un acuerdo entre marxistas. El acuerdo se rompería al responder a la pregunta  ¿y cómo se elimina a la burguesía?

Garzón parte de un supuesto altamente cuestionable, esto es, que hay una relación, por así decirlo simbiótica, entre el comunismo y el marxismo, cosa que muchísimos marxistas vienen negando si por comunismo hemos de entender lo que el viento de la tundra se llevó. De ahí que el impetuoso diputado de IU haya salido a predicar (él lo llama "divulgar") el comunismo de verdad, que no ha quedado mancillado por el desastre del bloque comunista. Y como prueba añade que tampoco ha quedado mancillado el marxismo. Una falacia. El hundimiento comunista no afecta al marxismo (su capacidad explicativa fundamentalmente) porque este no tiene nada que ver con el comunismo. Al comunismo el marxismo le fastidia, porque es otra cosa. Es un criterio de acción autorreferencial y, por tanto, impenetrable. La verdad no es lo que me dicta la razón, sino el partido que, al ser la volonté générale, somos todos, como la iglesia, y tenemos razón por definición. La razón del partido, que es verdad porque perdura. Como perdura la iglesia, aunque esta lleva alguna ventaja. Considérese el comunismo renovado de Garzón; sepárese la hojarasca de Unidos Podemos; disípese la neblina de Izquierda Unida; y ¿qué aparece? El PCE al final de la matrioschka. La joya en el fondo del cofre, el PCE de toda la vida, con su gloriosa historia a cuestas, aunque se le hacen críticas por la Tansición.

Veo difícil el fondo del asunto, esto es, elaborar un discurso comunista especifico hoy. Pero en política eso no importa mucho. Basta con decir que se tiene. La forma, en cambio, es muy interesante. Que Garzón vaya por los caminos predicando comunismo, en principio, probablemente, obedece a una necesidad de adquirir visibilidad porque está muy oscurecido entre la troupe de Podemos. Visibilidad, imagen, protagonismo. Todo muy legítimo, pero un problema añadido para Podemos. Se hace realidad un vaticinio de Palinuro al comienzo de la historia: el problema de fagocitar a IU era que IU, desde dentro, acabara fagocitando a Podemos. Y ahora estos tienen que desmarcarse del sambenito comunista, cosa que no va a añadir certidumbre a su ya de por sí errática política. 

martes, 18 de septiembre de 2012

Carrillo o la biografía del comunismo.

