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lunes, 24 de octubre de 2016

Entrevista de Palinuro en "elMón.cat"

Esto de vivir en dos países tiene sus encantos y sus peplas. Se vuelve uno un poco esquizofrénico si uno quiere -y uno quiere- tomarse los dos países, España y Cataluña en serio, considerar como propias sus problemáticas, entender las situaciones y aportar lo que pueda de buena fe al bien común. Ver España con ojos de español y Cataluña con ojos de catalán lleva su esfuerzo. Pero tiene enormes compensaciones. La primera de todas, la libertad y la posibilidad de seguir aprendiendo en la vida y también la seguridad de que no habla uno a humo de pajas. Claro que el eco que se consigue es muy distinto en uno y otro lugares. Lo señala muy bien mi entrevistador, Bernat Vilaró,cuando dice que el que encuentro en Cataluña se corresponde con el silencio en España. Nadie es profeta en su tierra, de acuerdo. Pero si el profeta ha viajado a otras tierras y tiene noticias interesantes sobre ellas, negarse a saberlas, silenciarlas solo prueba el ánimo de los españoles de no darse por enterados del fenómeno más importante que llama a las puertas de Estado: la República Catalana, frente a la que no saben qué hacer. Es una actitud infantil y absurda: no otorgar carta de naturaleza a una realidad que es independiente de ellos.

Allá ellos.

Incluyo la entrevista en versión castellana:

Cotarelo: "Hay que llevar el proceso al Tribunal de La Haya para que quede salvaguardado"

Entrevista al escritor y politólogo madrileño, que acaba de publicar 'La República Catalana'. Defiende que una DUI "es más estratégica que el referéndum"

por Bernat Vilaró 23 / 10/2016

Ramón Cotarelo (Madrid, 1943) viaja de vez en cuando a Catalunya, a varias tertulias de televisión, hace conferencias que organiza la ANC, y en todas partes donde lo llaman da su punto de vista sobre el proceso soberanista, sin pelos en la lengua. En Madrid, sin embargo, los medios de comunicación no lo llaman. Catedrático emérito de Ciencia Política y de la Administración de la UNED, acaba de publicar La República Catalana (Ara Llibres, 2016). El politólogo también escribe en elMón.cat y en su blog Palinuro.

El título del libro es simple: La República catalana. Con la obra busca hacer pedagogía en España sobre lo que está pasando en Cataluña?
Sí. ¡Claro! Ya está, primera pregunta superada [ríe]. 

Y por qué cree que existe esta necesidad de hacer pedagogía?
La intención del título realmente es poner la palabra República. Los españoles no acaban de entender la cuestión catalana, en absoluto. Normalmente es que no quieren, pero es que aunque quisieran hacerlo, no podrían. Les falta perspectiva, datos, no conocen su propia historia ... piensa que las mejores historias de España las escriben ingleses! Y esto no es casualidad. Los historiadores españoles no construyen historia, construyen ideología. Y por eso los españoles no conocen su propia historia. Y cuando ésta engloba Cataluña, se nota que se desconocen las relaciones entre españoles. Se han tragado una ola de propaganda y mentiras. Y hay un orgullo herido en España de ver que "estos al final se lo han podido arreglar solos".

"En Cataluña se lo han podido arreglar solos y, encima, son republicanos". ¿Verdad?
Exacto. No sólo es una minoría nacional que aspira a ser reconocida como tal, y ejercer los derechos que tiene, sino que ¡además es republicana! A mí me interesa especialmente subrayar esto. En Cataluña no hay debate, no ha habido nunca monarquía. La emancipación de los catalanes es, además, un programa republicano. Y hay que remarcar que en España la República ha fracasado dos veces, y ahora están resignados a tener una monarquía eternamente. Y ningún proyecto español actual para impedir la independencia de los catalanes puede funcionar: no hay monarquías federales. Las federaciones que conocemos son todas republicanas.

Y ¿como sienta esto entre la gente española, republicana y de izquierdas? En Cataluña hay un proyecto para hacer una República, que además podría ser de izquierdas
No, es que las personas de izquierdas en España no entienden nada, en absoluto. Porque la izquierda española antes de que izquierda es española. Y tanto española que ni siquiera se plantea sus principios. Porque la condición nacional queda por delante de estos principios de la izquierda. Además, ¿de qué principios hablamos? ¡Si no se ha cumplido ninguna! "Mi partido respetará el derecho a la autodeterminación"? Esto ya lo decían los socialistas y los comunistas al principio.  Y ha desaparecido. Y no se ha vuelto sobre ello. La actitud de la izquierda y de la derecha, con respecto a Cataluña, es la misma. La derecha tiene claro que lo mejor que se puede hacer con los catalanes es ignorarlos, no escuchar lo que está pasando. Y si hay mucho ruido, se bombardea. Y esta no puede ser la actitud también de la izquierda ... pero es la que es. Primero, porque tampoco escucha. Y segundo, no se molesta por entender que, para una persona de izquierdas (que debería ser tolerante), debería estar claro que al menos habría que escuchar a quien diga que se siente parte de otra nación. Porque podría ser que en un mismo espacio jurídico estuvieran conviviendo varias naciones. Pero todo esto ni se ha planteado en la izquierda española.

 ¿Y por eso Ramón Cotarelo entiende el clamor independentista en Cataluña?
Sí, pero yo no soy independentista. Yo seré lo que diga la ciudadanía de la nación catalana que quiere ser. Suscribo lo que los catalanes hagan. Al principio de todo este proceso, cuando debatía con Pablo Iglesias hace cuatro años, él me decía que los nacionalismos periféricos deben ayudarse  entre ellos. Y yo le decía que no era partidario de la independencia de Cataluña, pero sí que estaba a favor de un referéndum, y que se aplicara el resultado fuera como fuera. Esto en 2012. Cuatro años más tarde, lo que decía yo cuatro años atrás es lo que dice él en 2016. Y yo ahora ya añado algo más: "Si yo fuera catalán, sería independentista, sin lugar a dudas". Pero como no soy catalán tampoco quiero meterme mucho. Pero es evidente. La independencia es el mejor para todos, y también para España.

