martes, 8 de agosto de 2017

Hombres de Estado

Como en el Rinoceronte, de Ionesco, Cataluña se ha apoderado de la obra teatral. Los personajes se han puesto enfáticos. Tras despachar con el Rey, Rajoy, expresando sin duda el ánimo real, ha dicho que el consenso sobre Cataluña es una "prioridad inexcusable". Lenguaje contundente, digno de considerar en quien hasta hace poco, negaba que en Cataluña pasara algo más que una "algarabía". Por fin parece que los gobernantes españoles reconocen la realidad y la llaman por su nombre. Quieren estar a la altura de una crisis constitucional de envegadura, de un problema de Estado. Quieren ser estadistas.

El hecho de que, como primera medida para afrontar esa "prioridad inexcusable", se proponga no hacer nada forma parte de la idiosincrasia del personaje, el del "sentido común" y la "previsibilidad". Pero no empece la voluntad de formar  un frente patrio contando con el PSOE, C's y "otras fuerzas políticas" para hacer frente al "reto secesionista", la "prioridad inexcusable" repentina por la que claman todos los actores en el escenario, todos convertidos en rinocerontes.

Ese apasionado drama de la esencia nacional, sin embargo, se escenifica frente a un público más bien apático e indiferente, cuyas máximas preocupaciones son el paro (70,6) y la corrupción (45,3). Sin duda, la independencia de Cataluña mueve pasiones en las redes (como entre los gobernantes), pero en las inquietudes de la gente se le concede un supermodesto 2,6. Y esos puntos deben de ser todos de Cataluña, donde la independencia tiene muy movilizada a la población. En España, no. Sí a los gobernantes y la clase política en general; no a la población. Esto tiene varias lecturas y no necesariamente coincidentes.

La coletilla de "otras fuerzas políticas" en la declaración veraniega de Rajoy carece de significado y sirve solo para ocultar que el gobierno no cuenta con Podemos en una acción conjunta frente a Cataluña. Justo eso plantea una grave escisión en el seno de la izquierda. El PSOE no puede validar la exclusión de Podemos. Propone una subcomisión ad hoc en el Congreso para estudiar la reforma de la Constitución (CE) en la que obviamente, estaría Podemos y, supongo, los indepes catalanes. No va a cambiarla por un contubernio extraparlamentario que excluya a esas "otras fuerzas políticas".

El dolce far niente con que Rajoy se apresta a enfrentarse a la "prioridad inexcusble" terminará el 2 de octubre, cuando él y los suyos, ya en "otra situación" (que vaya usted a saber cuál es), tomarán las medidas que haya que tomar. Esa es la propuesta, en el habitual tono de ordeno y mando que no parece aceptable para las izquierdas. Pero ellas decidirán. El 2 de octubre promete ser fecha notable pues el PDeCat ha anunciado ya su voluntad de votar a favor de una moción de censura a Rajoy para formar un gobierno cuya tarea fuera gestionar el resultado del referéndum. Todas las propuestas van al PSOE, partido de la oposición. Sería conveniente que estuviera a la altura de las circunstancias, con una visión acorde a nuestros tiempos; no a los de Franco.

La actitud del PP, claramente expuesta por su presidente y presidente del gobierno, a las puertas del palacio dee Marivent, es de negatividad y bloqueo. No quiere que se cambie nada. No quiere reforma de la Constitución (eso es algo que se reserva para él y el PSOE cuando a ambos les interese) y, en caso de admitirla, será tras previa especificación de los asuntos y aspectos que se quieran reformar. Es decir, se arroga una especie de veto en el Congreso que, además, se amplía en el Senado, segundo frente de la derecha para torpedear todo intento de reforma de la situación catalana. Se ampara para ello en una Constitución empleada como arma de partido al servicio de un tercio de la población española y de una décima parte de la catalana.

En España sigue sin haber estadistas.

lunes, 7 de agosto de 2017

Serpiente de verano

Está bien esto de dejar para la vuelta de las vacaciones lo que haya de ser. El gobierno, también de (más) holganza, ha dejado un retén en Madrid por si los catalanes se extralimitan en su habitual "algarabía". O sea, que el primer día de la rentrée será con el nuevo estallido de la algarabía, digo, de la Diada. En el ínterin los habituales recursos y contrarrecursos del gobierno y, en su caso, la Generalitat al Tribunal Constitucional, que también deberá quedarse de guardia.

Como si nada de esto fuera con ellos, los dos líderes de la izquierda se despiden entre abrazos augurando lo peor para Rajoy en una "breve" legislatura que lleva ya más de un año. A la vuelta del verano pudiera materializarse alguna de las amenazas que blande la izquierda; petición de dimisión, reprobación, moción de censura. Un punto de desconfianza aparece cuando se recuerda que Rajoy es ducho en gobernar bajo amenazas y  dificultades. Si ha sido capaz de superarse a sí mismo, será capaz de cualquier cosa.

En Podemos están animados pues creen que los números para una moción de censura dan. Aunque sea con la candidatura de Sánchez, no hay que ser personalistas. Los del PSOE no la tienen en prioridad, pero tampoco la descartan. Se hacen querer. La imagen es cautivadora: un gobierno de unión de la izquierda, dedicado a desmantelar todo lo que de malo ha hecho el PP; en realidad, todo.

La cuestión, sin embargo, es que los números no dan sin contar con los votos de los indepes catalanes. Siendo así, cualquier perspectiva de gobierno de unión de la izquierda se desvanece en el aire, como las ilusiones, mientras la posición del PSOE siga siendo negar el referéndum. Es curioso que la formación de gobierno en España dependa de los votos de quienes quieren marcharse de ella. Forma parte del alucinante tinglado que bulle sin parar con la cuestión independentista catalana. Justo la que no se quiere reconocer en todo su alcance.

Y ¿qué hay de malo en un referéndum pactado? ¿Se ha propuesto algo mejor? ¿O se están recogiendo los resultados de años de desidia, inutilidad, cuando no de provocación con Cataluña? Más bien lo último. Hasta un columnista de El País, Antonio Navalón, reconoce que España no ha sabido ni querido gestionar una crisis política de primer orden, o sea, que ha fracasado.

En ese fracaso bien podría presentarse la izquierda con una propuesta novedosa en el contencioso catalán. Pero no la tiene. El PSOE porque lo suyo es el nacionalismo español de siempre y Podemos porque lo es el de nuevo cuño, con ribetes de populismo. No obstante, sugeriría a ambos una consulta a sus respectivas bases sobre un referéndum pactado en Cataluña. Quizá se llevaran una sorpresa.

Está claro, no obstante, que sin referéndum pactado no hay moción de censura; sin moción de censura no hay gobierno de la izquierda y la legislatura del hombre de los sobresueldos, agotará su mandato. Lo único que puede poner fin al ciclo de Rajoy será la votación del 1/10, que vendrá preanunciada por el 11/9

domingo, 6 de agosto de 2017

La tercera ola

Las reflexiones de Hannah Arendt sobre las dos esferas de la sociedad, la pública y la privada, ayudan mucho a entender este nuevo feminismo que se anuncia. Su lema inicial fue precisamente Lo privado es público. La separación entre las dos esferas contribuye a mantener una situación de dominio patriarcal, androcéntrico. A invisibilizar causa y efecto de la subalternidad de las mujeres sumergiéndola en el magma del hogar, de la familia, del ámbito de lo privado, oculto a lo público. La esfera pública, en donde se da la actividad política de los hombres, resplandece porque no le afectan las sombras de lo privado, de lo que procede.

La ruptura de la tercera ola de abrir lo privado al escrutinio de lo público y adoptar para aquel los instrumentos de análisis de este, como salarios, jornada, ya ha dado algún disgusto a la parroquia patriarcal, al revisar aspectos esenciales de la esfera privada y proponer soluciones audaces. No se trata solamente de que se plantee el régimen laboral del trabajo del hogar, ni de que se mejore la conciliación familiar-laboral, se trata también de valorar y retribuir el trabajo doméstico del cónyuge que sea el ama de casa, una perspectiva que promete cambios muy profundos en las relaciones sociales. 

La perpetuación de los roles en la esfera pública nace en la privada en todas sus infinitas variedades y ambigüedades. Por eso hay tanta resistencia al debate sobre la esfera privada y se niega la conveniencia de abrirla a la pública. Unos por pensar que el mundo existente es el mejor de los posibles y no querer cambio alguno; otros por creer que la inclusión de lo privado, oscuro, muchas veces turbio, empaña la gloria racional de lo público y dificulta la opción emancipadora al mezclarla con factores irracionales. 

Por eso es fundamental la ruptura de la tercera ola: lo privado es público (la violencia machista, por ejemplo, es privada pero de impacto público indudable) y lo público, privado. No es que se trate de que deba ser así; es que es así y así se reconoce cínicamente cuando se acuña la expresión. base del orden social liberal de "vicios privados y virtudes públicas".

Muchas veces se critica el sesgo machista en el tratamiento mediático de las mujeres con cargo público y la tendencia a frivolizarlo, hablando del atuendo de la personalidad o su vida familiar. Muy probablemente esta tendencia al cotilleo sea irreprimible. Lo que irrita aquí es que de ella queden libres los varones. Inclúyaselos. Coméntense sus asuntos personales o su atuendo, como se hace con las mujeres. 

Aquí se apunta al elemento decisivo. La fusión de lo público y lo privado no debe ser solamente una reivindicación de las mujeres sino también de los hombres. Pue si en esa oscura esfera privada, que arranca en el instante del nacimiento, se labra la desgracia de ellas es porque se impone el dominio de ellos.

Esta fusión del nuevo feminismo puede ser la que permita vislumbrar soluciones a cuestiones controvertidas de muchas aristas como la prostitución o la trata. Sin duda van arbitrándose normas legales para comportamientos antes amparados en el sagrado territorio de la privacidad. Pero nunca serán suficientes mientras los hombres no hagan suya también la idea de que lo privado es público. Es decir, que los vicios privados dejen de ser virtudes públicas.