La larga vida de Santiago Carrillo, fallecido hoy a los 97 años, con más de ochenta ininterrumpidos dedicados a la lucha política en la izquierda, condensa y en gran medida explica en su trayectoria la historia toda del comunismo en el siglo XX. También la de la izquierda en general. Y la de España en particular. Pero aquí hablaremos del comunismo porque Carrillo representa los avatares de este y le da un sentido que los propios comunistas son reacios a admitir.
Hijo de Wenceslao Carrillo, militante del PSOE el adolescente Carrillo se apuntó a las Juventudes Socialistas, de las que fue secretario general allá por 1936. Luego de un viaje a Moscú consiguió fusionar las juventudes socialistas con las comunistas para formar las Juventudes Socialistas Unificadas que se declararon comunistas bajo su dirección, un hurto de militancia que los socialistas tardarían decenios en perdonarle. Hacia 1937 ingresó en el PCE, en el que causó baja medio siglo después. En el ínterin fue nombrado Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid y es en esta su condición cuando se producen las famosas matanzas de presos de derechas en Paracuellos de Jarama y Torrejón de Ardoz de las que el franquismo y sus epígonos al día de hoy (César Vidal, Pío Moa, etc.) lo acusan directamente. Él siempre lo negó y las pruebas no son concluyentes en uno u otro sentido.
Al perder la guerra Carrillo parte al exilio en donde estaría 38 años, casi siempre en Francia y ocasionalmente en algún otro país como la URSS. Su vida estaba plenamente dedicada al PCE a cuya secretaría general accedería en 1960 en substitución de Dolores Ibarruri. Desde entonces se dio una simbiosis total entre el PCE y su secretario general que lo fue durante veinticinco años.
Desde su juventud Carrillo fue un hombre en perfecta sintonía con los soviéticos, cultivó el espíritu bolchevique y fue un estalinista convencido. Persiguió a los trostkistas y "titoístas" del PCE por directo impulso de los rusos y, cuando Kruschef leyó su famoso informe secreto en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética denunciando los crímenes de Stalin, Carrillo fue uno de los primeros en "desestalinizarse" y en perseguir y depurar a los estalinistas del partido, antiguos aliados suyos. Lo esencial para él era seguir la "línea correcta" que era indefectiblemente la soviética.
Con tanto giro uno se inclinaría por calificar al politico asturiano de inconstante y veleta. Pero eso sería no haber entendido nada de la peculiar idiosincrasia del comunismo, en concreto, el directo heredero de Lenin que requiere obediencia tan ciega del militante a las directrices del partido que es difícil hacer a aquel responsable de sus actos. Carrillo fue estalinista porque su partido lo era y fue luego antiestalinista porque su partido también lo fue pero siguió aplicando las mismas formas autoritarias, de ordeno y mando del más puro estalinismo. Así, cuando en 1964 se produce el choque con Fernando Claudín, Jorge Semprún y parte importante de la militancia de Madrid, sobre todo intelectuales como Javier Pradera, no lo duda mucho y expulsa a los disidentes, aunque, como diría luego Claudín en su relato de los hechos, solo para apropiarse de sus tesis y cambiar el rumbo del PCE, del que seguiría siendo el señor absoluto.
Por aquel entonces era yo un bisoño escindido del PCE y miembro de un incipiente partido comunista "prochino" que consideraba a Carrillo un "revisionista" y una especie de monstruo a sueldo de la GPU y la CIA al mismo tiempo. Un par de meses después había yo abandonado para siempre toda militancia política partidista, mientras que él siguió siendo el jefe incuestionable de los comunistas españoles. Cuando, mucho más tarde, tuve ocasión de conocerlo personalmente vi un político de gran valía que se esforzaba por dar fundamento teórico y doctrinal a sus frecuentes intuiciones políticas y mantuve una relación esporádica con él: me parecía un hombre inteligente, con sentido del humor y una gran ambición personal que lo había llevado a mantener vivo el espíritu optimista de los que le rodeaban haciéndoles esperar el pronto fin de la dictadura y el ansiado regreso a casa durante casi cuarenta años.
Carrillo fue de los primeros en darse cuenta de que los partidos comunistas occidentales estaban condenados a la inoperancia política mientras siguieran siendo meras sucursales de la URSS. Por eso empezó a despegarse de ella cautelosamente a raíz de la invasión soviética de Checoslovaquia y, hacia 1977, ya había desarrollado su nueva propuesta estratégica llamada Eurocomunismo y a la que consiguió sumar a los comunistas italianos y franceses, aunque estos más a regañadientes. En 1977 fueron también las primeras elecciones generales democráticas en España tras la muerte de Franco. Era yo en aquellas fechas catedrático contratado de Derecho Político de la Universidad de Oviedo y lo llamamos a dar una conferencia en el curso de la campaña. Pude así conocer la doctrina eurocomunista de primera mano y me hice de ella la misma idea que tengo ahora: un intento de los comunistas de renegar de su pasado revolucionario y aceptar el ideario socialdemócrata que siempre habían tildado de traición en los socialistas, pero prescindiendo de estos. Le dije entonces, y sigo pensándolo, que el proyecto estaba condenado a la nada porque, para socialismo democrático ya estaban los socialistas y no creía que los comunistas se salieran con la suya de desplazarlos para ocupar su lugar. Igual que tampoco creo ahora que los intentos al estilo syriza lo consigan. La hegemonía comunista en estos movimientos los llevará siempre a la minoría y a la derrota.
Desde entonces volví a encontrarme a Carrillo en diversas ocasiones, con frecuencia en programas de televisión (recuerdo uno especialmente emotivo con el ya fallecido Fernando García Tola) y actos de la izquierda. Y pude seguir su trayectoria personal que, en mi opinión, repito, reproduce la del comunismo.
Con motivo de la transición, Carrillo da el paso eurocomunista decisivo y acepta la monarquia juancarlista (él, que había vaticinado que Juan Carlos sería conocido como Juan Carlos el breve ) y la bandera rojigualda a cambio de su legalización. Esta decisión generaría la crisis en el PCE que ocho años después ocasionaría su caída. Carrillo estaba convencido de que, si no se adaptaba a los nuevos tiempos, si no se comprometía con la democracia, nunca sería la fuerza hegemónica electoral de la izquierda y a este objetivo estaba dispuesto a sacrificarlo todo hasta que acabó con el partido mismo. No se percató de que todos sus esfuerzos de actualización, modernización, democratización y homologación del PCE no servirían de nada mientras él, el viejo luchador de la guerra civil, siguiera siendo el secretario general. Era literalmente absurdo que el partido que se presentaba con un programa de reconcialiación nacional, olvido del pasado, mirada al futuro, fuera el único dirigido por un hombre de la guerra que no podía competir en nuestra sociedad mediática con la juventud de un Suárez, un González y hasta, si se apura, un Fraga, que parecía y era más lozano que él.
Pero si Carrillo se iba para que el PCE ganara, hacía añicos su esperanza de alcanzar la hegemonía y, al final, se mantuvo en el puesto y, en las elecciones de 1982 fue prácticamente barrido en las urnas, lo que le costó la secretaria general y cuatro años más tarde, la militancia en el partido. Políticamente, comprensible; personalmente, una tragedia. Carrillo había mostrado su coraje y su valor cuando, conminado a arrojarse al suelo del Congreso por los matones de la Guardia Civil, subfusil ametrallador en la mano, mantuvo su dignidad y, con ella, la de toda la izquierda, negándose a obedecer, quedándose sentado y encendiendo un cigarrillo. Tampoco obedecieron Suárez ni Gutiérrez Mellado pero, con todos los respetos a estos dos últimos (todo el episodio es narrado en el fabuloso libro de Javier Cercas sobre el golpe) el que allí tenía realmente algo que perder, la vida, sin ir más lejos, era Carrillo. Solo por ese gesto conservo hacia Santiago Carrillo una admiración y un cariño que me durarán mientras viva. 
Carrillo fue de los primeros también en darse cuenta de que el comunismo como experimento social había fracasado y, cuando salió del PCE, fundó un grupúsculo (me acuerdo de que él nos llamaba a los prochinos, trostkistas, etc "grupúsculos" en los sesenta) que no tuvo ninguna fortuna electoral y cuyos miembros, casi todos, pasaron al PSOE. No así el propio Carrillo que tuvo la elegancia de mantenerse al margen y no regresar en la vejez al partido del que se había separado siendo joven por más que su razón y su interés, le hacían ver que era lo más lógico y lo más razonable. Pero él, hombre de convicciones, no quiso ceder. Estaba convencido de que el comunismo había concluido su ciclo vital y ya no tenía sitio en Occidente, pero él decidió conservar su libertad e independencia y así se mantuvo la dignidad de un hombre que había luchado toda su vida por una causa que la experiencia de la vejez le mostró errónea.
La última vez que hablé con él fue a comienzos de este año, en la fiesta de El Siglo. Estaba sentado en un margen de la agitada y bulliciosa sala del Meliá Princesa, contemplando aquella vida palpitante. Me encantó saludarlo. Se levantó, me miró a los ojos y yo vi en los suyos esa chispa llena de inteligencia y complicidad que siempre he intuido manteníamos sin necesidad de formularla: la de quienes piensan que es grande echar el resto en la lucha por una causa en cuyo triunfo final uno no cree. 
Santiago Carrillo simboliza el auge, dominio, decadencia y hundimiento del comunismo occidental en el siglo XX . Pero su vida tiene el valor infinito de la de un hombre que ha luchado por un ideal. Rara especie.
(La imagen es una foto de Xabeldiz, bajo licencia Creative Commons).

miércoles, 14 de diciembre de 2011

El arte y la burocracia

Ya, ya sé que todo el mundo se ha hecho lenguas de la exposición del Hermitage en el Prado que estará hasta el veinticinco de marzo. En efecto, es una recopilación de piezas magníficas de ese magnífico museo ruso. Hay pintura, escultura, trajes, una variedad de objetos, joyas con deslumbrantes piedras preciosas y bastantes adornos de oro (algunos trabajos de las tribus escitas) que atraen mucho al público porque el oro siempre atrae. También abundan las explicaciones sobre el Hermitage como museo y la propia ciudad de San Petersburgo. Lo único que no queda claro es el motivo de la exposición porque no guarda unidad temática alguna. Los cuadros, que son el grueso de la exhibición, pertenecen a todas las épocas, países y estilos. Al no haber unidad temática se ve que el verdadero tema es el propio Hermitage. De lo que se trata es de traer a España una especie de muestra del contenido inmenso de aquel museo.

Al ser una muestra se pensaría que han venido las piezas más destacadas. Pero no es así. Se exponen obras maestras, sin duda, como esa Mujer con sombrero negro (1908) de Kees van Dongen que sirve de reclamo y algunas otras. Pero también hay bastante pintura mediocre cuya justificación, al parecer, es que detalla aspectos del Hermitage o de San Petersburgo. En algún sitio he leído que el Prado y el Hermitage tienen un acuerdo que los obliga a montar exposiciones periódicas y así resulta que ésta es la contrapartida a otra que hubo hace unos meses en San Pertersburgo llamada El Prado en el Hermitage en la que los rusos pudieron admirar unos sesenta cuadros del Prado, que tiene miles.