Así, Podemos avanza poco a poco, pero avanza
Pero los de Podemos se han quedado atascados. Un referéndum, sí, pero decían que no se daban las condiciones legales, y ahora todavía se arrastran ... pero hay que tener en cuenta que, hoy en día, no está claro si los de Podemos apoyarían un referéndum en contra del gobierno español, es decir, un referéndum unilateral. Y el PSOE está claro que se ha rendido ya a dejar el gobierno en manos del PP por ninguna otra razón que a causa de Cataluña. 

Usted propone al libro un referéndum en toda España con una triple respuesta sobre la independencia de Cataluña: "Sí", "No", y "Que hagan lo que crean oportuno". Pero la izquierda española ni siquiera ha insinuado una propuesta como esta
Estoy convencido de que la tercera opción tendría muchos votos, y que podría ganar. La gente diría: "Mira, tú, sus razones tendrán ...". Lo que sería importante aquí es dejar claro qué pasa con los Síes y los Noes a la hora del recuento. Porque habría proporciones inversas. Quizás hay un 70% de “No” en España, y un 70% de “Sí” en Cataluña. El referéndum, de función orientativa, debería determinar qué hacer a continuación. No puedes seguir ignorando un territorio donde el 70% de la población vota al contrario de lo que vota el resto.

 Sea como sea, el presidente Puigdemont ha planteado la fórmula del "referéndum o referéndum". Sin acuerdo con el Estado, ¿el principal obstáculo es la validación internacional?
La comunidad internacional y la Unión Europea -o lo que quede- deberá involucrarse tarde o temprano. Esta situación puede ser involuntaria u obligada por las circunstancias. Y los procesamiento de Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau apuntan en esta línea. Es una situación diferente a que Europa intervenga por realizarse un referéndum unilateral. Son dos cosas diferentes: una intervención anterior o posterior al referéndum. Es muy diferente. Yo creo que la internacionalización del conflicto interesa mucho en Cataluña, pero no interesa nada en España, como es evidente. Todo el esfuerzo se debe poner en la internacionalización del proceso, por que aliados en España no habrá. Los de Podemos antes son españoles que de izquierdas. Pero es que ... [piensa] lo primero que hay que hacer es dilucidar si es mejor un referéndum o una declaración.

 Explíquese
Un referéndum unilateral plantea un conflicto interno. Y siempre habrá gente en Europa que dirá: "Bueno, esto sólo es un asunto interno". En cambio, si haces una declaración unilateral de independencia, y de inmediato la llevas a la Corte Internacional de La Haya, ya lo hasinternacionalizado de golpe. Y tienes muchas más probabilidades de ganar apoyos a la declaración si la gestiona un organismo jurídico y judicial internacional. Después ya se corroboraría la declaración con un referéndum. Pero si te enfrentas al Estado con un referéndum unilateral, mucha gente en el exterior dirá que nada, que esto es sólo un asunto interno de los españoles. El referéndum cede en importancia estratégica en comparación con la declaración de independencia. 
¿Aunque la declaración tenga lugar justo después del referéndum, en caso de victoria del Sí?
Ya, pero fíjate que el referéndum debe tener unos requisitos, y ya es evidente que no será acordado con el Estado. Y una declaración no podrá ser automática después del referéndum, porque habrá que hacer el recuento, realizar el escrutinio, depurar, llegar a acuerdos, recibir los recursos pertinentes del señor Xavier García Albiol, etcétera. Y pasará un cierto tiempo. Y, sobre todo, encontrarás que el Estado venderá que se ha cometido una ilegalidad, y pondrá en marcha toda la maquinaria administrativa, y si puede inhabilitará todas las instituciones catalanas, aplicará el artículo 155 de la Constitución, y sencillamente volverá a liarla. Y ¿qué haces? ¿A toda prisa declaras la independencia? ¡Pues más vale hacerla antes, y se acabó! 

Habría una tercera opción? El Gobierno apuesta por el referéndum unilateral, pero el embate del Estado contra las instituciones catalanas (antes del día del referéndum) empuja el ejecutivo de Puigdemont a  declarar la independencia
Sí, pero eso te lleva a una dinámica que no se controla. No sabes qué reacción tendrá el Estado, no se puede calibrar. Y pones a prueba la resistencia de la población catalana, sobre todo los funcionarios y las fuerzas propias de seguridad. Que yo sepa, los Mossos están divididos prácticamente al 50%. Habría un lío. Además, te saltas tu propia promesa de ir de ley a ley. Eh, que puede salir bien eh, pero también puede salir mal. Y no veo la necesidad de jugártela así, cuando tienes una vía más tranquila, la de la declaración unilateral de independencia, directamente. El referéndum no se podrá negociar, por lo que si lo quieres hacer te tienes que declarar en rebeldía. Y la convocatoria del referéndum ya está impugnada, desde el primer momento.

¿Y qué pasa después de declarar la independencia? Habrá ejercer de Estado, y que la gente se movilice de manera permanente para asegurar la independencia desde la calle
Sí, sí, pero si haces un referéndum unilateral todo esto también habría que hacerlo, pero en una situación peor, porque si haces una declaración tienes la vía de seguridad y amparo de llevar el conflicto a un organismo internacional. Que es el punto esencial de toda esta cuestión. Si llevas el conflicto al Tribunal de La Haya, la primera consecuencia es que se paraliza todo. Quedas salvaguardado. Todo está en suspenso hasta que haya una decisión. Hay una especie de tregua que evita un escenario de casi guerra civil. 

¿Qué papel tendrán los partidos no independentistas en el Parlamento?
Si el Parlamento hay una mayoría abrumadora que niega el desafuero de diputados para que puedan ser procesados, ya se niega el procesamiento. Por lo tanto, si realmente quieren insistir en procesamientos contra diputados, quienes deberán desobedecer las leyes serán ellos, en contra de la voluntad del Parlamento. Y la mayoría del No a estos hipotéticos procesamientos contra cargos electos ya está: JxSí y la CUP tienen mayoría absoluta. Y habría que ver qué hacen CSQP y el PSC
CSQP tiene la clave para que haya una mayoría aplastante contra la persecución de las instituciones
Sí, claro. Y esto es muy importante y significativo. Incluso el PSC, que a ver si finalmente se independiza del PSOE. Se calibrarán como están estos partidos, y los involucras en un proceso donde no quieren entrar. 