Y actúen en consecuencia. Lo cual es complicado porque supone renunciar a un poder que han heredado, producto de siglos, de milenios de injusticia.

sábado, 5 de agosto de 2017

Emprendiendo el vuelo hacia arriba o hacia abajo

Los augurios demoscópicos sonríen al vencedor de las primarias que sigue arrasando. El País frena el optimismo recordando que, según el CIS, ningún partido consigue mayoría absoluta, ni siquiera relativa con distancia. Pero lo que no puede ignorarse es que, según el mismo barómetro, el PSOE tiene la más alta intención directa de voto: 19,1%, frente al 17,1% del PP, el 9,3% de Podemos y el 9,2 de C's que, luego de la cocina se convierten en un 28,8% de estimación del voto al PP, 24,9% al PSOE, 20,3% a Podemos y 14,5% a C's. Y, aunque se sitúe en segunda posición, le da de largo para ejercer la hegemonía de la izquierda. Conviene añadir, que las valoraciones populares apuntan en el mismo sentido: Sánchez ostenta la más alta, 3,73, por delante de Rivera por primera vez (3,58) y, desde luego, de Iglesias (2,95) quien lucha a brazo partido con Rajoy(2,79) por la honra de ser el peor valorado.

Con perspectivas tan risueñas sería conveniente en interés del partido que la fronda andaluza remitiese. Al sur de Despeñaperros (que algunos graciosos empezaron a llamar "Despeñapedros" y luego se les heló la risa) los socialistas debieran mitigar o erradicar ese caudillismo con populismo que solo puede hacer daño al PSOE en su conjunto sin aportar nada a nadie. Ni a los andaluces. Y debe hacerse así porque si el PSOE de la nueva SG no tiene todas las cosas claras, el de Andalucía no tiene ni cosas. Frente a una propuesta de renovación de indudable tirón electoral (aunque están por ver sus límites), el socialismo andaluz no tiene otra que proponer el estatu quo, el inmovilismo (como el PP) y soslayar de forma vergonzante hasta el tímido balbuceo de la "plurinacionalidad" del último Congreso.

Porque ahí es donde está el meollo de la cuestión, como todos sabemos. En la plurinacionalidad real de España. La marcha electoral ascendente de Sánchez es lo que hubiera previsto quien conociera las circunstancias del PSOE cuando el golpe de mano “chusquero” (según Borrell) y muy berlanguiano. Una reacción de la llamada “familia” socialista y sus votantes que se consolidará con el tiempo hasta hacer aparecer a Sánchez como la sola alternativa a un Rajoy literalmente hundido en la corrupción.

En ese horizonte radiante solo hay una nube, un nubarrón. El que trae la tormenta del independentismo con los rayos de las urnas y los truenos del Donec perficiam! En este momento del drama, cualquier propuesta que excluya el referéndum no se tomará en consideración porque se ha llegado a esa situación absurda pero inevitable de que los costes del acuerdo son superiores a los de la derrota. En esa situación, ¿no será lo más sensato pactar un referéndum con posibilidad de influir en la formulación de la pregunta? Lo más sensato desde el punto de vista del Estado, no del independentismo, desde luego.

Obviamente, un pronunciamiento de este tipo habría de ser refrendado por la militancia. Pero antes convendría que la dirigencia llegara a un pacto con el independentismo en estos términos, el que presentaría a debate de la militancia. Es arriesgado, desde luego, y una actitud así tendría respuesta en el siguiente barómetro. Pero queda por averiguar en qué sentido, si hacia arriba o hacia abajo.

El verdadero problema es que no hay tiempo, sobre todo si se tiene en cuenta que el PSOE es partido de oposición y le faltan meses, si no años, para llegar al gobierno. Porque el actual ha dejado bien claro que no piensa mover un dedo por el entendimiento y que lo fía todo a la aplicación de la ley. Eso, sí, proporcionalmente.

Si el PSOE quiere ser constructivo, debe pasar de la nación cultural a la política y entender la plurinacionalidad como un acuerdo entre las naciones, para lo cual él no puede aparecer como el abanderado de una de ellas. La solución al problema no vendrá de la imposición de una propuesta unilateral, sino del libre acuerdo bilateral de ambas partes. Pero, es de insistir, ya no hay tiempo.

Una real propuesta

Pues señor, estábame el otro día pensando de qué manera podría hacer alguna aportación constructiva y original al actual galimatías patrio y no daba con ninguna. Hasta que me acordé del Rey que, parece, anda a sus asuntos. La Constitución encomienda al Monarca una función de arbitraje y moderación de las instituciones y, pardiez, como están las cosas, no parece descabellado pedir que la ejerza. A ver qué se le ocurre. De hecho, me extraña no leer artículos sesudos sobre la institución de la Corona y la figura del Rey en un momento de aguda crisis constitucional. No deben estar claras las cosas cuando legistas, escribas y otros palmeros no hagan acto de grave presencia.

Directos al grano. Quienes aseguran firmemente respetar y querer a los catalanes, considerarlos nación y miembros voluntarios a la vez de la supernación española, estarán dispuestos a hacerles justicia. Para ello, ¿qué tal si Felipe VI se presenta en la próxima Diada en la ofrenda floral a Rafael Casanova, reconoce la nación catalana y anula los Decretos de Nueva Planta?

Resulta estrambótico, ¿verdad? Pero a los políticos, dirigentes y estadistas no se los puede medir por las pautas y usos de los probos y diligentes funcionarios del mero sentido común y la rutina (aunque casi todos ellos se limiten a eso) sino por decisiones audaces, de gran alcance, por actos simbólicos que cambian la forma de vida de la gente y dejan huella. Felipe VI arrastra un problema originario de legitimidad. A falta de someter su trono a referéndum, que sería lo más acorde con el espíritu de los tiempos, cuando menos podría tener el gesto de reparar una injusticia histórica con los catalanes (y, por supuesto, països catalans) y devolverles sus libertades, prometiendo, además un Estado compuesto con una monarquía bicéfala, como los Austrias. Si le sale, le sale.

De inmediato se recordará al Rey que entre sus inexistentes atribuciones tampoco está la de dejar sin efecto la Constitución española en una ofrenda floral. Y mira que no es mala idea por tratarse de una Constitución que nunca ha sido tal, sino un instrumento primero de dos partidos y, luego, solo de uno.

Para no frustrar la regia y humana voluntad de pedir perdón por la injusticia de hace 300 años (nacimiento verdadero de la “nación española” a sangre y fuego), el Parlamento, en debate plenario, quizá a petición de los indepes catalanes, podría autorizar al Rey a ese acto de reparación histórica. 

Con esto no se quiere decir que los republicanos fuéramos menos republicanos ni los independentistas menos independentistas, pero sí que ofreceríamos al adversario juego limpio en un referéndum sobre la República en toda España y en Cataluña, además, sobre la independencia. La idea es estupenda y solo me protege de las críticas por dar ideas al adversario el hecho de que este es tan cerrado de mollera que algo así no se le pasa por su colectiva y huera cabeza.

La imagen es una foto de la Cancillería del Ecuador bajo licencia CC

viernes, 4 de agosto de 2017

Franco vive

A quienes escribimos sobre asuntos políticos y nos referimos a la importancia del franquismo en la España actual suele recordársenos desde el bloque conservador que “Franco murió hace 42 años” y que somos unos “carracas”, que estamos “gagás”, con las “batallas del abuelo”. Cuando no buitres que tratan de reabrir viejas heridas. Por cierto esta lamentable chochez no afecta solo a los nietos de los asesinados en las cunetas, todos de izquierdas, sino a sectores muy lozanos y muy de derechas. Acaba de sustanciarse una querella en la que ha sido condenado Hermann Tertsch por injuriar al abuelo de Pablo Iglesias. De abuelos van aquí muchas cosas. Pregunten, si no, por el abuelo de Aznar.

Y es que el franquismo de la sociedad española viene amparado, acompañado, protegido por una permanente presencia del dictador hoy día en una serie de manifestaciones, los callejeros, los toponímicos, los monumentos de todo tipo, empezando por el Valle de los Caidos, los honores, medallas y títulos, las misas de recuerdo de diversas hermandades franquistas, la existencia de la Fundación Nacional Francisco Franco, subvencionada por el Estado, el mismo que paga por el mantenimiento de la basílica del Valle de los Caídos en donde está enterrado el dictador para la eternidad y la gloria. Y a donde iba a rezar e inspirarse el anterior ministro del Interior, al que llamaban "ministro de lo Anterior".

Al poco de la muerte de Franco, un escritor muy popular entonces, Vizcaíno Casas, cuyos libros se vendían por cientos de miles, escribió uno titulado Y al tercer año resucitó. Resonancias católicas. Las resurrecciones son tercianas. En realidad no resucitó porque no murió. Continuó presente entre los vivos y los muertos (muchos) como se prueba entre otras cosas por ese libro. Y así hasta el día de hoy.

Hace unas fechas se han trasladado dos cuerpos de dos golpistas, los generales Sanjurjo y Queipo de Llano a dos sepulturas con honores militares y eclesiásticos. Esto sucede en tiempos de un gobierno que encuentra dinero para repatriar los cuerpos de los caídos en la infausta División Azul pero no para desenterrar a los asesinados por la dictadura en la más dantesca noche de terror prolongado que han visto los tiempos. Es decir, un gobierno que sigue siendo parcial en la fractura de la guerra civil a favor de los fascistas. Como hubiera hecho Franco. Ni más ni menos.

Así que Franco estará vivo mientras sus muertos sigan en la cunetas.

Lo demás, excrecencias de una solución cobarde al problema que afectó a todos de enfrentarse a las consecuencias de una dictadura criminal de 40 años.