Es decir, son exposiciones montadas con criterios burocráticos, en cumplimiento de compromisos y están orientadas a ensalzar la grandeza de los museos y su historia más o menos azarosa. Enterarse de cómo se creó y fue creciendo el Hermitage es interesante y también lo es recordar esa ciudad tan sorprendente, el fruto más oriental del despotismo ilustrado, una traslación del espíritu occidental al borde del Neva, en medio de sus noches blancas. Tanto el uno como la otra tienen mucho que contar pero, al final, su historia es la de la violencia, la rapiña, la explotación y la tiranía. Sin duda es saludable no olvidar que las mejores colecciones de arte se erigen sobre mares de sufrimiento. Pero, como exposición artística, con perdón, es bastante insatisfactoria.

De entrada ¿qué criterio se ha seguido para seleccionar las obras? ¿Por qué está Tiziano pero no Giorgione, por qué Caravaggio y no Leonardo? Obviamente, criterios de conveniencia, burocráticos. El Hermitage es una de las mejores pinacotecas del mundo. Podrían aprovecharse estos compromisos para hacer exposiciones temáticas. Por ejemplo, dada la enorme abundancia de impresionismo que alberga, una que lo trajera todo juntamente con sus influencias en los artistas rusos. Pero esa es otra historia.

Así que, puesto a sacar partido a lo que se le muestra, el espectador, con todo, tiene mucho en donde elegir porque hay obras deslumbrantes y, al no tener contexto, se pueden apreciar mejor en sí mismas. Por ejemplo, un curioso San Sebastián de Ribera de un manierismo exquisito y casi pecaminoso en un pintor español. O el momento culminante en la historia de Esther y Mardoqueo, pintado por Rembrandt, un prodigio de estudio de la culpabilidad en el rostro de un hombre. Los atributos de las artes y sus recompensas, de Chardin es una delicia, como el trampantojo en un cuadro de un almuerzo de Velázquez. Caben también sorpresas: nunca había reparado en que el autorretrato de Soutine que se muestra recuerda mucho a Bacon.

Y algún curioso encuentro: el estupendo retrato del embajador Piotr Ivanovich Potemkim, de Godfrey Kneller. Este Potemkim se hacía retratar por donde pasaba porque el Prado tiene otra imagen del personaje por aquellas fechas, pintado por Carreño de Miranda. El hombre es el mismo, su posado prácticamente idéntico, los lujosos atavíos siendo distintos, son muy similares: la pompa y circunstancia de un plenipotenciario ruso en una corte occidental que debía de verlo con auténtico asombro. Los dos cuadros permiten apreciar diferencias entre los pintores bien marcadas. Los dos subrayan el exotismo del embajador, su aspecto asiático, pero el inglés lo anima, lo hace más cercano, valiéndose de la luz, mientras que el español, en tonos más apagados fía la impresión al imperio de la actitud. Es bueno saber qué rostro tenía aquel ministro de Catalina II, la autócrata discípula de Voltaire, el que le ponía aldeas de cartón piedra al borde de la carretera en sus viajes a Crimea para qué viera qué felices eran sus súbditos. Con tanto éxito que aun hoy, en algunas partes del mundo (por ejemplo, en Inglaterra), cuando alguién quiere montar un incidente falso en un proceso judicial, fabricar unas pruebas, inventarse unos hechos, se dice que está haciendo un Potemkim.

Porque no se le ha ocurrido, pero Camps mejoraría su defensa si, en lugar de afirmar que está siendo objeto de un montaje tremendo, que es una vulgaridad, asombrara a sus jueces diciendo que todo es un tremendo Potemkim.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Anoche nos secuestraron.

Pues sí, habíamos ido a ver el Boris Godunov de Alexander Pushkin en versión de La Fura dels Baus en el María Guerrero y, cuando apenas llevábamos cinco o diez de minutos de representación, entró un grupo de terroristas chechenos que secuestró a todo el aforo. Eran como unos veinte, armados hasta las orejas, con cinturones de cartuchos de dinamita o algo parecido, fusiles ametralladores, pistolas y una cantidad grande de explosivos que dispusieron estratégicamente por el patio de butacas y otras dependencias del teatro, avisándonos de que todos volaríamos por los aires como se nos ocurriera hacer algo raro o el Gobierno trataba de rescatarnos. Muchos llevaban los rostros cubiertos con pasamontañas. Se distribuyeron la tarea de vigilarnos y nos obligaron a permanecer en nuestros asientos lo cual, además de incómodo, era humillante, pues era preciso pedir permiso cada vez que se quería ir a al retrete.

Eso es más o menos lo que sucedió la noche del 23 de octubre de 2002 cuando unos cuarenta rebeldes chechenos asaltaron el teatro Dubrovka, en donde se representaba el musical Norte-Este y capturaron unos novecientos rehenes, entre espectadores y empleados del teatro. Los chechenos hicieron público un manifiesto a través de los medios dándose a conocer como musulmanes y exigiendo la retirada de las tropas rusas de la República de Chechenia en el plazo de una semana. En caso contrario, empezarían a matar rehenes. El asedio al teatro por las fuerzas de seguridad rusas duró tres días al cabo de los cuales unidades especiales de la policía, habiendo soltado previamente un gas adormecedor especial empezaron el asalto. Murieron cuando menos 33 terroristas y 129 rehenes, aunque es posible que hayan sido muchos más. Prácticamente todos los fallecidos lo fueron a causa del gas y no del tiroteo.

La Fura dels Baus escenifica los tres días de tensión, histéricas negociaciones entre rebeldes y autoridades y terror de los rehenes en un espectáculo en el que en medio de un alarde de efectos especiales, con luces, colores, focos, proyecciones, estampidos, etc, se intercalan las dos acciones teatrales, la de la obra de Pushkin, escrita hacia 1825 por cierto en un espíritu muy "macbethiano" que reconstruye acontecimientos del siglo XVI y la del secuestro, cinco siglos más tarde. La prolongación de la peripecia de Boris Godunov, quien sucedió a Iván el Terrible primero como regente y luego como Zar que al final de sus días hubo de hacer frente a una sublevación de un impostor con la ayuda de los polacos trasmite el mensaje de que las pasiones humanas, el poder, la violencia, el odio, la dominación de la gente, son las mismas a lo largo de los siglos. Cambian los medios materiales, pero no las justificaciones morales.