Pero estarán obligados a responder
Y tanto. Y deberán votar. También pueden abstenerse, y en eso los socialistas ya se están especializando [ríe]. Deben decir Sí o No en caso de procesamientos contra diputados, si llega el caso. Si CSQP y PSC votan No a estos procesamientos, habrá un frente común muy potente para trabajar a favor del referéndum. Parece que me contradiga, pero es diferente oponerse a un referéndum en Cataluña si la convocatoria la articula un 80-90% del Parlamento, y dejas fuera sólo C 's y PP. Esto es mucho más potente que un referéndum con el apoyo sólo de los 72 diputados independentistas. ¿Qué importancia tendría esto? Pues dependerá del momento político de aquel instante. Si todo el mundo está ya con las municiones a punto, no tendrá ninguna importancia. Pero si llega en un momento donde todo el mundo está todavía debatiendo y buscando soluciones, pues será un solución. Y gente de Podemos y el PSOE lo puede ver con otros ojos. Y, si me apuras, también gente del PP lo puede ver de otra manera. 

Por otra parte, ¿como ha de responder la ciudadanía el día del juicio a Mas, Ortega y Rigau?
Si ellos tres se niegan a asistir a su propio juicio entras en un territorio de imponderables, porque después llegaría un procesamiento por desobediencia. Es muy complicado. Los tres deben tener asumido que se les condenará. Si no hay vía de impedir legalmente el juicio, lo más sensato es que comparezcan al juicio, que se les condene, y que la gente reaccione de manera espontánea. Y no se puede desaprovechar la circunstancia de contar, como ya hace Carles Puigdemont constantemente, que en Cataluña hay siempre una actitud pacífica y democrática, y que el Estado responde con represión judicial. Hay que convertir esta represión en un instrumento de propaganda internacional. Y habrá más procesamientos eh, y atención porque en el caso de Carmen Forcadell habrá un auténtico choque institucional, porque es la presidenta del Parlamento.

Pero ¿hasta qué punto se ha de mantener la presión en la calle?
Mira, meses antes de que encarcelaran Arnaldo Otegi el debate que había era muy parecido. "No se atreverán a encarcelar Otegi, esto tendrá consecuencias", se decía. Y sí, sí, se atrevieron, lo encarcelaron, y no ha pasado nada. Es decir, que ... ¡cuidado! La población catalana lleva años movilizada, y les pides un sacrificio grande a lo largo del tiempo. Se ha mantenido una unión esencial, entre partidos, instituciones y sociedad civil. Esto ha permitido que el movimiento tenga esa fuerza. Pero si el Estado te introduce una fisura y alguien se separa, la población se asusta. Si las instituciones o los partidos se disgregan, se ha hecho un mal negocio. Por tanto, no se me ocurriría dar recetas sobre qué hacer. Sólo sé que hay que estar atentos y hacer dos cosas. 

¿Qué?
En primer lugar, recordar que el objetivo estratégico es esencial, y que se basa en la conservación de la unidad de acción, el carácter transversal y la movilización ciudadana. Y, por otra parte, es necesario que el destino de las personas que están dando la cara por la población sea lo más importante para la sociedad. Es necesario estar dispuesto a salvar y demostrar el apoyo a estos dirigentes. Porque se lo merecen y lo necesitarán. Hay que conjugar estos dos factores y hacerlos coincidir. Y no formular consignas que después te puedan maniatar: "Reuniremos la gente ante el tribunal ..."? No. Porque tendrás todo el Estado diciendo que están coaccionando a los jueces, que no hay respeto por la independencia judicial, etcétera. Y eso no es lo más interesante estratégicamente hablando. Se debe tener claro el objetivo, el procedimiento, el carácter unitario popular, y recordar que la gente es débil. ¿Cuánta gente se te desmovilizará al ver que el Estado es capaz de sentar en el banquillo de los acusados ​​todo un ex presidente de la Generalitat y condenarlo a una inhabilitación? Hay que tener en cuenta este peligro. Esto se puede aprovechar para hacer pedagogía en el exterior, sí, y se debe hacer y se está haciendo. Pero es mucho trabajo. Combates contra un enemigo extraordinariamente hábil. Y encima, todo esto es territorio nuevo, estamos abriendo camino. No sabes donde puedes poner un pie y encontrarte una mina. Pero al menos sabes que en algún lugar están, eso seguro. Nadie facilitará nada.





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viernes, 17 de junio de 2016

El programa máximo acaba siendo el mínimo

La campanada viene del interior de la CUP. Parecen ser los militantes de Poble Lliure quienes cuestionan la negativa a los presupuestos de la Generalitat y plantean reformas radicales en los procedimientos de la organización asamblearia. No es una opinión "del exterior", fácilmente neutralizable precisamente por ser "del exterior". Es una parte de la CUP, tan carne y sangre de la CUP como los demás plurales integrantes.

Antes de seguir, un aviso: carece de sentido minusvalorar estos debates en la CUP por cualesquiera vías. Son fundamentales, tanto para la organización-movimiento como para Cataluña y el conjunto del Estado; son esenciales y las personas directa e indirectamente afectadas se lo toman muy en serio. Nos los tomamos muy en serio.

La petición de Poble Lliure, basada en la proporción 29/26/3, es que sus votos se contabilicen en el conjunto cuando son contrarios a la mayoría. Es una petición democrática. Es lo que hacen los tribunales de justicia: llegado el caso, se hacen públicos los votos particulares de los magistrados que no coinciden con la mayoría. Las decisiones colectivas democráticas no deben simular la unanimidad, y menos en una organización asamblearia. Dado que esa decisión se materializa en los votos de los diez diputados de la CUP, no es justo que voten los diez en bloque como si aquella se hubiera adoptado por unanimidad. Si la CUP tiene un argumento fundamentado mejor que este, debiera exponerlo.