¿Más pruebas de que Franco está vivo y habita entre nosotros? La Xunta de Galicia ha otorgado a la Fundación Nacional Francisco Franco la gestión del Pazo de Meirás, el famoso pazo de la Pardo Bazán que el pueblo de Galicia “compró por suscripción popular” mediante colectas a punta de pistola para regalárselo ¡en 1938! al invicto caudillo, Franco, ese que sigue presente. Por eso su familia heredera pretende reservarse el Pazo prácticamente en régimen de reclusión.

Y tan presente; el gobierno gallego del PP ha hecho caso omiso de la anunciada intención de la FNFF de dedicarse a ensalzar y enaltecer la figura y obra del dictador. Esa finalidad no parecerá extraña en un gobierno y un partido en el que con harta frecuencia se levanta el brazo, se muestran símbolos franquistas o se habla de las cunetas en términos inadmisibles. Un gobierno y un partido fundado por un ministro del dictador y que aún no ha condenado expresamente su dictadura. Y en donde unos falangistas despiden brazo en alto y cantando el Cara al Sol a uno de los suyos, suegro de Ruiz-Gallardón y último ministro vivo de Franco, el ausente/presente. Un Cara al Sol que a algún preclaro publicista le parece un canto de alegría y esperanza. Vamos, no solo presente, sino futuro. Hiela la sangre.

El gobierno es franquista; vergonzante, pero franquista. No constan al presidente Rajoy los cien mil asesinados en fosas comunes en las cunetas y, por lo tanto, ni un euro a la Ley de la memoria Histórica. Los militares, los mandos, son franquistas y muy buena parte de los funcionarios, incluidos los armados, gran copia de jueces y fiscales y, desde luego, el clero que tampoco ha pedido perdón por la barbarie que ayudó a crear y respaldó luego durante 40 años, se añaden los empresarios y financieros y sus portavoces, los medios de comunicación.

Claro que Franco vive. Y hasta Carrero Blanco.

jueves, 3 de agosto de 2017

Sánchez in partibus

Lo ha avanzado Margarita Robles, persona de mucha autoridad en el PSOE, afirmando que Sánchez va a implicarse “a tope” en la cuestión del referéndum, visto que el gobierno se llama andana. El SG va a hacer muchos viajes a Cataluña para contactar con todo el mundo con una oferta de solución política que evite el “choque de trenes”. Siempre que oigo eso del “choque de trenes” me acuerdo de que el primero que circuló en la Península fue entre Barcelona y Mataró y el segundo, entre la Corte de Madrid y los reales lugares de esparcimiento de Aranjuez. Esos trenes solo pueden chocar.

En todo caso es muy acertada esa decisión. Sánchez consolida su liderazgo con la sola retranca vandeana de Andalucía y la sumisión de los barones. Y lo hace abordando el problema más grave que tiene el Estado español en lugar de hacerlo, como es costumbre en el lugar, hablando de cualquier otra futesa. La política española tiene un horizonte: Cataluña y el liderazgo se ejerce hablando de él en lugar de sumirse en el mutismo y esconderse detrás de las togas de los magistrados.

De señalar es también lo oportuno de una decisión que implica tomar contacto directo, real, verdadero con aquello sobre lo que se va a negociar, a debatir, en último término, a legislar. Es conveniente saber de qué se habla y no hacerlo de oídas.

En las “muchas visitas” de Sánchez a Cataluña es de esperar encuentre tiempo para hablar con los independentistas, con las gentes de la ANC, Ómnium, la AMI y los partidos del bloque mayoritario en el Parlamento catalán, que no se lleve solo la impresión de los suyos, que tampoco son tantos. La predisposición existe. Está por ver hasta qué punto de compromiso, hasta dónde puede llegar la empatía de Sánchez.

Me atrevería a hacerle una propuesta. Pues ha elegido el mes de septiembre para visitar el principado, pulsar opiniones y ganar adeptos, ¿por qué no asiste a la Diada el 11 de ese mes? Factible, desde luego, es y Sánchez estará más seguro entre dos o tres millones de catalanes que una periodista entre un centenar de falangistas enfurecidos por el rojo-separatismo.

Desde el punto de vista político sería una diana que haría de Sánchez un líder de un tiempo nuevo de verdad. ¿No dice que España es un Estado plurinacional? ¿Qué hay de malo en asistir al día más señalado de la nación catalana? Cosas de este tipo augurarían un liderazgo español y no castellano. Pero, para la oposición al referéndum, me temo, llega tarde.

Indudablemente, el referéndum ha sido la causa de esta aceptación de una negociación que lleve a una reforma de la Constitución. Parece bastante lógico que, habiendo sido la causa, sea también el efecto.

La inteligencia en la guerra política

Jorge Santiago Barnés, María Gabriela Ortega Jarrín y José Ángel Carpio García (Coords.) Consultoría política. 4ª edición. Amarante: Salamanca, 2017, 786 págs.
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Si no por sus otras importantísimas aportaciones al pensamiento, Foucault pasaría a la historia por haber dado la vuelta al famoso apotegma de Clausewitz y sostener que la política es la continuación de la guerra por otros medios. Alguien había de decirlo porque si la guerra, que es el origen de todas las cosas según Heráclito, tiene tan mala fama, la política, en cambio, la tiene muy buena, al menos entre los filósofos, desde Aristóteles hasta Sartre. Otra cosa es lo que piensa la gente, al menos la que responde a las encuestas sobre valoración de actividades y profesiones. La política, actividad práctica maniquea (ellos/nosotros, amigo/enemigo), tiene una visión teórica también maniquea (ocupación la más noble que hay o gatuperio de sinvergüenzas y ladrones) lo que, lejos de simplificar, cual se esperaría del dualismo, complica su comprensión hasta convertirla en una profesión, la de analista y consultor político.

Decir que la política es la continuación de la guerra por otros medios suena a sacrilegio civil, muy dentro del espíritu foucaultiano. ¿Qué medios? Evidentemente se excluirán los que más directamente definen las guerras: los medios cruentos. Sin embargo, ni eso puede sostenerse siempre. A veces se hace política con medios cruentos. En Venezuela, por ejemplo, y no es el único caso ni mucho menos. No obstante, en lo esencial, los medios de la política serán incruentos. Los proyectiles son palabras e imágenes, los dos elementos constitutivos de la comunicación. Porque la política es comunicación. Por eso, esta rama del conocimiento está teniendo un desarrollo espectacular: semiótica, semiología, teoría del discurso, de la comunicación, de la negociación, publicidad, propaganda, psicología, neurociencias, relaciones públicas, marketing, etc., un variadísimo conjunto de saberes y habilidades que confluyen en la comunicación política (el arte de convencer a los demás de que hagan o dejen de hacer lo que nos parece conveniente) y toma la forma profesional de la consultoría política.

La Universidad Camilo José Cela y el Centro Internacional de Gobierno y Marketing Político (CIGMAP) han editado la obra en comentario sobre Consultoría Política, un grueso volumen de 786 páginas, muy bien elaborado, con abundancia de información gráfica, imágenes, cuadros, tablas, cuadros sinópticos, estadísticas, todo actualizado. Presenta gran variedad en los textos. En cuestiones de contenido se da voz a todas las tendencias y opiniones significativas en este ámbito, expuestas por más de ciento cincuenta especialistas de renombre españoles y latinoamericanos, procedentes de la academia, del periodismo, de las empresas, de la consultoría propiamente dicha. Es decir, no solo refleja la pluralidad de contenidos, sino de los enfoques, más o menos teóricos, más o menos prácticos y aplicados. Esos textos se ajustan a unos patrones de clasificación de temas (y son muchos) por colores que facilita la consulta del manual. Además, cada tema se presenta en forma de mosaico, con diferentes tipos de textos, narrativos, entrevistas, recuadros. Es una obra académica para la enseñanza, tiene la aspiración de abarcar un campo amplísimo y en gran medida lo consigue gracias a una escrupulosa organización de las distintas facetas de esta profesión. No es de extrañar que vaya por la 4ª edición y haya ganado el premio "Napolitan Victory Awards 2017 al mejor libro del año.

Obviamente, la envergadura del manual imposibilita una crítica al uso del texto en su integridad. Todo él tiene una calidad elevada y está muy claramente expuesto, razón por la cual, este comentarista, que tiene una modesta contribución en el capítulo sobre Comunicación política on line y estrategias 2.0, se limitará a algunas observaciones sobre los capítulos que más le interesan.

La obra comienza con la habitual afirmación metodológica para dejar sentado que la consultoría política es una “ciencia fáctica”. Más adelante se aclara que es una “tecnología” de una “ciencia aplicada” que es la ciencia política, a su vez dimanante de una “ciencia básica” que es la teoría política. Estas cuestiones nominales no tienen gran interés. Lo fundamental es que quiere ser una ciencia empírica, como todas las ciencias, claro. Su carácter de ciencia no se lo da el objeto, sino el método. El método científico que, en este caso, consiste en elaborar una teoría racional sobre cuestiones en que hay conflictos de valores; es decir, hablar de los valores por encima de los valores. De ahí que, de acuerdo con el manual, la consultoría política se mueva con los valores. En este campo no sé si se ha avanzado mucho desde que Habermas explicara en su teoría de la acción comunicativa que hay dos formas radicalmente distintas de comunicación, las que llama “comunicación emancipadora” y “comunicación estratégica”. Nada que añadir. Cada consultor político se enfrenta a ese dilema y solo él, desde su individualidad tomará una decisión. Que sea o no científica dependerá del fastidioso asunto de los valores.