La parte pushkiniana sigue más o menos fielmente la obra del dramaturgo romantico; la del secuestro es una historia elaborada por Alex Ollé. Es éste el que pone en boca del dirigente checheno de la operación la idea de que el viejo apotegma de que la guerra es la continuación de la política por otros medios ha sido superado por el de que la política es la continuación de la guerra por otros medios. Ciertamente así parece ser y el autor al que debemos esta segunda formulación fue Michel Foucault.

La representación es muy movida, está llena de peripecias e involucra todos los espacios del teatro, escenario, patio de butacas, plateas, pasillos, etc, mostrando la calidad de los directores Alex Ollé y David Planas. Durante la acción algunos terroristas y rehenes se singularizan, adquieren personalidad propia y nos enteramos de sus circunstancias particulares, sus problemas y sus reacciones. En su mayoría se trata de discusiones sobre qué hizo o debió hacer cada cual en el conflicto que enfrenta a chechenos y rusos, formulado con la retórica habitual de las luchas de liberación nacional: la madre a la que le han fusilado al marido y asesinado al hijo, el terrorista fanático, radical, que prefiere volar el teatro, el más político, que quiere negociar.

Una de las terroristas resulta ser una jovencísima actriz que en su día interpretó un papel en una versión de Boris Godunov, lo que da pie a que conjuntamente con un rehén, uno de los actores que estaba representándola cuando irrumpieron los terroristas, recite una escena; un caso más de esa peculiar realidad que se crea durante la representación del teatro dentro del teatro, cosa que ya estaba presente con la continuación de la obra de Pushkin pero que con la improvisación que hacen la terrorista y el rehén adquiere una dimensión nueva, aquella en la que el teatro trasciende sus límites como ficción para alcanzar a la vida real de forma que ese simple hecho cambia el comportamiento de algún personaje cosa que tendrá consecuencias inesperadas.

Los de La Fura dels Baus tienen mucha fuerza y dominan muy bien el territorio. Durante hora y media el María Guerrero es un tumulto que finaliza con la toma al asalto, y en el centro de tanta agitación estamos los espectadores rehenes. Por supuesto todas las similitudes con otros acontecimientos reales de este tipo son deliberadas.

viernes, 5 de septiembre de 2008

La fuerza del odio.

Aprovechando la hora de comer y un vacío en los exámenes ayer dimos un salto hasta Coyoacán, a recorrer la zona, una de las más pintorescas del Distrito Federal y visitar las casas de Frida Kahlo y León Trotsky. La primera se ha puesto imposible desde que se hizo la película con Salma Hayek pues se ha llenado de turistas. La de Trotsky en cambio sigue en el bendito semiabandono en que ha estado siempre. Semiabandono porque, aunque esté bien atendida, no es un negocio como lo es la de Frida Kahlo y los pocos visitantes que hasta ella se acercan (estuve observándolos un buen rato) son como peregrinos, como iluminados por una luz interior. La casa está más o menos según la dejó Trotsky al morir a manos de Ramón Mercader. En el pequeño pero frondoso jardín luce la estela que labró Juan O'Gorman en memoria de Lev Davidovich Bronstein, que descansa en la parte de atrás, junto a su esposa Natalia Sedova.

El caso Trotsky invita a una reflexión sobre el alcance del odio, la envidia, el miedo, la inseguridad y otros rasgos de la naturaleza humana. ¿Por qué persiguió Stalin con tanta saña a Trotsky y a su familia, después de derrotarlo en las intrigas internas del Partido Comunista? Hacia más de quince años que Lev Davidovich ya no tenía poder político real en la Rusia soviética, quince años en que anduvo perseguido y hostigado por el totalitarismo estalinista hasta que éste consiguió acabar con él. La pregunta es siempre la misma: ¿por qué? Y la respuesta también ha de serla misma: por el ejemplo moral de Trotsky. Stalin no podía permitir que un solo hombre, un hombre exiliado, perseguido, acorralado, se enfrentara al aparato estatal de la Unión Soviética y ordenó asesinarlo al tiempo que lo vilipendiaba, estigmatizaba su persona y trataba de eliminar toda memoria de su paso por la historia.

Es curioso: poco antes del hundimiento del comunismo, el Partido Comunista de la Unión Soviética rehabilitó a todos los perseguidos del estalinismo, a los Zinoviev, Kamenev, Bujarin, etc... pero no a Trotsky. Cuando pregunté a los comunistas soviéticos el porqué de esta anomalía, me contestaron que porque Trotsky nunca fue procesado y condenado. Trotsky fue un caso de venganza personal de Stalin; la venganza del soberbio, del todopoderoso frente al débil y, sin embargo, ahí está, erguido en su derrota. Que si el odio tiene fuerza, más fuerza tiene la moral.


ACTUALIZACIÓN DÍA 5 DE SEPTIEMBRE

Este post ha merecido el honor de ser reproducido en el número de hoy del estupendo periódico digital de izquierda

InSurGente con el que Palinuro mantiene excelentes y fraternales relaciones sazonadas con una actitud mutua de vigilante crítica, necesaria siempre para el logro que ambos reconocemos común: la emancipación del ser humano.

jueves, 28 de agosto de 2008

La altanería europea.

¿Qué mosca ha picado a los europeos en el conflicto entre Georgia y Rusia? ¿Por qué están empeñados en imitar a los gringos pretendiendo que los demás no puedan hacer lo que ellos hacen? ¿A dónde quieren llegar los gallitos Sarkozy, Merkel y Brown que andan lanzando advertencias a Rusia como si fueran alguien en el mundo?

La doble moral de la OTAN clama al cielo. Los georgianos lanzan un ataque sin previo aviso sobre la población civil de Osetia del Sur en connivencia con los estadounidenses y sin que esté aún claro el objetivo que parece ser pulsar las ganas de bronca de los rusos antes de acometer acciones de hostigamiento más fuertes. Nadie dice nada. Los rusos contraatacan en defensa de los osetios del sur e inmediatamente se moviliza toda la diplomacia occidental para tratar de detener esa respuesta con tono y maneras propios de la guerra fría.

Rusia y sus empresas pueden caerle a uno mejor o peor pero está claro que no lanzó el ataque sino que ha respondido a él. Fracasado el de los georgianos, todo Occidente se mueve para que los rusos no saquen ventaja alguna de su victoria y las cosas se retrotraigan al status quo ante. Y pretende conseguirlo de forma altanera, despreciando a Rusia y dándole órdenes, como si fuera una colonia suya. Los rusos no son libres de reconocer a quien quieran, sino que, al parecer, tienen que pedir permiso a la OTAN. Es decir los europeos que han reconocido lo que les ha dado la gana en los Balcanes hasta reventar la antigua Yugoslavia como parte de su lucha contra el comunismo (y su última hazaña ha sido el reconocimiento de la independencia de Kosovo) quieren decir ahora a los demás a quién pueden o no pueden reconocer.