Por lo demás, el comentarista no duda de la complejidad de la situación. Según parece el mismo Poble Lliure que hubiera votado favor de los presupuestos, exige a cambio del govern de la Generalitat la fulminante adopción de decisiones que, a no dudarlo, provocarían una confrontación con el Estado. Un Referéndum Unilateral de Independencia (RUI) exacerbaría el conflicto con el Estado. No digo que sea impropio o inadecuado. Poble Lliure critica a la CUP haber precipitado una decisión que ha tensionado la organización sin que esta estuviera preparada para ello. La obervación valdría también en este supuesto, esto es, si una RUI no tensionaría la sociedad catalana sin que esta esté preparada para ello.

Según mis noticias el gobierno catalán trabaja con la perspectiva de instar a una Declaración parlamentaria Unilateral de Independencia (DUI) en su debido momento. La cuestión es la siguiente: ¿por qué abreviar los plazos, endurecer las formas y entrar en zona de turbulencia? ¿No se confía en el gobierno de Junts pel Sí? ¿Por qué no?En la respuesta a esta pregunta quizá estén las claves de lo que está pasando. Y lo que está pasando es grave para el proceso.

viernes, 15 de enero de 2016

La transición catalana

El cronista de la República catalana, en realidad, actúa también como traductor. Ayer TV3 transmitió una entrevista de Mónica Terribas a Carles Puigdemont de enorme contenido, que debió emitirse también en canales españoles con subtítulos. Al no ser así, como siempre, la información de los ciudadanos del resto del Estado es inexistente. Porque los resúmenes que hace la prensa no sirven para gran cosa.

Palinuro lleva años avisando de que en España, la iniciativa política es del independentismo catalán. Ayer, eso fue patente. Puigdemont expuso largo y tendido su programa de gobierno, que es ir de la autonomía a la independencia o, para ser más exactos, de la autonomía a las puertas de la independencia... en 18 meses. Si, luego, hay independencia o no, lo decidirá el pueblo y con su persona ya se verá lo que pasará. El nuevo presidente ha sustitudo a Mas en su papel de Moisés: del Egipto autonómico a la tierra prometida que él verá, pero no pisará. Para hacer más bíblica la imagen: la formación de gobierno después de las elecciones del 27 de septiembre fue el cruce del Mar Rojo, cuando las aguas de la CUP se dividieron por la mitad (1515-1515) para dejarlo pasar.

Y todo dentro de la legalidad en la medida de lo posible. Un gobierno que ya está trabajando en esta hoja de ruta, con un programa definido, sin miedo y contando con todos los efectivos posibles (Mas incluido) para sacar de lo que hay las estructuras de un Estado nuevo. Puigdemont se ve como un presidente transitorio y su mandato como una transición. No como esa segunda transición que los políticos españoles están siempre invocando (primero fue Aznar y luego Iglesias) sino como una transición de verdad en la que lo que más preocupaba a Puigdemont era transmitir la idea de tranquilidad y seguridad: "de la ley a la ley".

Se trata de parir un Estado nuevo, pero sin que haya sobresaltos, sin dolores del parto, incluso sin parto, que la burguesía es muy asustadiza. Casi mejor sacarse el Estado de la cabeza, como Palas Atenea salió de la de Zeus. Por eso, el gobierno tiene cuadrillas enteras de expertos e intelectuales, trabajando en los cimientos y la estructura de ese Estado que ha de hacerse en silencio pero ha de inspirar tanta confianza que los ciudadanos acepten pagarle sus impuestos... y este fue uno de los momentos más delicados de la entrevista.

¿Qué pasa si España se opone y actúa? De momento, ha empezado mal. Ni el Rey ni Rajoy, ni nadie ha llamado a Puigdemont para felicitarlo. Los españoles, diría el inefable Rajoy, son mucho españoles pero poco educados. Si, además de groseros, se ponen matones y van a la gresca contra Cataluña, concluye Puigdemont, solo causarán daño al pueblo. Y no quiso ser más específico.

Clara está su intención y los políticos nacionalespañoles harán mal en seguir ignorándola porque, cuando se produzcan los resultados previstos, los pillarán en Babia, como siempre. De aquí a 18 meses, el govern hará política social a pleno rendimiento, en el espíritu del plan de choque de la CUP. Sostiene el presidente -que se cuenta en el ala socialdemócrata de CDC- que como un objetivo de justicia social en sí mismo. Pero no se le escapa, supongo, que eso ensanchará mucho la base independentista y que, al someter la Constitución de la República catalana a referéndum, espera que la mayoría favorable pase empliamente del 50 %. Como, además, su gobierno no deja palillo por tocar, echa los tejos al llamado mundo Colau que, sospecho, es una denominación imprecisa porque a Puigdemont le pasa lo que a Palinuro: que no tiene muy claro cuál es el imaginario de Colau.

En todo caso, los independentistas siguen con la iniciativa, frente a un Estado español que carece de ella desde hace años y sigue sin tenerla ni visos de conseguirla. Esa Constitución de la República catalana es una oferta sumamente tentadora para el elctorado catalán. Enfrente, el nacionalismo español no tiene nada que ofrecer salvo la continuidad de un statu quo en crisis, en el que nadie cree y que todos quieren reformar, pero sin saber cómo.

martes, 15 de septiembre de 2015

Perfilando el voto.

Por fin estamos abocados a las dos etapas finales de este año atropellado con las elecciones catalanas el 27 de septiembre y las generales, es de suponer, el 20 de diciembre. Y reina una confusión superior a la normal porque el independentismo catalán, que ha pasado de ser una algarabía, según inteligente calificación de Rajoy, a ser la amenaza más grave a la unidad de España desde Companys todo lo complica. Parece oportuno apuntar algunas reflexiones con ánimo aclaratorio. Prescindo del habitual recurso de muchos analistas de anunciar su voto para ahorrarse los análisis porque siempre me ha parecido un recurso sin sentido. El voto es secreto y, por mucho que alguien publicite el suyo, incluso en acta notarial, no podrá jamás probar que votó como aseguraba.