La parte segunda del manual versa sobre el sujeto del objeto, el político y el candidato, analizándose con detalle los aspectos personales del sujeto/objeto, su imagen, su oratoria, su comunicación no verbal; cuestiones decisivas en una actividad en foro público multiplicada por los medios de todo tipo a una velocidad que supera el ritmo de acciones y reacciones, declaraciones y contradeclaraciones de los intervinientes. Es, además una actividad ucrónica, dado que los mismos medios contrastan en tiempo real las afirmaciones de hoy con las de hace veinte años. Especial atención se dedica al liderazgo, elemento esencial de este quehacer que entronca la contemporaneidad con los más egregios y antiguos ejemplos: Alejandro Magno, Aníbal, Julio César, Carlomagno, Napoleón, Hitler, Mussolini y hasta Franco, si bien reducido a la menguada figura de caudillo; unos con buena y otros con mala. ¡Ah! Se dirá, pero no se trataba de liderazgos civiles, democráticos. También los ha habido: Lincoln, Churchill, Roosevelt, De Gaulle, Reagan, Thatcher, por no mencionar más que los más conocidos. Curiosamente todos ellos ejercieron su liderazgo civil en tiempos de guerra o con ánimo belicoso, como demostró Reagan en Libia y Thatcher en Las Malvinas.

Las partes cuarta y quinta versan sobre las campañas electorales, planificación y ejecución. Un verdadero vademécum para estos periodos de turbulencias comunicativas y mediáticas que son las campañas electorales, un tiempo en el que el reñidero político se celebra coram populo, como combates de boxeo, debates en la televisión, lemas, trucos de las campaña, movilización, uso de las siempre amañables encuestas, etc. Cómo serán las campañas electorales (momentos en que el cliente del consultor está dispuesto a aceptar los presupuestos que se le presenten) que se dedica un capítulo entero a analizar las campañas negativas. O sea, el ataque al enemigo o adversario y los medios para ello, algo en lo que a veces se bordea el código penal, si no se incurre en él. Puede ser una ocurrencia de spin doctors, pero, en todo caso, trae al ánimo la idea de la guerra. De hecho, entre los libros que acertadamente recomienda se cuenta el antiquísimo Arte de la guerra, del venerable Tzun-zu hace más de dos mil quinientos años. Podría recomendarse otro Arte de la guerra, el del florentino Maquiavelo para comprobar que las recomendaciones del sabio chino siguen en pie, empezando por la más certera de todas: las mejores guerras son las que se ganan sin combatir, aprovechando las debilidades del enemigo.

La parte sexta del manual apunta al corazón de la comunicación política y las tareas del consultor al tratar del político en los medios de comunicación, los reyes del cotarro con su carácter omnipresente. Hasta hace poco, la hegemonía de los audiovisuales clásicos, radio y televisión, sin olvidar el cine, generaba auténticas oleadas de saberes prácticos acerca de cómo manejar la imagen del político, su voz, sus puntos fuertes y débiles, atuendos, contextos, etc. Internet ha reventado aquella hegemonía, ha universalizado la comunicación, la ha hecho viral y, sin destronar el imperio de la televisión, la ha obligado a adaptarse a las redes en el actual conglomerado mediático en el que los asesores, además de cuidar el color de la corbata del candidato tienen que recomendarle que no tuitee tonterías o no haga gracias en FB. El mundo virtual es el real, tanto que un post en FB ha costado el cargo al cónsul general de España en Washington .

Hay un capítulo dedicado a los debates electorales en la televisión, algo sobre lo que se han escrito bibliotecas enteras desde aquel primero entre Kennedy y Nixon que, cuando se ve hoy, casi parece una reposición de los Comedy Capers, hasta los de ahora mismo que habitualmente concitan amplias audiencias. Pero el debate político hoy está en las redes y en la interacción entre estas y los ámbitos institucionales. En un tiempo en que los diputados tuitean sus impresiones sobre un debate parlamentario y reciben el correspondiente feed-back es absurdo encasillarlo en los cauces parlamentarios. No es inocente que una de las actividades más solicitadas por los políticos sea el manejo de su reputación en las redes, un territorio que obliga a los consultores a ser verdaderos hackers.

En resumen, un manual muy completo, lleno de información, datos, ideas, sugerencias, casos prácticos, etc., en el que serás fácil encontrar la ayuda que se busque, el recurso, la referencia, la información. El uso que después se haga de ella entrará en la decisión sobre si el método que se adopte apunta a una comunicación emancipadora o estratégica. Y esa es una decisión de cada cual.

miércoles, 2 de agosto de 2017

El gendarme togado

Aquí no va a irse nadie de vacaciones; nadie excepto el presidente de la “gran nación”, que estará imitando a Forrest Gump o jugando al dominó en algún municipio de Pontevedra y el monarca, quien ya ha regalado una sesión de bonitas fotos a las revistas del corazón desde el palacio de Marivent. Normalidad dinástica. Donde veraneaba el padre, veranea el hijo. Normalidad.

Pero de normalidad, nada. Las hostilidades en la causa catalana se aceleran. Ha faltado tiempo al gobierno para recurrir la reforma del reglamento del Parlament ante el Tribunal Constitucional (TC) y este ha volado literalmente admitiendo a trámite el recurso por unanimidad en cosa de minutos. Con la admisión se suspende la reforma y, además, se apercibe con ceñudo gesto a diversos cargos de la Cámara de las responsabilidades en que pueden incurrir si hacen gesto de desobedecer.

El recurso tiene un fundamento jurídico que trae hilo de un dictamen del Consell de Garanties Estatutaries y se centra en la situación de desigualdad en que quedan los grupos de la oposición y la negación del derecho de participación. El punto más débil de esta argumentación es que la reforma del reglamento recurrida reproduce a veces literalmente los textos vigentes sobre lectura única en otras Comunidades Autónomas. Incluso en los reglamentos del Congreso y el Senado. Con el añadido de que, entre otras ocasiones, el Parlamento español ha procedido en lectura única en el caso de la reforma del art. 135 CE y la reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional de 2015 que convierte en este en ejecutor de sus propias sentencias, monstruo contra natura jurídica que es el juez y parte al mismo tiempo. Una figura que, como la Medusa, aterroriza el solo mirarla.

Quien quiera acceder a una exposición de todos los textos autonómicos en la materia de lectura única puede ir al tuit de Roberto Fernández Santos, que se ha tomado el trabajo de recopilarlos. Y, en efecto, hay una coincidencia casi total. Alguna comunidad pide unanimidad de la Junta de Portavoces (caso de Andalucía), pero en la inmensa mayoría, la lectura única que quiere introducir el Parlament está en vigor por doquier. Difícil va a tenerlo el TC si quiere anular la reforma por razones jurídicas, salvo que se proceda a anular la lectura única en todos los reglamentos, incluido el del Congreso.

El fundamento jurídico será objeto de prolongados debates porque todas las normas son interpretables. Y esa es su finalidad: que se prolongue la decisión y, por tanto, la suspensión, más de dos meses, a los efectos de abortar la consulta del 1/10. Es decir, la finalidad verdadera no es jurídica, sino política y se basa en la convicción del gobierno de que la reforma reglamentaria catalana servirá para aprobar la legislación de desconexión.
Como ha señalado todo el mundo, el recurso, en realidad, es preventivo. No se recurre la norma por sí misma sino por la intención que lleva. Pero como esto no se puede decir, se busca el fundamento en derecho. Este, seguramente, no resistirá el escrutinio jurídico del TC, quien creerá salvar su muy mermado prestigio rechazando el recurso… dentro de cinco meses. Para entonces ese mismo TC, al admitir, ya habrá cumplido su función política de gendarme del gobierno de impedir el reférendum. Y, con ello, asumirá el protagonismo en la actividad represiva por razones políticas a medida que las cosas se compliquen, creando una situación insólita: un TC invadiendo por iniciativa propia la jurisdicción penal.

Porque, ¿qué reacción a la suspensión cabe esperar de la cámara catalana, incluidas algunas de las personas ceñudamente apercibidas? Si no de todas, sí, quizá de la presidenta Forcadell, ya imputada en otros procedimientos. ¿Qué sucede si el Parlament decide por mayoría absoluta no acatar la suspensión? Es evidente que la recurrirá y también que el TC inadmitirá el recurso o se negará a levantar la suspensión. A partir de aquí, vienen las conjeturas.

La mayoría independentista absoluta apunta en dirección al no acatamiento. En esto seguirá habiendo unidad de acción entre JxS y la CUP. El posible enfrentamiento, siempre latente, a cuenta de las campañas de la CUP es irrelevante. Esta organización es autónoma por esencia y tiene derecho a desarrollar sus actividades como mejor crea conveniente. La unidad en la lucha contra el Estado no tiene por qué llevarse a todos los órdenes de la vida en los que cada cual mira por sí. Esas campañas contra el turismo (cuestiones de orden público aparte) son manifestaciones de dinámicas sociales muy generalizadas y en sociedades avanzadas.
De no acatarse la suspensión, el enfrentamiento previsto como plazo último el 1/10 se habrá adelantado. El desacato producirá inhabilitaciones. Las inhabilitaciones no serán admitidas y el Estado tendrá que escalar las medidas represivas. Contando con que Puigdemont ya ha dicho públicamente que está dispuesto a ir la cárcel a cuenta del referéndum.

En alguna de esas tertulias televisadas en las que vociferan energúmenos, en distintas ocasiones se ha dicho que los independentistas iban buscando algún muerto o que se merecían un fusilamiento, no estoy muy seguro y los energúmenos tampoco. Pero sí parece claro que el gobierno rige sus actuaciones por lo que oye en las tertulias. No quiere muertos; pero quiere presos.

Justificar la imagen de un presidente de un gobierno regional preso por razones políticas por el Estado central es cosa harto difícil. Justificar un estado de excepción de hecho, si no de derecho, en Cataluña ante la UE y la comunidad internacional requiere dotes sobrenaturales.

La capacidad del Estado español de imponer su punto de vista en los foros internacionales es prácticamente inexistente. Incluso en asuntos referidos a lo que considera “problemas internos”

martes, 1 de agosto de 2017

La marcha hacia el fascismo

Hace unos días, el ministro del Interior, heredero del insólito Fernández Díaz, acusaba a los nacionalistas de utilizar las instituciones con fines partidistas. Teniendo en cuenta que este ministro es militante del PP y juez al mismo tiempo, que fue alcalde de Sevilla, también del PP, su queja solo puede entenderse como una típica proyección neurótica porque emplear las instituciones públicas con fines partidista es justamente lo que hace él y, en escala mucho mayor su partido.