Es una vieja e irritante costumbre colonial de los europeos. En los años cincuenta y sesenta del siglo pasado Alemania Federal impuso la llamada doctrina Hallstein consistente en romper relaciones diplomáticas con aquellos países que reconocieran a la República Democrática Alemana, el otro Estado alemán. En síntesis, ¿que era la doctrina Hallstein? Una doctrina típicamente colonial consistente en determinar a quién reconocen o no reconocen terceros países y que ahora pretenden aplicar a Rusia, seguramente contagiados del matonismo exterior de los gringos o por orden de estos. Porque tal parece ser la condición para que Europa pueda tener algo parecido a autonomía en su territorio: que haga lo que ordenan los Estados Unidos.

(El mapa procede de la United Nations Cartographic Section y está en el dominio público).

martes, 26 de agosto de 2008

¡Que vienen los rusos!

El lío del Cáucaso es un caso de esos supuestos de gestión de conflictos. A ver cómo se resuelve. "Occidente", o sea la Unión Europea (UE) y la organización militar a la que pertenece, la OTAN, está escandalizado de que Rusia incumpla tan flagrantemente los acuerdos internacionales que firma no retirándose ipso facto de Georgia. ¡Por Dios! Y eso de que quieran reconocer la independencia de Abjasia y Osetia del Sur va en contra de los tratados internacionales, gimotea Frau Merkel. Ya puestos, los gringos hablan como los duros del Far West: la independencia de Abjasia y Osetia del Sur es "inaceptable", dice Mr. Bush desde su rancho. ¿Qué quiere decir "inaceptable"? ¿Van a bombardear estas repúblicas si se declaran independientes? Bueno, los EEUU bombardean países enteros por menos de eso. Pero ¿lo harían aquí? Soplan vientos de guerra fría y conviene que en la Casa Blanca no haya un necio que dice que Dios le dice cosas.

Ya permitir (si no alentar) que los georgianos lanzaran el ataque sobre Tshinkvali el día de la tregua olímpica fue suficientemente estúpido. Como se ha visto era la excusa que los rusos querían para invadir Georgia y plantear la separación de las dos regiones autónomas. Rusia regresa al estatus de gran potencia, lo que plantea una crisis. Los europeos y los gringos creen pueden forzarle la mano en política internacional como cuando estaba en situación de debilidad a comienzos de los noventa, tras la caída del comunismo. Pero eso ya no es así. Rusia se ha estabilizado políticamente con una forma de régimen que habrá que definir porque basándose en el sufragio universal (más o menos bien llevado), su estructura institucional es original y puede llamarse presidencialismo parlamentario que significa que tan pronto el poder reside en el presidente de la República como en el primer ministro, según quiera el señor Putin, que es el que manda. Hay incluso quien dice que es comunista.

También se ha recuperado económicamente. Hoy es Europa la que depende del suministro de gas ruso y Rusia quiere hacer valer esa recuperación volviendo a su papel de gran potencia, como heredera universal de la Unión Soviética. ¿Y cuál es el rasgo esencial de la gran potencia? Que puede hacer lo que le dé la real gana y nadie le pedirá cuentas mientras que todos están obligados a rendírselas a ella. Rusia vuelve y quiere hacerlo como gran potencia. Nadie dice a una gran potencia lo que puede o no hacer. La cuestión es si eso se puede impedir. Y la siguiente cuestión habría de ser "impedir" ¿por qué?

En todo caso hay aquí una confrontación clara y que todos creen que es muy peligrosa: los EEUU no reconocen a los rusos los derechos que ellos se arrogan y pretenden dictarles su política exterior, haciéndolo por la brava, al estilo cow boy: el matón que entra en el saloon pegando tiros al aire. Pero las cosas no son tan sencillas; hay que razonar y argumentar antes de ponerse a dar gritos y mucho menos, tiros.

El problema es que en este campo las razones suelen tener un valor relativo en función de ls intereses de cada cual. Por ejemplo, para fundamentar esta actitud negativa hay que aportar argumentos. Estos pueden provenir de la historia o del humilde sentido común. Los que vienen de la historia no sirven para nada porque la historia demuestra una cosa y la contraria incluso actualmente. Remontarse al pasado es perderse en la noche de los tiempos para no encontrarse más. Habrá quien recuerde que Georgia se independizó de la URSS en 1991, aunque, como su presidente fue el tovarich Shevernadze, ministro de Asuntos Exteriores de la extinta URSS, no pasaba gran cosa.

Pero vendrán otros y recordarán que los rusos invadieron Georgia manu militari en 1924 y se la anexionaron. Y saldrá alguien diciendo que, antes, los georgianos se habían declarado independientes en 1918 a raíz de la revolución bolchevique de 1917. Y habrá quien diga que las regiones que hoy aspiran a la independencia son las que se quedaron al margen de la dominación mongola allá por el siglo XIV. En fin, la historia muestra Georgias independientes y Georgias dependientes, lo cual no nos sirve para nada salvo que alguien demuestre que ser independiente es mejor que ser dependiente y, caso de que algo así sucediera, lógicamente Georgia tendría que aplicar a Osetia del Sur y Abjasia el mismo derecho que ella reclama frente a Rusia.

Si la historia no sirve, ¿sirve el sentido común? Pues tampoco. El sentido común dice que lo que los occidentales (europeos incluidos) invocan en Kosovo debe ser lo que invoquen en Abjasia y Osetia del Sur. Otra cosa distinta sería, por lo menos, hipocresía. Porque los rusos dicen que ellos hacen lo mismo en Abjasia y Osetia del sur que en el Transdniester, entre Ucrania y la República Moldova. Lo de los occidentales es típico "doble lenguaje". Pero es costumbre en la corrala. Un ejemplo: cuando se trata de la devolución de Gibraltar a España, los ingleses invocan siempre el derecho de autodeterminación de los gibraltareños que ya han hecho saber en popular referéndum que no quieren ser españoles ni por el forro. ¡Sacrosanto principio! Sacrosanto principio que no invocaron los mismos ingleses cuando firmaron el tratado de retrocesión de Hong Kong a la República Popular China en 1997 en contra de la voluntad de casi todos los honkongueños. Y de Portugal y Macao no hablo por sentido del ridículo. Así que en Europa, en Occidente, el doble lenguaje es cosa corriente.