Las elecciones catalanas, aunque parecen el bullir de un zoco árabe por la cantidad de opciones, grupos, alternativas, son fáciles de entender porque se reducen a una binaria: sí o no. Los independentistas, esto es, el bloque del sí (Juntos por el Sí, y las CUP) sostienen que las elecciones son plebiscitarias; sí o no. Las otras candidaturas (PSC, C's, PPC, CSQEP y Unió) sostienen que nada de plebiscitarias; son elecciones autonómicas normales y caben todas las diferencias, matices y variantes. Sin duda, pero, al final, todas están por el "no" y, por tanto, sí o no, bloque del no. El bloque del sí contiene una lista de izquierda institucional, ERC, en alianza con la derecha de Convèrgencia y las asociaciones civiles de la Assemblea, Ómnium y Súmate y otro de izquierda radical, con elementos asamblearios y ácratas. Las dos aparecen conectadas por el objetivo independentista de forma que, a este respecto, forman una unidad, quedando en la sombra el factor social (como de hecho lo está en la lista mayoritaria) y otro mucho menos señalado pero también presente: el republicanismo. Las tres fuerzas políticas y sus hinterländer sociales aspiran a la independencia de una República catalana. El voto aquí está muy claro: Sí, derecha e izquierda y prou.

El bloque del "no" es aparentemente más diversificado y, según los sondeos, sus opciones han de repartirse un 45% del voto aprox. en reñida competencia. Y, además, la hacen mirando siempre hacia Madrid, a diferencia del bloque del sí. Obviamente en todas hay un hilo conductor, que es el "no", pero con variantes: "No" y que todo se quede como está (PP); "no" y que todo se quede como está, pero más arreglado y limpio (C's); "No" y promesa de negociación en busca de nuevo encaje (Unió); "No" y promesa de reforma constitucional de vocación federal (PSC); "no" y promesa proceso constituyente español, "para decidirlo todo" y también en Cataluña (CSQEP/QWERTY). Los votantes tienen a dispoción varios matices del "no"; pero siempre es "no"

Porque las elecciones, diga lo que diga el nacionalismo español, son plebiscitarias.

En el bloque del "no" hay enfrentamientos diversos. Nadie se ocupa de Unió; el PSC parece mantener un suelo firme de votantes de izquierda no nacionalistas; el PP lucha por sobrevivir en un entorno muy inhóspito; y la pelea está entre los dos emergente, C's y QWERTY, en realidad, Podemos. Ambos esperan resultados decorosos (en torno a 18 disputados cada uno, de 135) pero no embriagadores. Porque los dos necesitan afianzarse en Cataluña como partidos españoles para que los españoles los voten en España. C's no lo tiene muy difícil. El caso de Podemos es más complicado porque, si su resultado viene a ser el mismo o casi del que tuvo ICV en las pasadas elecciones, su peso en España, que es lo que le importa, se verá muy mermado. Las opciones de izquierda que han quedado al margen de la oferta electoral, Procès constituent, de Forcades y Guayem, el núcleo de Barcelona en Común, probablemente repartan sus votos entre los dos bloques, del sí y del no.

Repárese en que el resultado de las elecciones del 27 septiembre condicionará las generales de diciembre. Caramba con la algarabía del profeta. Un condicionamiento cuyo alcance no podemos prever. Imaginemos que el bloque del sí obtiene el 53% del voto y 81/82 escaños, como pronostican algunos sondeos. Imaginemos luego que el Parlament decreta una DUI. Exactamente ¿que hace el gobierno de España? Rajoy asegura que hay mecanismos para evitar que España se rompa. Obviamente estos pueden ir desde una suspensión de hecho de la autonomía hasta la intervención militar con proclamación del estado de excepción. Dependerá de la gravedad percibida en Madrid de la actitud catalana. Y, si se da un estado de excepción, es poco probable que haya elecciones en diciembre. Hasta ese punto puede incidir la algarabía catalana, hasta eliminar las elecciones. Si esta opción, en el fondo, coincidae con las aficiones más profundas de Rajoy, un neofranquista, es aquí irrelevante. La posibilidad existe.

Mientras se mantengan las generales para diciembre, los campos, a diferencia de Cataluña, son bastante simples. A un lado, la derecha, compuesta por el PP y C's, que se estrena en la plaza en donde, por decirlo en un lenguaje que Rivera entiende pues, aunque dice que no, es aficionado a las corridas, va a tomar la alternativa. C's tontea mucho por las esquinas del mapa español pero, llegado el momento, sabe que su aliado natural es el PP, como se muestra en la Comunidad de Madrid.

Frente a la derecha, la izquierda aparece tan fraccionada como siempre, pero con algunas novedades. Si su resultado catalán es suficiente, Podemos terminará de fagocitar a IU. Ahora en Común, la plataforma de confluencia de las izquierdas no socialistas en la que esperan integrar a Podemos iniciará una tarea de confluencia con unas elecciones primarias a las que se presentará, según parece, Alberto Garzón. Las siglas IU se esfuman del cuadro y las del PCE ni se cuenta. Pero las organizaciones ahí están y sus militantes también. La condición que, a su vez, ha impuesto Podemos para la confluencia es que el nombre sea siempree Podemos más el predicado que sea en cada caso porque solo prevé alianzas a nivel autonómico. Algo bastante lioso. Pero quédese el lector con la copla: Podemos nunca aparecerá al lado de las siglas IU, que son los "pitufos perdedores". La fagocitación es completa. Otra cosa es si es indigesta y si, de aquí a diciembre, se mantiene la confluencia/unidad con fuerzas políticas como IU y el PCE, cuya tendencia a la fragmentación y el conflicto interno es casi endémica.

En todo caso, esa opción de la izquierda no socialista, desconfiando mucho de su capacidad para atrer el voto, trata de reñírselo al PSOE que es su más lógico aliado de hipotético gobierno como socio principal o secundario. De ahí que Podemos vuelva sobre los trillados procedimientos del proselitismo comunista de los años treinta del siglo pasado. La afirmación de Errejón de que "los socialistas de corazón" se van con Podemos, equivale a la vieja idea-provocación de la Komintern de que los dirigentes socialdemócratas eran traidores, pero los militantes, gente sana, podían ser absorbidos en las filas comunistas. Y, por supuesto, la idea de que Corbyn sea el "Pablo Iglesias británico", fervorosamente aplaudida por Podemos, va en la mismo dirección. Es una actitud que tiene algo de parasitismo. Para Podemos, casi todo en Europa que tenga alguna posibilidad es Podemos, Syriza y el Partido Laborista. Supongo que, siendo los dos partidos, el Laborista y el PSOE, de la misma Internacional, los españoles refutarán por la vía de hecho ese intento de apropiarse colores ajenos. Pero, mientras lo hace, Podemos seguirá intentando minar el terreno que pisan.