¡Y qué partido! Él mismo está imputado en dos procesos penales; en sus filas cuenta con unos 900 militantes y cargos públicos asimismo imputados penalmente y sostiene un gobierno del que han dimitido ya dos ministros (Mato y Soria) por corrupción declarada y tiene otros dos reprobados por sus prácticas antidemocráticas. Además, su presidente, presunto cobrador de cuantiosos sobresueldos procedentes de la caja B, acaba de declarar como testigo en uno de los procesos por corrupción de la Gürtel y, aunque su declaración se ha atenido al modelo de la infanta Cristina (no sé nada, no me acuerdo, no me consta, eso lo llevaba mi marido), es posible que haya cometido perjurio por cuanto negó en sede judicial tener conocimiento alguno de los aspectos económicos de su gestión como director de campaña electoral del PP siendo así que hay pruebas fehacientes de que conocía perfectamente estos aspectos y hasta los explicaba en ruedas de prensa.

Este partido, presunta asociación de malhechores, con el presidente de los sobresueldos ha destruido el escaso Estado de derecho que había en España. Para la comisión de sus fechorías, para ocultarla y, para causar perjuicio a sus adversarios ideológicos se ha servido de todas las instituciones del Estado, las ha instrumentalizado y las ha pervertido hasta el extremo de que ninguna de ellas tiene autoridad alguna como no sea imponiéndola a palos.

La instrumentalización más escandalosa es la del Tribunal Constitucional, presidido durante años por un exmilitante del PP que ocultó está condición ante la comisión del Senado que había de nombrarlo. En cualquier lugar este escamoteo sería motivo de cese fulminante. Aquí, ni se menciona. Este presidente y una mayoría de componentes de este órgano político que se hace pasar por tribunal ha venido actuando al servicio del gobierno del PP. No contento con esto, el gobierno de la derecha, con su mayoría parlamentaria absoluta en la legislatura anterior, impuso una reforma del reglamento del Tribunal que lo convierte en agente ejecutor de sus propias sentencias al servicio del gobierno. Los componentes de este pintoresco órgano, por mayoría (cuando menos, hubo tres votos en contra de carácter crítico) aceptaron convertirse en algo tan contrario al espíritu mismo del derecho y la justicia como juez y parte. Incluso más, dada su sumisión al poder político, en el fondo, lo que esta reforma consigue en convertir al gobierno en el dueño absoluto del Tribunal Constitucional. Cualquier parecido con un Estado de derecho es una quimera.

Y no solo el Tribunal Constitucional. El gobierno está utilizando el conjunto de la judicatura, literalmente repleta de jueces del PP y del Opus (que vienen a ser lo mismo) para sus fines partidistas, cuenta habida de que ya no es posible emplear el ejército, que es lo que verdaderamente quiere. Así, interfiere en los procedimientos, recusa jueces, impone otros de su cuerda ideológica y así resulta que, cuando el Tribunal Supremo anuncia que estudiará una prueba de la Gürtel que podría anular el conjunto del proceso, todo el mundo sabe que, de producirse tamaña barbaridad, se debería como siempre, a las presiones de los gobernantes.

De lo que estos están haciendo con todas las instancias administrativas y los medios de comunicación no merece la pena hablar. Todas y todos al servicio incondicional de un partido corrupto y cleptocrático que, en su desesperado intento de impedir por la fuerza un referéndum de autodeterminación en Cataluña de cuya convocatoria, paradójicamente, es uno de los principales responsables, ha llevado al país al punto de ruptura inevitable.

Si el gobierno es corrupto, los jueces partidistas, la administración prevaricadora y los medios lacayos del poder político, el resumen final e inevitable será el fascismo. El proceso de fascistización de que hablaba Poulantzas se agiliza notablemente en España, en donde nadie de la derecha ha condenado todavía (y mucho menos ha hecho algo en contra) el legado de un régimen franquista genocida y delincuente. Sus herederos al día de hoy en el gobierno practican la misma política arbitraria, represiva, tiránica que su modelo y por eso no lo condenan, porque carecen de la talla moral necesaria para repudiar aquel régimen asesino y sus consecuencias al día de hoy.

¿Y la izquierda? A la vista está que está tratando de escurrir el bulto, ignorar el avance del fascismo en la vergonzosa esperanza de que, cuando este cometa más fechorías de las que ya está cometiendo no caiga sobre ella parte de la represión. Es una izquierda cobarde y sumisa, incapaz de hacer frente al avance del fascismo porque, al tratarse del modo de afrontar la reivindicación independentista catalana, en el fondo, coincide con la derecha. Proferirá unos gemidos cuando la represión alcance niveles intolerables para pasar luego a esos politiqueos de alianzas y desalianzas de parlamentos y gobiernos, como si el problema más grave que tiene España hoy, tanto en lo político como en lo económico y lo moral, no fuera Cataluña.

Para su vergüenza, los acontecimientos están poniendo en evidencia la miseria moral e intelectual de estas izquierdas que de tales no tienen nada. Puigdemont ya ha anunciado que no aceptará decisión alguna de cualesquiera autoridades españolas inhabilitándolo y ha puesto el problema en sus dimensiones reales: la legitimidad democrática frente a la arbitrariedad disfrazada delegalidad.

Y la izquierda callada o, lo que es peor, dando la razón a los represores neofranquistas por puro miedo.

De la legitimidad democrática, pasamos al principio de desobediencia civil, base misma de la democracia frente a la tiranía de la mayoría y el mismo Puigdemont advierte de que está dispuesto a ir a la cárcel por defender el referéndum. Que no le quepa duda a la izquierda: con él irán muchos, catalanes y no catalanes, que defendemos el derecho de autodeterminación de Cataluña.

Para entonces, de la izquierda española no van a quedar ni las raspas.

Sobre la crisis constitucional española

Ernesto Garzón Valdés et al., Democracia y procesos constituyentes. Fundación MAPFRE: Madrid, 2017. 160 págs.

Esta obra colectiva, producto de unas jornadas que se celebran periódicamente en Las Palmas de Gran Canaria sobre el tema genérico de “ciudadanía y democracia en España y Latinoamérica” versa sobre un asunto de importancia en sí mismo y agrandada por el momento que vive el país, un momento de crisis constitucional. Cinco especialistas abordan diversos aspectos monográficos del trilema que vive España entre: a) dejar las cosas como están; b) reformar la Constitución; y c) abrir un proceso constituyente nuevo. Ninguno aboga claramente por la primera opción aunque, como en todo debate político, algún suspicaz, partidario de una de las otras dos, pueda atribuir tal intención soterrada a quien propugne la otra, algo habitual.

El primer trabajo, “La reforma de la Constitución, una asignatura pendiente”, de Javier Pérez Royo, catedrático de Derecho constitucional de la Universidad de Sevilla, señala la anomalía de que en España, a diferencia de otros países democráticos occidentales, no haya una tradición de reforma constitucional. Este mecanismo es el que permite conectar la legitimidad de origen con la de ejercicio y, por tanto garantiza la estabilidad de los sistemas políticos. Pero España constituye una excepción. Pérez Royo hace un repaso de las peripecias del constitucionalismo español de los siglos XIX y XX para concluir que la Constitución de 1978, que se debatió y aprobó con diversas anomalías (proceso constituyente de hecho, pero no de derecho; exclusión de la Monarquía del debate, etc.) se concibió de forma tradicional para no ser reformada, siendo así que esta es la única manera de ordenar jurídicamente la evolución político-constitucional. El trabajo es atinado y muestra una gran pericia del autor en su terreno pero, en la medida en que esta necesidad de reforma constitucional se postule como algo deseable para resolver la actual crisis constitucional española, la pregunta obvia es si no llega demasiado tarde. Discrepo, por lo demás, del autor en la idea de que no quepa considerar el Estatuto de Bayona como la primera Constitución española del siglo XIX y que este privilegio quede reservado a la de Cádiz de 1812. Es el punto de vista tradicional y al uso del constitucionalismo español de todas las orientaciones pero, desde uno estrictamente lógico y racional (no sentimental), no es sostenible. Verdad es que este Estatuto nace de la felonía de Carlos IV a favor de Napoleón y responde a una idea patrimonialista de la monarquía, incompatible con el principio liberal de la nación. Pero eso no quiere decir que el Estatuto sea nulo de pleno derecho porque ese espíritu liberal-nacional doceañista que así había de considerarlo es posterior a la felonía en sí que se produjo de acuerdo con la mentalidad y las leyes de la época. Guste o no a los españoles, más o menos patriotas, ese Estatuto es la primera Constitución española, cosa que no puede negarse sin incurrir en una petición de principio.

El trabajo de Ernesto Garzón Valdés, profesor emérito de la Universidad Nacional de Córdoba (la Argentina) “Dignidad, derechos humanos y democracia” aborda una cuestión esencial de la teoría democrática, la de la justificación de la democracia. El autor sostiene que esta no es “autojustificable” (p. 47) desde un criterio procedimental de mayoría/minoría, sino que necesita una justificación de contenido, material, que solo puede llegar de fuera y estar al amparo del mayor defecto del principio justificatorio de la regla de la mayoría y ha de ser necesariamente la primacía de la dignidad de la persona en cuanto titular de derechos fundamentales. Se trata de una propuesta de solución mediante el postulado de unas “muletas morales” (ibíd.) que contrarresten el peligro de la “tiranía de la mayoría”. Esta se expresa a través de la famosa “paradoja de Condorcet” que prueba cómo las decisiones mayoritarias pueden no ser justas ni racionales (que es, por cierto, el argumento de la teoría de la decisión racional al respecto) y, por lo tanto, necesitadas de algún mecanismo de protección de esos derechos, de la dignidad de la persona y, en consecuencia, paradójicamente, de la democracia misma. Tal cosa solo es practicable mediante el principio del imperio de la ley y los mecanismos arbitrados para poner coto a los excesos de las mayorías, las que llama “restricciones horizontales” (ya presentes en Aristóteles) y las verticales generalmente mediante las jurisdicciones constitucionales que obligan al reconocimiento de los derechos humanos (p. 62). Se trata del recurso de que se valen habitualmente las sociedades democráticas contemporáneas, interesantemente justificado con una referencia a la idea de Durkheim de que la fortaleza del Estado garantiza la libertad del ciudadano, algo que en realidad viene repitiéndose en la historia del pensamiento político desde Aristóteles a Rousseau, pasando por Hegel. Es un punto de vista civilizado y prudente, pero no garantiza siempre que alcance sus nobles fines con más seguridad o eficacia que la irrestricta regla de la mayoría, probablemente por la esperable razón de que aquella seguridad solo sea alcanzable mediante una mezcla de ambos principios. Si acaso, dado que, en el fondo, la democracia descansa exclusivamente sobre la cultura política democrática de la ciudadanía.