La cuestión es si puede imponerlo porque una cosa es hablar y otra llevar las palabras a hechos. ¿Qué quiere decir Mr. Bush con "inaceptable"? Por ahora que quiere excluir a Rusia del G-8, de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de alguna otra organización igualmente irrelevante para Rusia. Porque ¿puede preocupar al segundo productor de petróleo del mundo no estar en la OMC? ¿O está dispuesto Mr. Bush a defender la integridad territorial de Georgia (que le importa un bledo) con la bomba atómica? Hay quien dice que esta crisis es tan grave como la de los cohetes de Cuba en 1962. Ya le vale...

¿Por qué no confesamos que no estamos en condiciones de dictar términos a los rusos y que, de ahora en adelante, el mundo vuelve a ser por lo menos bipolar? Si hay algún responsable de esto es ese majadero que cree que hostigando a Rusia, metiéndole los misiles bajo las narices, rodeándola de amenazas, aumentando su sensación de peligro, se gana algo distinto de que Rusia entienda que la mejor defensa es un buen ataque. Es decir el señor Bush no solamente deja una herencia espantosa a su sucesor en el Irak sino que pretende también dejarle otro lío con Rusia.

¿Y qué me dicen de nuestros neocons que ya están viendo que, ¡por fin! llegamos a las manos con los rusos. Hay que quitarse de encima la derrota de la División Azul.

N.B.Por supuesto que hay aquí intereses geopolíticos en juego, oleoductos, gasoductos, etc. Pero eso es obvio.

(El mapa procede de la United Nations Cartographic Section y está en el dominio público).

domingo, 17 de agosto de 2008

¿Vuelta a la guerra fría?

La diplomacia es una actividad muy sutil. De hecho todavía habla francés, con gran irritación de los ingleses y no digamos de los alemanes, con delectación de los italianos, admiración de los rusos, desconcierto de los españoles y envidia del Vaticano. Ahora que la nueva guerra del Cáucaso ha terminado con la rendición de Georgia comienzan las actividades de esta ciencia o arte que es la diplomacia, nombre de la política en tiempos de guerra, consistente en ganar en la mesa de negociaciones o, si no es posible porque uno ha perdido la guerra, tratar de no perder más en la posguerra.

El momento diplomático en esta guerra de Georgia es muy delicado y da la impresión de que, así como los rusos siguen jugando sus bazas bien, los gringos están metiendo la pata como acostumbran. Desde que el señor Sarkozy medió de forma fulminante e involucró luego a la Unión Europea para demostrar que somos alguien en el orden internacional (por darle algún nombre) y se atrajo a Rusia dándole palmadas en la espalda si las naciones tienen espalda, el señor Bush se ha puesto borde, en las declaraciones de prensa ha ido subiendo el tono contra Rusia y ha acabado poco menos que ladrando órdenes.

El asunto es tan desaforado y ridículo que uno no sale de su asombro. El tío que tiene un país invadido desde hace cinco años por decisión unilateral de tres individuos en las Azores y sin mandato de las Naciones Unidas es el que le dice a otro que no es aceptable invadir naciones ajenas y que la comunidad internacional y los derechos humanos y bla bla bla. El menda de Abu Ghraib y Guantánamo, el tipo que ha convertido la tortura en ley en su país por el muy ingenioso truco de cambiarle el nombre.

Es obvio que el señor Bush no sabe nada de diplomacia. Da la impresión de no saber nada de nada; ni siquiera qué consecuencias puedan tener sus actos o palabras. Tiendo a pensar que no es enteramente responsable. Para ser sincero me parece un orate porque sólo un orate puede decir que Dios le dice lo que tiene que hacer.

Rusia está dejando claro que no quiere que se la trate como a un cliente más del imperio, que es exactamente lo que está haciendo el señor Bush; algo así como si a Arabia Saudita le diera por invadir el Irak sin su permiso: cosa de llamarlos al orden, sentarlos a una mesa y ponerlos de acuerdo en lo que mande el sheriff. Exactamente el escenario que los rusos no aceptan porque quieren ser tratados como una gran potencia, como cuando la URSS. A una gran potencia no se le piden cuentas de sus invasiones ni se le riñe en público para que declare un cese de hostilidades y mucho menos se le vigila si lo cumple o no. ¿Quién pidió cuentas a L. Breznef cuando la URSS invadió Afganistán? ¿Quién a Lyndon Johnson cuando los EEUU invadieron Vietnam?

La única explicación para el comportamiento del señor Bush, aparte de la mala educación naturalmente, es que crea llegado el momento de tener una confrontación con Rusia y regresar a la Guerra Fría. ¿A cuenta de qué? A cuenta del petróleo probablemente. Pero de ser así, y es inseguro, equivale a enfrentarse al segundo productor del mundo (9,7 millones de barriles diarios mientras que Arabia Saudí produce 10,9 millones, los dos a grandísima distancia de los demás) lo que no es especialmente inteligente, o sea algo muy propio del señor Bush.

Sucede que en esta crisis nadie ha hecho gran exhibición de inteligencia, salvo los rusos que han probado tener prevista la estúpida decisión del señor Saajashvili y han actuado en consecuencia. Y ¿qué decir de los que se quejan de la falta de maneras de los georgianos que han violado la "tregua olímpica" como si esa tregua se hubiera observado religiosamente desde que se restauraron los juegos olímpicos a fines del XIX, siendo así que no solamente no se ha respetado sino que hasta los juegos han sido objeto o campo de batalla de una guerra, por ejemplo la de Palestina en los juegos de verano de Munich en 1972, cuando Septiembre Negro perpetró una matanza de atletas israelíes?

Por lo demás la añoranza de la guerra fría, el enfrentamiento entre los EEUU y la URSS o entre "Occidente" y el "comunismo" no es sólo evidente en la intemperancia y la prepotencia del orate de la Casa Blanca sino que aparece en el otro extremo del vector. Véase la página de precariopoli en Flickr, en donde se afirma que Vladimir Putin es comunista como si nada hubiera sucedido desde 1991 y Fukuyama no hubiera pasado por la tierra. Dice Precariopoli: "Putin fastidia porque es un comunista y cuando da una patada en el culo al criminal Saajashvili, amigo/títere de Bush, armado por los EEUU e Israel, todos los fascistas se ponen a dar gritos. No importa que el sicario de Bush haya bombardeado día y noche Osetia del Sur y haya matado a 1500 civiles rusos en un día". Los hay en verdad inasequibles al desaliento.

La diplomacia es una de las pruebas en estos JJOO y, por lo que se lleva visto, el oro es para la República Popular China, la plata para Rusia y el bronce para la Unión Europea. Los Estados Unidos, como siempre en estos menesteres de hablar, de entenderse, de negociar, los porras. y con la porra. Ellos mismos tienen acuñado un término para el tipo de diplomacia neocon (siempre que escribo "neocon" entiendo el "con" en francés) propio del señor Bush, la llaman Cowboy diplomacy.