Y hacen bien. La política es así. Si el PSOE quiere conservar su territorio, que lo defienda. La amenaza le llega por la izquierda y se verá obligado a neutralizarla sin dar pie a que el PP clame que se ha echado en brazos del radicalismo. El asunto es tremendo porque, con toda la buena voluntad del mundo, es casi imposible observar en la dirección actual del PSOE un mínimo impulso de renovación digno de mención. Por las villas y campos de España va Pedro Sánchez, el enviado de Rubalcaba, repitiendo como un molinillo las vagas promesas de regeneración democrática, recuperación del Estado del bienestar y cohesión territorial española, sin asomar mucho cuerpo, no lo vayan a comprometer antes de tiempo. Hay que esperar el resultado de las elecciones catalanas, como siempre ya que de él, en buena medida, dependerá la decisión que tome como partido. Es posible que se imponga una alianza PSOE-Podemos bajo dirección más probable de los socialistas. En realidad, tal como están las cosas, quizá sea la única opción factible de gobierno de unidad de la izquierda en España, algo de lo que Palinuro viene hablando desde hace meses.

Pero también es posible que, por diversas razones, por ejemplo, un estado de excepción a causa del independentismo catalán, el PSOE acabe entrando en un gobierno de concentración con el PP. Incluso más, como viene a augurar la ilustración de este post que podría tener un título de film norteamericano como "el tren de la hora veinticinco". Sería extraño para España, pero no para Europa, en donde este tipo de gobiernos es normal. Alemania se gobierna hoy con una gran coalición.

Quedaría por averiguar en qué medida esa confluencia de "salvación nacional" realmente podría detener a los catalanes y "salvar España".

En lo que se me alcanza, muy escasa. La presencia del PSOE en un gobierno que tuviera que enviar tropas a Cataluña o suspender la autonomía, le daría, sin duda, más legitimidad. Pero no lo haría más eficaz.

Y, en realidad, vendría a poner, de hecho, la resolución del conflicto catalán en manos de los extranjeros, especialmente de los europeos, pero no solamente de ellos. También los Estados Unidos tendrán algo que decir. De hecho, el Rey va ya de visita a Washington, a recibir órdenes.

martes, 30 de diciembre de 2014

Podemos, la izquierda y Cataluña.


En el Twitter de Pablo Soto encuentro este gráfico. Es poco detallado pero muy significativo. Mucho. A partir del 15 de mayo de 2011 comienza el declive del llamado bipartidismo. En la medida en que este se considera pilar del sistema político actual, de la segunda restauración borbónica, un descenso de cerca del 90% al 50% del voto conjunto hace pensar en el desmoronamiento. Es continuo, sostenido, pertinaz pues dura ya tres años y medio. Es una tendencia.

A mediados de los 80 los politólogos debatían sobre la naturaleza del sistema español de partidos. El sosias de Palinuro que por entonces no tenía blog porque la blogosfera no existía ni había internet, sostenía que el sistema era bipartidista. Pero se quedó en minoría entre los expertos, incluso cuando, siempre con su ánimo pactista, dulcificaba la expresión con un "bipartidismo imperfecto". Nada de bipartidismo perfecto o imperfecto; España era un sistema multipartidista. Un multipartidismo en el que los dos partidos mayoritarios juntos monopolizaban entre el 85% y el 90% de los escaños una elección tras otra.

Ahora parece que tocan a difuntos por aquel bipartidismo que nunca existió. El primer  tañido del triste badajo sonó el 15 de mayo de 2011. Aquel día surgió un movimiento llamado 15M sobre el cual se cernió de inmediato furiosa controversia. Algunos nos entusiasmamos con él y hasta participamos activamente, suponiendo que allí estaba el germen de algo nuevo. Otros se pusieron en contra, formulándole muchas críticas relativas a su oportunidad, su carencia de estrategia, sus tácticas confusas, su falta de claridad, su inoperancia. No faltaron los habituales enterados según los cuales el movimiento estaba pagado por la CIA y al servicio recóndito de la derecha española. Son los mismos que ahora acusan a Podemos de ser un pelele en manos del capital. Más o menos.

Desde el 15M de 2011 han sucedido muchas cosas. Una de ellas, el segundo redoble a muerto, otro 15M de 2014, con la irrupción de Podemos, producto de aquel otro 15M. Ya nadie da un ardite por el fementido bipartidismo, término que es ahora de uso corriente, como otros puestos en circulación por estos novísimos. Como el de régimen del 78, cuya característica esencial es estar guardado por un candado. Siendo las metáforas históricas más del gusto de Palinuro podía llamársele el nudo gordiano del 78, aunque quizá la comparación no goce de aprecio, dado que tal nudo se deshizo de un tajo y los de Podemos no blanden espada sino voto.

En todo caso es opinión general que esta organización ha trastornado el predio tradicional de la izquierda. Su fuerza demoscópica es impresionante, la presencia mediática de sus líderes abrumadora y, con ello, su hegemonía discursiva. Podemos determina el contenido del debate público y los términos en que se desarrolla. El margen que resta a las otras dos fuerzas de la izquierda institucional, IU y el PSOE, es muy estrecho. IU, prima hermana repudiada, se desangra en un goteo de deserciones y en la imposibilidad de trazar un perfil propio. La crítica que está obligada a hacer no puede ir muy al fondo porque, en el fondo, comparte criterios con los criticados. 

Algo peor lo tiene el PSOE pues no solamente le es difícil pronunciarse en la izquierda con personalidad propia, sino que carga con un pasado reciente de escoramiento a la derecha y un presente como partido dinástico, pilar del régimen. Elaborar un discurso que no le enajene el voto del centro y hasta del centro derecha y el centro izquierda y la izquierda pueda escuchar sin tomárselo a burla es muy complicado. 