El trabajo de Jaime Pastor, profesor de Ciencia Política de la UNED, “procesos constituyentes en el marco de la crisis española y europea” aborda la cuestión constitucional de forma más directamente relacionada con la actual crisis constitucional española. No solamente no ha habido una reforma constitucional en un sentido democrático en España sino que la que se dio sorpresivamente en 2011 del artículo 135 (prevalencia del cumplimiento de los límites del déficit) y la sucesiva normativa europea al respecto, supuso la imposición de la Constitución económica europea sobre la española. A partir de entonces se ha dado un vaciamiento progresivo del Estado social y democrático de derecho, frente al cual el autor propone un nuevo proceso constituyente que retorne la capacidad de decisión a la ciudadanía atendiendo sobre todo a dos criterios esenciales: la forma confederal del Estado plurinacional y la substitución de la Monarquía por una República. No obstante, Pastor reconoce que la correlación de fuerzas a partir de las elecciones de 2016 no es favorable a estas finalidades, aunque el aumento de propuestas de reforma constitucional apunta en el sentido de la necesidad de un proceso constituyente que permita al Estado resolver la presente crisis constitucional. Podría tratarse de un caso práctico de la célebre antinomia marxista entre la cantidad y la calidad de no ser porque en España las antinomias tienden a convertirse en aporías.

El artículo de Marco Aparicio Wilhelmi, profesor de Derecho constitucional de la Universidad de Girona, sobre “Horizontes constituyentes. Propuestas desde el Sur global” aporta una visión extraeuropea aunque para problemas específicamente europeos, como la refoma de la ley orgánica del Tribunal Constitucional español de 2015, que ilustra bien su idea de que, a raíz de la globalización, está dándose un ataque general a las vías constitucionales nacionales garantistas en lo que de hecho es un proceso deconstituyente al servicio de los intereses del capital, lo que le permite hablar de un orden no post-estatal sino post-constitucional (p. 89). Un nombre algo más preciso para la idea de Agamben (ya presente en Walter Benjmin) del estado de excepción permanente en nuestros países en los que la excepción se ha hecho la regla (p. 92). La solución estaría en una “acumulación de lucidez” que, tomando el ejemplo boliviano, proceda a procesos constituyentes con fuerte presencia indígena.

El trabajo de Pablo Ródenas Utray, codirector de la cátedra cultural “Javir Muguerza” de la Universidad de la Laguna,sobre “El trilema nacional canario (o por qué la realidad nacional canaria debería formar parte de la reconstitución democrática del Estado plurinacional español)" es un alegato sobre el contenido del subtítulo, un curioso trabajo que el autor presenta como una entrevista que este hace a su heterónimo Pablo Ródenas Utray, quien tiene otros heterónimos, al modo de Pessoa. El trilema nacional canario se presenta como una versión de las tres opciones que enunciábamos al principio: a) relación positiva España-Canarias o autonomismo y estatu quo; b) relación negativa España-Canaria o respuesta independentista; y c) relación ambivalente España-Canarias o respuesta autodeterminista (pp. 117/118). En otro lugar afirma el autor que el trilema es aplicable a cualquier otra nación en España. Sin duda y muy principalmente a Cataluña. Diagnosticando un fracaso de la fórmula autonomista, Ródenas reconoce que, en el estado actual de la conciencia nacional canaria, falta un largo trecho para que esta llegue a aproximarse a los logros de las naciones de máximos autonomistas (País Vasco y Cataluña) y esté resignada a una suerte de “subordinación neocolonialista) (p. 158).

Una recopilación interesante de trabajos que permite ver la dificultad de abordar la complejidad de la actual crisis contitucional española con criterios doctrinarios y simplificadores.

lunes, 31 de julio de 2017

El congreso de la unidad a tortas

Vestida de bandera andaluza, la caudilla Díaz retorna a la actitud impositiva que llevó al golpe de mano del 1º de octubre en el PSOE. Vuelve a sus discursos emocionales, populistas, de agitadora andalusí con pretensiones universales, a tratar de imponer sus criterios, los que fueron derrotados en las primarias. Derrota que no aceptó en su momento, que siguió sin aceptar durante el Congreso del PSOE y que sigue sin aceptar hoy. Para ello ha maniobrado –eso es lo único que se le da bien- a fin de llenar el congreso de fieles a su persona en esta estructura de PRI que el PSOE ha montado en Andalucía y ella ha llevado a la siniestra situación de haber conseguido menos votos que avales en las primarias. Clara prueba de que la gente no la quiere pero no puede manifestarlo en público. La dirección de un partido que lleva 40 años en el poder ha creado una estructura clientelar, en sí misma corrupta, de lealtades y obediencias compradas. Y obviamente, no se percata de que perderá las próximas elecciones porque hasta el PRI mexicano las perdió en su día.

La señora bandera andaluza, cuyo sentido del ridículo es inexistente, afirma que los “socialistas nunca hemos sido nacionalistas”. Que han sido internacionalistas. Dos falsedades en una, aunque es probable que ella no lo sepa porque sus conocimientos son limitados. Los socialistas, todos los socialistas, han sido nacionalistas desde que un 14 de agosto de 1914 sus diputados alemanes votaran los créditos de guerra para empezar la primera matanza europea. Y desde entonces han seguido siendo nacionalistas. Nacionalistas antes que socialistas.

Cpmparte esa insistencia de que en el PSOE no son nacionalistas con todas las derechas españolas que tampoco son nacionalistas: los nacionalistas son siempre los otros, los vascos, los catalanes, los gallegos. Los españoles no son nacionalistas. Una mentira insultante. El art- 1º del Estatuto de Autonomía de Andalucía dice que esta está en la “nación española”. Por tanto, los socialistas andaluces son tan nacionalistas españoles como los melillenses o los salmantinos. Lo que no son es nacionalistas catalanes o vascos o gallegos; pero españoles, por supuesto. En eso se apoyan mutuamente el PP, el PRI/PSOE de Andalucía y, en el fondo, el PSOE.

Cuando la bandera parlante pide a Sánchez que no le haga elegir entre dos lealtades vuelve a mentir por partida doble: ni Sánchez puede obligarle a elegir nada ni ella tiene dos lealtades ya que, por lo que se ve, su convicción socialista depende del hecho de ser andaluza, nacionalista andaluza-española. O sea, tiene una sola lealtad esencial, ser andaluza/española y otra contingente, ser socialista y si dice que no le obliguen a elegir entre las dos es porque solo tiene una, la nacionalista propia de su populismo demagógico y básicamente anticatalán.

En esta situación, Sánchez ha invocado la unidad del PSOE y prometido pleno apoyo a la caudilla. Como lo haría Maquiavelo, si hubiese vivido esta situación. ¿Qué otra cosa puede decir para ocultar lo que es una guerra abierta entre las dos fracciones del PSOE, la andaluza y la española? No es exactamente una mentira sino una declaración diplomática. En realidad, el PSOE está dividido porque quien, tras apuñalar al SG en el golpe de mano, afirmó que pretendía coser el siete que su puñal había hecho, en realidad sigue dividiendo, enfrentando, malmetiendo. Su soberbia no le deja aceptar la derrota. O sea, es conveniente que Sánchez siga vigilando sus espaldas y más que antes porque los suyos van de nuevo por él y esta vez no quieren dejarlo vivo.

La división del PSOE oficialmente se manifiesta en el concepto de plurinacionalidad de Sánchez, acorde con el 39 Congreso, pero que los andaluces no aceptan porque, entre otras cosas, se fueron a tomar café cuando el tema se discutió. Pero esto es una excusa. En el mejor de los casos, la plurinacionalidad es un mero flatus vocis, mientras se limite a reconocer el carácter “cultural” de la nación catalana, pero no el político. En el fondo, los dos sectores del PSOE están de acuerdo: de referéndum nada, de autodeterminación de Cataluña, menos. Tan plurinacional es Sánchez como Díaz. Pero esta necesita un tema de bronca, aunque sea un simulacro para mantener movilizadas a sus huestes ante la posibilidad de que cambien las tornas y pierdan sus puestos.

Las diferencias, como siempre, están en las ambiciones personales de las partes, en este caso, especialmente de Díaz. Y el asunto es obvio, es evidente que lo de la plurinacionalidad y la “doble lealtad” son meras excusas para no reconocer que no se acepta la SG de Sánchez. Su actitud está dictada por el resentimiento y el afán de revancha por lo que, de no haber un cambio de rumbo radical, el vaticinio es el del inicio, que Díaz perderá las próximas elecciones andaluzas.

A ver si de ese modo se consigue que esta caudilla tan demagoga como ignorante deje de torpedear la acción de su propio partido para satisfacer unas ambiciones que le vienen grandes por todas partes.