(La imagen es una foto de 3arabawy, bajo licencia de Creative Commons).

miércoles, 13 de agosto de 2008

El círculo de tiza caucasiano y la diplomacia.

La guerra de Georgia ha durado cinco días y la ha ganado Rusia. El cese de las hostilidades con mediación francesa (¡qué sentido del escenario mediático tiene este Sarkozy!) se ha hecho sobre el acuerdo impuesto por aquella, aunque formalmente presentado por Francia. Aquí de lo que se trata es de que la Unión Europea no haga mucho el ridículo como suele y se adelante a los EEUU, para lo cual vienen como anillo al dedo las tradicionales buenas relaciones entre Rusia y Francia. En cuanto al contenido del acuerdo lo iremos conociendo a fondo en los próximos días ya que por ahora es algo caótico y, probablemente, engañoso. Por ejemplo El País dice que prevé discusiones internacionales sobre el futuro estatus de Osetia del Sur y Abjazia pero la agencia France Presse asegura que ese punto ha sido excluido con el acuerdo de las partes y, por supuesto, nadie dice nada de la exigencia rusa de que Georgia firme un compromiso jurídicamente vinculante de que mantendrá sus tropas fuera de Osetia del Sur y de Abjasia mientras que los rusos seguirán fungiendo como "tropas de paz" y los georgianos tendrán que desarmar parte de su ejército. Es decir Georgia ha perdido la guerra, dato esencial para entender los movimientos diplomáticos que están dándose.

La cuestión de quién es culpable es ya indiferente y en este tipo de conflictos suele serlo desde el principio porque todos los combatientes dicen tener la razón igual que Dios está siempre del lado de todos los ejércitos. A veces el mismo Dios en ejércitos que se entrematan. A primera vista parece claro que Georgia hizo un movimiento que creyó inteligentísimo de invadir Osetia del Sur aprovechando que todo el mundo estaba mirando los Juegos Olímpicos. Y le salió mal porque los rusos estaban esperando, tenían ya descontado que algo así pasaría en algún momento (si es que no lo provocaron sus servicios de inteligencia) y desencadenaron la contraofensiva de modo relampagueante y con abrumadora superioridad de medios. Pero siempre habrá alguien (algunos funionarios estadounidenses sin ir más lejos) que diga que si los georgianos entraron en Osetia fue porque los independentistas osetios llevaron sus provocaciones muy lejos y había que responder. Es decir la culpa es de Rusia. ("¡Rusia culpable!" decían ya los de la División Azul). Siempre hay un roto para un descosido.

También puede uno preguntarse si el señor Mijaíl Saajashvili ha actuado por su cuenta o tenía el visto bueno previo de los EEUU. No sería algo novedoso, ¿verdad? Cuando Sadam Husein (q.e.p.d.) invadió Kuwait, lo que originó la primera "guerra del Golfo", dijo tener una especie de preacuerdo yankee y algo de eso hubo o así lo reconoció entonces la embajadora estadounidense que no parecía muy despierta. La señora Rice, otra que tal, puede haber hecho lo mismo con el señor Saajashvili que es un "buen amigo" de los EEUU, el tercer contingente en el Irak después de los propios EEUU y sus primos hermanos los ingleses, con dos mil hombres que ahora han regresado a casa, donde hacen más falta en trasportes militares gringos. Como gringos son los ciento setenta "asesores militares" que hay en Georgia y que se han lucido, dicho sea de paso.

Tampoco es de mucho interés largar soflamas sobre el doble rasero porque en estos asuntos el doble rasero lo manejan todos. Por ejemplo: que Rusia alienta en Osetia del Sur y Abjasia lo que aplastó sin miramientos en Chechenia. Pues sí. Igual que los occidentales piden que no se atente contra la integridad territorial de Georgia pero se cargaron la de Serbia al apoyar la independencia de Kosovo. Ya es cínico (y algo repulsivo) que el señor Bush salga diciendo que no se pueden invadir países independientes; pero que añada que la invasión de Osetia es un asunto interno de un país soberano hace trizas el concepto de Derecho Internacional Humanitario que los occidentales andamos cacareando por ahí, según el cual los gobiernos no pueden tratar a sus pueblos como les dé la gana. Habría que añadir: salvo que sean los gobiernos de nuestros amigos, criados o lacayos.

Reitero: la actividad diplomática se realiza sobre el hecho incontrovertible de que Rusia ha ganado la guerra y Georgia la ha perdido. Rusia emerge como potencia tras los largos años de desconcierto, decadencia y debilidad después del hundimiento del comunismo. Y a las potencias hay que tratarlas como tales, cosa que los EEUU no están dispuestos a hacer. Por lo demás, el risorgimento ruso se hace de la mano del señor Putin que es quien manda en Rusia. Estaba en Pekín codeándose con el señor Bush y ha vuelto corriendo a machacar a los georgianos. El señor Medveded no pinta nada. Estas combinaciones de poder recuerdan mucho las que se daban en la Unión Soviética entre el Presidente del Presidium del Soviet Supremo y el del Gobierno; el cargo que mandaba era el que ocupara el Secretario General del PCUS, el equivalente del señor Putin, antiguo comunista.

Por cierto, Rusia retornada actúa defendiendo sus intereses consistentes como siempre en rodearse de un cinturón de Estados/almohadón sometidos a su influencia y que la protejan de lo que más teme: una invasión de un día para otro como hicieron los alemanes en junio de 1941. Además quiere controlar la zona de paso de los oleoductos y gasoductos del Caspio. Los oleoductos traen un millón cuatrocientos mil barriles diarios de crudo a Europa y esto es esencial para todos entre otras cosas porque si los rusos pierden ese control, en virtud del "horror vacui" de la naturaleza lo tomarán los estadounidenses. De cuán sensible es el asunto da idea el hecho de que algunos puertos de Georgia (Batumi, por ejemplo) no comercien y British Petroleum haya cerrado sus instalaciones en la zona. Además Rusia quiere a la OTAN cuanto más lejos de sus fronteras mejor.

Breve digresión: ¿qué hubiera pasado si en abril, cuando el señor Bush pidió que se integrara a Georgia en la OTAN, los europeos hubieran accedido? Que ahora tendríamos una razón estupenda para comenzar la III guerra mundial de la mano del efervescente político georgiano. Aun así es muy de señalar cómo se han tomado el cese el fuego los estadounidenses: como una derrota. El señor McCain, aconsejado en esto por el neocon señor Paul Kagan, el genio de Europa = Venus y EEUU = Marte, dice que no acceder al ingreso de Georgia en la OTAN fue un error y que debe remediarse cuanto antes. Es obvio que quiere la guerra. Muy típico de los neocon. ¿Y el señor Obama? Este, menos temperamental que el republicano, habla de tomar medidas coercitivas sobre Rusia. Fin de la digresión.