Téngase en cuenta, a su vez, que el discurso de Podemos es deliberadamente impreciso, casi proteico, capaz de integrar verdaderas contradicciones, lo cual lo hace inexpugnable a las críticas de las otras izquierdas. Estas suelen quejarse de la ambigüedad de los recién llegados, y afeársela. Pero eso es perder el tiempo. Por un lado es absurdo pedir posiciones nítidas, tajantes, exactas a quienes acaban de nacer y están aún tanteando el terreno; pero no ignoran que quienes las reclaman, a su vez, están lejos de tenerlas. Por otro no es ambigüedad sino un razonable aplazamiento. Podemos no tiene pasado y fía su porvenir al resultado de las próximas elecciones de mayo y, sobre todo, de noviembre de 2015. Cuando se produzcan esas elecciones, sus ambigüedades desaparecerán como las cigüeñas en invierno.

Así que, de aquí a las mentadas elecciones, quizá lo mejor que puedan hacer las izquierdas sea acudir a ellas por separado, tratando de singularizarse pero sin atacarse entre mutuamente pues a lo mejor están obligadas a pactar, y sin olvidar que el enemigo común es la derecha.

Los análisis de más interés que he leído comienzan a valorar el impacto de Podemos en Cataluña. Ya va siendo hora de que los analistas españoles se enteren de que la cuestión catalana  es de importancia capital y no una mera algarabía, como la conceptúa esa desgracia que pasa por presidente del gobierno. Pero la entienden al modo español. Concluyen que, con el mitin de Pablo Iglesias el otro día en Barcelona Podemos tendrá en Cataluña el efecto sísmico que ha tenido en España. Extrapolan.

Tengo para mí que es una perspectiva errónea. Cataluña está en otra historia.Una historia nacional en la que Podemos tiene poco que decir y cuya solución aplaza, como todo, a la ruptura del nudo gordiano/candado del 78 y la apertura de un proceso constituyente en el que "se podrá discutir democráticamente de todo". Eso suena en Cataluña de forma distinta que en España. En primer lugar, sigue sin estar claro quiénes discuten de qué y, en segundo, es algo aplazado hasta, por lo menos, 2016, siendo así que los catalanes tienen su propio proceso constituyente en marcha y hasta andan debatiendo anteproyectos de Constitución de la República Catalana, como analizaba ayer Palinuro.

Otra historia. Los soberanistas catalanes tratan de concertar una acción común inmediata en unas elecciones anticipadas. Mas y Junqueras se han reunido para ponerse de acuerdo al respecto. Estaban con representantes de las dos asociaciones más importantes de la sociedad civil en el proceso, la Assemblea Nacional Catalana y Ómnium Cultural. Ahí Podemos tiene poco que decir salvo presentarse a las anticipadas con su programa de aplazamiento. Y menos aun puede decir si, como resultado de las elecciones plebiscitarias, hay una declaración unilateral de independencia en sede parlamentaria (DUI). En efecto, ¿qué respuesta puede dar Podemos a una DUI? La directa es "no" y la indirecta "no toca".

Palinuro no es quién para decir a los soberanistas lo que tienen que hacer. Lo saben de sobra: ir a elecciones anticipadas cuanto antes y, muy decisivamente, antes de las municipales de mayo de 2015. Estas servirán como un oráculo para las de noviembre que son las que importa porque en ellas se dirime el gobierno. Pero el oráculo, los auspicios serán unos u otros según haya sido el resultado de las elecciones autonómicas catalanas. Quien hace elecciones lleva la iniciativa política e incrementa su legitimidad. Por eso los soberanistas catalanes saben que tienen un tiempo tasado para llegar a un acuerdo.

Un acuerdo que puede funcionar como un hecho democrático consumado de forma que los partidos españoles vayan a las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015 con una DUI sobre la mesa. 

martes, 14 de octubre de 2014

El leninismo de Mas.


El día 12 de octubre, anteayer, el soberanismo catalán hacía bromas en twitter sobre la escuálida asistencia a la manifa en pro de la nación española convocada en la plaza de Catalunya, sin contar las chirigotas a cuenta del puñado de energúmenos que se reunió en Montjuïc a quemar esteladas. El día 13, el siguiente, ayer, Mas reconocía en público que no habría consulta. Momento de anticlímax. Ahora se entiende la irrelevancia de la manifestacíón de la Plaza de Catalunya. A los nacionalistas españoles les da igual ser pocos porque saben que detrás de ellos está el Estado; está el Rey quien, por cierto, guarda silencio; está el gobierno, blandiendo una legalidad represiva; está el Parlamento, adaptando esa legalidad a las necesidades del gobierno; está el Tribunal Constitucional que legitimaría el uso de la fuerza en caso de desobediencia, a pesar de mostrar él mismo un déficit de legitimidad; están los medios de comunicación, jaleando; está la banca y está la Iglesia, al menos la española.

Será como se dice aquí o no pero la decisión de Mas no solamente cambia el cuadro, sino la escena entera. Hay varias interpretaciones sobre su gesto y será menester escuchar cómo se manifiesta él mismo. Nadie puede negar que ha llevado muy lejos eso que los medios llaman el órdago soberanista. Es cosa de preguntarse si puede exigírsele más cuando empiezan a lloverle querellas por presuntos delitos de prevaricación, sedición o rebelión. Habrá quien diga que sí porque proyecta sobre él un destino heroico, el de Moisés, incluso arrostrando martirio. Habrá quien diga que no, primero porque a nadie puede exigirse que ponga en riesgo su libertad por una causa y, segundo, porque quizá no sea lo más eficiente desde el punto de vista estratégico. Ya ha quedado claro a los ojos del mundo que es el gobierno central el que, basándose en cuestiones de interpretación legal, no deja votar a los catalanes, como dice el editorial del New York Times de ayer.

Ahora sigue la campaña por el dret a decidir, según apunta Mas, y más cargada de agravios y motivos. El presidente de la Generalitat seguramente haría suya la famosa consigna de Lenin en 1904, un paso atrás, dos pasos adelante. El paso atrás está dado, ya lo venden los medios de la derecha como una claudicación, ahora hay que ver cómo se dan los dos adelante.