El sueño metafísico de Giorgio de Chirico

Hace unos días, en una reseña de una exposición sobre la lucha y la competencia en la antigua Grecia en el Caixaforum de Madrid, Palinuro se hacía lenguas del edificio que la albergaba en el Paseo de Recoletos. Hoy, al comentar una retrospectiva sobre Giorgio de Chirico en Barcelona es preciso recurrir al ditirambo para hablar de la sede de la Caixa en Barcelona, la antigua fábrica de textil Casaramona, construida por Puig i Cadafalch, el gran contemporáneo y rival de Gaudí, por encargo del empresario Casimir Casaramona, entre 1909 y 1913. Es un enorme edificio de un elegante y sobrio modernismo industrial, próximo a Montjuich. Venía a sustituir a la fábrica anterior, que se había incendiado. Por eso, la construcción de Puig i Cadafalch es tan extensa, porque se trataba de hacer una sola planta provista de cortafuegos para impedir la propagación de las llamas. La sabia combinación entre lo práctico y lo ornamental (edificio sin chimeneas y con dos torres que servían de aljibes), suelos ondulados en las terrazas, saledizos airosos en la fachada, coronados por torretas reduce la habitual sobrecarga modernista y vivifica lo estrictamente funcional. Una joya de modernismo fabril que hubo de cerrar en 1920, cuando la empresa quebró. La Caixa lo ha restaurado con mejor gusto, si cabe, que el edificio de Madrid.

Esta curiosa construcción alberga ahora una extraordinaria exposición retrospectiva de Giorgio de Chirico que, hasta donde se me alcanza, es la primera en España. Con otros motivos (vanguardias, surrealismo, la pintura y el sueño, etc) se han visto obras del artista italiano, nacido en Grecia, muy conocido por ser uno de los más grandes pintores del siglo XX. Pero hasta ahora no había habido ocasión de visitar una retrospectiva, con muestras de toda la obra (no toda ella, naturalmente, que es inmensa) y sabiamente organizada por las comisarias Mariastella Margozzi y Katherine Robinson. La exposición tiene seis secciones, cada una protagonizada por un tema dominante: plazas de Italia y maniquíes, interiores metafísicos, baños misteriosos, mundo clásico y gladiadores, retratos y autorretratos, historia y naturaleza. Además, se añade la obra en papel y las esculturas.

La distribución sigue un criterio cronológico a la par que temático y permite al visitante poner algo de orden en las confusas memorias que se tienen de los cuadros de Chirico y que suelen dejar profunda huella en la memoria visual por su originalidad sin parangón y su silenciosa afirmación, pero descontextualizada. La tarea organizar tan vasta y compleja obra no es fácil. Y no solo por la abundancia de temas, motivos y estilos (De Chirico nació en 1888 y murió en 1978; empezó a pintar muy pronto y estuvo haciéndolo hasta pasados sus ochenta años), sino también por el hecho de que el propio artista, aparte de datar sus obras de modo caprichoso, volvía sobre temas y figuras de etapas anteriores, como si quisiera destruir la común idea de que los estilos de los autores evolucionan a lo largo de su vida o bien afirmar de un modo sutil su creencia nietzscheana en alguna forma de eterno retorno.

Así se entra ya en uno de los rasgos más característicos de De Chirico: el carácter narrativo de sus cuadros, literario y filosófico. El autor de Los Geólogos es el inventor de la pintura metafísica y neometafísica, la pintura del silencio, la melancolía, la nostalgia. Se le considera asimismo el iniciador del “realismo mágico” (pictórico antes que literario) que habría de caracterizar a algunos de los grandes pintores postsurrealistas, como Delvaux.

Ese fuerte elemento especulativo que se desprende de sus pinturas cautiva e inquieta al tiempo y deja siempre un sentimiento de duda y cierta angustia. Las palabras que más se repiten en sus títulos son “misterioso”, “enigmático”o “inquietante” y remiten a una formación filosófica que De Chirico recibió en Munich, con una fuerte impronta de Schopenhauer, Nietzsche y Weininger. Los tres influyeron en él de formas distintas pero coincidentes en un punto que tenían en común: una aguda misoginia que está en Di Chirico pero apenas se le nota porque cede ante una consideración metafísica del ser humano abstracto. Esta a su vez viene condicionada por las influencias propiamente artísticas en las que se educó: el simbolismo, Böcklin (un referente muy acusado) y, desde luego, el extraño y complejo Max Klinger, bajo cuya dirección estudió arte el por entonces joven pintor italo-griego.

Todos estos elementos, al igual que otros también esenciales, como sus encuentros con Carrá, con Picasso, Dalí y los surrealistas, con los que acabó enfrentándose agriamente, coadyuvan a generar una obra única, trabada en un sistema de signos, símbolos, perspectivas y formas singular y personalísimo. Una obra propia, la de un genio que brilla solitario en el firmamento. María Dolores Jiménez Blanco y Eugenio Carmona, en dos interesantes artículos del catálogo, exponen con acierto su enorme influencia en la pintura española de los años 30 y 40. En realidad, De Chirico ha dejado su huella en todo el arte contemporáneo, aunque no haya tenido discípulos propiamente dichos sino imitadores. Entre ellos, Dalí. Si hubiera que establecer una especie de ranking pictórico del siglo XX, llevaría tres nombres en cabeza: De Chirico, Picasso y Dalí.

La pintura metafísica se ofrece de golpe al espectador, casi lo asalta desde la imagen, al atrapar su mirada en unos espacios inverosímiles, desestructurados, que rompen las leyes de la perspectiva clásica en el estilo cubista y le añaden la desaparición del punto de fuga, una acumulación de objetos fragmentarios con relaciones caprichosas con los seres humanos. Y finalmente aparecen estos… bajo la forma de sus famosos maniquíes: rostros sin rostro, cuerpos articulados con profusión de elementos adheridos en contextos imaginarios. Y así nos sumergimos en propuestas, como la de los mentados geólogos que nos muestran nuestras raíces en la cultura clásica y nos conducen a un mundo de indagaciones e interpretaciones sobre la condición humana en abstracto. A veces, sin embargo, esa condición se personaliza (si no fuera contradictoria, no sería metafísica) como en el reiterado tema en De Chirico dedicado la pareja de Héctor y Andrómaca, que trae al recuerdo del espectador lo que quizá sea el diálogo y la despedida dramática y poética más bella de la historia. Con la recuperación de los maniquíes en la época neometafísica posterior, más personajes de la antigüedad clásica aparecen en esta forma despersonalizada: Edipo y la esfinge, Electra, Orestes, etc.

Los “interiores metafísicos” tienen un juego autorreferencial que les da su misterio con el recurso a los cuadros dentro de los cuadros y suelen asomarse a lo exteriores , como si se tratara de ojos que ven el paisaje. Si De Chirico aparece generalmente relacionado con el tema del sueño y las imágenes oníricas, es en estos interiores donde más se observa su obsesión con ese gran misterio de la vida que es el sueño/muerte. El lugar del silencio. Imposible olvidar esa Visión metafísica de Nueva York, pintada en 1975, cuando el artista tenía 87 años.

Los “baños misteriosos”, muy celebrados en general por el hallazgo de representar la superficie de las aguas con la regularidad de los entarimados de las casas, mezclan esa dimensión metafísica con una visión irónica y hasta burlona de los temas de bañistas y playas tan queridos por los impresionistas y algunos naïves.

En los temas del mundo clásico, del que nuestro hombre estaba enamorado, y la especial importancia de los gladiadores como figuras simbólicas del destino trágico de la muerte, De Chirico se aparta con frecuencia de su estilo característico para reproducir los de otras épocas. Ofrece así temas famosos, como las sibilas, las tres gracias, los centauros, Alejandro Magno o los caballos de Aquiles pintados a la manera de los renacentistas o los románticos (esos caballos que parecen préstamos de Delacroix) o los barrocos. Y sin abandonar su propia visión, como se ve cuando un maniquí hace una ofrenda a Zeus o Ulises regresa al hogar en una frágil barca.

El capítulo de retratos y autorretratos, uno de los mejor representados en la exposición, incorpora algunas de las piezas más famosas, como el magnífico autorretrato en traje negro y de cuerpo entero, perfectamente flamenco, el desnudo de 1945 o el retrato de caballero al estilo de Franz Hals.

El apartado de historia y naturaleza es un feliz popurrí en el que se acumulan homenajes a los pintores venecianos, Velázquez y, desde luego, Böcklin, con unas rocas misteriosas (cómo no) ante las cuales no hay imágenes de la muerte, como en el caso del pintor suizo, sino estatuas clásicas. Los bodegones apuntan, claro, a las “naturalezas muertas” pero su originalidad reside en que él no las consideraba así sino muestras de la “vida silenciosa”, aprovechando que ese es el nombre de los bodegones en inglés, still life y en alemán, Stilleben. El silencio del paso de los siglos como queda retratado en ese cuadro en el que una estatua de Minerva con fondo clásico se asoma a un alfeizar en donde hay unos membrillos, peras, manzanas y uvas, una obra también muy tardía de un pintor octogenario.

No me resisto a alabar sus esculturas del periodo final de su vida, unas terracotas y bronces cubiertos de plata que son como una especie de resumen de sus temas preferidos, casi todos ellos maniquíes (los geólogos, las musas, Héctor y Andrómaca, Orfeo) y algún otro más figurativo y concreto como un Minotauro arrepentido verdaderamente impresionante.

La exposición es un gran acierto y seguramente tendrá mucho éxito de público cuando circule por más ciudades, como está programado. De Chirico es un pintor misterioso y esotérico pero es también una pieza esencial, decisiva, que sirve para entender el arte contemporáneo y para que los espectadores nos entendamos a nosotros mismos. Al menos, en parte.

domingo, 30 de julio de 2017

Camino del estado de excepción en Cataluña

El Sobresueldos dice a quienes quieren oírlo –que cada vez son menos, pues es obvio que el hombre no dice una verdad así lo aspen- que el referéndum del 1/10 no va a celebrarse porque es inconstitucional y por lo tanto ilegal. No perderemos tiempo en analizar sus razones porque no merece la pena. Los conceptos de “constitucionalidad” y “legalidad” han quedado fulminados con un gobierno corrupto hasta los calzones, cuyo sentido de la legalidad es como el de la honradez y uno que ha hecho mangas capirotes con el Tribunal Constitucional hasta el punto de convertirlo en una especie de consejillo político de gentes adictas.