Es lo que dicen todos especialmente los gringos que son quienes peor se han tomado eso de que los rusos quieran volver a hacer como ellos, o sea, invadir países. Sin embargo es muy poco lo que cabe hacer. Siendo Rusia miembro permanente del Consejo de Seguridad, éste no adoptará jamás decisión alguna sobre el conflicto que no sea de su agrado. Derecho de veto como el que interponen los Estados Unidos cada vez que el Consejo tiene la veleidad de condenar no ya a los mismos EEUU, que no hay caso, sino a alguien tan perfectamente condenable como Israel. Es más en una votación crucial probablemente tendría el apoyo de China a quien no gusta nada que le anden mirando qué hace en el Tibet. Los imperios tienen sus necesidades y se comprenden entre sí.

Se barajan otras medidas coercitivas en el orden diplomático, que si excluir a Rusia del G8, de la Organización Mundial del Comercio..., ganas de hablar por no estar callados. Los europeos dependen en no escasa medida del gas natural que viene de Rusia y del petróleo y gas natural que llega a través de Georgia, así que es poco probable que hagan nada. Y menos en un asunto tan lamentablemente mal planteado como el de la estúpida agresión de Georgia a Osetia del Sur. Propia de la diplomacia de Mr. Bush que no ha hecho más que cosechar fracasos en todo el planeta excepto en el Próximo Oriente en donde los israelíes han desarrollado la diabólica capacidad de convertir en triunfos militares suyos los sistemáticos fracasos diplomáticos de los EEUU.

Así las cosas Occidente ha decidido entender el asunto en clave político-ideológica. O sea recurrir a la propaganda. El señor Carl Bildt, ministro sueco de Asuntos Exteriores, compara la actitud del señor Putin en Georgia con la de Hitler en Europa central mientras que el reputado especialista en Relaciones Internacionales, señor Brzezinski, a su vez la compara con la de Stalin en relación con Finlandia. Ya tenemos a Putin encajado en el modelo que mejor manejamos en Occidente: el monstruo totalitario mezcla de Hitler y Stalin. Se ve que el señor Bildt no es internauta. Si lo fuera sabría que ha incurrido en un caso de manual de aplicación de la Ley de Godwin, aparte de coincidir con el señor Aznar que también habla mucho de Munich sin saber de la misa la media. La propaganda, por basta que sea, es muy conveniente para ganar guerras. Pero una vez que la guerra ha dado paso a la diplomacia conviene que la propaganda sea algo más refinada, menos grosera. De otro modo no se llegará a acuerdo alguno que es la solución diplomática por excelencia.

(Las dos primeras imágenes (propaganda antirrusa) son fotos de pntphoto. La tercera (propaganda antigeorgiana) es una foto de Publik18, todas bajo licencia de Creative Commons).

domingo, 2 de marzo de 2008

La democracia putinesca.

Las elecciones presidenciales de hoy en Rusia no tienen incertidumbre. Si acaso, el porcentaje de abstenciones. Por lo demás, todo el mundo sabe que saldrá Dmitri Medvédev, el protegé del señor Vladimir Putin. La Constitución excluye un tercer mandato del Presidente, razón por la cual el antiguo jefe de la GPU quiere que lo sustituya en la presidencia su hombre de confianza para que éste lo nombre luego presidente del Gobierno. De que esta magistratura tenga los poderes que el señor Putin quiere se encargará el propio señor Putin mediante reforma de la Constitución.

Después de setenta y cinco años de comunismo y de hombre nuevo de la sociedad soviética, Rusia ha aparecido en el siglo XXI como un país regido por una red de olgarquías más o menos locales y con una administración típicamente mafiosa, con las prácticas de este tipo de redes, basadas en el supuesto (y la realidad) de la corruptibilidad esencial del ser humano. En Moscú hay tanta huella del "hombre nuevo" como en Madrid o Nueva York, pero mucha mayor densidad de criminales por metro cuadrado. Setenta y cinco años de comunismo han dado como resultado una de las sociedades modernas más inhumanas, duras e insolidarias que hay sobre el planeta.

En los ocho años de mandato de Putin, en que se han hecho fortunas fabulosas con los procedimientos ad usum, han muerto asesinados doscientos periodistas, uno de los últimos la periodista Anna Politkóvskaya, dicen las malas lenguas que por indicación directa del Kremlin. Será verdad o no. Hoy nada es seguro en Rusia, como casi siempre por lo demás. El destino de los adversarios o antiguos aliados de Putin no puede ser más descorazonador: Boris Beresovski, que lo ayudó en Leningrado, está exiliado en Inglaterra huyendo de un proceso penal en Rusia por fraude a hacienda. Roman Abramovich, otro de primera hora, tuvo que vender sus empresas para evitar el proceso; el millonario Michail Chodorkovski, que pretendió luchar contra la corrupción, cumple en Siberia nueve años de condena por evasión de impuestos. Y ese es el poder que, al menos, emplea el aparato judicial para cometer sus fechorías. Las mafias de la sociedad civil lo hacen mediante la saneada industria del crimen organizado.

Al lado de Medveded, los otros candidatos, Ziuganov, Shirinovski o Bogdanov, son meras comparsas sin esperanza alguna. Medveded saldrá por una mayoría aplastante cercana al setenta por cien, como su maestro, sin un solo debate en la tele y sin necesidad de hacer campaña. Ya se encargan de eso los medios audivisuales de titularidad pública. Y hasta cierto punto es explicable: Rusia lleva ocho años de creciente prosperidad a causa del aumento del precio del petroleo, con crecimientos del siete por cien y niveles de consumo como los rusos no había visto jamás. El paro desciende y la población vive aceptablemente, muchas veces con estrecheces por la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, pero dentro de lo admisible. Putin respalda públicamente a Medveded y su índice de popularidad oscila entre el setenta y el ochenta por cien. Lo previsible es que eso se transforme en votos.

El nuevo mandatario tendrá que lidiar con condiciones peores, pues se nota el impacto de la desaceleración mundial, con una inflación del doce por ciento y una deuda pública creciente. La cuestión es si podrá aplicar su política (incluso si la tiene) frente a la del señor Vladimir Putin e incluso si esto tiene el menor interés en una "democracia" en la que el poder organizado como una mafia atiende a las necesidades de las mafias que apoyan al poder, la gente sabe a quién conviene votar si quiere que sus asuntos prosperen, y lo demás no cuenta.

(La imagen es una foto de Mental Art bajo una licencia de Creative Commons).