Una cuestión incidental. Desde luego, Mas es un dirigente de una determinada orientación política y representa también unos intereses específicos, aunque en este asunto goce de una expansión de apoyo. El análisis de este aspecto no es inútil, pero no tenemos tiempo. Asimismo, no es extravagante insistir en el aspecto personal. Solo quienes creen que la historia se mueve como las máquinas, por necesidad, están dispuestos a ignorar el factor personal. No hay que ser un águila para calibrar las presiones a que debe verse sometido Mas; las vacilaciones, las dudas. Cuestión de carácter, se dirá. Pues, eso, de carácter. ¿No es legítimo que el hombre tenga la ambición de llevar a término su proyecto, que no es cosa de poca monta, y hacerlo conservando él el liderazgo? Todo el mundo espera de él decisiones y, cuando estas se toman, agradan a unos y disgustan a otros.

Gran parte de la respuesta a la decisión de Mas ha sido muy vehemente. ERC plantea una Declaración Unilateral de Independencia (DUI) y los asesores del Consejo recomiendan elecciones anticipadas. La DUI es un instrumento muy delicado. Necesita un razonable refrendo internacional, de otra forma no prospera, y eso puede suceder o no pero, en todo caso, provocaría un conflicto institucional abierto que retrotraería el asunto al momento de la prohibición de la consulta y el uso de la fuerza. Bien es verdad que, de producirse este hecho, la presión internacional sobre el gobierno español en pro de una solución negociada seguramente sería irresistible. Pero es que, además del refrendo internacional, la DUI ha de ser votada en el Parlamento catalán, Palinuro no ve claro que tuviera los 50 votos de CiU y, sin ellos, las cuentas no salen.

Las elecciones anticipadas propuestas por los asesores parecen más verosímiles. Llamarlas plebiscitarias o no es irrelevante. Pues lo serán de hecho, ¿por qué ponerles nombres que justifiquen quizá medidas represivas? Un resultado mayoritariamente favorable a las fuerzas soberanistas, quizá hegemonizadas por ERC, podría dar como resultado una DUI que estaría como la anterior, frente a la legalidad, pero con fuerza parlamentaria y consiguiente legitimidad.

La cuestíón es si Mas disuelve y convoca o no. He aquí que sigue teniendo la llave de la situación, lleva la iniciativa en el mejor estilo leninista mientras Rajoy sigue sin saber "quién manda en Cataluña". Mas no está obligado a convocar elecciones aunque sus actuales aliados parlamentarios le retiraran su voto porque tiene a su disposición otras mayorías parlamentarias. Puede mantener la coalición actual e, incluso, convertirla en un gobierno de concentración cuyo imponente aspecto reside más en el nombre que en la cosa a la que, además, podría invitarse también al PSC, llegándose así a los 107 diputados de la concentración. En todo caso, si quiere, Mas aplazará las elecciones lo que estime pertinente porque eso mismo puede hacer con otras tres coaliciones quizá no probables, pero sí posibles y que, prescindiendo de los problemas y dificultades que se darían en la práctica son: I.la española, esto es, CiU más PP, PSOE y Cs (98 votos) que, además, vendría muy bien a los dos partidos dinásticos para intentar una "gran coalición" en España, vista la gravedad de la situación. II. la confederación de derechas, CiU, PP y Cs (78 votos), cuya mala prensa en Cataluña se compensaría con la relación privilegiada con el gobierno, aunque parece poco verosímil. III. Alianza de izquierdas, CiU, PSC y ICV-EUiA (83 votos), tampoco tan descabellada.

Y ¿qué interés tiene Mas en aplazar las elecciones? Vayamos a la lectura que de los hechos realiza el nacionalismo español: el bloque dinástico ha vencido. El reto, el órdago soberanista se ha disipado. El impulso no era tan firme. La ley y el orden se han impuesto. De momento y ¿a qué coste? Una internacionalización de la cuestión catalana y una deslegitimación del gobierno central que, comparado con el gobierno británico hace unas fechas, es de una cerrazón y un inmovilismo autodestructivos. Es de esperar que el PSOE presione sobre su aliado dinástico para proponer una solución negociada al conflicto. ¿Hasta el punto de proponer lo que Sánchez negaba repetidamente hace un mes, esto es, una gran coalición española? La justificación podría ser la reforma de la Constitución que diera a Cataluña un tratamiento diferenciado con garantías de singularidad cuyo alcance podría negociarse. En definitiva, daría a Mas algo concreto con qué presentarse a unas elecciones en busca de ese voto presumidamente moderado que podría estar agraviado por el maltrato sistemático del gobierno central. Al mismo tiempo, interesaría al PSOE, dándole un marchamo de eje vertebrador entre el nacionalcatolicismo y el soberanismo, de conciliador de posiciones, de eficaz gestor para contrarrestar el peligro emergente por la izquierda con Podemos del que aún no hemos hablado, pero  cuya presencia en el Parlamento catalán se da ya por segura, añadiendo un punto de complejidad a una cámara de por sí muy fraccionada. Por último, aunque parezca mentira, interesa también al PP porque le quita de encima un problema que, como le sucede con casi todos los demás, no sabe resolver si no es a golpe de represión y autoritarismo.

En esta nueva escena, todas las opciones, insisto, están abiertas. Ganará quien juegue con mayor destreza, coraje y determinación. Pero, de momento, Mas ha recuperado su libertad de movimientos, la iniciativa y ha conseguido sobrevivir. ¿Cómo lo sabemos? Nadie hasta el momento ha pedido su dimisión.

No en balde Lenin era un genio de la estrategia política.
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Actualización a las 10:30 del 13.10. Mas sigue llevando la iniciativa. Después de que Rajoy improvisase unas declaraciones felicitándose de que la consulta no se llevara a cabo, comparece el President y dice que sí se hará, pero en condiciones distintas, amparada en normas anteriores al decreto de consulta suspendido por el TC. Una finta florentina que pone al gobierno español en un brete pero plantea el problema de la validez de esa consulta.