Nos dedicaremos mejor a los aspectos prácticos. Exactamente, ¿cómo piensa Rajoy impedir ese referéndum que la Generalitat está empeñada en celebrar y contra el que, en realidad, no tiene razones? ¿A qué medios recurrirá? Según la inteligencia más aguda del gobierno, no se considera conveniente la aplicación del artículo 155 CE. Sáenz de Santamaría pasa por ser esa inteligencia más aguda; imagínese cómo serán las menos agudas, por ejemplo, la de Rafael Hernando.

Además de descartar el empleo del art. 155, tampoco goza de grandes simpatías la aplicación de la Ley de Seguridad Nacional, ese bodrio arbitrario que cocieron en 2014 entre Rajoy y Rubalcaba en contra de los catalanes. El ejecutivo se resiste asimismo a aplicar la legislación de excepción por la mala imagen exterior de España.

Y, si ya no cabe bombardear Barcelona cada cincuenta años (los últimos bombardeos fascistas tuvieron lugar en 1938), ni enviar al ejército, ¿cómo va a impedir el también conocido como “señor de los hilillos” que los catalanes celebren su referéndum? El recurso a la ilegalidad de la guerra sucia tampoco parece dar ya buenos resultados. Se encomendó a la pareja de psicópatas al mando del ministerio del Interior que lo dejaron todo peor que estaba y ha quedado reducido a una comisión de investigación y un documental sobre “las cloacas del Estado” que pone los pelos de punta.

Cabe esperar una reacción típica de este gobierno que ha conseguido ya batir todos los records de corrupción a escala mundial, consistente en su inveterada práctica de decir una cosa y hacer otra, generalmente la contraria. Uno de esos casos es el de las recientes actividades de la Guardia Civil en el Principado que está actuando, según parece, por iniciativa propia, sin respaldo de mandato judicial y siguiendo órdenes de no se sabe quién, aunque se intuya.

Cuando los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado actúan por iniciativa propia, sin cobertura de autoridad legítima, se convierten en organizaciones ilegales, de carácter parapolicial y cabe hablar de un estado de excepción más o menos encubierto. La arbitrariedad del poder consiste en ignorar y silenciar las actividades presuntamente ilegales de la Guardia Civil y completar la amenaza de estas con recursos de inconstitucionalidad de carácter preventivo ante un Tribunal Constitucional que opera como un brazo ejecutor de la política del gobierno, ajustando sus tiempos a las necesidades de este.

Parece claro que el gobierno movilizará a sus jueces y tribunales para dar una apariencia de legalidad a lo que no es otra cosa que una imposición arbitraria del poder. En un alarde de modernidad “democrática” esta derecha parece decidida a sustituir a los militares por los jueces y con los mismos fines represivos. Añaden los más viejos del lugar que no conviene confiar en que dicha substitución sea definitiva, salvo que los jueces consigan una “pacificación” de esa díscola población, como la de los militares, cosa poco probable.

Queda claro que el presidente sobresoldado no tiene ni idea de cómo resolver el “problema catalán” y que confía en su habitual recurso de la inacción, en el entendimiento de que si esta no consigue parar la consulta, se echará mano a los demás recursos, empezando por el uso de la fuerza.

De hecho ya se ha comenzado con las actividades de la Guardia Civil sin el correspondiente amparo judicial. Piénsese en qué puede pasar si en el curso de estos interrogatorios a los cargos públicos y funcionarios de la Generalitat, sucede alguna desgracia, prevista o imprevista. Para curarse en salud, la Generalitat ha denunciado en el juzgado a la Guardia Civil, supongo que por extralimitación de funciones y abuso de poder. A su vez, la Guardia Civil ha pedido amparo a los Mossos d’Esquadra frente a la manifa que la CUP tiene anunciada para mañana frente a su casa cuartel.

Está provocándose una situación de enfrentamiento institucional y desbarajuste de gobierno, lo que no es menos alarmante por el hecho de ser lo esperable en unos gobernantes neofranquistas cuyo espíritu democrático es inexistente.

Del otro lado, es llamativo el silencio de la izquierda no independentista, tanto española como catalana. Los Comunes todavía no han encontrado tiempo para condenar la actividad presuntamente ilegal de la Guardia Civil. Y PSOE y Podemos guardan un silencio cómplice frente a las arbitrariedades en Cataluña. Es de recordar aquí el famoso texto erróneamente atribuido a Brecht, siendo de Niemöller, acerca de quién no actúa y se rebela contra las injusticias porque afectan a otros sin darse cuenta de que él siguiente en la lista será él. Lo mismo con la izquierda: si esta no tiene la entereza y el espíritu de denunciar las arbitrariedades contra los independentistas, cuando los neofranquistas vayan por ella, tampoco habrá quien la defienda. No se olvide que el Sobresueldos, el gobierno y el PP actúan de acuerdo con pautas democráticas porque no les queda más remedio, igual que Rajoy tuvo que declarar ante el juez por obligación y a rastras, aunque luego dijera, con su habitual cinismo, que estaba contento de haber colaborado con la justicia. Ellos actúan más a gusto en contextos autoritarios.

Podemos no está jugando limpio en el asunto del referéndum y las declaraciones de sus dirigentes cada vez se parecen más a las del PP. El PSOE comulga con ellas de antes. Su propuesta de reformar la Constitución para neutralizar el referéndum es tardía, inviable y pobre. Cuando le aprietan las clavijas en asunto de la nación catalana, el PSOE camina del brazo del PP. Y que no se le ocurra aventurarse por vías nuevas, que llega la caudilla del sur, enarbolando la bandera de la una, grande y libre y empieza a mover la silla de Sanchez de nuevo. El plurinacionalismo es una bagatela y, aun así, despierta las iras encendidas de los socialistas más carpetovetónicos.

En resumen, una izquierda inútil, incapaz de aportar soluciones a los problemas colectivos si no es aceptando el marco conceptual y la idea de España de la derecha. Algo completamente absurdo porque esta tiene un interés patrimonial en el asunto (ya que considera que España es su cortijo y los españoles, sus esclavos), pero aquella, la izquierda, no tiene –o no debiera tener- otro que la justicia y el respeto a los derechos de los pueblos. De todos. No solo del suyo. Pues cuando solo se tienen en cuenta las intereses del pueblo propio, no se tiene en cuenta ningún interés salvo el del partido.

Un mar de artistas

La fundación Canal de Isabel II, de Madrid acoge una exposición temática sobre Picasso y el Mediterráneo cuya idea original parte del Museo Picasso de París y a la que se han sumado otros centros y museos ribereños del Mare Nostrum. El resultado es un puñado de unos noventa dibujos, grabados, aguafuertes y cerámicas picassianos que tienen como lejanísimo hilo conductor la presencia del MarMediterráneo en la vastísima obra del malagueño. La idea no es mala y, aunque lo fuera, daría igual: cualquier pretexto es aceptable para admirar acercarse a admirar lo que un genio puede hacer con un buril, un lápiz, un pincel y hasta con sus propios dedos.

Porque lo cierto es que el tema invocado está presente en toda la obra picassiana. No al extremo de pensar que sea decisivo en ella, pero sí en el de reaparece de una u otra forma en toda su producción. Por lo demás, una porción importante de las piezas exhibidas solo tangencialmente tienen que ver con el Mediterráneo y muchas de las más célebres que sí tienen relación directa con el mar, como la Suite Vollard, no están. No obstante, es de insistir, da igual: es obra de Picasso y siempre tiene interés.

La exposición dividida en cinco secciones (un ritual mediterráneo, el esplendor de los cuerpos, celebración mitológica, expresiones del mundo antiguo y fauna mediterránea)se abre con la más importante de todas, numerosos dibujos pertenecientes a la tauromaquia del artista. Quienes sentimos una repulsión profunda por las corridas de toros tenemos que hacer de tripas corazón y elevarnos a la contemplación estética de unos productos de cuyo contenido abominamos. Ciertamente, el toro es un animal casi totémico de las distintas culturas mediterráneas y unas le dan mejor tratamiento que otras. Está presente en Creta, en la imagen del Minotauro, por el que Picasso sentía especial predilección, aunque no por su carácter mediterráneo, sino por la inquietante fusión que representa entre la condición humana y la de la bestia. También lo está en diversos episodios de la mitología griega, desde el rapto de Europa hasta el toro de Creta, de uno de los trabajos de Hércules. Picasso, que era muy aficionado a los toros se toma como objetos las corridas y los diversos lances de estas, los picadores, los caballos, etc. Al propio tiempo va estilizando la figura del astado en una evolución muy bien tratada en la exposición, que empieza con cierto realismo y termina con imágenes de toros casi cubistas. Así se trasciende también el Mediterráneo y se eterniza la creación artística porque lo que más llama la atención de las representaciones picassianas es cuánto se parecen estas a los toros de Altamira.

El resto de la exposición, en efecto, apunta a temas mediterráneos, que componen una vasta constelación de influencias detectables en el pintor desde sus mismos orígenes. Son muy de admirar las distintas visiones de los desnudos. Además de los propios, que plasma en muy diversos soportes, papel o cerámica, con una sensualidad siempre presente pero como al desgaire, hay otros que le sirven para rendir tributo a algunos pintores muy característicos, singularmente Hans Memling, con sus mujeres de elegantes sombreros oblicuos.

Las figuras de los faunos, seres mitológicos por excelencia, sirven de contrapunto a algunas escenas legendarias del mundo bíblico, como el episodio de David y Betsabé, del que hay algunas variaciones muy curiosas.

Especial interés también las ilustraciones de Picasso a una obra de Jean Cocteau, con quien le unió una gran amistad y con quien trabajó en repetidas ocasiones. Cocteau le consideraba uno de los genios del siglo, le dedicó varios ensayos y una Oda a Picasso.